dworkin_DEBEN_NUESTROS_JUECES_SER_FILOSOFOS
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DisciplinaIntrodução ao Direito I93.013 materiais693.046 seguidores
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sí misma ajena a nuestra historia. Estas no parecen razones adecuadas para pretender 
que nuestra Constitución sea sólo un accidente histórico, justo la codificación de las 
opiniones políticas concretas y de los juicios de moda entre la elite del siglo XVIII y de 
los hombres de estado y los políticos del siglo XIX. Esto sería una traición de nuestra 
herencia política, incluyendo una traición de lo que los hombres de estado y los 
políticos pensaron que estaban creando. Para bien o para mal \u2013seguramente para bien\u2013 
creemos que nuestra legislación en general, y que nuestra Constitución en particular, 
descansa sobre principios y no sobre un accidente histórico, y sería un gran traspiés en 
nuestro propio entendimiento colectivo renunciar a esa idea ahora. 
 
Incluso no podemos citar la autoridad de Bentham para justificar tal cambio, debido a 
todas sus afirmaciones sobre la codificación y por toda su desconfianza en los jueces. 
Puesto que él tenía una gran filosofía \u2013el utilitarismo\u2013 que, al menos desde su punto de 
vista, sería respetada insistiendo que los legisladores diseñan reglas que no contienen 
términos morales abstractos, sino que apenas estipulan las prohibiciones, soluciones y 
castigos que un cálculo utilitario bien realizado aplicara a los actos particulares. El 
utilitarismo es sólo otra controversia filosófica, y además poco atractiva. A menos que 
deseemos acogerla, o alguna otra forma reduccionista de consecuencialismo, no 
debemos tratar de eliminar los juicios de las reflexiones de nuestros jueces sobre lo que 
requiere la justicia legal en casos individuales. 
 
VI. Actitud filosófica y profundidad filosófica 
 
Volvemos al comienzo de este trabajo. Nuestra legislación le pide a los jueces que 
tomen decisiones sobre cuestiones que han sido estudiadas con gran cuidado por 
filósofos de diferentes clases y escuelas, y no podemos pensar en ningún cambio 
aceptable en nuestras expectativas hacia los jueces, o en la estructura o el carácter de 
nuestro derecho, que altere ese hecho. Debemos examinar ahora la segunda parte del 
dilema que expuse ¿pueden los jueces ser filósofos? Debemos tener cuidado, al 
responder esta pregunta, para evitar cualquier caricatura de lo que esto significaría. 
Sería absurdo sugerirle a los jueces que pidieran permiso para ausentarse de su trabajo 
con el objetivo de obtener Doctorados (Ph.D.) en filosofía, y que luego a su regreso al 
tribunal, que escribieran opiniones judiciales que pudieran ser publicadas en revistas 
especializadas en filosofía. Nada similar a esto ocurrió, sin embargo, cuando los jueces 
fueron más conscientes de la importancia de la economía formal en el análisis jurídico. 
Los jueces no se volvieron expertos en el estado del arte de la econometría o del análisis 
matemático del comportamiento económico, y sin embargo sus opiniones fueron más 
sensibles y sofisticadas en aspectos económicos. 
 
No necesitamos pedirle más a la filosofía. ¿Pero qué mostraría una mayor sensibilidad 
creciente sobre el tema? Para empezar, los jueces deben entender que los conceptos que 
manejan \u2013responsabilidad, significado, intención, igualdad, libertad y democracia, por 
ejemplo\u2013 son conceptos difíciles, que estamos lejos de resolver o tener claro cuál es la 
mejor posición o acuerdo sobre ellos, y qué sería un error pensar que nuestra 
legislación, nuestra historia o nuestra cultura, ha acordado una respuesta disponible y 
que no requiere de ulterior justificación para uso de los jueces. Deben entender que 
todos los resumidos expedientes que acabamos de considerar \u2013intuicionismo y 
pragmatismo, tanto como el formalismo\u2013 son ilusiones, y que deben elegir entre los 
principios rivales que se ofrecen para explicar conceptos constitucionales, y que deben 
estar listos para presentar y defender sus elecciones. Estos podrían parecer sólo avances 
limitados, pero de todos modos serían muy importantes. 
 
