Barbara Ann Brennan   Hágase la Luz
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Barbara Ann Brennan Hágase la Luz


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equilibrado es completamente individual y depende 
de tantos factores, que sería imposible enumerarlos todos aquí. Por supuesto que la severidad del problema, 
las circunstancias de la vida del paciente, el autocuidado del paciente y su capacidad de llevar a cabo las 
actividades y dietas necesarias, y las aptitudes del sanador forman parte de esos factores. 
A cada sesión curativa exitosa, el sistema energético del paciente recupera una parte cada vez mayor de su 
configuración sana original. Los viejos hábitos de distorsión van desapareciendo gradualmente. El ritmo en el 
que pueden ocurrir los cambios permanentes depende por completo del individuo. Baste con decir que algunos 
pacientes terminan al cabo de una sola sesión curativa, mientras que otros lo hacen al cabo de varios meses 
de curación. A medida que el proceso curativo avanza, resulta cada vez más fácil para el sanador determinar el 
tiempo que llevará, porque el sanador observa la extensión de los cambios y el tiempo que persisten después 
de cada sesión curativa. En ocasiones, un sanador más experimentado facilitará la duración aproximada de la 
serie curativa mediante orientación en el transcurso de la sesión inicial. 
El proceso curativo puede prolongarse quizá durante semanas, meses o años. En muchos casos, su duración 
depende del grado de salud que acepte el paciente. 
 
El mayor objetivo espiritual del sanador 
 
Muchos pacientes desean continuar el proceso curativo mucho después de que la molestia original haya de-
saparecido, porque el grado de «salud» con el que se habían conformado antes de acceder a una situación 
curativa ya ha dejado de ser aceptable. Esto ocurre porque la curación no sólo educa a los pacientes, sino que 
les ayuda a efectuar conexiones mucho más intensas con sus anhelos internos. En tal caso, el proceso curativo 
se torna un proceso de evolución personal y de liberación de creatividad. Se convierte en una experiencia 
espiritual. 
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Desde el punto de vista holográfico, esto significa que el sanador trabajará con la conexión entre el individuo 
dentro de un sistema, esto es, dentro del sistema supremo, el Ser Universal. En este nivel, un estado de salud 
inaceptable se entiende como una desconexión aparente o un desequilibrio con respecto al todo o lo divino. 
Esto conlleva varios interrogantes: «¿Cuál es la relación del paciente con Dios, el cosmos o el Ser Univer-
sal?» «¿De qué modo sus creencias le han llevado a la experiencia de la desconexión respecto a su conexión 
esencial con el Ser Universal?» «¿Cómo ha olvidado quién es, y cómo esa forma de vivir que se deriva de ese 
olvido le ha desequilibrado y le ha hecho vulnerable a las infecciones?». 
Los sanadores trabajan directamente con el campo energético del paciente para equilibrarlo con la realidad 
espiritual suprema a la que el paciente puede abrirse. 
El mayor objetivo del sanador consiste en ayudar a sus clientes a conectarse con la realidad espiritual más 
elevada posible. Lo hacen de maneras muy prácticas, subiendo por cada peldaño de la escalera desde la 
humanidad fisica básica, pasando por el nivel de la personalidad del campo energético humano, por el nivel del 
hara de la intencionalidad, hasta la divinidad presente dentro de cada ser humano, la esencia del núcleo. 
El sanador busca en primer lugar la naturaleza exacta de los modelos del campo energético del paciente que 
expresan los distintos aspectos de su ser. Dado que esos modelos actúan holográficamente para afectarse 
unos a otros y al cuerpo fisico, el hilo de investigación del sanador cubre los modelos globales físicos y 
energéticos que corresponden a la salud emocional, mental y espiritual del paciente. El sanador ayuda al 
paciente a afrontar su intención respecto a su salud y a su objetivo en la vida. Una de las tareas principales que 
el sanador debe acometer es la de ayudar a los pacientes a encontrar la causa de su dolencia. ¿Cómo 
provocan los pacientes esa enfermedad en sí mismos? 
Todas estas áreas de investigación y curación son necesarias para restablecer la salud por completo y para 
prevenir le recurrencia de la enfermedad, o la posibilidad de contraer otra. El sanador y el paciente trabajan 
juntos para explorar esas áreas. En último término, el sanador y el paciente se enfrentan cara a cara con la 
causa fundamental de la enfermedad del paciente. 
Los sanadores preguntan: «¿Cuáles son las creencias del paciente sobre la divinidad que contribuyen a rete-
ner esta enfermedad?» «¿Cómo puede ver a Dios como una autoridad negativa que le castiga en lugar de 
amarle?» «¿Cómo ha asumido este individuo el castigo que cree que Dios ha ordenado para él?» «¿Cómo se 
autoinflige el castigo este paciente, entendiendo que es Dios quien se lo ha asignado?». 
Nos referimos aquí no sólo a aquello que los indivi duos crean para sí mismos como un castigo, sino también 
del modo en que conocen ciclos mayores de eventos que no parecen estar inmediatamente conectados con su 
creación individual. Esos ciclos mayores son los efectos a largo plazo puestos en marcha en épocas pasadas, 
o «ciclos kármicos», así como los eventos que se producen como consecuencia de la creatividad colectiva de 
la humanidad. Cada individuo tiene la opción de afrontar esas experiencias con expectativas de un castigo por 
alguna acción terrible en el pasado, en lugar de como una lección elegida por el ser supremo con la intención 
de aprender y madurar. 
El sanador ayuda a sus clientes a abrir un pasillo hacia las energías creativas más profundas de su núcleo, a 
partir de las cuales crearán sus experiencias de la realidad. 
 
