Barbara Ann Brennan   Hágase la Luz
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Barbara Ann Brennan Hágase la Luz


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un estado 
de transformación y «canalizo» a Heyoan. Esto significa que Heyoan imparte una serie de enseñanzas a través 
de mí. Esto confiere a todos mis alumnos un nivel de comprensión espiritual mucho más elevado que si me 
dirigiera a la clase sin «canalizar». En cada clase surge una información nueva, que se añade a toda la que se 
ha transmitido previamente. Heyoan ha contribuido a varias meditaciones para la curación, que encontrará a lo 
largo de este libro. 
Si, por otro lado, los ángeles de la guarda o guías no son una realidad para usted o no los considera acepta-
bles, quizá prefiera referirse al fenómeno de la orientación espiritual como «obtención de información de un 
alter ego», «lectura mental» o simplemente «lectura psíquica». Para mí, lo importante no es la metáfora de la 
realidad que usted emplee para designar este fenómeno, sino la utilidad de la información que se obtiene 
mediante los estados de transformación de la conciencia. A medida que se comprenda mejor este fenómeno, 
estoy segura de que encontraremos mejores metáforas con las que describirlo. 
Desde una perspectiva holística, según la cual todos consistimos en campos energéticos en los que reside 
nuestro cuerpo fisico, ¿qué es la curación? Es apartar el velo entre nuestra personalidad y nuestro núcleo divi -
no interno. Es apartar el velo entre quiénes creemos que somos y quiénes somos en realidad. Es apartar el 
velo entre la vida y la muerte. Si un paciente acude a mí para preguntarme: «¿Voy a morir?», o «¿Significa la 
curación que voy a mejorar fisicamente?», le doy una respuesta acorde con el contexto del núcleo divino in-
terno del paciente y de la realidad espiritual que ya he descrito anteriormente. La persona mejora ya muera o 
no, y la muerte es muy distinta en el contexto arriba expuesto. 
Si un paciente pregunta: «¿Volveré a ser el mismo?», la respuesta es no, pero se da en el contexto de la vida 
como un cambio personal constante. 
Si me preguntan: «¿Voy a mejorar?», la respuesta, dentro del contexto mencionado, es siempre afirmativa. 
Porque la vida es siempre un avance hacia la unificación con el todo divino. 
La respuesta a «¿Volveré a andar?» suele ser: «No lo sé, pero es posible. Nada es imposible». 
PREGUNTA: ¿Qué puedo hacer con ese espantoso dolor? 
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BARBARA: La curación suele mitigar la intensidad del dolor, pero no dude en tomar calmantes; son también 
una bendición de Dios. Los ejercicios de relajación y visualización contribuyen a reducir el dolor. El autorre-
chazo y la autocrítica incrementan el dolor. Sea indulgente consigo mismo. Usted no ha fallado. Es una lección 
de la vida. No se trata de un castigo. Dedique varios minutos al día a realizar los ejercicios de respiración, color 
y autoamor que se describen en la Cuarta Parte. 
PREGUNTA: Estoy aterrorizado. Ayúdeme. Dígame qué debo hacer. 
HEYOAN, mi guía, dice: 
 
* * * 
Dejad que el miedo sea vuestro aliado. El miedo tiene mucho que enseñaros. El miedo es la experiencia de 
estar desconectado de quiénes sois en realidad; es lo contrario del amor. El miedo puede ser un aliado si dejáis 
que lo sea, y limitaos a decir: «Tengo miedo». Al hacerlo continuamente, empezaréis a daros cuenta de que el 
miedo viene a ser un sentimiento. «Tengo miedo» se convierte en «Siento miedo». Es la reacción de retener 
sentimientos porque creéis que vienen demasiado rápido. Esos sentimientos se basan en un gran número de 
supuestos de lo que podría ocurrir. La mayor parte del miedo no procede de lo que ocurre ahora, sino de lo que 
podría suceder. Si sois capaces de permanecer en el momento presente, el miedo no os encontrará. El miedo 
es la proyección en el futuro de algo que aconteció en el pasado, a través de una enorme lente de aumento. 
Así pues, cuando vosotros tenéis miedo, no estáis en la realidad. Pero en lugar de negar lo que sentís, decid lo 
que sintáis en ese momento. Este simple acto os llevará al momento presente y, en consecuencia, os 
preservará del miedo. 
* * * 
 
