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tiene costo alguno. 
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3 
 
 
 
 
4 
DEDICATORIA ____________ 3 
SINOPSIS ________________ 5 
PRÓLOGO _______________ 6 
1 ________________________ 7 
2 ________________________ 15 
3 ________________________ 21 
4 _______________________ 29 
5 _______________________ 35 
6 ________________________ 41 
7 _______________________ 50 
8 _______________________ 55 
9 _______________________ 68 
10 ______________________ 78 
11 _______________________ 84 
12 _______________________ 91 
13 ______________________ 101 
14 _____________________ 108 
15 ______________________ 116 
16 ______________________ 121 
17 _____________________ 129 
18 ______________________ 137 
19 _____________________ 145 
20 _____________________ 152 
21 ______________________ 161 
22 _____________________ 168 
23 ______________________ 175 
24 _____________________ 184 
25 _____________________ 194 
EPÍLOGO ______________ 198 
GRUDGE _______________ 200 
NOTA DE LA AUTORA ___ 201 
AGRADECIMIENTOS _____ 202 
SOBRE LA AUTORA _____ 203 
 
 
 
 
5 
Odiaba el fuego. Odiaba cómo el humo envolvía mi cuerpo desnudo, 
picando mi piel con brasas desafiantes. Odiaba el olor a carne quemada, 
las cenizas pesadas en mi lengua, mi alma carbonizada como astillas en 
lo más profundo de mi pecho. 
ESTÁ MUERTA, JULIET. 
NO HAY NADA MÁS QUE PUEDAS HACER… 
Arrastrando mis pies sangrantes a través del concreto, caminé 
hacia las llamas. El calor lamió mis mejillas. Las sirenas en la distancia 
insultaban mis oídos. 
MUERTA, MUERTA, MUERTA. 
Todo esto comenzó porque tomé una decisión. Porque me enamoré. 
Porque fui una chica solitaria que se aferró a hombres peligrosos. 
ELLA ESTABA MUERTA POR 
 
Malice Mafia #2 
 
 
 
6 
 
 
Odiaba el fuego. Odiaba cómo el humo envolvía mi cuerpo desnudo, 
quemando mi piel con brasas desafiantes. Odiaba el olor a carne 
quemada, las cenizas pesadas en mi lengua, mi alma carbonizada como 
astillas en lo más profundo de mi pecho. 
—Está muerta, Juliet —susurró Nick—. No hay nada más que 
puedas hacer… 
Lo aparté de un empujón y sollocé con fuerza y sin miramientos. 
Arrastrando mis pies sangrantes sobre el concreto, caminé hacia el fuego. 
El calor me lamió las mejillas. Las sirenas a lo lejos maldecían mis oídos. 
—Muerta, muerta, muerta —susurró Anthony mientras se mecía 
de un lado a otro en el concreto. 
William fue el único que me impidió saltar a las llamas. Envolvió 
sus brazos a mí alrededor mientras yo gritaba. Lo odiaba por salvarme, 
por amarme. 
Todo esto comenzó porque tomé una decisión. Porque me enamoré. 
Porque fui una chica solitaria que se aferró a hombres peligrosos. 
Ella estaba muerta por su culpa. 
 
 
 
7 
 
 
Estaba rodeada por extremidades podridas y cortadas, cubiertas 
de una mezcla rancia de sangre y barro. El aire olía de forma implacable. 
Era un hedor que bailaba a nuestro alrededor. Terroso. Mortal. 
Había una luna llena colgando ominosamente en el cielo nublado, 
y Anthony aullaba como un lobo rabioso mientras atacaba el hoyo que 
estábamos cavando con un afilado pico. En lugar de remover la tierra, se 
limitó a golpear el suelo como si todavía estuviera descuartizando los tres 
cuerpos para los que estábamos haciendo un hogar permanente. 
—¡Pondremos la sala de estar junto a las lombrices, Juliet! —
exclamó entusiasmado. 
Mi respiración era irregular. Con la piel resbaladiza por el sudor a 
pesar del frío que se respiraba en el aire de enero, limpié mi frente con el 
dorso de la mano antes de clavar mi pala afilada en la tierra y arrojarla 
en el montón que se había acumulado fuera de la fosa. Estaba hecha un 
desastre. La camiseta de algodón manchada de sangre que llevaba se 
estiraba sobre mis pechos y subía por mi estómago contraído y vacío. 
Aprendí la primera vez que vinimos aquí a no enterrar cuerpos con el 
estómago lleno. Los mosquitos estaban atrapados en la red de mi cabello 
enmarañado. 
—¿Cuánto más profundo, jefe? —preguntó Anthony con una risita. 
Miré alrededor de la propiedad privada que Nick compró hace dos meses 
y suspiré. No importaba qué tan profundo enterráramos los cuerpos, 
nadie vendría al nuevo patio de Anthony a desenterrar a las personas que 
escondíamos. Las conexiones de los Civella eliminaban el miedo de esta 
experiencia. No teníamos que preocuparnos por ser atrapados. No 
teníamos que cubrir nuestras huellas. Podríamos poner una valla 
publicitaria en la Interestatal 70 anunciando nuestros pecados, y nadie 
pestañearía, nadie que quisiera vivir, de todos modos. 
Se suponía que asesinar a alguien y esconder su cuerpo creaba un 
subidón de adrenalina embriagador. Enviaba a una persona a la lucha o 
a la huida con un simple chasquido de cuello. El acto prohibido era como 
 
 
8 
una droga para algunos, pero Anthony buscaba un subidón que nunca 
conseguiría. Lo que hacíamos no era peligroso, no realmente. Y cuando 
estabas en la palma del puño cerrado de la mafia, el asesinato no parecía 
tan malo. Nadie iba en contra de la familia Civella. Estaban por encima 
de la ley. Demonios, algunos días me preguntaba si estaban por encima 
de Dios. 
—No mucho más profundo —dije con dificultad. Me dolían los 
músculos, pero me gustaba el ejercicio. Mi morbosa rutina semanal de 
ejercicios comenzó hace unas semanas. Fue un cambio sin precedentes 
en el estado mental de Anthony. Se levantaba decidido a bañarse en 
sangre y vísceras. Anthony quería jugar con sus víctimas. Me sentaba en 
su calabozo y observaba con aburrido horror cómo las vestía, les 
preparaba fiestas de té y les hablaba. Y cuando los cuerpos en 
descomposición estaban listos para ser desechados, decía que era 
demasiado fácil dejarlos en la morgue. Quería trabajar. Quería trocearlos 
y esconderlos como los asesinos seriales de mi podcast. 
¿Y yo? Yo solo quería hacerlo feliz. 
Estaba mal y era una pesadilla. No estaba segura de si estaba tan 
inmersa en mi propia disociación que no podía comprender lo que estaba 
sucediendo, o si mi amor por él logró vencer las probabilidades y superar 
el horror de todo aquello. 
No entendía qué lo desencadenaba. Todos estábamos tratando de 
navegar por sus estados de ánimo en este momento. Anthony siempre 
había sido una bomba de relojería juguetona. Pero últimamente sentía 
que apenas lo conocía. 
Agarré mi botella de agua y tomé un trago. 
—¿Quiénes son estos tipos? —pregunté buscando entablar una 
conversación. A Anthony le gustaba darle a los muertos vidas falsas. Creo 
que eso hacía que todo el calvario fuera más fácil de manejar. 
—Dillon era banquero —respondió antes de acercarse a mí y tomar 
la pala de mi puño. Anthony era demasiado sexy como para describirlo 
con palabras. Los jeans oscuros y la sudadera negra con capucha que 
llevaba eran informales pero ceñidos, y se había vuelto más musculoso 
en los últimos dos meses. Como siempre, llevaba un gorro en la cabeza y 
una sonrisa en su boca—. Le gustaba engañar a su mujer con su socio. 
Ella creía que estaba en la noche de póker, pero en realidad le estaba 
dando por el culo al señor Nelson con su pequeña polla. 
Mordí el interior de la mejilla y sonreí. 
—Dillon suena divertido. 
—Es genial en las fiestas. Oye, ¿crees que querrá venir a la fiesta 
de cumpleaños de William la semana que viene? —Esta conversación 
podría parecer extraña para algunos, pero estaba acostumbrada a que 
Anthony hablara como si los muertos estuvieran todavía aquí. Era 
 
 
9 
perseguido por vidas que se habían ido hace tiempo. Aprendí hace meses 
que era más fácil seguirlehablando —gruñó. 
—¿No lo sé? —pregunté en tono burlón—. Porque Juliet no quería 
que la consolarás anoche: me quería a mí. Y cuanto más intentas 
encerrarla, más va a correr directamente a mis brazos. Supongo que 
debería darte las gracias. —Lo solté y enderecé mi corbata. Él posó la 
mano sobre el arma que tenía a su lado, como si estuviera debatiendo si 
dispararme. Podría intentarlo. Tendría una bala alojada en su cráneo 
antes de que pudiera decidirse. Me había hecho más fuerte estos últimos 
meses. Más sabio. Más rápido. Más peligroso—. Te deshiciste de Anthony. 
La estás alejando. Puede que la hayas poseído al principio, pero ahora es 
mía. 
Nick me miró fijamente durante un largo momento. Mi corazón se 
aceleró por la adrenalina de enfrentarlo y, finalmente, inclinó su cabeza 
hacia atrás y se rió. 
 
 
39 
—Suenas igual que yo. Supongo que debería estar orgulloso. Por 
fin das un paso al frente para ser un Civella en lugar de un cobarde. 
Yo no era un Civella. Era un hombre profunda e irrevocablemente 
enamorado de Juliet. Sea lo que sea que signifique eso, eso es lo que era. 
Nick sacudió la cabeza. 
—Tienes suerte de que esté dispuesto a ser el malo —escupió—. 
Hablas mucho, pero a la hora de la verdad, no habrías podido tomar la 
decisión que yo tomé. No habrías prohibido a Anthony. Sólo te beneficias 
de mi difícil decisión. —Sentí que mis ojos se estrechaban ante sus 
palabras. Ni siquiera podía discutir con él. La verdad era que me alegraba 
que fuera él quien alejara a Anthony para que se aclarara. Eso no 
significaba que quisiera que se fuera para siempre, pero tenía que aclarar 
su mierda antes de arruinar a la señorita Cross. 
—Puedes fingir que eres grande y malo. Adelante, entra aquí y trata 
de intimidarme. No eres nadie. Sólo eres un arreglo temporal. Yo soy 
quien toma las decisiones difíciles. Yo soy quien tiene su mejor interés en 
su corazón. Y al final del día, cuando la mierda golpeé el ventilador, será 
a mí a quien corra. Yo arreglo los problemas. Tú te escondes de ellos. 
Anthony los crea. Así es como siempre ha sido. Así es como va a ser. 
Que se joda Nick. Que se joda por encontrar mi mayor miedo y 
explotarlo. 
—No me voy a esconder. Ya no. 
Nick me miró por debajo de la nariz, su labio curvado como si yo 
fuera basura pegada a la suela de su zapato. 
—Ya sabes que me encantan los buenos retos. —Sacó su teléfono 
y marcó un número. Era tan propio de mi hermano dejar de conversar 
para hacer lo que se le antojara—. Pequeño luchador —ronroneó 
mientras se llevaba el teléfono a la oreja. Tuvo las bolas de llamar a Juliet. 
Estaba realmente molesto con él. ¿A qué jugaba? Estiré mi cuello, 
desesperado por escuchar su versión de la conversación. 
—He oído que querías ir a visitar a la abuela. Siento haber tomado 
más precauciones de seguridad. Supongo que fui un poco agresivo en ese 
aspecto. ¿Qué tal si te acompaño y hablamos? Sé que estás enfadada, 
pero... 
Juliet lo cortó, pero no pude oír lo que decía. ¡Joder! El tiempo pasó. 
De vez en cuando decía cosas como. Lo entiendo. Tienes razón. Y mi menos 
favorita, también te amo. 
Luego, sonrió antes de volver a hablar. 
—Por supuesto. Haré que un auto te lleve ahora. —Colgó y luego 
me sonrió. Enderecé mi espalda, preparándome para cualquier cosa 
ignorante y presumida que hubiera planeado decir—. Gracias por el 
consejo. Supongo que, por mucho que me duela decirlo, tenías razón en 
una cosa. Encerrar a Juliet no hará que todo mejore. Necesita probar la 
 
 
40 
libertad. Como cuando le cortas las alas a un pájaro, pero abres la puerta 
de su jaula de vez en cuando. —Estaba hirviendo de rabia. Se inclinó más 
cerca para susurrarme amenazadoramente—. Tendrás que arrancarla de 
mis frías y muertas manos antes de que te deje tenerla para ti sola. 
 
 
 
41 
 
 
A veces había que bailar con el diablo para sobrevivir a la canción. 
Malice y yo jugábamos a un sofisticado juego del gato y el ratón. Sabía 
que tenía que jugar bien si quería mi libertad, y él me mantenía con la 
correa corta por miedo a que huyera definitivamente. Tenía 
constantemente una sombra acechando detrás de mí. Autos blindados. 
Guardias que seguían todos mis movimientos. La única persona que no 
acechaba mi presencia era Malice. En los cuatro días transcurridos desde 
que Anthony se había marchado, sólo habíamos hablado de pasada o a 
través de mensajes de texto superficiales. 
Eso me aterrorizaba y me dolía a la vez. A pesar de haber enviado 
a Anthony lejos, todavía amaba a Nick. Seguía anhelando el consuelo que 
me ofrecía. Me sentía extraña al no acudir a él con ese problema, 
antinatural. Malice era exigente y contundente. Atravesaba muros de 
concreto para llegar a mí, incluso si era yo quien los construía. Así que 
el hecho de que me diera espacio parecía mal a un nivel visceral. Me 
pregunté si era un truco. Me privaría de su presencia hasta que me 
arrastrara hasta su cama, rogando por cualquier sobra que me diera. Y 
teniendo en cuenta que ya no tenía a Anthony para hablar, me sentía 
sorprendentemente sola. Por suerte, William estaba haciendo todo lo 
posible para apoyarme mientras lo superaba. 
Malice estaba dándome espacio para lamer mis heridas y navegar 
por nuestra nueva normalidad. Pero mi tiempo era limitado. Pronto, nos 
obligaría a los dos a enfrentarnos a esto. Al final me reclamaría. Siempre 
lo hacía. 
Rebusqué en mi bolso y saqué mi computadora, preparada para 
una larga noche de estudio. Asistía a la Universidad de Kansas City a 
tiempo parcial, algo que hacía que la abuela se sintiera increíblemente 
orgullosa. Resultaba tan extraño que, cuando todo esto empezó hace seis 
meses, aún mi piel se erizaba al pensar en deberle algo a Malice. Ahora, 
él pagaba las facturas médicas de la abuela, sus servicios públicos, mis 
estudios y cualquier otra cosa que mi corazón deseara. Era mi dueño, en 
cuerpo y alma. Supongo que me había permitido ceder en estos últimos 
 
 
42 
meses. No me parecía mal, ya que éramos muy felices y estábamos 
enamorados. Me convencí de que su apoyo no tenía ningún costo. 
Pero ahora que las cosas se tambaleaban de nuevo, no podía 
entender por qué me permitía ser tan codependiente de todos los 
hombres Civella. 
—¿Vienen los chicos a cenar? Estaba pensando en hacer el pastel 
de lima, el favorito de Anthony —dijo la abuela mientras miraba la nevera 
y hacía inventario de la comida que teníamos. Por supuesto, estaba 
totalmente abastecida gracias a la entrega de comestibles que William 
había coordinado para ella. A ninguno de los chicos le gustaba la idea de 
que la abuela fuera andando a la tienda. 
La abuela tenía muy buen aspecto. Tenía un brillo saludable en su 
piel que no había estado allí durante años. Llevaba el cabello 
perfectamente peinado con permanente y un elegante pantalón suave que 
William había elegido para ella en Bloomingdales durante su viaje a 
Nueva York. Todavía tenía ese ligero temblor en sus movimientos, pero la 
medicina experimental estaba funcionando. Me sentía como si estuviera 
a caballo entre su casa y la Mansión Civella. En realidad, no tenía un 
lugar permanente donde quedarme. Era una mujer caprichosa que salía 
con tres tipos y cuidaba de su abuela, pero por ahora funcionaba. Puede 
que fuera parte de la razón por la que me sentía tan agotada. No estaba 
muy segura de dónde estaba mi casa. 
La casa de la abuela había recibido un gran cambio de imagen. Los 
chicos habían sustituido el tejado y las ventanas, habían pintado los 
paneles de madera de la fachada y habían instalado una rampa para la 
silla de ruedas de la abuela en caso de que tuviera un mal día, algo que 
no ocurría a menudo pero que era bueno tener. No tenía una habitación 
en la Mansión Civella. Iba saltando de habitación en habitación. Tenía 
ropa por todas partes, pero la falta de rutina estaba afectándome. 
No le había dicho a la abuela que Anthony se había ido, sobre todo 
porque no estaba muy convencida de que lo hiciera. En mi mente, fingía 
queesto no era más que unas vacaciones. No era real. Él entraría por las 
puertas en cualquier momento y volveríamos a la normalidad, lo que 
fuera normal para nosotros. 
—No. William está en el trabajo y Mal… Nick tiene una reunión. 
Anthony está... —Ni siquiera pude obligarme a inventar una mentira. 
La abuela dejó de buscar ingredientes y se giró lentamente para 
mirarme. 
—¿Qué pasa, cariño? —preguntó. Sentía el pecho como si alguien 
hubiera clavado un martillo en el centro de mi esternón. Cada inhalación 
era una especie de dolor cortante que revolvía mi estómago. No se me 
daba bien mentirle. Ella tenía esa forma de ver la verdad incluso cuando 
yo no quería admitirla. Nunca lo habíamos hablado, pero ella sabía en 
qué estaban metidos mis hombres. El hecho de que yo evadiera algunas 
 
 
43 
de las partes más horripilantes de mi vida, no significaba que no me 
abriera a ella. 
—Salir con tres hombres es difícil, abuela —susurré—. No siento 
que sea suficiente. —Nunca imaginé que tendríamos una conversación 
así, pero por suerte ella había tenido mucho tiempo para acostumbrarse 
a nuestra singular dinámica de relación. 
Frunció su ceño antes de moverse lentamente para sentarse a mi 
lado. 
—Se supone que no eres suficiente, cariño —dijo suavemente antes 
de estirar su mano para acariciarla—. La medida de una persona no es 
lo que puede dar en una relación. Es cómo ama. No la cantidad. 
Aparté los ojos y limpié una lágrima perdida. 
—Anthony es... 
—Problemático —terminó la abuela por mí—. Últimamente lo está 
pasando, ya ni siquiera viene a ver a Jeffrey. —Al oír su nombre, la bola 
de pelo negra levantó la cabeza de donde dormitaba en el suelo de la 
cocina y maulló. Todavía recordaba cuando Anthony le regaló el gato. 
Parecía una época tan feliz hace mucho tiempo. 
Problemático no parecía una forma adecuada de explicar lo que era 
Anthony. 
—Nick lo envió lejos. William cree que Anthony necesita un tiempo 
para trabajar en sí mismo antes de poder manejar una relación conmigo. 
—Suena razonable —respondió la abuela con un ligero tartamudeo, 
probablemente por el estrés de nuestra conversación—. Aunque Anthony 
ocupa un lugar muy especial en mi corazón, tu felicidad y bienestar son 
mi prioridad. William es un hombre muy inteligente, y si cree que 
Anthony necesita tiempo, probablemente tenga razón. Y en cuanto a 
Nick, ese hombre es terriblemente encantador pero un poco impulsivo. 
Ya entrará en razón. 
Impulsivo era una buena manera de decirlo. No quería contarle a 
la abuela lo que había pasado en el cementerio. Ella amaba a Anthony 
con dureza, pero cuando se trataba de mi seguridad, no se andaba con 
rodeos. Quizá habían lavado mi cerebro, una víctima de abusos 
condicionada a perdonar por amor. Tal vez todavía tenía la esperanza de 
que él mejoraría de alguna manera. En cualquier caso, no quería que otra 
persona que quería odiara a Anthony por lo que hizo cuando no estaba 
en su sano juicio. 
—Tengo la sensación de que algo pasó para que Nick y William 
tomaran esta decisión —comentó mientras recorría mi piel con la mirada. 
Me encorvé ligeramente, ocultando mis moretones desvanecidos con el 
cuello de mi chaqueta—. Tengo la sensación de que esta es otra de esas 
cosas que no quieres contarme. 
Encogí mis hombros. 
 
 
44 
—Anthony me ama —espeté con toda la convicción que pude 
reunir. No estaba segura de sí trataba de convencerme a mí misma o a la 
abuela—. Todos me aman. 
—Pero tienen que amarte de una manera que sea buena para ti, 
¿de acuerdo? —dijo la abuela, con un tono más duro. Apretó sus labios 
en una fina línea y vi cómo sus dedos temblaban sobre la mesa. No quería 
molestarla, pero hablar de las cosas me hacía bien. La abuela tenía esa 
forma de ayudarme a centrarme. 
Aclaré mi garganta. 
—Así que, pastel de lima, ¿eh? La verdad es que se me ha antojado. 
Me dejó cambiar de tema amablemente. 
—Sólo necesito una lata de leche condensada. ¿Quieres ir 
corriendo a la tienda de comestibles por mí? —preguntó la abuela. 
Dejé escapar un suspiro de alivio. Dar un paseo era justo lo que mi 
cerebro necesitaba antes de sumergirse en una noche de estudio. 
—Sí, puedo ir a buscar eso —respondí—. ¿Necesitas algo más? 
La abuela se rascó la barbilla. 
—Mataría por un poco de vino de caja, pero mi médico no quiere 
que beba con esta medicación. ¿Crees que medio vaso podría estropear 
algo? Oh, supongo que aún no tienes veintiún años. —Puso los ojos en 
blanco de forma juguetona. 
Tenía el número del doctor Fulbright en marcación rápida y, 
gracias a mi aterrador novio, el pobre médico siempre contestaba al 
primer timbrazo. 
—¿Puedo preguntarle al doctor? —No mencioné que, gracias a los 
hombres Civella, ya no necesitaba una identificación para el alcohol. 
Prácticamente entraba en la tienda y me entregaban lo que quería. 
La abuela sonrió. 
—¡Noche de vino! 
Me levanté y tomé mi cartera. 
—Ya vuelvo. 
 
p 
 
 
Cuando salí por la puerta principal, vi que el guardia que suele 
estacionarse fuera de la casa estaba dormido en el asiento delantero de 
su auto. Estuve a punto de llamar a la ventana para avisarle de que me 
 
 
45 
iba, pero luego me di cuenta de que era una oportunidad demasiado 
buena para dejarla pasar. Podía ir a un sitio sola por primera vez en días. 
Así que me escapé. 
Fue un viaje rápido. Sólo tenía que volver antes de que él se 
despertara, y nadie se daría cuenta. 
El aire frío de enero me envolvía mientras caminaba. Este invierno 
había sido inusualmente cálido, pero esperaba que pronto cayeran 
algunas nevadas. La tienda de comestibles estaba a unos treinta minutos 
a pie, y mientras pasaba por los parques, los peatones y los edificios en 
ruinas, mi mente vagaba por los pensamientos de Anthony, Malice y 
William. 
Intenté sentirme esperanzada. Quería que Anthony volviera. 
Necesitaba que Malice me dijera que todo estaba bien. Agradecía la fuerza 
de William en todo esto. 
No fue hasta que llegué a la tienda de comestibles que mi teléfono 
empezó a sonar. Puse los ojos en blanco cuando vi el nombre de Malice 
en el identificador de llamadas. Nunca lo había cambiado desde que 
compró mi teléfono. Había cambiado entre sus dos alter egos, pero en el 
fondo de mi mente, siempre era Malice, siempre tambaleándose al borde 
de la locura y la maldad. 
—Hola, Malice. 
—Estás en el Mercado Cosentino sin guardia. ¿Por qué? 
Sonreí un poco para mis adentros. Era la primera vez que sonaba 
enfadado desde nuestra pelea. Hay que reconocer que estaba cansada de 
los mimos. Estaba lista para que este hervor llegara a su fin, 
metafóricamente hablando. 
—La abuela está haciéndome un pastel de lima, pero necesitaba 
algunos ingredientes. 
—¿Y has ido allí sola? 
—Sí. 
—Sin avisar a tu guardia. 
—Sí. 
Se quedó en silencio al otro lado. Oí el portazo de un auto en la 
línea mientras marchaba al pasillo de la panadería y agarraba lo que 
necesitaba. Ya que estaba aquí, decidí comprar también algunos 
bocadillos para una noche de estudio. 
—¿Malice? ¿Has terminado con la inquisición? —pregunté antes de 
morderme el interior de mi mejilla. A ver si podía hacerse el bueno ahora 
que había roto sus reglas. 
—Quédate en la línea, Pequeña Luchadora —gruñó, y el sonido me 
hizo vibrar. Me sentí como una boxeadora calentando para una pelea. La 
adrenalina me hacía salivar por su ira. 
 
 
46 
Pasé mi dedo por los estantes, mirando los distintos paquetes de 
galletas, golosinas y pasteles. Patatas fritas. También necesitaba patatas 
fritas. 
Mis caderas se balanceaban mientras caminaba por los suelos de 
baldosas, examinando los pasillos mientras lo escuchaba resoplar en la 
línea. 
—Se me antojan bocadillos de queso, Malice. Y de chocolate. 
¿Debería comprar algo sano mientras estoy aquí, ya sabes, para 
equilibrarlo todo? Lo bueno con lo malo. 
—Deja de hablar, Juliet. 
Oh, estaba completamente enojado. 
Maravilloso. 
Estaba mirando una larga fila de comida chatarra cuando vino 
hacia mí. El hombreera eficiente, lo reconozco. Había al menos cuarenta 
y cinco minutos en auto desde la casa para llegar aquí. Debió de enterarse 
de que me había ido unos dos minutos después de salir por la puerta, y 
entonces se saltó todas las leyes de tráfico para interceptarme. 
Tenía el cabello revuelto. Me miró fijamente mientras pisaba la 
baldosa en mi dirección, con dos hombres voluminosos flanqueándole a 
ambos lados. 
—¿Cuándo fue la última vez que fuiste a comprar al supermercado, 
Malice? —pregunté despreocupadamente antes de dejar caer unos 
Twinkies en mi carrito. Se puso delante de mí, con los brazos cruzados 
sobre su amplio y musculoso pecho. Sus fosas nasales se agitaron con 
un resoplido de ira. No se le escapó ninguna vocal ante mis sarcásticas 
palabras—. ¿Te das cuenta de lo ridículo que es enfadarte conmigo por ir 
al supermercado? 
—He sido muy razonable, Juliet. 
—En cierto modo, has sido inusualmente razonable, Malice —
respondí antes de reflejar su postura con un poco de desafío y enfado 
propios—. Y, sin embargo, también me sigues a la tienda de comestibles. 
Limitando a dónde puedo ir y cuándo. Estás evitando esto. ¿Tienes miedo 
de mí, Malice? ¿Miedo de que, si te miro a los ojos, decida dejarte? 
Se rió. 
—No puedes dejarme —gruñó. Su respuesta arrogante era 
esperada, pero también hizo que mi piel se erizara. Era jodido, pero pelear 
con este hombre me ponía caliente. 
Entonces, Malice se agolpó en mi espacio, y levanté la vista hacia 
él, asegurándome de mantener mi boca asegurada en un ceño frustrado. 
Lo desafiaba con mi lenguaje corporal a que hiciera algo con la escaldada 
tensión que había entre nosotros. Era enero en Kansas City, pero me 
sentía como si estuviera vadeando un furioso crisol de deseo. 
 
 
47 
—Dime lo que quieres, Pequeña Luchadora —espetó. El apodo 
sentimental fue como un bálsamo en mi corazón. 
—No lo sé. 
—Sí, lo sabes. Siempre sabes lo que quieres; es algo que tenemos 
en común. 
Mis ojos se llenaron de lágrimas. 
—Quiero que vuelva Anthony. 
Si mis palabras lo afectaron, no lo demostró. 
—¿Qué más? 
—Quiero que vuelvas. 
Extendió su mano y apretó mi mandíbula con su mano tatuada. 
—¿Qué más? 
—¿Que quiero volver a ser yo? Quiero volver a sentirme yo misma. 
Besó mi frente antes de hablar. 
—¿Y quién eres tú, Juliet? 
No sabía cómo responder a su pregunta. ¿Era la chica que mató a 
un hombre para salvarse? ¿Era una estudiante? ¿Una amante? ¿Una 
trabajadora de un club de sexo? ¿Una nieta trabajadora dispuesta a 
vender su alma para ayudar a sus seres queridos? ¿Era una víctima? 
No. Sabía que no lo era. Nunca fui una víctima. Sobreviví, me 
adapté y me recuperé. 
—Soy una luchadora —susurré, la admisión se sintió a la vez 
reconfortante y abrumadora. 
—Bloqueen el pasillo —dijo Malice a sus guardias—. Dennos la 
espalda. —Me confundió lo que dijo, pero lo comprendí rápidamente en 
el instante en que su fuerte mano se posó en mi cintura de mis 
pantalones de yoga. Jadeé cuando sus fríos dedos rozaron mi estómago, 
encontrando la piel bajo mi chaqueta y mi jersey con facilidad. 
—¿Qué estás haciendo? 
—Recompensándote —ronroneó Malice. 
Jadeé cuando introdujo sus dedos entre mis muslos. Rodeando su 
cuello con mis brazos para estabilizarme, miré nerviosa a mi alrededor, 
preocupada de que alguien nos viera. 
Las patatas fritas cayeron de la estantería y se estrellaron contra el 
suelo. Utilizó su mano libre para agarrarme el cabello. Tirando de mi pelo 
hacia atrás, expuso mi cuello hacia él, besándome suavemente. No pude 
resistir la sensación de su boca en mi piel. Me aferré a él, la ardiente 
necesidad hizo arquear mi cuerpo para acercarme mientras él acariciaba 
mi clítoris necesitado. 
 
 
48 
—Me encanta cómo te sientes contra mi palma, Pequeña 
Luchadora. Caliente. Mojada. Necesitada. —Puntuó cada palabra 
rodeando mi clítoris con la yema de su dedo. Mi cuerpo sufrió un espasmo 
por el intenso placer. 
—Joder, Malice —ronroneé mientras me aferraba a él con todas mis 
fuerzas. 
Había cierta emoción en saber que cualquiera podía pasar por allí 
en cualquier momento. ¿Había cámaras? ¿Podría la gente ver la forma en 
que mis labios carnosos se separaban en un jadeo? ¿Podrían ver su mano 
tatuada deslizándose entre mis muslos y masajeando mi húmedo coño? 
Malice empujó el cuello de mi camisa hacia abajo, rasgando el 
suave algodón en el proceso y dejando al descubierto mi sujetador rosa 
claro. Su boca caliente recorrió mi cuello, rozando mi clavícula y bajó 
hasta que rozó con sus dientes la protuberancia de mis pechos. 
Me agité, y cada movimiento de empuje de mis inhalaciones hizo 
que mis tetas cayeran sobre su rostro desaliñado. Me lamió y chupó antes 
de bajarme el sujetador y dejar al descubierto mi endurecido pezón. 
—Eres mejor que cualquier fantasía, Pequeña Luchadora. Me 
encanta explorar tu cuerpo. Mi cuerpo. Cada centímetro de ti es mío. —
Rodeó mi montículo con sus suaves labios y chupó con fuerza, y la 
sensación me hizo vibrar profundamente. 
No dejó de acariciarme ni una sola vez. El placer seguía creciendo, 
creciendo, creciendo. 
—Malice —gemí cuando mis ojos se fijaron en un movimiento al 
final del pasillo. Un hombre de cabello blanco y moreno, con gafas 
intentaba pasar, con la boca abierta mientras se ajustaba y miraba 
fijamente. Uno de los guardias Civella lo apartó de un empujón. 
Jadeé. Estaba muy mal lo excitada que estaba. 
Malice volvió a reclamar mi atención follándome hábilmente con los 
dedos con más fuerza. Empezamos a besarnos como animales rabiosos. 
Juntando nuestros labios. Bailando nuestras lenguas. Apretando 
nuestros cuerpos todo lo que podíamos. Lamió mi labio inferior como si 
fuera un tesoro. 
Un gemido escapó de mis labios y él lo ahogo entero antes de hablar 
contra mi boca. 
—Me encanta cómo suenas cuando te toco, Pequeña Luchadora. 
Sus caricias se volvieron más rápidas. Más fuertes. La presión 
seguía aumentando dentro de mí, y mis piernas temblaban. Sus dientes 
me mordían, y el escozor parecía hacer que todo se sintiera aún mejor. 
Dejé de besarlo para gemirle al oído, mi boca se cernía sobre él 
mientras jadeaba tan fuerte que estaba segura de que toda la tienda de 
comestibles podía oírnos. 
 
 
49 
—Sí, Pequeña Luchadora. Vente por mí. Di mi nombre. Mi 
verdadero nombre. 
Mi orgasmo fue un infierno salvaje y ardiente que desgarró mis 
sentidos. 
—Nick —grité antes de morder su hombro para amortiguar mis 
gritos. Arqueé mi espalda y mis muslos temblaron. Me frotó durante todo 
el orgasmo y sacó cada gramo de placer de mi cuerpo. 
Casi me derrumbé allí mismo, en medio del pasillo de los aperitivos. 
Lo rodeé con mis delgados brazos y Nick sacó su mano de entre mis 
piernas, abrazándome con sensualidad, tocándome el culo mientras me 
sujetaba con fuerza. 
—Qué buena chica —elogió antes de separarse para saborear mi 
placer. Ver cómo sus labios envolvían lentamente su dedo índice y 
chupaban mis jugos hizo que mis ojos se sintieran pesados. Quería 
quitarle el traje y follarlo. 
Pero justo cuando estaba a punto de sugerirlo, sacó el dedo de su 
boca, haciendo un ruido seco al hacerlo. 
—Compraré la comida. Sube al auto. 
Palidecí. 
—¿Qué? 
Malice extendió su mano hacia delante, como si fuera a rodearme 
el cuello, pero se detuvo. Me pregunté si se estaba imaginando cómo me 
asfixiaba Anthony. En su lugar, volvió a subirme el sujetador y me cubrió 
con lo que quedaba de mi camiseta. 
—Vuelve a ver a Ruthie, Juliet. 
—¿Qué hay de...? 
Malice sonrió, como si mi confusión lo complaciera. 
—Todavía tenemos mucho que resolver, Pequeña Luchadora. Solo 
quería darte una muestra de lo que te pierdes por mantener la distancia. 
Y con esas palabras de despedida, se dio la vuelta, agarró el carrito 
y se dirigió a la caja como si no acabara de follarme con los dedos en el 
pasillo nueve. 
 
 
 
50 
 
 
«Zahau fue encontrada desnuda con las muñecas y los tobillos 
atados con una cuerda gruesa. Le habían atado las manos ala espalda y 
estaba amordazada. Pero eso no fue lo que hizo que su espantosa muerte 
fuera tan memorable. Supuestamente, en su cuerpo desnudo estaba 
escrita la inquietante frase: Ella lo salvó, ¿podrá él salvarla a ella?» 
La voz de Juliet se detuvo, dejando que sus palabras 
permanecieran en mis auriculares durante unos cuantos compases 
mientras recorría las calles de Miami. Contuve la respiración, esperando 
que volviera a hablar. Escuchar su podcast de crímenes reales era lo 
único que me alegraba estos días. 
Ella lo salvó, ¿puede él salvarla a ella? 
Algo me decía que él no podía hacerlo. No cuando era el monstruo 
del que ella tenía que huir. 
Dejé que la voz de Juliet me inundara mientras seguía caminando. 
Odiaba Miami. Era llamativo y ruidoso y algo hermoso, pero plástico en 
ese sentido permanentemente temporal. Miami encarnaba la naturaleza 
fugaz de la juventud. Gente guapa. Vidas hermosas. Bella arquitectura 
de los años ochenta que ahora parecía de mal gusto. 
Estaba sucia, la gente dejaba mierda en la acera allá donde iba. 
Hermosas mujeres con una confianza abrumadora y pechos de silicona 
llevaban hilo dental sobre sus pezones de panqueque y me sonreían 
mientras pasaban circulando en sus patines retro. Era una ciudad llena 
de personajes principales y narcisistas egoístas. 
Probablemente me habría gustado más Miami si hubiera podido 
disfrutar de los deliciosos camiones de comida que se alineaban en las 
calles. Juliet y yo solíamos ir a un auténtico restaurante mexicano cada 
martes de tacos. Si estuviera aquí, querría parar en cada camión y probar 
algo. Pero ahora mismo, no podía digerir casi nada. Ni siquiera estaba 
seguro de merecer el alimento, porque era un psicópata que caminaba, 
hablaba, respiraba y mataba moscas. 
 
 
51 
Un hombre con zapatillas de caña alta y un bañador deportivo me 
hizo una revisión sobre el hombro de camino a dondequiera que fuera, y 
me imaginé rebanándole la yugular y dejando que se desangrara sobre el 
pavimento. La desesperación temeraria corría libremente por mis venas. 
Era un hombre en una misión sin saber qué coño estaba haciendo. Dejé 
que mi cuerpo siguiera a mi mente en su deambular. 
Cuando a la locura le crecían las piernas, había que dejarla correr. 
Escapar era como un torniquete alrededor del cuello. Para salvar el 
corazón, tenías que cortar la cabeza. 
«Gracias por sintonizarnos. La próxima semana hablaremos de 
Manuel Pardo, mejor conocido como el Mutilador de Miami, un ex policía 
convertido en asesino en masa. Hasta la próxima, ¡cierren sus puertas con 
llave!» 
Juliet se despidió y yo pasé al siguiente episodio. Gracias que tenía 
docenas de ellos grabados para que me obsesionara. Estos podcasts eran 
lo único que me quedaba de ella. Elegí Miami por este episodio en 
concreto. Fue uno de los primeros que Vicky me hizo escuchar, cuando 
no sabía quién era Juliet Cross ni que era mi alma gemela. 
Tuve la tentación de ir a matar sólo para que me dedicara un 
episodio. Me daba escalofríos pensar en ella diciendo mi nombre. Oírla a 
través de mis audífonos baratos y masturbarme mientras hablaba de los 
montones de cuerpos que conducían directamente a mí. 
Estaba jodido. Quería volver a verla pero 
No quería 
verla 
de nuevo. 
No quería 
verla de nuevo. 
Realmente no quería volver a verla pero también quería volver a 
verla, pero no quería volver a verla, pero también realmente, realmente, 
realmente quería, tocarla, y besarla, y estrecharla contra mí, pero no 
demasiado, porque eso es lo que me metió en este maldito lío en primer 
lugar. 
Ella lo salvó. ¿Puede él salvarla a ella? 
«Hola chicos, gracias por sintonizarnos» —dijo con una sonrisa. 
Le respondí, porque hablar conmigo mismo en una calle de Miami 
llena de gente ni siquiera estaba en la lista de las diez mayores locuras 
que había hecho. 
—Hola, preciosa. ¿Cómo estás? —La saludé. 
«¡Estoy muy emocionada por el podcast de esta semana!» 
Sonreí. 
 
 
52 
—Ojalá pudiera estar ahí contigo. ¿Recuerdas aquella vez que te 
comí a media grabación? Me decepcionó mucho saber que estas cosas no 
eran en directo. 
«Antes de sumergirnos en nuestra discusión sobre el Mutilador de 
Miami, me gustaría recordarte que siempre puedes localizarme en 
crimegirl22@gmail.com». 
Su voz era relajante. Invitadora. Tentadora. 
—Ojalá fuera tan fácil —respondí—. Sólo quiero saber que estás 
bien. Cada vez que cierro mis ojos, veo mis manos alrededor de tu cuello, 
y tus ojos rodando hacia la nuca. 
Una mujer que paseaba a su chihuahua se acercó al borde de la 
acera para evitarme. No podía culparla. Tenía buenos instintos. Era un 
monstruo. Arruiné todo lo bueno que tenía. Las voces en mi cabeza (las 
almas de los muertos) me dificultaban funcionar como un ser humano 
normal en la sociedad. 
Quería ir a casa. Pero no podía ir a casa. Quería ir a casa. Pero no 
podía ir a casa. Nunca podría ir a casa. A casa. A casa. Juliet estaba en 
casa. 
Sonaba como un drogadicto. Mi teléfono desechable pesaba en mi 
bolsillo mientras Juliet seguía hablando. Debatí entre sacarlo y buscar 
un cementerio en el que pudiera esconderme un rato. El silencio de las 
lápidas tenía algo tranquilizador. Si no podía volver a casa, al menos 
dejaría que los muertos me acogieran con sus criptas y sus gusanos. 
No confiaba en los vivos. Miami era demasiado vibrante. Cada 
inhalación me hacía sentir vivo. Seguí caminando sin rumbo, tirando de 
mi gorra sobre mis orejas para intentar bloquear los sonidos de la gente 
que vivía su vida como si no tuviera locura en la cabeza. Oh, no, ese soy 
yo. 
«Lo más interesante del Mutilador de Miami es que no se consideraba 
un criminal. Era un ex policía y un veterano militar. Realmente pensaba 
que estaba haciendo lo correcto». —La voz de Juliet era bonita cuando se 
apasionaba por algo. Subía una octava y sus palabras empezaban a 
mezclarse. Siempre me hacía sentir normal porque, como a mí, las cosas 
oscuras y mortales la intrigaban. Diablos, a veces incluso la 
reconfortaban. 
Pensé que tal vez se debía a que su madre fue secuestrada cuando 
era más joven, pero cuanto más la conocía, más me daba cuenta de que 
era simplemente quien era. 
«El Mutilador de Miami se llamaba a sí mismo héroe». 
—Que se jodan los héroes, nena. Te gustan los villanos, ¿no? 
Vuelve, vuelve, vuelve. 
El hecho de que Juliet fuera capaz de amar a un hombre como 
Nicholas Civella era prueba suficiente de que quería al malo. Era el villano 
 
 
53 
por excelencia. Era malo porque era un alma problemática. Yo luchaba 
por controlar mis impulsos. Me daba un montón de excusas. Nick era 
pura maldad. Disfrutaba causando caos y arruinando vidas. No se 
preocupaba por emociones insignificantes como la culpa. Pensar en él me 
hacía hervir la sangre. No estaba enfadado porque me hubiera echado. 
Ni siquiera estaba enfadado porque quisiera proteger a nuestra chica. 
Estaba enfadado porque tenía suficiente poder e influencia para 
mantener su palabra. Lo que él decía era ley, y no había forma de evitar 
el hecho de que yo fuera expulsado de la vida de Juliet. Aparecer era una 
sentencia de muerte, y aunque estaba obsesionado con la idea de ser 
enterrado (con la idea de estar vacío) no quería existir de ninguna forma 
donde Juliet no estuviera. 
Ella me daba un propósito. Cuanto más me alejaba de ella, más me 
daba cuenta de lo muy jodido que estaba. Era una claridad que me ponía 
enfermo. 
Cuanto más tiempo pasaba sin hablar con ellos, más me 
preguntaba por qué demonios William no había venido a por mí. Es decir, 
sabía por qué. Sólo pensé que él y yo estábamos juntos en esto. Éramos 
como el jodido equipo B en esta relación de grupo. 
¿Estaba tan desesperado por las migajas del corazón de Juliet que 
se olvidaría de la única persona que estaba de su lado? 
Tenía que hacerlo mejor. Tenía que ser mejor. Nick no podía 
odiarme para siempre. No iba a dejar que ninguno de los dos ganara. Él 
me dejaría volver, eventualmente. Siempre lo hacía. Pero nunca meperdonaría si volviera a poner a Juliet en peligro. 
Por eso estaba aquí. En Miami. Caminando por el cemento caliente. 
Perdiendo la cabeza. Porque quería volver, pero no podía volver, volver, 
volver, volver. No hasta que estuviera mejor. Y lo más aterrador era que 
no estaba seguro de ser capaz de mejorar. 
Así que tenía que unirme a los vivos. Miami era como el corazón 
palpitante de América. Si quería salir de la tumba, este era el lugar para 
hacerlo. 
Doblé la esquina hacia una calle menos poblada, a la que daban 
sombra los imponentes edificios de arriba. Fuera de mi periferia, me fijé 
en una mujer extrañamente vestida. Llevaba una sudadera. Aunque era 
enero, esto era Miami. Hacía unos malditos treinta grados en el exterior. 
Había considerado dejar mi gorra característica para darle un respiro a 
mi sudorosa cabellera. 
Tal vez era un imbécil paranoico. Tal vez me gustaba el drama, tal 
vez quería que alguien me siguiera. 
Tacha eso. 
No, quería que Juliet me siguiera. Quería que persiguiera a mis 
demonios y me obligara a volver porque no era lo suficientemente fuerte 
 
 
54 
como para resolver mis problemas y volver por mi cuenta. No podía 
volver, volver, volver. 
Aceleré. La chica con la capucha en la cabeza igualó mi ritmo. Giré 
a la derecha al final de la calle, y ella también. 
Tal vez Nick o William habían enviado un asesino tras de mí. Tal 
vez tendría que defenderme. Tal vez podría encontrar algún objeto al azar 
en la calle y usarlo para asesinarla. Probablemente no sería tan épico 
como lo de Nick con el rizador, pero estaba lo suficientemente loco como 
para superarlo. 
Llegué a otra calle, y en el momento en que doblé la esquina, apreté 
la espalda contra el duro ladrillo. Escuché. Esperé. Mi pulso palpitó en 
mis venas con la adrenalina y la excitación. Me preguntaba si conseguiría 
matar a alguien hoy. No era como Kansas City. La policía no estaba en el 
bolsillo de Civella. Aquí había consecuencias. Aquí, era libre. 
Ella dobló la esquina, y yo extendí la mano y agarré la tela suelta 
de su capucha. Jadeando, trató de apartarse, pero la estrellé contra la 
pared de ladrillos más rápido de lo que pudo luchar contra mí. 
Su cabello rubio le cubría el rostro, pero percibí un aroma a 
perfume caro y mi estómago cayó. 
—Hola, hermano —dijo con voz áspera, esos ojos azules asomando 
a través de la cortina de su cabello—. ¿Sigues enfadado porque intenté 
matarte? 
De ninguna manera. 
Vicky. 
Sonreí. 
 
 
 
55 
 
 
Eden’s Place se estremecía a medida que la música alternativa 
resonaba por las paredes. Mientras me aplicaba un tono oscuro de lápiz 
labial rojo en mi boca hinchada, sentí escalofríos recorrer mi espalda. Mis 
labios se sentían delicados por haber sido jalados entre los dientes de 
Nick, y tuve que cubrir un ligero moretón en mi cuello con corrector. 
Mientras William se paraba detrás de mí, jugueteando con sus 
gemelos, miraba fijamente mi espalda expuesta. La lencería que usaba 
era del mismo tono que mi lápiz labial rojo en mi boca, un corsé de encaje 
que se hundía en mi columna y se aferraba con fuerza a mi cuerpo. 
—Eres el mejor regalo de cumpleaños —murmuró con reverencia 
al tiempo que se humedecía los labios en agradecimiento. Me sonrojé por 
su comentario y apliqué más iluminador en mis mejillas. Anthony y yo 
habíamos planeado una gran celebración para William. Queríamos que 
se sintiera amado. Importante. William necesitaba más seguridad que los 
demás, y se suponía que esta noche sería para él. 
Pero sin Anthony, el gesto se sentía mediocre. Seguía esperando 
que Anthony asomara la cabeza y se riera de todos los actos sexuales 
salvajes que él habría coordinado en el escenario para William. Habíamos 
ido con un tema sensual del Cirque du Soleil en el club. Todos quisieron 
una invitación. 
Deseaba que Anthony estuviera allí para ver cómo nuestro arduo 
trabajo fructificaba. 
William no pidió mucho para su cumpleaños. Me costó encontrar 
un regalo para el hombre que lo tenía todo, pero resulta que ya tenía lo 
que quería: 
Yo. 
William pidió verme prepararme. Instaló un tocador elegante en su 
oficina solo para poder tener una exhibición privada. Hice alarde de ello, 
enrollando lentamente las medias de rejilla en mis suaves piernas. 
 
 
56 
Alisando mi cabello con movimientos suaves. Delineé mis ojos 
seductoramente como un gato. 
Ni una sola vez apartó los ojos de mí. Cautivé su atención, 
atrapándolo en mi presencia. Me sentí atesorada. Me sentí poderosa. 
Deseaba complacerlo. 
No solo porque era su cumpleaños y lo amaba, sino también porque 
tenía un favor que pedirle. 
Tenía un plan para averiguar dónde estaba Anthony. 
La idea se formó en mi mente y atormentaba mi alma. No podía 
dejar de obsesionarme con eso. Sabía sin lugar a dudas que Anthony 
estaba a mi alcance y necesitaba ayuda para conseguirlo. Habían pasado 
casi dos semanas desde que se fue. Cada día que estaba ausente, lo 
sentía alejarse más y más. Era imposible lograr que Malice cooperara. No 
importó cuánto rogué, se negó a ceder. 
—Tengo algo para ti —dijo William con voz áspera, sacándome de 
mis pensamientos oscuros. Casi me sentí culpable por pensar en 
Anthony cuando debería haberlo celebrado. Estaba siendo jalada en 
tantas direcciones que era difícil concentrarme. 
Miré a William a través del reflejo del espejo de mi tocador. 
—Pensé que era tu cumpleaños —respondí tímidamente. Una de 
las cosas que había llegado a comprender acerca de William era que le 
encantaba dar más que recibir. Era un rasgo que poseía dentro y fuera 
del dormitorio. Para un hombre decidido a ser egoísta con mi corazón, en 
realidad, no era tan egoísta. 
—Créeme —comenzó antes de caminar hacia mí mientras buscaba 
en el bolsillo de sus pantalones—. Esto es tanto un regalo para mí como 
para ti. 
Su rostro reverente se iluminó cuando sacó una caja de terciopelo 
y me la entregó. Lentamente me levanté de mi asiento y me acerqué a él. 
El olor de su colonia me hizo la boca agua. 
—¿Qué es esto? —pregunté en lugar de abrirlo. La forma y el 
tamaño de la caja se parecían sospechosamente a un anillo de 
compromiso. No estábamos allí todavía, ¿verdad? ¿Y por qué haría esto 
ahora, cuando las cosas se sentían tan rotas entre todos nosotros? 
William sonrió un poco antes de tomar la caja y abrirla. Un 
hermoso anillo de diamantes amarillos engastado en platino y oro 
amarillo me devolvió la mirada. Era un gran corte esmeralda, y tuve que 
parpadear por todos los destellos que bailaban en la tenue luz de su 
oficina. 
—Nick te dio un collar —comenzó antes de sacar el anillo de la caja 
y alcanzar mi mano. Mi mano izquierda Luego, mi dedo anular. Mi 
corazón comenzó a latir con fuerza—. Quiero que te pongas algo mío 
 
 
57 
también. No voy a ponerte en una posición incómoda y preguntarte algo 
para lo que aún no tienes respuesta. 
Bajé la mirada mientras deslizaba el anillo en mi dedo. Ajuste 
perfecto. 
—William… 
—Solo necesito saber que una parte de ti también me pertenece —
susurró antes de alcanzar suavemente mi barbilla para levantarla. Con 
los ojos empañados, lo miré fijamente. 
Estaba igualmente nerviosa y halagada. Fue muy considerado y 
quería que William sintiera que nuestra relación era tan importante como 
las demás. Él me conoció primero. Y en cierto modo, me conocía mejor. 
Era una roca sólida de apoyo a la que me aferré desesperadamente. 
Malice estaba muy decidido a controlarme, pero la verdad era que mi 
corazón estaba compartido por igual entre todos ellos, y William 
necesitaba saber que le pertenecía tanto como él me pertenecía a mí. 
—Te amo —dije. Las palabras se sintieron inadecuadas para un 
momento tan hermoso. 
—También te amo. Ahora pregúntame lo que quieres preguntarme 
—respondió. 
El repentino cambio en la conversación hizo que mis cejas se 
hundieran. ¿Cómo sabía que quería preguntar algo? 
—¿Qué quieres decir? 
—Has estado callada toda la noche. Siempre puedo notar cuando 
algo atormenta esa hermosamente tuya. —Levantó la mano y pasó su 
pulgar por mi frente. 
—Algo te está molestando. Déjame arreglarlo. 
Me mordí el labio antes de volver a mirar el hermoso anillo que me 
había dado. Se sentía incorrecto pedir su ayuda después de un regalo tan 
considerado. Especialmente en su cumpleaños. Este anillo, y el dedo en 
el que lo puso, parecían una declaración. ¿Qué clase de mujer era yo para 
pedirle que me ayudara a rescatar a mi otro amante? 
—Dígame, señorita Cross —insistió. 
Las palabras brotaron como si fuera agua saliendo a chorros. 
—Malice tiene la información de seguimiento de Anthony. 
¿Recuerdas? No es como si se hubiera quitado el dispositivo del culo, 
simplemente lo hizo donde ya no tienes acceso para ver dónde está. ¿Qué 
pasa si irrumpimos en su oficina, robamos su computadora portátil y…? 
La cara de William se desanimó, y al instante me arrepentí de lo 
que dije. Tal vez ahora era el momento equivocado. Pero el hecho de que 
William no esperaba que yo le preguntara por Anthony solo demostraba 
que esta dinámica de compartir todavía tenía algunas arrugas que 
necesitaban ser planchadas. 
 
 
58 
—Sé que todavía extrañas a Anthony —dijo William. 
—¿Cómo no iba a hacerlo? Lo amo, William. No me voy a olvidar de 
él. 
El ceño fruncido de William se profundizó y sentí que se me partía 
el corazón. Pensé que entre él y Nick (Malice), William sería el más 
sensato y solidario con esto. 
—¿Vas a ayudarme? —pregunté tentativamente. Tenía que 
intentarlo. 
—Vamos a disfrutar de la fiesta, ¿de acuerdo? —respondió—. 
Podemos hablar de esto más tarde. 
Crucé los brazos sobre mi pecho y lo miré. 
—Nick y tú siguen retrasando esto. Estoy atrapada en la ciudad, 
una prisionera atrapada entre ustedes dos. Pero no importa si pasan 
semanas, meses o años. Todavía voy a luchar por Anthony. Y si eso 
significa que tengo que huir para localizarlo… 
—No digas eso —respondió William, su voz amenazante, casi 
sonando como Malice. No vas a huir. Ambos sabemos que Malice no te 
permitirá dar cinco pasos fuera de esta propiedad. 
Arqueé mi ceja hacia él. 
—¿Malice es el que me mantiene aquí? Siento que tienes mucho 
que ganar con su posesividad. 
—No voy a discutir esto esta noche. 
Me parecía bien. No quería pelear en su cumpleaños. 
—Bien. Pero no voy a dejar esto. 
—No pensé que lo harías —respondió William con amargura antes 
de alejarse de mí y caminar hacia la puerta. 
Los celos que bullían a mi alrededor iban a hervirme viva, y no tenía 
idea de cómo podríamos llegar a un lugar donde estuviéramos bien de 
nuevo. 
 
p 
 
Sexo. Sudor. Luces parpadeantes y música que imitaba el ritmo de 
follar en la parte trasera de un Mercedes Benz. El ambiente en Eden’s 
Place era tántrico y erótico. Mujeres desnudas sobre zancos 
deambulaban a nuestro alrededor. Hombres en forma con experiencia en 
gimnasia levantaban a sus parejas y las moldeaban a sus cuerpos. Vi a 
una mujer haciendo una parada de manos mientras le lamían el coño. 
 
