HEGEL   Filosofia do Direito
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bueno; y, a la vez, es el poder al 
cual es deudor de una realidad aquello que antes era sólo 
una simple concepción y debe ser el bien. 
La conciencia de sí, que, en general, está unida a la absoluta 
reflexión en si, se conoce en ella como tal, y a la que ninguna de-
terminación existente puede ni debe dañar. Como aspecto universal 
en la historia aparece (en Sócrates y los Estoicos) la tendencia a 
buscar dentro de sí mismo (i), y de saber y determinar por sí, lo 
(1) Es el "conócete a ti mismo", asumido como principio del conocimiento 
y de la voluntad, por Sócrates. 
136 GUILLERMO FEDERIC» HEGEL 
que es justo y bueno, en una época en la cual lo que tiene fuerza 
de Derecho y de Bien en la realidad y en el ethos, no puede satis-
facer a la buena voluntad; cuando el mundo existente de la liber-
tad le ha llegado a ser infiel y aquélla no se encuentra ya en los 
deberes que tienen fuerza de obligación y debe buscar sólo en la 
interioridad ideal el recuperar la armonía perdida en la realidad. 
De este modo, habiendo afirmado y adquirido su derecho formal la 
conciencia de si mismo, importa ahora conocer cómo está consti-
tuido el contenido de aquélla. 
§ 139 
La conciencia de sí en la vanidad de todas las determina-
ciones vigentes y en la pura intimidad de la voluntad, es la 
posibilidad de establecer como principio así lo que es univer-
sal &n sí y por sí, como, sobre lo universal, el albedrío, la 
propia particularidad y de realizarla mediante el obrar; es 
decir, es la posibilidad de ser mala. 
La conciencia de la subjetividad formal consiste simplemente 
en esto: estar en el momento de volcarse en el mal; la moral y el 
mal tienen su raíz común en conocer por sí mismos que aquélla (la 
conciencia), es por sí y que conoce y decide por sí. 
El origen del mal está en el misterio, esto es, en el lado especu-
lativo de la libertad, en su necesidad de salir de la naturalidad del 
querer y de ser interior frente a ella. Es esta naturalidad de la vo-
luntad la que, como contradicción de sí misma e Incompatible con-
sigo, se manifiesta en aquella oposición; y, así, esta particularidad 
de la voluntad misma es la que se determina ulteriormente como 
el Mal. La particularidad sólo es como algo dúplice; de aquí, la 
antítesis de la naturalidad frente a la interioridad de la voluntad, 
la que en esta oposición es sólo un ser por sí, relativo y formal, 
capaz de extraer su contenido únicamente de las determinaciones 
de la voluntad natural: del deseo de los estímulos e inclinaciones. 
De estos deseos e impulsos, etcétera, se dice que pueden ser buenos, 
"o", también, malos. 
Pero, puesto que la voluntad los hace determinación de su con-
tenido \u2014también, en igual determinación de accidentalidad que 
ellos tienen como naturales\u2014, la forma que, por consiguiente, la 
voluntad tiene aquí es la particularidad; ella es contrapuesta a la 
universalidad, en cuanto objetividad interna, en cuanto bien, el 
cual, a la vez, con la reflexión de la voluntad en sí y por la con-
ciencia cognoscente, se presenta como el otro extremo, en la obje-
tividad inmediata, en lo meramente natural, y así esta intimidad 
FILOSOFÍA DEI. DSBSCHO 137 
del querer es mala. En consecuencia, el hombre es, a la vez, malo, 
tanto en sí o por naturaleza, como por su reflexión en sí; de suerte 
que ni la naturaleza como tal \u2014esto es, si ella no fuese naturalidad 
de la voluntad que permanece en su contenido particular\u2014; ni la 
reflexión que se ahonda en si, el conocimiento en general, si no cons-
tituyesen aquella antítesis, son por sí el MaL 
Con este aspecto de la necesidad del Mal, precisamente, se liga 
en absoluto el que este mal está determinado como lo que no debe 
ser necesariamente \u2014esto es, que debe ser eliminado\u2014; y no que 
aquel primer punto de vista de disidencia, en general, no deba re-
saltar\u2014, más bien él constituye la distinción del animal Irracional 
y del hombre\u2014; pero no se debe permanecer firme en lo universal; 
esto es, que el mal sea abandonado como nulo. Además, en esta 
necesidad del mal, la subjetividad, como infinitud de esa reflexión, 
es la que tiene ante sí aquella oposición y reside en ella; si se 
detiene en la antítesis, esto es, si es Mala, es por lo tanto por sí, 
se comporta como singular y ella misma es tal capricho. Por con-
siguiente, el sujeto singular tiene sencillamente la culpa de su Mal. 
