Barbara Ann Brennan   Hágase la Luz
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Barbara Ann Brennan Hágase la Luz


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verlo más claro, empecemos por la estructura básica 
de una visita a la consulta de un médico, para compararla con lo que ocurre cuando usted acude a un 
sanador. 
 
1. El médico examina al paciente en una sala de reconocimiento. 
2. El médico ordena la realización de unas pruebas que ayudarán a determinar cuál es el trastorno. 
3. Tras el examen, el paciente y el médico se reúnen en otra sala, «el despacho del médico», donde el 
médico se sienta detrás de una mesa y habla de lo que considera que es el problema. El médico hace lo que 
puede por el paciente hasta que llegan los resultados de las pruebas. 
4. El paciente concierta otra cita para después de las pruebas. 
5. En esta cita, el médico efectúa otro examen, facilita los resultados de las pruebas y da un diagnóstico. El 
médico prescribe un método de tratamiento basado en el diagnóstico o determina la realización de más 
pruebas si las primeras no son concluyentes. 
6. El tratamiento suele consistir en una medicación o intervención quirúrgica para resolver el problema. 
 
Cuando los pacientes acuden a un sanador, muchas veces esperan que se sigan los mismos seis pasos. 
Desean un examen psíquico. Piden al sanador que elimine (aparentemente de un modo mágico) su 
problema, tal y como las píldoras y la cirugía resuelven algunos problemas fisicos. Mucha gente espera una 
visita posterior a la curación en la que el sanador dará un diagnóstico y un pronóstico del tiempo que llevará 
«eliminar el problema». 
La mayoría de sanadores no utilizan la estructura de seis pasos cuando trabajan con sus pacientes. Por lo 
general, se habla muy poco, no hay pruebas, no hay diagnóstico, no se prescribe ninguna medicación, y 
muchas veces no se da explicación alguna sobre lo que ha ocurrido antes de la curación, lo que ocurre 
durante ella, o lo que ocurrirá después. 
Los pasos de una sesión curativa son muy simples. 
 
1. Los sanadores suelen empezar por una breve charla con el paciente sobre el motivo de su visita. Algu- 
nos sanadores se limitan a pedir al paciente que entre, se quite los zapatos y se tienda en la camilla de 
curación o se siente en una silla. 
2. El sanador trabaja con el paciente, tocándole o sin tocarle, según las técnicas curativas que utilice. El 
sanador puede facilitar alguna explicación. Tal vez se produzca algún diálogo durante la curación. 
3. El sanador termina, abandona la sala y pide al paciente que descanse unos minutos antes de incorporarse. 
4. Posteriormente, se habla muy poco, y el sanador pide al paciente que regrese en el momento oportuno. 
 
Muchos pacientes quedan decepcionados por su primera experiencia curativa, por cuanto no comprenden 
qué ha ocurrido. Se sienten más relajados y probablemente mejor, y quieren saber por qué. Tal vez regresan a 
su trabajo con todo un cúmulo de interrogantes, todos ellos basados en el sistema de enfermedad (y en la 
metafisica M-1) aceptado en la sociedad occidental. Pueden plantearse preguntas como éstas: 
 
«¿Qué enfermedad tengo?» 
«¿Tengo un tumor? ¿Qué clase de tumor?» «¿Puede usted quitármelo?» 
«¿Cuántas curaciones requerirá?» «¿Cuánto me costará?» 
«¿Tengo las trompas de Falopio obstruidas y me impide quedar embarazada? Abralas, por favor. Los 
médicos dicen que no pueden.» 
 
Después de una curación, los pacientes dicen cosas como: 
 
«Bueno, en realidad no me siento muy distinto, pero sí más relajado.» 
«¿Qué me ha hecho?» 
«Ahora cuénteme exactamente qué ha hecho.» «¿ Cuánto durará? » 
«¿Se ha marchado? ¿Volverá?» «¿Debo volver? ¿Cuántas veces más?» 
 