 
59 
Estaba sentada en una silla de cuero, mis piernas cruzadas tan 
apretadas que estaba apretando la necesidad que crecía en el vértice de 
mis muslos. Era imposible no excitarse con todo el sexo y el libertinaje, 
a pesar de mi tensa conversación con William antes. 
Nick estaba de mal humor otra vez: Malice había venido a la fiesta 
y había dejado a su alter ego más amable en casa. William había acercado 
tanto su silla a la mía que estaba prácticamente en mi regazo, con el 
brazo sobre mis hombros en un movimiento posesivo que se hizo eco de 
nuestra conversación anterior. No importaba lo fuerte que presionara mi 
costado, sentí la ausencia de Anthony como una pared de ladrillos entre 
nosotros. No podría tener uno sin el otro. 
Fue tenso, a pesar de la celebración. Una mujer con maquillaje de 
payaso y un leotardo que le llegaba hasta los senos entregó un pastel 
redondo con bengalas a modo de velas, y todo el club vitoreó a William, 
lo que hizo que Malice se burlara. 
William era el centro de atención. Los clientes del club se acercaron 
para darle palmaditas en la espalda. Las mujeres con ojos brillantes 
frotaron su cuello y presionaron sus senos contra su brazo mientras se 
inclinaban para darle incómodos abrazos laterales de felicitación. 
Algunos hombres incluso se acercaron para preguntarle sobre negocios, 
lo que me sorprendió. Sabía que William dirigía el club y, a veces, tomaba 
decisiones financieras para el negocio, pero ¿no deberían reconocer a 
Malice si querían un trato? 
Las mujeres sexys y la atención no me molestaban. William era un 
enigma. Pero por alguna razón, molestaba absolutamente a Malice. A 
medida que avanzaba la noche, más hombres que sabía que eran socios 
comerciales del imperio Civella apenas le dedicaron una segunda mirada 
a mi jefe de la mafia mientras hablaban con William sobre cosas con las 
que no estaba familiarizado pero que aún parecían importantes. Fondos 
de cobertura. Cargamentos. Traidores. 
Mientras William hablaba con alguien sobre un envío misterioso en 
Louisiana, tomé una copa de champán y fui a beber el dulce brebaje, pero 
Malice me lo arrancó de los dedos y casi derramó el caro champán sobre 
mi regazo. 
—Bonita bisutería —dijo antes de pasar el pulgar por el anillo 
reluciente que William me había dado. Sabía que esta joya en particular 
enviaría a Malice a una pelea de meadas. Deslicé mi mano hacia atrás y 
la escondí debajo de la mesa, pero Malice extendió la mano y me agarró 
la muñeca—. Es hermoso —gruñó en un tono sarcástico y enojado—. Sin 
embargo, no estoy seguro de que te quede bien —dijo. Me miró a los ojos, 
desafiándome a decir algo. Mi corazón prácticamente galopaba por la 
tensión. 
Sentí a William inclinarse aún más cerca. Obviamente había 
terminado su charla con los otros hombres para concentrarse en lo que 
Malice estaba haciendo. 
 
 
60 
—Encaja perfectamente —dijo William antes de agarrar mi otra 
mano y besar las puntas de mis dedos. 
Malice asintió antes de examinar el anillo con sus ojos escépticos. 
—Oh, es del tamaño correcto, sí, pero no se siente bien, ¿no? Es 
demasiado llamativo. Hortera, casi. 
William frunció el ceño. No quería que se arruinara el día de hoy. 
—Me gusta —respondí. Traté de sonar lo más segura posible, a 
pesar de que una gran cantidad de emociones amenazaban con 
quemarme la garganta. 
Malice fijó su mirada en mi rostro. 
—¿Te gusta? —preguntó, aunque la pregunta se sintió cargada con 
un significado más profundo que las simples palabras. 
—Me gusta tanto como me gusta mi collar —respondí 
intencionadamente antes de mirar la delicada cadena y el único diamante 
que descansaba sobre mi clavícula. Aquel por el que Malice fue al infierno 
y volvió. 
—Creo que las dos piezas chocan —gruñó Malice—. Una parece 
gritar su importancia. Intenta probar algo. Estoy seguro de que todo el 
mundo mirará primero tu anillo. Es este tipo de declaración necesitada. 
Casi patético en la forma en que ruega que alguien se siente y lo note. 
Tragué saliva. William extendió la mano y rozó el diamante en mi 
cuello, haciendo que mi piel se erizara. 
—¿Y qué hay de este bozal arcaico y discreto alrededor de su 
cuello? —preguntó William, respirando con dificultad. Aunque su tono 
era sereno, había una severidad en sus palabras que se aferró a mis 
sentidos. 
—Podría ser simple, sí. Pero es una reliquia. Padre quería que yo 
tuviera todo. Es algo que sería prudente recordar. 
William se aclaró la garganta. 
—El hecho de que alguien sea heredero al trono no significa que 
sea el hombre más calificado para el trabajo. 
—Pero aun así lo convierte en rey, ¿no? 
Abrí la boca para hablar, pero se descorrió una cortina en el 
escenario justo en frente de nosotros. Una sola cama tamaño king estaba 
colocada en el medio. Al ver la suave ropa de cama blanca y las esposas 
montadas en la cabecera, me pregunté qué había preparado William para 
su cumpleaños. Ver los espectáculos en Eden’s Place siempre fue 
divertido para mí. No meponía celosa sabiendo que mis hombres estaban 
viendo a otros artistas. Porque al final del día, venían a casa conmigo. 
Estaba agradecida por la distracción. 
 
 
61 
William le indicó a un hombre que estaba parado en la esquina que 
se acercara. Observé mientras le susurraba al oído. Malice agarró mi 
muslo sensualmente. En poco tiempo, todo el club fue vaciado. Las 
bebidas sin terminar estaban goteando sobre las mesas. Mujeres a medio 
vestir, riéndose tontamente, salieron corriendo como ratones perseguidos 
con una escoba. 
Kelsey, mi compañera de trabajo y amiga, se detuvo junto a la mesa 
al salir para guiñarme un ojo y entregarme una venda de seda. 
—¡Niña, vas a tener una noche increíble! —siseó emocionada antes 
de escapar. 
—¿Qué sucede? —pregunté mientras veía a un grupo de artistas 
entrar al camerino. 
—Estaba pensando que podríamos divertirnos un poco, señorita 
Cross. —La voz seductora de William se apoderó de mí—. Quería disfrutar 
de todo lo que Eden’s Place tiene para ofrecer, menos la multitud. No 
quería que nadie viera a mi chica. 
Malice tomó un fuerte trago de su bebida y luego se ahogó 
profundamente en sus frustraciones. El ceño fruncido en su rostro era 
casi doloroso de ver. Miré alrededor. Efectivamente, las únicas personas 
aquí éramos Malice, William y yo. 
William se quitó la chaqueta del traje antes de aflojarse la corbata, 
la emoción reverberando a través de sus grandes manos y forzando un 
ligero temblor de anticipación en las puntas de sus dedos. 
—Siéntete libre de irte, Nick —dijo William en un tono burlón—. 
Planeo disfrutar plenamente de todas las festividades que ofrece mi 
cumpleaños. —William me tendió la mano y yo la tomé. 
Malice, sintiendo un desafío en las palabras de su hermano, habló 
con firme determinación. 
—Me encanta un buen espectáculo. Dondequiera que esté Juliet, 
quiero estar. 
Mi corazón se detuvo y de repente me sentí abrumada por los 
nervios. Hasta ahora, habíamos mantenido los aspectos físicos de 
nuestra relación estrictamente separados. Aparte de esa vez en la sala de 
conferencias en la Mansión Civella, no habíamos hecho ninguna… 
actividad grupal. Me ponía nerviosa tener una audiencia celosa 
vigilándonos a William y a mí. 
William sonrió, como si ese fuera su plan desde el principio. 
—Como quieras. —Tiró de mi mano, pero me resistí. Malice y yo 
todavía nos estábamos recuperando de todo, pero eso no significaba que 
no hubiera amor entre nosotros. A veces, la lucha era solo un muro que 
tenías que escalar para llegar al corazón de una relación. 
Me solté del agarre de William y me cerní sobre Malice. Me había 
condicionado para que pidiera permiso en momentos como este: su 
 
 
62 
posesividad era abrumadora a veces, y no estaba segura de si necesitaba 
pedírselo ahora. 
Pero no quería preguntarle. ¿Estaba tan mal amarlo, asegurarme 
de que estaba bien, mientras seguía tomando mis propias decisiones? 
Quería tener el control de mis propios anhelos. Mi propio cuerpo. 
Mis propios deseos, necesidades y relaciones. Si quería encontrar a 
Anthony y construir una vida para mí con cada uno de estos hombres, 
necesitaba cortar las cadenas que Malice tenía sobre mí. 
Esperó pacientemente, a que le pidiera permiso como siempre lo 
hacía. 
—Te amo, Nick —susurré antes de inclinarme para besarlo en la 
mejilla. El hecho de que quisiera cambiar nuestra dinámica no 
significaba que la ardiente adoración que tenía por él se evaporara de 
repente. Éramos más fuertes juntos. Nuestro vínculo era algo que 
eclipsaba a los demás, pero era hora de sacar a William de las sombras. 
Era hora de encontrar a Anthony en la oscuridad. 
Su espalda estaba rígida con anticipación. Había una expectativa 
flotando en el aire helado entre nosotros. 
Pero no le pediría permiso. No esta vez. Nunca más. Era la chica 
que asesinó a un hombre para salvarse. No la chica que permitía que 
alguien reclamara cada parte de ella. 
William estaba sonriendo como un gato Cheshire cuando me di la 
vuelta para seguirlo en el escenario. Mi próxima orden del día sería 
trabajar en su lado vengativo. Solo porque estaba haciendo una 
demostración de elegirlo a él, no significaba que no estaba eligiendo a 
Nick. Me estaba eligiendo a mí misma y encontrando hogares iguales para 
cada uno de los hombres en mi corazón. 
Los parlantes se encendieron y una canción inquietante comenzó 
a reproducirse a través de ellos. Las luces del escenario se encendieron, 
bañando la cama con una brillante luz roja y ahogando la zona de 
asientos de abajo en la oscuridad. No podía ver a Nick sentado allí, pero 
podía sentir sus ojos intrusos bailando sobre mi piel. 
Me paré al pie de la cama, la anticipación creciendo en mi 
estómago. 
—Sube a la cama —ordenó William. Tragué. Los ojos de Malice 
estaban puestos en mi espalda. Me sentí rara e incómoda, dos 
sentimientos que ninguna mujer quería experimentar mientras follaba. 
William me esperó pacientemente mientras yo cerraba los ojos y 
respiraba con firmeza. 
Inhala. 
Exhala. 
 
 
63 
Fue en ese breve momento de claridad que se me ocurrió una idea. 
Si Malice deseaba mirar, entonces lo convertiría en un participante 
activo. 
Lentamente lo miré por encima de mi hombro y sentí una oleada 
de adrenalina y confianza al verlo sentado en la mesa de cócteles. Tenía 
las piernas separadas, las tenues luces de la habitación proyectaban 
sombras a lo largo de su rostro y se agarraba la parte superior del muslo 
como si intentara obligarse a permanecer quieto. 
Luego me volví hacia William, quien parecía inseguro por primera 
vez. Tenía ojos furtivos que seguían rebotando entre Malice y yo. Estaba 
tratando de hacer una declaración sobre nuestra relación, pero yo 
también. Estábamos todos juntos en esto. 
Dando la espalda a Malice, lentamente, lentamente, lentamente me 
incliné para desabrochar la hebilla de mis tacones. Me froté las piernas 
mientras lo hacía. Mi postura amplia le dio a mi pequeño espectáculo un 
toque de erotismo que me animó. 
Luego, me quité los zapatos y los pateé a un lado. William se 
arrancó la corbata del cuello y comenzó a desabrocharse la camisa de 
vestir con movimientos metódicos. Me arrastré sobre el colchón, 
arqueando la espalda mientras me acercaba a la cabecera. Música lenta 
con un ritmo fuerte se filtraba a través de los parlantes, y rodé sobre mi 
espalda. 
—Tan hermosa —susurró William antes de arrastrarse sobre mí. 
Envolvió su mano grande y venosa alrededor de mi muñeca y la levantó 
hasta las esposas. Besó mi piel suave con sus labios exigentes antes de 
atraparme. Luego hizo lo mismo con mi otra muñeca antes de ponerse de 
pie y rodear mis tobillos con cuero. 
Estaba completamente atada, y no se me escapó cómo esto era una 
metáfora de mis relaciones. Esa familiar sensación de ansiedad me hizo 
preguntarme si era la sensación de estar atrapada lo que aceleraba mi 
corazón o el deseo. Tal vez ambos. Tal vez esta era la compensación por 
el amor. Ataduras de cuero, esposas y un collar metafórico apretado con 
fuerza alrededor de mi cuello. 
Levanté la cabeza pero, desde este ángulo, ya no podía ver a Malice. 
—Céntrese en mí, señorita Cross —exigió William. Lo miré a los 
ojos de una manera desafiante. Él sonrió. 
Acomodándose entre mis muslos, William desabrochó los broches 
en mi coño, revelándolo con facilidad. Su cálido aliento envió un 
escalofrío por mi espalda, y lo vi mientras rozaba sus exuberantes labios 
sobre mí. Me mojé con anticipación. Chispas de necesidad se dispararon 
a través de todo mi cuerpo, y me pregunté cuánto tiempo me haría 
esperar hasta que me probara, me provocara burlonamente, me follara 
con la lengua. 
 
 
64 
—Me encanta la sensación de tu cuerpo disfrutando de todo lo que 
hago —dijo antes de besar la parte interna de mi muslo—. Hay algo en la 
forma en que te tiemblan las piernas cuando te corres que se siente tan… 
—Hizo una pausa para lamer una larga línea en mi raja—. Satisfactorio. 
Me retorcí en la cama contra misataduras mientras William 
envolvía sus brazos alrededor de mis muslos y los abría tanto como podía. 
El aire frío de la ventilación superior se mezcló con su aliento 
embriagador. 
Anticipación. 
Anticipación. 
Anticipación. 
Anticipación. 
Inhala. 
Exhala. 
—Por favor —rogué. 
—Porque lo pidió tan amablemente, señorita Cross —respondió 
William antes de hundir su lengua caliente y húmeda. Rodeó mi clítoris. 
Gimió ante mi sabor. Cada movimiento de su talentosa boca envió un 
escalofrío rebotando a través de mi cuerpo tembloroso. 
Lo observé con una especie de hambre. El sudor húmedo se 
acumulaba en su frente mientras me lamía, saboreando cada probada 
mientras me acercaba más y más a ese pico. Estaba rezando en el altar 
de mi coño, adorando mi placer, extrayendo cada ofrenda de mi 
resbaladiza necesidad con rápidos e intensos lametones de su lengua. 
Tuvo que sujetarme con sus musculosos brazos. Estaba segura de 
que saldría volando de la cama si no fuera por él y estas esposas. 
Casi me había olvidado de Malice, con su presencia oscura y 
melancólica observando el espectáculo. 
Pero hizo notar su presencia. Lo conocía. Sabía que él no miraría 
en las sombras. Quería atribuirse el mérito de cada gota de felicidad 
arrancada de mi cuerpo. Lo vi acercarse al escenario antes que William. 
Lo miré, mi boca entreabierta en éxtasis. Mis ojos estaban entrecerrados. 
La sombra de Malice hizo que William se congelara, y siseé ante la 
pérdida de tensión acumulada en mi clítoris. 
—No, no —supliqué—. No te detengas. 
William y Malice tuvieron un enfrentamiento silencioso. Esperé a 
que pelearan. O que William le diga que se vaya a la mierda. 
Pero quería esto. 
Necesitaba esto. 
 
 
65 
—No soy realmente el tipo de hombre que se sienta y mira —dijo 
Malice en un tono mortal. 
William se limpió los labios en la parte interna de mi muslo antes 
de responder. 
—No soy realmente el tipo de hombre que comparte. 
Malice se quitó la chaqueta del traje y la dejó caer descuidadamente 
al suelo. Llevaba tirantes que quería alargarme y jalar hasta que 
golpearan contra su pecho. Se desabrochó los gemelos y se los guardó en 
los bolsillos. William continuó besando mi coño mojado mientras Malice 
se arremangaba. Sentí que el entusiasmo se desvanecía en los 
movimientos de Malice, pero me negué a dejar que esto nos descarrilara. 
—Te deseo, Pequeña Luchadora —susurró antes de alcanzar la 
hebilla de su cinturón y desabrocharlo. Con dedos ágiles, se desabrochó 
el botón y luego metió la mano detrás de la cintura de sus calzoncillos 
para sacar su dura y pesada polla. Malice luego se puso de rodillas sobre 
el colchón y golpeó mis labios con la cabeza de su polla—. Pruébame —
exigió. 
Miré a William, que estaba observando todos mis movimientos. 
Sentí que esto era una prueba, de alguna manera. Sabía lo que tenía que 
hacer. 
Volviendo a centrar mi atención en Malice, abrí lentamente la boca 
y empujó hasta que golpeó el fondo de mi garganta. Me atraganté un 
poco, pero estaba decidida a que Malice se corriera. Se movió dentro y 
fuera mientras usaba una mano para apoyarse contra la cabecera de 
madera y la otra para acariciar mi pecho. Salieron saliva y gemidos de mi 
boca. Me sentí tan bien. Tan pervertida. Tan deseada. 
William aumentó su velocidad en mi clítoris, y cuando me vine, fue 
duro y rápido. Dejé de chupar la polla de Malice solo para gritar de placer. 
Ola tras ola de la fiebre rastrilló mi cuerpo. William se pavoneó mientras 
me retorcía, todo mi cuerpo se debilitó por el maldito placer de todo. 
William se levantó rápidamente y se quitó el resto de la ropa. Quería 
verlo desvestirse, pero Malice me había robado por completo la atención. 
Estaba entrando y saliendo de mi boca como si quisiera lastimarme la 
garganta para que me despertara con el recuerdo de lo que se sentía al 
tener su polla en mi lengua. 
Gimió y se movió más rápido. William se colocó entre mí, luego 
presionó mi entrada con su polla. 
—¿Quiere que me folle su coñito necesitado, señorita Cross? —
preguntó. 
Asentí. Lo quería más de lo que podía articular. Esto era lo que 
necesitábamos. 
—Dilo —exigió entonces. 
 
 
66 
Me sonrojé. Era difícil hablar con la boca llena. Malice tampoco se 
rindió. Esto se sentía como una especie de concurso de meadas, y no 
quería estropearlo. 
Después de unos momentos de indecisión, finalmente cedí. Los 
deseaba demasiado. Dejé de chuparle la polla a Malice para responderle 
a William. 
—Quiero que me folles, William —gemí. 
La indecisión en su expresión me hizo preguntarme brevemente si 
la había jodido. Pero finalmente, se metió dentro de mí, lenta y 
peligrosamente. 
Malice se impacientó y comenzó a follarme la boca con más veneno. 
Las lágrimas comenzaron a rodar por mis mejillas, pero no me sentía 
incómoda. Me sentí poderosa. Necesaria. Usada y…. 
—Dime que solo me deseas a mí —exigió William mientras entraba 
y salía de mí. Estaba golpeando ese punto profundo y penetrante dentro 
de mí que hizo que mis piernas temblaran. Estaba cerca de correrme de 
nuevo. Y si la polla retorciéndose de Malice era algún indicativo, él 
también estaba cerca. William parecía estar al límite. 
Pero no pude obligarme a decirlo. 
William comenzó a moverse más lento. Me hizo gritar. Lo quería 
más fuerte, más rudo. Quería que nos viniéramos todos. 
—Dilo —exigió William. Lo miré. Cada músculo de su torso estaba 
flexionado por salir y entrar en mí. Estaba empezando a perder esa 
atadura de la emoción. Si se detenía ahora, perdería este momento para 
siempre. 
Gemí. Malice maldijo. Rápidamente me detuve, sintiéndome 
desesperada por superar esto. 
—Te deseo, William —gemí. 
No dije exactamente lo que quería escuchar, no pude. Hacía tiempo 
que había superado la idea de que solo podía conformarme con uno de 
ellos. 
William se volvió loco, entrando y saliendo de mi cuerpo como un 
loco. Me moví para seguir chupando a Malice, pero se había ido. 
Parpadeé dos veces. 
La esposa alrededor de mi muñeca derecha se cayó. 
Los ojos de William estaban cerrados. 
Mi muñeca izquierda fue liberada. 
William se corrió duro, cuerdas calientes de semen me llenaron y 
todo su cuerpo se detuvo. 
Mis tobillos fueron liberados. 
 
 
67 
Y Malice agarró el arma enfundada a su lado, retiró el seguro y 
apuntó a la cabeza de William. 
 
 
 
68 
 
 
William agarró las sábanas y las envolvió alrededor de su cintura 
antes de gruñirle a Malice. 
—¿Qué diablos estás haciendo? 
Los pantalones de Malice parecían estar a punto de caerse, ya que 
el cinturón aún estaba desabrochado. Sus manos temblaban por la 
adrenalina mientras apuntaba el cañón del arma a su hermano. Era 
extraño verlo tan desaliñado, aunque estaba familiarizada con su 
naturaleza desquiciada. Los había empujado demasiado lejos. 
—¿A qué diablos estás jugando, William? ¿Crees que de repente 
eres importante? ¿Mejor que yo? —preguntó Malice. 
Doblé mis piernas hacia mi pecho, mi desnudez y la aguda punzada 
de tensión me hicieron sentir demasiado expuesta por el momento. 
—¡Estás jodidamente loco! —gritó William. 
—Te mostraré lo jodidamente loco que puedo estar. No te necesito. 
Ya me harté de compartir. Ya me harté de jugar este juego. Estás muerto 
para mí, ¿oíste? Muerto. También puedes dejar de fingir que diriges el 
lugar. 
William respondió antes de que pudiera intervenir. 
—¿Fingir? ¡Fingir! ¿Crees que estoy fingiendo dirigir las cosas? 
Mientras tú estás matando gente y haciéndote enemigos, soy el que 
realmente nos hace ganar dinero. Soy el que limpia tus desastres. Soy a 
quien la gente realmente respeta. ¿Y sabes qué? —preguntó William, 
saliva volando de su boca. 
—¿Qué? —respondió Malice, su tono goteando con ira. 
—Soy el que Juliet quiere, también. La acabas de escuchar. Te está 
matando, ¿no? Saber que soy la mejor opción para ella. Saber que podría 
ser más feliz conmigo… 
—Te mataré —gruñó Malice. 
 
 
69 
Me había quedado atónita durante la mayoría de sus peleas,pero 
logré encontrar mi voz. 
—¡Basta! —grité, haciendo que ambos se giraran para mirarme. 
Malice finalmente bajó su arma y respiré aliviada. Luego giró sobre 
sus caros zapatos y se dirigió a la cama. 
—Nos vamos. Te vienes a casa conmigo. Ya es suficiente. 
—¡No la toques, maldita sea! —gritó William. 
Estaba harta de este juego metafórico de tira y afloja. 
Me levanté, semen derramándose por mi pierna por el movimiento 
brusco. Malice sonrió, probablemente pensando que iba a irme con él, 
pero negué con la cabeza. 
—Me cansé —dije, de alguna manera milagrosamente manteniendo 
mi voz firme—. Me cansé de esto. No voy dejar que se peleen por… 
—No tenemos que pelear. Solo ven a casa conmigo… nosotros, 
quiero decir —se quejó William. 
Dejé escapar un grito de frustración que rebotó en las paredes. Fue 
en carne viva, enojado y lleno de dolor. 
—Ya hemos pasado por esto. Intentaste hacerme elegir cuando le 
dijiste a Vicky. Estoy cansada de los juegos, William. 
Malice sonrió triunfalmente y se me puso la piel de gallina. 
—¡Y tú! Vas a alejar a todas las personas de tu vida hasta que solo 
quedes tú en esa casa grande y vacía. No puedes controlar todo. 
—¡Joder si no puedo! —se burló. 
—No puedes controlarme. No si quieres estar conmigo. Puedes 
capturarme. Encerrarme en tu dormitorio. Follarme. Arruinarme. Pero no 
será amor. No será real. Solo serás tú y un cuerpo cálido. 
Corrí hacia la pared donde estaba colgada una bata de seda negra 
y me la puse mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas. 
—Dejé que Nick estuviera a cargo de esta relación porque supongo 
que no tenía la confianza suficiente para decir lo que quería. Era más 
fácil dejar que él tomara las decisiones, porque no quería lastimar a 
nadie. Nunca quise lastimar a nadie… 
Me limpié furiosamente una lágrima antes de inclinarme por la 
cintura y dejar escapar un sollozo de frustración. Todas las emociones 
que se habían estado acumulando dentro de mí se habían desbordado. 
El dique que había construido alrededor de mi corazón se había roto 
oficialmente. No había vuelta atrás ahora. 
—Pero ahora Anthony se ha ido —dije con voz ahogada antes de 
desmoronarme y sentarme en el suelo. Tanto Malice como William se 
movieron para consolarme, pero se detuvieron cuando notaron que el otro 
intentaba hacer lo mismo. Este era el problema. Su odio mutuo siempre 
 
 
70 
se interpondría en el camino de su amor por mí. Esta no es una forma de 
vivir. 
—Vámonos a casa, Pequeña Luchadora. Podemos hablar de esto. 
¿De acuerdo? —dijo Malice, usando su voz más suave y amable que 
calmó mi alma un poco. 
—No. ¿Puedes llamar a Kelsey? —pregunté antes de apoyar mi 
mejilla en mi rodilla doblada—. Quiero ir a casa con ella. 
William inmediatamente sacó su teléfono celular de su bolsillo, 
desesperado por hacer lo que yo deseaba. Malice maldijo. 
—No creo que huir de nosotros sea la respuesta. Preferiría que 
vinieras a casa, Juliet. 
—Hemos terminado, Nick. —Usé su nombre real para realmente 
llevar el punto a casa. Estaba tan exhausta que no tenía sentido alargar 
esto. No estaba funcionando. Tal vez nunca funcionó. 
Soltó una risa amarga. 
—No hemos terminado. 
Podía pensar lo que quisiera, pero mi corazón necesitaba espacio, 
tal vez incluso de forma permanente. 
—Probablemente no podría evitar que ninguno de ustedes hiciera 
que me quedara. He estado encadenada en tu sótano, ¿recuerdas? Sé de 
lo que eres capaz. 
William comenzó a vestirse. Su silencio fue como un grito. Quería 
saber lo que estaba pensando. 
Malice continuó con sus amenazas. 
—Estoy pagando las citas médicas y los medicamentos de Ruthie. 
Demonios, estoy pagando por tu educación. Tu comida. 
—Si quitaras todo eso, solo estarías confirmando lo que estoy 
sintiendo en este momento. Estarías en tu derecho de parar. No puedo 
obligarte a preocuparte por mí, Nick. Ya me cansé de dejarte tener el 
mundo sobre mi cabeza a cambio de amor. 
—Kelsey está aquí —dijo William en voz baja—. Pero estoy de 
acuerdo con Nick, deberías volver a casa. 
Miré su rostro solemne y sentí una punzante culpa por el dolor en 
su expresión. Pero William siempre me querría para él solo. Malice 
siempre querría controlarme. Anthony siempre se perdería en sus 
demonios. 
—Me voy a casa —susurré antes de levantarme del suelo y cruzar 
el escenario, pasando a Malice, y bajando los escalones que conducían al 
suelo. Kelsey estaba parada allí, esperándome. La pobre chica parecía 
aterrorizada, y me sentí mal por ponerla en esta posición, pero no tenía 
a nadie más. Probablemente era mi única amiga en estos días aparte de 
 
 
71 
mis hombres, e incluso entonces, solo hablábamos cuando estábamos de 
turno juntas. 
—Gracias —susurré. 
Con ternura enlazó su brazo con el mío y comenzó a guiarme hacia 
la puerta. 
—El señor Civella no me va a asesinar por llevarte, ¿verdad? —
preguntó, su tono ligeramente burlón, pero había un borde en su postura 
cuando rápidamente nos hizo salir por la puerta. 
—No lo hará —le aseguré. Yo soy la persona con la que están 
enojados. Yo era la persona que terminaba esto. Yo era la persona que se 
alejaba de nuestra relación. Yo me estaba salvando. 
 
p 
 
Me envolví en la manta acogedora que Kelsey me dio y bebí té en 
su acolchonado sofá mientras las noticias resonaban en su televisor de 
pantalla plana. Quedarse aquí se sintió como la mejor opción. No quería 
ir con la abuela, porque no estaba segura de cómo iba a explicarle que 
había terminado con ellos. No podía mirarla a los ojos y decirle que las 
citas médicas, la seguridad financiera y mis estudios habían terminado. 
Había mucho que procesar. 
Kelsey entró por la puerta principal con una bolsa de papel llena 
hasta el borde con bagels y haciendo malabarismos con dos tazas de café 
de la cafetería de la calle donde vivía. 
—Entonces, no te asustes, pero el señor Civella tiene dos autos 
estacionados afuera de nuestro edificio. Uno de sus matones insistió en 
pagar el desayuno. 
Negué con la cabeza. Tal vez Malice y William pensaron que esto 
era solo una pelea. Solo una noche de ira que podrían esconder debajo 
de la alfombra más tarde. 
Pasé un dedo por el collar que Nick me había dado, luego llegué 
detrás de mi cuello para desabrocharlo. 
—Gracias por dejarme pasar la noche —dije en voz baja mientras 
desviaba la mirada. 
Sentí que el sofá se hundía a mi lado y miré la expresión 
preocupada de Kelsey. Su cabello rubio extenso estaba recogido en un 
moño de bailarina en la parte superior de su cabeza, y tenía puesto un 
top corto y pantalones de yoga. En realidad, nunca la había visto fuera 
de la ropa interior que nos obligaban a usar en Eden’s Place. 
—Sé que nunca salimos fuera del trabajo, pero puedes hablar 
conmigo. Parece que necesitas una amiga. 
 
 
72 
Dejé escapar una bocanada de aire antes de alcanzar uno de los 
cafés y tomar un sorbo. Si iba a hablar de mis sentimientos, primero 
necesitaba un poco de cafeína. La crema de avellana golpeó mi lengua y 
cerré los ojos por el breve consuelo. 
—Rompimos —dije una vez que el líquido caliente viajó por mi 
garganta y calentó mi estómago. 
—¿Quién? ¿Tú y Nick? ¿William? ¿O Antony? —Realmente nunca 
me había avergonzado de nuestra dinámica. En el siniestro mundo 
mafioso se aceptaba cualquier cosa. Las normas sociales no me 
molestaban tanto, considerando que yo era una asesina. Pero 
escucharlos a todos enumerados así hizo que el enorme agujero en mi 
pecho creciera en tamaño. No solo estaba de luto por la pérdida de una 
relación. Estaba de luto por tres. 
Metí algo de cabello detrás de mi oreja, luego fruncí el ceño ante el 
brillante anillo en mi mano izquierda. Me lo quité y lo puse en la mesa de 
café de Kelsey junto al collar de Nick. 
—Terminé las cosas con todos ellos, supongo —respondí, aunque 
mi ruptura se sentía como la de Anthony. 
—¿Y cómo te sientes al respecto? 
—Triste. Aliviada. Herida. 
Kelsey sacó un bagel de arándanos y arrancó un trozo del pan dulce 
antes dellevárselo a la boca. La observé masticar por un momento y no 
podía decir si estaba tratando de pensar en algo que decir o si solo tenía 
hambre. Por lo general, Kelsey era rápida y estaba a cargo. Fuera del 
trabajo, se sentía más… ¿normal? ¿Relajada? 
—¿Cuál es la mejor manera en que puedo ayudarte ahora? —
preguntó finalmente antes de tragar su comida. 
Sonreí ante eso. 
—Dime cómo voy a arreglar mi vida y seguir adelante con esto. 
—¿Quieres seguir adelante? 
Me humedecí mis labios. 
—¿Sí? ¿No? ¿Quizás? 
—Parece que deberías averiguar qué quieres primero. 
Asentí. 
—Quiero tomar el control de mi vida. Necesito averiguar cómo voy 
a pagar mi escuela y la medicina de la abuela. Quiero mi propio trabajo. 
Mi propio espacio. Quiero volver a tomar las decisiones en mi propia vida. 
—Me detuve para mirar a Kelsey—. Y si, después de que resuelva todo, 
pueden encontrar una manera de amarme sin pelear por mí o 
controlarme, entonces eso también me gustaría. 
Kelsey asintió. 
 
 
73 
—Suena bastante fácil. ¿Supongo que quieres renunciar a tu 
trabajo en Eden’s Place? 
Le di una mirada culpable. 
—Va a ser muy difícil verlos todos los días. Ya estoy luchando por 
no correr a la Mansión Civella y rogarles que me acepten de vuelta. No 
creo que pueda trabajar allí y mantenerme fuerte. 
—Me siento devastada por perderte, pero lo entiendo. Eso sí, 
necesitas un trabajo decente que pague bien. Especialmente si quieres 
volverte más independiente. 
Mastiqué el interior de mi mejilla. 
—Solía trabajar en un restaurante. Sin embargo, las propinas eran 
una mierda. Sería difícil volver de Eden’s Place allá, pero supongo que 
tengo opciones. 
Kelsey arrugó la nariz y frunció el ceño. 
—No. Tienes experiencia en uno de los clubs más elitistas de la 
ciudad. También seré una referencia para ti. Podríamos conseguirte 
fácilmente un trabajo de camarera o… 
—No estoy segura de querer trabajar en un club —respondí 
tímidamente—. No rechazaré el trabajo, pero si tuviera que elegir… 
Kelsey sacó su teléfono y abrió su aplicación de notas. Era muy 
propio de ella ser organizada y servicial. De repente me llené de una 
gratitud abrumadora de que fuera la que estaba conmigo mientras 
atravesaba esto. 
—Pensemos —dijo mientras escribía—. Vas a ir a la escuela de 
ciencias forenses. Tienes ese espeluznante podcast de asesinatos que me 
da pesadillas. 
—¿Escuchas mi podcast? —pregunté sorprendida. 
—Duh. Soy una mujer moderna que intenta encontrar marido en 
un mundo lleno de psicópatas. Es más o menos un manual sobre cómo 
detectar señales de alerta. Además, me gusta apoyarte. Anthony me 
alentó a hacerlo. 
Mi corazón latió con fuerza ante la mención de Anthony. Kelsey 
percibió el cambio en mi comportamiento y me palmeó el hombro. 
—No sé qué pasó con él, pero eventualmente regresará. Ese hombre 
no puede mantenerse alejado de ti. 
—Gracias —articulé, demasiado emocionada para vocalizarlo. 
Aclarándose la garganta, Kelsey continuó. 
—Así que te gustan los asesinatos y los cadáveres. Mi hermano vive 
al lado de una funeraria y mencionó que estaban contratando 
recientemente. Ha estado tratando de convencerme de que abandone 
Eden’s Place durante un tiempo. 
 
 
74 
Empezó a escribir antes de abrir la lista. 
—Aquí está. Asistente funerario. Mil dólares a la semana. —Luego 
escaneó la lista de trabajos—. Básicamente una secretaria del lugar. No 
está mal. Probablemente se vería bien en un currículum para tus futuras 
metas profesionales. Creo que podrías lograrlo fácilmente, y hablaré con 
el vecino de mi hermano sobre ti. El tipo siempre está mirando mis tetas. 
Ella escribió un poco más, y mi teléfono sonó. 
—Acabo de enviarte la publicación. Sin embargo, tendría tu 
solicitud lista para esta noche. Quiere contratar rápido. 
Kelsey era eficiente, eso seguro. 
—Cielos. Gracias —dije. Mil dólares a la semana no era mucho, 
pero al menos ayudaría con las medicinas de la abuela. 
—Ahora averigüemos tu situación escolar. Es el comienzo del 
semestre, ¿sí? Asumo que el señor Civella ya pagó tu matrícula en su 
totalidad. 
La vergüenza me atravesó como un huracán. 
—Sí. 
—Estupendo. Por lo tanto, tiene un semestre completo para buscar 
opciones de ayuda financiera y solicitar becas. No es como si él pudiera 
recuperar el dinero, y algo me dice que no te pedirá que le pagues. Quiero 
decir, siempre puedes vender ese anillo que William te dio y 
probablemente te quede dinero. 
No estaba segura de que me gustara esa idea. Quería resolver esto 
por mi cuenta. 
—Tienes razón. Tengo tiempo para resolver mis cosas de la escuela. 
El resto de este semestre y todo el verano. 
Kelsey se pavoneó. 
—Parece que estás en el camino hacia la independencia. 
Sí. Eso parecía. Podría hacer esto realmente. Ella continuó: 
—Solo necesitas cortar los lazos con los hombres de Civella. 
Sí. Era más fácil decirlo que hacerlo. Malice podría estar dejándome 
lamer mis heridas aquí ahora, pero eventualmente vendría por mí. 
O al menos, pensé que lo haría. La alternativa significaría que él 
realmente no me amaba. Que yo era solo un bache en su vida, alguien 
por quien no valía la pena luchar. ¿Era patético querer que él me quisiera 
de vuelta? ¿Me hacía aún más egoísta de lo que ya era? 
—Los guardias fuera de mi edificio de apartamentos son un poco 
alarmantes. Esos hombres no te lo van a poner fácil, eso seguro. Aunque, 
mi mente traviesa no puede evitar pensar en todas las formas deliciosas 
en que podrían recuperarte. 
 
 
75 
Cogí una almohada cercana y juguetonamente se la lancé, 
haciéndola chillar. 
—¡Estaba bromeando! —insistió. 
Ambas nos reímos por un momento, y me di cuenta de lo mucho 
que extrañaba esto. Reír con una amiga, con alguien a quien no estaba 
follando o tratando de arreglar. Casi se sentía como hablar con Vicky, 
excepto que Kelsey era intuitiva y estaba más a mi nivel. Ella era 
comprensiva. Vicky siempre estuvo demasiado ensimismada en su propia 
vida para realmente escucharme. Era algo de lo que me di cuenta 
completamente después de que ella intentó matarme. 
Miré las joyas en la mesa de café y mi decisión de repente se hizo 
muy evidente. Si iba a centrarme en mí misma, tenía que sentar un 
precedente. 
—Eso sí, si preguntan, diles que traté de convencerte de que 
volvieras corriendo con ellos. Me gusta vivir y tener un trabajo, muchas 
gracias —agregó Kelsey con un guiño. 
Miré el anillo y el collar por un momento más antes de decidir ser 
increíblemente imprudente. No estaba segura de si era el coraje lo que 
me impulsaba a seguir adelante o el deseo de provocar a mis hombres 
para que hicieran algo con respecto a su comportamiento ridículo, pero 
una vez que se me ocurrió la idea, supe que solo había una opción. 
Las agarré en mi puño, me puse las sandalias y me dirigí a la puerta 
principal. 
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Kelsey. 
—Enfadar a un monstruo —respondí con facilidad antes de abrir 
la puerta y pasar a través de ella. 
Me moví rápidamente, sabiendo con total certeza que si disminuía 
la velocidad o me detenía, perdería todo el coraje que tenía y correría con 
mi metafórico rabo entre las piernas de regreso al departamento de Kelsey 
y de regreso al aterrador mundo intermedio donde los hombres seguían 
siendo míos. Si quería tomar las riendas de mi vida, necesitaban ver qué 
tan seria era en esto. 
Afuera, el aire fresco me asaltó como una bofetada. Se esperaba 
una tormenta de invierno al anochecer. Mi suéter delgado y mi piel 
expuesta se sentían como hielo contra la ráfaga de viento. Encontré el 
auto Civella vigilándome y corrí hacia ellos. 
Esperaba ver a uno de los hombres de Malice agarrando su café y 
mirándome molesto, pero no, no era otro más que Nicholas Civella en el 
asiento delantero. Jadeé cuando abrió la puerta y me paré en la fría calle. 
—¿Has recobrado la cordura? —preguntó, su tono amargo y 
vulnerable al mismo tiempo. Noté los círculos oscuros debajo de sus ojos. 
La forma cansada en que me miró. Lala corriente. 
—Podemos enviarle una invitación. ¿Tiene esta tumba una 
dirección postal? —respondí. 
Se encogió de hombros. 
—Creo que la tengo en mi agenda. 
—¿Y qué hay de ella? —pregunté mientras señalaba con la cabeza 
a otro cuerpo. 
—¿No te acuerdas? —preguntó—. La perra Bertha estuvo ayer en 
el almuerzo y tuvo la audacia de quejarse de tus sándwiches de ensalada 
de huevo. No necesitamos esa negatividad en nuestras vidas, nena. 
Anthony empezó a palear y no tardó en despojarse de su sudadera 
y su camiseta negra. Su aliento caliente contra el aire frío proyectaba una 
niebla profunda sobre su piel, y mis ojos se embriagaron con la vista de 
su cuerpo esculpido. Anthony Civella era un dolor que no podía calmar. 
Los músculos ondulados de su torso se flexionaban mientras arrojaba 
tierra y cavaba más profundo. Humedecí mis labios, solo ligeramente 
disgustada conmigo misma. Mientras él trabajaba, me senté junto a la 
pila de cuerpos descuartizados. Debería haberme molestado. Algunos 
días, rezaba para sentirme horrorizada por lo que estábamos haciendo. 
Pero, curiosamente, mi humanidad murió cuando me enamoré. 
Fue el precio que tuve que pagar por vender mi alma a tres monstruos. 
 A pesar de estar sentada en un campo de parcelas frescas y 
mirando a uno de mis novios psicópatas, encontraba la normalidad en la 
grotesca locura de todo esto. La muerte, la destrucción, el crimen y el 
control me seguían a todas partes. Incluso ahora, sabía que Nick estaba 
sentado en un Range Rover a 400 metros de distancia, observándome. 
Rara vez me perdía de vista estos días, lo que hacía que fuera difícil tener 
una relación igualitaria con sus dos hermanos. 
Anthony, Nick y William todavía se peleaban por mí, pero ¿Nick? 
Nick me reclamó. Destruyó la competencia. 
—¿Tu sombra sigue observándonos? —preguntó Anthony, 
refiriéndose a Nick. Luego recogió otro montón de tierra. 
—¿Tú que crees? —repliqué. Anthony tenía la costumbre de hacer 
preguntas de las que no quería la respuesta. Se suponía que estas noches 
serían nuestras. 
—Creo que pronto no dejará que vengas conmigo —refunfuñó 
Anthony antes de patear la pared de tierra frente a él con su zapatilla—. 
Cree que estoy empeorando. Tal vez sea cierto. 
Era innegable que Anthony había experimentado un cambio en su 
personalidad. Una parte de mí se preguntaba si estaba luchando con la 
traición de Vicky más que el resto de nosotros. Antes de que ella tratara 
de matarnos a todos, estaban muy unidos, y Anthony era el tipo de 
 
 
10 
hombre que dejaba que su dolor se cocine a fuego lento. Me di cuenta de 
que algo pasaba hace dos meses cuando dejó de venir a desayunar con 
la abuela. Luego, le pidió a Nick que le encontrara un terreno para poder 
enterrar los cuerpos. Ahora, todos luchaban para encontrar traidores, 
violadores y ladrones para que Anthony… jugara con ellos. 
—No estás empeorando —mentí. 
Anthony no se lo creyó ni por un segundo. 
—Nick no estaría preocupado por tu seguridad si yo estuviera bien. 
Se preocupa más por ti que por mí, sabes. Cuando se trata de ti… 
Me dolía el corazón al ver a Anthony luchando tanto. Tal vez fue 
por eso que vine voluntariamente aquí con él a enterrar cuerpos. No sabía 
cómo mejorar las cosas. A veces el “felices para siempre” era solo un 
estado de existencia. Hace seis meses, Nick, William, Anthony y yo 
tomamos la decisión de intentar una relación entre todos. Pero era solo 
el comienzo. 
—No sé por qué tiene un palo en el culo sobre esto. Nick solía 
excitarse con esta mierda contigo, ¿recuerdas? 
Lamí mis labios cuando la cruda visión de mi primer asesinato 
golpeó en mi pecho. El calabozo. Mis piernas encadenadas. La forma en 
que mi pie pisoteó el maltrecho cráneo de mi víctima sin nombre hasta 
que el último aliento escapó de sus labios ensangrentados. Nick me dijo 
una vez que le resultó difícil mirar. Dijo que quería sacar su polla y 
acariciarse al verme luchando por mi vida. 
—Lo recuerdo —susurré. 
—Ya no —contestó Anthony siniestramente. 
—Tal vez si hablaras de eso… 
—¿Hablar de qué? ¿De qué vuelvo a tener pesadillas? ¿O ataques 
de pánico? Uno no se mejora mágicamente de un día a otro. 
—Nadie espera que lo hagas —argumenté—. Te amo, Anthony. 
Miró a su alrededor y frunció el ceño. 
—Estoy seguro de que esta no es la relación que imaginabas. 
—Nada de mi vida actual es lo que imaginé. Estoy saliendo con tres 
hombres peligrosos. La abuela trabaja con algunos de los mejores 
médicos del mundo. Voy a la escuela de ciencias forenses mientras 
trabajo por las noches en un club de sexo. Mientras tanto, paso mi tiempo 
libre enterrando cuerpos con el hombre que amo. Soy una asesina. —La 
última declaración hizo que mi garganta se cerrara. Carraspeé y 
continué—: Mi mejor amiga no es mi mejor amiga después de todo. Creo 
que Nick le está pagando a personas para que descarguen mi podcast, 
porque ahora tengo diez mil suscriptores. Y la Perra Bertha dice que mis 
sándwiches de ensalada de huevo no son buenos. Es mucho para 
procesar, sí, pero no lo cambiaría por nada. 
 
 
11 
Después de un prolongado silencio, habló. 
—A la mierda Bertha —gruñó Anthony, haciéndome sonreír—. Voy 
a cortarle la lengua. 
Me estremecí y coincidí con su afirmación. La mitad de la batalla 
de lidiar con este mundo insano y mortal era fingir que todo era normal. 
—Sabes, justo hoy, Nick me preguntó si arrastrarte a estos juegos 
era realmente necesario. 
Fruncí mi ceño sudoroso. Eso era nuevo para mí. Nick nunca solía 
cuestionar lo que Anthony y yo hacíamos. Entendía que su hermano 
tenía… mecanismos de afrontamiento únicos. 
—No me importa venir aquí contigo, Anthony —respondí 
suavemente, tratando desesperadamente de mantener la lástima fuera 
de mi tono. 
—¿No te importa? —resopló— Qué benévola eres. Aguantando a tu 
loco novio y sus cadáveres. —Dejó caer la pala y salió del agujero con sus 
fuertes brazos antes de acercarse a una pila de extremidades—. ¿Pero 
hasta dónde llegarías por mí, eh? ¿Me dejarías follarte con el dedo pulgar 
de Dillon? —Anthony levantó un brazo y lo agitó hacia mí. Las náuseas 
se agolparon en mi estómago mientras la extremidad goteaba líquido por 
toda la tierra. 
Eché los hombros hacia atrás y levanté una ceja hacia él. 
—Mi ginecólogo me lo desaconsejó —respondí secamente. No 
cedería ante su ira. Anthony vivía persiguiendo moscas. 
—Podría matar a mi hermano. ¿Me ayudarías a esconder su 
cuerpo? 
Me sobresalté ante el impacto de su afirmación. ¿Qué diablos? Mi 
primer instinto fue reaccionar con ira, pero me calmé después de una 
respiración tranquilizadora. Rezaba para que Anthony no viera la ira en 
mis ojos. 
—Tú no harías eso. Amas a tu familia. 
—¿Hasta dónde puedo llegar, Juliet? ¿Hasta dónde puedo 
presionarte? ¿Qué pasaría si te matara y te mantuviera para siempre? 
Una linda muñequita encerrada en mi congelador. Un juguete para follar 
que puedo sacar cuando quiera. 
Sus palabras estaban destinadas a impactarme. Era una imagen 
que me hacía sentir aún más enferma del estómago. Estaba dedicada a 
este hombre y a los demonios en su mente. Lucharía para traerlo de 
vuelta a mí cada maldita vez. Algunos podrían pensar que era patético, 
pero no me importaba. Si estaba tratando de alejarme, no iba a funcionar. 
Después de limpiar las manos en mis muslos, me levanté y me 
acerqué a él. Anthony quería saber hasta dónde llegaría. Vivía en un 
 
 
12 
mundo de extremos. Y aunque sabía que me estaba alejando, no se lo 
permitiría. 
—¿Por qué quieres matarme, Anthony? —pregunté antes de 
envolver mis brazos a su alrededor para darle un fuerte abrazo. 
—Para no tener que compartirte. Odio escuchar que no soy lo 
suficientemente bueno. Mis hermanos tienen días malos y nadie se 
inmuta, pero yo tengo una mente mala, nena. 
Presioné mi frente contra la suya y suspiré. Necesitaba tener una 
charla con Nick y William. No era justo que Anthony se sintiera como un 
extraño en esta relación. 
—Si estuviera muerta, no podría hacerabrumadora derrota en su postura, 
a pesar de sus palabras. 
 
 
76 
—No —respondí, parte de la valentía se filtró fuera de mi cuerpo 
como una fuga en un neumático. Lento pero aún condenatorio—. Quería 
darte esto. 
Le entregué el collar y el anillo para que los tomara. Miró a mi 
palma extendida y luego a mi cara. 
—¿Se supone que esto te hará sentir mejor? —preguntó en un tono 
tranquilo—. Es este un gesto simbólico que te ayuda a lidiar con la 
mentira de que hemos terminado, ¿eh? 
Aunque no sonaba enojado, las palabras que pronunció me 
sacudieron. 
—Solo quiero que entiendas lo en serio que hablo —tartamudeé 
antes de estirar mi mano más lejos, casi chocando las puntas de mis 
dedos contra sus abdominales. 
—Sé tan seria como quieras, Pequeña Luchadora. Esto no ha 
terminado. 
—No tiene que haber terminado —respondí—. Me pondré este 
collar de nuevo cuando dejes de tratar de controlar mis relaciones. 
Cuando traigas a Anthony de vuelta. Y cuando vuelvas a ser Nick. 
—¿Es un soborno? 
—Un compromiso —discutí. 
—¿Y mis hermanos también tienen que comprometerse, o soy solo 
yo quien está siendo sometido a esto? 
Una ráfaga de viento sopló a mi alrededor y me estremecí. Con un 
suspiro de molestia, Malice se quitó el abrigo y me envolvió con él. 
—Te vas a enfermar. 
Inhalé el aroma de su colonia. El olor cálido y masculino me 
envolvió con comodidad. 
—Las expectativas que tengo para William y Anthony no son de tu 
incumbencia —dije, mi voz temblaba por el frío. 
Malice se inclinó más cerca. 
—Tenemos una diferencia fundamental de opinión, Pequeña 
Luchadora. Parece que piensas que eso no es asunto mío, y creo que cada 
parte de tu existencia en esta roca giratoria en el espacio es asunto mío. 
Aparté la vista para no tener que ver su mirada decidida. Era difícil 
de mirar. 
—Tómalo —dije con voz ahogada antes de sostener el collar cerca 
de su pecho una vez más—. Solo tómalo, Malice. 
Enojado, enroscó su mano alrededor de la mía. 
—No. 
 
 
77 
Decidiendo que esto no tenía sentido, rápidamente abrí la puerta 
del lado del conductor y la dejé caer en el asiento delantero. Respirando 
pesadamente por la ansiedad de todo, finalmente me obligué a mirar su 
expresión, pero me sorprendió ver que me estaba sonriendo. 
—Entra, Pequeña Luchadora. Cogerás un resfriado mortal. 
Asentí, sobre todo porque no estaba segura de qué más hacer. Lo 
último que vi antes de girar y correr adentro fue a él lamiéndose los 
labios. No pude evitar sentir que estaba tramando algo. 
Algo me decía que yo gané esta batalla, pero él ganaría la guerra. 
 
 
 
78 
 
 
 —Gracias a todos por sintonizarnos. Asegúrense de escucharnos 
la próxima semana, tengo una entrevista con un detective privado que 
trabajó con la familia Smith en la desaparición de Francesca Smith hace 
casi una década. Hasta la próxima, cierren bien sus puertas. 
Presioné detener mi grabación y me recliné en mi silla con un 
profundo suspiro. Había grabado seis episodios esta semana. Desde que 
rompí con los hermanos Civella, había estado experimentando esta 
extraña montaña rusa de emociones, tambaleándome en algún lugar 
entre la ansiedad, el miedo y la decepción. El primer día, William envió 
una caja con mis pertenencias. Hizo que mi decisión se sintiera definitiva. 
El tratamiento silencioso me estaba poniendo enferma del estómago, pero 
también era extrañamente familiar. Me recordó los días en que pensaba 
que él era solo un guardaespaldas melancólico para Vicky. No sabía cómo 
manejarlo. Su rápido despido de mí fue como un castigo rápido y me hizo 
sentir culpable por manejar las cosas de la forma en que lo hice. 
Lo llamé una vez y le dejé un mensaje, haciéndole saber que estaba 
disponible para reunirme si quería hablar de todo. Me aseguré de incluir 
que estaba dispuesta a trabajar en esto si hacía algunos cambios, pero 
el deprimente silencio que me recibió fue suficiente respuesta. Decir que 
estaba devastada sería quedarme corta, pero tenía que mantenerme 
fuerte. Primero, tenía que elegirme a mí misma. 
Malice y yo nos habíamos hecho amigos por correspondencia. 
Excepto que no estábamos escribiendo cartas, solo estábamos enviando 
un collar de ida y vuelta. Todas las noches, lo dejaba en su buzón, y todas 
las mañanas, lo regresaba al mío. 
Sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que las cosas se 
intensificaran. Este juego lo entretendría solo un poco, pero muy pronto 
subiría de nivel y tendría que navegar por su naturaleza vengativa. 
Conseguí el trabajo en la funeraria, gracias a las tetas de Kelsey y 
la determinación del dueño de ganar una cita con ella. Era extraño no ir 
a Eden’s Place todas las noches. Y además de las clases, principalmente 
 
 
79 
me mantenía sola en la casa de la abuela. Por suerte, no había tenido 
que hablar con ella sobre lo que estaba pasando con los chicos. Estaba 
en Oklahoma con unos amigos en uno de los torneos de bingo más 
importantes del país. Le había ido tan bien con el manejo de su 
enfermedad de Parkinson que me sentí bien de que viajara con amigos y, 
aparentemente, estaba en una buena racha ganadora. 
Estaba sola. Tal vez por eso estaba poniendo toda mi atención en 
mi podcast. Tenía suficientes episodios para tener de reserva en el mes. 
Fui a abrir mi software de edición, ya que en realidad no tenía nada 
más que hacer, pero un mensaje instantáneo sonó en mi chat de Google 
y me detuve. Era mi correo electrónico de podcast. Ahora que tenía diez 
mil suscriptores, no era raro que me enviaran correos electrónicos o 
artículos, pero nunca antes había tenido una solicitud de chat. 
Recé para no ver una foto de pene no solicitada y abrí la ventana. 
Pest92: ¿Has oído hablar del nuevo asesino en serie en Miami? 
Me enviaron un enlace de noticias e hice clic en él. Cuatro 
asesinatos. Víctimas femeninas de unos treinta años. Sus cuerpos fueron 
mutilados. Faltaban trozos de piel. Marcas de dientes en su carne… Lo 
imprimí rápidamente, luego volví al chat. Estaba tan desconectada del 
horror como atraída por el misterio. 
Crimegirl: ¿La policía tiene alguna pista? 
Pest92: Ninguna. Sin embargo, está subiendo de nivel. Empezó 
hace unas tres semanas. 
Espera. ¿Tres semanas? Ese fue el momento en que Anthony se 
fue. 
Crimegirl: Gracias por el dato. Lo miraré. 
Fui a cerrar el chat, pero Pest92 respondió antes de que pudiera. 
Pest92: Por supuesto. Me encanta tu podcast. Lo espero cada 
semana. Aunque suenas triste últimamente. 
Miré el mensaje por un largo momento, esa tristeza tormentosa 
crecía dentro de mí. No quería que ninguno de mis oyentes supiera lo 
molesta que estaba. 
Crimegirl: Lo siento. He tenido unas semanas difíciles. Pronto 
volveré a mi estado normal. 
Pest92: ¿Quieres hablar de eso? 
Sonreí. ¿Con un extraño al azar en Internet? Paso. 
Crimegirl: ¿Y hacer que matarme sea más fácil para ti? ¿NO 
has escuchado ninguno de mis podcasts? Regla uno, no te abras a 
hombres extraños en Internet. 
 
