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Dilthey el hombre no tiene propiamente naturaleza, sino sólo historia. Pero 
sería excesivo negar la existencia de una estructura común a los hombres todos, aun-
que ésta no tenga e! carácter de la naturaleza física o incluso biológica. Para Dilthey, 
no sólo el hombre está en la historia, sino que es historia; ahora bien, esto no 
excluye la presencia en él --como en la historia misma- de un mínimo esquema 
universal. que permitirá, por ejemplo, la formulación de leyes -biográficas, socio-
lógicas. históricas-o Véase Orte/m. Guillermo Dilthl'1' l' la idl'a dI' la /lida. cap. V. 
V ida y visión del mundo 43 
mismos a generalizaciones ya existentes y en la comprobación constante. 
y también cuando, en un caso particular, los principios de la experiencia 
de la vida no adquieren expresamente conciencia, actúan en nosotros. 
Todo lo que nos domina como costumbre, uso, tradición, se funda en 
tales experiencias vitales. Pero siempre, tanto en las experiencias indi-
viduales como en las generales, el modo de certeza y el carácter de la 
formulación de las mismas es totalmente distinto de la validez universal 
científica. El pensamiento científico puede examinar el método en que 
se basa su seguridad, y puede formular y fundamentar exactamente sus 
proposiciones; el origen de nuestro saber acerca de la vida no puede 
examinarse así, y no pueden trazarse fórmulas fijas de él. 
Entre estas experiencias vitales se cuenta también el sistema perma-
nente de relaciones en que está ligada la mismidad del yo con otras 
personas y los objetos externos. La realidad de este mismo, de las per-
sonas extrañas, de las cosas que nos rodean y las relaciones regulares 
entre ellos forman la armazón de la experiencia vital y de la conciencia 
empírica que en ella se constituye. El yo, las personas y las cosas en 
torno pueden llamarse los factores de la conciencia empmca, y ésta 
ccnsiste el~ las relaciones mutuas de esos factores. Y sean cualesquiera 
los procedimientos que pueda emplear el pensamiento filosófico, en los 
que abstraiga de los factores particulares o de sus relaciones, siguen 
siendo los supuestos determinantes de la vida misma, indestructibles 
como ésta e inalterables por ningún pensamiento, puesto que están 
fundados en las experiencias vitales de innumerables generaciones. Entre 
estas experiencias vitales, que fundan la realidad del mundo exterior 
y mis relaciones con él, las más importantes son las que limitan mi 
existencia, ejercen sobre ella una presión que no puedo eliminar, que 
frenan mis intenciones de un modo inesperado y que no puede alterarse. 
La totalidad de mis inducciones, la suma de mi saber se basan en estos 
supuestos, fundados en la conciencia empírica. 
3 
EL MISTERIO DE LA VIDA 
De las cambiantes experiencias vitales surge, para la inteligencia que 
se dirige a la totalidad, la faz de la vida, llena de contradicciones, a la 
vez vitalidad y ley, razón y arbitrariedad, que muestra siempre nuevo" 
aspectos, y esto de un nlodo acaso claro en lo particular. en conjunto, 
perfectamente enigmático. El alma intenta reunir en una totalidad las 
relaciones vitales y las experiencias fundadas en ellas, y no puede hacerlo. 
El centro de todas las incomprensibilídades son la generación, el naci-
miento, el desarrollo v la muerte El viviente sabe de la muerte v, sin 
embargo, no puede ¿omprenderb. De~de lrt primerrt mirrtda sob~e un 
44 Los tipos de visión del mundo 
muerto, la muerte es inconcebible para la vida, y en esto se funda, ante 
todo, nuestra posición ante el mundo como ante algo otro, extraño y 
temible. Así, el hecho de la muerte obliga a representaciones imaginativas 
que tienden a hacer comprensible ese hecho; la creencia en los muertos, 
la veneración de los antepasados, el culto de los difuntos engendran 
las ideas fundamentales de la creencia religiosa y de la metafísica. Y la 
extrañeza de la vida aumenta al experimentar el hombre en la sociedad 
y en la naturaleza la lucha permanente, la constante aniquilación de una 
criatura por otra, la crueldad de lo que impera en la naturaleza. Surgen 
extrañas contradicciones, que en la experiencia de la vida adquieren con· 
ciencia, cada vez con mayor energía, y nunca se resuelven: la caducidad 
universal y nuestra voluntad de algo firme, el poder de la naturaleza 
y la independencia de nuestra voluntad, la limitación de cada cosa en 
el tiempo y en el espacio, y nuestra capacidad de rebasar todo límite. 
