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Die Typen der Weltanschauung und 
ihre Ausbildung in den metaphysischen Systemen. Se publicó este trabajo por pri-
mera vez en 1911, en un volumen titulado Weltanschauung, Philosophie und Reli· 
gion (Verlag Reichl). He seguido el texto del volumen VIII de las obras completas. 
páginas 73-118. En esta edición, preparada por Groethuysen, se imprimen después 
una serie de adiciones y complementos manuscritos a este estudio, tomados de los 
escritos póstumos de Dilthey. 
INTRODUCCIÓN 
S obre el antagonismo de los sistemas 
1 
Entre los motlvos que alimentan siempre de nuevo el eSCeptlCISmO, 
uno de los más eficaces es la anarquía de los sistemas filosóficos. Entre 
la conciencia histórica de su ilimitada multiplicidad y la pretensión de 
cada uno de ellos a la validez universal hay una contradicción, que 
fomenta el espíritu escéptico más que cualquier argumentación sistemá-
tica. Ilimitada, caótica es la multitud de sistemas filosóficos que quedan 
detrás de nosotros y se extienden a nuestro alrededor. En todos los 
tiempos, desde que existen, se han excluido y combatido recíprocamente. 
y no se vislumbra ninguna esperanza de que pudiera lograrse entre 
ellos una decisión. 
La historia de la filosofía confirma este efecto del antagonismo de 
sistemas filosóficos, opiniones religiosas y principios morales sobre el 
incremento del escepticismo. La lucha de las más antiguas explicaciones 
griegas del universo fomentó la filosofía de la duda en la época de 
la ilustración helénica. Cuando las campañas de Alejandro y la unión 
de diversos pueblos en imperios mayores pusieron ante los ojos de 
los griegos las diferencias de las costumbres, de las religiones, de los 
modos de entender la vida y el mundo, se .constituyeron las escuelas 
escépticas y extendieron sus actividades disolventes aun a los problemas 
de la teología -el mal y la teodicea, el conflicto entre la personalidad de 
la Divinad y su infinitud y perfección- y a las opiniones sobre el 
fin moral del hombre. También el sistema de creencias de los pueblos 
europeos modernos y su dogmática filosófica fueron seriamente que-
brantados en su validez universal desde la época en que, en la corte 
de Federico II Hohenstaufen, mahometanos y cristianos compararon mu-
tuamente sus convicciones, y la filosofía de Averroes y Aristóteles entró 
en el horizonte de los pensadores escolásticos. Y desde que la· antigüe-
dad renació de nuevo, los escritores griegos y romanos fueron com-
prendidos en sus motivos reales y la era de los descubrimientos hizo 
conocer de un modo creciente la multitud de los climas, de los pueblos 
y de sus mentalidades en nuestro planeta, desapareció totalmente la 
38 Los tipos de visión del mundo 
seguridad de los hombres en las convicciones hasta entonces firmemente 
delimitadas. Hoy son consignapas cuidadosamente por los viajeros las 
más diversas formas de creencia; los grandes y poderosos fenómenos 
de las convicciones religiosas y metafísicas, entre los sacerdotes del 
Oriente, en los Estados griegos, en la cultura árabe, son registrados y 
analizados por nosotros. 
Volvemos los ojos sobre un inmenso campo de ruinas de tradiciones 
religiosas, afirmaciones metafísicas, sistemas demostrados: posibilidades 
de toda índole para fundamentar científicamente, expresar poéticamente 
o proclamar religiosamente la conexión de las cosas, ha ensayado y pro-
bado unas tras otras el espíritu humano durante muchos siglos, y 
la investigación histórica, metódica y crítica estudia cada fragmento, cada 
residuo de esta larga labor de nuestra especie. Cada uno de estos sis-
temas excluye al otro, cada uno refuta al otro, ninguno es capaz de 
demostrarse; nada encontramos en las fuentes de la historia de aquella 
pacífica conversación en la Escuela de Atenas, de Rafael, que fue 
la expresión de la tendencia ecléctica de aquellos días. De este modo, la 
contradicción entre la conciencia histórica creciente y la pretensión de 
validez universal de las filosofías se ha hecho cada vez más áspera, 
cada vez más general la actitud de una placentera curiosidad frente a 
nuevos sistemas filosóficos, sea cualquiera el público que puedan reunir 
alrededor y el tiempo que puedan conservarlo.' 