 
80 
Pest92: ¿Quién dice que soy un hombre? Podría ser una abuela 
inocente que se pasa los días jugando al bingo y las noches viendo la 
televisión policiaca. 
Crimegirl: Entonces, ¿puedo llamarte abuela? 
Pest92: No, dañaría mi frágil masculinidad. Soy un tipo. Y tus 
instintos son correctos. Probablemente no deberías contarme todos 
tus secretos. 
Debatí qué escribir a continuación por un momento. Estaba 
disfrutando de la interacción humana y no estaba lista para volver al 
silencio mundano y solitario. 
Crimegirl: Supongo que podemos charlar siempre y cuando 
prometas no ser estúpido sobre ocultar mi cuerpo cuando me mates. 
Al menos, dale a las autoridades un desafío adecuado. 
Pest92: Trato. Será el crimen del siglo. Entonces, dime qué 
está mal. 
Probablemente debería ir a un terapeuta sobre esto, pero ser 
imprecisa no hace daño. Kelsey había estado trabajando toda la semana 
para cubrir mis turnos, y solo necesitaba a alguien con quien ser un poco 
patética por un momento. 
Crimegirl: Pasandopor una mala ruptura. 
Pest92: Esas son las peores. 
Sí, y yo estaba pasando por tres al mismo tiempo. Era un desastre 
de enormes proporciones. 
Crimegirl: Sin embargo, me ha dado mucho tiempo para los 
podcasts. He grabado seis esta semana. 
Pest92: Qué suerte la mía. Aunque, ¿qué dice de ti que te gusta 
hablar de muertos cuando tienes el corazón roto? ¿Debería tener 
miedo? 
Me reí. 
Crimegirl: Sé cómo esconder cuerpos donde nadie los 
encontrará. 
Pest92: ¿Tu ex lo sabe? 
Podríamos haber estado bromeando, pero no se me pasó por alto 
la ironía. Había enterrado cuerpos con mi ex, aunque el término ex no se 
sentía exacto para lo que era Anthony. 
Crimegirl: Lo sabe. Tal vez por eso se fue. 
Pest92: Estaría loco si te dejara. ¿Una chica que puede 
esconder un cuerpo y habla de un verdadero crimen? Calma mi 
corazón latiente. 
Crimegirl: También trabajo en una funeraria. 
 
 
81 
Bueno. Realmente necesitaba dejar de chatear con este chico. Era 
inofensivo, pero me sentí como una sanguijuela de atención, aferrándome 
a cualquier cosa que pudiera conseguir. 
Pest92: ¿Una funeraria? ¿Cuánto tiempo has trabajado allí? 
Crimegirl: Comienzo el lunes. Estoy emocionada. 
Pest92: Espero que te vaya bien. 
Me aclaré la garganta antes de escribir mi despedida. Tenía mucho 
en qué pensar. Este desarrollo del asesino en serie hizo girar mis ruedas. 
Era algo a lo que aferrarme y mantener mi mente ocupada por un 
momento. Estaba esperando la distracción del dolor en mi corazón. Pero 
también, algo seguía empujando en el borde de mi mente. El momento 
era extraño. Probablemente estaba haciendo conexiones donde no había 
ninguna, pero valía la pena investigar de todos modos. 
Además, tenía que dejar el collar en la casa de Civella antes de 
acostarme de todos modos. 
Crimegirl: Me voy a la cama, Pest. Gracias por el consejo. Lo 
miraré. Siéntete libre de enviarme información si surge. 
Pest92: Dulces sueños. 
Cerré mi computadora portátil y dejé escapar un suspiro. Era el 
siguiente nivel patético estar en casa sin hacer nada un sábado por la 
noche. Normalmente, William y yo estaríamos en el club, follando en su 
oficina o bailando en el área principal. O Malice me llevaría a una cena 
elegante. O Anthony y yo estaríamos enterrando cuerpos en la oscuridad. 
Eché un vistazo a mi reflejo y decidí que al menos necesitaba 
parecer que no me sentía miserable mientras pasaba por mi fase de mujer 
fuerte e independiente si me encontraba con alguno de los chicos. No me 
iba a volver loca, pero el pelo limpio era al menos lo mínimo para parecer 
que tenía mis cosas bajo control. 
Caminé hasta el baño y me bañé rápidamente, luego me afeité cada 
centímetro de mi cuerpo. No me preguntes por qué. Una vez que me sentí 
suave y limpia, cerré el grifo, me envolví en una toalla suave y me cepillé 
el cabello mojado mientras caminaba de regreso a mi habitación. 
Donde vi a un jodido hombre parado sobre mi escritorio. 
Un grito se abrió paso por mi garganta, y presioné mi espalda 
contra la pared con horror. Casi fui a agarrar un libro de texto cercano 
para arrojárselo a la cabeza, pero cuando el extraño se giró para mirarme, 
me di cuenta de que era Malice. O Nick. Cualquiera que sea su puto 
nombre en estos días. No podía seguir el ritmo de las decisiones de mi 
propia mente y su identidad alterada. 
—¿Qué diablos haces aquí? —grité mientras jadeaba y me agarraba 
el pecho. 
 
 
82 
—Se estaba haciendo tarde. No quería que caminaras hacia la 
mansión en la oscuridad y pensé que te ahorraría la molestia de entregar 
el collar. 
—Maldito psicópata. Me aterrorizaste. 
—La puerta de tu casa ni siquiera estaba cerrada con llave. Parece 
una invitación si alguna vez vi una. 
Sabía a ciencia cierta que la puerta de mi casa estaba cerrada con 
llave. El imbécil probablemente todavía tenía una llave. Tenía que 
cambiar las cerraduras. Tenía un pequeño ahorro de trabajar en Eden’s 
Place y tenía planes para obtener un nuevo teléfono celular en mi propio 
plan y asegurarme de que Malice no pudiera aparecer en mi casa sin 
avisar nunca más. 
—Tienes que irte. 
Malice se llevó las manos a la espalda y me miró de arriba abajo. 
Estaba diabólicamente guapo en su traje. Su cabello rubio estaba 
perfectamente peinado, mientras que esos ojos esmeralda suyos me 
desafiaban a decir algo, a hacer algo. La tensión entre nosotros se había 
multiplicado por diez en el tiempo que estuvimos separados. Me sentía 
débil y necesitada. 
Su mirada acarició mi piel. 
—¿Dónde está el collar, Pequeña Luchadora? —dijo con voz áspera. 
Lo miré con enojo antes de dejar caer mis manos a mis costados. 
Afortunadamente, mi toalla endeble permaneció firmemente en su lugar. 
Si quería jugar este juego, entonces bien, lo jugaría. Me acerqué 
lentamente, sintiéndome bochornosa y aterrorizada al mismo tiempo. Era 
lo suficientemente consciente de mí misma para saber que estaba 
jugando con fuego. Odiaba sentirme tan necesitada, tan entre dos 
extremos. Una parte de mí quería salir de este ciclo tóxico. Una parte de 
mí lo anhelaba como una droga. 
—Está justo aquí —dije antes de llegar a mi mesita de noche, 
inclinándome lo suficiente para darle una vista saludable de mi trasero. 
Lo escuché sisear mientras me enderezaba—. ¿Feliz? —pregunté antes 
de ofrecérselo. En algún momento, este juego tendría que parar. No 
estaba segura de estar preparada para eso. 
Me sonrió, la advertencia clara en su expresión. 
—Sí —respondió suavemente—. Estoy muy feliz. 
Malice me tiró a la cama con un solo movimiento. Mi mejilla golpeó 
el colchón y mi toalla fue arrancada de mi cuerpo. 
—¡Malice! —grité. 
Deslizó su mano entre la cama y yo para envolver su mano 
alrededor de mi garganta por una fracción de segundo antes de retirar su 
mano como si mi piel fuera veneno. 
 
 
83 
Luché mientras presionaba su musculoso cuerpo contra el mío. 
Gemí cuando sus labios rozaron el caparazón de mi oreja. 
—Te he echado de menos, Pequeña Luchadora. 
—Vete a la mierda y no me llames así —gruñí. Estaba tan 
increíblemente excitada. La sensación de su cuerpo duro. La naturaleza 
profunda y adictiva de sus palabras. Podía sentir los latidos de mi 
corazón en mi coño, y el deseo resbaladizo pintaba el interior de mis 
muslos. Fue vergonzoso y emocionante. 
Malice metió su mano entre mis muslos. La dura intrusión de su 
dedo me hizo gemir. No debería haberse sentido tan bien como lo hizo. 
—¿Cuánto tiempo debemos jugar a estos juegos, Juliet? Me amas. 
Me sacudí mientras acariciaba mi clítoris. El armazón de mi cama 
barata chirrió debajo de mí mientras me decía verdades crueles al oído. 
—Dime que me amas y te haré sentir bien, Juliet. Necesito 
escucharlo. 
Su demanda me hizo detenerme, a pesar del movimiento decadente 
de sus dedos. Lentamente lo miré por encima de mi hombro. 
—El amor nunca fue el problema, Malice —grazné—. Te amo, solo 
necesito que me ames de la manera que merezco, no solo en tus términos. 
Malice me miró fijamente, mordiéndose el labio para contener los 
pensamientos que se arremolinaban en su hermoso cerebro. Estuvimos 
suspendidos en el tiempo solo por un momento, pero vi una tierna 
sensibilidad allí. 
Pero tan rápido como sucedió el momento, pasó. 
Me dio la vuelta sobre mi espalda, tiró de mi cabello mojado y me 
obligó a arquearme hasta que sus labios calientes estuvieron en mi oreja 
de nuevo. 
Estaba jadeando, completamente agotada por la tensión entre 
nosotros. Nunca lo había deseado más que en ese momento. Y tal vez eso 
es lo que él quería. 
—No te quites ese collar, Juliet. No te lo diré de nuevo. 
Bajé la mirada, luchando contra su agarre en mi cabello, 
sorprendida de ver el diminuto diamante descansando sobre mi piel. 
¿Cómo me lo puso? 
Abrí la boca para decir algo, cualquier cosa. Pero me soltó y se alejó 
de mí. 
 
 
 
84 
 
 
Aprendí que mi umbral para mantenerme alejado de Juliet era de 
tres días. La noche que casi la tuve en su dormitorio, inmediatamente fui 
a casa paralavar la debilidad de mi piel. Me molestaba lo difícil que era 
para mí mantenerme firme. Fue frustrante sentirme fuera de control de 
mis propias necesidades, cuerpo y mente. No podía dejar de pensar en 
ella. No podía dejar de sentir anhelo por ella. No podía dejar de desearla. 
Me negaba a ceder, en parte por mi propio orgullo y en parte porque 
tenía algo que probarme a mí mismo. Nací y crecí para ser independiente. 
Necesitaba saber que ni siquiera Juliet Cross podría retenerme como 
rehén. 
Estaba sentado en mi oficina, paseando por los pisos como un león 
enjaulado cuando llegó su mensaje de texto. 
Juliet: Tenemos que hablar. Voy para allá. 
En el momento en que leí su mensaje, bajé corriendo las escaleras 
y me senté en la sala de estar, esperando ansiosamente porque 
aparentemente era incapaz de comportarme serenamente. Miré mi reloj 
mientras escuchaba la puerta principal. 
Solo tomaba unos veinte minutos llegar de su casa a la mía. A 
menos que fueras un dios y pudieras decirle a la policía que cambiara 
todas las luces rojas a verdes, entonces solo tomaba doce minutos. 
La puerta traqueteó y me obligué a recoger el periódico de ayer. Era 
un dominado. Mi polla quería vivir dentro de ella. Era un bastardo 
necesitado desesperado por tenerla en mi corazón, cabeza y cama. 
Escuché una voz profunda aclararse la garganta y puse los ojos en 
blanco con decepción. 
—Pensé que te habías mudado. ¿Por qué estás aquí? —pregunté, 
sin molestarme en darme la vuelta, porque ya sabía que ese resople y 
jadeo descontento era William. Había perfeccionado el arte de sonar 
siempre como si alguien se hubiera cagado en su parabrisas. 
 
 
85 
El día que Juliet nos dijo a ambos que había terminado, empacó 
sus cosas y se mudó a un loft en el centro, llevándose a algunos de mis 
hombres con él. Sabía que eventualmente dejaríamos de vivir juntos, pero 
la división de recursos y la división tácita de lealtad me puso la piel de 
gallina. Lo estaba haciendo a propósito, dibujando una línea en la arena 
para hacerme retorcerme. 
Siempre había esperado que se madurara y fuera un hombre. El 
desafío me emocionaba y me enfurecía. William Civella finalmente 
encontró algo por lo que deseaba luchar. 
—Juliet me pidió que me reuniera con ella aquí para hablar —
respondió en un tono frío. Lo miré por encima de mi periódico y me reí 
entre dientes a pesar del veneno en mi pulso. ¿Por qué diablos quería 
hablar con él? Pensé que venía aquí para rogar, no para tener una sesión 
de terapia de grupo. 
—Te has descuidado. ¿Sudaderas y una camisa arrugada? 
¿Cuándo fue la última vez que te afeitaste? —pregunté. Tenía círculos 
oscuros debajo de los ojos y barba en la línea de la mandíbula. Nunca lo 
había visto tan... normal. No me sentaba bien. 
—Y te ves como siempre, nada afectado —gruñó en respuesta—. 
Frío. Cruel. Indiferente. 
Apreté los dientes antes de ponerme de pie. 
—Para que conste, no tengo una razón para estar amargado y 
patético. Juliet y yo estamos trabajando en nuestras diferencias. La vi 
hace unas noches, y supongo que se podría decir que nos reconciliamos. 
Fue un golpe bajo. Y una completa mentira. Presumir de follar con 
la chica que ambos amábamos estaba debajo de mí y, si era honesto 
conmigo mismo, eso denigró nuestra relación. Pero William y yo siempre 
estaríamos en un concurso de meadas. Y sabía en mi interior que él no 
se había acercado a ella ni una vez desde nuestra pelea. William era el 
rey de dominar el tratamiento silencioso. A veces lo enfadaba solo porque 
disfrutaba la semana siguiente de completo silencio. 
Nuevamente, debería ser feliz. Simplemente se sentía mal, también. 
William frunció el ceño. 
—Sin embargo, ella no se quedará aquí, ¿verdad? Y tú estás 
esperando en la sala de estar como un cachorrito patético y abandonado. 
Estoy seguro de que cualquier reunión física que compartieron fue 
temporal y sin sentido. 
Apreté mi puño a mi costado, queriendo nada más que molerlo a 
golpes. Sobre todo porque tenía razón. Pensé que dejarla con ganas la 
enviaría arrastrándose hacia mí, pero en cambio, solo hizo que nuestra 
distancia se sintiera más intensa. Me estaba castigando a mí mismo, y 
era jodidamente frustrante. 
Me aclaré la garganta. 
 
 
86 
—Lo que sea que Juliet necesite, lo puedo manejar. Puedes irte. 
Me miró, luego se acercó al sofá para sentarse, su propia protesta 
tácita. Bien. Me senté en mi sillón reclinable, y los dos esperamos en 
silencio a que apareciera Juliet, porque nos tenía a los dos agarrados de 
las pelotas, hecho que me enfureció. 
El tiempo pasó lentamente. Nos miramos el uno al otro. Resopló y 
jadeó de fastidio. Me imaginé todas las formas creativas en que podría 
matarlo. 
Golpeando su cabeza entre el inodoro y el asiento una y otra vez. 
Una fogata en el patio trasero con él en el asador, cocinándose 
sobre la llama abierta. 
Un cuchillo en la espalda. 
Arrastrándolo con mi coche por la carretera. 
Cuando se abrió la puerta principal, ambos saltamos de nuestros 
asientos y nos quedamos allí como hombres a punto de ser emboscados. 
Supuse que de alguna manera lo éramos. William tiró de su camisa y se 
rascó la mandíbula. Me enderecé la corbata. 
Y Juliet entró por la puerta como si fuera la dueña del lugar, vestida 
con una falda lápiz negra, una blusa blanca y su cabello largo recogido 
en un moño apretado. Parecía la bibliotecaria más follable que jamás 
haya visto. Inmediatamente comencé a soñar despierto con inclinarla 
sobre un escritorio y azotarla hasta que gritara. 
William obviamente estaba teniendo la misma reacción que yo, 
porque fue y se ajustó. Llevaba pantalones de chándal grises, que 
básicamente era él rogándole a Juliet que mirara su entrepierna. Hijo de 
puta desesperado. 
Ella tragó nerviosamente. Tuve el repentino deseo de hundir mis 
dientes en su cuello. 
—Hola —dijo con voz ronca. 
No respondimos, nuestro silencio fue la única solidaridad que 
compartimos. Ambos estábamos en contra y a favor de ella. Peleando y 
resintiéndola. Era jodidamente complicado, pero al final del día, ella era 
mía. 
William pasó una mano por su cabello, el movimiento hizo que el 
dobladillo de su camisa se levantara un poco. Se lamió los labios como 
un gato callejero hambriento mirando un tazón de crema y azúcar. 
Malditos pantalones de chándal grises otra vez. Hice una nota mental 
para comprar un par. 
—Gracias a los dos por conversar conmigo hoy. No tengo mucho 
tiempo para hablar porque mi turno en la funeraria comienza en una 
hora. 
 
 
87 
El dedo de William se crispó. Lo estaba matando saber que ella ya 
no estaba bajo su mando en Eden’s Place. Puede que me haya acercado 
o no al dueño de la funeraria y le di un pequeño incentivo para que la 
contratara. Si ella necesitaba sentirse independiente, entonces le daría 
eso. Solo tenía que controlar cómo se sentía independiente, porque yo 
tenía problemas. Era lo suficientemente hombre como para admitir que 
el mundo giraba un poco mejor cuando yo era el que lo hacía girar. Parte 
de nuestros problemas surgieron de cuánto controlaba su vida. Supuse 
que eso solo significaba que necesitaba ser un poco más reservado al 
respecto. Mi siguiente orden del día fue conseguirle una beca en la 
escuela para que no se sintiera rara de que yo pagara su matrícula. 
—Bueno, hablemos entonces —dije fríamente antes de sentarme. 
Inmediatamente me arrepentí de elegir el sillón reclinable, porque eso 
significaba que no tenía otra opción que deslizarse en el sofá de dos 
plazas al lado de William. 
Parecía maravillosamente incómoda, moviéndose de un lado a otro, 
retorciéndose bajo nuestras intensas miradas y presionando sus 
cremosas piernas juntas. Sabía que estaba excitada. Sabía que nos 
extrañaba. 
William permaneció en silencio, pero abrió las piernas para tocarla. 
Me pregunté qué tan difícil sería serrucharle todas las extremidades. 
Anthony solía quejarse de que los huesos eran difíciles de cortar. 
—Estoy preocupada por Anthony —espetó Juliet.Por supuesto que 
se trataba de él—. Hay un nuevo asesino suelto en Miami. 
Incliné mi cabeza hacia un lado y modifiqué mi rostro a una 
expresión neutral. Sabía a ciencia cierta que Anthony se estaba 
escondiendo en Miami. Lo había estado vigilando porque los viejos 
hábitos tardan en morir. Me dije a mí mismo que mantenía un registro 
de su ubicación para asegurarme de que no volviera aquí, pero… no. Ni 
siquiera podía admitir que me importaba. 
—¿Qué tiene eso que ver con Anthony? —preguntó William. Juliet 
parecía estar pendiente de cada palabra que decía. Hizo que mi pecho se 
contrajera con una emoción desconocida. Tal vez el tratamiento 
silencioso era el camino a seguir, obviamente la afectaba. Quería que me 
mirara como una mujer hambrienta. 
Sacó un teléfono celular que parecía increíblemente barato. ¿Qué 
pasó con el que le compré? Maldita independencia. Necesitaba llamar a 
la compañía telefónica y asegurarme de que tuviera un rastreador en 
este. 
—Porque en uno de los artículos hay una foto. Está en la escena 
del crimen. 
Mi teléfono vibró en mi bolsillo y revisé el mensaje que acababa de 
enviarme: un enlace a un artículo de noticias sobre un asesino en serie 
suelto. Escaneé la imagen en la parte superior de la página web en busca 
 
 
88 
de la molesta y maldita sonrisa de mi hermano y fruncí el ceño cuando 
lo vi en la esquina derecha. Cara abatida. Expresión cabizbaja. Se paraba 
detrás de una línea de policía como una estatua. 
—Entonces, él está en Miami. Y el asesino tiene un patrón de… 
—Mutilar a mujeres inocentes —terminó William por ella—. La 
última víctima fue estrangulada hasta la muerte. 
Juliet pasó sus delicados dedos por su garganta, y al instante me 
trajo de vuelta a la noche en la fosa común. Mis ojos se nublaron cuando 
imaginé a Anthony follándola contra un árbol y asfixiándola hasta que 
colapsó. Apreté mi teléfono en un ataque de ira y la pantalla se rompió 
de inmediato. 
—Eso no es todo —susurró ella—. Mira a su última víctima. 
No podía desplazarme, así que esperé a que William resolviera su 
ominosa solicitud por mí. 
—No jodas —maldijo—. Esta mujer se parece a… 
—Cora. Él mató a Cora —respondió Juliet. 
Con toda la mierda que estaba pasando con nuestras relaciones, 
ni siquiera había tenido tiempo de cazar adecuadamente a esa perra en 
las últimas semanas. Lo último que supe es que estaba en Cuba 
escondiéndose como la cobarde que era. Me levanté y agarré el teléfono 
celular de la mano de William y miré la foto allí. Efectivamente, la sonrisa 
traviesa de Cora se burló de mí a través de la pantalla. Quise tirar algo. 
Había estado buscando durante meses a la rata que arruinó mi vida. 
—¿Estás segura de que está muerta? Está de moda que la perra 
finja su propia muerte —gruñí. 
—Tengo un amigo que investiga el informe de la autopsia, pero todo 
cuadra —respondió ella. 
¿Amigo? ¿Qué tipo de amigo? ¿Este amigo tenía pene? Hice una 
nota mental para matar a este amigo. 
—¿Quién? —preguntó William. Oh, él también tenía curiosidad. 
¿Cómo te está funcionando ese tratamiento silencioso ahora, imbécil? 
—Alguien que me envía consejos para mi podcast. Él es el que envió 
una pista sobre este caso, y estoy jodidamente preocupada de que 
Anthony esté fuera de control. Tenemos que ir a buscarlo. Este asesino 
es un desastre. —Se mordió el labio inferior entre los dientes y miró a 
William—. Anthony está en Miami —susurró entonces—. Sabemos dónde 
está. Podríamos… 
—Podríamos no hacer absolutamente nada porque no lo dejaré 
volver al redil —respondí, mi tono no dejaba espacio para el debate. 
Obviamente, Juliet, mi pequeña luchadora, no se retiraba tan fácilmente. 
—Lo traeré de vuelta, Malice. No me importa lo que digas —
presionó. 
 
 
89 
Fruncí el ceño. William se inclinó hacia adelante, sus ojos fijos en 
la pantalla de su teléfono. El ratoncito silencioso parecía querer vomitar 
o golpear algo. 
—Podrías intentarlo —respondí encogiéndome de hombros—. Pero 
sería increíblemente fácil para mí ponerte en una lista de exclusión aérea. 
Tengo hombres apostados en todas las carreteras que salen de aquí. Por 
favor, siéntete libre de probar los límites que he puesto a tu alrededor. El 
hecho de que creas que eres libre no significa que realmente lo seas. 
Ella frunció el ceño ante mis palabras, y al instante me arrepentí. 
Hasta ahí lo de controlar su vida en secreto. Un paso adelante, cuarenta 
pasos atrás. 
—Si este es Anthony, podría ser una carga —dijo William. Lo odié 
por arruinar mi discurso. Juliet tenía la mirada de ira más exquisita en 
su rostro, y realmente quería memorizar la expresión para poder 
masturbarme más tarde mientras pensaba en ella. 
—Él es su propia carga ahora —gruñí. 
Juliet negó con la cabeza y miró hacia el techo, probablemente 
tratando de evitar que las lágrimas que se formaban en sus ojos se 
deslizaran por sus mejillas rojas. 
—¿Honestamente crees eso? —preguntó William—. Si es arrestado 
y capturado, ¿qué crees que pasará? Comenzarán a investigar su pasado. 
Solo sería cuestión de tiempo antes de que salieran a la luz todos los 
crímenes que ha cometido, y cualquier cómplice caería en llamas junto a 
él. Puede que tengas control sobre el Departamento de Policía de Kansas 
City, pero no estás ni remotamente preparado para una investigación 
federal. 
El tono altivo de William hizo que Juliet asintiera con entusiasmo. 
Sí, así que tenía razón. No quería precisamente que los federales se 
metieran en mi vida. Tenía suficientes cadáveres en mi alma para pasar 
la eternidad en el infierno, y no quería pasar mis preciosos años de vida 
pudriéndome en una celda. 
—Me encargaré de eso —respondí. No estaba exactamente seguro 
de cómo iba a encargarme, pero lo haría. Tal vez dejar vivir a Anthony era 
el error. 
Ese pensamiento rebelde hizo que mi pecho se contrajera de dolor. 
Yo era como Frankenstein. ¿En verdad podría matar a mi propia 
creación? Anthony era así por mi culpa. Porque dejé que lo capturaran. 
Porque en lugar de terapia, arrojé a la mujer que amaba a su regazo y 
esperé que ella lo arreglara. Porque… porque yo arruinaba todo. 
—No es posible que estés diciendo lo que creo que estás diciendo 
—gritó Juliet mientras se ponía de pie. Sus piernas temblaban de rabia—
. No puedes matarlo, Malice. Nunca te lo perdonaría. 
 
 
90 
Miró a William, esperando que él la respaldara. Pero una vez más, 
en un movimiento dolorosamente predecible, permaneció en silencio. 
Aunque ella me malinterpretó, no estaría matando a Anthony; si iba a 
matarlo, lo habría hecho en el cementerio, la dejé pensar eso. Todo era 
posible en el futuro. Solo porque estaba dejando respirar a mis dos 
hermanos ahora no significaba que continuaría permitiéndoles el 
privilegio de la vida. 
—Viniste a mí con un problema, y lo resolveré como mejor me 
parezca, Pequeña Luchadora. 
Se dio la vuelta y miró a William con enfado. 
—¿Vas a hablarme? Vine aquí en busca de ayuda y… 
William se puso de pie y giró el cuello antes de mirarla. 
—Me llamaste para solucionar el problema de mi hermano. No 
porque me extrañaras. La he estado persiguiendo desde el primer día, 
señorita Cross. Si me quiere, ya sabe dónde encontrarme. 
Se levantó y se dirigió a la puerta. Tenía que admitir que era un 
movimiento audaz, una apuesta que ni siquiera estaba seguro de que 
tomaría. Nunca se lo admitiría al bastardo, pero no estaba seguro de que 
si tuviera la oportunidad, ella nos perseguiría. 
—William —gritó a su espalda—. ¡William! —Ella me miró por un 
momento antes de correr tras él. 
Interesante. 
 
 
 
91 
 
 
Mi falda lápiz ceñida y mis tacones hacían difícil perseguir a 
William por el camino de cemento. Marchaba delante de mí, un hombre 
destruido en una misión. Sentí el zumbido de la ira en lo profundo de mis 
venas. 
—¡William! —grité mientras él abría de golpe la puerta trasera de 
un Mercedes Benz y entraba. Llegué al coche antes de que pudiera 
marcharse y golpeé la ventanilla con la palma de mi mano—.Maldita sea, 
abre esta puerta ahora mismo. 
Bajó un poco la ventanilla y me habló de una manera distante y sin 
emociones que hizo que se me erizara la piel. 
—Aléjese del auto, señorita Cross. 
—No hasta que me hables. Te he llamado. Te envié mensajes de 
texto. Desde tu cumpleaños, me has estado dando el tratamiento del 
silencio. Obviamente todavía te importo, porque apareciste hoy. Pero eso 
no es suficiente. 
A través de la rendija de la ventana, lo vi negar con la cabeza. 
—Apártate. 
—¡Háblame! —grité. Se quedó inmóvil, como una estatua de 
mármol tallada y atemporal. No sabía nada mejor que quedarse quieto y 
posar—. ¿Quieres amarme, William? —exclamé con voz ronca—. ¿O 
quieres ser amado? Porque hay una diferencia. Una gran diferencia. —
Una lágrima gorda y furiosa se deslizó por mi mejilla y quedó atrapada 
en mi labio superior. La lamí—. Probablemente nunca te amaré de la 
forma en que quieres que te amen, William. Me quieres solo para ti. Lo 
entiendo. Pero nunca va a suceder. Puedes ignorarme todo el tiempo que 
quieras. Pero no te hará bien con esto. No me recuperarás. 
Esperé a que respondiera, pero fue como esperar respuestas sobre 
la desaparición de mi madre. Todo fue inútil. Esta era la línea que dibujó 
en la arena. Era la colina en la que algún día moriría. No podía obligarlo 
a luchar por esto. Y ya no quería. 
 
 
92 
Silencio. Se quedó en silencio. No dijo una sola palabra sobre mi 
declaración. Estaba controlando sus pensamientos porque sabía que la 
falta de resolución era una tortura lenta y constante para mí. Lloré más 
fuerte y rogué, pero él ignoró todo. 
Luego, William subió la ventanilla y el conductor aceleró, 
dejándome en una metafórica nube de polvo. Me enfermó verlo alejarse. 
Se sentía como si William y yo hubiésemos estado peleando desde el día 
que Vicky se fue. Era agotador, y tal vez una mujer más inteligente ya se 
habría dado por vencida. 
Pero a pesar de sus celos, su mal humor y su egoísmo, lo amaba. 
Simplemente no sabía cómo nos encontraríamos en el medio. Mientras 
caminaba el resto del camino y salía por la puerta principal de Civella, 
pensé en lo jodida que había sido esa reunión. Supongo que fue una 
estupidez de mi parte esperar un resultado diferente. Malice todavía era 
igual de vengativo y estaba dispuesto a dejar que Anthony se matara. 
Y si estaba en lo cierto, Anthony estaba en una ola de asesinatos 
en Miami. ¿Cómo iba a localizarlo y detenerlo sin la ayuda de los Civella? 
No pude evitar sentirme culpable por todo. Me había convertido en 
esta enorme brecha entre todos los hermanos Civella. Uno por uno, los 
desgarré. 
Caminé por el barrio acomodado hacia la parada de autobús, muy 
consciente de los hombres que estaban parados en la cima de la colina, 
cuidándome la espalda. Malice no podía dejarlo pasar. Sus hombres 
podrían haber mejorado en esconderse, pero eso no significaba que 
hubieran dejado de seguirme. No era estúpida. Conocía su juego. 
Pasé junto a una mujer que llevaba gafas negras, un gorro y ropa 
oscura. Estaba inspeccionando un rosal, pero no pude evitar sentir que 
tenía los ojos puestos en mí. Un escalofrío instintivo recorrió mi espalda 
cuando pasé junto a ella. 
—Vas a tener arrugas en el ceño —dijo su voz ronca. Era un tono 
familiar que podía ubicar en cualquier lugar. Mis pies estaban 
prácticamente pegados a la acera, y lentamente me giré para mirarla. 
Gargantilla negra. Un tatuaje familiar de alas. 
—¿Vicky? —solté cuando se bajó las gafas de sol de forma burlona 
y me guiñó un ojo con su mirada cobalto. 
—En carne y hueso —respondió—. Pero no lo digas demasiado alto. 
Tenemos una audiencia. 
Inmediatamente me estremecí. ¿Era otra emboscada? Cora 
presumiblemente estaba muerta. Vicky nos vendió la última vez que la 
vimos, y si estaba aquí ahora, era una mala noticia para todos. Sabía que 
si gritaba, los hombres de la cima de la colina vendrían corriendo. Pero 
desde su punto de vista, probablemente parecía que me había detenido 
a charlar con un vecino. 
 
 
93 
La curiosidad fue lo único que me impidió alertarlos. 
—Se supone que no deberías estar aquí —me apresuré a decir. 
—Créeme, nunca quise volver, pero no tengo muchas opciones. 
Sus palabras no deberían haberme lastimado. Sabía que habíamos 
terminado. Ella trató de matarme. Pero aún escocía como una avispa en 
mi camisa. 
—Vete —dije. 
—No. Tenemos que hablar. 
La miré de arriba abajo, decidiendo que algo no estaba bien con 
ella. En una fracción de segundo, decidí respirar hondo, preparándome 
para gritar pidiendo ayuda. Pero ella rápidamente alcanzó mi codo, sus 
delicados dedos apretando con tanta fuerza que estaba segura de que me 
dejaría un moretón. 
—No llamemos a la caballería todavía. Solo quería charlar. 
La sacudí y me alejé. 
—La última vez que quisiste hablar, me arrojaron a una camioneta 
blanca y me desperté en un almacén rodeado de cuerpos. 
Vicky agitó la mano con indiferencia y habló. 
—Y traté de volarte por los aires. Sí. Lo sé. Pero ahora estoy en 
terapia. Trabajando en mí misma y todo eso. 
La miré boquiabierta. 
—Genial. Pero aun así no voy a hablar contigo. 
Retrocedí un paso hacia la Mansión Civella. Al menos allí estaba a 
salvo. Malice y yo podríamos estar en una fase extraña, pero él tenía 
bastante claro cuál era su posición con Vicky. Ella estaba muerta para 
él, y si alguna vez regresaba, también estaría muerta para el resto del 
mundo. 
Vicky sonrió. 
—Ambas sabemos que no puedes correr con tacones. Y aunque 
tienes algunos ojos sobre ti en este momento, también sé que tú y mis 
hermanos están en una mala racha. Quiero decir, ¿de verdad quieres 
volver arrastrándote con esos imbéciles o quieres ponerte al día con tu 
mejor amiga? 
Me sentí como si estuviera en una especie de universo alternativo. 
¿Cómo diablos estaba pasando esto realmente? 
—Tienes una terrible comprensión de lo que significa ser una mejor 
amiga. 
—Supongo que podrías decir lo mismo —dijo mientras giraba una 
sección rebelde de cabello rubio que se asomaba por su gorro—. Saliste 
con mis tres hermanos mayores y rompiste el código de chicas. 
 
 
94 
Parpadeé dos veces. ¿Estaba hablando en serio en este momento? 
—Eso no está ni remotamente al mismo nivel de lo que hiciste. Esa 
noche en el almacén realmente molestó a Anthony. No ha sido el mismo 
desde entonces. 
Sacudí mi cabeza para liberarme de los pensamientos sobre 
Anthony. Era demasiado doloroso hablar de él. En especial a Vicky. 
—¿Parecía estar bien cuando lo dejé hace dos días? —respondió 
Vicky antes de pulirse las uñas en su suéter. 
Me burlé. 
—¿Viste a Anthony hace dos días? —Ella estaba mintiendo 
completamente. No había manera en el infierno. 
—Lo hice —espetó—. Está en Miami, pero eso ya lo sabías, ¿no? 
La miré boquiabierta como un pez, abriendo y cerrando la boca 
tantas veces que pensé que atraparía una mosca. Vicky ignoró la mirada 
de incredulidad en mi rostro y comenzó a hurgar en su bolso. 
—En verdad creo que deberíamos ponernos al día. Sé que tienes 
trabajo hoy, pero después nos vemos en nuestro lugar, ¿sí? Ven sola, por 
favor —agregó rápidamente antes de mirar a los guardias, que ahora 
caminaban hacia nosotras. 
Se escapó antes de que pudiera decidirme a ir. Me enfadó que 
tuviera información sobre mi mayor debilidad, Anthony. 
Ambas sabíamos que esa migaja de información era suficiente para 
que hablara con ella. Podría haber sido algo estúpido, pero iría al infierno 
y regresaría por él. 
 
p 
 
Caminar hasta Dick’s Diner fue como andar de puntillas en un 
sueño. Mi vida había cambiado mucho desde la última vez que pisé estos 
suelos pegajosos. No había cambiado mucho aquí. Los mismos 
pueblerinos de cuello azul seguían sentados en los reservados. El aire 
olía a sirope y tocino y, a pesar del frío exterior, hacía calor y bochorno 
en el momento en que franqueé las puertas delanteras. 
Vi a Vicky casi de inmediato. Su pequeño cuerpo apenas llenaba la 
cabina. ¿Había perdido peso? Estabamirando un plato de papas fritas, 
con una mirada vulnerable en su rostro. Siendo libre para examinarla en 
la luz tenue, miré abiertamente por un momento su expresión retraída. 
Tenía una taza de café intacta a su lado, y pude ver sus uñas sin 
manicura golpeaban nerviosamente la mesa. 
 
 
95 
Parecía una versión más tenue de la luz brillante que solía ser mi 
mejor amiga. Supuse que ambas habíamos cambiado en el último año. 
Mis problemas parecían mayores y mi visión del mundo más 
contaminada por los pecados que había cometido. 
Nuestros ojos se encontraron, e inmediatamente puso una sonrisa 
falsa en su rostro. Casualmente miró por encima de mi hombro, como si 
buscara a alguien siguiéndome. Tuve que esforzarme por deshacerme de 
mi equipo de seguridad hoy. Me escapé por la parte de atrás de la 
funeraria y tomé seis autobuses diferentes para llegar aquí. Y por si acaso 
Malice estaba rastreando mi teléfono, lo dejé en el trabajo. 
Lentamente, me moví para sentarme frente a ella, una extraña 
sensación de triste nostalgia me recorrió la piel mientras lo hacía. Se 
sentía raro estar sentada aquí con ella sin William. 
—Viniste —dijo sin aliento. 
—¿Qué sabes sobre Anthony, Vick? —pregunté. No vine aquí para 
reunirme y tener una conversación agradable. Esto era sobre Antony. 
Perdió el derecho a ser mi amiga cuando intentó que nos mataran. 
Se colocó el cabello rubio pálido detrás de la oreja. 
—Supongo que me lo merezco —respondió—. Nunca ha sido sobre 
mí, ¿hmm? 
No iba a jugar con esa mierda de mártir. 
—Toda mi vida fue sobre ti, toda nuestra amistad. Eras la única 
persona, aparte de la abuela, en la que podía confiar y creer. Rompí tu 
confianza, pero nos destruiste. No te sientes aquí y te hagas la víctima, 
porque me iré y no miraré hacia atrás. 
Los ojos de Vicky brillaron con ira, una expresión que me recordó 
a Malice. En ese instante, vi lo estrechamente relacionados que estaban. 
—Parece que a alguien le crecieron agallas. Apuesto a que estas 
volviendo completamente loco a Nicholas. —Sonrió antes de lamerse los 
labios brillantes—. Le encanta el desafío, pero odia no tener el control. 
No se equivocaba, pero eso no quiso decir que me gustara su 
comentario sobre mi relación. Sentí que estaba amargada y todavía 
luchaba con todo, a pesar de su actitud indiferente. 
Suspiré. 
—Vicky, estoy aquí por Anthony. Sabes dónde está o no. 
Presionó sus labios brillantes en una línea delgada y asintió. 
—Se está quedando en mi condominio en Miami. Allí nos cruzamos. 
Parecía apropiado que los dos hermanos excomulgados se encontraran. 
Sentí un pequeño sentimiento de culpa de que Vicky haya sido 
expulsada del redil, pero eso fue lo que deseaba, ¿no? Deseaba liberarse 
de sus hermanos y la oportunidad de vivir una vida por su cuenta. 
 
 
96 
—¿Dónde está tu condominio? —pregunté, aunque probablemente 
podría encontrarlo en alguna parte. 
—Te lo diré —susurró—. Pero primero necesito tu ayuda. 
Fruncí el ceño. Por supuesto que necesitaba algo. ¿Por qué más 
estaba aquí? 
—¿Qué necesitas? 
Se movió en su asiento, aparentemente incómoda. 
—Necesito protección, Juliet. 
No esperaba esa respuesta. Dinero, tal vez. Poder. Influencia. Pensé 
que ella había probado la libertad y se dio cuenta de que no era todo lo 
que creía. Pero, ¿protección? No sonaba arrogante. Temblaba de miedo y 
me encontré sintiéndome legítimamente preocupada por su bienestar. 
—¿Qué sucede, Vicky? —pregunté—. ¿Quién está detrás de ti? 
Cora está muerta. Lo vi. 
Vicky frunció el ceño antes de tomar una papa frita de su plato y 
darle un mordisco. 
—Oh, ella está muy bien. Tan muerta como puede, supongo. 
Anthony incluso irrumpió en la oficina del médico forense para robarse 
un pequeño recuerdo. 
Mi garganta se sintió increíblemente seca ante sus palabras. 
—Entonces, es verdad. Anthony está teniendo una oleada de 
asesinatos —murmuré mientras miraba la mesa. Me recliné en mi cabina 
sin poder hacer nada. Maldición. Tal vez había ido demasiado lejos. No 
estaba segura si me importaba. ¿Podría amar a un asesino en serie? ¿Lo 
haría? 
Vicky soltó una carcajada brutal. 
—¡Eso quisiera él! Dios, estuvo abatido durante días cuando se 
supo la noticia. Le di una regla estricta de no matar gente cuando dije 
que podía quedarse conmigo. 
Levanté la cabeza para mirarla. 
—¿Anthony no es el causante de la oleada de asesinatos? 
Negó con su cabeza. 
—No, a menos que decida divertirse un poco mientras estoy aquí. 
Dejé escapar un suspiro de alivio. Todavía había esperanza para 
Anthony. Miré hacia el techo para ordenar mis pensamientos. Vicky 
siguió hablando mientras yo disfrutaba de mi alivio por un momento. 
—Está al tanto del asesino que deambula por las calles de Miami. 
Anthony dijo que ha estado enviándote correos electrónicos al respecto… 
—¿Qué? 
 
 
97 
Vicky agitó la mano con desdén, dejándome descubrir lo que eso 
significaba por mi cuenta. Siguió hablando mientras me protegía de la 
bomba que acababa de dejar caer en mi regazo. ¿Mi informante anónimo 
era Anthony? Pest92… Todo este tiempo había estado preocupada por él 
y me preguntaba si estaba bien, ¿y había sido él quien me enviaba 
mensajes? 
Fruncí el ceño. Vicky divagó. 
—Empecé a recibir amenazas cuando Cora y yo nos separamos. 
Arqueé una ceja hacia ella. 
—¿Amenazas? 
—Cora puede que sea una marioneta, pero el verdadero villano de 
esta historia está vivito y coleando, amiga mía. 
—No somos amigas —solté. Quería que esa línea en la arena fuera 
tan clara como el día. Nunca volveríamos a ser amigas—. Y lamento 
discrepar. Cora intentó matarnos. Y también estaba moviendo los hilos 
de muchas otras muertes. 
Vicky puso los ojos en blanco. 
—Ella es una don nadie. La segunda vez que Malice puso una 
enorme recompensa por su cabeza, salió huyendo como alma que lleva el 
diablo. No puedo juntarme con cobardes. Ella no fue más que un medio 
para un fin, y ni siquiera pudo hacer el trabajo. Claro, tenía seguidores y 
dinero en efectivo, pero no es Civella. Sin embargo, su hermano… 
—¿Hermano? —Busqué en mis recuerdos y de repente recordé la 
única vez que vi a Cora. Había tratado de conectar, es decir, de 
manipularme hablando de su hermano y de cómo ella lo cuidaba. 
—¿No le disparó Malice cinco veces? Cora hizo que pareciera que 
estaba postrado en cama —respondí. 
Vicky tenía una mirada perdida en sus ojos. 
—Se ha curado, supongo. Su cuerpo, al menos. Su mente es otra 
historia. Es un monstruo, Juliet. En comparación, hace que mis 
hermanos parezcan ositos de peluche. 
—¿Lo conoces? 
—Lo vi un par de veces mientras trabajaba con Cora. Nunca 
olvidaré la primera vez que nos presentaron. —Vicky se quedó mirando 
la mesa, como si estuviera reviviendo una experiencia traumática. Vi 
cómo su pecho comenzaba a subir y bajar con ansiedad. Se movió en su 
asiento y comenzó a morderse el labio. Esperé pacientemente a escuchar 
lo que tenía que decir. 
—Estaba encadenado. Sangre cubría su rostro. Su torso no era 
más que un desastre de piel destrozada y cicatrices. Seguía masticando 
algo como si fuera chicle, pero no lo era. 
—¿Encadenado? ¿Qué quieres decir? 
 
 
98 
Vicky se estremeció. 
—No puedo sacar la imagen de mi cerebro. Estaba masticando una 
oreja cortada. El crujido del cartílago fue… inolvidable. 
Dejó que sus palabras pendieran entre nosotras por un momento. 
Me ahogué al darme cuenta de que el hermano de Cora era un completo 
psicópata. Revisé los artículos de noticias que Pest92, o Anthony, me 
habían enviado. Trozos de carne habían desaparecido de sus víctimas. 
—¿Él es un caníbal? —pregunté. Decirlo en voz alta se sentía 
ridículo. Mierdas como esas solo pasaban en las películas de terror o con 
gente esnifando sales de baño. Estudiaba crímenes reales e incluso esto 
me pareció extremo. 
Ella asintió. 
—Tenía cicatrices por todo el cuerpo y un labio partido. Cuatro 
hombres lo vigilaban las veinticuatro horas del día. Por alguna razón, me 
sentí mal por él.Vicky cruzó los brazos sobre su pecho mientras yo respiraba el olor 
a tocino. 
—¿Te sentiste mal por él? —pregunté. 
—Estaba encadenado por su poderosa hermana. Era espeluznante, 
sí, pero lo que Cora estaba haciendo estaba mal. Supongo que pude 
identificarme con él. 
—Tus hermanos nunca te encadenaron, Vicky. 
Echó chispas enojada por mis palabras. 
—El hecho de que no puedas ver la jaula que construyeron a mi 
alrededor no significa que no existió. Llevas el tiempo suficiente como 
para darte cuenta de que no hay libertad para los Civellas. Malice es un 
fanático del control paranoico. 
Tenía razón, pero no quería darle la satisfacción de estar de 
acuerdo con ella. 
—Bien. Entonces, ¿qué tiene que ver este tipo con algo? 
—Lo liberé —susurró—. Fue una decisión muy rápida. Estaba 
saliendo por la puerta. Estaba sola por una vez. Yo solo... fue fácil, y yo… 
—¿Liberaste al hermano caníbal de Cora? —pregunté, buscando 
que lo aclarara. Tal vez Vicky tenía problemas de impulso. No podía 
entender por qué diablos pensó en hacer eso. Entendí que se sintiera mal 
por él, pero… 
Ella asintió. 
—Y ahora está dejando un camino de asesinatos. Sé a ciencia cierta 
que él mató a Cora. Soy la siguiente. 
—¿Por qué mataría a la persona que lo liberó? —pregunté. Eso no 
tenía ningún sentido. En todo caso, sentiría la obligación de protegerla. 
 
 
99 
—No sé por qué. No está cuerdo. —Empezó a hurgar en su bolso y 
sacó un sobre—. Encontré esto en mi auto. 
Lo deslizó hacia mí, lo abrí con cuidado y saqué un trozo de papel 
gastado cubierto con lo que parecía tinta roja. Las palabras “Te amo” 
estaban escritas una y otra vez. 
Le di la vuelta al papel y me quedé sin aliento ante el boceto allí. 
Era un hombre hundiendo sus dientes en el muslo de una mujer, 
arrancando los tendones y exponiendo la carne de su cuerpo. Era 
sangriento y erótico pero también aterrador. 
—Te consumiré como tú me has consumido —susurró, citando las 
palabras al final de la página. Dejé caer el papel—. Asegúrate de lavarte 
las manos. Eso no es tinta, es sangre —dijo en voz baja. 
Rápidamente le pasé el papel, ella lo dobló y lo metió de nuevo 
dentro de su bolso, como si no fuera nada. 
—Necesito la ayuda de mis hermanos, Juliet. Este tipo es fuerte, 
inteligente y letal. La policía lo llama descuidado con sus asesinatos, 
pero, en realidad, es un genio. Anthony cree que está organizando 
incendios en edificios abandonados para distraer a la policía mientras 
secuestra a sus verdaderas víctimas. Y tiene que estar trabajando con 
gente. Nadie tiene imágenes de él. Nadie nunca ve su rostro. 
Mis pensamientos le daban vueltas a este problema. Aunque era 
grotesco, no pude evitar querer localizarlo y llevarlo ante la justicia. Mi 
mente zumbaba ya estaba diseccionando su nota, sus motivos y sus 
hábitos. Este era verdaderamente un caso peculiar. 
—No estoy segura de poder convencer a Malice y William para que 
vayan a Miami —admití. Ya habían dejado claro que estaban cortando 
lazos con sus hermanos distanciados. Si no iban a ir a rescatar a 
Anthony, segura que no iban a estar ahí para Vicky. Era sálvese quien 
pueda en estos días. 
—No estoy segura de que cueste mucho convencerlos —respondió 
Vicky antes de salir rápidamente de la cabina y ponerse de pie—. He visto 
cómo te miran. Los tienes todos envueltos alrededor de tu dedo meñique. 
Te juro que Anthony solo reproduce tu podcast en repetición. 
Mi corazón se calentó ante eso. No quería nada más que verlo. 
Vicky se pasó las manos por los costados y avanzó contoneándose 
hacia la puerta. Confundida, me levanté rápidamente y comencé a 
seguirla. 
Una extraña sensación de déjà vu se apoderó de mí mientras la 
seguía fuera del restaurante. Ni siquiera estaba segura de que ella pagara 
su cuenta. Una vez más, la estaba persiguiendo bajo el manto de la 
noche. El aire fresco me dio la bienvenida a la vez que mis tacones 
resonaban en el concreto. 
—¡Vicky! Entonces, ¿qué hacemos? Quiero hablar con Antony. 
 
 
100 
Siguió caminando hasta que se detuvo en un discreto auto Chevy 
de cuatro puertas. Era plateado con matrícula de Florida. 
—Tú misma lo dijiste —comenzó mientras buscaba en su bolso—. 
No crees que puedas convencer a Nicholas y William para que vengan a 
ayudarme. No puedo huir, porque él simplemente me encontrará, y ahora 
Anthony también está en este lío. 
—¿Qué quieres decir con que Anthony también está en este lío? 
¿Qué no me estás contando? —pregunté. Mi voz fue un gemido 
suplicante. 
—El hermano de Cora sabe que Anthony me está ayudando —
dijo—. Serán necesarios los tres para derribar a este tipo. —Enderezó su 
espalda y me miró. Vi la determinación en su mirada y brevemente me 
pregunté cuál era su plan. No podía simplemente dejarlo todo e irme a 
Miami. Necesitaba más información. Al menos, teníamos que intentarlo 
con Malice y William. 
—¿Qué vas a hacer? —pregunté. 
—Irme. 
—No puedes irte todavía. ¿Por qué incluso aparecer aquí si vas a 
rendirte así? 
Vicky me dio una sonrisa maliciosa, y de repente me sorprendieron 
sus intenciones, literalmente. Sacó una piedra de su bolso, la miró 
fijamente, luego retrocedió y la estrelló contra mi sien. El dolor atravesó 
mi cráneo y sentí como si un terremoto estuviera ocurriendo en mis 
células cerebrales. 
Lo último que escuché fue a Vicky disculpándose. 
—Lo siento, Juliet. Esta era la única manera. 
 
 
 
101 
 
 
No pude quedarme más en silencio. Cambié mis pantalones 
deportivos por un traje a medida. Me afeité la cara. Me recompuse, subí 
a mi auto y conduje por la ciudad hasta la casa de Juliet. Debí haberlo 
hecho hace unos días, pero mi orgullo y mi ego estuvieron en guerra con 
mi corazón. Una vez más, era el perdedor patético de nuestra historia. 
Me tomó verla por el espejo retrovisor para darme cuenta de que mi 
mierda vengativa nos estaba arruinando. Estaba disgustado conmigo 
mismo. Era hora de ser un hombre y ser lo que la señorita Cross se 
merecía. Era hora de acabar con mis hermanos y reclamar lo que era mío. 
Era hora de luchar. Y si eso significaba que tenía que jugar sucio 
para recuperar a Juliet, lo haría. Y empezaba ahora. 
Llamé a la puerta. La abuela estaba fuera de la ciudad en un viaje 
de bingo con sus amigos, pero se suponía que Juliet estaría aquí. No 
había ninguna luz encendida en la casa. Saqué mi llave de repuesto y 
entré. El fantasma de esta casa me saludó. Al inhalar, el eco de su 
perfume llenó mis sentidos, y el tic-tac del reloj hizo que todo se sintiera 
más siniestro. Habitaciones vacías, nevera vacía, mi corazón vacío 
latiendo ruidosamente mientras caminaba por la casa. Era casi 
medianoche, ¿dónde estaba? 
Saqué mi teléfono celular y llamé a uno de mis hombres. Me habían 
estado informando de su paradero. Podrían trabajar para mi hermano, 
pero su lealtad era hacia mí. Era el hombre que firmaba sus cheques. 
Era quien los ascendía a un lugar mejor. Y sabían que mi hermano era 
voluble, susceptible de asesinar o despedir a cualquiera en el acto. La 
única forma de ascender en la escalera de nuestro negocio era a través 
de mí, y planeaba usar eso para todas mis ventajas. 
—¿Dónde está la señorita Cross? —pregunté al momento en que la 
línea conectó. 
—Trabajando hasta tarde —respondió con brusquedad—. Es 
jodidamente espeluznante fuera de la funeraria. 
 
