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mandel cien años de controversias en torno a la obra de karl marx

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jamás soñadas 
para el desarrollo de los talentos individuales, así como de las 
capacidades también, precisamente porque su alto nivel de 
cooperación objetiva del trabajo1 amplía inmensamente el al­
cance general del esfuerzo humano y del desarrollo potencial 
de sí mismo.
Por otro lado, entre las fábricas, los ramos industriales, los 
países, cuanto más avance la centralización del capital, tam ­
bién avanzará más la integración técnica y económica, creando 
vínculos cada vez más estrechos de cooperación objetiva entre 
los productores que todavía viven a cientos y a miles de kiló­
metros unos de otros. También de esta manera prepara el 
capitalismo el terreno tanto para la unidad real de la raza
* Hemos traducido w ork por “trabajo abstracto” y labour por "trabajo 
concreto” siguiendo la nota de Engels en E l capital, l / l , p. 58, final de 
la nota 16. Engels en realidad habla de work como de "trabajo deter­
minado cualitativamente” y de labour como trabajo “que sólo se mide 
cuantitativamente”, pero la distinción de Marx en el texto (p.57) es ex­
plícita entre “trabajo abstractamente humano” y "trabajo útil concreto”, 
uno como constituyente del valor de la mercancía y el otro como pro­
ductor de valor de uso. [e.]
a p é n d i c e : e l c a p ít u l o v i 89
humana como de la universalidad real del individuo, hecho 
materialmente posible por esta socialización objetiva del tra­
bajo.
Pero bajo el modo capitalista de producción esta socializa­
ción objetiva del trabajo no puede liberarse de las cadenas 
de las relaciones capitalistas de producción. Esta gigantesca 
maquinaria total sólo puede funcionar bajo el capitalismo con 
el propósito y la meta de la apropiación privada de la ganan­
cia, de la maximización de ganancias por cada empresa indi­
vidual, lo que es bastante distinto del desarrollo económico 
óptimo (e incluso de la optimización de la división y el creci­
miento de los recursos materiales sociales). El conflicto entre 
el desarrollo de las fuerzas productivas objetivamente cada 
vez más socializadas, por un lado, y, por el otro, las relaciones 
capitalistas de producción basadas en la apropiación privada 
determina tanto las crisis económicas recurrentes como las 
crisis sociales potenciales, lo que se vuelve terriblemente explo­
sivo tan pronto como la sociedad burguesa ha cumplido su 
función progresista y entra en el período de declinación his­
tórica.
A este respecto- es necesario añadir unas palabras acerca 
de los fragmentos publicados en el Capítulo V I como “Páginas 
sueltas”. Halladas en el mismo cuaderno de Marx e incluidas 
en el manuscrito alemán publicado en 1933, no son, hablando 
con propiedad, parte de la original sección séptima (“Capítu­
lo' vi”). Adoratski las intituló “Einzelne Seiten” (páginas sepa­
radas). Dos de ellas son especialmente significativas, la que 
tra ta de la importancia y función de los sindicatos y la que lo 
hace sobre la función de la emigración. Ambas confirman la in­
terpretación que de la teoría de los salarios de Marx se hace 
en la parte 1 de este libro.
En el prim er fragmento Marx insiste en el hecho de que un 
sindicato es una combinación de vendedores de la mercancía 
fuerza de trabajo, lo que lo habilita para negociar el precio 
de esta mercancía con los capitalistas bajo condiciones más 
equitativas que si fuera a negociarlo bajo una base individual. 
Como es el caso1 de todas las mercancías, este precio' nunca 
puede separarse por mucho tiempo del eje del valor de la 
fuerza de trabajo a cuyo alrededor oscila. Sin embargo, al impe­
dir que los capitalistas bajen el valor de la fuerza de trabajo, 
los sindicatos pueden por lo menos impedir todos los resulta­
dos de una productividad incrementada del trabajo' mediante 
un aumento automático' del primero: en otras palabras, pue­
den alcanzar un incremento de los salarios reales incluyendo 
en el valor de la fuerza de trabajo (en su elemento histórico 
moral) el contravalor de las nuevas mercancías producidas en 
masa que satisfacen necesidades recientemente adquiridas.