Todas éstas son preguntas importantes y válidas que requieren una respuesta, pero emanan del sistema mé-
dico y de cuidado de la salud vigente hoy en día en nuestra sociedad. Para responderlas de un modo signi-
ficativo para el paciente, el sanador debe instruirle en una perspectiva distinta de la salud y la enfermedad. 
Independientemente de si los sanadores están familiarizados o no con el contexto científico holográfico y la 
metafisica M-3 que se han expuesto en el capítulo 3, su cometido principal es holístico: ayudar a los pacientes 
a crear salud en todas las áreas de la vida. Lo hacen limpiando y equilibrando la energía del paciente, esfor-
zándose por alinear su intención de sanar, y ayudando al paciente a conectarse con el núcleo más profundo de 
su ser, fuerza creativa y conciencia interna. Dirigen energías curativas hacia el sistema energético del pa-
ciente. Muchos sanadores trabajan totalmente por intuición, dejando que sus manos se muevan con plena 
libertad. No ofrecen explicación alguna sobre lo que aqueja al paciente ni sobre lo que acontece durante la 
curación. Es por ello que la denominan «curación por la fe». 
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Otros tratan de ofrecer unas explicaciones que tal vez no tienen ningún sentido para el paciente. Algunos 
disponen de sistemas de conocimiento totalmente planificados. Tales sistemas pueden ser conocidos por otros 
sanadores, como el sistema de acupuntura, mientras que otros pueden haber sido desarrollados perso-
nalmente por el sanador y son específicos para él. Describen qué ocurre en el paciente y cómo funciona la 
curación. Tales explicaciones pueden resultar complejas para el paciente, que no está instruido en el sistema 
concreto que utiliza el sanador. 
Para educar a los pacientes, yo siempre busco un terreno de comprensión común en el que conversar. Luego 
explico lo mejor que puedo el proceso curativo, que equivale a iniciarse en la curación. Digo a mis pacientes 
que la curación seguirá desarrollándose en su interior, y les explico hasta qué punto afectará su vida. 
Recuerdo una sesión con una paciente nueva llamada Liz, que padecía una úlcera y quería eludir la cirugía. 
Liz entró en mi despacho y dijo: «Ahora dígame exactamente qué hace usted». Quedé un momento perpleja 
ante aquella pregunta, y pensé: «Me pregunto si planteó la misma cuestión a su cirujano, y qué le respondería 
éste». 
Sin duda, tardaría años en explicar con exactitud qué es lo que hago. Una paciente como Liz debería ser 
reeducada por completo en la visión holográfica de la realidad, en las causas de la enfermedad desde esa 
perspectiva, en el sistema energético humano, en las técnicas terapéuticas, y en las técnicas curativas. 
De modo que me interrogué a mí misma: «¿Cuál es la pregunta profunda que Liz me plantea? ¿Qué desea 
saber en realidad?». 
Obviamente, Liz trataba de asumir la responsabilidad sobre su salud y su curación. Deseaba sinceramente 
llegar a comprender qué podía esperar de las sesiones curativas. Quería saber qué podía darle yo. Su 
pregunta venía a decir: «¿Cuáles son las posibles consecuencias de las sesiones curativas?». Ella no tenía 
idea de la amplitud que podía tener el efecto. No sabía hasta qué punto todo dependía de ella y de su 
aceptación del cambio personal en la vida. No sabía que el campo energético humano existe y afecta el cuerpo 
fisico. Y, por encima de todo, ignoraba que podía curarse a sí misma con su intención de sanar (nivel del hara) 
y con su fuerza creativa interna (nivel de la estrella del núcleo). Mi reto consistía en cubrir un vasto espectro de 
conocimientos en unos minutos. Busqué una analogía sencilla con la que empezar y recordé cómo funciona 
una radio. Por supuesto, dispondría de tiempo para brindar explicaciones más detalladas durante las 
sesiones curativas que seguirían. 
De modo que dije: «¿Ha oído hablar del campo energético humano, o aura?». 
«No», respondió Liz. 
«Bueno, hay un campo de energía que rodea el cuerpo y penetra en él. Está estrechamente relacionado 
con su salud. Cuando usted enferma, es porque el funcionamiento normal de ese campo ha sido perturbado. 
Lo que yo hago es volver a alinear ese campo, cargarlo y repararlo. Se parece un poco a la acupuntura. ¿Ha 
oído hablar de eso?» 
Dijo Liz: «Sí, he oído hablar de eso, pero no sé mucho sobre ello». 
«Bueno, la acupuntura es una