HEGEL   Filosofia do Direito
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v. arriba parágrafo 117) y el acto no 
es imputable a él. En el segundo caso, empero, dice Aristóteles: "Todo malvado 
no conoce lo que se debe hacer y lo que se debe omitir, y justamente esta 
íall,a ójiapTÍa es aquello que, en general, hace injustos y malos a los hom-
bres. El desconocimiento de la facultad de selección entre el bien y el mal, 
no hace que un acto sea Involuntario (no puede ser imputado), sino que sólo 
él es Tnalo". Ciertamente, Aristóteles tenía del conocer y del querer una pe-
netración más profunda que aquella que ha llegado a ser común a una filoso-
fía superficial, la cual enseña que la ignorancia, el sentimiento y el en tu-
siasmo son los verdaderos principios del obrar ético. (Hegel). 
(2) En la disputa Jansenista (Lasson), acerca de la gracia divina y la 
parte que tiene la voluntad humana en la obra de la salvación, provocada 
por la publicación postuma (1640) del libro de Cornello Jansen (1585-1618) 
sobre S,an Agustín y desarrollada entre los sostenedores de la opinión enun-
ciada en tal obra y los Jesuítas. 
FILOSOFÍA DEL DERECHO 139 
el lado formal, el mal es lo más propicio del individuo, siendo, pre-
cisamente, su subjetividad la que toma posición en sí y por sí y, 
por lo tanto, la que establece la culpa (V. § 139 y anotación); por 
el lado objetivo, el hombre es, según su concepto, en cuanto espí-
ritu, un ser racional en general, y tiene en sí la determinación de 
la universalidad reconocida por él. Por lo tanto, significa tratarlo 
no según la dignidad de su concepto, si el lado del bien y, por con-
siguiente, la determinación de su mala acción como mala, es sepa-
rada de él y no le es imputada como mala. De este modo, cómo se 
determina, en qué grado de claridad o de obscuridad sea desarro-
llada como conoci?7i.ienío la conciencia de los momentos en su dife-
rencia, y hasta qué punto una mala acción sea reconocida más o 
menos con conciencia mala, formal; esto constituye el aspecto más 
indiferente y que más considera la práctica. 
b) Pero obrar mal y con mala conciencia no es aún hipocresía; 
en ésta acaece la determinación formal de la ficción de presentar 
al Mal como Bien, en especial para los demás y sobre todo de po-
nerse externamente como Bueno, concienzudo, devoto y demás cosas 
semejantes, lo que, de este modo, es solamente una trampa del frau-
de hacia los demás. Empero, el malvado puede, además, encontrar 
por sí mismo una justificación al mal en su posterior hacer bien, 
o en la religiosidad y, en general, en buenas razones; puesto que 
con ellas lo cambia por sí en bien. Esta posibilidad está en la sub-
jetividad que, como negación abstracta, conoce todas las determi-
naciones como sujetas a sí y provenientes de ella. 
c) A esta perversión se debe atribuir, en especial, aquel aspecto 
que es conocido como próbdbiUsmo. Este erige como principio, el que 
una acción es permitida y que la conciencia puede estar segura de 
ello, para lo cual aquélla sabe encontrar alguna buena razón, aun-
que sea solamente la autoridad de un teólogo del cual disientan por 
completo los demás. 
También, en esta concepción persiste la exacta conciencia de 
que tal razón y tal autoridad solamente conceden una probabilidad, 
aunque esto sea suficiente para la seguridad de la conciencia; y 
aquí se admite que una buena razón es sólo una naturaleza tal que 
pueden existir frente a ella, al menos, otras razones igualmente 
buenas. Es de reconocer, también, otra huella de objetividad en 
esto: que debe haber una razón que determine; pero, puesto que 
la decisión acerca del bien o del mal es colocada en las muchas 
buenas razones, entre las cuales están comprendidas también aque-
llas autoridades y estas razones son tantas y tan opuestas; al mismo 
tiempo se da en esto, que no es la objetividad de la cosa la que debe 
decidir, sino la subjetividad. De donde el albedrío y el capricho son 
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los llamados a decidir sobre lo bueno y lo malo, subvirtiéndose tanto 
la Ética como la religiosidad. Empero, que es propiamente en la 
subjetividad en la cual entra la decisión, no está aún expresado 
como principio; más bien, como se ha notado, se da como decisiva 
ima razón. El probabilismo es, por eso, además, una forma de hi-
pocresía. 