 
102 
Esperé un momento y consideré sus palabras. Parecía extraño que 
estuviera trabajando tan tarde. 
—Ve a revisar el interior del edificio y ve si está allí y llámame. 
Colgué el teléfono antes de que pudiera responder y fui a su 
habitación. Inhalando el aroma de su perfume, pasé mis dedos sobre su 
escritorio. Lazos para el cabello, aretes y un billete de diez dólares cubrían 
la mesa. Una chaqueta que le compré hace dos meses estaba colgada del 
respaldo de la silla de su escritorio, el escritorio mostrando una foto de 
todos nosotros sentados en un marco delgado cubierto de polvo. 
Un diminuto colchón individual que crujía y gemía cada vezque 
alguien se sentaba en él estaba decorado con sábanas grises y una 
almohada de espuma viscoelástica que yo le había pedido. Me acerqué a 
su tocador y abrí el cajón lentamente. Se sacudió cuando lo hice. La 
madera vieja estaba gastada y enojada. 
Capas de encaje fino y seda provocadora me devolvieron la mirada. 
Telas lisas, suaves, pequeñas, delicadas y sensuales. Pasé mi mano sobre 
ellas e inhalé profundamente. 
Unas bragas azul claro en particular me llamaron la atención, y la 
levanté para inspeccionar. No pude evitar recordar todas las noches en 
que la seguí a casa en mi auto después de su turno nocturno en Dick’s. 
Comenzó bastante inofensivo. Me convencí de que asegurarme de que ella 
estaba a salvo era proteger a Vicky. No era un maldito pervertido 
codiciando a una chica de secundaria. 
Me hice amigo de la abuela en la parada del autobús para poder 
tener otro punto de vista del mundo de Juliet. Aprendí su rutina para 
poder colarme en su casa y arreglar las cosas sin llamar la atención. 
El refrigerador estaba funcionando mal, así que reemplacé las 
bobinas del condensador sucias. 
Un invierno brutal, sellé todas las ventanas para asegurarme de 
que no hubiera corrientes de aire. 
Envié cupones a su casa por comida. 
Le pagué a otros clientes del restaurante para que le dejaran una 
mejor propina. 
Y de alguna manera, mientras hice todo esto, me enamoré de ella. 
Agarré la tanga de encaje del cajón y me acerqué al colchón 
individual. Mientras me sentaba, me las llevé a la nariz e inhalé. Olía 
como su detergente mezclado con el aroma dulce de su perfume. Cerré 
los ojos y la imaginé usándolas solo para mí. 
Sus muslos cremosos. Su largo cabello castaño en ondas alrededor 
de sus hombros. Sus ojos ahumados desafiándome a probarla. 
 
 
103 
Me recosté en el colchón y sentí que me ponía duro con esa 
necesidad espasmódica de tocarla. Sentirla. Amarla. Necesitaba arreglar 
esto, arreglarnos a nosotros. 
Bajé la cremallera de mis pantalones lentamente y saqué mi polla. 
No me había masturbado desde mi cumpleaños. Supongo que, de alguna 
manera, estaba demasiado avergonzado para incluso masturbarme. En 
realidad, me estaba jodiendo la mente saber que la compartía con Nick. 
Tenía que compartir todo con él. 
Supongo que, en realidad, no me asqueaba que fuéramos 
hermanos. Dado mi trabajo en Eden’s Place, era un imbécil de mente muy 
abierta. No se cruzaron espadas, y mi atención se centró por completo en 
Juliet. Aparte de querer cabrear a Nick, fingí que él no estaba allí. 
Lo que me arruinó toda la experiencia fue ver a Juliet desesperada 
por complacernos a los dos en lugar de divertirse. Se tambaleó entre 
preocuparse por estar en el medio, y dejarse ir. Y odié haberla hecho 
pasar por eso. 
Lo que de verdad quería era que ella se corriera una y otra vez. 
Quería que me mirara con sus ojos muy abiertos llenos de lujuria. 
Empecé a frotarme con su lencería de encaje mientras la imaginaba 
en esa cama en Eden’s Place. 
Si pudiera hacer las cosas otra vez, habría controlado la situación 
y habría hecho que Nick la complaciera. La besara. La habría follado tan 
duro que no podría ahogar cualquier mierda que mi ego la estuviera 
obligando a decir. Quizás Anthony también habría estado allí, besando 
sus curvas. Haciéndola sonreír, una hazaña por la que lo envidiaba. 
Siempre era capaz de hacerla sonreír, y eso era lo que nuestro grupo se 
estaba perdiendo últimamente. 
Si pudiera empezar de nuevo, lo habría hecho por ella. 
Y luego la habría arrancado de sus manos codiciosas y la habría 
llevado a casa. 
Quizás Nick tuvo la idea correcta. Manteniéndola complacida, 
saciada y feliz mientras guardaba su alma para él solo. 
Quería eso. Quería ser la persona a la que se despertaba mirando 
todas las mañanas. Quería ser la persona a la que acudía con cada 
problema. Quería verla vivir su mejor, más plena y auténtica vida 
sabiendo que siempre sería a mí a quien corría al final del día. 
Agarré mi eje con más fuerza, acariciando y gruñendo en su cama. 
Me corrí vergonzosamente rápido, la promesa lujuriosa de control pesada 
en mi mente mientras lo hacía. Chorros de semen empaparon la tela de 
encaje de su ropa interior, y dejé escapar un suspiro de satisfacción una 
vez que mi pulso se calmó. 
El sonido de mi teléfono vibrando se mezcló con mi respiración 
entrecortada. Agarré un pañuelo de papel de la mesita de noche y me 
 
 
104 
limpié la palma a medida que me sentía un poco disgustado conmigo 
mismo. Nunca pensé que volvería nuevamente aquí, suspirando por una 
mujer que se sentía fuera del alcance. 
Al menos cuando era su extraño silencioso, aún tenía acceso a su 
mente. Ahora, me preocupaba que nos hubiéramos convertido en nada. 
Y no tenía a nadie a quien culpar más que a mí. Tomé mi teléfono para 
contestar. 
—¿Está allí? —pregunté, decidiendo pasar por alto la cortesía de 
los saludos. 
—No está aquí —respondió mi hombre—. No parece que nadie haya 
estado aquí durante un par de horas. 
Sentí que mis ojos se crisparon de ira. ¿Qué diablos les pasaba a 
estos hombres incompetentes y su incapacidad para realizar una tarea 
sencilla? Nicholas estaba perdiendo el control de su ejército, y Juliet 
estaba sufriendo por eso. 
—¿Nick lo sabe? —pregunté. 
—Sí, señor —respondió con rigidez. Podía escuchar el terror en su 
tono. 
Colgué el teléfono y marqué el número de Ruthie rápidamente. 
Aunque estaba fuera de la ciudad en su viaje de bingo, respondería por 
mí. Nos habíamos hecho amigos a lo largo de los años y ella querría saber 
dónde estaba Juliet. 
Sonó, sonó y sonó. Finalmente, contestó el teléfono y su voz cálida 
me saludó. 
—¿William? —cantó. Era obvio que la había despertado—. ¿Por qué 
estás llamando? ¿Juliet está bien? 
Su pregunta me alertó instantáneamente de que no tenía idea de 
dónde estaba Juliet. Esto no estaba bien. Dada la historia de Ruthie con 
la madre de Juliet, no quería asustarla hasta que tuviéramos más 
información. Pero si Ruth no sabía dónde estaba su nieta, entonces esto 
era malo. 
—¿William? —preguntó de nuevo—. ¿Está Juliet contigo? 
Se me ocurrió una mentira rápidamente. 
—Lamento llamarte tan tarde, Ruthie, pero quería decirte que ha 
habido una pequeña fuga de gas en tu casa. Juliet y yo volveremos a mi 
casa, pero no quería que te alarmaras si escuchabas que el departamento 
de bomberos estaba aquí. 
Dejó escapar un suspiro. 
—Me alegra tanto que todos estén bien. Gracias por hacérmelo 
saber. ¿Cuándo crees que lo arreglarán? Se supone que voy a volver 
mañana a casa. 
 
 
105 
Comenzó a llegar otra llamada, y verifiqué la identificación antes 
de responder. Nicholas. 
—Debería tener todo arreglado antes de que llegues a casa, Ruthie. 
Pero intenta mantenerte alejada hasta que pueda darte el visto bueno. 
No quiero que te enfermes. 
Pude escucharla sonreír a través de su tono. 
—Gracias, William. Siempre nos cuidas. Intenta descansar un 
poco, querido. Buenas noches. 
Al segundo que colgó, respondí a la llamada de mi hermano. 
—¿La encontraste? —pregunté. No tenía sentido bailar en torno a 
la semántica de cómo supe que ella se había ido. Lo único bueno de que 
mi hermano fuera un jodido fanático del control era que había una buena 
posibilidad de que Juliet tuviera un rastreador en ella. 
—No tiene su teléfono —gruñó Nick—. Esperaba que estuviera 
contigo. 
Una parte de mí quiso grabarlo diciendo eso para más tarde, pero 
ahora no era el momento. 
—Acabo de hablar por teléfono con Ruth y ella tampoco sabe dónde 
está Juliet. 
Nicholas maldijo. 
—¿Por qué la involucrarías? Ruth no necesita estar asustada, ya 
sabes cómo eso la enferma. 
Puse los ojos en blanco. Mis dos hermanos tenían debilidad por esa 
mujer. 
—Por supuesto que no la preocupé innecesariamente. No quiero 
provocarle un ataque de pánico. Inventé una mentira sobre una fuga de 
gas en la casa y le aseguré que todo estaba bien. No hay necesidad de 
asustarla hasta que tengamos más información. —Nicholas gruñó, su 
acuerdofue breve y enfurruñado—. Cora está muerta —agregué. No era 
como si la perra pudiera volver de la tumba para perseguirnos. Cada 
segundo que pasaba, mi corazón comenzaba a acelerarse más. 
Cora no era necesariamente nuestra única enemiga, pero parecía 
más probable que hiciera algo como esto. Aún recordaba vívidamente la 
última vez que Cora secuestró a Juliet. Fue el peor día de mi vida. A pesar 
de que la localizamos con bastante facilidad, aún me dolía el estómago 
pensar en el estado en el que la encontramos, rodeada de cadáveres y un 
Anthony riendo a carcajadas. No se merecía esto. No se merecía nada de 
esto. 
—Sigo pensando que esa perra fingió su muerte —respondió Nick 
con brusquedad. 
 
 
106 
—De cualquier manera, Juliet se ha ido. Tenemos que encontrarla 
—espeté. Cada segundo que pasaba era otra oportunidad para que le 
sucediera algo. 
—¿Crees que escapó deliberadamente de los guardias de 
seguridad? Está realmente decidida a ser independiente —gruñó Nick. 
Consideré sus palabras por un momento. Pero, ¿a dónde iría? Kelsey 
estaba trabajando esta noche, así que sabía que Juliet no estaba con ella. 
No era como si tuviera muchos amigos en la zona. Y definitivamente no 
tenía ningún interés amoroso. A menos que derrochara dinero en un 
hotel, lo cual no tenía sentido, se había ido. 
Pensé en nuestra conversación anterior. Estaba muy decidida a 
encontrar a Anthony. Pero ciertamente no se iría sin un auto, un plan o 
incluso una idea de dónde estaba. 
—Creo que es posible que escapara de ellos, pero a menos que 
huyera de la ciudad, ya debería estar de regreso. Es medianoche, ¿dónde 
podría estar? 
Escuché un cristal rompiéndose, y me imaginé a Nick arrojando 
algo contra la pared. Siempre era tan propenso a la ira, eso lo debilitaba 
en tiempos de crisis. Era más probable que atravesara las paredes con el 
puño que encontrar una solución real a nuestro problema. Era otra razón 
más por la que sabía que era mejor líder que él. 
—¿Qué vamos a hacer? —me preguntó. 
Ni siquiera pude disfrutar de la impotencia en su tono, porque 
estaba tan preocupado como él. Me sorprendió que quisiera pedir mi 
opinión sobre el asunto. A Nick le gustaba fingir que estaba a cargo. Era 
el gran jefe malo, pero yo era el estratega. 
—Dijo que iba a ver a Anthony. Es posible que se fuera y dirigiera 
a Miami. 
No me gustaba la idea de que viajara sola, y no estaba muy seguro 
si perseguir a nuestro hermano trastornado era la mejor idea. Pero era la 
mejor suposición. A Juliet le apasionaba recuperar a Anthony, y si se 
alejaba de los guardias y desaparecía, entonces probablemente se dirigía 
allí. 
—No hay nada en sus extractos bancarios. Ni alquiler de auto. Sin 
hotel. Sin gasolina, comida ni nada. Además, en su calendario, dice que 
mañana tiene un examen. Sé que está desesperada por llegar a Anthony, 
pero nuestra chica es del tipo que planifica. No desaparecería 
simplemente a menos que… —Su voz se interrumpió, como si la cortara 
el cuchillo del pensamiento—. Dijo que estaba hablando con alguien. 
Alguien le estaba dando información sobre el asesino en serie en Miami. 
Casi se me cae el teléfono. Una oleada de emociones me inundó, y 
me levanté de la cama rápidamente para buscar su computadora portátil. 
Como era de esperar, estaba puesta en su escritorio. 
 
 
107 
—Estoy revisando su computadora ahora mismo —respondí antes 
de ingresar su contraseña y abrir su chat. 
Página tras página de teorías de un Pest92 me dio la bienvenida. 
Algunos de los mensajes eran de naturaleza coqueta, y eso hizo que mi 
pecho se contrajera. ¿Esta era la persona con la que estaba hablando? 
Mientras le daba el tratamiento silencioso, alguien más se abalanzó y 
alimentó sus pasiones. Todo esto se sintió demasiado coincidente. Era 
una trampa. Nick se impacientó mientras yo examinaba los mensajes. 
—Ha estado hablando con alguien sobre el asesino de Miami —dije. 
Nick maldijo. Estaba leyendo los últimos mensajes cuando apareció una 
burbuja de chat. Esta persona Pest92 estaba en línea, y me encontré 
queriendo atravesar la pantalla y arrastrarlo para poder cortarle la cara. 
Naturalmente, era un hombre celoso, y si pensaba que era malo saber 
que mis hermanos estaban con la mujer que amaba, entonces era diez 
veces peor saber que un completo extraño se estaba acercando a ella. 
Sobre todo, porque ese extraño parecía tener motivos ocultos. 
Pest 92: ¿Es William o Nick? 
Maldije. 
—Tenemos un problema —dije. 
—¿Qué pasa? —preguntó Nick. Lo ignoré y escribí una respuesta. 
No negociaba con terroristas, ni tenía tiempo de explicarle a mi hermano 
lo que estaba pasando. Probablemente tenía cinco segundos para 
convencer a esta persona de que me dijera dónde estaba Juliet y qué 
quería. 
—Espera —gruñí. 
Juliet: William. 
Pest 92: Esperaba que fueras tú. Juliet está a salvo. Nos vemos en 
Miami. 
Terminó la conexión rápidamente y me bloqueó. 
—¡MIERDA! —rugí. 
—Dime qué está pasando en este momento, o acabaré contigo —
exigió Nick. Me recosté en la silla de Juliet y traté de ordenar mis 
pensamientos. ¿Qué demonios? ¿Todo esto era una trampa? ¿Y si esto 
era una artimaña para alejarnos de Kansas City, para aislarnos de modo 
que fuéramos débiles y vulnerables? 
Honestamente, no me importaba. Iría a cualquier parte por Juliet. 
Esta era la única pista que teníamos. 
—Hermano, parece que vamos a Miami —le dije antes de colgar. 
 
 
 
108 
 
 
Aunque me había despertado hace una hora, mantuve los ojos 
cerrados. Mientras descansaba mi cabeza contra la ventana traqueteante 
del auto de Vicky, la luz de la mañana amenazaba con romper la barrera 
de mi terquedad. Tenía curiosidad por saber dónde estábamos, pero no 
estaba dispuesta a abrir los ojos para ver. Una vez que ella supiera que 
estaba despierta, tendría que confrontarla sobre este plan estúpido, y 
estaba demasiado enojada para lidiar con eso. 
En el asiento del conductor, Vicky tarareaba una canción pop, solo 
deteniendo su canto alegre para maldecir a los vehículos lentos de 
dieciocho ruedas circulando por el carril rápido. Parecía extrañamente… 
normal. Había esperado algún enfrentamiento siniestro o una trama 
nefasta. No un viaje por carretera informal con alguien a quien solía 
considerar una mejor amiga. 
Me sentía atrapada en un limbo donde estaba enojada… pero al 
mismo tiempo, no estaba enojada con ella por obligarme a ir con ella. Sí, 
me dolía la cabeza como una perra, y podría haber sido un poco menos 
contundente al respecto. Pero conducir hacia Miami, hacia Anthony, aún 
se sentía como una victoria. 
Estaba fuera de Kansas City. Me dirigía hacia Anthony. Habían 
pasado semanas desde que lo había visto, y aunque me enfermaba 
sentarme junto a Vicky en su auto, estaba deseando llegar al destino, por 
tonto que fuera. Todo esto podría haber sido una trampa, pero algo en 
mis entrañas me decía que no lo era. 
Simplemente no podía imaginar lo que estaban pasando Malice y 
William en este momento. Solo era cuestión de tiempo antes de que se 
dieran cuenta de que me había ido, y temía las repercusiones en nombre 
de Vicky. 
—¿Vas a dejar de fingir estar dormida? Tengo que parar en una 
gasolinera, y necesito asegurarme de que no vas a escapar —preguntó 
Vicky en tono aburrido—. Ya te di un golpe desagradable en la cabeza, y 
 
 
109 
realmente no quiero volver a hacerlo. —Hizo una pausa, y esperé a que 
continuara, sin estar dispuesta a renunciar a mi ardid de la siesta—. O 
tal vez quiero darte otro golpe en la cabeza. —Se echó a reír, y sentí que 
el auto ralentizó. La luz intermitente se encendió cuando salió de 
cualquier autopista en la que estuviéramos. 
—No necesito otro golpe en la cabeza. En realidad, no necesitaba el 
primero —gemí antes de parpadear y sentarme. La luz brillante del día 
hizo que mis ojos ardieran. 
—En serio, no tenía tiempo para convencerte —discutió. Pasamos 
un letrero que decía Tennessee—. Sabes lo decididos que pueden ser mis 
hermanos. Tenía unos treinta minutos parasacarnos de Kansas City 
antes de que todo el lugar fuera cerrado por los Civella. Dios sabe que 
intenté huir muchas veces y nunca lo logré. 
Vicky me sorprendió. A pesar de todos nuestros años siendo 
mejores amigas y hablando de todo, esta era una parte de su vida que me 
sorprendió por completo. Tenía en la punta de la lengua preguntarle 
cuántas veces intentó escapar de su familia. Tenía miedo de la respuesta. 
También quería saber por qué sentía que tenía que huir. Pero supongo 
que sabía por qué. Era lo mismo que me motivó a ser independiente y 
tomar partido en mi relación. Los amaba. Profundamente. 
Irrevocablemente. Pero también me amaba. 
Se detuvo en el estacionamiento de la parada de camiones. Una vez 
que llegamos al surtidor, apagó el auto y se giró en el asiento del 
conductor para mirarme. 
—¿Vas a huir? —preguntó. 
Negué con la cabeza. Era demasiado tarde para huir. Además, 
quería ver a Anthony más que nada. Probablemente era una tontería de 
mi parte, pero estar aquí se sentía bien. 
—Eventualmente, tendré que llamar a mi abuela —respondí—. No 
quiero que se preocupe. 
Vicky me miró entrecerrando los ojos, sus ojos evaluadores 
captando cada parte de mi expresión. 
—Es justo. ¿Vas a llamar a mis hermanos? 
Mordí mi lengua por un momento. Vicky tomó mi silencio como una 
respuesta. 
—¿En serio terminaste con ellos? Anthony no tenía claros los 
detalles. ¿Finalmente te diste cuenta de que Nick es un imbécil 
controlador y William es un marica celoso? Supongo que ya conoces a 
Anthony. —No quería darle el privilegio de tener razón. El hecho de que 
tuviéramos problemas no significaba que el amor no estuviera allí. 
—En este momento estamos resolviendo algunas cosas —gruñí con 
fuerza—. Salir con todos ellos es… 
Vicky me interrumpió. 
 
 
110 
—¿Extraño? ¿Duro? ¿Imposible? Todos están locos y tienen el 
rango emocional de un dedal. 
—Toda relación tiene obstáculos —respondí. 
—Cierto, pero Juliet, te conozco. Eres mejor que esto. Verte con 
ellos se siente como… —Vicky hizo una pausa, aparentemente intentando 
pensar en cómo describirlo—. Se siente como una mentira —decidió 
finalmente. 
—¿Qué te hace decir eso? —respondí con brusquedad antes de 
cruzar los brazos sobre mi pecho. 
Vicky se encogió de hombros. 
—No lo sé. Eras esta chica ruda e independiente que se encargaba 
de su mierda. Creo que la parte más difícil de enamorarte de mis 
hermanos fue perderla. —Metió la mano en su bolso y sacó un billete de 
veinte dólares, terminando nuestra conversación abruptamente—. Ve por 
algo de comida, me muero de hambre. 
Arrebatando el billete de veinte dólares de sus dedos, desabroché 
mi cinturón rápidamente y alcancé la puerta, haciendo una pausa por 
un momento para tener la última palabra. 
—Sigo siendo ella. 
Entré a la gasolinera sin esperar su respuesta, sin molestarme en 
mirarla por encima del hombro cuando me fui. 
Después de usar el baño y lavarme la cara magullada, fui a estirar 
las piernas, examinando los pasillos sin prisa. Me odiaba por recordar 
todos los bocadillos favoritos de Vicky. Reese’s. Chicharrones. Carne seca 
con sabor a teriyaki. También compré algunas semillas de girasol con 
sabor a pepinillo y dos donas, así como café y Coca-Cola Light. 
El total ascendió a 23,47 dólares. Entregué el dinero en efectivo 
que me había dado Vicky, luego metí la mano en mi bolsillo y saqué mi 
billetera pequeña con mi tarjeta de débito. La miré por un momento. 
Alguien se aclaró la garganta detrás de mí. 
—¿Señora? Aún debes tres cuarenta y siete —dijo el empleado de 
la estación de servicio. Tenía largo cabello rizado y una expresión de 
cansancio en el rostro. 
Sabía que al momento en que pasara mi tarjeta, Nick y William 
sabrían dónde estaba. A estas alturas, tenían que estar controlando mi 
banco para detectar cualquier transacción. Me sorprendió que Vicky no 
me hubiera quitado la billetera mientras estaba inconsciente. 
Miré por la ventana delantera brevemente a Vicky, quien estaba 
bombeando gasolina y sonriéndole a un tipo que estaba parado frente a 
la bomba frente a ella. Quizás quería que los alertara. Quería que vinieran 
a Miami, después de todo. Sabía en mi interior que no podía confiar en 
ella. Pero había una parte pequeña de mí que quería acercarse un poco 
 
 
111 
más a Anthony antes de alertarlos. Sentí que estaba traicionando a mis 
hombres, pero necesitábamos un poco más de tiempo. 
Entonces, después de un suspiro tembloroso, bailé entre mis 
deseos de querer ver a Anthony, pero también de que los hombres que 
amaba supieran que estaba a salvo, y le dije al asistente que sacara la 
carne seca y pagué en efectivo. 
Con un balanceo adicional en mis pasos, regresé al auto de alquiler 
de Vicky mientras cargaba la bolsa de comida. Se estaba aplicando lápiz 
labial en el asiento delantero cuando me senté a su lado. 
—Tengo todos tus favoritos —respondí, sorprendiéndome con el 
alivio en mi tono. Tendría que decirles a mis hombres en algún momento 
dónde estaba. No podía dejar que se preocuparan por mí. Pero tomaron 
una decisión cuando se negaron a dejarme ver a Anthony. Estaba 
comprometida a encontrarlo, y eso significaba que tenía que confiar en 
Vicky. 
—Es lindo que aún recuerdes mis bocadillos favoritos. ¿Recuerdas 
que solíamos hablar siempre de hacer viajes por carretera? —preguntó 
antes de buscar en la bolsa y sacar una dona. 
—Aun así, solo fueron puras palabras —dije en voz baja—. Nunca 
íbamos a hacer un viaje por carretera. Nunca ibas a hablarme de tu vida. 
Solo era la amiga con la que vivías medias verdades. 
Vicky rasgó su dona glaseada con los dientes y masticó lentamente 
el dulce y enfermizo desayuno mientras miraba sus muslos. 
—Quería ir —respondió en voz baja—. Lo deseaba tanto que me 
volvía loca. 
Encendió el auto y regresó a la autopista silenciosamente. 
 
p 
 
—¿Nos detenemos a pasar la noche? Aún tenemos cinco horas 
hasta que lleguemos a Miami —gemí. Mi espalda me estaba matando, y 
cada músculo de mi cuerpo estaba rígido por estar sentada todo el día. 
Vicky parecía estar a dos segundos de desmayarse y conducir hacia el 
tráfico en el sentido contrario. Me ofrecí a conducir varias veces, pero ella 
se negó. 
—No podemos —dijo con un bostezo—. No tenemos mucho tiempo. 
Si tuviera que adivinar, mis hermanos ya sacaron imágenes de seguridad 
de la estación de servicio en la que nos detuvimos. 
Me giré bruscamente hacia ella. 
—¿Qué? 
 
 
112 
—Pueden ser unos imbéciles ingeniosos cuando quieren. Supongo 
que, será útil cuando eliminen al hermano de Cora. Pero ahora mismo es 
un dolor en el trasero. Todo el objetivo es llevar a todos mis hermanos a 
Miami, pero primero en realidad tenemos que llegar allí. —Observé el 
tráfico opuesto pasar, los faros rebotando en mi visión mientras absorbía 
sus palabras—. Pareces preocupada —observó. 
No tenía sentido mentirle. Hubo un tiempo en que le contaba a 
Vicky todo sobre mi vida. 
—Me preocupa que no lleguemos a Anthony a tiempo. Y también 
me preocupa que te maten antes de que tengamos la oportunidad de 
explicarlo. Creo que, una vez más, tomaste una decisión precipitada y… 
—¿Esto es por golpearte con la piedra? —interrumpió. 
Negué con la cabeza con frustración. 
—Es por noquearme, mantenerme en la oscuridad todos esos años 
y tratar que Cora nos mate. 
Vicky tuvo la decencia de parecer avergonzada. 
—Está bien —respondió a medida que miraba por el espejo 
retrovisor—. Todo va exactamente según lo planeado. 
—¿Y qué plan es ese? 
Vicky pasó a un camión de marcha lenta y aceleró. 
—Llevarte con Anthony. Es imposible trabajar con él mientras está 
deprimido. Es como ver a un cachorro que ha sido pateado y abandonado. 
Me rompe el corazón. 
Puse los ojos en blanco. 
—Me sorprende que te importe. 
Vicky perdió parte de su valentía soñolienta ante mi tono. 
—Por supuesto que me importa. 
—Tienes una forma terrible de demostrarlo. ¿Debería enumerar 
otra vez todas las mierdas que has hecho? 
Vicky pisó los frenos yesto —susurré antes de 
presionar mis labios contra los suyos para un casto beso—. O esto. 
Mis labios rozaron su mandíbula y pasé mis manos por su espalda 
desnuda. 
—Tienes un punto muy válido —gimió. Abracé el sudor en su piel 
y la muerte en su olor. Mordí suavemente su labio inferior y rocé con mis 
dedos la cintura de sus jeans antes de apartarme con un movimiento 
provocativo. 
—Sé que prefieres a los muertos, Anthony. Los muertos no pueden 
hacerte daño. No pueden burlarse de ti ni cuestionarte. Los muertos no 
pueden juzgar. ¿Pero los vivos? —Hice una pausa para susurrar en su 
oreja—. Los vivos pueden complacerte. Los vivos pueden devolverte amor. 
Pasé las puntas de mis dedos por su pecho y por sus abdominales. 
Me giré y presioné mi cuerpo contra el suyo, arqueando la espalda para 
que mi trasero presionara su dura erección. Podía sentirla incluso a 
través de la gruesa tela de sus jeans. Anthony lamió mi cuello antes de 
succionar la sensible piel allí. 
—Además —continué—. No puedes matarme, Anthony. 
—¿Oh? —preguntó distraído mientras deslizaba las palmas de sus 
manos por mis caderas. 
—Tendrías que atraparme primero. 
Y con esas palabras, me liberé de su agarre y comencé a correr a lo 
largo de la propiedad para alejarme de él, esquivando parcelas de 
enterramiento frescas y árboles altísimos a medida que avanzaba, todo 
eso mientras reía histéricamente. Me emocionaba estirar las piernas y 
sentirme juguetona. Una rama rebelde arañó mi mejilla y limpié las gotas 
de sangre carmesí que goteaban de la herida. El viento azotó mi cabello 
y me tomé un breve momento para mirar por encima de mi hombro y ver 
si Anthony seguía persiguiéndome. 
Le eché un breve vistazo y un cosquilleo de miedo atravesó mi 
mente como un velo negro. Sus ojos eran salvajes. Su forma al correr era 
cualquier cosa menos juguetona. Rígido. Enojado. Parecía un 
 
 
13 
depredador. Y por primera vez en mucho tiempo, tenía al hombre que 
amaba. 
Pensé que esto era solo una broma. Anthony siempre estaba 
jugando conmigo, burlándose de mí. Pero esa sola mirada suya hizo que 
mi corazón se acelerara. Balanceé mis brazos con fuerza y presioné mis 
zapatillas de deporte en el suelo, aumentando la velocidad mientras el 
terror se apoderaba de mí. 
—¿Anthony? —jadeé antes de tropezar con una raíz. 
Extendiendo las manos delante de mí, apenas logré atraparme 
antes de luchar para volver a ponerme de pie. Unos gruesos dedos se 
enroscaron en mi cabello y tiró de mi cuero cabelludo hasta ponerme de 
pie. 
—No vuelvas a huir de mí —dijo Anthony con una voz siniestra en 
mi oreja. Sacudió la cabeza, como si tratara de despejar los pensamientos 
oscuros de su mente—. ¿Sabes qué, Juliet? —preguntó—. Los muertos 
no pueden devolverme amor, pero tampoco pueden huir. 
Y con eso, presionó su boca contra la mía. El miedo y la lujuria se 
enredaron en un complicado y palpitante nudo en mi pecho mientras 
arrastraba mis uñas afiladas por su espalda. Me empujó contra el tronco 
de un árbol áspero mientras yo gritaba. Era exigente y apasionado. La 
ira, la lujuria y la posesividad inundaban su expresión mientras 
perforaba mi labio con sus afilados dientes. Gemí y lo acerqué más. Podía 
sentir cada temblor de su cuerpo musculoso y saborear el salado de la 
sangre en mi lengua. 
Sus ojos se llenaron de lágrimas y lo único que quería era quitarle 
el dolor. ¿Cómo podría ayudarlo si no sabía qué hacer? Esto, aquí mismo, 
era todo lo que podía darle. Mi cuerpo, mi paciencia, mi mente y mi 
corazón. Él era el dueño de todo. 
—Anthony —gemí cuando empujó mis leggings negros por mis 
muslos, deteniéndose justo por encima de las rodillas. El frío brutal del 
aire rozó mi desnudez, y él desabrochó sus pantalones. 
Sacó su dura y palpitante polla y habló con un tono peligroso. 
—No puedes dejarme. 
Colocando su cuerpo justo entre mis piernas, apoyó una palma en 
mi cuello. Respiré profundamente y separé tanto como pude mis piernas 
restringidas. 
—No iré a ninguna parte. 
Empujó dentro de mí y apretó su mano alrededor de mi garganta, 
presionando tan fuerte que mis ojos inmediatamente se llenaron de 
lágrimas. Estaba tan sorprendida por el movimiento que ni siquiera pude 
pronunciar una protesta. Me retorcí y apreté las manos contra su pecho 
mientras me follaba con fuerza y crudeza. La corteza del árbol arañaba 
 
 
14 
mi espalda y las venas se acumulaban con una presión tan intensa que 
podía sentir mi pulso desvaneciéndose en mi cabeza. 
—Bonita y muerta, bonita y muerta —decía Anthony una y otra 
vez. Sentí que mi mente se desvanecía. Mi vagina dolía con cada 
embestida. Barro y sudor salado cubrían mi piel, el calor resbaladizo 
pintaba mis muslos como un húmedo día de verano. Pegajoso. Incómodo. 
—Bonita y muerta. 
Sentí que mi visión se oscurecía. El pánico, como ácido, viajó por 
mis venas palpitantes. No. Luché contra mi instinto de supervivencia. 
Ciertamente, él no iba a matarme. Mi mente repasó su declive. Las 
montañas de cuerpos. Los entierros. La insatisfacción. Anthony era un 
hombre al límite desde hacía tiempo, pero yo no estaba preparada para 
saltar. 
Envolví mi mano alrededor de su muñeca, tratando de apartarla de 
mi garganta, pero aún así no se detuvo. 
Nuestros ojos se conectaron justo cuando sentí que mi conciencia 
se derrumbaba. Esto estaba mal. 
Y cuando mi mente se desvaneció en la nada, me pregunté si 
Anthony Civella estaría alguna vez lo suficientemente entero como para 
amarme. 
 
 
 
15 
 
 
Mi padre me dijo una vez que para sobrevivir en este mundo había 
que tener instinto asesino. Me aferré a esa lección, clavando mis dientes 
en la abundante carne de la violencia y sacudiendo a mis víctimas hasta 
que se desangraran. Era un impulso sediento. Matar o morir. Sangrar o 
huir. Era la misma forma en que un depredador podía percibir una 
debilidad en otro o cómo las balas encontraban su objetivo. Se necesitaba 
habilidad. 
Era lo que me impulsaba a proteger a mi familia y a la persona que 
amaba. 
Todos pensaban que la vida en la cima de la cadena alimenticia era 
estratégica y reflexiva. William seguro que adoptó ese enfoque de la vida. 
Pero una hoja sin filo no corta. Y había muchos enemigos a los que tenía 
que agarrar por el cuello si quería seguir en la cima. 
Llevaba unas semanas sintiendo que mi familia estaba al borde de 
algo terrible. Todos los días me despertaba con esa picazón de eliminar 
la amenaza, pero también luchaba con el hecho de que estaba dejando 
que esa amenaza entrara por la puerta principal y jodiera a mi chica. 
Anthony estaba detrás de las líneas enemigas de su mente y se acercaba 
a todos nosotros. No sabía cómo ayudar a mi hermano herido. Y fue en 
contra de todos mis instintos que envié a mi Juliet a la línea de fuego 
como un cordero, listo para ser sacrificado. 
Mi guardia, Luca, estaba sentado frente a mí, vigilando desde el 
asiento delantero. Lo había traído específicamente porque quería tener 
unas palabras con él. 
—Dime qué has observado esta semana. 
Luca, un hombre alto, con la mente puesta en el asesinato y el 
espíritu de un soldado, habló con un tono bajo. Era bueno en lo que hacía 
y se guardaba sus opiniones para sí mismo la mayor parte del tiempo. 
Realmente me importaba una mierda si estaba mal pagarle a alguien para 
espiar a Anthony y Juliet. 
 
 
16 
—Ella no pasó la noche con él esta semana. Él no quiso volver a 
meter los cuerpos en el congelador y ella no se sentía cómoda durmiendo 
junto a ellos. 
Maldije. Normalmente, priorizaba a Juliet por encima de todo. 
—¿Estaba enfadado? 
—Ella le dio un beso de buenas noches antes de subir las escaleras, 
y él comenzó a cortar la pierna de alguien. Prácticamente trituró al 
lamentable hijo de puta con un pico. Está enfadado, jefe. 
Anthony había desarrollado una gran rabieta. Era difícil para mí 
señalar la causa. Tal vez fue la traición de Vicky. Tal vez era toda una 
vida de sangre y asesinatos. Todos estábamos atrapados en la locura. Erase detuvo en el arcén de la carretera. 
Estábamos en algún lugar de Florida, la carretera abandonada estaba 
oscura y el aire era bochornoso. Mi sentido del humor morboso me hizo 
pensar que este era un gran lugar para deshacerse de un cadáver. 
A Anthony le encantaría. 
—¿Por qué nos detuvimos? —pregunté. 
—Siento haber intentado matarte —espetó. Fue una disculpa tan 
extraña y aparentemente carecía de sinceridad. 
—Gracias. Ahora me siento mucho mejor —respondí con sarcasmo. 
Afortunadamente, el auto estaba lo suficientemente oscuro como para 
que Vicky no pudiera verme poner los ojos en blanco. 
 
 
113 
Vicky se inclinó sobre la consola central y me agarró del brazo. 
—No tienes que perdonarme. Solo estoy pidiendo algo de la gracia 
que les das a mis hermanos, ¿de acuerdo? Todos estamos cortados por 
la misma tela. Sé por qué Anthony está aquí. Sé que Nick te llevó a un 
maldito tiroteo y casi te matan. William te traicionó. Nadie es inocente 
aquí. Y por mucho que te amo, la única diferencia entre mis hermanos y 
yo es que no puedo distraerte con sexo caliente, aunque estoy dispuesta 
si eso es lo que se necesita. 
Resoplé ante eso. Los chicos eran buenos dándome sexo para que 
los perdonara. Era patético y retorcido, pero podía ser honesta conmigo. 
A pesar de sus pollas superiores, el flujo constante de orgasmos no era 
la razón por la que seguía regresando. 
—Vicky, los chicos nunca pretenden ser algo que no son. Dejaste 
que tu mundo me tomara por sorpresa. Y pensé que éramos mejores 
amigas. Superando cualquier dificultad. No creí que fuera posible que 
algo se interpusiera entre nosotras. 
—Estaba intentando protegerte —insistió de inmediato. 
—Lo entiendo —presioné—. En serio, lo hago. Pero tu traición fue 
más profunda que cualquier otra cosa que hayan hecho porque nunca 
esperé que me lastimaras de esa manera. 
Vicky se secó las mejillas. Estaba tan absorta en mi propio dolor 
que no había notado que las lágrimas caían constantemente por su 
rostro. 
—Primero fuiste mía. —Observé a medida que se quitaba un trozo 
de pelusa de sus pantalones negros—. No tenía nada. Sin identidad fuera 
del apellido Civella. Sin libertad. Cada chico con el que salí estuvo 
conmigo para acercarse a mis hermanos. Cada nota que obtuve en la 
escuela fue porque la dirección de la escuela temía a Nicholas. Demonios, 
incluso mis padres no eran míos. Querían que los hijos transmitieran el 
apellido y dirigieran su imperio. ¿Sabes que Nick ya estaba pensando en 
casarme potencialmente? 
Sentí pena por Vicky. De verdad, lo hacía. Solo había estado en 
esta vida durante seis meses, y la naturaleza asfixiante me estaba 
matando. No podía imaginar por lo que estaba pasando. 
Pero aun así… 
—Pudimos haber hablado de ello. No tenías que ir a Cora. 
Vicky tomó una servilleta de nuestra bolsa de comida rápida y se 
sonó la nariz con fuerza. 
—Estaba triste y en este estado retorcido de lucha o huida. Me 
arrepiento de ello. 
Entender de dónde venía me ayudó a superar la ira que sentía 
hacia ella, pero aún había algo que me molestaba. 
 
 
114 
—¿Qué hay de Anthony? —pregunté. 
—¿Qué hay de él? 
Dejé escapar un suspiro áspero. 
—Vicky, dijiste muchas cosas hirientes sobre él. Él te ama tanto, y 
tu traición lo sacó de control. Eran cercanos. Como gemelos. 
Ella asintió. 
—Supongo que quería alejarte de él porque estaba celosa. Era un 
halago para mi ego saber que podía comunicarme con él. Me encantaba 
saber que Nick me necesitaba para calmarlo. Era lo único en lo que era 
buena. De lo contrario, no me respetaban. Y me preocupo por él. Fue una 
bofetada en la cara ver lo emocionado que estaba de verme. Después de 
todo lo que hice, ¿sabes cómo me saludó? 
—¿Cómo? —pregunté. 
Ahogó su respuesta con un sollozo. 
—Me abrazó, Juliet. Después de todo. Le dije que lo sentía, y él 
dijo… —Podía escuchar las emociones en su voz. El dolor crudo 
destrozándole la garganta—. Dijo que entendía. Estaba feliz de tenerme 
de nuevo en su vida. Fue un perdón que no me merecía. Supongo que, si 
alguien va a entender mi momento temporal de locura, sería él. 
Mi corazón se conmovió por el hombre que amaba, el amigo que 
perdí y el futuro que se sentía esperanzado e incierto al mismo tiempo. 
Los motivos de Vicky aún me parecían inciertos. No podía decir si estaba 
siendo genuina o si esto solo era otra trampa. Me molestaba que ya no 
pudiera leer a nadie al pie de la letra. Pero tenía que ver a dónde iba esto. 
Tenía que llegar a Anthony. 
Sabía que, si quería seguir adelante, si quería trabajar para que 
nuestra familia volviera a estar completa, tendríamos que dar un paso 
hacia la gracia para llegar allí. 
—Me esforzaré en perdonarte, pero nunca olvidaré lo que intentaste 
hacer —prometí—. Y debes esforzarte por aceptar mis relaciones con tus 
hermanos. 
Vicky asintió con entusiasmo. 
—Sí, creo que puedo hacer eso. Pero, ¿existe una relación? Ni 
siquiera has intentado llamarlos una vez. 
Estaba buscando información, pero no sabía cómo responderle. 
Anthony se había ido. Dibujé una línea en la arena con Nick. William me 
estaba dando el tratamiento silencioso. Era desgarrador y tóxico, pero 
tenía la sensación de que todos encontraríamos el camino de regreso con 
el tiempo. 
—Es realmente simple —murmuré, aunque estaba lejos de la 
verdad—. Los amo a todos. Solo necesito que me amen de la manera que 
merezco. 
 
 
115 
Vicky puso el auto en marcha y volvió a incorporarse a la autopista. 
—Maldita sea, así se hace. Dales duro, mejor amiga. 
 
 
 
116 
 
 
Cortinas amarillas. 
Brillante. Cálido. De mal gusto. 
No estaba seguro de cómo pagó Vicky por esta cápsula del tiempo 
de condominio de la década de los ochenta. Pero tenía vistas al océano, y 
si no tuvieras un alma como la mía, probablemente habrías disfrutado 
de lo vibrante y lleno de vida que era el espacio. 
Me daba comezón. Malditas cortinas amarillas. 
Me quedé mirando el reloj. Sé gentil, gentil, gentil, me recordé 
mientras tiraba de mi gorro. Mis nervios podridos estaban jodidamente 
disparados. Juliet estaba cerca. Lo sentía en mis huesos. Nick y William 
asaltarían este castillo, matarían al dragón y la llevarían de regreso a su 
torre afilada. 
Pronto no sería más que dientes y cenizas. Una escena del crimen 
delicada, barrida debajo de la alfombra. Comida para gusanos. Compañía 
para el muerto. El infierno sería una eternidad poniendo mi alma sobre 
la de ella y saber que yo causé esto, nos arruiné. 
—Gentil, gentil, gentil —susurré de nuevo. 
Ahora tenía reglas. 
No te quedes solo con Juliet. 
No la toques. 
No la lastimes. 
Encontré terapia en el fondo de un duro arrepentimiento. Sané mi 
mente porque tenía que hacerlo. La debilidad ya no era una opción. Mi 
obsesión por la muerte estaba encerrada nuevamente en esa cajita 
diminuta. Tuve que dejar salir mis problemas de abandono para que 
hubiera suficiente espacio, pero afortunadamente encontré a mi hermana 
en todo esto, por lo que mi miedo de quedarme solo nuevamente tenía un 
sofá para dormir y cortinas amarillas para mirar. 
 
 
117 
Pronto. Juliet estaría aquí pronto. 
Cansada. Herida. 
Nick y William estaban a una hora de Miami. Les daba dos horas 
antes de que un convoy estuviera estacionado frente al edificio de Vicky. 
Tres horas antes de morir. 
Pero no teníamos otra opción. Necesitábamos ayuda. 
El pomo de la puerta delantera giró, y los tendones de mi cuerpo 
se tensaron por la anticipación. Inhalé y miré la puerta hasta que se abrió 
lentamente, crujiendo mientras lo hacía. 
—¿Anthony? —llamó Juliet, su tono dulce lleno de alivio. Me 
preparé para sus ojos marrones y… 
—¿Qué mierda te pasó en la cara? —gruñí mientras caminaba 
hacia ella. Extendió la mano para frotar los restos de sangre seca en su 
sien y se estremeció cuando la alcancé. 
—Podría hacerte la misma pregunta. Anthony, tienes un montón 
de moretones descoloridos. Vicky me noqueó. Lo limpié, pero… —Envolví 
mi mano alrededor de su muñeca y tiré de ellahacia el baño. 
Tenía que quitarle la sangre. 
Sanarla. 
Ayudarla. 
Maldita sea, protegerla de todo. 
Incluyéndome. 
—Anthony, estoy bien —chilló a medida que la levantaba y la 
colocaba en el lavabo del baño. El estremecimiento que escapó de sus 
labios al momento en que estuvo en mis brazos me puso duro como una 
roca, pero ignoré la necesidad palpitante. Agarré una toallita, la mojé y 
limpié su herida ligeramente, fijándome en las cosas que tenía bajo mi 
control mientras ignoraba la tensión entre nosotros. 
—Está magullado —dije con voz monótona—. ¿Dónde está Vicky? 
—Herir a Juliet no era parte del plan. 
—Está estacionando el auto en una playa pública para llevar a Nick 
y William lejos por un tiempo y ganarnos algo de tiempo —respondió. 
Dejé caer la toallita y di un paso atrás. Luego otro paso. Entonces 
mi espalda golpeó la pared del baño. 
—No podemos estar solos juntos. —Mi voz temblorosa hizo que la 
habitación se sintiera más pequeña. 
Juliet arqueó la ceja hacia mí. 
—¿Qué quieres decir? Anthony, ¿por qué no podemos estar solos 
juntos? —Odiaba que me hablara como a un animal salvaje. ¿No debería 
estar exigiendo respuestas? ¿No debería odiarme por lo que hice? 
 
 
118 
Manteniendo mi espalda contra la pared, me alejé lo más lejos 
posible de ella, deslizándome por el pasillo hacia la sala de estar. Ella me 
siguió, presionando, presionando, presionando. 
—Anthony, ¿qué pasa? 
Una risa amarga escapó de mis labios. 
—Todo. Quédate ahí. No puedes… 
—¿No puedo qué? 
—No puedo estar a solas contigo —forcé a salir antes de apretar la 
mandíbula con tanta fuerza que estaba seguro de que me rompería todos 
los dientes. 
—Anthony, ¿no te fías conmigo? —preguntó Juliet a medida que se 
acercaba—. ¿O has terminado conmigo? 
Levanté mis manos como un escudo. Quería cerrar los ojos para no 
ver las lágrimas brotar de sus grandes ojos hermosos. 
—Juliet, no puedo lastimarte más. 
Envolvió sus brazos alrededor de sí misma y casi se derrumbó en 
el suelo. 
—Pero me estás lastimando, Anthony. No estoy bien si tú no estás. 
Te fuiste sin decir una palabra. 
—También te estrangulé. Te… te follé. Ni siquiera estoy seguro si lo 
querías o no. —Estaba tan disgustado conmigo que apenas podía 
respirar. Me había convertido en lo que más odiaba—. Y aquí estás. 
Mirándome con tanta compasión. 
—¿Y qué si te compadezco? —respondió Juliet—. Te he extrañado 
mucho. No tenía idea de dónde estabas o si estabas a salvo. Simplemente 
te fuiste, y ahora ni siquiera… 
Me acerqué a ella, apretando los puños con tanta fuerza que mis 
uñas se clavaron en mi palma. 
—Necesito que me odies —susurré—. Necesito que me grites. Me 
temas. Me golpees… 
Cortó mis palabras al marchar y abofetearme en la mejilla. El eco 
resonó en mis oídos, y el dolor punzante en mi piel me hizo sisear. 
Empujó mi pecho. Arañó mi cuello. 
—¿Esto es lo que quieres, Anthony? 
Se inclinó hacia adelante para arrastrar sus dientes afilados contra 
mi cuello antes de succionar con fuerza la piel allí. 
—Mierda —maldije, porque esto no se sentía como un castigo. Esto 
se sentía como la maldita cosa más caliente que me haya pasado. Acunó 
mi polla y me apretó por encima de los pantalones deportivos que estaba 
usando. 
 
 
119 
—Te castigaré, si eso es lo que realmente quieres. Pero prefiero 
amarte en su lugar. 
Se sentía tan cálida. Podía sentir su pulso vibrante bajo su piel, 
latiendo al compás de su corazón salvaje. Estaba viva y chisporroteando 
de energía. No había ni una sola parte de ella que se sintiera muerta. 
Y lo odié un poco. Ese era el problema conmigo. Se suponía que 
respirar era lo más natural del mundo, pero no podía hacerlo sin pensar 
en asfixiarme. Juliet estaba intentando resucitarme con su vitalidad 
contundente. 
—Espera —rogué. Apartándome de su agarre, me tomé un 
momento y estabilicé mi respiración. No podía perder el puto control de 
esta manera. Perder el control fue lo que me metió en este lío en primer 
lugar—. Nos arruiné —dije ahogadamente. 
Juliet me miró de arriba abajo, sus ojos suaves. 
—Anthony, ¿quieres permanecer arruinado? 
No negó que estábamos rotos sin posibilidad de reparación. Pero 
ofreció la oportunidad de reconstruir. 
—No puedo —susurré. 
—No —dijo Juliet—. He dejado que me folles con frío en mi piel. He 
enterrado cuerpos. He esperado. He bailado alrededor de tus necesidades 
y no me quejé ni una sola vez. Y no está funcionando, Anthony. Así que, 
o te sientes vivo conmigo o esta relación morirá. 
Se lanzó hacia adelante como un maldito maremoto, sin darme un 
momento para procesar sus palabras, su ultimátum. Sabía que, si me 
daban la mitad de la oportunidad, huiría de una puta vez. Mi cabeza 
estaba hecho un lío. No podía hacer esto. No podía ser lo que ella… 
Me besó. Caliente. Húmedo. Aplasté mis brazos a mis costados y 
presioné tan fuerte como pude. Tiró de la cinturilla de mis pantalones y 
envolvió sus manos calientes alrededor de mi polla mientras me 
prodigaba con su lengua danzante. Intenté quedarme quieto. En serio, lo 
hice. Pero ella me frotó tan bien, que me sacudí en su palma. Al momento 
en que un jadeo escapó de mis labios, profundizó el beso. Nuestra lucha 
con la boca abierta por el dominio lentamente, lentamente, lentamente 
aflojó cada articulación de mi cuerpo. 
Relajé mis manos y me estiré para agarrar sus caderas. Sacó su 
mano de mis pantalones, y gemí por la pérdida del contacto. Fijando sus 
ojos en mí, levantó su palma y la lamió delicadamente desde la muñeca 
hasta la punta de su dedo medio antes de continuar su trabajo 
frotándome. 
Mi mente era una corriente caótica de conciencia que no podía 
controlar. 
Y estábamos besándonos, chupando y follando con nuestras 
lenguas, maldita sea, no podía respirar, era tan bueno y luego ella me 
 
 
120 
llevó poco a poco hasta la jodida pared amarilla que odiaba con su sol y 
brillo, y luego me empujó contra ella y presionó su pulsante piel caliente 
contra la mía a medida que me arrancaba la ropa, me desgarraba la 
mente, me desgarraba el alma y sus manos en mi cuello y sus dientes en 
mis labios respiraron; ella estaba respirando, respirando, respirando con 
dureza, pequeñas pruebas de vida contra mi oído, gimiendo cuando 
amasé su seno, suspirando cuando le arranqué la ropa de su cuerpo, 
llorando cuando besé sus párpados con disculpas tiernas… no, no, no, 
era mucho, era demasiado… no, no, no, podía sentir mi corazón 
latiendo… no, no, no, se dio la vuelta y arqueó la espalda… sí, presionó 
su culo contra mi polla balanceándose… miró por encima de su hombro 
desafiándome a vivir. 
Respiré. 
Dentro y fuera. 
Calmé mi mente. 
Espera. 
Espera. 
Cada músculo de mi cuerpo se liberó, como veneno saliendo de mis 
poros. 
—Maldita sea —maldije antes de llevarla al sofá—. Te amo, Juliet. 
—La acosté gentilmente y me puse encima de ella. La besé 
profundamente. Me deslicé dentro de su coño resbaladizo. Dentro y fuera, 
dentro y fuera. El sexo era una metáfora de la vida. Simplemente no era 
lo suficientemente inteligente o lo suficientemente tranquilo para hacer 
esa conexión en este momento. 
—Lo siento mucho —sollocé mientras le hacía el amor. 
—Te amo, Anthony. Podemos superar esto. Por favor, no me dejes 
nunca más. 
—Lo siento mucho —repetí a medida que pasaba sus dedos por mi 
cabello y me miraba a los ojos con tanta devoción divina. 
Gentil, gentil, gentil. Dentro y fuera. Dentro y fuera. 
Lo iba a hacer mejor. Iba a estar mejor. 
Iba a ser digno de esta mujer hermosa que no merecía. 
 
 
121 
 
 
—Entoooonces, ¿vamos a esperar aquí a que aparezcan? —
pregunté mientras estaba sentada en el regazo de Anthony. Vicky estaba 
comiendo una taza de yogur en el sofá amarillo frente a mí. Esperé 
pacientemente su respuesta mientras lamía la cuchara. Esto se sentía 
extrañamente anticlimático para la situación. Después de viajar por 
carretera durante casi dos días sin escalas por todo el país desde Kansas 
City hasta Miami, había esperado que la reuniónfuera un poco más 
dramática. Anthony estaba frotando círculos pequeños en mi espalda con 
su pulgar. Ni siquiera se había molestado en ponerse una camisa. Tenía 
en la punta de la lengua pedirle que usara un chaleco antibalas. 
—Quiero decir, en este punto, sería vergonzoso si no lo averiguaran 
—dijo Vicky, con la boca llena de yogur—. ¿Han perdido su toque desde 
que me fui? 
Anthony se inclinó hacia adelante y besó mi cuello. 
—Pronto estarán aquí —murmuró—. Nick no puede pasar más de 
cinco minutos sin ver a Juliet. 
Mordí mi labio inferior. La verdad era que, Nick y William no me 
habían visto mucho estas últimas semanas. Había una inseguridad 
persistente en el fondo de mi mente haciéndome preocuparme, 
preguntándome si se habrían rendido conmigo. No es que los culpara. 
Les di un ultimátum, y tenía que mantenerme firme. 
—William probablemente querría ducharse y cortarse el cabello 
para su gran reunión —resopló Vicky—. Pasaría por el barbero todas las 
semanas antes de reunirnos en Dick’s Diner. 
Sonreí ante sus insultos fraternales. 
—¿Recuerdas su fase de colonia? —preguntó Anthony a medida 
que arrugaba la nariz. 
Vicky se atragantó. 
 