90 EL LIBRO PRIMERO
El segundo fragmento subraya los límites de la emigración 
de Europa (especialmente británica) a ultram ar, afirma que 
la movilidad internacional del trabajo es inferior a la movi­
lidad internacional del capital, pero añade que si la emigración 
británica a ultramar aumenta significativamente, esto destrui­
rá su posición dominante en el mercado mundial. Esto es exac­
tamente lo que de hecho sucedió.5 Como resultado de un in­
cremento significativo tanto de las exportaciones inglesas de 
mercancías como de las exportaciones inglesas de mano de obra 
superfina, se produjo un descenso secular del ejército indus­
trial de reserva, lo que explica el ascenso secular en los sa­
larios.
5 Entre 1841 y 1881, el flujo neto de población de Inglaterra fue prác­
ticamente nulo, pues la inmigración irlandesa y escocesa superó a la emi­
gración inglesa a ultramar. En el período 1881-1891 este flujo neto fue 
superior a 600 000 y en el período 1881-1911 fue de casi 1.2 millones (A. K. 
Cairncross, Home and foreign investm ent, Cambridge, 1953, p. 70).
II
EL LIBRO SEGUNDO
1. EL LUGAR DEL LIBRO SEGUNDO EN EL ANÁLISIS GENERAL
DEL CAPITALISMO POR MARX
“El libro segundo es puram ente científico y no trata de las 
cuestiones sino d e b u r g u é s a b u r g u é s ” , escribió Friedrich En- 
gels al populista ruso Lavrov el 5 de febrero de 1884. Dieci­
siete meses más tarde, le decía a Sorge: “El libro segundo va 
a provocar una gran decepción porque es puramente cientí­
fico y no contiene muchos textos de agitación." Finalmente, el 
13 de noviembre de 1885 escribía a Danielson: “No dudé de 
que el segundo tomo habría de proporcionarle a usted el mis­
mo placer que a mí. Las explicaciones que contiene son de un 
nivel tan extraordinariamente elevado que el lector común 
no se tom ará el trabajo de examinarlas minuciosamente y de 
seguirlas hasta sus últimas consecuencias. Es ésta la situación 
/ que vivimos hoy en Alemania, donde toda la ciencia histórica, 
incluyendo a la economía política, ha descendido tanto que 
difícilmente pueda hacerlo aún más. Desde el punto de vista 
teórico, nuestros socialistas de cátedra nunca fueron otra cosa 
que filantrópicos economistas vulgares sin importancia y ac­
tualmente han alcanzado el nivel de simples apologetas del 
socialismo de estado bismarckiano. Para ellos el segundo tomo 
será siempre un libro con siete sellos [ . . . ] es por ello que la 
literatura económica oficial guarda un cauteloso silencio.” 1
Estas predicciones se cumplirían más allá de los temores 
de Engels. De hecho, pasaron diez años antes de que dos jóve­
nes marxistas rusos —Tugán-Baranovski seguido por S. Bulgá- 
kov— aplicaran por prim era vez una de las innovaciones con­
ceptuales fundamentales del libro segundo, y pasó cerca de 
una década más para que estos conceptos penetraran final­
mente en Alemania y en el mundo occidental a través de un 
debate internacional en el que Tugán-Baranovski —aunque por 
el momento seguía llamándose a sí mismo marxista— empezó
i Engels a Lavrov: Karl Marx-Friedrich Engels, Cartas sobre “El capi­
ta l’’, Barcelona, Laia, 1974, p. 251; Engels a Sorge: ibid., p. 262; Engels 
a Danielson: Karl Marx-Nikolái F. Danielson-Friedrich Engels, Corres­
pondencia 1868-1895, México, Siglo XXI, 1981, pp. 202-203 (acerca de los 
socialistas de cátedra, véase, al final de esta carta, p. 205, la nota aclara­
toria al respecto).
[91]
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92 EL LIBRO SEGUNDO
a revisar algunas de las teorías clave de Marx.2 El libro se­
gundo de El capital no lia sido sólo un “libro sellado”, sino 
también un libro olvidado. En gran medida, lo sigue siendo