Denzinger 1  250  ED 3

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Disciplina:Teologia Fundamental36 materiais1.611 seguidores

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que era temido, sino que entonces 
hizo conocer al mismo Abraham que temía a Dios. Porque a la manera como 
nosotros llamamos a un día alegre, no porque el día sea alegre, sino porque 
nos hace alegres a nosotros; así el Hijo omnipotente dice ignorar el día que El 
hace que se ignore, no porque no lo sepa, sino porque no permite en modo 
alguno que se sepa. De ahí que se diga que sólo el Padre lo sabe, porque el 
Hijo consustancial con El, por su naturaleza que es superior a los ángeles, 
tiene el saber lo que los ángeles ignorn. De ahí que se puede dar un sentido 
más sutil al pasaje; es decir, que el Unigénito encarnado y hecho por noso-
tros hombre perfecto, ciertamente en la naturaleza humana sabe el día y la 
hora del juicio; sin embargo, no lo sabe por la naturaleza humana. Así, pues, 
lo que en ella sabe, no lo sabe por ella, porque Dios hecho hombre, el día y 
hora del juicio lo sabe por el poder de su divinidad... Así, pues, la ciencia que 
no tuvo por la naturaleza de la humanidad, por la que fué criatura como los 
ángeles, ésta negó tenerla como no la tienen los ángeles que son criaturas. 
En conclusión, el día y la hora del juicio la saben Dios y el hombre; pero por 
la razón de que el hombre es Dios. Pero es cosa bien manifiesta que quien no 
sea nestoriano, no puede en modo. alguno ser agnoeta. Porque quien confiesa 
haberse encarnado la sabiduría misma de Dios ¿con qué razón puede decir 
que hay algo que la sabiduría de Dios ignore? Escrito está: En el principio era 
el Verbo y el Verbo estaba junto a Dios y el Verbo era Dios... tdo fué hecho 
por El [Ioh. 1, 1 y 3]. Si todo, sin género de duda también el día y la hora del 
juicio. Ahora bien, ¿quién habrá tan necio que se atreva a decir que el Verbo 
del Padre hizo lo que ignora? Escrito está también: Sabiendo Jesús que el 
Padre se lo puso toda en sus manos [Ioh, 13, 3]. Si todo, ciertamente también 
el día y la hora del juicio. ¿Quién será, pues, tan necio que diga que recibió el 
Hijo en sus manos, lo que ignora?  

Del bautismo y órdenes de los herejes [De la Carta Quia charitati a los obispos 
de Hiberia, hacia el 22 de junio de 601](1) 

Nota: (1) PL, 77, 1025 A ss; Jf 1844; CIC Decr. III, 4, 44 y 84; Frdbg I 1380 y 1390. 
 
D-249 De la antigua tradición de los Padres hemos aprendido que quienes en la 

herejía son bautizados en el nombre de la Trinidad, cuando vuelven a la San-
ta Iglesia, son reducidos al seno de la Santa madre Iglesia o por la unción del 
crisma, o por la imposición de las manos, o por la sola profesión de la fe... 
porque el santo bautismo que recibieron entre los, herejes, entonces alcanza 
en ellos la fuerza de purificación, cuando se han unido a la fe santa y a las 
entrañas de la Iglesia universal. Aquellos herejes, empero, que en modo algu-
no se bautizan en el nombre de la Trinidad, son bautizados cuando vienen a 

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la Santa Iglesia, pues no fué bautismo el que no recibieron en el nombre de la 
Trinidad, mientras estaban en el error. Tampoco puede decirse que este bau-
tismo sea repetido, pues, como queda dicho, no fué dado en nombre de la 
Trinidad.  

Así, [pues,] a cuantos vuelven del perverso error de Nestorio, recíbalos sin duda al-
guna vuestra santidad. en su grey, conservándoles sus propias órdenes, a fin 
dé que, no poniéndoles por vuestra mansedumbre contrariedad o dificultad 
alguna en cuanto a sus propias órdenes, los arrebatéis de las fauces del anti-
guo enemigo.  

Del tiempo de la unión hipostática (1)  [De la misma Carta a los obispos de 
Hiberia]  

Nota: (1) PL 77. 1207 D s.  
D-250 Y no fué primero concebida la carne en el seno de la Virgen y luego vino la 

divinidad a la carne; sino inmediatamente, apenas vino el Verbo a su seno, 
inmediatamente, conservando la virtud de su propia naturaleza, el Verbo se 
hizo carne... Ni fué primero concebido y luego ungido, sino que el mismo ser 
concebido por obra del Espíritu Santo de la carne de la Virgen, fué ser ungido 
por el Espíritu Santo.  