PREGUNTA: ¿En qué será distinta mi vida? 
BÁRBARA: Puesto que usted está enfermo, tal vez no pueda desempeñar su función dentro de lo que enten-
día como el objetivo de su vida. Es necesario que cambie su autodefinición. Conviene concentrarse en valores 
internos en lugar de en objetivos externos. Éstos ya volverán más adelante. Ahora es el momento de sanar lo 
interno. Aquello en lo que consiste su vida empezará a tener un significado personal mucho más profundo para 
usted. Se hará una idea del valor inapreciable de la vida en sí que no había conocido antes. Y obtendrá amor. 
Esto es siempre una lección inherente a la enfermedad. Su vida se verá afectada en muchas más formas de 
las que se imagina ahora. Ha llegado el momento de empezar a rendirse al proceso de la curación y a dejarse 
llevar por su sabiduría superior, que está conectada con lo divino. 
Un paciente suele acudir primero a un sanador con la esperanza de hallar remedio al dolor o a un 
determinado síntoma, o de restablecerse de una afección específica, tal vez de librarse de un tumor. Y el 
paciente recibe siempre mucho más que eso. El objetivo del sanador no es sólo eliminar el dolor en la pierna o 
el tumor, sino también trabajar con el paciente para encontrar y curar la causa-raíz del síntoma o la enfermedad 
original. Esa causa se hallará en un nivel más profundo del ser interno del paciente. 
En mi calidad de sanadora profesional, he presenciado toda clase de curaciones. Al principio vi cosas que me 
sorprendieron. Más tarde, comprendí que formaban parte del proceso natural de la curación. A medida que se 
abren los pasillos internos que conducen a las profundidades del ser interno, la experiencia vital del paciente 
cambia. Como cambia también el resto de su vida. 
Todos hemos oído hablar de personas que, tras experimentar una enfermedad, han cambiado de profesión. 
No lo han hecho porque la enfermedad se lo haya exigido -por ejemplo, porque ya no fueran físicamente 
capaces de conducir un camión-, sino porque han dado con un objetivo distinto. Desean cambiar. La «simple» 
curación de una dolencia puede acarrear cambios espectaculares. Las relaciones personales cambian. Algunas 
curaciones inducen al matrimonio; otras llevan a la disolución de matrimonios que no aportaban nada a los 
cónyuges. En otros casos, una enfermedad implica la culminación de toda una fase de la vida. Entonces, el 
paciente cambia casi todo: su profesión, su casa, residencia geográfica, amigos, pareja... Algunas curaciones 
arreglan largas escisiones entre los miembros de una familia. A través de la curación, las personas adquieren 
un respeto y una confianza mucho mayores por su propio conocimiento interior. Mucha gente se refiere a esto 
como un «renacimiento». 
 
 
Capítulo 5 
LO QUE HARÁ EL SANADOR A DIFERENLO QUE HARÁ EL SANADOR A DIFERENCIA DEL MÉDICO O EL TERAPEUTACIA DEL MÉDICO O EL TERAPEUTA 
 
Si considera la posibilidad de acudir a un sanador, le conviene saber que los sanadores trabajan en un con-
texto muy distinto al de los médicos. Los dos pueden complementarse si se mantienen los canales de co-
municación abiertos y se establece un clima de confianza. Puesto que creo que en el futuro muchos médicos 
y sanadores trabajarán juntos en beneficio de todos, he consagrado el capítulo siguiente a esta perspectiva. 
Muchos pacientes acuden a un sanador para pedirle los mismos servicios que ofrecen los médicos. La ma-
yoría de nosotros vemos la enfermedad bajo el prisma del sistema médico establecido en nuestra sociedad 
occidental. La gente está tan acostumbrada a acudir a un médico para librarse de una dolencia concreta, que 
esperan de la tarea curativa que mitigue el dolor y cure también una enfermedad específica. 
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Lo primero que los sanadores deben hacer cuando reciben la visita de un paciente con esa visión es edu-
carle acerca de qué se ofrece y qué no se ofrece. Para