¿Qué podríamos esperar razonablemente más allá de eso? Debemos esperar un cambio 
en nuestras bases culturales que determine lo que los jueces \u2013y más aún, lo abogados\u2013 
consideren relevantes en los argumentos jurídicos. Tales bases culturales han aceptado 
la economía y, particularmente en el caso del derecho constitucional, la historia 
constitucional y política. Los abogados entienden que no sólo se les permite, sino que 
están obligados a estudiar estas disciplinas con la esperanza de encontrar argumentos 
útiles para sus posiciones, con el fin de presentarlas en el tribunal. Igualmente, la cultura 
debe acoger el material filosófico pertinente como relevante. Los abogados que debaten 
la comprensión correcta de la cláusula de igual protección, por ejemplo, deben animarse 
a construir y distinguir las concepciones de igualdad, y a discutir porqué una más que 
otra es la concepción correcta para entender la fuerza de la cláusula. No quiero decir que 
ellos o los jueces a quienes se dirigen deben citar o copiar los argumentos de algún 
filósofo en particular. Los abogados entrenados de forma correcta pueden concebir sus 
propios argumentos filosóficos, los cuales podrían ser muy diferentes de los presentados 
por un filósofo académico, y los jueces, por su parte, pueden valorar esos argumentos 
sin tenerse que sujetar a un filósofo determinado. Sin embargo no sería irrazonable 
esperar que los jueces y abogados por igual tuvieran cierta familiaridad con al menos las 
principales escuelas contemporáneas de la filosofía jurídica, moral y política, porque 
eso parece indispensable para una apreciación adecuada de cualquier argumento 
filosófico sobre el que deban meditar. Podríamos pensar en un juez constitucional 
descuidado que no tuviera una comprensión mínima de los historiadores principales de 
la Convención Constitucional y las Enmiendas de la Guerra Civil. ¿Por qué no debemos 
insistir también que los jueces constitucionales estén enterados de las obras de John 
Rawls o H.L.A. Hart, por ejemplo? Por supuesto que no quiero decir que los jueces 
deben considerarse ellos mismos como sus discípulos. Quiero decir exactamente lo 
contrario: que deben tener una comprensión suficiente del trabajo de los principales 
filósofos en las ramas pertinentes de la filosofía para leer a tales filósofos críticamente. 
 
Debo repetir, sin entrar en debates, que no estoy suponiendo que cualquier incremento 
de la sofisticación judicial en la filosofía eliminaría la controversia entre los jueces. 
¿Cómo podría darse si los mismos filósofos discrepan tan dramáticamente entre ellos? 
Pero se puede reducir la controversia. Es una anécdota bien conocida que algunos 
magistrados de la Suprema Corte que fueron nombrados porque eran auténticos 
conservadores, tales como Warren, Brennan o Souter, resultaron ser más liberales de lo 
esperado, y que algunos nombrados porque eran genuinos liberales, como Frankfurter, 
resultaron ser más conservadores. La reflexión filosófica pone a prueba los supuestos 
endebles, y produce por lo tanto más cambios, que cualquier otra clase de reflexiones. 
No estoy promoviendo una mayor sofisticación filosófica para que elimine o reduzca la 
controversia, sino para que la haga (si usted perdonaría la piedad) más respetable, o al 
menos más iluminada. ¿Cómo no puede ayudar si los jueces cuando discrepan sobre lo 
que es realmente la democracia, son conscientes de las dimensiones filosóficas de su 
desacuerdo, y tienen alguna familiaridad con las ideas de las personas que han dedicado 
mucho tiempo y paciencia a pulir la controversia? Como mínimo, debe ayudarles y 
ayudarnos a entender sobre lo que realmente discrepan. 
 
VII. Filosofía y educación jurídica 
 
Estoy hablando como si nada de lo que espero ver todavía existiera, y eso es incorrecto. 
Hay ya un gran consenso de lograr una mayor sofisticación filosófica de la que solía 
haber, tanto entre abogados y jueces, como en la educación jurídica. Los magistrados de 
la Suprema Corte, Breyer y Stevens, para nombrar dos jueces prominentes, han citado 
filósofos