 
122 
—¡Lo peor! Tuvimos que rogarle que no se bañara en esa mierda. 
Pero no puedes hablar, Anthony. Cuando tenías once años, Nick tuvo que 
sujetarte y ponerte desodorante. ¿Por qué los adolescentes son tan 
repugnantes? 
Anthony se rio mientras negaba con la cabeza. 
—Leí en línea que a las mujeres les encanta el almizcle natural de 
un hombre. 
Vicky lo apuntó con su cuchara. 
—¿Nadie te ha dicho que no confíes en lo que lees en Internet? 
Mierda, menos mal superaste esa etapa. Juliet podría pasar por alto un 
montón de tus mierdas locas, pero de ninguna jodida forma ignoraría ese 
hedor. 
Sonreí con fuerza. Anthony se rio tanto que su cuerpo se 
estremeció. Nunca había llegado a ver cómo interactuaban los hermanos 
entre sí. Nuestra amistad se derrumbó y ardió tan rápido que me perdí 
una mirada al interior de cómo eran antes de que Vicky nos traicionara 
a todos. Fue agradable ver que tenían el potencial de ser normales. Me 
pregunté cómo serían si la presión de dirigir su organización no recayera 
sobre sus hombros. 
Un zumbido llamó mi atención, y Vicky sonrió alegremente 
mientras contestaba a su celular. 
—Número desconocido —nos dijo antes de hablar con quienquiera 
que estuviera al otro lado de la línea—. Hola, hermano mayor, gracias por 
jugar conmigo a la búsqueda del tesoro más épica del mundo. ¿Te gustó 
la nota que dejé en el auto de alquiler? Pensé que el código sería un buen 
toque. 
Señalé el teléfono, instándola en silencio a que lo pusiera en 
altavoz. Ella asintió y obedeció alegremente. 
—Vicky. Si lastimas un solo cabello… 
—Sí, no estoy de humor para amenazas —se jactó, interrumpiendo 
a Nick con facilidad. La forma despreocupada en que le habló a su 
hermano me recordó a Anthony—. No hemos hablado en seis meses 
enteros. ¿Qué pasó con “Hola? ¿Cómo estás?” 
—Vicky, tengo un francotirador con los ojos fijos en ti. Por cierto, 
es una camisa bonita. Es un soplo de aire fresco verte incorporando algo 
de color a tu guardarropa. 
Intenté saltar del regazo de Anthony para agacharme en el suelo, 
pero él me mantuvo en mi lugar, sus manos firmes agarrando mis 
caderas con facilidad. Lo miré cuando me susurró: 
—Está fanfarroneando. 
Vicky miró su camisola amarilla y sonrió. 
 
 
123 
—Hermano, me alegra que te esté gustando mi nueva vibra. Supuse 
que como ahora estoy en Miami, necesitaba un poco de brillo en mi vida. 
¿Por qué no vienes aquí y charlamos? Ya que nos tienes puestos los ojos, 
sabes que Juliet está sana y salva. Solo queremos hablar. 
—Vicky, podríamos haber hablado en Kansas City. No eres 
exactamente el miembro más digno de confianza de nuestra pequeña 
familia. —Su gruñido me hizo temblar. 
Ella resopló. 
—Eso es gracioso viniendo de ti. —Vicky sacó un vaporizador y dio 
una calada larga, sus ojos prácticamente poniéndose en blanco a medida 
que lo hacía—. Quería verte en mi territorio, hermano mayor. Creo que 
es bueno que te desvíen de tu juego de vez en cuando. De otra manera, 
nunca habrías dejado que Anthony o yo viéramos a Juliet. 
Nick maldijo. No sabría decir qué personaje era hoy. El jefe asesino 
de la mafia que mataba primero y luego hacía preguntas o el hombre 
cariñoso que iría hasta los confines de la tierra por mí. 
Hubo una pausa larga al otro lado del teléfono. Nick había armado 
el silencio. Sabía cuánto tiempo dejar que el silencio se extendiera para 
que su oponente se sintiera incómodo. Lo había visto hacerlo durante 
muchos interrogatorios durante los últimos seis meses. Él esperó. Y 
esperó. A medida que pasaron más segundos, Vicky se emocionó cada 
vez más. La sonrisa regordeta en su rostro aumento, y se relajó en su 
asiento. Parecía que Nick había conocido a su igual. 
—¿Qué quieres? —peguntó Nick. Me pareció extraño que se 
rompiera primero—. Y no me vengas con tonterías de que se trata de una 
conversación. Sé a ciencia cierta que no quieres una reunión familiar. Así 
que solo escúpelo, y acabemos con esto. Tengo planes para la cena. 
Vicky se miró las uñas. Anthony pasó su dedo índice por mi brazo, 
creando un abismo de piel de gallina que estalló por toda mi piel. Podía 
sentir su aliento caliente en mi cuello mientras esperábamos a que Vicky 
respondiera. Era extraño verla de esta manera. Estaba completamente 
en su elemento. Estaba acostumbrada a que Nick, William y Anthony se 
hicieran cargo a sus maneras respectivas. Sin embargo, Vicky era una 
tormenta propia. Fue criada de la misma manera brutal que sus 
hermanos y era más que capaz de manejarse sola en esta situación. 
—Quiero una conversación. Sin armas. Estoy segura de que tienes 
hambre de tanto viajar. ¿Puedo hacerte un sándwich? Vamos a tener una 
charla, y puedes dejar todo tu enojo y guardaespaldas abajo. —Se puso 
de pie y se acercó al frigorífico—. ¿Te gusta el salami, hermano? Por 
supuesto que sí. 
Otra voz cortó la línea. La reconocí de inmediato como William. 
—Solo hablemos con ellos —dijo en voz baja. Me imaginé a Nick y 
William discutiendo como siempre sobre cómo manejar la situación. 
 
 
124 
Después de apretar la mano de Anthony en mi cadera, me levanté y 
caminé hacia Vicky. Me tendió su teléfono celular y lo tomé de su agarre. 
—¿Nick? —llamé, usando su nombre real para apelar a su lado más 
suave. En este momento no quería al jefe. 
—¿Estás bien? Vi que estás magullada en las imágenes de la 
cámara de seguridad en la estación de servicio —se apresuró a decir—. 
¿Necesitas atención médica? 
Le di a Vicky una mirada severa. En su entusiasmo por traerme 
aquí estaba haciendo que las negociaciones fueran un poco más difíciles 
de sortear. 
—Estoy perfectamente bien. Anthony está aquí. Estoy a salvo. No 
dejaría que me pasara nada. —Lo miré a los ojos desde el otro lado de la 
habitación. Para mí era importante que Anthony me oyera decirles esto a 
sus hermanos. Necesitaba saber que le confiaba mi seguridad, y 
necesitaba que Nick y William también confiaran en él. Estaba cansada 
de que esta familia se viniera abajo por mi culpa. Era hora de que todos 
volviéramos a estar juntos. 
—Juliet, no me gusta esto —dijo Nick con voz grave y severa. Había 
una vulnerabilidad en su tono que me hizo romper. 
—¿Confías en mí? —pregunté—. Nick, ¿confías en mí para 
controlar la situación? 
Confianza y control. Esos dos conceptos estaban agotando nuestra 
relación. Luchó con eso, pero si alguna vez íbamos a tener una relación 
segura y feliz, él tendría que aceptar mi liderazgo a veces. 
—Confío en ti —dijo en voz baja—. Simplemente no confío en el 
resto del mundo. 
Lo entendía. Durante mucho tiempo, después de la desaparición 
de mi madre, también luché por confiar. El mundo entero era mi enemigo. 
Todos eran sospechosos. Y la gente que me importaba se volvió aún más 
preciosa para mí. El miedo me hizo estrechar contra mi pecho a los que 
amaba. Pero no era unaforma de vivir. 
—Confía en mí. Ven, cenemos juntos. Sin hombres. Sin armas. Sin 
amenazas. Puedes estar enojado con Vicky por la forma en que manejó 
esta pequeña reunión… 
Vicky resopló, interrumpiendo mi pequeño discurso. 
—Y qué si tengo un don para lo dramático —dijo poniendo los ojos 
en blanco. 
Continué. 
—Pero realmente necesitamos hablar. Todos. 
Nick se bañó en el silencio de mi declaración. Podía sentir mi 
corazón acelerado. A diferencia de Vicky, luché con el espacio vacío 
 
 
125 
instalándose, hirviendo, bullendo, ardiendo entre nosotros. Ansiaba la 
resolución y la paz. 
—¿Nick? —Soné débil. Él no respondió. La línea se cortó, miré a 
Vicky y me preocupé. ¿Qué significaba esto? 
Sin embargo, fue Anthony quien habló. 
—Ven a sentarte conmigo —me pidió en un tono cariñoso—. Lo 
hiciste genial. 
Me acerqué a Anthony con los hombros caídos, y me arrastré hasta 
su regazo una vez más. Acunando mi cabeza contra su pecho, Anthony 
acarició mi mandíbula y tarareó por un momento breve. 
—Lo hiciste perfecto —dijo Vicky con una sonrisa—. Estarán aquí 
en cualquier momento. 
Resistí el impulso de resoplar. Nick ni siquiera pudo responderme. 
La confianza y el control eran el catalizador de nuestra desaparición. Y 
cuando salió a la luz, Nick se negó a abrir el puño. 
—No va a venir. ¿Deberíamos escondernos? ¿Adónde siquiera 
iríamos? 
Vicky le dio los toques finales a su sándwich y le dio un gran 
mordisco. 
—Anthony es muy inteligente —comenzó antes de asentir en 
nuestra dirección—. ¿Utilizándote como escudo humano? Brillante. 
El pecho de Anthony retumbó por la risa atrapada en su garganta. 
—No la estoy usando como escudo. 
—Seguro. Quizás ahora podría sentarse en mi regazo. Creo que 
entre nosotros dos, es más probable que Nick me mate. Juliet, ¿quieres 
un abrazo? —No me divirtió la broma morbosa de Vicky. De hecho, estaba 
a punto de decirle lo de mal gusto que era, pero un golpe suave en la 
puerta principal me detuvo en seco. 
Vicky enderezó la espalda y miró hacia la puerta. A pesar de su 
acercamiento casual a todo este calvario, parecía nerviosa de repente. 
Con mi oído pegado al pecho de Anthony, pude escuchar cómo su pulso 
comenzó a acelerarse. Vicky se aclaró la garganta. 
—La puerta está abierta —llamó. Su apartamento sin llave parecía 
de alguna manera una metáfora. Vicky podría haberme traído aquí, pero 
estaba invitando a la sanación a su vida. Incluso si era motivada por el 
deseo de autoconservación, aquí estaba la oportunidad de ser mejores de 
lo que éramos. Estaba la oportunidad de sanar. 
El pomo giró lentamente, y contuve la respiración a medida que 
William cruzaba el umbral. 
Me sorprendió verlo aquí, aunque sabía que estaba abajo por lo que 
escuché por teléfono. La última vez que lo vi, se fue en una nube de humo, 
dejándome obsesionada con lo que significaba su silencio. Pensé que 
 
 
126 
habíamos terminado. Y odiaba no poder entender cuáles eran sus 
motivaciones para estar aquí. ¿Estaba siguiendo órdenes? ¿O él…? 
William casi se derrumba al suelo. Sus piernas temblorosas lo 
llevaron hacia mí. Anthony, mi hombre intuitivo, me bajó de su regazo y 
me acercó gentilmente a William. Sus brazos fuertes se envolvieron 
alrededor de mi cuerpo, y me sentí segura y cálida a la vez. William besó 
la suave piel de mi cuello. 
La ternura con la que me abrazó y salpicó besos a lo largo de mi 
piel expuesta se sintió inmaculada. Fue tan gentil conmigo, tratándome 
como un tesoro en lugar de una confusión. Y cuando se apartó para fijar 
su mirada en la mía, vi amor en sus ojos. Fue poderoso. 
—Estaba tan preocupado —dijo atragantado. Era como si las 
emociones lo estrangularan. Me sentí culpable por preocuparlo, pero de 
alguna manera, una parte más oscura de mí sentía que necesitábamos 
esto. William nunca iba a apreciar las partes de mí que tenía a menos 
que temiera perderme. 
—Estoy bien —respondí—. Lo prometo. 
William tomó mis mejillas, se inclinó hacia adelante y presionó sus 
labios suavemente contra los míos. La barba en su mandíbula rastrilló 
mi piel suave. Sabía a café barato de una gasolinera. Envolví mis brazos 
alrededor de su cuello y acaricié los cabellos despeinados de la parte 
posterior de su cabeza. Me levantó un poco. Nuestros cuerpos al ras del 
otro, y olvidé dónde estábamos, qué estábamos haciendo y por qué esta 
reunión era tan importante. Solo era William. Solo era yo. Era cada 
movimiento de su boca lo que sentí a medida que nuestra relación 
mejoraba. 
—¿Dónde está Nick? —interrumpió Vicky. Nos separamos, su beso 
dejándome mareada y aturdida mientras William me acurrucaba en su 
costado y envolvía su brazo alrededor de mis hombros. Ambos nos 
volvimos para mirar a Vicky, quien tenía sus brazos delgados cruzados 
sobre su pecho y una mirada de impaciencia en su rostro—. Lamento 
arruinar la pequeña reunión, pero en realidad no quería vomitar en mi 
cocina. Verlos besarse es como ver a un perro caminar sobre sus patas 
traseras. —Se estremeció como lo hacen las hermanas—. Mal. Muy mal. 
¿Dónde está Nick? —preguntó de nuevo. 
William miró alrededor de la habitación, deteniéndose cuando sus 
ojos se posaron en Anthony. Observé su enfrentamiento silencioso por 
un momento breve. ¿Qué dirían? Nick fue quien envió lejos a Anthony, 
pero William no necesariamente intentó detenerlo. Anthony era una 
persona indulgente por naturaleza, pero aún no sabía cómo reparar el 
puente que había entre ellos. Nick podría haberlo quemado hasta los 
cimientos, pero William sostuvo el fósforo. Anthony avivó las llamas. 
—Es bueno verte —dijo Anthony. No tenía miedo de recibir un golpe 
en su orgullo y hablar primero. Era una de las muchas cosas que amaba 
de él. 
 
 
127 
Vicky resopló molesta. 
William me acercó más antes de responder. 
—Nick está abajo. Tuvimos una pequeña discusión. Decidí subir 
aquí, él decidió que quiere matarnos a todos, por supuesto, excepto a 
Juliet. 
—¿Por qué es toda una reina del drama? —preguntó Vicky en tono 
exasperado. Dejó caer los hombros y dio otro bocado a su sándwich, 
mordiéndolo con enojo mientras nos miraba. 
William torció su cuello para ver el moretón en mi cara. 
—Eres la última persona que debería llamar a alguien reina del 
drama, Vicky —gruñó William—. ¿Qué es esto? —preguntó a medida que 
señalaba el moretón. 
Me sonrojé. 
—Estábamos fuera de Dick’s Diner. No estaba segura si había 
cámaras de video, así que tuve que hacer que pareciera convincente, o 
no habrían venido. 
—Queremos estar donde esté Juliet —argumentó William—. 
Podrías haberla hecho volar en primera clase, y hubiéramos caminado 
hasta Miami si era necesario. 
Su declaración fue discordante, considerando nuestro último 
encuentro. 
—En realidad, no tenía los medios para eso. Además, recuerdas lo 
mucho que Juliet y yo hablamos de hacer un viaje por carretera después 
de la graduación. Quería ese tiempo con ella. Y en estos días tengo que 
ser un poco reservada con mis viajes. 
Mordí el interior de mi mejilla. 
—¿Por qué? —preguntó una voz escalofriante. Cada músculo de mi 
cuerpo se tensó y, me volví lentamente para mirar hacia la puerta 
principal. Nick estaba allí de pie, con una pistola en una mano y un puño 
cerrado en la otra. Estaba mirando fulminante alrededor de la habitación 
brillantemente decorada—. Juliet —dijo en un tono autoritario—. Ven 
aquí ahora mismo. 
Vicky puso los ojos en blanco. 
—Se obtienen más moscas con miel que con vinagre —le dijo. Sin 
embargo, escuché un temblor ligero en sus palabras. No era tan fría como 
intentaba retratar. 
Me aparté un poco de William, y Nick debió pensar que me estaba 
moviendo para caminar hacia su lado. Su rostro estalló en una sonrisa 
oscura que hizo que la severidad de su expresión adquiriera un tono 
siniestro. Parecía un villano que había ganado. 
—¿Por qué no guardas esa pistola? —le dije. 
 
 
128 
La sonrisa en su rostro desapareció casi de inmediato. Levantó el 
brazo y apuntó con el arma a Vicky. El tiempo pareciódetenerse. Mi 
corazón se aceleró, y me moví rápidamente para pararme frente a ella. La 
traición en el rostro de Nick aplastó mi espíritu. 
—¿Qué estás haciendo? —preguntó. 
—Por favor —le rogué—. Baja el arma. 
Nick miró alrededor de la habitación con movimientos 
espasmódicos y maníacos. Vi cómo se lamió el labio inferior. 
—Esto es ridículo —dijo. Me estremecí, y él me tendió la mano libre 
una vez más—. Ven aquí y no haré daño a nadie. 
Sabía que estaba mintiendo. 
—Nick. Solo necesitamos hablar. Todos. Vicky está en peligro —
dije. No era exactamente cómo quería explicarle las cosas, pero en ese 
momento estaba mirando por el cañón de una pistola dirigida a alguien 
que hace apenas seis meses intentó matarme. 
—No me jodas, ¿ella está en peligro? —espetó—. Regresó a Kansas 
City, te lastimó, te trajo aquí, ¿y ahora quiere tomar las decisiones? 
Juliet, no podemos confiar en ella. La única persona en este mundo en 
la que puedes confiar soy yo. 
Negué con la cabeza. 
—Confío en ti. Pero también confío en William. Y Anthony. —Miré 
alrededor de la habitación, compartiendo una mirada tierna con ambos 
antes de volverme hacia Nick—. Y puede que aún no confíe plenamente 
en Vicky, pero le creo. Por favor, déjanos explicarlo. 
Nick escaneó la habitación, como si evaluara las probabilidades en 
su mente. Sabía que Anthony estaba desarmado. Vicky tenía una navaja 
en el bolsillo, pero no una pistola. William probablemente estaba cargado, 
pero no estaba segura de qué lado estaba. 
—Tienes cinco minutos. 
Mis ojos se abrieron de par en par. 
—Todo lo que necesito son cinco minutos —respondió Vicky con 
aire de suficiencia. 
 
 
129 
 
 
Vicky era una maldita mentirosa. Anthony era hombre muerto. 
William era tan útil como un pañuelo de papel húmedo, ¿y yo? Mi yo 
patético estaba sometido por un coño. 
El hermano caníbal de Cora supuestamente estaba persiguiendo a 
Vicky. Qué lástima. Quizás no debería haber estado trabajando con el 
psicópata en primer lugar. A mi modo de ver, esto era el karma 
trabajando a mi favor. 
—Entonces, ¿qué vamos a hacer? —preguntó William. 
Todos me miraron. Este era el puto problema de nuestra familia. 
Nadie quería escuchar a menos que fuera en sus términos. Solo se 
sometían a mí si era para salvar su propio trasero. Nadie quería ser el 
malo. Nadie quería ensuciarse las manos. 
Miré a Juliet, que estaba sentada tranquilamente en el sofá junto 
a William. Toda esta puta situación me cabreaba jodidamente. Ella 
debería estar sentada a mi lado. Mientras nos dirigíamos al aeropuerto. 
Mientras que todo este edificio ardía hasta los cimientos. 
—No voy a hacer nada —respondí, aunque un poco engreído. 
Tal vez empezarían a apreciarme más si dejaba de dejar toda 
maldita cosa para ayudar. Estaba cansado. Acababa de pasar las últimas 
veinticinco horas conduciendo hasta el puto Miami de todos los lugares 
en busca de una chica que ni siquiera estaba en problemas. Quería tomar 
el jet, pero William dijo que tendríamos más posibilidades de verlas en la 
carretera si íbamos en caravana. Si nunca volvía a ver otro camión de 
dieciocho ruedas, estaría bien para mí. 
De acuerdo, estaba agradecido de que Juliet estuviera a salvo, 
aparte del hematoma desagradable en el costado de su cara, Vicky 
pagaría por eso, pero esto era ridículo. La única razón por la que no 
estaba más enojado con Juliet era porque prácticamente la empujé a 
hacer este truco. Estaba aquí por Anthony. Nos dijo que haría cualquier 
cosa para recuperarlo, y debí haberla creído. La desafié a que saliera de 
 
 
130 
Kansas City y lo encontrara, y usó el primer chivo expiatorio que pudo 
encontrar para llegar aquí. Pero, honestamente, ella no esperaba que me 
quedara, ¿verdad? Vicky estaba usando a Anthony para llegar a Juliet y, 
por extensión, a mí. No confiaba en mi hermana ni un poco. 
—¿Qué quieres decir con que no vas a hacer nada? —preguntó 
Juliet. Sobreestimaba mis instintos protectores. Cuando eché a Vicky de 
nuestra familia, terminé. Mi árbol genealógico estaba envenenado. Vicky 
quemó sus puentes, y ahora tenía que remar en su propio maldito bote—
. ¿No estás escuchando? El hermano de Cora está loco —presionó Juliet. 
Le arqueé una ceja. 
—¿Dices que le gusta la sangre? Le enviaré una botella de O-
negativo perfectamente añejado por ahorrarme la molestia de matar a 
Cora. El enemigo de mi enemigo no es alguien a quien en realidad quiera 
enojar. Quizás Vicky debería haber pensado en eso antes de empezar a 
trabajar con ellos. 
—No lo recuerdas, ¿verdad? —preguntó Vicky mientras me miraba 
con los ojos entrecerrados. 
—¿Qué recuerdo? 
—Le disparaste. Cinco veces, para ser exactos. 
—Le disparo a mucha gente. 
La pierna de Vicky comenzó a rebotar de arriba hacia abajo, un 
movimiento característico que me hizo saber que se estaba volviendo 
jodidamente loca. 
—Me envió cartas. Flores. Recibí una caja con un dedo meñique 
cortado antes de venir aquí. 
Fruncí el ceño. 
—Siempre dijiste que querías un hombre que te prodigara con 
regalos. Solo porque sean hechos a mano no significa que no sean tan 
especiales —le respondí con sarcasmo. 
—Eres un imbécil —gruñó Vicky. 
Había una parte pequeña de mí, una parte minúscula en mi alma, 
que sentía lástima por Vicky. Era como una memoria muscular. Después 
de jurar cuidar de ella, era difícil separar esa responsabilidad persistente 
en mi alma. Afortunadamente, era bueno ignorando la culpa. De lo 
contrario, no podría llegar a la cima de esta cadena alimentaria. 
—No solo es Vicky. Está matando a otros —dijo Anthony. 
Miré a Anthony y tuve que obligarme a no lanzarme hacia su cuello 
y apretar hasta que su cabeza saltara y rodara por el suelo de la sala. 
—¿En serio estás intentando decirme que te preocupas de repente 
por el valor de la vida humana? —pregunté con incredulidad antes de 
levantar las manos en el aire—. ¿Tú? ¿De todas las personas sentadas 
 
 
131 
aquí estás diciéndome que él es una amenaza para la sociedad? ¿Te has 
mirado últimamente al espejo? 
—Tenemos que detenerlo. —Juliet tenía un hermoso ceño fruncido 
en su boca besable. No quería nada más que follarla hasta que recuperara 
algo de sentido común. 
—No somos la policía. La última vez que lo comprobé, somos los 
malos. No me importan las víctimas al azar en Miami de todos los lugares. 
No está en nuestro territorio, así que no es nuestro problema. Deja que 
el cartel se ocupe de él. 
Juliet negó con la cabeza, y vi que se le formaban lágrimas en los 
ojos. Mierda. Esa única y sangrante emoción era mi única debilidad en 
este mundo. Podía manejar casi cualquier cosa excepto ver llorar a mi 
chica. Suavicé un poco mi tono, aunque aún estaba bastante cabreado. 
—Juliet, vámonos a casa. Incluso concederé asilo temporal a 
Anthony y Vicky en Kansas City si eso significa que podemos salir de esta 
mierda húmeda. 
Anthony puso los ojos en blanco. Al menos estaba actuando con 
normalidad estos días. Vicky siempre tenía ese efecto en él. Si Juliet 
estaba jodidamente decidida a mantener al psicópata cerca, entonces 
probablemente también necesitaba quedarme con Vicky, solo para tener 
a alguien más para asegurarme de que no volviera a caer en la puta 
mierda. 
—No quiero volver a Kansas City —interrumpió Vicky—. De hecho, 
me gusta estar aquí. 
Siempre estaba buscando una discusión. Nunca quería aceptar la 
solución fácil, incluso cuando estaba siendo generoso y servicial. 
—O te quedas aquí y mueres, o vuelves a casa y vives. No voy a 
discutir contigo, no voy a ayudarte. Este no es mi problema. Tienes suerte 
de estar viva. De hecho, tanto tú como Anthony deberían estar mirando 
a Juliet y besando sus malditos pies. Porque si a ella no le importaran 
ninguno de los dos, ambos estarían a tres metros bajo tierra. 
No era propio de mí admitir mis debilidades ante todo el mundo, 
pero dejé que la verdad escapara en un momento de ira. Junto a Juliet, 
William pareció presumido. Por supuesto, le gustó saber que era un 
bastardo débil.—Nick, me preocupo por las víctimas aquí —dijo en voz baja. 
Escuchar mi verdadero nombre en los labios de Juliet me dio ganas de 
empujarla contra la pared y saborear esas sílabas en su lengua—. 
Tenemos que hacer algo. 
Sentí que había una lucha oculta en guerra en su alma. Juliet 
sentía empatía por las víctimas de los criminales. Lo que hacía que 
nuestra relación fuera mórbidamente irónica. Cuando se enteraba de que 
alguien estaba muriendo, no veía a un extraño, veía a su madre. Sin 
importar lo mucho que había sanado de eso, era imposible para ella 
 
 
132 
seguir adelante. No tuvo cierre. Ni cuerpo. Ni respuestas. Solo una 
persona desaparecida. Era devastador, y en momentos como este, 
desearía poder retroceder en el tiempo y matar a quienquiera que haya 
retorcido sus pensamientos de esta manera. 
—No nos corresponde —dije en voz baja. 
Juliet, que parecía querer elegir sus batallas, cerró la boca con 
fuerza y cruzó los brazos sobre su pecho. Ya había ganado. Iba a dejar 
que Anthony volviera a casa con nosotros, y la puerta estaba abierta para 
Vicky. Sabía que si me presionaba más, atacaría las dos cosas que más 
deseaba en este momento. 
—Bueno, estoy tan feliz de haber conducido hasta aquí para tener 
esta jodida discusión sin sentido —dije antes de aplaudir. No me gustaba 
estar lejos de mi reino. Tenía demasiados enemigos ansiosos por tomar 
el control, y tener a todos aquí era una oportunidad que nunca había 
querido crear. Quizás ese fue el plan de Vicky desde el principio—. 
Hablaré con mis hombres y tomaré un avión privado dentro de las 
próximas dos horas. Si todos pudieran abstenerse de hacer algo estúpido 
durante tan poco tiempo, sería muy apreciado. 
Juliet suspiró profundamente y se frotó la frente con la punta de 
los dedos. Esto estaba lejos de terminar. Tenía planes de llevarla de 
regreso a mi casa, donde pertenecía, y azotarla. Luego, hacer que se corra 
tan fuerte que se desmayara. Y luego despertarla solo para que pudiera 
tragarse mi ira una vez más. 
Asentí a William, sobre todo porque era la única persona en esta 
habitación en la que al menos tenía una fracción de confianza. No dejaría 
a Juliet fuera de su vista ni por un momento. 
El edificio de condominios de Vicky era viejo y un peligro para la 
salud. El moho estaba creciendo en la escalera, y había algunos 
personajes bastante sombríos viviendo junto a ella. No era exactamente 
lo que imaginé para mi hermana, y tuve que resistir el impulso de ignorar 
sus deseos y sacarla de este lugar y ponerla en un lugar más seguro. Lo 
cual era una compulsión extraña, considerando que ambos estuvimos 
amenazándonos mutuamente con asesinarnos hace solo unos meses. 
Supongo que, la sangre era más espesa que el agua y más fuerte que el 
resentimiento. 
Me dirigí al estacionamiento para ver a Luca, pero me detuve en 
seco cuando noté a un hombre parado debajo de una farola, agarrando 
una caja con un lazo rojo brillante. Tenía una actitud sombría que me 
hizo arquear la ceja. Estaba a un par de metros de mis guardias, pero 
dirigí mi atención por completo a este hombre extraño. Tenía cabello 
oscuro, vestía ropa oscura y tenía ese aspecto furtivo a su alrededor. 
Siguió torciendo el cuello de un lado a otro, mirando alrededor del 
estacionamiento en busca de algo. 
 
 
133 
Mis instintos me gritaron. Algo andaba mal con este hombre. 
Estaba temblando con fuerza y aferrando la caja en su mano como si 
fuera un salvavidas. 
Tenía las mejillas mojadas por las lágrimas y, a primera vista, 
pensé que era un drogadicto. 
Pero no, estaba angustiado. 
Aún no se había dado cuenta de que lo estaba mirando, pero sacó 
su teléfono y marcó un número frenéticamente. 
—Señor, su auto no está aquí. —El hijo de puta debilucho tenía 
una voz temblorosa y casi dejó caer la caja en sus brazos mientras 
hablaba. Reconocía el miedo cuando lo veía. Demonios, yo causaba 
miedo. Era producto de muchas pesadillas—. Hay gente mirando. No me 
siento cómodo… 
El tipo sollozó más fuerte. Quienquiera que estuviera en la otra 
línea lo estaba asustando jodidamente. 
—Por favor, no la lastimes —suplicó. 
No pude evitar sentir curiosidad. Saberlo todo era otra lección que 
me enseñó mi padre. Dijo que nunca debía avergonzarme de buscar 
respuestas, porque cuanto más sabía, más poderoso era. Miami y todas 
sus mierdas no eran de mi incumbencia, pero mi instinto me decía que 
fuera a hablar con el tipo. 
Saqué mi arma de mi funda y me acerqué a él lentamente. El cielo 
nocturno me veló en la oscuridad, pero mis hombres estaban en sintonía 
conmigo. Pasaron de apoyarse en el auto a enderezar la columna y seguir 
mi movimiento. Levanté una mano, advirtiéndoles en silencio que se 
quedaran atrás. Mi víctima estaba tan consumida con su llamada 
telefónica que ni siquiera se había dado cuenta de que me estaba 
acercando. 
—Por favor. Déjala ir. 
La súplica me hizo sonreír. Un sabio nunca mendigaría. Cuanto 
más muestres tu mano, más fácil será para tus enemigos destruirte. Dejó 
caer su teléfono celular y cayó de rodillas en un ataque de sollozos. La 
caja aterrizó junto a él en el cemento a medida que me acercaba. 
—¿Hay algún problema? —pregunté mientras lo observaba. Olía 
como si no se hubiera duchado en un par de días y, a pesar de vivir cerca 
de la playa, estaba pálido como un fantasma, como si toda la sangre se 
hubiera drenado de su cuerpo. 
—Tenemos que salvarla. Tenemos que salvarla. —El hombre estaba 
divagando sobre algo, pero esta caja fue lo que llamó mi atención. Un 
cierto hedor en el aire, un olor con el que estaba familiarizado pero que 
no podía ubicar en ese momento. 
Me agaché lentamente a medida que el hombre rompía por 
completo en sollozos. Estaba tan angustiado que ni siquiera me miró, ni 
 
 
134 
siquiera reconoció mi presencia. Era extraño ser ignorado así. Era el tipo 
de hombre que infundía terror en los demás, pero cualquier cosa que lo 
tuviera agarrado por las bolas era mucho más aterradora que yo. 
Quité la cinta roja sangre muy despacio de la caja antes de levantar 
la tapa. Fui abofeteado de repente en la cara por el olor de la carne 
podrida y fruta fermentada. Era un hedor dulce, en descomposición, y 
agrio. Me dieron arcadas. El hombre dejó de llorar y se me quedó 
mirando. 
—Usted no quiere saber lo que hay allí —clamó. 
Seguí levantando la tapa, y lo que vi hizo que se me cuajara el 
estómago. En la caja había tiras de piel clavadas a un elegante cuadrado 
de cartulina y tela. La piel tenía distintos tonos y había sido tallada en 
una fuente tipográfica. 
Vicky, decía. 
Una mosca invadió el regalo elegante pero espantoso, y comenzó a 
arrastrarse a lo largo de las letras cursivas. La piel estaba dura, como si 
se hubiera conservado de alguna manera, pero era dolorosamente 
identificable. 
Dejé caer la tapa y me enderecé. El hombre había vuelto a llorar y 
mecerse. 
—¿Quién te dio esto? —gruñí. ¿Este era algún tipo de truco? Mi 
primer instinto fue pensar que se trataba de Vicky intentando 
convencerme de que emprendiera cualquier persecución salvaje que 
fuera. Pero ni siquiera ella haría algo tan repugnante. 
A pesar de mi tono enojado, el hombre ni siquiera se inmutó. Tomé 
el cuello de su camisa y lo levanté de un tirón. 
—Dime quién te envió —exigí. Su cuerpo cayó en derrota a medida 
que me miraba con los ojos inyectados en sangre. Sus labios estaban 
agrietados, y tenía una expresión desesperada en su rostro que conocía 
bien. Era la mirada de un hombre que se había rendido por completo. 
—El diablo —murmuró incoherentemente. Lo sacudí con todas mis 
fuerzas. 
—Dime —exigí de nuevo. 
Más lágrimas corrieron por su rostro, y mocos gotearon de su nariz, 
aterrizando en su labio superior. De cerca, pude ver los círculos oscuros 
debajo de sus ojos. Tenía suciedad en la piel, y su camisa estaba 
arrugada. Tenía suficiente grasa en el cabello para freír pollo. 
—Va a comérsela —dijo—. Ya le quitó la mano. 
Sentí que mis guardias estaban detrás de mí. Estaban en alerta,listos para derribar a este tipo, aunque no estaban seguros de lo que 
estaba pasando. 
 
 
135 
—¿A quién se va a comer? —pregunté. Se sintió como una pregunta 
tonta, algo que nunca imaginé que saldría de mi boca. 
—A mi esposa —sollozó. Su voz rota estaba cargada de tanta 
emoción destripada—. Tiene a mi esposa. Se suponía que debía seguir a 
esta señorita llamada Vicky. Se suponía que debía entregar este regalo. 
Pero no pude encontrar su auto —divagó—. Solo soy un profesor de 
inglés. No soy un investigador privado. 
Mierda. 
—Dime dónde está —exigí. 
—N-no lo sé. Solo lo veo en ese teléfono. 
Dejé caer al idiota y no me inmuté cuando se derrumbó una vez 
más sobre el cemento. Uno de mis hombres tomó el teléfono celular y me 
lo entregó. Naturalmente, la pantalla estaba rota. Maldita sea, inútil. Si 
alguien tuviera a Juliet, no me sorprenderías sollozando en el cemento. 
¿Cómo este hombre podía decir que amaba a su esposa y aun así darse 
por vencido tan fácilmente? 
Llegó un mensaje nuevo, y lo abrí. Había una sola imagen. La 
composición estaba destinada a sorprender a cualquiera, pero mi 
frecuencia cardíaca ni siquiera aumentó. Estaba insensible a la 
destrucción y la muerte. 
—Tu esposa está muerta —le dije en un tono aburrido. En la foto, 
su cuerpo sin vida estaba sobre una mesa, y su pecho izquierdo había 
sido cortado, dejando un agujero carnoso a su paso. Su piel suave estaba 
despedazada y en carne viva. Sangre fresca y cálida cubría cada 
centímetro de su cuerpo. Quienquiera que fuera esta persona, era 
descuidada y engreída. No me atraparían ni muerto con evidencia 
fotográfica de mi asesinato. 
El hombre dejó escapar otro grito de derrota mientras miraba hacia 
el oscuro cielo nocturno, llorando al cielo con ambas manos apretadas en 
puños enojados. Ni siquiera podía obligarme a sentir simpatía por él. No 
había piedad en mi mirada. Era débil. No era lo suficientemente fuerte 
para proteger a los que amaba. Era la supervivencia de los despiadados. 
—Déjame ver —suplicó. Me encogí de hombros. Un hombre más 
amable probablemente le habría ocultado la imagen gráfica, pero 
esconderse de la realidad nunca le hizo ningún bien a nadie. 
Levanté el teléfono y él lo miró con ojos nublados. 
—Nena —gruñó. Si hubiera sido posible morir de dolor, habría 
dejado este mundo en ese preciso momento. Estaba horrorizado. 
Aturdido. Estoy seguro de que era algo que lo atormentaría hasta el final 
de sus días. Bien. 
Guardé el teléfono rápidamente en el bolsillo y me volví para mirar 
a Luca. 
 
 
136 
—Llévalo a un lugar seguro. Me gustaría hacerle algunas 
preguntas. 
Luca pareció en conflicto, pero asintió obedientemente. 
—¿Nos quedaremos en Miami por un tiempo, jefe? —preguntó. 
Saqué un porro de mi bolsillo y un encendedor. Esperó mi 
respuesta mientras lo encendía y tomaba una calada lenta. Dejando que 
el humo y la euforia llenaran mis pulmones, debatiendo mi respuesta 
durante un buen minuto. 
—Nos quedaremos aquí por un par de días. 
 
 
137 
 
 
Me sorprendió lo eficiente y organizado que podía ser mi hermano 
cuando le convenía. Dejaba que las facturas y los extractos bancarios se 
amontonaran en una pila en su escritorio, pero cuando se trataba de 
torturar a un hombre, había asegurado un almacén en una hora y ya le 
había arrancado cada uña de los dedos. 
No quería estar de pie en este almacén húmedo, escuchando los 
gritos espeluznantes mientras veía a mi hermano despedazar a un 
hombre inocente en pedazos. No estaba seguro de que estuviera haciendo 
esto para ayudar a Vicky. Creo que tenía un montón de ira reprimida 
guardada en su alma, y este hombre era la víctima perfecta para 
desatarla. 
—Por favor. No sé dónde está —gritó el hombre. Nick estaba 
realmente en su elemento, golpeando su palma con la punta de un 
martillo a medida que veía al hombre por debajo de su nariz. 
—Amabas a esta mujer, y dejaste que la lastimaran —se burló Nick. 
No hacía falta ser un terapeuta para reconocer que mi hermano estaba 
proyectando—. Si fueras un hombre, me dirías dónde está para que al 
menos puedas morir sabiendo que vengaste su muerte. 
—No lo sé —sollozó. Nick tomó impulso y golpeó las rótulas del 
hombre sollozando con el martillo. Una especie de crujido estremecedor 
hizo que la bilis subiera por mi garganta. Sus gritos llenaron el almacén 
vacío, y uno de nuestros hombres se estremeció ante la brutalidad. Esto 
solo era el principio. Nick sabía cómo prolongar la tortura. Lo haría sufrir, 
pero lo mantendría con vida hasta que toda la esperanza fuera arrancada 
de su cuerpo. 
El hombre gritó hasta que su garganta estuvo en carne viva. Los 
mosquitos me picaron y les di un manotazo mientras miraba el 
espectáculo. 
—Cobarde —gruñó Nick—. Nada más que un maldito cobarde. 
 
 
138 
Revisé mi reloj. No íbamos a ninguna parte con esto. Era obvio que 
este hombre ya nos habría dado toda la información que tenía. Nick solo 
necesitaba a alguien para darle una paliza. 
—Me voy —respondí en un tono aburrido. 
Nick, con las mangas arremangadas y sus ojos salvajes 
prácticamente resplandeciendo en la noche oscura, giró sobre sus talones 
para mirarme. 
—No hemos terminado aquí —gruñó—. Aún tengo información que 
necesito conseguir. 
Miré al patético desastre de hombre en un montón arrugado en el 
suelo y arqueé la ceja. 
—Él no sabe una mierda. Su esposa fue secuestrada de un club 
nocturno llamado Space. Sería mejor emplear mi tiempo mirando sus 
imágenes de seguridad. 
—Será mejor emplear tu tiempo donde sea que te diga que estés —
gruñó Nick. No le gustaba cuando tenía mejores ideas. Y ahora mismo, 
estaba metido hasta las rodillas en su mierda. 
Ya había superado esto. Quería resolver esto para poder volver con 
Juliet. No me gustaba que estuviera en casa de Vicky con Anthony. 
Aunque Nick hubiera colocado algunos guardias en su casa, no era lo 
ideal. 
—Entonces, ¿quieres que me quede aquí y te vea matar a este 
hombre en lugar de ser realmente productivo? Solo quiero asegurarme de 
que entiendo correctamente. 
Mi razonamiento hizo que su labio se crispara con ira. El 
resplandor de la única luz del techo dándole una mirada amenazadora. 
—¿Recuerdas la primera vez que nuestro padre nos llevó a una sala 
de interrogatorios? —preguntó Nick. Tuve una reacción visceral a su 
pregunta. Mi estómago dio un vuelco y una ola de sudor rompió mis 
poros. Tuve que tragarme los nervios mientras Nick continuaba—: Por 
supuesto que lo recuerdas. ¿Cómo podrías olvidar? 
Nick se acercó lentamente a mí. 
—¿Cuál es tu punto? —pregunté con brusquedad. 
—Eras tan débil. Papá quería que le rompieras el dedo, pero no 
pudiste hacerlo. —Se paró cara a cara conmigo, con una mancha de 
sangre en la cara y la banda sonora de su víctima gimiendo de fondo—. 
¿No lloraste? 
Incliné mi barbilla hacia arriba. Tenía unos putos siete años. A 
diferencia de Nick, el mal no era algo innato en mi psique. Solo era un 
niño normal que quería jugar videojuegos. Cuando papá me entregó el 
martillo, quise vomitar. Se sintió mal. 
 
 
139 
En retrospectiva, comprendía que fue un momento decisivo en mi 
infancia. Fue entonces cuando mi padre se dio cuenta de que no estaba 
hecho para este trabajo. Fue entonces cuando me convertí oficialmente 
en el eslabón más débil, la decepción. Esa misma noche, Nick mató a su 
primer traidor, y ha tenido una mancha permanente de sangre en sus 
manos desde entonces. 
—Creo que este podría ser un momento de redención para ti, 
William —dijo Nick con una sonrisita—. ¿Por qué no acabas con él por 
mí? 
Puse los ojos en blanco cuando Nick me tendió el martillo para que 
lo tomara. 
—He matado y torturado a muchos hombres a lo largo de los años. 
No tengo nada que demostrarte. 
Nick presionó el borde de metal del martillo contra mi mejilla a 
medida que se inclinaba más cerca. 
—Necesitas demostrar tu valía con cada respiro que tomas, 
hermano. 
Una rabia como un maremoto se acumuló en mi pecho. ¿No me 
había probado ya? Me habíaestado encargando en silencio de muchas 
cosas detrás de escenas sin ningún reconocimiento. Había construido 
nuestro club. Incluso había compartido la mujer que amaba. Matar a este 
hombre no significaba nada. 
Por un momento, fantaseé con la idea de agarrar el martillo y 
golpear el cráneo de Nick. Él era la fuente de todos mis problemas. La 
vida sería mucho más fácil si se fuera. Ya no era la decepción de los siete 
años. A pesar de que no podía quitarme de la cabeza el ceño fruncido de 
mi padre, podía borrar la presunción de mi hermano. 
Tomé el martillo y mantuve mi rostro vacío de toda emoción. Solo 
era otra muerte. Solo otro grito. Otro hueso roto. Otro cuerpo para que 
Anthony lo entierre. 
No pude evitar sentirme pequeño en ese momento. Todos los ojos 
estaban puestos en mí, y mi mente errante sintió la presencia de mi padre 
en ese almacén. Casi podía imaginarlo parado en la esquina, frunciendo 
el ceño con desaprobación. 
—Vamos, William. Tuve mi primera muerte a tu edad. 
—Es un traidor. Los hombres Civella no dejan vivir a los traidores. 
—Maldita sea, no llores, William. 
A medida que arrastraba mis pies por el suelo de cemento, mi traje 
empezó a sentirse demasiado grande. Mis hombros se hundieron. 
Respiré, el olor a orina como una bofetada en la cara. 
 
 
140 
La víctima estaba meciéndose en el suelo, sujetándose el muslo y 
sollozando de dolor. Se desmayaría muy pronto. Me habría gustado que 
lo hiciera. Este tipo de dolor era innecesario. 
—Por favor, no me hagas daño —sollozó. 
Miré por encima del hombro a mi hermano, que se frotaba las 
manos con júbilo. Estaba tan jodido de la cabeza. Durante tanto tiempo, 
quise su vida, su privilegio y aprobación. Pero aprendí por las malas que 
no había solo un maldito camino hacia la cima. Era más inteligente. 
Trabajaba más duro. 
Me agaché para mirarlo a los ojos. Tenía un corte a lo largo de la 
ceja. La herida abierta enviaba un flujo constante de sangre por su rostro. 
Lo secó con el dorso de su mano mugrienta y gimió. 
—¿Por qué tu esposa? —pregunté—. Podría haberse llevado a 
cualquiera, ¿por qué se llevó a tu esposa? 
Otro sollozo brotó de sus labios agrietados. 
—N-no lo sé. Coraline no hizo nada malo. Era inocente. 
¿Coraline? Ese nombre era demasiada coincidencia. 
—¿Su nombre era Coraline? —pregunté mientras inclinaba la 
cabeza hacia un lado. Tal vez podía relacionarme con este hermano. Tal 
vez odiaba a su hermana tanto como yo lo hacía. 
—Siguió llamándola Cora —gritó el hombre—. No lo entiendo. ¿Por 
qué la lastimaría? Era tan amable y generosa. Iba a la universidad por 
trabajo social. —Sollozó. El único crimen de la pobre mujer fue compartir 
un nombre con una criminal. Este psicópata ni la vio, todo fue provocado 
por su nombre. 
Lo correcto sería sacarlo de su miseria. Una muerte rápida. No era 
como mi hermano. Solo era un hombre con rencor. Dejé caer el martillo 
al suelo, y resonó a mi alrededor. Nick gritó inmediatamente: 
—¡Cobarde! Ni siquiera puedes… 
El sonido de mi pistola saliendo de su funda lo detuvo en seco. 
Apunté. Amartillé. Y disparé. La bala le dio justo entre los ojos, y el 
hombre murió de manera eficiente. El tiempo era dinero… un lujo. No 
tenía necesidad de torturar a este pobre idiota para demostrar lo que 
valgo. Tenía que averiguar quién iba detrás de Vicky y demostrar mi valía 
a Juliet. 
Miré a uno de los hombres. 
—Límpienlo. Vean si Anthony quiere tener el placer de enterrarlo. 
—Quería poner a prueba a nuestro hermano menor con la tentación de 
un cadáver para ver cómo lo manejaba. Me ayudaría a decidir el nivel de 
precaución necesario para seguir adelante. 
—Sí, jefe —dijo Gerald, uno de mis hombres. 
 
 
141 
—Yo soy el que manda por aquí —interrumpió Nick mientras 
levantaba el brazo—. Quédate donde estás. 
Gerald me miró, como si esperara que de todos modos le diera 
permiso para seguir mis instrucciones. Estaba cansado de liderar en las 
sombras. 
—Hazlo —le dije antes de acercarme a mi hermano y envolver el 
arma homicida en un pañuelo. 
—No había terminado con él —gruñó Nick. 
—Pero yo sí. A diferencia de ti, en realidad quiero encontrar a este 
tipo y seguir adelante. Nick, no estoy aquí para jugar. Papá te eligió para 
dirigir nuestra organización. Pero si aún estuviera vivo hoy, vería que soy 
yo el que hace las mierdas. 
Le arrojé el arma homicida en las manos antes de chocarlo con el 
hombro a medida que salía por la puerta. 
 
p 
 
El apartamento de Vicky era pequeño. Su baño era diminuto y 
estaba decorado con detalles en rosa neón por todas partes. Tuve que 
usar su gel de ducha de manzana dulce, pero estaba feliz de limpiar la 
sangre de mi piel. Cuando salí del baño, aferrando una toalla alrededor 
de mi cintura, fui recibido por Juliet en el pasillo. 
—¿Podemos hablar? —preguntó con voz temblorosa antes de mirar 
a ambos lados del pasillo. Asentí, y ella me empujó hacia el baño lleno de 
vapor antes de cerrar la puerta detrás de nosotros. 
—¿Qué pasó ahí fuera? —preguntó. Estúpido de mí por pensar que 
quería hablar de nuestra relación. Solo tenía curiosidad por saber qué 
hice con Nick—. ¿Estás bien? Llegaste a casa cubierto de sangre, y tus 
ojos… 
Se estiró para pasar sus nudillos a lo largo de mis pómulos. A pesar 
de que habíamos pasado las últimas dos semanas distantes y peleando, 
ella vio el dolor en mi expresión y se estiró para calmarlo. Esta mujer. 
Esta maldita sal de la tierra. 
—Estoy bien. Nick está buscando respuestas. Nos quedaremos 
aquí un par de días hasta que solucionemos esto. Después de descansar 
un poco, podemos buscar un hotel con más espacio para todos nosotros, 
pero ahora solo quiero quedarme en el sofá. 
Juliet sonrió. 
—Sabía que Nick se quedaría. 
Su fe en él me cabreó en serio. 
 
 
142 
—Nick no está quedándose porque le importa una mierda sobre 
Vicky o Anthony. 
Me miró con ojos tiernos. 
—Creo que le importa más de lo que deja ver. Creo que a ti también 
te importa. 
Miré hacia donde sus dedos ágiles descansaban sobre mi pecho. 
—Por supuesto que me importa. A diferencia de mi hermano, no 
pretendo lo contrario. Le envío dinero a Vicky; no es mucho, pero todos 
los meses recibe un cheque anónimo depositado en su cuenta. Antes de 
que Anthony perdiera la puta cabeza y te lastimara, le traje cuerpos. Y si 
también me hubieras amado, te habría dado el mundo. 
Juliet se acercó y me agarró por la barbilla, obligándome a mirarla 
a los ojos. Y maldita sea, qué mirada tan decidida y hermosa tenía. 
—También te amaba. Aún lo hago, lo sabes. 
—También los amabas a ellos —repliqué, sintiéndome una vez más 
como ese niño pequeño que nunca fue lo suficientemente bueno, nunca 
fue elegido. 
—William, no cambia el hecho de que te amo. Has sido mi extraño 
silencioso. Me siento segura contigo. Siento que puedo ser mi yo más 
auténtico cuando estoy en tu presencia. Sé que lo que te estoy pidiendo 
es egoísta —dijo, su voz empezando a quebrarse—. Has tenido que 
compartir todo lo que te han dado con tu familia. Y no estoy segura de 
ser suficiente. 
Era suficiente para mí. Era más que suficiente. 
Era jodidamente seguro que estar sin ella me hacía pensar que iría 
al infierno y volvería solo por ella. También aguantaría a mis hermanos 
idiotas por ella. Pero no podía ser la segunda línea. No podía permitir que 
esta relación fuera una cosa más que mi hermano controlaba. Había 
terminado de dejar que él dirigiera mi vida. De hecho, cada vez más, 
sentía que tal vez era mi turno de estar a cargo. 
—Te amo —susurré. La declaración fue dolorosa de decir, pero aun 
así manifiestamente cierta. 
—También te amo —dijo antes de ponerse de puntillas y besarme 
profundamente. Su pequeño pijama ajustado dejaba la mayor parte de 
su piel expuesta, y cuando aplastó su piel contra la mía, jadeé ante el 
contacto suave. 
Esto no se sintió como un momento de recuperación. Cuando nos 
besamos, no me sentí abrumado por la claridad. No se sintió bien, pero 
tampoco se sintió mal. Solo sabía que laamaba y ella me amaba. Y a 
Anthony. Y a Nick. 
Tal vez nunca tuve la intención de entenderlo. Tal vez se suponía 
que debía seguir luchando, seguir trabajando para robarla para mí. 
 
 
143 
Mi toalla cayó al suelo, y ella enganchó los dedos detrás de sus 
sedosos pantalones cortos y los tiró hacia abajo. Tiré del dobladillo de su 
camisa y la saqué de sus hombros. Frenético. Lejos de ser romántico. 
Cada movimiento que ella hacía era como para intentar demostrar algo. 
Estaba demasiado ansiosa. Demasiado receptiva. Estaba desesperada 
por recuperarme. 
Pero estaba demasiado cansado para reclamarle. Si tenía algo que 
demostrar, la dejaría trabajar mi cuerpo con el de ella. Me devoraría 
egoístamente su culpa y determinación, porque al final del día, no podía 
resistirme. 
Ella cambió de posición. 
Se subió al tocador del baño. 
Separó los muslos, me alineó en su entrada y echó la cabeza hacia 
atrás cuando me estrellé dentro de su apretado coño húmedo. 
—Sí —siseó. No pude evitar preguntarme si en realidad estaba aquí 
conmigo o imaginando a alguien más. 
Le di un beso lascivo con la boca abierta. Nuestras lenguas 
bailaron. 
—Abre los ojos —exigí. 
Abrió sus párpados pesados. 
—Tómelo todo, señorita Cross. 
No fue una follada romántica. Estaba acostumbrada a las perlas, 
las sábanas de raso, las camas con dosel. Champán. Fresas cubiertas de 
chocolate. 
Entré y salí de golpe. Mis movimientos calculados fueron tan 
eficientes como el asesinato que había cometido antes. Sabía dónde 
golpear para hacerla correrse duro en mi polla. Sabía cómo tocarla. Sabía 
que cuando gruñía, jadeaba y gemía, se le aceleraba el pulso. Le 
encantaban los sonidos que yo hacía. 
Afortunadamente, no volvió a declararme su amor eterno. No 
quería abaratar el momento con la realidad de que solo tenía un tercio de 
su corazón. Ella me dejó. Ella los quería. 
Solo rómpele el dedo, William. 
No es tan difícil. 
Si quieres ser un Civella, tienes que aguantarlo. 
¿Por qué no puedes parecerte más a tu hermano? 
Aferró mi espalda, clavando sus uñas largas en mi piel caliente. Me 
arañó, como si fuera lo único que la sostenía en su lugar. 
—Sí, sí, sí —gritó a medida que se corría sobre mi polla. Echó la 
cabeza hacia atrás, montó la ola de felicidad y sentí que finalmente me 
ablandé. No había placer en esto. Maldita sea, mi mente no podía hacerlo. 
 
