HEGEL   Filosofia do Direito
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en su 
unidad, pero ante todo en la relación del uno al otro, cons-
tituyen el Bien en cuanto universal, cumplido, determinado 
en sí y por sí; y la conciencia como subjetividad infinita que 
se conoce a sí misma y que determina en sí el contenido. 
SECCIÓN TERCERA 
EL BIEN Y LA CONCIENCIA 
§ 129 
El Bien es la Idea, en cuanto unidad del concepto de la 
voluntad y de la voluntad particular \u2014en la cual el Derecho 
abstracto, así como el bienestar y la subjetividad de saber, 
y la accidentalidad del existir exterior, son superados en 
cuanto son autónomos por sí, pero no obstante, contenidos y 
conservados según su esencia\u2014; es la libertad realizada, el 
absoluto fin del mundo. 
§ 130 
El bien en esta idea no tiene validez por sí, en cuanto 
existencia de la individual volimtad particular, sino solamen-
te como Bien Universal, y sustancialmente como Universal 
en sí, esto es, según la libertad; el Bienestar no es Bien sin 
el Derecho. Igualmente el Derecho no es el Bien sin el Bien-
estar ("fíat iustitia" no debe tener como consecuencia: "pe-
reat mundus"). 
En consecuencia, el Bien como necesidad de ser real-
mente por medio de la voluntad particular y, a la vez, en 
cuanto sustancia de la misma, tiene el Derecho Absoluto 
frente al Derecho Abstracto de la propiedad y a los fines 
particulares del Bienestar. Cada imo de estos dos momentos, 
en cuanto es distinto del Bien, tiene validez sólo en cuanto 
a él se conforman y subordinan. 
§ 131 
Para la voluntad subjetiva, el Bien es, justamente, lo úni-
co esencial y aquél tiene valor y dignidad sólo en cuanto 
se confirme a ella, en su idea e intención. Como el Bien 
aquí es todavía Idea abstracta del Bien, la voluntad subjetiva 
no está aún incluida en el mismo y conformada a él; única-
mente existe una relación entre ambos, es decir, en aquello 
por lo cual el Bien debe ser lo sustancial para la misma y 
13Ó GUILLERMO FEDERICO HEGEL 
por lo que la voluntad subjetiva debe instituir al Bien como 
fin y cumplirlo; asi como el Bien, por su parte, tiene única-
mente en la Voluntad Subjetiva el medio por el cual entra 
en la realidad. 
§ 132 
El Derecho de la voluntad subjetiva consiste en que lo 
que ella debe reconocer como válido lo considere también 
como bueno; y que a ella le sea imputada una acción, como 
fin que llega a la objetividad extema, de acuerdo a su cono-
cimiento del propio mérito que ella tiene en esta objetividad, 
como justa o injusta, buena o mala, legal o ilegal. 
El Bien es, en general, la esencia de la voluntad en su sustan-
cialidad y universalidad \u2014 l^a voluntad en su verdad\u2014 y, por lo 
tanto, sólo reside, simplemente, en el pensamiento y para el pen-
samiento. La afirmación de que el hombre no puede conocer la 
verdad, sino que trata solamente con los fenómenos; que el pen-
samiento perjudica a la buena voluntad; estas y otras concepcio-
nes semejantes privan al espíritu así como del valor intelectual, 
de todo valer y dignidad ética. 
El Derecho de no reconocer nada que el Yo no conozca como 
racional, es el derecho supremo del sujeto; pero, a la vez es for-
mal por su determinación subjetiva; y el derecho de lo racional, 
como objetivo en el sujeto, i>ermanece, por lo tanto, invariable. 
A causa de su determinación formal el juicio es, asimismo, tan 
apto para ser verdadero, como para ser mera creencia y error. El 
hecho de que el individuo alcance aquel derecho de su juicio, per-
tenece, desde el punto de vista de la esfera aun moral, a su par-
ticular conformación subjetiva. 