Las limitaciones éticas de un sanador 
 
Nos quedamos con este interrogante tan práctico acerca de las limitaciones éticas. Esta pregunta incluye un 
amplio abanico de aspectos, y sus respuestas dependen del sanador implicado. Veamos algunas de ellas. 
 
Personas sin preparación que se autodenominan sanadores 
 
En primer lugar, es muy importante que los sanadores sean conscientes de su nivel de capacidad y sean 
honestos al respecto. Una de las cosas peores que he visto sucede muy a menudo. Las personas muy 
enfermas acuden a un sanador o a un círculo de curación y allí les dicen que ya están curadas. Los sanadores 
llegan a esta conclusión porque han notado tanta energía y han obtenido una experiencia espiritual tan intensa 
de la curación, que asumen que significa que el paciente ya está curado. En ocasiones, esas personas incluso 
reciben una orientación que lo confirma. Incluso pueden llegar a aconsejar a los pacientes que interrumpan 
tratamientos de los que los sanadores no saben nada. Están totalmente convencidos de que están en lo cierto 
y de que su orientación es veraz. 
Esos sanadores están fuera de la realidad. No están en contacto con sus pacientes ni con la condición de 
éstos. Se han «maravillado» de su propio récord energético y se han desconectado del paciente en el proceso. 
Esto es muy serio. Es una huida hacia la negación, porque esos sanadores son incapaces de afrontar la rea-
lidad de la vida, del dolor y de la muerte. Es un mal uso de la espiritualidad y la curación para negar su propio 
miedo. 
No hay nada malo en un círculo de curación que aporte amor, esperanza y apoyo a las personas que se han 
aislado en el miedo con su enfermedad. Pero es importante ceñirse a la realidad acerca de la cantidad de 
amor, esperanza y apoyo que requieren esas personas. No se trata de una intervención única. Es un proceso 
largo y gradual. Los grupos de apoyo y los talleres de Bernie Siegel, doctor en medicina, y Louise Hay dan fe 
de la intensa y positiva eficacia de tales grupos. 
 
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Cobrar o no cobrar 
 
He observado que existe una tendencia mundial a entender como un error el hecho de que los sanadores 
perciban dinero. Este prejuicio puede encontrarse en Gran Bretaña, Rusia, Europa, el Sureste asiático y Es-
tados Unidos.