d) El grado inmediatamente más elevado es aquel en el cual 
la buena voluntad debe consistir en querer el bien; esta voluntad 
del bien abstracto debe bastar; más bien, ser la sola exigencia, para 
que la acción sea buena. Ya que la acción, como voluntad determi-
nada tiene un contenido, pero el bien abstracto no determina nada, 
es reservado a la subjetividad individual el darle su determinación 
y su cumplimiento. Como en el probabilismo, para aquel que no es 
también un docto y "reverendo padre", es en la autoridad de un 
teólogo semejante en la cual puede hacerse la asunción de im con-
tenido determinado bajo la determinación universal del Bien; así, 
aquí, todo sujeto es colocado inmediatamente en condición de poner 
el contenido en el bien abstracto, o, lo que es lo mismo, de tomar 
un contenido bajo un universal. Ese contenido en la acción, en cuan-
to más concreta, en general es un aspecto, y de ellos la acción tie-
ne muchos, y los tales aspectos quizás puedan darle hasta el predi-
cado de delictuoso y malo. 
Empero, aquélla, mi determinación subjetiva del bien, es el 
conocido por mí en la acción, la buena intención (§ 111). 
Por lo tanto, se plantea una antítesis de determinaciones, se-
gún una de las cuales la acción es buena, pero de acuerdo a la 
otra es delictuosa. En consecuencia, parece presentarse también en 
la acción real la cuestión de si la intención sea realmente buena. 
Pero, que el bien sea intención real, no solamente puede, sino 
que, más bien, debe poder ser siempre así, desde el punto de vista 
en el cual el sujeto tiene por causa determinante el bien abstracto. 
Lo que es perjudicado con tal acción de la buena intención que 
se determina por otros aspectos como delictuosa y mala, cierta-
mente es también bueno y parece tratarse de entender, cuál entre 
aquellos aspectos sea el más esencial; pero esta cuestión objetiva 
es excluida aquí o, más bien, es la subjetividad de la conciencia 
misma, cuya decisión constituye únicamente lo objetivo. Esencial y 
bueno son, por lo demás, sinónimos. Aquél es precisamente una abs-
tracción como éste; bueno es lo que es esencial al punto de vista 
de la voluntad, y esencial, a tal respecto, debe ser justamente esto: 
que una acción es determinada por mí como buena. 
Pero la asunción de todo cualquier contenido bajo el bien, su-
cede inmediatamente por sí, porque este bien abstracto, no tenien-
do verdaderamente contenido, se reduce todo a significar solamente, 
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en general, algo positivo \u2014algo que vale para algún sentido y según 
su determinación inmediata puede también valer como fin esen-
cial\u2014, por ejemplo: hacer el bien a los pobres, tener cuidado de 
mí, de mi vida, de mi familia, etcétera. Además como el bien es lo. 
abstracto, así también el mal es un algo privado de contenido, que 
recibe su determinación de mi subjetividad y se da, también, por 
este lado, el fin moral de odiar y desarraigar el mal indeterminado. 
Un hurto, una acción vil, un homicidio, etcétera, como acciones; 
esto es, en general, efectuadas por una voluntad subjetiva, inme-
diatamente tienen la determinación de ser la satisfacción de tal 
voluntad, esto es un algo positivo; y para hacer buena la acción, 
sólo importa saber el aspecto positivo de la misma, como mi inten-
ción, y este aspecto es lo esencial para determinar que la acción 
es buena, puesto que Yo la conozco como bien en mi intención. 
Un hurto para hacer el bien a los pobres, una acción, una de-
serción del combate a causa de la obligación de cuidar de la propia 
vida, de la propia familia (quizás también, además, pobre), un 
homicidio