2 
Pero mucha más hondura que las conclusiones escépticas de la opo-
sición de opiniones humanas alcanzan las dudas que han nacido del 
progresivo desarrollo de la conciencia histórica. Un tipo «hombre» con-
., Dilthey aborda desde el comienzo el problema que plantea una nueva realidad 
-la conciencia histórica-, que en él alcanza su plenitud. El conocimiento del 
pasado y de las incontables soluciones que éste ha propuesto a los temas perma-
nentes del hombre engendra una modalidad de escepticismo, que se ha solido llamar 
-así en el siglo XVII- «pirronismo histórico». Sin hablar de los pensadores que 
hacen, más o menos, profesión de escépticos -Montaigne, Charron, Sánchez, Bay-
le-, el eco de ese pirronismo aparece, en la inauguración de la modernidad, en 
e! comienzo de la filosofía cartesiana. Esta actitud ha revivido siempre que el hombre 
ha tomado contacto con muchas y diversas opiniones. Pero la conciencia histórica 
es algo más, porque en ella no sólo actúa la pluralidad de opiniones y soluciones, 
sino la existencia histórica de éstas. El hombre se siente historizado, inmerso en la 
corriente temporal del acontecer, condicionado por ella. Se ve concluso y pretérito 
ya mientras vive, adscrito a una fecha y en cierto modo constituido por ella. Esta 
es la emoción más honda de! hombre contemporáneo. Pero a la vez, como veremos 
a lo largo de este libro, esa misma radicalidad histórica del pirronismo permitirá 
una superación de él, mucho más profunda y eficaz que los intentos anteriores, 
porque hace pie en la misma realidad movediza de la historia. 
/ ntroducclOn 351 
cluso, dotado de determinado contenido, constituía el supuesto predomi-
nante del pensamiento histórico de los griegos y romanos. También' 
servía de base a la doctrina cristiana del primero y el segundo Adán, 
del Hijo del Hombre. En el mismo supuesto se apoyaba igualmente el 
sistema naturalista del siglo XVI. Descubrió en el cristianismo un para-
digma abstracto y permanente de la religión: la teología natural; abstrajo 
la teoría del derecho natural de la jurisprudencia romana, y de la creación 
artística griega, un modelo del gusto. Así, según este sistema naturalista, 
en todas las diversidades históricas estaban contenidas formas funda-
mentales, constantes y universales, de ordenaciones sociales y jurídicas, 
de fe religiosa y de moralidad. 
El método consistente en derivar aigo común de la comparación de 
las formas vitales históricas, en sacar de la multiplicidad de costumbres, 
principios jurídicos y teologías un derecho natural, una teología natural 
y una moral racional, mediante el concepto de un tipo supremo de los 
mismos -un procedimiento que se había desarrollado desde Hipias por 
medio de la Stoa y a través del pensamiento romano-o, dominaba todavía 
el siglo de la filosofía constructiva. La disolución de este sistema natural 
fue iniciada por el espíritu analítico del siglo xvm. Partió de Inglaterra. 
donde la más libre contemplación de formas de vida, costumbres y men-
talidades bárbaras y extrañas coincidía con teorías empiristas y la apli-
cación del método analítico a la teoría del conocimiento, la moral y la 
estética. Este espíritu fue trasplantado a Francia por Voltaire \ Mon-
tesquieu. Hume y D'Alembert, Condillac y Destutt de Tracy veían en 
el haz de impulsos y asociaciones como el que concebían al hombre 
ilimitadas posibilidades para producir las más variadas formas bajo el 
influjo de la diversidad del clima, de costumbres y de educación. La 
expresión clásica de este punto de vista histórico fueron la Historia 
natural de la religión, de Hume, y sus Diálogos sobre la religión natural. 
y de los trabajos de este siglo