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mandel cien años de controversias en torno a la obra de karl marx

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de las m ujeres casadas en trabajadores asa­
lariados; por la inmigración masiva de mano de obra; por un 
amplio despliegue de los jóvenes estudiantes hacia el mercado 
de trabajo, y así sucesivamente.15
El paso gigantesco hacia adelante de Marx en el análisis 
económico puede medirse por el hecho de que, hasta hoy, la 
mayoría de los economistas académicos no han comprendido 
por completo esa básica innovación que es sus esquemas de 
reproducción. Han desmenuzado la totalidad del proceso de re­
producción del capital basado en esta “unidad de opuestos”, 
convirtiéndola en una dicotomía inconexa. Por un lado, el aná­
lisis se centra en los coeficientes físicos (especialmente en el 
nivel de los intercambios entre las ramas, como en las tablas 
de insumo-producto de Leontief y todas sus derivaciones), es 
decir, se ocupa de los valores de uso. Por el otro, como en el 
caso de los tratados keynesianos y poslceynesianos,16 el estudio 
se centra en los flujos de dinei'o, los flujos de ingreso, es de­
cir, en los valores de cambio en gran medida desmembrados 
de las mercancías en cuya producción se originaron. Las teo­
rías del ingreso están por consiguiente cada vez más desconec­
tadas de las teorías de producción, y si acaso se llega a usar 
la mediación de la “función de producción", resulta en gran 
medida inoperante, pues se la considera en el nivel micro- 
económico más que en el macroeconômico.
Sobre todo, la combinación y el entrelazamiento constantes 
áe ambos —el hecho evidente de que los ingresos se generan 
en la producción de mercancías con un valor de uso dado, 
que corresponde a la estructura de las necesidades reconoci­
das socialmente, y de que el desequilibrio es inevitable sin una 
estructura de ingreso congruente con la del valor producido—
is Véase Ernest Mandel, E l capitalismo tardío, México, Era, 1979, pági­
nas 167-168.
i« Paul Samuelson en su Eccmomics (4? ed., Nueva York, 1958, p. 41) 
intenta correlacionar los flujos de ingreso y los flujos de mercancías por 
medio de un sistema interrelacionado de "mercados de oferta y deman­
da”. ¡Pero es el "público” el que compra los “bienes de consumo”, mien­
tras "vende” tierras, trabajo y bienes de capital (es decir los factores 
de producción) a los “negocios” ! Los "negocios” compran a su vez tie­
rras, trabajo y capital al "público” y le venden bienes de consumo. 
Samuelson no parece haber notado que, en el capitalismo, "el público" 
(o sea la masa de consumidores) no es dueño de “los bienes de capi­
tal” (es decir, materias primas y equipo) y que éstos los venden ciertos 
“negocios” a otros. En su sistema, “los bienes de capital” se "venden" 
sin haber sido producidos. Debemos observar que los esquemas de re­
producción de Marx no sólo son de un mayor rigor analítico y teórico; al 
mismo tiempo, son más realistas, es decir, se conforman más de cerca 
con la organización real de la vida económica capitalista_ que las engaño­
sas construcciones de muchas especies de economía política académica.
104 EL LIBRO SEGUNDO
ni siquiera han sido planteados, y mucho menos atacados por 
la teoría académica tradicional (con la excepción marginal 
de algunos estudiosos del cicio económico' y de la teoría de 
la crisis). La técnica de agregación introducida por Keynes, si 
algo ha hecho, es complicar los problemas al trabajar con 
flujos de dinero indiferenciados, porque evade el problema 
(por no decir la solución) de si un ingreso nacional dado tiene 
una estructura de demanda específica (de bienes de consu­
mo, de bienes de producción que producen bienes de produc­
ción, de bienes de producción que producen bienes de consu­
mo', de bienes suntuarios, de armas y otras mercancías com­
pradas sólo por el estado, etc.) que corresponde exactamente 
a la estructura específica del valor global de la mercancía en 
el proceso de producción.