 
144 
Salí y me incliné para recoger mi toalla, envolviéndola alrededor de 
mi cintura mientras ella se enderezaba para mirarme. 
—¿Vas a…? —No se molestó en terminar la pregunta vergonzosa. 
No me corrí. No me excité. 
—Estoy cansado —dije—. Iré a dormir en el sofá. Intenta descansar 
un poco. 
Alcanzó mi brazo mientras intentaba alejarme. 
—Me acostaré contigo. ¿Podemos abrazarnos? 
—Necesito dormir si voy a encontrar a este tipo. He estado 
conduciendo todo el día… —Persiguiéndote, quise agregar. Siempre 
estaba persiguiéndola. 
—Ah —respondió, decepcionada—. Está bien. Descansa un poco. 
Asentí y casi me fui, pero como me sentía como un idiota, me 
detuve para besarla en la mejilla. En realidad, amaba a esta mujer. Solo 
necesitaba reorganizar mi cerebro y tomar el control de mi vida. 
Necesitaba deshacerme de la competencia. 
—Buenas noches, señorita Cross —susurré. 
—Buenas noches —respondió ella. 
Y cuando me fui, fingí no ver las lágrimas en sus ojos. 
 
 
145 
 
 
Encontré que el club nocturno era ruidoso y sin clase. Apuesto a 
que dejan entrar a cualquiera en este agujero infernal. Estos idiotas ni 
siquiera cobraron por la entrada, no es que su clientela pudiera pagarlo. 
Por lo general, era William quien se burlaba de las clases bajas, 
pero cuando algunos de los universitarios grasientos se tambalearon por 
tomar coca en el baño, me di cuenta de que me había vuelto un snob. La 
gente era asquerosa. Preferiría estar en Eden's Place, viendo follar al 
talento que teníamos mientras acariciaba la parte superior del muslo de 
Juliet a medida que se sentaba en mi regazo. 
—¿Qué puedo traerte de beber? —me gritó el cantinero. Sí, gritó. 
Porque esta música estaba tan jodidamente alta que la única forma en 
que podía escucharlo era si se rasgaba las cuerdas vocales. 
—Tequila y lima —respondí. No es mi bebida preferida habitual, 
pero esta noche estaba haciendo las cosas de manera diferente. La fiesta 
estaba en pleno apogeo, tenía sangre en las manos y les dije a mis 
guardias que se quedaran en el estacionamiento. Necesitaba tiempo para 
mí, tiempo para pensar, tiempo para procesar. Tiempo para beber y 
maldecir a mi familia por ser tan jodidamente patética. William era como 
el duro golpe de la sobriedad después de una larga noche de fiesta. Él 
tenía soluciones reales, y yo solo tenía esta maldita ira. 
Así que vine aquí, pedí las imágenes e intenté no vomitar por el olor 
a perfume barato, vómito y alcohol. El sexo estaba en el aire. Sexo 
pegajoso, repugnante y desesperado. 
¿Mencioné lo mucho que odiaba este club? 
Al menos tenía un par de tragos corriendo por mis venas para 
hacerlo soportable. Estaba zumbado y me importaba un carajo el hoy. 
Solo necesitaba que el gerente, que aceptó un fajo de billetes, me 
trajera las imágenes para poder largarme de aquí y encontrar al hermano 
caníbal de Cora. Ni siquiera teníamos un maldito nombre para el imbécil. 
¿Qué tan aterrador podría ser si no tuviera nombre? Había estado 
 
 
146 
devanándome los sesos, intentando recordar al tipo al que le disparé 
cinco veces hace unos años. Me sorprendió que sobreviviera. Debe ser un 
imbécil decidido a levantarse y salir del infierno de esa manera. No es de 
extrañar que fuera un maldito psicópata. 
Un hombre imponente se acercó a la barra y se paró a mi lado, 
rozando su brazo contra el mío. Me molesté y me aparté de él. Todos en 
este maldito club querían invadir mi espacio. Lo odiaba. Si fuera 
inteligente, me iría a casa, me follaría a mi chica y trataría de descubrir 
cómo diablos ser digno de ella. 
El hombre a mi lado no tuvo que ordenar. El cantinero le dio un 
vistazo y luego le sirvió un vaso de maldita leche. Sí. Eso fue raro. Mis 
sentidos psico estaban hormigueando. Ni siquiera tenía que observarlo 
realmente para saber que algo andaba mal. Me giré para mirarlo justo 
cuando tomaba un sorbo de su bebida. Tenía la piel bronceada, los ojos 
inyectados en sangre y dos cejas pobladas como pubis de los setenta en 
la cara. Parecía familiar, de una manera extraña. Sus ojos pequeños y 
brillantes recorrieron la barra, y no estaba seguro si era el club o su ropa 
se aferraba a un olor a podrido enfermizo. 
Luego me miró de frente, un desafío en sus ojos marrones mientras 
metía la mano en el bolsillo interior de su chaqueta de cuero. Resistí el 
impulso de agarrarlo por la nuca y darle un rodillazo en la barbilla. 
Quería preguntarle a este imbécil qué carajo estaba mirando, pero la 
música estaba tan alta que tendría que gritar y probablemente repetirme. 
El silencio era la mejor opción. 
El ambiente era tenso a nuestro alrededor a pesar de que una 
canción pop burbujeante rugía a través de los parlantes del club. Mujeres 
a medio vestir bailaban unas sobre otras, pero él sorbía su leche como 
un psicópata. Y cuando bajó el vaso, quedó un bigote blanco que se limpió 
con el dorso de la mano. Quería preguntar quién era. Por qué me estaba 
mirando. Si estuviéramos en mi territorio, ya habría hecho que lo 
arrastraran fuera de aquí y lo golpearan hasta que le quedara una 
pulgada de vida por mirarme de esa manera persistente. Pero la música 
estaba alta. La sala estaba abarrotada. No tenía a la policía en mi bolsillo. 
Sacó una bolsa de plástico del interior de su chaqueta a medida 
que sonreía. Así que era un drogadicto. Típico. Lo miré, preguntándome 
cuál era su droga preferida. Parecía del tipo que esnifaba sales de baño. 
No fue hasta que vi un dedo verde con una uña perfectamente pintada 
en un tono rojo rubí que me di cuenta de lo que estaba pasando. 
Sonrió divertido, revelando lentamente los dientesafilados y los 
labios agrietados mientras sacaba el dedo de su bolsa de plástico y lo 
mojaba en la leche. La leche blanca se volvió turbia por la invasión rancia. 
Sentí la necesidad repentina de vomitar. 
Este hombre era el hermano de Cora. Este hombre era el caníbal. 
Estaba justo frente a mí, con las bolas contra la pared, mojando un dedo 
en su leche como si fuera una delicada bolsa de té. 
 
 
147 
Luces estroboscópicas iluminaron su rostro. Un millón de palabras 
se quedaron atrapadas en mi lengua. Con él parado justo aquí, sentí que 
una ola de familiaridad me invadía. Era obvio que estaba relacionado con 
Cora. Tenía la misma mirada determinada en sus ojos que detestaba. Un 
recuerdo pasó por mi mente y pensé en la noche en que le disparé. Fue 
una de esas muertes impulsivas. Quería que Cora pagara. Quería que 
sufriera como yo. 
Me enojó que sobreviviera y se convirtiera en esta cosa repugnante 
que mataba y consumía gente. 
Pero esto era bueno. Podría matarlo. Podría terminar con esto y 
volver a mi vida. Solo necesitaba sacarlo de este club y en algún lugar 
podría clavarle un cuchillo en el globo ocular. 
Chupó el dedo, eliminando cada gota de leche de la piel podrida 
con su boca desagradable. Se sentía como una especie de invitación 
arrogante. Quería que supiera quién era. Estaba jodido, pero probó su 
boca con esa cosa como si fuera una polla y estaba intentando hacer que 
el dedo cortado se corriera. Su lengua se arremolinó alrededor de la 
almohadilla, y aunque no podía oírlo por encima de la música, estaba 
casi seguro de que estaba gimiendo. La vista era grotesca y erótica. No 
me asqueaba a menudo, pero este hombre me revolvió el estómago. Me 
arrepentí de las bebidas que había tomado. 
Luego se inclinó más cerca de mí, su aliento rancio lavó mi piel 
como contaminación. Un segundo. Dos segundos. Necesité toda la 
moderación que poseía para no dispararle aquí y ahora. Se quedó 
mirando mi boca. Mi cuello. Mi vaso de whisky. 
Luego dejó caer el dedo en mi bebida antes de enderezarse. Me 
negué a lucir disgustado. No tenía miedo de los enfermos. Mi hermano 
amaba a los muertos. Pero había algo desquiciado en este tipo. No estaba 
seguro si era su total desprecio por mi poder lo que confirmaba su locura, 
o los cuerpos que le gustaba masticar. 
De cualquier manera, necesitaba aprender una lección. 
Todos necesitaban aprender una lección. 
No era alguien con quien podías joder. 
Tal vez estaba proyectando mis problemas, como afirmó William, 
pero este hijo de puta que me desafió fue la gota que colmó el vaso. 
Giró sobre sus zapatillas New Balance y comenzó a caminar entre 
la multitud hacia la salida trasera. Naturalmente, lo seguí. Después de 
todo, eso es lo que quería. Estaba más que feliz de mostrarle con quién 
diablos se estaba metiendo. Nunca tuve la oportunidad de matar a Cora, 
pero terminaría con su linaje como ella intentó terminar con el mío. 
Atravesamos un pasillo trasero, él manteniendo un ritmo constante 
mientras caminaba y yo empujando a través de la multitud para seguirlo. 
No fue hasta que salimos, donde el aire húmedo de Miami resopló por mi 
cuello, que hablé. 
 
 
148 
—Así que eres el hermano de Cora, ¿hmm? ¿Su asesino tiene un 
nombre? Me gustaría saber a quién agradecer por deshacerse de ella. 
La luz del techo parpadeó, una rata corrió por el pavimento hacia 
un montón de basura podrida. El hombre se volvió hacia mí. 
Su chaqueta de cuero estaba ceñida a su cuerpo. Vestía jeans 
blanqueados y tenía un tatuaje en la mano que parecía un corazón 
anatómico. Su voz era suave, clara y de un tono ligeramente más alto que 
el mío. 
—Mis amigos me llaman Norman. 
Fruncí el ceño. 
—No somos amigos. 
Sus dedos largos se crisparon a su lado. 
—No, supongo que no. Supongo que, en todo caso, somos 
enemigos. Casi me matas. 
No estaba desconcertado. 
—Te lo merecías —respondí. 
Norman inclinó la cabeza lentamente hacia un lado. 
—La muerte es una experiencia liberadora. Lo creas o no, estoy 
agradecido por ti, Nick. Mi hermana idiota vio a la familia Civella como 
una competencia, pero creo que podrías ser mi salvador. 
Eché los hombros hacia atrás, intentando obtener información 
mientras me veía igualmente tranquilo e intimidante. Podría haber estado 
completamente loco y hablando en círculos, pero este hijo de puta sería 
fácil de derribar. 
—Entonces, ¿también crees que Cora es una imbécil? Me alegro de 
que estemos en la misma página. —Me tambaleé un poco en el cemento. 
Mierda, necesitaba una siesta. 
Sus labios se curvaron. Ah. Su hermana era un tema delicado. 
Tomé nota mental de eso. 
—Mi hermana me encerró —gruñó—. Deseaba tanto tener poder, 
pero en realidad era una aficionada. Me sorprende que casi te 
derrumbara. 
Así que, tal vez el tipo no era del todo malo. Al menos reconoció que 
su hermana era un fraude. 
—Tuvo ayuda —respondí. 
—Vicky —siseó a medida que ponía los ojos en blanco. Me 
preocupaba que tuviera una erección en ese mismo momento con solo 
decir el nombre de mi hermana. Repugnante—. ¿Le gustó mi regalo? 
Apreté la mandíbula, obligando a mi mente a calmarse antes de 
responder. 
 
 
149 
—Norman, seré honesto. Tu elección de regalos necesita algo de 
trabajo. ¿Cora no te enseñó cómo cortejar a una mujer? 
Una vez más, el rostro de Norman se contrajo de rabia ante la 
mención de su hermana. Catalogué su debilidad en mi mente. 
—En realidad, no me enseñó nada. Simplemente me encerraron 
cuando comencé a desarrollar cierto gusto por la muerte. Estaba 
completamente solo. Encadenado como un animal. Muriendo de hambre. 
Ni siquiera podía culpar a Cora por sus acciones. Hubo muchas 
veces en las que vi a Anthony avanzando poco a poco hacia el fondo, y 
debatí si encerrarlo en su pequeña mazmorra de la perdición. 
—Ella contrató gente para matar a mis padres —respondí—. Estoy 
de acuerdo en que era una total imbécil. —Sus dedos temblaron más a 
su lado. Me pregunté qué significaba eso—. Así que la asesinaste. Eres 
libre. ¿Ahora frecuentas este agujero de mierda y llevas chicas a tu casa 
para follártelas? ¿Comértelas? No te estoy juzgando, Norman, solo intento 
descifrarte. Todo el mundo tiene sus vicios. Algunos son simplemente 
más repugnantes que otros. —Mi visión se nubló un poco. 
Norman sonrió. Sus labios se apretaron tanto que pensé que se 
romperían y sangrarían. Tenía líneas de risa en su rostro que se sentían 
fuera de lugar. 
—Mi hermana quería entenderme. También quería controlarme. 
Podía relacionarme con eso. Mis propios hermanos eran un dolor 
en el culo. Necesitaban dirección y supervisión constantes. 
—Supongo que tú y Vicky tienen mucho en común —insistí—. La 
controlé y ella también tomó represalias. Obviamente no tuvo tanto éxito 
como tú. ¿Es por eso que la estás siguiendo? ¿Enviando notas de amor 
grabadas en piel? —Lamí mis labios secos. Mi lengua se sentía pesada. 
Norman no se inmutó ante mi acusación. Esta conversación se 
estaba volviendo aburrida. No sabía por qué me molestaba en 
entretenerlo. Ambos sabíamos que no saldría de este callejón con vida. 
Llámame engreído, pero era el más letal de los dos. 
—Vicky es mía —respondió, inclinando la cabeza—. Ella me liberó, 
así que voy a liberar su alma de su cuerpo. 
Esa fue una declaración escalofriante. Este tipo necesitaba un 
psiquiatra. 
—Es una pena que estés completamente loco, Norman. 
Probablemente podríamos haber sido amigos. Pero que quieras matar a 
mi hermana es en realidad un inconveniente en este momento. Estoy 
intentando recuperar a mi chica, y no puedo hacerlo contigo corriendo 
por ahí, bebiendo leche y mordiendo dedos en los bares. 
Sonaba como Anthony, burlándome del peligro con humor. 
Respondió con fuerza y voz fría. 
 
 
150 
—Hago lo que quiero. Ya nadie me controla. Ni Cora, ni tú. Nadie. 
Alcancé mi arma casualmente para poder dispararle al lamentable 
hijo de puta y terminar con esto. Es hora de volver a Kansas City. Hora 
de… 
Norman se lanzó hacia adelante con una velocidaddemasiado para él. 
—¿Has podido identificar algún factor desencadenante? 
Luca se encogió de hombros. 
—Cambia a diario. Ayer parecía estar bien. Le compró a Juliet su 
helado favorito y vieron una película juntos. Hoy, quiso enterrar cuerpos. 
Está peor cuando ella no está. Pero… 
Su voz se desvaneció, indicando que estaba nervioso de decir la 
siguiente parte. Todos mis hombres habían llegado a preocuparse por 
Juliet. Ella era la reina de mi imperio, y exigía respeto de ellos. 
—Pero ¿qué? —pregunté, sin estar seguro de querer escuchar la 
respuesta. 
—Pero no creo que sea saludable para ella, jefe. William cree que 
Juliet necesita un descanso de todo esto. No quiero excederme, pero… 
—Entonces no te excedas —lo interrumpí con un tono peligroso. 
Sabía de sobra que mi pomposo hermano quería llevarse a mi chica de 
viaje a Londres. No podía salir de Kansas City ahora mismo. Las cosas 
iban mal con nuestros traficantes de armas. Nuestro territorio se estaba 
expandiendo, y las dificultades iniciales entorpecían el manejo. No quería 
que la robara por un período prolongado de tiempo—. Eso no va a ocurrir 
—dije. Si Juliet necesitaba un descanso, podía tomarse unas malditas 
vacaciones en mi polla. 
Me quedé mirando el espejo retrovisor mientras Luca apretaba los 
labios en una delgada línea. No entendía nuestra dinámica. Tres hombres 
locos compartiendo una mujer. Era complicado. 
Juliet era mía. Su cuerpo. Su alma. Su corazón, su futuro y su 
coño. 
Solo la compartía porque… 
Porque… 
No sabía por qué. Eso la hacía feliz, hacía que Anthony estuviera 
saludable. Hacia a William audaz. 
 
 
17 
O lo hizo. Por un tiempo. Una vez más, nos encontrábamos en un 
lío complejo. Era como poner un torniquete en una extremidad que se 
estaba desangrando. Tal vez era el momento de cortar una pierna o dos. 
—No los veo, jefe —dijo Luca desde el asiento del conductor. 
Escudriñé la oscura noche en busca de señales de movimiento. 
—Dame tus binoculares —exigí. Lo obligaba a vigilarlos aquí todas 
las semanas porque todavía no soportaba verlo besarla o hacerla reír de 
una forma que yo era incapaz de hacer. Fui hecho para hacer cosas 
difíciles. Entrenado a una edad temprana para manejar la pérdida y la 
decepción, probablemente era una de las pocas personas vivas capaces 
de navegar por el dolor de compartir abiertamente al amor de mi vida. 
Pero eso no significaba que quisiera un asiento en primera fila para todo 
eso. 
Ella era mía. Jodidamente mía. Solo les permitía tomar prestado 
su corazón de vez en cuando. 
Él pasó los binoculares al asiento trasero, y escudriñé la parcela 
donde estaban cavando, solo para no encontrar nada. 
—¿Los viste moverse? —pregunté. Luca se movió nervioso en su 
asiento. Odiaba repetirme—. ¿Los viste jodidamente moverse, Luca? 
Contéstame. 
—Empezaron a besarse, así que desvié la mirada. Tienes la regla 
de no verla desnuda, y yo… 
Lo interrumpí saliendo de mi todoterreno y escudriñando la zona. 
Nada. Ni en la fosa. Ni en la zona abierta. Nada. 
Ese instinto que tenía rugió volviendo a la vida. Casi agarré mi 
pecho para calmar el dolor como un maldito cobarde. Tomé los 
binoculares de nuevo y escaneé los árboles. Vi un movimiento en el límite 
de la propiedad que me hizo enfurecer. 
Solté los binoculares y corrí por el barro con mi maldito traje de 
cachemira italiana de mil dólares y mis zapatos Gucci. El frío de enero 
abofeteaba mis mejillas y las ramas desnudas bailaban sobre mí. Cuanto 
más me acercaba, más tiraban mis instintos de la parte más oscura de 
mí. 
Y cuando escuché la voz enloquecida de mi hermano, saqué la 
glock de mi funda y quité el seguro. Fue una de esas decisiones rápidas 
para las que me prepararon a una edad temprana. En ese momento supe 
que lo mataría para salvarla. 
—Bonita y muerta… 
Corrí más fuerte. Tenía su mano envuelta alrededor del esbelto 
cuello de mi chica. 
—Bonita y muerta… —La follaba contra un árbol áspero y frío. Sus 
ojos estaban cerrados. Su cabeza inclinada hacia atrás. Ella estaba 
inconsciente. 
 
 
18 
—Bonita y muerta… —Esas palabras en su voz atormentada 
resonaban en mi cabeza. Quería borrarlas de mi cerebro. Sin pensarlo, lo 
derribé al suelo desde atrás, el movimiento lo separó de Juliet. Solté mi 
arma y descargué mi puño contra su mandíbula. Luego lo golpeé de 
nuevo. Y otra vez. Escuché el crujido en su nariz y la sangre salió a 
borbotones. 
—¿Qué mierda estás haciendo? —rugí antes de agarrarlo por el 
cuello y obligarlo a sentarse y mirarme a los ojos. Su labio temblaba, 
haciendo que pareciera el hermano pequeño al que solía arropar en la 
cama después de una pesadilla. 
—Yo… yo no… 
Lo tiré de nuevo al suelo y casi vomité al ver su cuerpo. Toda su 
existencia me enfermaba ahora. Agarré mi pistola una vez más y la 
apunté justo entre sus ojos. Desde esta distancia, sabía que iba a 
manchar mi traje con su materia cerebral. No sería la primera vez. 
—¡Lo arruinas todo! —grité tan fuerte que mi rostro se sintió 
caliente. Retrocedí y golpeé su sien con la pistola una. Dos veces. 
Entonces apunté mi arma hacia él, y ese depredador en lo más profundo 
de mis entrañas me suplicó que eliminara al bastardo, que acabara con 
la tortura de su patética existencia y que salvara a Juliet. 
Un gemido a mi espalda atrajo momentáneamente mi atención. 
Juliet me necesitaba, pero presioné el cañón del arma contra su mejilla. 
Quería romper cada huesos de su cráneo. 
—Deberías haber muerto cuando te secuestraron —dije. 
Y el imbécil asintió. Me miró con ojos suplicantes, rogándome que 
terminara con su jodida vida. 
Lástima que yo no fuera tan amable. 
Anthony gritó tan fuerte que las venas de su cuello se abultaron. 
Me alejé de él y se hizo un ovillo, con su polla aún fuera y blanda pero 
reluciente por su coño empapado. Quería cortársela y dársela de comer 
a un oso salvaje. 
Lo ignoré por un momento y me dirigí a mi chica. 
Mi chica. 
Mi maldita chica. No debería haber dejado que llegara a este punto. 
Se había derrumbado en el suelo, con los pantalones a la altura de las 
rodillas, el cabello enmarañado, salvaje, con tierra adherida a los 
mechones. Moretones furiosos con la forma de los dedos de Anthony 
rodeaban su cuello. 
Presioné el pulgar contra su cuello y suspiré aliviado al sentir el 
dulce latido de su pulso. Su pecho subía y bajaba maravillosamente. 
Estaba inconsciente, pero viva. 
 
 
19 
Subí sus pantalones porque ni siquiera la maldita madre 
naturaleza podía ver a mi chica, MI CHICA, desnuda. Entonces, la tomé 
en brazos. 
—¿Ella está bien? —balbuceó Anthony. Seguía acostado de lado en 
la tierra, con las manos cruzadas bajo la cabeza como un niño dormido. 
—Apenas —gruñí antes de aplastarla contra mi pecho—. ¿Qué 
diablos te pasa, Anthony? Puedes arruinar todos los cuerpos que quieras, 
pero se supone que ella está fuera de los límites. 
Empezó a sollozar. Las emociones hicieron que su cuerpo temblara. 
Parecía un caballo cojo. Debatí conmigo mismo sobre qué hacer. Sacarlo 
de su miseria sería una gentil misericordia en este punto. Era un 
pensamiento jodido, pero la ira asesina estaba en el menú. 
—¿Por qué estoy así? —preguntó antes de toser sangre. No estaba 
sangrando lo suficiente en mi opinión. 
Lo fulminé con la mirada. 
—Porque eres jodidamente débil. 
Anthony me miró. El momento de compasión había pasado hace 
tiempo. 
—Yo… yo 
—Estás dejando que ganen —dije antes de maldecir. Mi chica 
temblaba en mis brazos y quería que el médico de la familia la revisara 
inmediatamente—. Cada maldito aliento que respiras es una victoria para 
ellos. Has tomado una vida perfectamente buena y se la has entregado a 
los jodidos demonios que viven en tu cabeza. Juliet está normalmente en 
el camino. Es lo que me hizo… 
Detuve mi discurso para mirar a la hermosa mujer en mis brazos. 
—¿Amarla? —Anthony terminó por mí. 
—No hables por mí —espeté antes de volver a mirarlo—. Juliet 
puede soportar mucho, pero yo decido dónde pasa su tiempo, y noimposible. Tal 
vez fueron las bebidas en mi sistema, pero había una naturaleza lenta en 
la forma en que procesaba sus movimientos. Mi propia mano se sentía 
como si se hubiera separado de mi cuerpo mientras se cernía sobre mi 
arma. 
—¿Cómo te sientes? —preguntó Norman—. Sabes que la gente de 
este club nocturno me ama. Desde que heredé todo el dinero de Cora, he 
hecho muchos amigos. Los camareros son realmente geniales 
preparando bebidas a pedido mío. 
La rabia era lo único que me impulsaba hacia adelante. Iba a 
empujar su pecho, y simplemente salió de mi alcance. 
—¿Me drogaste? —Cobarde. 
—Es más fácil lidiar con las personas cuando están cansadas, ¿no 
crees? —Norman respondió antes de sacar… algo de su bolsillo interior. 
No pude entender bien qué era. Era completamente blanco, nítido y 
suave—. Me gusta… 
—¿Un hueso? —tartamudeé. 
El callejón pareció inclinarse hacia un lado, e incliné mi cuerpo 
para enderezarme. 
—¿Te gusta? —preguntó Norman—. A Cora nunca le gustó cuando 
jugaba con mi comida. 
Parpadeé dos veces cuando tomó lo que parecía una parte tallada 
y puntiaguda del hueso y la lamió. 
—Estás realmente jodido, ¿lo sabías? —La baba goteaba de mi boca 
a medida que hablaba. 
Norman frunció el ceño. 
—Fui hecho de esta manera. Me disparaste cinco veces. Pero 
mejoré. Me hizo más fuerte. ¿Sabes lo que me hizo más fuerte, Nick? 
Me derrumbé en el pavimento de rodillas. Podía sentir mi cuerpo 
entrando y saliendo de la conciencia. 
—Nada desarrolla huesos fuertes como la leche. —Echó hacia atrás 
su arma y me apuñaló en el estómago. 
El dolor fue instantáneo. Lo que sea que me había dado no fue 
suficiente para apagar esa punzada de agonía aguda que me atravesó. 
Grité y me apuñaló de nuevo, esta vez en el brazo. 
—Te voy a hacer un favor, Nick —dijo antes de lamer su arma. 
Intenté rodar debajo de él, pero me inmovilizó fácilmente—. Voy a llevarte 
 
 
151 
al borde de la muerte. Es un regalo, de verdad. Te daré lo que me has 
dado. —Me apuñaló de nuevo, esta vez en el muslo. Grité de dolor, pero 
estaba perdiendo el conocimiento—. Voy a darte una perspectiva nueva. 
Una oportunidad nueva de vida. 
Lo último que escuché cuando me apuñaló una y otra vez fue: 
—De nada, Nick. 
 
 
 
152 
 
 
El Mercy Medical en el centro de Miami estaba repleto de personas 
con diversas lesiones y enfermedades. Era como marinar en una olla 
gérmenes y enfermos. Me senté en la incómoda sala de espera del área 
de emergencias mientras personas tosiendo se acurrucaban en sus sillas 
a mi lado. Alguien borracho hasta la saciedad había vomitado en el 
vestíbulo principal, y un conserje descontento estaba intentando 
limpiarlo. 
Odiaba los hospitales. 
Cuando mamá desapareció, la abuela y yo fuimos a todos los 
hospitales dentro de un radio de treinta kilómetros para ver si estaba allí. 
Nunca olvidaría la sensación de desesperanza de cruzar las puertas y no 
encontrarla. 
En la esquina de la sala de espera, Anthony caminaba de un lado 
a otro. De ida y vuelta. De ida y vuelta. Me mareé al verlo. William no 
estaba aquí. Se había ido hace una hora con un equipo de hombres para 
mirar la escena del crimen. Me di cuenta de que no quería dejarme, pero 
todos queríamos respuestas. Todos queríamos a alguien a quien culpar. 
No me atreví a llorar. Llorar significaría que Malice, Nick, estaba 
realmente en mal estado. Estaba decidida a convencerme de que estaba 
bien. Nick era un dios entre los hombres. En mi mente, él era 
indestructible. Aunque las múltiples puñaladas en su maltrecho cuerpo 
requirieron cirugía de emergencia, sabía que lo superaría. Tenía que 
superar esto. Otra alternativa simplemente no era una opción. 
Fue la reacción de Vicky la que me dejó perpleja. Para alguien que 
nos quería a todos muertos hace solo seis meses, no estaba manejando 
bien la noticia. Se mecía en su asiento con lágrimas ardientes corriendo 
por sus mejillas sonrojadas. Hasta este momento, no pensé que se 
preocupara particularmente por sus hermanos. Pensé que sólo eran un 
medio para un fin. Después de todo, nos quería muertos. Pero tal vez era 
necesario casi perder a alguien para darte cuenta de lo que tenías. 
 
 
153 
—¿Crees que está bien? —preguntó por decimoquinta vez. Cada vez 
que esa pregunta repetida escapaba de su garganta áspera, un poco de 
mi resolución de ser fuerte se desvanecía. 
—Tiene que estarlo —respondí. Porque la alternativa significaría 
que Nick muriera antes de que él y yo tuviéramos la oportunidad de 
mejorar, antes de que sanáramos y creciéramos. Teníamos tanta vida por 
delante. Lo amaba. Profundamente. No podía irse. Me negaba 
rotundamente a ese resultado. 
Anthony se acercó a mí. Había estado extrañamente callado desde 
que recibimos la noticia y manejamos hasta aquí. La única señal de 
miedo que podías sentir en su cuerpo era la forma en que sus piernas 
temblaron en el viaje en auto hasta aquí. No podía quedarse quieto, y de 
vez en cuando lo escuché murmurar por lo bajo. 
—Va a estar bien —nos aseguró Anthony a ambas—. Bien, bien, 
bien, bien, bien, bien, bien, bien, bien. 
Tomé la mano de Anthony y me levantó de mi asiento para 
envolverme en un abrazo. Un hombre murmurando para sí mismo y 
expulsando flemas nos silbó. 
—Juliet, voy a ser fuerte por ti. 
La promesa que escapó de los labios de Anthony me sorprendió. 
—De acuerdo —respondí, mi voz se quebró. No supe cómo 
responder a eso. Anthony siempre fue el que me obligaba a ser fuerte. 
Nunca me había permitido darle el control de mi seguridad como a los 
demás. Era discordante relajarse en sus brazos fuertes y confiar en él. 
Anthony terminó nuestro abrazo para sostenerme con el brazo 
extendido, sus manos agarrando mis hombros mientras me miraba 
fijamente a los ojos. 
—Estoy aquí para ti. Voy a ser fuerte para ti. —Su dedo índice 
golpeó ligeramente mi hombro, la única grieta en su fachada fuerte. 
Por el rabillo del ojo, vi que Vicky arqueaba las cejas con sorpresa. 
Anthony me acomodó en mi asiento y se agachó hasta que estuvo al nivel 
de mis ojos. 
—No has comido. Voy a traerte un bocadillo. Y café. ¿Tienes frío? 
—preguntó—. Sí. Necesitas comer. —Antes de que pudiera responder, 
estaba dando vueltas y caminando hacia una máquina expendedora que 
tenía una fila de tres personas. 
—Mierda. —Vicky se atragantó. Más lágrimas se habían derramado 
de sus ojos—. Esperaba que estuviera perdiendo la cabeza en este 
momento. Ni siquiera ha intentado entrar en la morgue del hospital. Estoy 
impresionada. 
Metí la mano en mi bolso y agarré un pañuelo. Mientras se lo 
entregaba, hablé. 
 
 
154 
—Me alegra que lo hayas encontrado cuando escapó. No estaba en 
un buen lugar. Creo que ambos se ayudaron. 
Vicky se sonó la nariz. 
—Si Nick muere —comenzó, sus palabras se alzaron como una 
pregunta, no estábamos seguros de cómo le iba en la cirugía—. Se 
necesitará un ejército para devolverle la cordura a Anthony. 
Puede que estuviéramos un poco destrozados, pero la familia 
Civella era un ejército, una fuerza impenetrable que podía sobrevivir a 
cualquier cosa. 
O al menos eso esperaba. 
Sintiéndome un poco impotente, me estiré para agarrar la mano de 
Vicky. Quería que estuviéramos mejor, aunque todavía no me atrevía a 
perdonarla. Habíamos estado yendo y viniendo en nuestra amistad, 
oscilando entre el resentimiento y la confianza, pero en el centro de las 
cosas, había un destello de perdón… esperanza… y amor. 
—Él va a estar bien. Estamos todos juntos en esto. 
Me apretó la mano justo cuando William entraba por la puerta 
giratoria eléctrica en la entrada de la sala de emergencias. Cuando 
William se acercó, Anthony traía un puñado de bocadillos y los dejó en 
nuestro regazo. 
—¿Encontraste algo? —pregunté a William mientras se acercaba. 
La mirada solemne en su rostro no era alentadora. 
—Luca recogió al dueño de la discoteca y lo está interrogando 
ahora. Hablé con alguien del Departamento de Policía de Miami, y parece 
que algunas de las chicas que fueron secuestradasfrecuentaban ese club 
con regularidad. Las pistas han sido difíciles de seguir porque el 
propietario del club ha estado borrando imágenes y registros de su 
presencia allí. 
Cerré mi mano en un puño, y mis piernas comenzaron a temblar, 
enviando todos los bocadillos que Anthony acababa de traerme al 
desagradable piso del hospital. Afortunadamente, la mayoría de ellos 
estaban en bolsas de plástico. Ignorando a William, Anthony se arrodilló 
en el suelo y comenzó a levantarlos nuevamente a medida que susurraba 
para sí mismo: 
—Bien, bien, bien, bien, bien, bien, bien, bien. 
William lo miró, pero no dijo nada. Y cuando Anthony se puso de 
pie, su expresión estaba vacía de toda emoción, como si hubiera forzado 
a controlar todos los pensamientos oscuros en su mente. 
—Antes de que todos llegaran aquí, estaba investigando un poco. 
Todas las víctimas, o al menos lo que quedó de ellas, fueron encontradas 
en callejones donde no había cámaras. Obviamente tiene conexiones o 
un conocimiento amplio de la escena de Miami. Sin embargo, no creo que 
cometa ninguno de sus asesinatos en la ciudad. 
 
 
155 
William cruzó los brazos sobre el pecho. 
—¿Por qué no? 
Anthony golpeó el piso de baldosas con el pie y respondió: 
—Según el médico forense, tres de los cuerpos tenían un residuo 
muy específico en la piel. 
Vicky apoyó la barbilla en su puño. 
—¿Qué tipo de residuo? —preguntó. 
—Algas —respondió Anthony, su voz fue un tartamudeo—. Como 
de un pantano. 
William asintió y sacó su teléfono celular para escribir un mensaje 
a alguien. 
—Haré que mis hombres investiguen. ¿Alguna noticia del médico? 
Ha estado en cirugía durante seis horas. —¿Ya había pasado tanto 
tiempo? El tiempo se movía lentamente, como la melaza. Mi estómago 
gruñó y Anthony me dirigió una mirada mordaz. 
—Come, o te daré de comer como a un pajarito. 
Agarré un paquete de mezcla Chex de su brazo y lo abrí con fuerza. 
Apenas podía saborear la comida salada en mi lengua, pero sabía que 
necesitaría mi energía si iba a estar al cien por ciento para Nick. 
Vicky también agarró una manga de galletas de la pila y comenzó 
a masticarla nerviosamente. 
—Esto es mi culpa —espetó con la boca llena—. Todo es mi culpa. 
La chica que era antes de conocer a los hermanos Civella habría 
intentado consolarla, diría que nada de esto era su culpa. Pero me había 
endurecido un poco. Sentí empatía por Vicky y reconocí que su viaje de 
crecimiento personal y amor comenzó desde un mal lugar. Ella era la 
razón por la que estábamos en este lío, y no iba a aliviar su culpa 
diciéndole lo contrario. Sin embargo, iba a apoyarla mientras madurara 
a partir de esto. 
Anthony y William comenzaron a susurrar entre ellos, y mi 
atención se centró en un médico que caminaba hacia nosotros. Al 
instante me puse de pie, todo mi cuerpo en alerta máxima. 
—Está fuera de cirugía —dijo el médico una vez que estuvo lo 
suficientemente cerca. Tenía un par de canas que asomaban a través de 
su gorro y llevaba una máscara. El sudor de su frente insinuaba que 
había pasado muchas horas trabajando duro en el cuerpo masacrado de 
Nick—. Estaba un poco preocupado por la herida de su abdomen, pero 
tiene mucha suerte de que no haya llegado a su intestino grueso. Sin 
embargo, la puñalada en su brazo cortó una arteria importante y fue 
difícil de reparar. Le dimos una transfusión de sangre y lo cosimos lo 
mejor que pudimos. Falta una parte de su hombro. Como si la carne 
 
 
156 
hubiera sido arrancada. Va a necesitar injertos de piel para esa área, pero 
no pudimos hacerlo durante la cirugía. Tiene suerte de estar vivo. 
Casi me derrumbé del alivio. Vicky habló primero. 
—¿Podemos verlo? 
El médico asintió. 
—Ahora lo están trasladando a una habitación. Síganme. 
Anthony agarró mi mano y entrelazó sus dedos con los míos, 
dándome su fuerza. William estaba a mi espalda, listo para apoyarme, 
pero Vicky se quedó donde estaba, moviéndose de un lado a otro. 
—Tal vez debería quedarme aquí —dijo—. Podría molestarlo o… 
Pasé mi brazo por el de ella para tranquilizarla. 
—Ven. Vamos a verlo. 
La habitación de hospital de Nick era del tamaño de su vestidor en 
la mansión. Había una silla junto a la cama del hospital que ocupaba 
actualmente porque Anthony tenía la misión de cuidarme. William estaba 
de pie junto a la puerta, respondiendo las llamadas telefónicas de sus 
hombres cada vez que entraban. Había una pista, lo último que supe, 
pero eso fue hace una hora, y estaba demasiado exhausta para lidiar con 
el estrés de encontrar al hombre responsable de hacerlo. 
Anthony se paró detrás de mí, pasando suavemente sus dedos por 
mi cabello y rascando mi cuero cabelludo de una manera que me dieron 
ganas de quedarme dormida. Si no fuera por el pitido constante de las 
máquinas a las que Nick estaba conectado, probablemente me habría 
desmayado hace un rato. 
Vicky estaba sentada en el suelo con la espalda contra la pared en 
el rincón más alejado. Apoyaba la mejilla contra las rodillas y se asustó 
cada vez que Nick gruñó, lo cual sucedió con bastante frecuencia. 
Los médicos nos advirtieron que podría descansar durante horas. 
El sol se asomaba por las persianas y proyectaba sombras sobre su piel. 
Había perdido mucha sangre y necesitaba tiempo para recuperar su 
energía. Pero ya era de tarde, y todavía estaba dormido. 
—Tal vez deberías ir a casa y… —comenzó Anthony. 
—No voy a dejarlo —le dije en un tono tranquilo. Mi voz estaba 
espesa por el sueño—. Se despertará pronto. Además, me siento más 
segura aquí con todos ustedes. 
Miré por encima del hombro y vi a Anthony hinchar el pecho con 
orgullo. 
—Siempre te mantendré a salvo. Ese imbécil no te hará daño —
gruñó. 
—Nada se siente correcto —murmuró Vicky—. Odio que estemos 
en este lío. Los traje a todos aquí porque estaba demasiado asustada para 
 
 
157 
llamar a la puerta. Mamá y papá estarían revolcándose en sus tumbas. 
Se horrorizarían al saber que no pude volver a casa. 
Los hombros de Anthony cayeron. William sacó un palillo de 
dientes de su bolsillo y comenzó a masticarlo nerviosamente. 
—Nick dejó en claro que no podíamos ir a casa. No es tu culpa —
dijo Anthony—. Tampoco es mi culpa. 
William se aclaró la garganta, como si quisiera decir algo. El ruido 
pasivo-agresivo hizo que Vicky levantara la cabeza y lo mirara fijamente. 
—¿Hay algo que te gustaría decir? —preguntó. 
William se quitó el palillo de la boca y la miró. 
—Hay muchas cosas que me gustaría decir, ninguna de las cuales 
sería útil en este momento. —William partió el palillo entre el pulgar y el 
índice antes de arrojarlo a un bote de basura cercano. 
Vicky, aparentemente imperturbable por la rabieta de William, 
comenzó a hablar. 
—Verás, William, ese es tu problema. Tal vez si hablaras por una 
vez en tu vida… 
Las divagaciones frustradas de William interrumpieron el insulto 
de Vicky. 
—Tal vez si por una vez en tu vida vinieras a mí con tus problemas 
en lugar de confiar en Nick, no estaríamos en este lío. Tal vez si dejara de 
actuar por impulso. Tal vez si… 
—¿Qué habrías hecho, William? ¿Eh? Has tenido tu cabeza metida 
en el trasero de Nick toda nuestra vida. Me sorprende que no le hablaras 
de Juliet todos esos años. A veces, creo que la única razón por la que no 
lo hiciste fue porque tenías demasiado miedo de su reacción. No acudí a 
ti porque vives a la sombra de Nick. Eres su perrito faldero. 
William negó con la cabeza. 
—Te habría ayudado. Si hubiera sido mi puerta en la que 
aparecieras, te habría ayudado. 
Anthony agarró mi hombro, como si tocarme de alguna manera lo 
mantuviera unido. 
—No me ayudaste —dijo en un tono suave, tan bajo que estaba 
segura de que fui la única que lo escuchó. William no dijo nada en 
respuesta a eso. Había una gran diferencia entre Anthony y Vicky. Vicky 
no estaba compitiendo por mi atención. 
William comenzó a caminar por la habitación pequeña, haciendo 
que las cuatro paredes que nos rodeaban parecieran cerrarse. Mi 
respiración se volviósuperficial y Anthony comenzó a masajearme la 
nuca. 
 
 
158 
—Nick nunca debería haber estado solo en ese club —dijo 
William—. Fue arrogante. Impulsivo. 
—¿Qué hay de nuevo en eso? —respondió Vicky sarcásticamente—
. El imbécil nos alejó a todos, fue solo y se lastimó. Odio que incluso me 
importe. 
Nick se movió en la cama del hospital y contuve la respiración. 
Tosió un par de veces, el sonido acompañado de un grito ahogado y un 
gemido. Imaginé que le dolían las heridas. El anestesiólogo nos avisó que 
iba a tener tos por estar intubado. Después de un grito inquietante, abrió 
los ojos. 
—No pedí que les importara —dijo con voz áspera, 
melodramáticamente. 
Habría puesto los ojos en blanco ante el drama de todo esto si no 
estuviera tan aliviada de que estuviera despierto. Vicky gateó hasta que 
estuvo de pie. Anthony tomó un vaso de agua de una mesa cercana y se 
lo entregó a Nick. William miró hacia el pasillo y le hizo señas a una 
enfermera. Mientras veía a todos entrar en acción, recordé una vez más 
que esta familia estaba profundamente interconectada. Se movían como 
un equipo. 
—Ese hijo de puta me apuñaló —gruñó Nick antes de tomar 
débilmente el vaso de la mano extendida de Anthony y tomar un sorbo. 
Cuando terminó de beber el agua, Anthony tomó el vaso y sujeté la 
mano de Nick. Solo quería sentir que estaba vivo, que era real. 
—Los médicos no pudieron identificar con qué te apuñalaron —
respondió Anthony con voz juguetona—. Todas las voces en mi cabeza 
están haciendo apuestas sobre lo que fue. ¿Un estilete? ¿Un picahielos? 
Vicky reprimió una sonrisa. Solo Anthony puede bromear en una 
situación como esta. Nick tosió de nuevo, luego hizo una mueca. Me 
pregunté si necesitaba más analgésicos. 
—¿Dónde está esa enfermera? —se quejó William. 
—Me apuñaló con un hueso —gruñó Nick. El rostro de Anthony se 
iluminó como un árbol de Navidad. 
—¿Un hueso? ¿Qué tipo de hueso? ¿Lo afiló? ¿Era humano, 
animal, sintético…? 
Nick levantó su mano temblorosa para evitar que Anthony 
divagara. 
—Era un hueso humano que había afilado en la punta. 
Anthony asintió con entusiasmo. 
—Oh, eso es enfermizo. Quiero conocer a este tipo. 
Vicky cruzó los brazos sobre el pecho y soltó un resoplido. 
 
 
159 
—¿Vas a pedirle un autógrafo? —le preguntó a Anthony en un tono 
sarcástico. 
—Estaba pensando en ver si quería ser entrevistado para el podcast 
de Juliet, muchas gracias. Nunca he conocido a un verdadero caníbal. 
Hago muchas cosas con cadáveres, pero no comérmelos. 
Me froté las sienes con la mano libre y Nick me apretó suavemente. 
—Tenemos que averiguar dónde vive —respondió Nick. Ya estaba 
en modo venganza. Podía ver el fuego en sus ojos. 
—Ya estoy en ello. Luca está confirmando su ubicación mientras 
hablamos. 
—¿Has conseguido una casa segura o un cuartel general? —
preguntó Nick. 
—Sí. 
—¿Refuerzos? 
—En camino. 
—Nadie puede saber que estoy aquí… —dijo Nick con los dientes 
apretados. 
—Ya me ocupé de ello —dijo William—. No necesitamos que tus 
enemigos sepan que estás débil. 
No sabría decir si Nick estaba orgulloso de William por hacerse 
cargo o molesto por ello. Nick miró alrededor de la habitación a cada uno 
de nosotros. La camisa de William estaba arrugada. Vicky tenía los ojos 
inyectados en sangre. Estaba a dos segundos de colapsar por el 
agotamiento, el hambre y la preocupación. Anthony se escondía detrás 
de una sonrisa juguetona, pero por dentro estaba destrozado por lo que 
pasó. 
Nick miró nuestras manos unidas antes de dirigirse a la habitación. 
—Todos ustedes no tenían que estar aquí —dijo. Hubo un impulso 
defensivo en sus palabras que hizo que mi corazón se ablandara un poco 
hacia él. Nick pensaba que tenía que dirigir el mundo solo. 
—Por supuesto que teníamos que hacerlo —respondió Anthony 
solemnemente. 
—Por mucho que quieras deshacerte de nosotros, ya deberías saber 
que es imposible —intervino Vicky. 
Llevé su mano a mis labios y lo besé. 
—Te amo —susurré con reverencia. 
William permaneció en silencio, pero había una declaración 
tormentosa en su mirada. Me pregunté si Nick podría ver la verdad justo 
frente a él. Era amado. Su familia se dedicaba a él. No tenía que conseguir 
la lealtad, ya estaba allí. 
 
 
160 
Nick pareció conmovido, pero ni una sola lágrima cayó de sus ojos. 
No esperaba menos del despiadado líder de la mafia. 
—¿Cuánto tiempo crees que tengo que quedarme aquí? —le 
preguntó a William. 
William dejó escapar un silbido bajo. 
—Al menos unos días. Tienes lesiones bastante graves. También te 
dio un mordisco —añadió William a regañadientes—. Quieren poner un 
injerto de piel sobre la herida. 
El labio de Nick se curvó con furia. 
—Quiero salir de aquí lo más rápido posible. Voy a matar a ese hijo 
de puta. 
 
 
 
161 
 
 
Anthony finalmente me convenció de ir al hotel que William nos 
consiguió y descansar. Prácticamente tuvo que sacarme a rastras de la 
habitación del hospital de Nick, pero la verdad es que estaba demasiado 
cansada para dar mucha pelea. 
Vicky se quedó a hablar con Nick. No estaba exactamente segura 
de lo que quería decirle, pero sabía que necesitaban tiempo juntos para 
resolver sus problemas. Vicky y yo no estábamos completamente 
recuperadas de lo que había hecho, pero estaba trabajando en sus 
problemas y tratando de redimirse. Me alegré de que estuviera haciendo 
un esfuerzo. También ayudó que Nick estuviera prácticamente atado a la 
cama del hospital, por lo que no podía huir de cualquier confrontación 
que ella quisiera tener. Casi dudé en dejar a Nick con ella mientras estaba 
en un estado tan vulnerable, pero Anthony me aseguró que no pasaría 
nada. 
Me apoyé en Anthony mientras nos dirigíamos a la habitación del 
hotel. No era seguro para ninguno de nosotros regresar al condominio de 
Vicky ya que Norman sabía dónde vivía. 
Las puertas del ascensor se abrieron y Anthony me levantó en sus 
brazos como si fuera una muñeca de trapo. 
—Tienes tanto sueño —murmuró a medida que me llevaba por el 
largo pasillo alfombrado del hotel de cinco estrellas hacia nuestra 
habitación. Apoyé la cabeza en su pecho y tomé el cuello de algodón de 
su camiseta con mis dedos. 
—Solo necesito una siesta rápida, y luego podemos volver al 
hospital —dije en voz baja, mi voz áspera por el par de días largos. 
—Una siesta. Algo de comida. Una ducha. Tal vez también algunos 
zapatos nuevos. Las zapatillas de Vicky son demasiado grandes para tus 
pies —se rio. Tuve que robarle algunos de sus pantalones de yoga y un 
top corto porque no me permitió empacar una maleta antes de irnos. 
 
 
162 
William se había encargado de ir a buscarnos algunos suministros y 
prometió traerme ropa que en realidad me quedara bien. 
—¿Cuándo te volviste tan mandón? —pregunté con voz suave. 
—Solo estoy intentando cuidar de ti —respondió Anthony antes de 
dejarme suavemente frente a la puerta del hotel. Alcancé su mano justo 
cuando estaba a punto de hurgar en su bolsillo en busca de la tarjeta 
llave de la habitación del hotel. 
—Sabes que no necesito que me cuides, ¿verdad? —pregunté. 
Anthony tomó mis mejillas con sus manos. 
—Estar obsesionado con tu bienestar es mejor que mi obsesión con 
otras cosas. 
—¿Crees que tal vez usas tus obsesiones para ignorar las cosas que 
te molestan de verdad? —pregunté. Por lo general, no era tan directa con 
Anthony. Siempre había seguido su ejemplo, pero no esta vez. 
—Estoy seguro de que tienes razón —admitió de mala gana 
mientras desviaba la mirada. Esperé a que continuara. 
—Simplemente no quiero convertirme en otra tirita, Anthony. Te 
amo demasiado para eso. 
Asintió. 
—Me molesta que Nick fuera solo a ese club —dijo Anthony—. Me 
molesta que este idiota espeluznante sea en lo que podría haberme 
convertido. ¿Quién sabe lo que habría hecho si hubiera dejado que mi 
mente continuara por el camino que estaba antes de que Nick me enviara 
lejos? —Anthony presionó su frente contra la mía—. Me molesta que te 
haya hecho daño. Quete siguiera lastimando. Me molesta que Vicky se 
haya ido. Que nuestros padres estén muertos. Que fui secuestrado, 
abusado y arrojado con una pila de cadáveres fríos. Me molesta que sea 
el jodido de nuestra familia. Me molesta que no sea más que el chico de 
la limpieza. Me molesta que me guste ser el chico de la limpieza. 
Anthony se apartó de mí y sacó la llave del hotel de su bolsillo antes 
de abrir la puerta. Me quedé allí en asombro silencioso por su honestidad, 
sin saber qué responderle. 
Parecía que Anthony no quería que respondiera, solo quería sacarlo 
de su pecho. Me tomó de la mano y atravesó el umbral que conducía a la 
extravagante suite del hotel. Lo primero que vi fueron unas ventanas 
enormes del piso al techo con vistas al océano. En la sala de estar había 
un gran candelabro de cristal, asientos de cuero, una mesa de comedor 
y una colección de champán que probablemente costaba más de lo que 
ganaba en un mes en la funeraria. Bueno, probablemente ahora había 
perdido mi trabajo. No tenía mi teléfono celular para revisar, pero estaba 
segura de que había un mensaje de voz enojado de mi nuevo jefe 
esperándome. 
 
 
163 
—Necesito llamar a la abuela. Probablemente esté preocupada —
murmuré. 
—William la llamó antes. Dijo que decidimos pasar un par de días 
en Miami. Pareció emocionada de que hicieras un viaje y quiere que la 
llames pronto. 
—¿Tal vez después de la siesta? —sugerí. Si la llamaba ahora, 
probablemente me derrumbaría y tendría que explicarle todo lo que 
estaba pasando. No quería que se preocupara por mí, no cuando todo 
seguía siendo tan intenso. 
—Creo que es una buena idea. —Anthony caminó hacia la ventana 
de vidrio e instantáneamente presionó su rostro contra ella. La niebla de 
su aliento y la mancha de sus dedos dejaron marcas por todo el vidrio 
prístino. Luché contra el impulso de reírme—. Dios —comenzó antes de 
darse la vuelta para mirarme—. William realmente está perdiendo su 
toque. Este lugar parece un hotel de dos estrellas. Ni siquiera nos recibió 
un mayordomo. 
Lamí mis labios. 
—Supongo que ha estado un poco ocupado —le seguí el juego—. 
Capturar asesinos y todo eso. 
—Pero olvidar las rosas importadas de Perth. Es tan impropio de 
él. 
—Supongo que tendremos que perdonarlo por esta choza —dije a 
medida que miraba juguetonamente a los muebles finos y el diseño 
elaborado. Pero sólo por esta vez. 
—De acuerdo —respondió Anthony con un arqueo elegante de la 
nariz. 
Ambos estallamos en un ataque de risa que casi pareció quitarme 
el peso de los hombros, aunque solo fuera por un momento. Pero el alivio 
duró poco. Mi sonrisa se convirtió en un bostezo profundo. La expresión 
juguetona de Anthony cayó una vez más en seriedad. 
—Vamos a llevarte a la cama —dijo antes de aplaudir. 
Empezó a caminar hacia mí, pero se detuvo en la mesa del 
comedor. No lo había notado antes, pero había una caja bien envuelta 
sobre la mesa. 
—Quizás después de todo no ha perdido completamente su toque. 
¿Deberíamos ver qué regalo nos dejó William? —preguntó con picardía—
. Apuesto a que es un consolador dorado. Sabes cuánto amo los 
consoladores. 
Me reí de su broma y me acerqué lentamente a la mesa para ver 
cuál era el regalo. La caja grande era de color negro mate con una cinta 
rojo sangre en la parte superior. Ni siquiera estaba segura de cómo 
William tuvo tiempo para comprar algo. Todos habíamos estado tan 
 
 
164 
ocupados con el hospital, buscando la casa de Norman y todas las otras 
tonterías en el medio, así que me sorprendió. 
Mi instinto tenía esta sensación premonitoria de terror. Anthony 
iba a levantar la tapa y estaba en la punta de mi lengua decirle que no. 
Un escalofrío espeluznante recorrió mi piel. Algo en esto se sentía mal. 
Anthony arrojó la tapa a un lado y miré por encima del hombro para ver 
qué había dentro. 
—¿Un plato de cena? —preguntó Anthony—. ¿Tienen algún fetiche 
del que no estoy al tanto? —Alcanzó el plato y lo recogió. La porcelana 
blanca se veía—… ¿Un plato sucio? —preguntó Anthony—. Hay algo rojo 
manchado por todas partes. Como salsa de bistec. Quizás William 
necesite venir aquí y descansar. 
—Deja eso, Anthony —le dije. 
—¿Qué? —preguntó. Le arranqué el plato de las manos y lo arrojé 
al suelo. Fragmentos de porcelana se esparcieron por todo el suelo de 
baldosas. 
Miré en la caja una vez más y encontré un tenedor y un cuchillo. 
Se veían… extraños. Marfil blanco blanqueado tallado a la perfección. 
—¿Eso es? —comenzó Anthony—. Ciertamente no es… 
Un sonido en una de las habitaciones conectadas de la suite nos 
hizo girar sobre nuestros talones. Anthony, aparentemente reconociendo 
el peligro en el que estábamos, se puso en alerta máxima. Toda la ligereza 
en su expresión se evaporó por completo. Sabía exactamente de dónde 
procedía este regalo. Y no era William. 
Anthony se llevó el dedo a los labios. Quienquiera que haya estado 
aquí ya sabía dónde estábamos. Observé la puerta principal. Anthony 
siguió mi mirada y negó con la cabeza. ¿Estaba pensando que alguien 
también estaba ahí fuera? ¿Esto era una emboscada? ¿Una trampa? 
Anthony envolvió sus manos alrededor de mi muñeca y tiró de mí 
hacia la ventana. Se movió con una certeza tranquila que pareció tan 
impropio de él, y en mi miedo frenético, me di cuenta de que esta era la 
parte del trauma de Anthony que lo convertía en un sobreviviente. Nunca 
lo había visto reaccionar así, pero fue interesante verlo procesar la 
situación en cuestión de segundos. 
A diferencia de él, mi pulso estaba acelerado. Mi piel estaba fría 
como el hielo. La adrenalina que corría por mis venas hizo que mis huesos 
temblaran de miedo. Solía estar desconectada de mis reacciones al terror. 
Ahora, era todo en lo que podía concentrarme. Encontrar mi humanidad 
tuvo sus consecuencias. 
El sonido del crujido de vidrio bajo mis zapatos pareció tan fuerte 
como un grito. No pude evitar sentir que Norman o una colección de mis 
peores pesadillas iban a salir de cada grieta oscura que esta suite de hotel 
tenía para ofrecer. 
 