§ 140 
Puesto que la conciencia de sí sabe producir un aspecto 
positivo en su fin (§ 135) \u2014que necesita de aquél\u2014, porque 
pertenece al propósito de la concreta acción real y a causa 
de tal aspecto, ella como deber e intención perfecta, tiene 1^ 
poder de afirmar como buena para los demás y para sí mis-
ma a la acción, cuyo contenido negativo y esencial está, al 
mismo tiempo, en ella como algo reflejado en si y, en conse-
cuencia consciente de la universalidad de la voluntad, en 
cotejo con ésta;\u2014 "Para los demás": esta es la hipocresía: 
"para sí misma", he aquí la cima todavía más elevada de 
la objetividad que se afirma como lo Absoluto. 
Esta última oscurísima forma del Mal \u2014por la cual el mal se 
convierte en bien y el bien en mal y por la cual la conciencia se 
conoce como poder, por lo tanto, como absoluta\u2014, es el supremo 
grado de la subjetividad desde el punto de vista moral, la forma 
en la cual ha prosperado el M&l en nuestros tiempos, es decir, por 
medio de la filosofía, de una superficialidad del pensamiento que 
ha trastornado de esta manera un concepto profundo y se ha atri-
buido el nombre de filosofía; así como el mal se ha atribuido el 
nombre de bien. Yo quiero en esta anotación aludir brevemente a 
algunos aspectos de esta subjetividad, que han llegado a ser muy 
comunes. 
138 GUILLERMO FEDERICO HEGEL 
a) Por lo que respecta a la hipocresía, están contenidos en ella 
los siguientes momentos: a) El saber de lo universal verdadero, asi 
en la forma solamente de sentimiento del Derecho y del Deber, 
como en la forma de otra noción y conocimiento de ellos; /B la vo-
luntad del individuo opuesta a este universal; y) Como saber com-
parativo de los dos momentos, de suerte que, para la misma con-
ciencia que quiere, su querer particular es de mala conciencia, aún 
no es hipocresía como tal. 
Ha sido una cuestión a la que en un tiempo se dio gran impor-
tancia, si un acto ha de ser mato sólo en cuanto efectuado con mala 
conciencia, es decir, con la conciencia desprovista de los momentos 
antes indicados. Pascal saca (Les Provine. 4?- carta) bastante bien 
las consecuencias de la afirmativa a la cuestión: lis seront touts 
damnés, ees demi-pécheurs, que ont quelque amour pour la vertu. 
Mais pour ees francs-pécheurs, pécheurs enduréis, pécheurs sans 
mélange, pleins et achevés, l'enfer ne les tient pas; ils ont trompé 
le diable a forcé de s'y abandonner (i). El derecho subjetivo de la 
conciencia de sí \u2014por el cual ella conoce la acción bajo la deter-
minación de qué forma ella es buena o mala en sí y por sí\u2014, no 
debe ser pensado en colisión con el derecho absoluto de la objeti-
vidad de esta determinación, en tanto que ambos sean representa-
dos como separables, indiferentes y accidentales, el uno respecto del 
otro; relación que también es colocada como fundamento, en par-
ticular, en la vieja cuestión sobre la eficacia de la gracia (2). Por 
(1) Pascal cita allí, también, la intercesión de Cristo en la cruz por sus 
enemigos: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen", ruego super-
fino, si la circunstancia de que ellos no saben lo que hacen ha conferido a 
su acción la cualidad de no ser mala, y, en consecuencia, de no h.S'l'er nece-
sidad de perdón. Igualmente, él cita la opinión de Aristóteles (el pasaje está 
en la Etica de Nicómaco, III, 2) , quien distingue que el agente sea, OVX eí8cü5 
En el caso de la ignorancia, el agente obra involuntariamente (esta ignorancia 
se refiere a las circunstancias exteriores;