Yo puedo concebir en mí la pretensión, y mantenerla en mí 
como un derecho subjetivo, de reconocer una obligación por las 
buenas razones y de tener la convicción de la misma y, más aún, 
de que Yo la conozca en su concepto y en su naturaleza. Lo que 
yo requiero para la satisfacción de mi convicción del Bien, de lo 
lícito o ilícito de una acción, y, en consecuencia, de su responsa-
bilidad a este respecto, no perjudica, empero al Derecho de la Ob^ 
jetividad. Este Derecho del Juicio en el Bien es distinto del De-
recho del Juicio (§ 117) respecto a la acción en cuanto tal; de 
acuerdo a esto el derecho de la objetividad tiene el aspecto de que, 
ya que la acción es un cambio que debe existir en un mundo real, 
y, por lo tanto, quiere ser reconocida en esto, ella (la acción), debe 
FILOSOFÍA DEL DERECHO 131 
ser conforme en general a lo c¡ue tiene valor en tal mundo. Quien 
quiera obrar en esa realidad, precisamente por eso, está sometido 
a sus leyes y ha reconocido el derecho de la objetividad. Igualmente 
en el Estado, como objetividad del concepto racional, la responsa-
bilidad judicial no debe limitarse a lo que retiene conforme o dis-
conforme a una razón suya, ni a la opinión subjetiva de la juridi-
cidad o antijuridicidad, acerca del Bien y del Mal, ni a las exigen-
cias que el Estado tiene para la satisfacción de su convicción. 
En este campo objetivo tiene valor el derecho del juicio, en 
cuanto juicio sobre lo legal o ilegal como derecho vigente; y se 
Jimita a ser su próximo significado, esto es, conocimiento en cuan-
to noción de lo que es legal y como tal, obligatorio. Con la publi-
cidad de las leyes, las prácticas generales, el Estado quita lo for-
mal y accidental para el sujeto, al derecho del juicio que aún tiene 
desde este punto de vista. El derecho del sujeto a conocer la acción 
en la determinación del Bien o del Mal, tiene como consecuencia 
disminuir o eliminar, en este sentido, la responsabilidad en los ni-
ños, los imbéciles y los dementes. Sin embargo, no se puede fijar un 
límite determinado para estos estados y para su responsabilidad. 
Pero, instituir como fundamento la ofuscación del instante, la 
exaltación de las pasiones, la embriaguez y, en general, lo que se 
llama la violencia de los impulsos sensitivos (en cuanto es exclui-
do lo que justifica un derecho de necesidad, § 120), en la respon-
sabilidad y determinación del delito mismo y de su punUñlidad y 
mantener tales situaciones, como si para ellas la culpa del delin-
cuente fuese eliminada, significa, igualmente, no tratarlo (§§ 105, 
119 anotac), según el Derecho y el honor del hombre, en cuanto 
su naturaleza es, precisamente, ser esencialmente algo universal y 
no un momento abstracto o un aislamiento del saber. 
Así como el incendiario ha puesto fuego, no en esta superficie 
del tamaño de una pulgada de la viga que él ha tocado con la tea, 
como un algo aislado, sino que ha incendiado con ella el todo, la 
casa; así, también, como sujeto, él no es lo singular de este mo-
mento o la sensación aislada del ardor de la venganza. En ese 
caso él sería un animal, al cual, en razón de su nocividad y ternii-
bilidad, por estar sujeto a los accesos de furor, se debería matar. 
Que el delincuente, en el momento de su acción, debe haberse re-
presentado claramente la injusticia y la punibilidad de la misma, 
para que pueda serle imputada como delito, esta pretensión, que 
parece garantizarle el derecho de su subjetividad moral, lo priva, 
por el contrario, de la inmanente naturaleza inteligente, la cual 
no está ligada en su actualidad activa, a la figura wolfiano-psi-
cológica de las representaciones distintas, y sólo en el caso del 
maníaco es insensato separarla de la noción y del hecho de las 
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cosas singulares. La esfera en la cual estas situaciones son consi-
deradas como base para la mitigación de la pena, es distinta de la 
del Derecho: constituye la esfera de la gracia. 
§ 133 
El Bien tiene para con el sujeto particular la cualidad 
de ser lo esencial de su voluntad, la que tiene en él simple-
mente su obligación. Siendo la individualidad distinta del 
Bien y reintroduciéndose en la voluntad subjetiva, el Bien 
ante todo, tiene sólo la determinación de la esencialidad uni-
versal abstracta, como deber; en razón de su determinación,