 
165 
Anthony metió la mano en su bolsillo y sacó una navaja. 
—Anthony —susurré—. Tenemos que salir de aquí. —En lugar de 
responderme, Anthony me empujó detrás de él, sujetándome entre la 
ventana de vidrio y su cuerpo duro. 
La puerta principal se sacudió. El miedo hizo que mis ojos 
comenzaran a lagrimear, y aferré la cintura de Anthony. Mirando por 
encima de su hombro, esperé al monstruo que estaba al otro lado. El 
tiempo pareció ralentizarse. Pensé en Nick, en William. Pensé en las 
relaciones rotas que compartimos y mis posibilidades cada vez menores 
de repararlas. 
Anthony flexionó los músculos, levantó los hombros y amplió su 
postura. Estaba preparado para luchar contra quienquiera que estuviera 
aquí. 
Lentamente, la puerta del ático se abrió con un chirrido. 
Contuve la respiración. 
Esperando. 
Esperando. 
Esperando. 
William entró pavoneándose con una mano sosteniendo su teléfono 
en la oreja y la otra llena de bolsas de compras. 
—¡Contesta tu maldito teléfono, Luca! Quiero esas coordenadas 
ahora —dijo al receptor. Me relajé instantáneamente al ver a William, 
pero Anthony se tensó aún más. Los ojos de William recorrieron la 
habitación y, cuando se posaron sobre nosotros, colgó el teléfono 
inmediatamente. Sin una palabra, dejó caer las bolsas de la compra y 
sacó una pistola—. ¿Qué está sucediendo? —preguntó. 
Anthony miró el plato hecho añicos en el suelo y luego volvió a 
mirar a William antes de susurrar: 
—Tuvimos un invitado. 
Un crujido aleatorio en el pasillo me hizo estremecer. Un grito 
ahogado rebotó en mi boca, y Anthony se puso alerta, cortando el aire 
con su navaja. 
—¿Dónde está tu arma? —le susurró William. 
Detrás de él, pude ver las puntas de las orejas de Anthony ponerse 
rojas. 
—No confiaba en mí mismo para llevar una. 
¿Qué significaba eso? ¿Le preocupaba lastimar a alguien más? 
¿O a él mismo? 
William apretó la mandíbula. Sabía que estaba sintiendo la tensión 
deestar aquí. Sólo teníamos unos pocos hombres. Algunos tenían que 
 
 
166 
quedarse con Nick, el resto intentaba encontrar al asesino. Pensamos que 
estábamos a salvo, pero… 
—Quédate aquí. —Observé la espalda de William mientras se 
dirigía lentamente hacia la fuente del sonido. Apoyó la mano en la puerta 
del dormitorio y la abrió, con el arma levantada y el dedo en el gatillo. 
Una vez que pudo ver el interior, hizo un barrido de la habitación 
con los ojos antes de cruzar el umbral y entrar en la habitación. 
—Voy a mantenerte a salvo, Juliet —prometió Anthony. 
Asentí y me aferré a él, esforzando mis sentidos por los sonidos en 
la habitación de al lado. 
Podía escuchar una puerta deslizarse abriéndose. Estaba tan en 
sintonía con cada ruido que me hizo temblar. 
—¡Mierda! —gritó William desde el interior de la habitación—. 
¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! 
Mi pulso se disparó. Cada terminación nerviosa de mi cuerpo se 
estaba volviendo loca. 
—¿Qué está sucediendo? —grité. 
Un silencio que pareció extenderse por kilómetros me respondió. 
—¡William! —chillé—. ¡Respóndeme! 
—Vengan aquí. Norman se fue hace mucho tiempo —dijo William 
finalmente. Anthony dejó escapar un suspiro de alivio, pero todavía no 
podía quitarme el miedo de los huesos. ¿En serio William había revisado 
en todas partes? Aún había más habitaciones aquí. 
Anthony me guio a la habitación y al instante me abofeteó un hedor 
familiar. Levanté el cuello de mi camiseta sobre mi nariz. Había pasado 
un tiempo desde que había estado cerca de ese olor asqueroso y podrido, 
desde la noche en que Anthony se fue. 
—Si querías visitarme, todo lo que tenías que hacer era preguntar. 
Cena a las seis de la tarde. No llegues tarde —dijo William. En su mano 
había una hoja de papel con palabras de color rojo sangre garabateadas 
en ella. A los pies de William estaba un espectáculo que me horrorizó. La 
cabeza cortada de Luca estaba en el suelo. Sus ojos y boca estaban 
cosidos, y su piel normalmente bronceada parecía ser una mezcla de 
verde y gris. 
Presioné el dorso de mi mano contra mi boca y sentí que mi 
estómago vacío se revolvió. Mi reacción al verlo fue extraña. Fue como 
abrir las puertas a mi humanidad y dejar que los horrores de lo que vi 
salieran a raudales. William dejó caer la carta y se movió para 
consolarme. Anthony miró fijamente mi reacción, como si fuera un 
rompecabezas que no pudiera resolver. 
 
 
167 
Había estado entumecida por un tiempo, pero ahora podía sentir el 
terror. No había sentido de la sangre y la muerte. Ya no estaba siguiendo 
los movimientos. 
Anthony saltó a la acción cuando William me aplastó contra su 
pecho. Arrancando una sábana de la cama, cubrió la cabeza cortada con 
ella, ocultándola de la vista. Sabía que todavía estaba allí. 
—Estás a salvo —murmuró William—. El sonido solo fue la cabeza 
cayendo desde el estante superior al suelo. Vamos a irnos ahora, ¿de 
acuerdo? Regresaremos a Kansas City y nos reagruparemos. 
Asentí mientras me aferraba a él. 
William se volvió hacia su hermano y ladró una orden. 
—Limpia esto. Necesitamos llevarlo de vuelta con su familia para 
un entierro apropiado. 
Me alejé y traté de estabilizar mi respiración. 
Anthony dejó escapar un suspiro. 
—No puedo. 
William se congeló. 
—¿Por qué no? 
Anthony me miró por un momento prolongado, un mensaje en su 
mirada que luché por descifrar. 
—Eso ya no es lo que soy. No puedo… —Dejó que las palabras 
flotaran en el aire, mezclándose con el hedor a muerte que nos rodeaba. 
William pareció entender las palabras que Anthony no podía 
vocalizar. 
—Enviaré a alguien para que se encargue. Vamos al hospital. —
Anthony dejó escapar un suspiro de alivio. Necesitábamos hablar más de 
esto, pero estaba demasiado ansiosa por irme. No quería que cambiara 
por completo quién era para mí. 
—Vamos —rechinó Anthony con los dientes apretados antes de 
salir de la habitación. 
William envolvió su brazo alrededor de mis hombros, y lo seguimos. 
Solo quería dejar esta ciudad para siempre. 
 
 
 
168 
 
 
—¿Dónde diablos está mi arma? —gritó Malice. Estaba lleno de 
venganza y la violencia corría por sus venas. 
Vicky estaba sentada de nuevo en el suelo, sacudiendo la cabeza 
con molestia. 
—Nick, ¿qué vas a hacer? ¿Disparar en el hospital? —respondió, 
poniendo sus ojos en blanco. 
Nick golpeó los cables conectados a él con furia. 
—Necesito matar algo. Y estoy cansado de este maldito lugar. 
Puedo limpiarme solo el trasero, muchas gracias. 
—¿Te limpian el trasero aquí? —preguntó Anthony emocionado—. 
¿Tienes que hacer una cita para ese servicio, o debería ser apuñalado? —
El labio de Nick se torció, como si estuviera intentando contener una 
sonrisa. Me pregunté cuántas veces en el transcurso de sus vidas 
Anthony calmaría la situación con su humor. ¿Era genuino o un 
mecanismo de supervivencia? 
—Ya hablé con un médico en casa que puede atenderte al final del 
día —respondió William—. También contraté a una enfermera para que 
viajara en el avión privado con nosotros. —Estaba distraído por un 
mensaje de texto que acababa de llegar, sin siquiera mirar a su hermano 
enojado. 
—No me iré a casa hasta que este tipo esté muerto —respondió 
Nick, su voz como el acero. De alguna manera, sabía que diría eso. 
—Sí, lo harás —respondió William, su tono aburrido. 
—Creo que William tiene razón, Nick —dije—. Deberíamos volver a 
Kansas City. Ahí tenemos más recursos. 
William comenzó a escribir agresivamente en su teléfono mientras 
estaba parado a mi lado. 
 
 
169 
—Honestamente, nunca deberíamos habernos ido de Kansas City 
—se quejó. 
Vicky apretó los puños. Durante la última hora, William le había 
hecho pequeños comentarios sin parar. Yo también estaba frustrada por 
estar en esta situación, pero él necesitaba dejarlo ir. Vicky sinceramente 
parecía exhausta. ¿Cuándo fue la última vez que comió? Por suerte, fue 
la voz tranquila de Anthony la que respondió. 
—Volver a casa no se sentía como una opción. Déjalo, William —
dijo. 
William dejó de mirar su teléfono celular para recorrer la habitación 
con la mirada. 
—Si yo estuviera a cargo, habría sido una opción. 
Mi boca se abrió. Esta era la primera vez que lo escuchaba tomar 
descaradamente una posición en cuanto a tener el control de todo. 
Anthony sonrió. Nick pareció listo para sacar la aguja intravenosa de su 
brazo y empujarla a través del ojo de William. 
—Pero no estás a cargo. Y aún no lo estás. Yo tomo las decisiones, 
y no voy a huir de este imbécil. Si se parece en algo a Cora, entonces es 
pura palabrería y nada de juego. Tuvo suerte conmigo, pero apuesto a 
que es tan patético como su hermana. 
Vicky negó con la cabeza y abrazó sus rodillas contra su pecho. 
—No se parece en nada a Cora —murmuró. 
—¿Y qué sugieres que hagamos, Nick? ¿Asaltar su casa con 
nuestros hombres y acabar con él? Estaríamos caminando directamente 
hacia una trampa. Ciertamente no eres capaz de manejar una emboscada 
en este momento —solté. Necesitábamos salir de aquí y reagruparnos. 
—Eso es exactamente lo que estoy sugiriendo —respondió Nick 
antes de mirar su bata de hospital y dejar escapar un gruñido gutural—
. A la mierda este lugar. —Se quitó algunos de los monitores pegados a 
su pecho, haciendo que las máquinas se descontrolaran. 
Me pellizqué el puente de la nariz cuando una enfermera entró 
corriendo en la habitación. Tenía cabello gris ralo, mejillas sonrosadas y 
ojos como el fuego. 
—Señor Civella, si tengo que decirle una vez más que no se quite 
los monitores… —cortó con descaro. 
—Quiero que me liberen. Consígueme el papeleo de alta —espetó 
Nick, interrumpiéndola. 
Arqueó su ceja fina hacia él. 
—¿Quiere que lo den de alta? Acaba de tener una cirugía mayor. 
¿Se da cuenta de que lo apuñalaron cinco veces? 
Nick cuadró los hombros hacia ella, pero no se encogió. 
Quienquiera que fuera esta enfermera, era ruda. 
 
 
170 
—Sí —comenzó Nick—. También tuve un psicópata que 
literalmente me mordió el hombro.Pero quiero salir de este hospital, 
quitarme esta bata y alejarme de ti. 
Se acercó a Nick y lo miró fijamente. Si no lo conociera mejor, diría 
que Nick estaba un poco impresionado por su tenacidad. 
—Si se va de aquí sin supervisión médica, se puede romper los 
puntos. Podría tener una hemorragia interna, y cuando se dé cuenta de 
que se está muriendo, será demasiado tarde. Ahora, mis colegas 
trabajaron muy duro para traerlo de vuelta de entre los muertos, 
literalmente, y no voy a sentarme aquí y dejar que arruine todo nuestro 
arduo trabajo porque es un niño terco. 
Anthony dejó escapar un silbido bajo. William pareció querer tomar 
notas sobre cómo esta enfermera estaba manejando a Nick. Sin 
restricciones, Nick respondió. 
—Es importante que obtenga esos papeles de alta pronto, 
enfermera Luan. 
—Creo que voy a estar ocupada durante las próximas horas. Lo 
haré tan pronto como pueda, señor Civella —dijo antes de enderezar la 
columna vertebral, girar sobre sus talones y marcharse fuera de nuestra 
habitación. 
—Quiero ser ella cuando sea grande —dijo Anthony al momento en 
que se fue. Nick tomó un vaso de su mesita de noche y se lo arrojó a su 
hermano. Por suerte, estaba vacío. 
—No estás en posición de realizar una emboscada —dijo William. 
—Creo que deberías escuchar a tu enfermera —intervine. Nick me 
miró con los ojos en rendijas y me observó. Su mirada me hizo sentir 
como si lo estuviera traicionando. Pero William tenía razón; ir tras 
Norman en este momento era una mala idea. Estábamos cansados. Sólo 
teníamos un puñado de hombres. No sabíamos qué tipo de arsenal tenía 
Norman bajo la manga—. Sé que quieres vengarte de él, pero… 
—No lo entiendes —gruñó Nick. 
Me acerqué a él y traté de agarrar sus manos, pero se estremeció 
fuera de mi alcance, con una mueca de dolor en su rostro cuando lo hizo. 
—Entonces explícanoslo. 
Nick miró de lado a lado, como si las paredes se cerraran sobre él. 
—No podía moverme —espetó—. Me drogó y… —Nick comenzó a 
rascarse las palmas de las manos. 
—Está bien sentirse inestable. 
Nick me interrumpió. 
—¿Inestable? Me apuñaló con el hueso. Ni siquiera pude 
contraatacar. Estaba indefenso y solo pude quedarme allí y aceptarlo. 
 
 
171 
Esta vez, fue Anthony quien se adelantó para consolar a su 
hermano. 
—Solo quieres volver a sentir que tienes el control —dijo con 
ternura. 
Nick desvió la mirada. Me pregunté si alguna vez Nick se sintió 
completamente fuera de control. Pero estas últimas semanas, todo lo 
relacionado con su vida se le había escapado de las manos. Ya no estaba 
bajo su control. Anthony giró en espiral. Vicky volvió. William lo estaba 
desafiando. Norman fue la maldita guinda de un pastel muy podrido. 
—No puedo ir a casa hasta que esté muerto —dijo Nick en voz baja. 
—Lo atraparemos —respondió William—. Tienes que pensar como 
un líder en este momento. No tenemos la mano de obra. ¿Cómo se supone 
que debemos proteger a Juliet y Vicky? 
Anthony miró a William durante mucho, mucho tiempo. 
—Puedo proteger a Juliet y Vicky. —Luego se agachó para mirar a 
Nick, una conversación tácita entre ellos. Deseaba tener acceso a sus 
pensamientos—. Lo que sea que quieras hacer, te apoyo. Sé lo que es 
intentar volver a casa después de que tu mundo está completamente 
destrozado. Si no manejas esto ahora, es posible que nunca vuelvas a 
sentirte normal. 
—Esto es una locura. Juliet, hazlos entrar en razón —argumentó 
William. 
Me aclaré la garganta antes de hablar. 
—Estoy de acuerdo con William. Deberíamos irnos a casa. 
Vicky, que había estado callada todo este tiempo, finalmente habló. 
—Aún nos encontrará allí. He pasado semanas esquivando a este 
tipo. Cuanto más tiempo le demos para planificar y actuar, más fácil le 
resultará derribarnos, y nos derribará si no hacemos algo. Sé que esto es 
mi culpa y es mucho pedir, pero creo que deberíamos quedarnos. 
William levantó las manos y las dejó caer a los costados con 
exasperación. Me sentí de la misma manera. Quedarse se sentía mal. 
Cada sentido de autoconservación que poseía prácticamente me rogaba 
que me largara de Miami y me reagrupara. Teníamos más recursos en 
Kansas City. Teníamos aliados, armas y la policía en el bolsillo. Este tipo 
estaba trastornado, y no sabíamos exactamente hasta dónde llegaba su 
alcance. Por lo que ya habíamos reunido, había hecho algunas 
conexiones en la comunidad. Necesitábamos volver a nuestro territorio. 
Allí éramos intocables. 
Miami nos hacía sentir… vulnerables. Prácticamente, normales. 
Este lugar nos despojaba de nuestros títulos y poderes, nos obligaba a 
mirar la tierra debajo de nuestras uñas. De hecho, solo éramos cinco 
personas rotas navegando en un mundo peligroso. 
 
 
172 
—¿Qué sabes de él? —pregunté a Vicky. Si Nick estaba decidido a 
quedarse, entonces en realidad necesitábamos apoyarnos en el 
conocimiento interno de Vicky sobre él. 
Tragó pesado, el movimiento haciendo bailar el tatuaje en su cuello. 
—Sé que está obsesionado conmigo. Aproximadamente un mes 
después de que lo dejé libre, comenzó a enviarme miembros amputados, 
notas ensangrentadas y otros obsequios espantosos. Siempre estaban 
envueltos en una caja con papel bonito y atados con un lazo. 
Anthony apoyó el puño bajo la barbilla mientras escuchaba. 
—Se enorgullece de su trabajo —murmuró Anthony—. Toma 
pequeños trozos del cuerpo hasta que no queda nada. 
—¿Qué quieres decir? —pregunté. Por el rabillo del ojo, vi a Nick 
estremecerse. No pude evitar pensar en el desordenado montón de carne 
sacado de su hombro. 
Anthony respondió. 
—Cuando irrumpí en la oficina del médico forense para ver si 
realmente era Cora, le faltaban trozos de carne. Intenté ver si regresó a 
la escena del crimen después del hecho, pero nunca lo vi, pero la policía 
anunció un intento de allanamiento tres días después. Al principio, pensé 
que fue mi visita. Tuve cuidado, pero la mierda pasa, ¿sabes? Pero este 
tipo no fue tan bueno como yo. —Anthony hizo una pausa para guiñarme 
un ojo—. Ni siquiera pudo entrar en la cámara frigorífica. La policía 
publicó imágenes de seguridad del tipo y… 
Sacó su teléfono y buscó el artículo antes de mostrárselo a Nick. 
—Norman —gruñó. 
—¿El cuerpo de Cora fue el único que dejó atrás? ¿O tienen otros? 
—El cuerpo de Cora es la única evidencia que tienen que aún es 
útil. Todas las demás víctimas quedaron hechas pedazos. Apenas queda 
algo. —Anthony movió su peso de un lado a otro, como si admitiera que 
esto era incómodo para él. 
—Norman odia a Cora. Elige víctimas que se parecen a ella. 
Demonios, eligió a alguien solo por tener un nombre similar —agregó 
Vicky. 
—No había terminado con ella —susurré—. Algo sucedió y tuvo que 
dejarla atrás. Apuesto que lo está matando no poder terminar lo que 
empezó. 
William se aclaró la garganta. 
—Todo esto está muy bien, pero no cambia nada. No sé por qué 
estamos perdiendo el tiempo incluso hablando de esto. Nuestro mejor 
curso de acción es irnos a casa. 
Nick miró a su hermano, y fue una mirada tan llena de ira que 
incluso me estremecí. 
 
 
173 
—Entonces vete a casa, William. Eso es lo que haces, ¿verdad? 
Huyes. 
William dio un paso hacia Nick, con el puño a su costado. 
—Y tú alejas a la gente —replicó—. Creo que es una tontería 
quedarse aquí. Una vez más, solo te preocupa tu propia venganza y estás 
demasiado ciego para pensar en la seguridad de los demás. 
—Matarlo nos protege a todos. Deja de ser tan cobarde —dijo Nick 
antes de tomar un sorbo de agua. El insulto pesado se asentó entre los 
cinco como un peso en el pecho—. Aunque eres un dolor en mi culo, te 
necesito aquí. Eres mi mano derecha y vamos a necesitar de todos 
nosotros para hacer esto. 
William pareció sorprendido de que Nick admitiera esto. No estaba 
segura de que Nick alguna vez hubiera dicho que necesitaba a su 
hermano. 
—¿Quieres que me quede? —preguntó William. No podía decir si 
estaba siendo genuino o no, porque su tono sonó sarcástico. 
—Quiero que todos trabajemosjuntos para acabar con él. Quiero 
superar esto —respondió Nick antes de mirar a su hermana. 
Vicky asintió antes de hablar. 
—Juntos. 
Anthony se encogió de hombros. 
—Eres mi viaje a casa. Mientras Juliet esté a salvo, en realidad no 
me importa nada más —dijo antes de mirarme. 
No sabía cómo hablar, pero sentí que era mi turno de convencer a 
Nick de que era una idea terrible. Sin embargo, me sentí en conflicto. Me 
negaba a dejar a alguien atrás. Mirando a William, dejé escapar un 
suspiro. 
—Sigo pensando que deberíamos irnos a casa —dije. William sonrió 
ante mi apoyo—. Pero no quiero que nos separemos nunca más. Estaré 
donde esté la mayoría y los apoyaré como sea necesario. 
Si tenía alguna esperanza de que nuestra relación se reparara y 
fuera más fuerte que antes, tenía que trabajar con todos ellos en esto. A 
pesar de mis dudas, sentí un rayo de esperanza. Vicky estaba de vuelta. 
Anthony estaba de vuelta. William y Nick todavía tenían algunas 
diferencias que resolver, pero estaban cerca de encontrar una forma 
nueva de prosperar juntos. Por mucho que odiara admitirlo, Nick 
experimentando un poco de vulnerabilidad podría haber sido bueno para 
él. Me enamoré de él porque parecía un dios entre los hombres, pero 
fueron sus vulnerabilidades humanas las que me hicieron querer 
desgarrar su alma y comprenderlo. 
 
 
174 
Al final del día, estos cuatro hermanos simplemente luchaban con 
un mundo oscuro y tortuoso. Se les enseñó a navegar la muerte y el poder 
con crueldad. 
William se miró los zapatos antes de encontrarse con mi mirada. 
—Supongo que nos quedamos —respondió en voz baja. 
Abrí la boca, sin saber qué decir, pero se fue antes de que pudiera 
descifrar mis palabras. Sentí su frustración y traición con cada paso que 
puso entre nosotros. 
—Entonces —comenzó Anthony—, supongo que ahora tenemos 
que descubrir cómo robar el cuerpo de Cora, ¿no? —Cuando ninguno de 
nosotros respondió, sus cejas se hundieron—. Quiero decir, es la única 
manera, ¿verdad? Si Norman quiere terminar lo que empezó, apuesto a 
que será un poco imprudente al hacerlo. Probablemente no será fácil 
ponerle las manos encima, pero en realidad no conozco ningún otro cebo 
que lo saque de su zona de confort. Además, dado que es mi plan, me 
gustaría tener la oportunidad de preguntarle a qué sabe el cerebro. Pasé 
por toda una fase zombi y siempre he tenido curiosidad. 
Me reí. Nick apretó la mandíbula. 
—Parece bastante obsesionado conmigo —dijo Vicky—. Solo digo, 
si necesitas un cebo… 
Nick la interrumpió. 
—Absolutamente no. Nos llamaste aquí para ayudarte, y vamos a 
ayudarte. Ponerte en peligro no es una opción. 
Los ojos de Vicky se humedecieron. Me pregunté si Nick se daba 
cuenta de lo mucho que necesitaba oír eso de él. No pude evitar ver una 
vez más ese rayo de esperanza enconándose entre nosotros. 
Estaba asustada. Pero estábamos todos juntos. 
 
 
 
175 
 
 
Me senté en el borde de la cama mientras veía a Nick intentar 
quitarse la ropa. Quería levantarme y ayudarlo, pero también disfrutaba 
viendo su terquedad. Mientras se movía, gemía de dolor, y supe sin duda 
que necesitaba seguir hospitalizado. Su determinación de salir y 
deshacerse de Norman iba a abrir uno de sus puntos y retrasar su 
curación. 
—¡Mierda! —maldijo antes de dejar caer las manos a los lados. El 
hecho de que se estuviera moviendo ahora mismo era un testimonio de 
su tenacidad. A Nick no le gustaba parecer frágil. Lo estaba matando 
sentirse tan indefenso. Tal vez necesitaba este momento. Tenía que 
reconocer que algunas cosas estaban fuera de su control. 
—¿Quieres ayuda? —pregunté a medida que lo observaba 
abiertamente. 
—No seas condescendiente conmigo —me contestó. Me levanté 
lentamente y me acerqué a él. La habitación estaba a oscuras, aparte de 
una pequeña lámpara de mesa en la mesita de noche. Alquilamos una 
casa en un suburbio de Miami con un nombre falso. Nick envió un 
mensaje a su casa para que vinieran aún más hombres, y en ese 
momento estaban haciendo turnos para caminar en círculos alrededor 
del perímetro. Me sentía relativamente segura, pero cada ruido me hacía 
estremecer y mirar por encima del hombro. 
Norman encarnaba todo lo malo que había pasado mi vida 
investigando. Había leído sobre asesinos siniestros y todas las formas que 
adoptaban. Pero era aterrador pensar que pronto nos encontraríamos 
cara a cara con el verdadero caníbal. Me preguntaba qué lo hizo ser así. 
¿Fue su hermana controladora? ¿El trauma de estar encerrado y casi 
morir? ¿O siempre fue algo innato en él? Una llama pequeña que avivó 
hasta que se convirtió en un infierno rugiente que desgarró su psique. 
Nick no me miró cuando me acerqué a desabrochar su camisa. Su 
orgullo lo mataría. 
 
 
176 
Teníamos que cambiar la gasa de su hombro, ya que había 
sangrado a través de ella. 
—Me gustaría que descansaras —le dije en voz baja. No intentaba 
hacerlo sentir menos hombre, simplemente lo amaba. 
—Si fueras mi enfermera, tal vez me habría quedado en ese maldito 
hospital —murmuró antes de acercarse lenta y pausadamente a rozar mi 
mejilla con el pulgar. Cada movimiento le hacía hacer una mueca de 
dolor, pero aun así, se acercó a mí. Me incliné hacia su toque, 
completamente consumida por el alivio de que siguiera aquí, de que 
siguiera haciéndome enojar con su actitud decidida y controladora. 
Una vez que se quitó la camisa del cuerpo, lo acompañé 
suavemente hasta una silla y lo senté. 
—Te cambiaré el vendaje —dije antes de retirarme al baño 
adyacente a por el botiquín. 
En el espejo del baño, vi mi reflejo e hice una mueca. Tenía un 
aspecto horrible. Tenía el cabello enmarañado en la parte superior de la 
cabeza. La ropa me quedaba un poco pequeña; tuve que ajustarla para 
que me quedara bien, pero seguía sin estar bien. Tenía los ojos inyectados 
en sangre y las mejillas hundidas. La tensión de este mundo me estaba 
matando una vez más. 
Volví a entrar en el dormitorio, con el botiquín en la mano, y resistí 
las ganas de llorar cuando vi a Nick. Tenía los hombros encorvados y 
parecía inquieto. Su rostro estaba fijado en una mueca permanente de 
dolor. Probablemente no conseguiría dormir esta noche porque estaría 
demasiado consumida viendo cómo sus pulmones se movían de arriba 
hacia abajo mientras descansaba. No me gustaba el hecho de que no 
estuviera monitoreado en un hospital, pero también me sentía impotente 
para detenerlo. 
Se estremeció cuando le toqué el hombro suavemente. 
—Vamos a limpiar esto, ¿de acuerdo? —susurré. 
Me costó mucho no vomitar en cuanto le quité las vendas. Cómo 
estaba funcionando ahora, era un milagro. Podía ver las marcas de los 
dientes grabadas con fuerza en su piel. El pus y la sangre se escurrían. 
¿Y si se infectaba? Me apresuré a limpiar la herida y a vendarla, 
intentando hacerlo lo más rápido posible para aliviar parte del dolor que 
Nick estaba experimentando. 
—Háblame —susurró. Sentí que necesitaba la distracción. 
—Ni siquiera sé de qué hablar —dije con impotencia—. Las cosas 
están raras entre nosotros. Estoy enfadada porque te fuiste del hospital. 
Me enoja que nos quedemos aquí en Miami. 
—Tengo que hacer esto, Juliet —dijo con voz ronca. 
Terminé de vendarlo y di la vuelta para mirarlo de frente. Me 
arrodillé a sus pies, lo miré a los ojos y hablé. 
 
 
177 
—No tienes nada que demostrarme. Sé que eres fuerte, capaz e 
invencible. 
Nick bajó la mirada a la alfombra por un momento breve, y quise 
abrir su mente para entender lo que estaba pensando. 
—Mi padre me enseñó a no dejar nunca vivo a un enemigo —
admitió. 
No pude evitar preguntarme si Nick se sentía fracasado. Sus padres 
lo presionaron tanto para que dirigiera su imperio, protegiera a sus 
hermanos y siguiera todas esas reglas arcaicas en su afán de poder. Nick 
era un hombre moldeado por las enseñanzas de su padre. Tuvo que 
endurecerse para manejar el tipo de vida que vivía, pero lo rompió. 
—Eres tan hermosa, ¿lo sabías? —murmuró—. Quiero enfadarmecontigo. Quiero castigarte. 
Tomé su mano y me apretó suavemente. 
—Entonces, ¿los dos estamos enfadados con el otro? —pregunté—
. ¿Eso significa que debo dormir en el sofá esta noche? —De ninguna 
manera iba a dormir en el sofá, pero teníamos que resolver esto. No 
habíamos tenido la oportunidad de hablar de todas las cosas que se 
acumulaban entre nosotros como una montaña que ninguno de los dos 
quería escalar. Si por mí fuera, pasaría por encima de nuestros 
problemas para llegar a donde él estaba. 
—Quédate conmigo esta noche —susurró Nick. 
Lo ayudé a despojarse de los calzoncillos y nos dirigimos a la cama 
grande con sábanas lujosas que había en el centro de la habitación. Lo 
ayudé a tumbarse antes de arrastrarme sobre el colchón a su lado. No 
podía apoyar la cabeza en su pecho, pero enhebró sus dedos entre los 
míos y me abrazó con fuerza. 
—Haría cualquier cosa por ti —susurró Nick. Para algunos, la 
declaración parecería una promesa vacía, pero sabía lo serio que estaba 
siendo Nick. Yo era su mayor debilidad. Giró la cabeza para mirarme, y 
pude ver su expresión amable en la elegante habitación oscura—. Quiero 
casarme contigo —susurró. 
Sabía que era sincero, pero la frase me hizo reír. Los analgésicos 
debían de haber hecho efecto. 
—Sabes que primero tienes que pedírselo a la abuela —respondí. 
—Voy a trabajar duro para ser digno de ti —dijo entonces. 
—Nick, esa es la cuestión, nunca te pedí que te probaras a ti 
mismo. Solo te quería a ti. No necesito los muros que estás dispuesto a 
construir a mi alrededor. No necesito tu seguridad financiera. No necesito 
tu protección, ni tus regalos. Necesito tu tiempo, tu amor y tu aceptación. 
Necesito espacio para respirar, y confianza. Más que nada, necesito 
confianza. 
 
 
178 
Me apretó la mano con las pocas fuerzas que tenía. Intuí que pronto 
se quedaría dormido. 
—Podrías tenerlo todo. Todo de mí —respondió con cortesía. Me 
moví para besarlo en la frente. Sus palabras dulces y creíbles, pero solo 
el tiempo nos daría la oportunidad de aprender y crecer en nuestra 
relación de forma que volviéramos a estar sanos. 
—Vete a dormir —susurré. 
Y Nick obedeció. 
 
p 
 
Desperté cuando alguien tocó mi hombro con su dedo ligero. 
Toque, toque, toque. Abrí lentamente mis ojos pesados, y la visión 
sombría de Vicky de pie sobre mí me hizo jadear de miedo. Durante un 
tiempo, ella fue la protagonista de mis pesadillas, y en mi estado de 
somnolencia, casi olvidé que estábamos intentando estar mejor de nuevo, 
intentando siendo la palabra clave. 
Después de llevarse el dedo índice a los labios, me sonrió con 
maldad antes de señalar la puerta con la cabeza. Miré a Nick y vi que 
dormía plácidamente, o al menos tan plácidamente como podía, dadas 
las circunstancias. Su rostro hermoso seguía retorcido por la agonía, 
como si estuviera atrapado en una pesadilla de la que no pudiera escapar. 
Con un suspiro somnoliento, me levanté de la cama y la seguí por 
la puerta del dormitorio hasta el salón luminoso. Tuve que parpadear 
para aliviar el escozor de las luces duras. Anthony y William se habían 
marchado hacía horas, antes de que nos durmiéramos, y todavía no 
habían salido. Los dos estaban trabajando en nuestra trampa para 
atrapar a Norman y eliminarlo. 
Vicky me habló con cautela mientras yo bostezaba. 
—Siento despertarte, pero Anthony quería que me asegurara de 
que habías cenado. No estoy segura de que hayas comido nada hoy. 
Luego señaló una mesa llena de tacos y arroz español. Al verlo, mi 
estómago retumbó y se me hizo la boca agua de inmediato. 
—Gracias —dije, aclarando mi garganta. 
Vicky se sentó a la mesa y tomó un tenedor. Tras ella, sentí 
inquietud ante la perspectiva de pasar toda una comida a solas con ella. 
Había algo íntimo en el ritual de compartir la comida que me hacía sentir 
cautelosa. Durante nuestro viaje por carretera, permanecimos en silencio 
la mayor parte del tiempo. Aunque tenía hambre, no estaba segura de 
poder comer cordialmente con ella. Quería confiar en ella, pero no lo 
hacía. Quería volver a amarla, pero no podía. Tenía que forzarme a no 
 
 
179 
enfadarme con ella por las heridas de Nick. No era directamente su culpa, 
pero sus acciones impulsivas condujeron a la gigantesca bola de nieve de 
la que estábamos huyendo. 
—Solía traerte tacos de Dick, ¿te acuerdas? —preguntó Vicky con 
una sonrisa. Parecía desesperada por hacer contacto visual conmigo y 
conectar—. Estaba ese camión de tacos que siempre te gustaba. —Asentí 
antes de tomar mi comida y darle un mordisco. Estaba muy buena. Una 
explosión de sabor rebotó a lo largo de mi lengua, y tuve que resistir el 
impulso de gemir. No me había dado cuenta del hambre que tenía. Era 
difícil digerir la comida con la visión de la cabeza cortada de Luca 
ahogando mi mente con el miedo. Sin embargo, agradecí la reacción 
normal al trauma. Era mejor que estar insensible a todo. 
—De nada —dijo Vicky. Asentí con entusiasmo, aunque todavía 
había una reticencia en mi pecho. Estar a solas con Vicky se sentía mal. 
Me miró fijamente, esperando que volviera a hablar. Pero prefería el 
incómodo silencio. Al menos, así era auténtica conmigo misma. Forzar 
una conversación superficial con Vicky no me gustaba. 
Se aclaró la garganta. 
—Entonces, ¿cómo estaba Nick? —preguntó. 
Dejé mi taco y la miré fijamente. 
—Tenía mucho dolor. Le cambié algunas vendas, pero 
sinceramente ahora debería estar en un hospital. Estoy nerviosa por él. 
Todo esto me parece muy imprudente. Deberíamos estar en un avión de 
vuelta a Kansas City ahora mismo. Ni siquiera estoy segura de que 
deberíamos haber venido aquí. 
La expresión juguetona de Vicky cayó en territorio neutral. 
—Me culpas —dijo—. Entiendo por qué. Solo tenía la esperanza de 
que estuviéramos mejorando. 
No sabía cómo explicarle lo que sentía. El perdón venía en oleadas. 
Era una cosa de ida y vuelta con la que luchaba. Una parte de mí quería 
recuperar a mi amiga. Durante mucho tiempo dependí mucho de ella. 
Pero entonces recordé lo que sentí al estar encadenada a esa silla en el 
almacén, el fuego besando mi piel mientras sollozaba. No pude evitar 
pensar en Anthony y en su constante caída en la locura instigada por su 
traición todos esos meses atrás. 
Pero decir todo esto en voz alta era como golpear a un caballo 
muerto. Vicky sabía lo que hacía. Ninguna cantidad de vocalización de 
mis quejas iba a mejorar esto. Pero obligarme a sentir algo que no podía 
sentir también estaba mal. El perdón era un arma de doble filo, y seguía 
sacando el arma de mi espalda. 
Vicky buscó mi rostro con sus ojos. Ver su mirada inquisitiva me 
hizo enfadar. Se aclaró la garganta. 
 
 
180 
—Mi padre solía decirme que era demasiado impulsiva para este 
negocio —dijo—. Me ponía a prueba todo el tiempo y me hacía preguntas 
solo para ver cómo respondía. No tardó en darse cuenta de que no 
encajaba en este mundo. Me aburrí del ajedrez. Busqué el camino más 
fácil y perezoso hacia el éxito. Todos mis hermanos tuvieron que matar a 
alguien antes de ser iniciados. Pero yo no. 
Me enderecé de nuevo en mi asiento, en parte sorprendida de que 
se abriera sobre su vida. Su pasado siempre había sido un secreto para 
mí. Nunca me habló de sus hermanos, su educación, sus miedos o sus 
remordimientos. Durante mucho tiempo de nuestra amistad, lo único 
que escuché fueron referencias vagas a sus padres. Era extraño oírla 
hablar específicamente de sus padres. 
—Mis hermanos son buenos con los puños. Él los entrenó para ser 
asesinos y conquistadores. A mí me entrenaron para ser una 
manipuladora. Un juguete deseado. Al crecer, mi mayor fuerza fue mi 
apariencia. —La correa de su camiseta de tirantes se deslizó sobre su 
hombro. 
Agarró una tortilla y arrancó un trozo, llevándoselo a la boca con 
una mirada distante. 
—Mi madre quería más para mí. Sabía lo que les podía pasar a las 
chicas atractivas en este mundo. Quería mucho a mi padre. Pero no 
quería la misma vida para mí. —Mantuve la boca cerrada,demasiado 
asustada para hablar y arruinar el momento. Me dolía saber más sobre 
la chica que se convirtió en mi mejor amiga, y luego me traicionó. 
—Mis hermanos no lo entendieron, ¿sabes? Tenían sus propias 
luchas. Sus propias responsabilidades. Pero cuando Nick se hizo cargo, 
se puso peor. Entristecí a mi madre. Ella era la única persona que 
intentaba activamente sacarme de aquí. No solo se esperaba que fuera 
una cara bonita para el imperio, sino que Nick era aún más controlador 
que mi padre. No lo culpo por ello. Estaba asustado, y con razón. Pero 
era como estar enterrada viva. 
—Tú querías salir —dije en voz baja. 
Dejó escapar un suspiro y miró por la ventana el cielo nocturno. 
Desde su lugar en la mesa de la cocina, parecía etérea. 
—No me di cuenta en ese momento, pero me apoyé mucho en ti 
para tener una sensación de normalidad y libertad. También fui un poco 
egoísta al respecto. Nuestra amistad no se trataba de amistad, sino de 
escapar. Me daba vértigo tener un secreto de Nick. Me hizo sentir una 
sensación de independencia que nunca había tenido. 
¿Qué estaba diciendo? ¿Esto significaba que nunca fuimos amigas 
de verdad? 
—¿Recuerdas el podcast que hiciste sobre las mujeres que se 
quebraron? —me preguntó. 
 
 
181 
Asentí. Era uno de mis podcasts más populares. A la sociedad le 
encantaba oír hablar de mujeres que perdieron la cabeza por completo. 
Los hombres lo hacían todos los días, pero cuando una mujer finalmente 
se rompía, se rompía maravillosamente. Era como una tormenta 
destructiva que arrasaba con todo a su paso. 
—Me quebré, Juliet. Fue feo, despiadado y doloroso. Me arrepiento 
de haber acudido a Cora, pero tienes que entender que ella se sentía como 
mi única opción. Había intentado huir, y Nick me detuvo. Había intentado 
superar mi estatus en este mundo criminal, pero mi padre me recordó 
constantemente que no era más que un cuerpo caliente para un hombre. 
No fui criada para sentirme como una princesa. Fui criada para sentirme 
como un activo. 
—¿Alguna vez te preocupaste por mí? —le pregunté. Necesitaba 
saberlo. Por aquel entonces, la vida era como aguantar la respiración, y 
verla una vez a la semana era el único momento en el que podía boquear 
para seguir respirando. Me sentía sola y apenas sobrevivía. 
—Me importaba. Todavía me importa. Te quiero. Pero cuando 
hablábamos de mis hermanos y de cómo exigías que te trataran como te 
mereces, me hizo darme cuenta de que fui tan mala como ellos. Hice que 
me conocieras en mis términos. Vi lo sola que estabas e hice lo que estaba 
entrenada para hacer: te manipulé. Fue una mierda. Pero estaba tan 
adicta a la sensación de libertad que no me importó. Sin embargo, me 
arrepiento. 
—Tus hermanos están aprendiendo. Creo que tú también podrías 
aprender. 
Vicky asintió. 
—Si quieres saber de mi pasado, te lo diré. Si quieres espacio, te lo 
daré. Si quieres perdonarme, me costaría sentirme merecedora de tu 
perdón, pero lo aceptaría amablemente. Verte enseñarles a mis hermanos 
a amarte me hizo darme cuenta de que quiero aprender a ser tu amiga. 
—Lo estoy intentando —dije suavemente—. Solo se necesita 
tiempo. Pero, ¿hablas en serio? ¿Puedo preguntarte cualquier cosa? 
Ella sonrió. 
—Cualquier cosa. 
—Háblame de tu relación con tus hermanos. Hace unos meses 
estabas dispuesta a matarlos a todos. Estoy intentando entenderlo. 
Vicky asintió, el movimiento haciendo que parte de su cabello rubio 
pálido cayera de su moño desordenado. 
—Son todo lo que tengo —respondió encogiéndose de hombros—. 
En conjunto, no son la familia que habría elegido para mí. Pero son la 
familia que tengo. —Me pregunté si por eso le resultaba extraño que los 
eligiera activamente todos los días. 
Continuó. 
 
 
182 
—Le digo a todo el mundo que soy más unida a Anthony, pero es 
mentira —respondió—. Los dos fuimos rechazados por la familia, 
fracasos por derecho propio. Así que nuestros padres nos juntaron 
mientras se centraban en los niños en los que realmente podían confiar 
para dirigir su imperio. Eso no significa que nos quisieran menos, 
simplemente no veían el sentido de invertir en relaciones con nosotros. 
Anthony y yo nos entendemos, pero entre tú y yo, en realidad estoy más 
unida a William. 
—¿William? —pregunté con escepticismo. Tenía sentido. William 
había confiado en Vicky cuando empezamos a salir. William también era 
la persona en la que Vicky confió para presentarme. Sin embargo, quería 
escuchar su perspectiva al respecto. 
—William se preocupa por mí, pero no me asfixia. Siento que puedo 
ser yo misma a su lado. Es el hermano mayor con el que puedo contar. 
Probablemente por eso está tan enfadado porque no acudí a él cuando 
Norman empezó a acosarme. Supongo que soy la que más lo admira de 
todos ellos, por es muy difícil. Mi traición les dolió a todos, pero a William 
le dolió de otra manera. 
—¿Y qué pasa con Nick? Hoy querías hablar con él, ¿de qué 
hablaron? —pregunté. 
—Nick es un imbécil —dijo Vicky sin ninguna duda—. Pero creo 
que ahora lo entiendo mejor. Solía pensar que era un superhéroe 
invencible. Pero ahora creo que solo está asustado. Asustado de 
decepcionar al fantasma de nuestro padre. Asustado de meter la pata y 
hacernos daño. Asustado de perderte. Asustado de estar solo. Todo lo que 
hace está motivado por el miedo. 
Me resultaba difícil imaginar que Nick tuviera miedo de algo. 
Parecía tan frío como una piedra e inamovible. Como un árbol orgulloso 
con raíces profundas. 
—¿Y qué hay de ti, Vicky? —pregunté—. ¿Quién eres tú? Mañana 
vamos a derribar a Norman. Luego, todos vamos a empacar y tratar de 
volver a nuestras vidas. ¿A qué vida vas a volver? 
Mi pregunta pareció sorprenderla. Prácticamente estaba colgando 
en el borde de mi asiento, esperando su respuesta. 
—Voy a volver a mi libertad —respondió al instante. Después de 
todo, la libertad era lo único que quería. Es lo que la motivó a hacer lo 
que nos hizo—. Pero también voy a ser una mejor hermana y amiga. 
Ahora que estoy fuera de este mundo de locos, puedo verme con claridad. 
Se inclinó sobre la mesa, mirándome fijamente. 
—La verdad es que todos somos un producto de este mundo jodido, 
Juliet. Parte de amarlos significa amar también su maldad. Anthony casi 
te mata. Nick te controló. William te rompió el corazón. Has decidido que 
son perdonables. Solo espero que un día puedas ver que yo también lo 
merezco. No se trata de ser bueno o malo. Se trata de darse cuenta de 
 
 
183 
que todo lo que tenemos es el uno al otro. Somos mejores juntos. Me tocó 
estar lejos de ellos para darme cuenta. 
Me costó mucho reconocer lo que hizo Vicky, pero mi instinto me 
decía que estaba siendo muy auténtica y genuina conmigo. Aunque mi 
instinto humano más básico era guardar rencor, sentí que su honestidad 
nos impulsaba a una realidad nueva. Una amistad nueva. Nunca 
volveríamos a ser lo que éramos, pero quizás una vez que saliéramos de 
este lío, podríamos ser más. 
 
 
 
184 
 
 
Fue una tarde espeluznante para un funeral falso. Fue una 
producción dramática ambientada en un cementerio en ruinas. El lugar 
de descanso final de Cora no era más que un terreno en ruinas y una 
placa con las palabras: 
Aquí yace una perra que murió. 
El título fue idea de Nick. Le molestaba que estuviéramos siguiendo 
con tanta ceremonia para una mujer que hizo de su vida un infierno. 
Regresaría a la tierra de la misma forma en que vivió: sin complicaciones, 
olvidable y con el propósito de algo mucho más grande que ella. Era un 
chivo expiatorio para cosas más grandes. 
El dueño del cementerio nos dio rienda suelta en la tierra por una 
tarifa generosa. Incluso nos dejó usar su depósito de cadáveres en la 
propiedad. El lugar era barato y se estaba cayendo a pedazos, pero 
también en su mayoría fuera de la red. No teníamos que preocuparnos 
de que nadie viniera aquí para ver lo que estábamos haciendo. 
No habría palabras de esperanza susurradas con reverencia, 
sacerdote, ni oraciones dichas sobre su cuerpomaltratado esta noche. 
Nick quería arrojarla al suelo como basura olvidada a un lado de la 
carretera. Quería que su cuerpo se derrumbara y se contorsionara 
cuando golpeara el suelo solo para que pasara el resto de su vida 
incómoda, ni siquiera descansando. 
Y luego, al atardecer, esperábamos a que llegara Norman. 
La morgue era una casa de ladrillo de dos niveles que parecía haber 
visto días mejores. En el último piso vivía el dueño del cementerio, y en 
el primer nivel estaba la funeraria. Al final de un pasillo largo y oscuro 
era donde se realizaban las cremaciones y embalsamamientos. El polvo 
cubría todas las superficies del espacio. 
—¿Cuánto falta para que se cave el hoyo? —preguntó Nick a 
William. Vicky y yo estábamos sentadas en una mesa inestable. En 
realidad, no había hablado desde que llegamos. No estaba segura de lo 
 
 
185 
que podía decir. No estaba de acuerdo con esto. Y no me gustaba sentirme 
como un blanco fácil. 
William estaba mirando un folleto sobre ataúdes y no se molestó 
en levantar la vista cuando respondió. 
—Debería estar listo en unos treinta minutos más. Las cámaras de 
visión nocturna están instaladas y todos los hombres saben dónde 
esconderse. El obituario de Cora se publicó temprano esta mañana, y la 
policía ha hecho una declaración de que irá a su lugar de descanso final. 
Si él está mirando, sabrá que está aquí. 
Golpeé mi pie en los pisos de madera. William lo había logrado todo. 
Me sorprendió que lograra que la policía de Miami entregara el cuerpo de 
Cora. Su eficiencia me impresionó. Su efectividad y profesionalismo 
ayudaron a Nick y también lo irritaron. 
Me sentía muy bien con las cosas hasta que William continuó. 
—Pero, por supuesto, lanzamos este plan idiota en poco más de un 
día. No tenemos mucha mano de obra, y este tipo probablemente sabrá 
que estamos aquí esperándolo. Es una trampa estúpida, y no puedo 
esperar a que falle para que todos podamos irnos a casa. 
—Si falla, es tu culpa —gruñó Nick. 
—Cierto —continuó William—. Los planes que funcionan son 
tuyos, y los que fallan son míos. ¿Cómo pude haberlo olvidado? 
Sentí que Nick estaba sufriendo. Se negó a tomar ningún 
medicamento y se arriesgó al estar consciente para el trabajo de esta 
noche, pero apenas podía caminar. No estaba segura de lo que pensaba 
que estaría haciendo esta noche. Lo más probable es que uno de sus 
hombres capturara a Norman, y Nick saldría arrastrando los pies para 
ponerle la última bala en el cráneo. 
—Aún no sé por qué tuvimos que hacer esto de noche —dijo 
Anthony. Estaba paseando por los pisos junto a la puerta principal, con 
los brazos cruzados sobre el pecho. Cada pocos minutos, tiraba hacia 
abajo de su gorro. 
Su malestar era inusual para mí. Anthony típicamente prosperaba 
en lugares como este. Pero ni una sola vez hizo una broma o pidió tomar 
fotografías del crematorio. Ni siquiera había abierto el ataúd de Cora para 
mirar dentro. 
Anthony estaba intentando cambiar, y esta experiencia se sintió 
como poner a un alcohólico en una habitación llena de whisky caro. 
El sol se estaba poniendo afuera, arrojando un brillo brumoso 
sobre las lápidas. Iba a haber una tormenta esta noche. William suspiró 
y frotó sus gemelos. 
—Entonces, si no aparece, ¿podemos irnos a casa? 
—Aparecerá —murmuró Anthony. 
 
 
186 
—¿Qué te hace estar tan seguro? —preguntó William. Nick cerró 
los ojos. Estaba respirando con dificultad. Dentro y fuera, dentro y fuera. 
No me importaba si tenía que arrastrarlo al jet privado y pegarlo con cinta 
adhesiva a un asiento. Nos íbamos a casa después de esto. Quería que 
un médico lo revisara pronto. 
—Es una obsesión —graznó Anthony—. Lo entiendo. 
—No te pareces en nada a él —dijo Vicky en voz baja, intentando 
tranquilizar a su hermano. Aprecié que ella le dijera eso. Tal vez si 
Anthony lo escuchaba lo suficiente, comenzaría a confiar en mí otra vez. 
El teléfono de William sonó y se aclaró la garganta. 
—El hoyo está listo. Terminemos con esto. El pendejo no viene. Solo 
otra noche de insomnio persiguiendo tonterías. 
William se puso de pie, y Nick también se puso de pie lentamente. 
Sus extremidades temblaron mientras lo hacía. 
—Iré contigo. Quiero despedirme de la perra. 
—No estás en posición de caminar… 
—¡Dije que voy! —rugió Nick, interrumpiendo a William—. Y estoy 
cansado de oírte quejarte de este plan. O estás dentro o estás fuera, 
William. Puedo hacer esto sin ti si es necesario. 
Las cejas de William se levantaron. 
—Ah, puedes, ¿eh? Apenas puedes caminar, Nick. ¿Y tú ibas a 
organizar este lío? ¿Encontrar un cementerio a punto de hundirse que 
nos permita pagarles una suma global para que podamos hacer cosas 
turbias en su propiedad? ¿O ibas a llamar al periódico y poner un 
obituario en el último minuto? Pregúntame cómo conseguí el cuerpo, 
Nick. 
Nick se veía tan pálido. Apenas podía ponerse de pie. 
—William —susurré en advertencia—. Suficiente, por favor. 
William me miró, el hielo en su mirada me hizo erizarme. 
—Me voy. Todos ustedes obviamente tienen esto manejado. Hice mi 
parte. 
—¡William! —gritó Vicky mientras corría hacia la puerta. 
Se detuvo y la miró. 
—¡Déjame en paz, Vicky! Las mierdas eran mejores cuando no 
estabas —dijo con una voz de acero antes de salir por la puerta principal 
hacia su auto. 
Vicky negó con la cabeza, pero no pareció desconcertada por sus 
palabras. 
—Es una reina del drama —respondió—. Estará de vuelta. 
—Una vez que esté mejor, voy a patearle el trasero —se quejó Nick. 
 