D-250* Sobre el culto de las imágenes, v. Kch 1054 ss; sobre la autoridad de los 
cuatro concilios, v. R 2291; sobre la crismación, ibid. 2294; el rito del bau-
tismo, ibid. 2292; su efecto, ibid. 2298; sobre la indisolubilidad del matrimo-
nio, ibid. 2297.  

SABINIANO, 604-606 SAN BONIFACIO IV, 608-615 BONIFACIO 
III, 607 SAN DEODATO, 615-618 BONIFACIO V, 619-625 
HONORIO I, 625-638 

[De la Carta 1 Scripta fraternitatis vestrae a Sergio, patriarca de Constantino-
pla, del año 634]  

Nota: (2) Msi XI 538, D s y 579 D ss; Jf 2018 y 2024 c. Add.; Hrd III 1319 B ss y 
1351 E ss; PL 80, 471 B ss y 475 A. Este texto latino es versión de la versión 
griega. - Más de esta carta y de la siguiente, en Kch 1057 ss.  

D-251 ... Si Dios nos guía, llegaremos hasta la medida de la recta fe, que los Após-
toles extendieron con la cuerda de la verdad de las Santas Escrituras: Confe-
sando al Señor Jesucristo, mediador de Dios y de los hombres [1 Tim. 2, 8], 
que obra lo divino mediante la humanidad, naturalmente [griego: hipostáti-
camente] unida al Verbo de Dios, y que el mismo obró lo humano, por la car-
ne inefable y singularmente asumida, quedando íntegra la divinidad de modo 
inseparable, inconfuso e inconvertible...; es decir, que permaneciendo, por 
modo estupendo y maravilloso, las diferencias de ambas naturalezas, se re-
conozca que la carne pasible está unida a la divinidad... De ahí que también 
confesamos una sola voluntad de nuestro Señor Jesucristo, pues ciertamente 
fué asumida por la divinidad nuestra naturaleza, no nuestra culpa; aquella 
ciertamente que fué creada antes del pecado, no la que quedó viciada des-
pués de la prevaricación. Porque Cristo, sin pecado concebido por obra del 
Espíritu Santo, sin pecado nació de la sana e inmaculada Virgen madre de 
Dios, sin experimentar contagio alguno de la naturaleza viciada... Porque no 
tuvo el Salvador otra ley en los miembros o voluntad diversa o contraria, co-
mo quiera que nació por encima de la ley de la condición humana... Llenas 
están las Sagradas Letras de pruebas luminosas de que el Señor Jesucristo, 
Hijo y Verbo de Dios, por quien han sido hechas todas las cosas [Ioh. 1, 3], es 
un solo operador de divinidad y de humanidad. Ahora bien, si por las obras 
de la divinidad y la humanidad deben citarse o entenderse una o dos opera-
ciones derivadas, es cuestión que no debe preocuparnos a nosotros, y hay 

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que dejarla a los dramáticos que suelen vender a los niños exquisitos nom-
bres derivados. Porque nosotros no hemos percibido por las Sagradas Letras 
que el Señor Jesucristo y su Santo Espíritu hayan obrado una sola operación 
o dos, sino que sabemos que obró de modo multiforme. [De la Carta 2 Scripta 
dilectissimi filii, al mismo Sergio]  

D-252 Por lo que toca al dogma eclesiástico, lo que debemos mantener y predicar en 
razón de la sencillez de los hombres y para cortar los enredos de las cuestio-
nes inextricables, no es definir una o dos operaciones en el mediador de Dios 
y de los hombres, sino que debemos confesar que las dos naturalezas unidas 
en un solo Cristo por unidad natural operan y son eficaces con comunicación 
de la una a la otra, y que la naturaleza divina obra lo que es de Dios, y la 
humana ejecuta lo que es de la carne, no enseñando que dividida ni confusa 
ni convertiblemente la naturaleza de Dios se convirtió en el hombre ni que la 
naturaleza humana se convirtiera en Dios, sino confesando íntegras las dife-
rencias de las dos naturalezas... Quitando, pues, el escándalo de la nueva in-
vención, no es menester que nosotros proclamemos, definiéndolas, tina o dos 
operaciones; sino que en vez de la única operación que algunos dicen, es me-
nester que nosotros confesemos con toda verdad a un solo operador Cristo 
Señor, en las dos naturalezs; y en lugar de las dos operaciones, quitado el 
vocablo de la doble operación, más bien proclamar que las dos naturalezas,