De hecho, la mayor parte de la teoría académica importante 
(y, asimismo, no poca teoría marxista posmarxiana) ha su­
puesto por largo tiempo que actúa cierto tipo de ley de Say.17 
Es decir, da por hecho que una estructura del valor del pro­
ducto dado está correlacionada con una estructura congruente 
de ingresos (estructura de poder adquisitivo) a través de la 
operación normal de las fuerzas del mercado. Uno de los pro­
pósitos principales de Marx, en el libro segundo de El capital 
es m ostrar que esto1 no es así: que tal congruencia depende de 
ciertas proporciones y estructuras exactas, tanto de los valores 
de cambio como de los valores de uso; que, por ejemplo, los 
salarios nunca compran máquinas en el capitalismo, y que es­
tas proporciones exactas son extremadamente difíciles de rea­
lizar en la práctica real del capitalismo.
Por ello es todavía más sorprendente que Joan Robinson 
reproche a Marx que "no entendió hasta qué punto la teoría 
ortodoxa se acerca y se aleja de la ley de Say, y se impuso 
la tarea de descubrir una teoría de las crisis que pudiese apli­
carse a un mundo en el cual aquella ley se realizara, lo mismo 
que la teoría que surge cuando la ley de Say se derrum ba”.18 
¿No sería más correcto decir que la propia Robinson, siguien­
do el concepto de Keynes de “demanda efectiva”, no se da 
cuenta de cómo la teoría marxiana de la mercancía como una 
unidad-y-contradicción del valor de uso y el valor de cambio 
no sólo apuntala su concepto de la fluctuación necesaria de la 
oferta y la demanda en un nivel macroeconômico, sino que de 
hecho lo entreteje con su teoría de la distribución del ingreso
17 Por ejemplo, Oskar Lange, en su extenso e interesante examen de 
los esquemas de reproducción y fórmulas de equilibrio derivadas, deja 
de lado constantemente el flujo dual de mercancías y dinero, y supone 
una relación de trueque puro entre los dos sectores. (Véase Oskar Lange, 
Theory of reproduction and accumulation, Varsovia, 1969, pp. 24, 28, etc.)
18 Joan Robinson, Introducción a la economía marxista, México, Si­
glo XXI, 1968, p. 73.
ASPECTO DUAL DE LA ROTACIÓN DEL CAPITAL 105
(distribución de la demanda) en la sociedad capitalista? En el 
capitalismo, la distribución del ingreso1 tiene una estructura 
de clase determinada por la propia estructura del modo de 
producción y está gobernada a mediano plazo por ios intereses 
de clase de los capitalistas. Cualquier incremento' en la “de­
manda efectiva” que en lugar de aumentar la tasa de ganancia 
cause su caída, nunca conducirá a un auge del capitalismo. 
Esta verdad básica la entendió Ricardo al igual que Marx 
—aunque muchos keynesianos de último momento no la en­
tiendan.
Afirmamos antes que una de las funciones básicas de los es­
quemas de reproducción es demostrar que el crecimiento (es 
decir, la existencia misma del capitalismo) es al menos posible 
en el modo capitalista de producción. Dada la naturaleza extre­
madamente anárquica de la organización de la producción 
(bajo el capitalismo del laisser-faire en el mercado interno, 
bajo el capitalismo monopólico en el mercado mundial) y dada 
la naturaleza misma de la competencia, esto no es de ninguna 
manera tan obvio como parece. Los esquemas de reproducción 
localizan la combinación de las estructuras del valor y del va­
lor de uso del paquete global de mercancías dentro de las cua­
les puede ocurrir el crecimiento1. Pero Marx nunca intentó 
proba'r que estas proporciones estén garantizadas automática 
y constantemente por la “mano invisible” de las fuerzas del 
mercado. Por el contrario, insistió1 una y otra vez19 e n , que 
estas proporciones son difíciles de realizar e imposibles de re­
tener permanentemente y que son alteradas de manera auto­
mática por esas mismas fuerzas que las hacen existir ocasio­
nalmente. En otras palabras, los esquemas de reproducción 
muestran que el equilibrio1, para no hablar del crecimiento 
equilibrado, es la excepción y no1 la regla en el capitalismo; 
que las desproporciones son mucho