 
187 
—Oooo —interrumpió Anthony—. Podrías, ya sabes, darle las 
gracias por ayudarte. 
Ignorando la broma de Anthony, Nick caminó con cuidado hacia la 
puerta. Me levanté, lista para ayudarlo en caso de que se cayera. 
—Quédate —exigió mientras me señalaba—. Estoy bien. Me 
aseguraré de que desechen su cuerpo y regresaré. Quiero hacer esto solo. 
Negué con la cabeza. 
—Podemos ir… 
—¡Dije solo! —gritó Nick—. Yo solo… necesito… 
Anthony miró a Nick. 
—¿Estás persiguiendo moscas, Nick? —preguntó. 
Las emociones subieron por mi garganta como un exorcismo, y de 
repente volví a la noche en que me escapé con mis pensamientos y tuve 
un colapso mental completo. Los chicos habían estado allí para mí, 
aplastando moscas imaginarias como si pudieran vencer a los demonios 
en mi mente por pura voluntad. 
Odiaba que Nick quisiera hacer esto solo, pero también lo entendía. 
Nick se miró las manos. 
—No ahuyento moscas, Anthony. Pongo bombas en sus pechos y 
las veo iluminar el cielo como jodidos fuegos artificiales —murmuró antes 
de salir arrastrando los pies por la puerta. 
Al momento en que la puerta se cerró, me moví de mi lugar a la 
ventana para poder mirar la espalda de Nick mientras caminaba hacia el 
lugar del entierro a unos quince metros de distancia. 
—Va a romper todos sus puntos —murmuré para mí. 
—Estoy segura de que podríamos encontrar una aguja e hilo por 
aquí en alguna parte. La morgue probablemente esté llena de cosas —
respondió Vicky con sarcasmo—. También traje el botiquín de primeros 
auxilios. Está por aquí en alguna parte… —Por el rabillo del ojo, la vi 
ponerse de pie y comenzar a buscarlo. 
Me moví para seguir mirando la espalda de Nick. Deambuló 
lentamente por el cementerio, sin que ninguno de sus hombres se 
atreviera a ayudarlo por temor a que ejerciera su autoridad y les 
demostrara cuán capaz era con una hábil bala alojada entre sus ojos. 
Anthony se movió para permanecer a mi espalda, y sentí su aliento 
cálido descender por mi cuello expuesto. 
—Estará bien —susurró Anthony. 
Me di la vuelta y lo enfrenté. 
—Seguro que tienes mucha paciencia y comprensión por el hombre 
que te envió lejos. 
 
 
188 
Anthony sonrió. 
—No lo culpo por enviarme lejos. Necesitaba trabajar en algunas 
cosas. Y en este momento, solo necesita luchar contra sus demonios. Así 
como él me ha dado espacio para procesar mi propia mierda una y otra 
vez, yo le estoy dando espacio para que haga lo mismo. Ten gracia para 
él.voy a 
quedarme sentado viendo cómo te arruinas y la arrastras contigo. Desde 
que Vicky se fue, tú… 
—Todos jodidamente se van —dijo antes de llorar—. O se mueren. 
O se lastiman. O… jodidas moscas. —Fruncí el ceño. No tenía tiempo 
para adivinanzas o lo que sea de lo que estaba hablando. Juliet era la 
que navegaba por su locura. No yo. Y a partir de ahora, tampoco lo haría 
ella, nunca más. 
—Bueno, ahora serás tú el que se vaya —dije. 
Anthony se sentó y me miró. 
—¿Qué? 
—Estás fuera. Terminado. Si vuelvo a verte en mi territorio… 
 
 
20 
—¿Me estás echando? —Hubo una sobriedad en su tono que no 
había estado allí durante semanas. Bien. Dejé que lo asimile. 
—Si te veo en Kansas City, atravesaré tu cerebro con una bala. 
Parecía confundido, casi sorprendido de que yo sugiriera tal cosa. 
—Pero yo… 
—No eres nadie. Ahora solo eres una amenaza para mi chica. Sal 
de mi vista. No vuelvas. Si te atreves a respirar sobre Juliet, te mataré de 
la forma más aburrida posible, haré un funeral público masivo para ti y 
te enterraré en un cementerio con una lápida con tu nombre. 
Morir de forma ordinaria era el mayor temor de Anthony. 
Entregaría la muerte con una cazuela y una botella de vino barato. Sería 
el espectáculo más mundano del año. Joder, le diría a Dios que hiciera 
llover solo para enfadarlo. 
Estaba acabado. Me importaba una mierda. Ella era la persona 
más importante de mi vida. No compartía mis juguetes con personas a 
las que les gustaba aplastar mierda con el puño. 
Miré a mi patético hermano, una punzada de dolor atravesó mi 
pecho al verlo. Sabía que yo era responsable del desastre de hombre en 
que se había convertido, pero no iba a dejar que la culpa arruinara la 
vida de Juliet. 
Ya había dejado de lado a un hermano. 
—No quiero volver a verte en esta ciudad nunca más —dije antes 
de dar media vuelta y alejarme del hermano que más quería. 
Nunca más. 
Mis prioridades ya no estaban con él. 
No, mi chica. MI CHICA necesitaba un salvador, y eso es lo que yo 
jodidamente sería. Ella no era lo suficientemente fuerte como para 
alejarlo, pero yo sí. 
 
 
21 
 
 
Mis ojos se sentían pegados. Una respiración entrecortada y un 
gemido gutural escaparon de mis labios cuando descorrí la cortina de mi 
conciencia. Me desperté con la sensación de haber comido un cuenco de 
arena seca. Mi lengua se sentía como el lecho de un arroyo seco y me 
dolía la garganta. No estaba desorientada, aunque me había despertado 
en un lugar diferente al que estaba cuando me desmayé; la habitación 
olía a la colonia de Nick y a ropa de cama limpia. La luz de la mañana se 
asomaba por las persianas, bañando el espacio con un cálido resplandor 
que me daba la bienvenida. La habitación me envolvía en familiaridad y 
comodidad. Simplemente no tenía claro cómo había llegado aquí. 
Estaba en casa. 
Estaba viva. 
Estaba… confundida. 
Lentamente me incorporé y pasé los dedos por mi cuello, notando 
la sensibilidad y el dolor punzante que sentía. Me aclaré la garganta e 
hice una mueca de dolor. Estaba en la habitación de Nick, y mi cuerpo 
desnudo se sentía gélido por el frío del aire. 
—¿Hola? —grazné, preguntándome si había alguien al otro lado de 
la puerta. Era raro que estuviera sola aquí. 
No hubo respuesta. 
Traté de calmar mi mente con la cabeza entre mis manos. Los 
acontecimientos de la noche anterior seguían grabados en mi memoria. 
Tallados en metal. Me había follado. No esperó el consentimiento o 
incluso ver si estaba mojada. Y entonces, durante una serie de 
embestidas punzantes y castigadoras contra el tronco de un árbol alto, 
Anthony envolvió sus dedos alrededor de mi garganta y apretó lo 
suficientemente fuerte como para hacerme perder el conocimiento. 
Anthony casi me asesinó. Fue un pensamiento perturbador. Pensar 
en eso se sintió como una traición, y no pude imaginarme diciendo la 
verdad en voz alta. Mi lealtad se hizo añicos por la realidad de lo que 
 
 
22 
había hecho. El amor seguía ahí, pero también la desconfianza, la 
vergüenza y el dolor. Nadie podía saber lo que había pasado. Si lo 
supieran, no estaba segura de lo que harían. Durante las últimas 
semanas, Anthony realmente había estado perdido, y no estaba segura 
de sí lo encontraríamos. 
 
En un tiempo, la oscuridad y el alma de Anthony se sintieron 
catárticos y curativos. Había un propósito para su locura. Como era tan 
bueno conmigo, era fácil compartimentar las cosas peligrosas que había 
hecho. Pero esa bondad se sentía empañada ahora. 
Me levanté lentamente de la mullida cama y me acerqué al espejo 
de cuerpo entero de Nick. Después de encender la lámpara y 
estremecerme ante la intensa luz, me tomé un momento para 
observarme. Fue una experiencia extracorpórea, como ver un personaje 
arruinado en una película u obra de teatro, no mi propio reflejo. 
La parte inferior de mis ojos estaba oscura. Había una maraña de 
cabello, retorcido en un moño. Mi piel fantasmal mostraba amargos 
moretones alrededor de mi garganta. Me veía más delgada de lo que 
recordaba. Más enferma. 
Pellizqué la piel de mi estómago y fruncí el ceño. Mis labios 
agrietados estaban partidos. Las puntas de mi cabello, sin brillo. 
El amor era un parásito que estaba dejándome completamente 
seca. 
La ira y el resquebrajamiento se apoderaron de mí. No se suponía 
que fuera de esta forma. Pero de alguna manera, había dejado de cuidar 
de mí misma en la búsqueda de ayudar a Anthony, servir a Nick, y 
construir la confianza de William. Todos éramos culpables de bailar con 
nuestros deseos tóxicos, pero ésta era la primera vez que veía los efectos 
en mi cuerpo con una perspectiva clara. 
Y, sin embargo, mi primer instinto era ir hacia él, hacia Anthony. 
Quería asegurarme de que estaba bien. Quería hablar de lo que había 
sucedido y tratar de darle sentido a todo. Necesitaba su consuelo. ¿Por 
qué no estaba abrazándome? ¿Por qué estaba sola? 
Estaba muy jodida. Fui una víctima, pero mi corazón traidor me 
hacía arrastrarme hacia el monstruo que me atacó anoche. En mi mente, 
había creado dos versiones de Anthony: el hombre que amaba y el 
hombre que se destruyó a sí mismo mientras buscaba la cordura. 
Decidiendo no revolcarme, me vestí con una de las camisas 
abotonadas de Nick y un cómodo par de pantalones de pijama que dejé 
aquí la última vez que pasé la noche. El cuello de la camisa ocultaba 
algunos de los moratones, pero cuando llegara a casa, tendría que 
cubrirlos con un corrector. Después de cepillarme los dientes, salí del 
dormitorio en busca de Anthony. Cada tictac del reloj hacía que el dolor 
que sentía se enterrara más profundamente dentro de mí. ¿Estaba 
 
 
23 
preocupado por mí? ¿O estaba tan loco que ni siquiera se había dado 
cuenta de que lo que había hecho estuvo mal? 
Con pasos suaves y resignados, bajé a su sótano de muerte. Con 
una exhalación temblorosa, empujé la puerta, preparándome para el 
hedor de la descomposición. El miedo me paralizó en el momento en que 
inhalé. Me recordaba demasiado a la noche anterior. Y por primera vez 
en mucho tiempo, no metí mi experiencia en una cajita dentro de mí, dejé 
que los temblores afloraran, dejé que el miedo me abrumara. Dejé que mi 
humanidad asomara su fea cabeza y me recordara que nada de esto era 
normal. Esto no era yo. 
De algún modo, de alguna manera, necesitaba encontrarme a mí 
misma de nuevo. Había perdido demasiado en estos últimos meses. 
—Sabía que vendrías aquí primero —dijo una voz profunda desde 
la oscuridad. La familiaridad y el tono me calmaron al instante. Mi refugio 
seguro estaba aquí. Agarré la barandilla y descendí hacia él, 
agradeciendo las tenues luces del sótano. 
Sentado en una silla plegable debajo de una bombilla fluorescente, 
Nick tenía las piernas abiertas y un vaso pequeño lleno de líquido ámbar 
apoyado sobre su rodilla. Su rostro lucía inexpresivo. Su cabello rubio 
estaba peinado hacia un lado y el vello facial áspero proyectaba sombras 
a lo largo de la línea de su mandíbula.Tomé las mejillas de Anthony. 
—Eres demasiado bueno, Anthony —dije. 
Agarró mis dos manos y las bajó con gentil precaución. 
—No lo soy —susurró. Estaba a punto de preguntarle qué pasaba, 
pero el grito estridente de Vicky nos detuvo a ambos en seco. 
Anthony se dio la vuelta cuando su súplica demoledora se 
interrumpió abruptamente y quedó amortiguada. Salté a la acción y me 
moví a su lado para ver qué estaba pasando, justo cuando una figura en 
la sombra comenzó a arrastrar a Vicky por el pasillo. Sus piernas 
patearon y resbalaron cuando un hombre altísimo la jaló por las axilas. 
Tenía cinta adhesiva sobre la boca, pero sus ojos muy abiertos 
expresaban el miedo que sentía. 
¿Pensé que estábamos seguros? William hizo revisar el perímetro 
dos veces. 
Nos alcanzó mientras se deslizaba en la oscuridad. Los marcos de 
los cuadros que cubrían las paredes se cayeron y los cristales se hicieron 
añicos a su alrededor. Anthony entró en acción y los persiguió. Me tomé 
un momento extra para abrir la puerta principal, me incliné sobre el 
umbral y dejé escapar un grito escalofriante. 
—¡¡¡Ayuda!!! 
Ni siquiera esperé a ver la reacción de Nick. El cielo nocturno se 
estaba poniendo sobre el cementerio, y los sonidos de los cuerpos 
luchando me espolearon hacia adelante. Mis pies golpearon contra los 
pisos de madera de la funeraria, y bombeé mis brazos a medida que corría 
hacia donde desaparecieron Anthony, Vicky y el hombre en sombras. Un 
estruendo fuerte me rodeó, sacudiendo las paredes para quitarles el polvo 
y la suciedad mientras caía. Sonó como un maldito cañón estallando. 
Mis palmas tocaron el suelo y me obligué a levantarme, ignorando 
la aguda sensación del vidrio clavándose en mi piel. Luego tropecé por el 
pasillo largo y atravesé el edificio, mi piel se erizó con piel de gallina a 
medida que avancé. Mi corazón se aceleró al ritmo de mis pies, y un 
manto de oscuridad total cubrió mi visión. 
En la entrada de la morgue, choqué con algo sólido y grité de dolor 
cuando ambos caímos al suelo. Anthony maldijo. Grité cuando mi piel se 
raspó contra el concreto. 
—Vete de aquí —siseó Anthony mientras me ayudaba a levantarme. 
 
 
189 
En algún lugar de la habitación resonante, escuché a Vicky luchar 
contra su mordaza de cinta adhesiva. Sus gemidos no eran más que 
aullidos ahogados. 
—Estoy tan contento de que todos pudiéramos encontrarnos —dijo 
una voz tranquila desde la oscuridad. 
Agarré el brazo de Anthony, el terror que me recorría me hizo 
apretar tan fuerte que mis uñas casi perforaron su piel. 
—Muestra tu maldita cara —gritó Anthony. 
—Como desees —respondió Norman antes de encender las luces. 
Mis pupilas gritaron por la rápida invasión de brillo, pero escaneé la 
habitación rápidamente en busca de Vicky. 
La máquina de cremación con sus puertas de metal y su 
impresionante panel de pantalla táctil estaba en el otro extremo de la 
habitación, y justo en frente de ella, un hombre vestido con un suéter y 
pantalones estaba parado allí. Sus dedos ágiles estaban envueltos 
alrededor de un cuchillo afilado que sostenía en el cuello de Vicky. Pateó 
y golpeó, intentando desesperadamente alejarse de él, pero sus 
movimientos bruscos hicieron que cortara su piel suave. Se volvió 
instantáneamente complaciente cuando se dio cuenta de la facilidad con 
la que podía cortarle la yugular. 
—Encantado de conocerte, Anthony —dijo Norman antes de 
lamerse los labios y mirarnos—. Mi hermana me contó historias de ti. 
—Cierra la puta boca —dijo Anthony antes de sacar su navaja de 
su bolsillo y apuntar a Norman—. ¿Cómo entraste aquí? 
Norman se humedeció los labios. 
—Estoy acostumbrado a esperar en lugares tranquilos y oscuros. 
Nadie sabía que ya estaba aquí. Si hubieras pasado menos tiempo 
discutiendo y más tiempo haciendo un buen uso de tu cerebro, tal vez 
podrías haberlo evitado. Cora te hizo sonar como si fueras invencible. 
Pero dejas que tus diferencias te distraigan. Suerte mía, supongo. —
Luego, Norman simplemente nos sonrió a los dos mientras usaba su 
mano libre para llegar detrás de él y encender la máquina de cremación. 
Un estallido fuerte indicó que la jaula de metal llena de fuego infernal se 
había puesto en marcha—. Cora dijo que le recordabas a mí. Dijo que te 
arrojaron a una pila de cuerpos fríos y te sentiste como en casa —dijo 
Norman. La forma en que habló me puso la piel de gallina. Era sin vida. 
La naturaleza monótona de esto tenía matices espeluznantes, como 
hablar con el mal. 
—Deja ir a Vicky. 
—No puedo hacer eso. Vicky nunca será libre en este cuerpo. Ella 
es como yo. —Norman se agachó hasta que su rostro quedó al nivel del 
de Vicky. Observé con horror mientras arrastraba su lengua por su cuello 
para lamer la sangre de allí a medida que gemía. Intentó escapar, pero el 
 
 
190 
cuchillo afilado volvió a cortarle la piel, haciendo que más sangre le 
resbalara por el pecho. 
Anthony dio un paso adelante, incitando a Norman a actuar. El 
hombre enloquecido se puso de pie y soltó el cuchillo para tirar del cabello 
de Vicky, obligando a que lágrimas calientes de terror rodaran por sus 
mejillas sonrojadas. La habitación estaba cada vez más caliente. 
—Pensé que querías a Cora —comencé, intentando ganar tiempo. 
¿Dónde estaban Nick y sus hombres? 
Norman me miró, ladeando la cabeza hacia un lado de una manera 
evaluadora que hizo que mi estómago se retorciera de disgusto. 
—Voy a tener a Cora. Consumiré cada pedacito de ella hasta que 
no sea nada. Ella pagará, no te preocupes. Simplemente no podía dejar 
que mi pequeña mascota sufriera más. 
Norman levantó a Vicky. Sollozó con fuerza, pero no podía escuchar 
sus gritos de ayuda debido a la cinta. La única evidencia de su angustia 
era la forma en que sus grandes ojos derramaban lágrimas. Sus piernas 
temblaban. Su pecho subía y bajaba. 
Anthony dio otro paso más cerca, su cuchillo levantado, cuando 
Norman presionó un botón para abrir la puerta de la máquina de 
cremación. El calor y el fuego escaparon de la puerta en oleadas fuertes. 
Me estremecí ante el intenso resplandor abrumador. Anthony puso su 
cuchillo en su boca y se abalanzó sobre los pies de Vicky, intentando 
agarrarla y alejarla del psicópata que intentaba ponerla en el fuego. 
Golpeó y golpeó a Norman, quien pareció imperturbable por sus 
movimientos. Era imposiblemente fuerte, sus huesos como el acero. 
Anthony agarró su cuchillo y se movió para apuñalar a Norman, 
pero él se hizo a un lado y pateó la mano de Anthony, haciendo que el 
cuchillo se esparciera por el suelo. Anthony lo siguió con la mirada, 
momentáneamente lo suficientemente distraído como para que Norman 
lo aprovechara. 
Levantando su pie para hacer palanca, Norman golpeó con su bota 
la cara de Anthony. Su bota aterrizó con feroz eficiencia, apartando a 
Anthony de Vicky. Una salpicadura de sangre se esparció a lo largo de 
los azulejos blancos de la nariz de Anthony, y me moví para ayudarlo, 
pero Norman gritó: 
—¡Alto! —Me congelé en el lugar, paralizada por mi miedo. Anthony 
gimió. ¿Dónde diablos estaban Nick o William? 
Norman luego levantó a Vicky y comenzó a empujarla hacia la 
entrada en llamas. Su cabello se chamuscó y el humo llenó la habitación. 
Anthony intentó levantarse pero titubeó. 
—¡No! —grité mientras miraba alrededor de la habitación en busca 
de algo que pudiera usar como arma. Cerré mis manos en puños y decidí 
luchar por nuestras vidas justo cuando Norman empujó a Vicky de 
cabeza al fuego. 
 
 
191 
Mi corazón se detuvo. El tiempo se hizo más lento. Las llamas 
crepitantes gimieron. 
Fue una especie de silencio agudo que me atormentaría por el resto 
de mi vida. No gritó, no podía gritar. 
La parte inferior de su cuerpo se contrajo mientras él continuaba 
empujando y empujando. 
Quemada, quemada, quemada. 
Tuve un momento de vacilación, pero luego corrí hacia él. Sin 
armas. Desesperadamente decidida a salvar a Vicky. Arremetiendo 
contra su cuerpo alto, lo derribé lo suficiente como para soltar su agarre—¿Qué haces aquí abajo? —pregunté antes de sentarme en su 
regazo. 
Aclarándose la garganta, bebió su bebida de un trago antes 
abrazarme e inclinar mi cabeza hacia su pecho. Sus labios buscaron mi 
cuello y me quedé paralizada por un momento, preocupada de que viera 
las marcas. Perceptivo como era, se detuvo al sentir mi reacción antes de 
lamer un punto sensible allí de todos modos. 
—Estaba buscando a Anthony —dijo—. ¿Cómo estuvo tu noche 
juntos? 
Me preguntaba si podía sentir mi pulso acelerado ante su pregunta. 
Quería evitar esta conversación el mayor tiempo posible. No estaba 
preparada para vocalizar lo que me había hecho. Anthony y yo estábamos 
escondidos en el bosque, y si me llevaba a casa, todavía había una 
posibilidad de que nadie lo supiera. Me aferré tontamente a esa idea y 
respondí. 
—Bien —mentí. 
Nick giró la cabeza y se quedó mirando la pared. A pesar de la 
oscuridad del sótano, pude ver cómo tensaba su mandíbula. 
—Estabas dormida cuando te trajo. Prácticamente desmayada. 
Tragué saliva con nerviosismo. No podía decirle lo que realmente 
había pasado. Se pondría furioso. Nick quería a su hermano más que a 
nada, pero no estaba segura de que lo quisiera lo suficiente como para 
 
 
24 
pasar esto por alto. Solo había una persona sensata en esta familia con 
la que podía hablar. 
William. 
—Estoy bastante cansada —dije, a pesar de que nuestra 
interacción me estaba poniendo nerviosa. No le tenía miedo a Nick, no 
como antes, pero estaba temblando. Puede que fuera una tontería, pero 
mantuve la verdad lo más cerca posible de mi pecho. Si Nick no lo sabía, 
era mejor. 
—Dormiste como muerta —dijo Nick con amargura antes de dejar 
su vaso de whisky vacío y levantarme. Me aferré con fuerza a su cuello 
mientras subía las escaleras, sus pasos furiosos golpeaban el suelo de 
madera a medida que avanzaba. 
Una vez en el pasillo, tiré del cuello de mi camisa. 
—¿A dónde me llevas? —pregunté. 
—Te prepararé el desayuno. ¿Quieres un té para tu garganta? 
Parece que te estás resfriando, Juliet. 
—Eso estaría bien —dije, intentando que mi tono fuera claro. 
Una vez en la cocina de gran tamaño, Nick pareció acomodarme de 
mala gana en una de las sillas de la cocina. Luego, se inclinó por la 
cintura hasta que quedó a la altura de mis ojos. Mi corazón se aceleró y 
me perdí en su brutal mirada. 
—¿Estás bien? —me preguntó. 
Me estaba dando la oportunidad de decir la verdad. Lo sabía. Él lo 
sabía. Pero el trauma que sentía era como cemento vertido en mi 
garganta. No podía admitirlo ante mí misma, y mucho menos ante Nick. 
Mis ojos de llenaron de lágrimas, pero me obligué a ser fuerte. 
—Estoy bien —mentí—. Solo cansada y hambrienta. Ese té también 
suena bien. 
Nick apretó la mandíbula antes de enderezarse y dirigirse a los 
armarios. Dejé salir el aire que estaba conteniendo cuando me dio la 
espalda para sacar una tetera y una sartén. Observé mientras comenzaba 
meticulosamente a preparar el desayuno en silencio. La habitación olía a 
tocino y me encontré observando la puerta. ¿Dónde estaba Anthony? ¿Me 
había dejado sin cuidado? Eso no parecía propio de él. Necesitaba hablar 
con William. 
—¿Un centavo por tus pensamientos? —preguntó Nick antes de 
romper un huevo. 
—¿Está William en casa? —Sabía que había trabajado en Eden's 
Place anoche, pero por lo general me despertaba por las mañanas con un 
beso en la mejilla antes de irse a dormir un par de horas. El turno de 
noche lo hacía ser nocturno, pero lo hacíamos funcionar. 
 
 
25 
—Tenía trabajo que hacer —respondió Nick—. Estamos solos tú y 
yo esta mañana. ¿Está bien? 
Resoplé. 
—Por supuesto que lo está. ¿Qué quieres hacer hoy? 
Una vez que la comida terminó de cocinarse, apagó la hornilla y 
dejó que se enfriara por un momento. Luego me sirvió una taza de té y 
me la entregó, junto con un poco de crema y azúcar. Era tan doméstico 
y frágil. Hace unos meses, nunca habría imaginado este momento, Nick 
preparándome el desayuno en su cocina. 
—Quiero cuidarte, Juliet —susurró suavemente. 
Forcé una sonrisa y presioné mi mano contra su mejilla. 
—Siempre cuidas de mí. 
Nick deslizó la bebida caliente lejos de mí antes de levantarme y 
ponerme sobre la mesa. Separando mis piernas, se situó entre mis 
muslos y me miró a los ojos. 
—¿Confías en mí, Juliet? 
—Sí, confío. 
—¿Me amas, Julieta? 
Me acerqué y lo besé. 
—Sí —susurré sobre sus labios con reverencia. 
Nick tiró de mi moño desordenado, dejando al descubierto mi 
cuello. Me puse rígida una vez más, pero él se limitó a pasar sus labios 
por los moratones que tenía allí mientras deslizaba su mano por mi 
muslo. Me estremecí cuando sus dedos separaron los pliegues de mi 
coño. ¿También estaba lastimada allí? 
—Entonces, ¿por qué, mi amor? ¿Por qué jodidamente me mientes? 
—preguntó antes de hundir dolorosamente sus dientes en mi cuello y 
succionar mi tierna piel. Grité de dolor cuando empezó a frotar mi clítoris 
con furiosos movimientos circulares. 
—¡Nick! —grité. Dolía muchísimo. Mi cuerpo se sentía roto y 
maltratado. Se apartó de mí y miró su trabajo. Estaba segura de que 
había quedado una ampolla ensangrentada en mi cuello por su boca 
enfadada. 
—¿Crees que no me daría cuenta? Estuve allí anoche. Sé lo que 
pasó, vi lo que pasó. —Mierda. Por supuesto que lo sabía. ¿Por qué fingía 
lo contrario? ¿Estaba tan absorta en salvar a Anthony y proteger la frágil 
paz que manteníamos los cuatro que no podía ver la verdad a cinco 
centímetros de mi rostro? 
—Nick… 
—No me llames así. Ahora soy Malice. 
 
 
26 
Fue como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago. Jadeé 
y presioné la mano en mi boca para evitar que salieran fuertes sollozos. 
—¿Malice? ¿Ahora volvemos a eso? 
Se puso a escasos centímetros de mi rostro. 
—¿Crees que no conozco cada cabello de tu cabeza? ¿El color de tu 
piel cuando te salen moretones? ¿El miedo en tus ojos? ¿La forma en que 
tiemblas cuando tienes miedo? Conozco cada maldito matiz de tu cuerpo, 
Juliet. Conozco tu mente. De hecho, me he metido en cada jodida grieta 
de tu alma y he construido un hogar allí. No solo me mentiste, sino que 
has insultado nuestra relación fingiendo que no podía ver lo mucho que 
estás sufriendo en este momento. 
Las lágrimas caían por mis mejillas en forma de rayas calientes y 
furiosas. 
—No estoy sufriendo… 
—¡No me mientas, Juliet! —rugió—. Has perdido peso. Estás 
cubierta de moretones. Tienes bolsas debajo de los ojos. Perdiste ese 
fuego. 
Negué con la cabeza, la negación cayó sobre mí como una manta 
en llamas. 
—Ya no te compartiré más —dijo Nick-Malice—. Te está matando. 
Levanté mi mirada hacia él. 
—No puedes hacer eso. 
—Estoy de acuerdo —dijo otra voz desde la entrada de la cocina. 
Miré por encima del hombro de Malice y encontré a William, todo mi 
cuerpo se llenó de alivio al verlo. 
William se acercó a nosotros y puso una mano en el hombro de 
Nick, apartándolo de mí con una fuerza bruta que hizo que mi boca se 
abriera en estado de shock. 
—¿Estás bien? —me preguntó William. 
Me estremecí y lo miré fijamente con ojos llorosos. William llevaba 
una camisa abotonada y una corbata suelta. Los tatuajes en su cuello 
palpitaban a causa de las venas que allí se encontraban. Se quitó las 
gafas de sol (las que siempre llevaba cuando yo trabajaba en la cafetería) 
y me miró con ojos marrones tormentosos. 
—Me estoy ocupando de ella —gruñó Malice. 
—¿Lo estás haciendo? Porque por lo que vi, la estabas haciendo 
llorar. 
—¡Al menos no la estoy asfixiando! 
Me estremecí y William se concentró en el movimiento. No podía 
soportar toda la ira que flotaba a mi alrededor. La energía era como una 
cuerda atada a mi cuerpo. Levantó la mano y empujó un mechón de 
 
 
27 
cabello caído detrás de mi oreja, sus ojos observaron cada detalle en mi 
rostro. Me incliné hacia su contacto, haciendo que Malice resoplara. 
Entonces, William se colocó entre Malice y yo. 
—El rastreador de Anthony ha sido desactivado, Nick. ¿Dóndeestá? 
—A la mierda Anthony —espetó Malice. 
Salté de la mesa y traté de moverme alrededor de William para 
poder ver bien, pero él me bloqueó con su brazo extendido. 
—Entiendo que estés enfadado. Yo también lo estoy. Pero él es un 
peligro ahí fuera. Tenemos que conseguirle ayuda. 
—Le he dado ayuda más que suficiente —gritó Malice—. ¿Quieres 
saber dónde está? Lo envié lejos. Le prohibí entrar en nuestro territorio. 
Anthony está muerto para mí, y si vuelve a mirar a Juliet, le arrancaré la 
columna vertebral y la colgaré sobre la puerta principal como una corona 
de Navidad. 
Me quedé allí, incrédula. 
—¿Lo enviaste lejos? —pregunté. 
Malice me ignoró y se dirigió a William. 
—Y si quieres unirte a él, adelante. Juliet ya no es propiedad 
comunal. Mírala. Se está consumiendo tratando de salvarnos a todos. 
—Eso jodidamente no lo decides tú, M-Malice —argumenté. 
Dio un paso más cerca de mí, pero aún así, William se colocó entre 
nosotros. Malice me miró. 
—Yo tengo el control de todo lo que sucede aquí. Acostúmbrate a 
eso. 
—Anthony necesita ayuda —le supliqué. 
—¡Tú también! —gritó. 
William se mantuvo ecuánime, algo que había dominado durante 
años de tratar con Nick. 
—Estoy de acuerdo en que algo tiene que cambiar —comenzó. Sentí 
que mi corazón se partía por la mitad—. Anthony fue demasiado lejos. No 
quiero ver a Juliet herida más que tú. 
—No estabas allí —dijo Malice antes de pasarse la mano por el 
cabello. Sus venas estaban abultadas. Sus ojos estaban enloquecidos—. 
No viste la forma en que envolvió sus manos alrededor de su cuello. No 
viste cómo la folló mientras estaba desmayada. 
William extendió la mano y sujetó la mía con fuerza mientras 
Malice hablaba. Me fundí en la silenciosa solidaridad y el consuelo que 
me ofrecía. 
 
 
28 
—¿Dónde está Anthony? —susurré. Todavía no podía entenderlo. 
Tal vez si seguía preguntando, todo esto tendría sentido. 
Malice me fulminó con la mirada. 
—Se ha ido, Juliet. Y él no volverá. 
 
 
 
29 
 
 
Yo no era más que una pequeña y adorable víctima. Malice estaba 
constantemente en guerra con su necesidad de control. Empecé esta 
lucha en primera línea, y él me utilizó para reparar su pequeña familia 
rota, pero se enfadó con los agujeros de bala en mi pecho. No podía tener 
las dos cosas. No podía orquestar esta épica aventura amorosa entre 
todos nosotros, y luego arrancar una parte de mi alma. 
No fue hasta que William tiró de mi mano que me moví. Mis 
doloridos pies estaban prácticamente pegados al suelo. Era una mujer 
angustiada. Todo lo que había pasado me había dejado completamente 
desorientada, casi aturdida. 
—¿A dónde crees que vas? —preguntó Malice. 
Era extraño la facilidad con la que mi mente volvía a llamarlo por 
su apodo depredador. El hombre que amaba no habría enviado a Anthony 
lejos. Había vuelto a su mentalidad de jefe de la mafia. El enemigo. El 
hombre que hacía que me orinase de miedo. 
Siempre mi protector, William respondió por mí. Realmente no 
estaba en el estado mental adecuado para responder. 
—La llevaré a descansar, Nick —dijo William—. Mírala, está 
temblando. Apenas se mantiene en pie. —Malice empujó a William para 
llegar a mí. Pero el hombre que una vez consideré un guardaespaldas se 
mantuvo sólido como una roca frente a mí—. Retrocede. Estás 
empeorando las cosas. 
—Si ella necesita que la cuiden, entonces seré yo quien lo haga —
gruñó Malice. 
William apretó el puño como si estuviera preparándose para 
enfrentarse a su hermano por esto. Puede que me sintiera en mi punto 
más bajo, pero me negaba a arrodillarme a los pies de Malice. No era solo 
un pequeño juguete dócil y deseable. Ya no. 
—No. No quiero que Malice me cuide —dije en voz alta. Mi cuello 
estaba rígido. Mis antebrazos tensos. 
 
 
30 
—Una maldita pena —espetó rápidamente. Demasiado, demasiado 
rápidamente. 
Di un paso atrás. Luego otro. William igualó cada zancada. 
—¡He dicho que no! —grité. Un ruido ahogado escapó de mi 
garganta—. No puedes decidir todo, Malice. No puedes controlar mi vida. 
No puedes simplemente echar a las personas porque te molestan. Así no 
es como funciona esto, así no es cómo funciona el amor. —Enderecé mi 
espalda y lo miré fijamente, decidida a superar su coraza de odio 
endurecida—. Siento haberte mentido. Debería haber sido sincera. 
Supongo que tenía miedo de que castigaras a Anthony. No quiero 
perderlo. —Cerró los ojos con frustración, así que rápidamente añadí—: 
No quiero perder a ninguno de ustedes. 
Malice miró al suelo. 
—Anthony se perdió hace semanas. Acabo de cerrar la puerta 
detrás de él. Lo hice para protegerte, y me niego a disculparme por eso. 
—No necesito una disculpa, Malice. Necesito que me incluyas en 
estas decisiones. No quiero que alguien haga juicios de valor en mi 
nombre. Podríamos haber hablado de esto, pero me has eliminado 
completamente de la ecuación. Ese es el problema. 
La boca torcida de Malice me hizo desear suavizar su expresión con 
la yema de mi pulgar. 
—Estabas desmayada en la dura tierra con los pantalones por las 
rodillas. No solo estabas incapacitada, sino que no estaba seguro de que 
tomarías la decisión correcta. Mantengo lo que hice. Y lo haría de nuevo. 
Las lágrimas, como pesas, cayeron por mis mejillas, haciendo que 
cada gota se sintiera pesada. Dejé escapar una exhalación. 
—En este momento, realmente necesito procesar todo esto. Me 
gustaría ir con William un rato. Estás realmente volátil y… 
—¿Vas a enterrar cadáveres con Anthony y dejas que te asfixie, 
pero no dejarás que cuide de ti? —preguntó Malice antes de sujetar sus 
brazos contra su estómago, como si pusiera una barrera entre nosotros. 
Dejé escapar un suspiro y caminé alrededor de William para darle 
un abrazo a Malice. Su piel se sentía caliente contra la mía, y el aromo 
de su jabón corporal invadió mi nariz. Picante. Cálido. Sensual y 
atrayente. Estaba rígido contra mi suave tacto, pero lo intenté de todos 
modos. 
—Amo a Nick. Pero ahora mismo, estoy enfadada con Malice. 
También estoy dolida. Anthony… 
Ante el quiebre en mi voz, cualquier ira concreta a la que Malice se 
aferraba se desvaneció un poco. Envolvió sus brazos a mí alrededor y 
apretó tan fuerte como pudo. Sus brazos eran como una jaula de metal. 
Encontré su abrazo menos reconfortante de lo que solía ser. En todo caso, 
me hizo sentir claustrofóbica. 
 
 
31 
Exhalé temblorosamente antes de hablar. 
—Solo necesito a William ahora mismo, ¿de acuerdo? 
Cuando me soltó casi inmediatamente, temí haber dicho algo 
equivocado. 
—Ya no me necesitas —dijo con amargura antes de dejar caer los 
brazos a los lados. Esperaba que dijera algo más, pero giró sobre sus 
zapatos de diseño y salió de la cocina sin decir nada más. 
Me quedé mirando su espalda mientras caminaba, sintiéndome a 
la vez insegura y aliviada. Quería recuperar a Nick y necesitaba que fuera 
más comprensivo antes de tratar de hablar con él sobre esto. Ahora 
mismo, los dos estábamos enfadados, y él estaba al límite. No podíamos 
superar esto hasta que se calmara. 
Tal vez era un doble estándar. Esperaba más de Nick que de los 
demás. Tal vez era porque él era el líder de esta extraña dinámica de 
relación que todos teníamos. Puse mucha confianza en él para que 
manejara esto de manera justa y para hacer lo que fuera mejor para 
todos. Realmente no podía entender por qué pensó que enviar a Anthony 
lejos era una solución. 
Abrumada por todas mis emociones, comencé a tambalearme. 
Estaba funcionando con adrenalina y pensamientos sensibles. Cada 
impulso que tenía me estaba partiendo en dos. Ir tras Anthony. 
Inclinarme ante Malice. La única persona que no me jalaba hacia 
ninguna dirección era… 
—Shhh —arrulló William—. Todo estará bien. —Me levantó y me 
acunó contra su pecho musculoso. 
Empapé su suave camisa con lágrimas emocionales. La 
devastación que sentía era casi demasiado para procesar. Nick, Anthony, 
William y yo nos habíamos separado tan fácilmente; ¿cómo eraposible? 
Sabía que sería difícil cuando empezamos esta relación. No tenía una 
hoja de ruta que seguir en esta situación, y sentía que les estaba fallando 
a todos. Pero pensé que éramos más fuertes que esto. Mis hombres eran 
implacables e invencibles. Entonces, ¿por qué dejábamos que este 
obstáculo nos desbaratara por completo? 
Había mucho trabajo jodidamente duro involucrado. Como tenía 
que ser todo para todos todo el tiempo, aparentemente no quedaba nada 
para mí. Se suponía que el amor era esa cosa mágica que se multiplicaba, 
no está cosa retorcida y celosa en la que nos habíamos convertido: 
hombres luchando por las migajas que componían mi corazón. Me sentía 
utilizada. Me sentía egoísta. Estaba funcionando con medio corazón con 
plenas intenciones. 
—Señorita Cross, me mata escucharla llorar. —William me llevó a 
su dormitorio, un lujoso espacio de gran tamaño con muebles 
ornamentados, sábanas de seda y una cama con dosel frente a grandes 
ventanas del piso al techo. 
 
 
32 
Me sentó en la cama, sacó una botella de agua Evian de su mini 
nevera y me la entregó. 
—¿Cómo vamos a recuperar a Anthony? —grazné, cambiando ya 
mi mente al modo arreglo. El hecho de que Malice lo enviara lejos no 
significaba que no fuera a perseguirlo—. ¿Tal vez deberías ir a buscarlo 
un poco más? ¿Hasta dónde podría haber llegado? 
Un suspiro escapó de los labios de William mientras se sentaba a 
mi lado. Apoyé mi cabeza en su hombro mientras pensaba en la forma de 
arreglar esto. 
—No voy a ir a buscarlo —susurró William—. No ahora mismo, al 
menos. 
Me senté erguida y me giré para mirarlo, la traición me atravesó. 
—¿Por qué no? 
Me miró fijamente. 
—Porque me necesitas ahora mismo. Porque estoy enojado con él 
y no estoy seguro de lo que haría si lo viera. 
Luché con su respuesta. Entendía su ira hacia Anthony. Tenía mis 
propios problemas con lo que sucedió anoche que necesitaba procesar. 
Pero eso no significaba que fuera a descartarlo por completo. No había 
sido tan malo como Malice lo hizo parecer. 
O tal vez lo fue. 
No. No fue tan malo. Anthony no era tan malo. Podríamos 
solucionar esto. 
—Estoy bien —mentí. 
—No. No lo estás. Puedes mentirle a todos los demás, Juliet. Pero 
a mí no me vas a mentir. 
Desenrosqué la tapa de la botella de agua antes de dar un trago. 
Refrescó mi garganta y me dio algo de tiempo para explorar lo que 
sucedía. Tenía que convencerlos de que éramos más fuertes juntos. 
William esperó pacientemente a que volviera a hablar. 
—Tenemos que encontrar a Anthony, William. No está estable. 
Podría herir a alguien o a sí mismo. 
—Y si lo hiciera, nada de eso sería culpa tuya —replicó William de 
manera tajante—. No puedes seguir asumiendo la responsabilidad de 
todos. No solo es imposible, sino que es agotador para ti. 
Fruncí el ceño y negué en señal de desaprobación. 
—¿De qué estás hablando? Malice es el fanático del control. No me 
hago responsable de nadie. 
La comisura de la boca de William se torció con diversión, y me 
pregunté qué lo había hecho sonreír, especialmente en un momento como 
este. 
 
 
33 
—Señorita Cross, la vi casi matarse trabajando por el salario 
mínimo en una cafetería para pagar la medicina de su abuela. 
Eso no tenía nada que ver con esto. 
—¿Qué otra opción tenía? 
—Vicky era, es, ésta pequeña cosa rota que llora a sus padres. La 
tomaste bajo tu ala y la cuidaste. Y cuando intentó matarnos a todos, te 
culpaste. 
Mis hombros se desplomaron. 
—Ella no habría sido empujada al límite si… 
—Si no fuera egoísta, egocéntrica y jodidamente loca —terminó por 
mí. 
Tenía razón. Sabía que tenía razón. Como resultado de pasar todo 
este tiempo observándome, William me conocía mejor que nadie. 
—Has estado tratando de arreglar a Anthony desde aquella primera 
noche que lo viste en Eden's Place —dijo William con un susurro—. ¿Te 
acuerdas de esa noche? 
¿Cómo podría olvidarlo? Anthony parecía tan roto entonces. A 
pesar del dolor que sentía, dejó que el mundo utilizara su cuerpo para 
sus propios fines. A veces, cuando cerraba los ojos antes de acostarme, 
no eran todos los cadáveres que habíamos enterrado lo que rondaba mi 
mente. Era la visión de él en el escenario de Eden’s. 
Respirando profundamente, le pregunté: 
—¿Está mal querer ayudar a las personas que amas? 
Sentí a William acercándome más a él y envolviéndome con su 
brazo. 
—No. Pero como Nick demostró abajo, a veces el amor y las mejores 
intenciones pueden deformarse. Puede que no siempre entienda a mi 
hermano, pero entiendo el miedo que siente. Una parte de él se siente 
culpable por usarte como una tirita en la mente de Anthony. Está 
aterrorizado de perderte. Anthony ha estado abusando del privilegio de la 
culpa de Nick durante demasiado tiempo para salirse con la suya. Esta 
confrontación es dolorosa, pero muy atrasada. 
—Solo me está alejando —susurré—. Ambos lo hacen, y eso me 
enfada. 
—Está bien estar enojado con Anthony. Y entiendo que te sientas 
molesta con Nick. Pero debes saber que estoy de acuerdo con su decisión. 
Estaba enojada con Anthony. Sentía completamente el peso de esa 
ira con cada trago. Mi garganta ardía por su traición. Esta angustia había 
estado hirviendo a fuego lento desde anoche. Y en lo que respecta a 
Malice, estaba cansada de que me mandara, manipulara y controlara. 
Era hora de que las cosas cambiasen. 
 
 
34 
Esperé otro momento antes de volver a hablar. 
—¿De verdad no vas a ayudarme a encontrar a Anthony? —
pregunté. 
William besó mi frente. Aunque prácticamente estaba temblando 
de ira, no pareció importarle. 
—Anthony necesita luchar por sí mismo. Creo que el tiempo es lo 
mejor que podemos darle en este momento. ¿Prefieres arrastrar a un 
hombre roto de vuelta a su calabozo, o darle la bienvenida a un hombre 
curado en tus brazos? 
Lloré y limpié una lágrima perdida en la camisa de William. 
Siempre era tan poético con sus palabras y sabía justo lo que tenía que 
decir para derrumbarme y reconstruirme. 
—Pero ¿qué pasa si nunca regresa? —dije con un escalofrío. La idea 
de no tener más a Anthony en mi vida revolvía mi estómago. Quería 
vomitar de solo vocalizar esas palabras. 
—Es imposible mantenerse alejado de ti, señorita Cross —arrulló 
William mientras frotaba mi hombro—. Y si lo hace, sigue sin ser tu 
responsabilidad. 
Me levanté del lado de William y luego me senté a horcajadas sobre 
su regazo para darle un abrazo completo. Necesitaba toda la fuerza y el 
consuelo que me ofrecía. Me abrazó con fuerza acercándome a él. 
Acurrucándome en su cuello, lloré suavemente mientras lo respiraba. 
Pasaron los minutos y William me abrazó todo el tiempo, 
dejándome llorar, dejándome enojarme y consolándome. 
—No crees que Nick habla en serio sobre no dejarnos estar juntos, 
¿verdad? Lo regañé abajo, pero no me extrañaría que me encerrara en 
una habitación en algún lugar para mantenerme a salvo —dije con un 
resoplido. 
William se rió. 
—Lucharé con mi hermano por ti, Juliet. —Retrocedí y lo miré a los 
ojos, absorbiendo su mirada determinada—. No parezcas tan 
sorprendida. 
Mordiendo mi labio inferior, contemplé las palabras que quería 
decir. 
—No sueles enfrentarte a él —finalmente decidí. 
—Nunca he tenido una razón para pelear con él antes —dijo antes 
de besar mi frente y tirar de mí de nuevo para abrazarme. 
—No quiero que nadie pelee, William. Solo quiero que todos 
estemos bien. 
Abracé a William con fuerza durante lo que me parecieron horas, 
mientras soltaba lentamente a Anthony. 
 
 
35 
 
 
Una vez conocí a un hombre que ganó su primer billón de dólares 
antes de cumplir los treinta años. Era una especie de dios de la 
tecnología, que desarrolló una aplicación que ahora tenía un hogar 
permanente en todos los móviles de Estados Unidos. Admiraba a ese 
hombre. Venía de la nada. No se crio con gente asustada por su nombre 
ni con una cuchara de plata pegada a la lengua. 
A mí me cayeron un puñado de ventajas en el regazo. Tengo éxito 
porque nacípara ello. Tuvo éxito porque se abrió camino hasta la cima 
con un hacha sin filo. 
Era un hombre bastante agradable, pero tenía algunas 
peculiaridades particularmente molestas. Conducía un auto llamativo, 
sólo salía con mujeres hermosas y exhibía su dinero como si estuviera 
rogando que le robaran. Su mansión era impresionante, y cada segundo 
de su día lo dedicaba a convencer a todo el mundo de que pertenecía al 
club de los multimillonarios, un segmento de élite de la sociedad al que 
no le importaban ni aceptaban nuevos miembros. Ni siquiera disfrutaba 
de su éxito. Estaba demasiado ocupado tratando de convencer al mundo 
de que lo merecía. 
Lo llamaba el gran farsante. 
Había cometido un error fatal. Todo el mundo sabía que no era más 
que un farsante en cuanto entraba en una habitación. El bastardo 
sobresalía como un pulgar dolorido por una simple razón: su traje no le 
quedaba bien. 
Cualquier hombre que se aprecie de serlo se hace un traje a 
medida. No importaba la chaqueta que él llevara, ésta se ceñía a sus 
hombros lo suficiente como para darle el aspecto de un niño pequeño 
probándose el traje de boda de su padre. Era algo sencillo que ponía un 
enorme cartel sobre su cabeza que decía NO VALE. 
Las reglas de los ricos eran ridículas, pero hacían un gran trabajo 
de vigilancia. 
 
 
36 
Hacía años que no hablaba con él. Probablemente ya tenía su 
segundo o tercer billón. Eso es lo que pasa con los grandes montones de 
dinero, que tienden a multiplicarse. 
Al final, me enseñó una valiosa lección. 
El dinero era sólo otra palabra para el poder. 
Los impotentes gritan. La riqueza susurra. 
Mi hermano utilizaba las cosas más finas de la vida, pero no era 
una indulgencia. Tenía una reputación que mantener, y aunque 
disfrutaba de las ventajas que le ofrecía nuestra singular vida, no se 
desvivía por impresionar a nadie. Nicholas Civella construyó su imperio 
sobre el miedo. Su poder provenía de un profundo pozo de intimidación 
del que bebía con tanta regularidad que estaba seguro de que pronto se 
secaría, pero le hacía un gran favor. 
Vivíamos en un mundo moderno, y lo único eterno era un buen 
traje y una billetera gorda. La lealtad era efímera. La sangre se secaba al 
chocar con el hormigón. ¿Pero el dinero? El dinero duraba para siempre. 
Me dirigí a su despacho, sin saber muy bien qué coño iba a hacer, 
pero decidido a ello. Desde que podía recordar, había dejado que mi 
hermano dirigiera mi vida. Pero esta vez había ido demasiado lejos. 
—¿Señor? —Matteo, uno de nuestros hombres que trabajaba en 
algunos de nuestros planes de limpieza, me detuvo en el pasillo. 
—¿Qué? —refunfuñé. No estaba de humor para ocuparme del 
problema que había surgido. Ni siquiera estaba en la descripción de mi 
trabajo, pero todos acudían a mí cuando había un problema, a Nick 
cuando había una solución, y a Anthony cuando había un cadáver con 
el que jugar. 
—La agencia de viajes en el centro comercial tiene un ladrón. 
Estuve mirando los libros y no cuadra. —Teníamos un buen número de 
agencias de viajes en el bolsillo como frentes de dinero. La del centro 
comercial era la que más tenía en sus manos. 
Froté mi nuca y sentí que mi ojo se crispaba de rabia. 
—¿Lo sabe Nick? —pregunté. A mi hermano le gustaba eliminar el 
problema antes de solucionarlo, pero eso creaba más problemas en el 
futuro. Había que establecer la lealtad y asegurarse de que todas las 
fugas en las tuberías estaban arregladas antes de demoler todo el puto 
baño. 
—No, señor. 
—No se lo digas. Envíame los libros, el horario de trabajo y los 
antecedentes de todos nuestros trabajadores allí. Me pondré en ello. 
Gracias por avisarme. 
Matteo se retorció un poco. 
—Sí, señor. ¿Puede ser usted quien se lo diga a Malice, señor? 
 
 
37 
Ah, lo había olvidado. Matteo todavía se estaba ganando la 
confianza de Nick y no se le permitía usar su verdadero nombre. Era una 
mierda. 
—Se lo diré cuando se encuentre al ladrón. Ve. 
Matteo desapareció rápidamente, e hice una nota mental para que 
lo siguieran. Todos eran sospechosos. La traición de Hale hace seis meses 
lo demostraba. Cada vez más, la posición de Nick aquí se sentía 
ceremonial. Podía estar sentado en el trono, pero yo llevaba la voz 
cantante. 
Cuando entré en la oficina de Nick, no me miró. Su rostro estaba 
enterrado en su computadora, probablemente tecleando amenazas a 
cualquier idiota que lo hubiera molestado hoy. 
—¿Por qué no se le permite a Juliet salir de la propiedad? —exigí. 
Si Nick se sorprendió por la ira en mi tono, no lo demostró. Sin embargo, 
finalmente apartó los ojos de lo que estaba trabajando para mirarme. 
—Normalmente no tengo que explicarte mis decisiones, hermano 
—espetó antes de ajustarse su corbata. 
Ignoré su respuesta. Quizá ya era hora de que empezara a dar 
explicaciones. 
—Juliet intentó ir a visitar a su abuela hoy. En cuanto llegó a la 
puerta, un grupo de guardias la detuvo, la hicieron dar la vuelta. La única 
razón por la que no está aquí rompiéndote el culo es porque está 
demasiado enfadada para mirarte a los ojos. No puedes encerrarla. 
Nick golpeó el escritorio con su puño y tuve que resistir el impulso 
de poner mis ojos en blanco. Estas rabietas eran ridículas. 
—Puedo hacer lo que me dé la gana en lo que a ella se refiere —
gritó. 
¿Lo que le diera la gana? A la mierda. 
Una rabia cegadora me recorrió. Ni siquiera me di cuenta de que 
mis pies se movían. Mi mano rodeó su cuello, levantándolo de la silla. 
Fue una emocionante experiencia extracorpórea en la que quise 
deleitarme. 
Durante años, soñé con hacer esto. Llevaba toda la vida burlándose 
de mí, desafiándome a que le mostrara de lo que era capaz. 
Abrió sus ojos con fascinación cuando lo arrojé contra la pared. 
Era demasiado engreído para sentir el terror que yo quería que sintiera, 
lo que sólo hizo que mi ira aumentara. Su mano buscó la pistola que 
llevaba en la cadera, pero la intercepté e inmovilicé su muñeca contra la 
pared. 
—Por fin te han salido las pelotas, por lo que veo —gruñó en tono 
sarcástico. Tuve que obligarme a no apretar más fuerte. 
 
 
38 
No lo entendía. No había forma de que pudiera contenerme más. 
Mi hermano quería que diera un paso adelante y fuera un hombre. Me 
preparaba, ponía el amor de mi vida delante de mi rostro como si fuera 
una especie de golosina que podía mordisquear si era un buen perrito 
que cumplía sus órdenes. Y funcionó, hasta ahora. Ahora, mordería la 
mano que me alimentaba si fuera necesario. Mataría al hermano que me 
controlaba si fuera necesario. 
Ya no temía ir en contra de mi familia. Había llegado a aceptar que, 
para ganarme un lugar en este mundo, tenía que luchar por él. Nick era 
una broma. El hombre tenía un traje metafórico demasiado grande para 
él. Yo era el mejor hombre de negocios. Yo era el que estaba construyendo 
un imperio próspero con la ayuda del sentido común y el trabajo duro. Él 
no era más que un músculo psicótico, y sabía con certeza que todos en 
nuestra organización me respetaban diez veces más de lo que le temían 
a él. 
—¿Qué vas a hacer? ¿Pelear conmigo por ella? Ambos sabemos que 
eres demasiado débil para enfrentarme. Y sabes que lo que estoy 
haciendo es correcto. Tú la viste. —Nick tenía saliva acumulada en el 
labio mientras hablaba. Resistí el impulso de sacar un pañuelo y 
limpiarlo. 
Sacudí mi cabeza con asco. 
—Esa es la cuestión, Nick. No creo que estés manejando esto de la 
manera correcta en absoluto. Crees que puedes mantener a todo el 
mundo a salvo y contenido siempre que controles todos sus movimientos. 
—Sonreí—. La seguridad de Juliet es mi máxima prioridad, pero su 
felicidad es lo que va a hacer que me ame más de lo que nunca te amo a 
ti. 
Esas palabras hicieron que las venas de su cuello se abultaran. La 
rabia que se cocía a fuego lento detrás de sus ojos oscuros salió a la 
superficie, y empujó mi cuerpo, casi con la fuerza suficiente para 
empujarme hacia atrás, pero no del todo. 
—No sabes de qué coño estás

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