Estos misterios han preocupado tanto al sacerdote egipcio o babilonio 
como hayal sermón del eclesiástico cristiano, a Heráclito y a Hegel, al 
Prometeo de Esquilo tanto como al Fausto de Goethe. 
4 
LEY DE FORMACION DE LAS IDEAS DEL MUNDO 
Cualquiera fuerte impresión hace patente al hombre la vida por 
uno de sus lados peculiares; entonces el mundo aparece bajo una nueva 
iluminación; al repetirse y enlazarse tales experiencias, se originan nues-
tros estados de ánimo o temples frente a la vida. Partiendo de un orden 
vital, adquiere la vida entera un matiz e interpretación en las almas 
afectivas o cavilosas: nacen los temples universales. Cambian, porque 
la vida muestra al hombre aspectos siempre nuevos; pero en los diversos 
individuos predominan ciertos temples vitales, según su peculiaridad. 
Unos adhieren a las cosas sólidas, sensibles, y viven en el goce del día; 
otros persiguen, a través del azar y el destino, grandes fines, que dan 
perduración a su existencia; hay naturalezas difíciles que no soportan 
la caducidad de lo que aman y poseen, y a quienes ha de parecer la 
vida sin valor y como tejida de vanidades y sueños, o que buscan más 
allá de esta tierra algo perdurable. Entre los grandes temples vitales, 
los más generales son el optimismo y el pesimismo. Pero se especifican 
en múltiples matices. Así parece el mundo, al que 10 considera como 
espectador, extraño, un espectáculo abigarrado y fugaz; por el contrario, 
para el que orienta su vida según un proyecto vital bien ordenado, el 
mismo mundo es íntimo, doméstico: está en él con pie firme y se 
siente perteneciente a él. 
Estos temples vitales, los innúmeros matices de la actitud ante el 
mundo, forman el estrato inferior del desarrollo de las visiones del mundo. 
Vida y visión del mundo 45 
En ellos se realizan luego, en virtud de las experiencias vitales en que 
alcanzan su eficacia las múltiples relaciones vitales de los individuos con 
el mundo, los intentos de solución del enigma de la vida. Precisamente 
en sus formas superiores se hace especialmente válido un método: la com-
prensión de un algo dado 'inconcebible por medio de otro más claro. Lo 
claro se convierte en medio de intelección o fundamento explicativo de 
lo inconcebible. La ciencia analiza, y entonces desarrolla en las situa-
ciones homogéneas así aisladas sus relaciones generales; la religión, la 
poesía y la metafísica originaria expresan la significación y el sentido 
del todo. Aquélla conoce, éstas comprenden. Una interpretación seme-
jante del mundo, que aclara su ser múltiple mediante algo más simple, ' 
germina ya en la lengua y se desarrolla en la metáfora como sustitución 
de una intuición por otra afín, que la hace en algún sentido más evi-
dente; en la personificación, que aproxima y hace comprensible por 
humanización, o mediante razonamientos analógicos, que en virtud de la 
afinidad determinan desde algo desconocido lo menos conocido y merced 
a ello se acercan ya al pensamiento científico. En todas partes en que 
la religión, el mito, la poesía o la metafísica originaria intentar hacer 
algo comprensible y expresivo, lo hacen según este mismo procedimiento. 
5 
LA ESTRUCTURA DE LA IDEA DEL MUNDO 
Todas las ideas del mundo, si intentan dar una solución completa 
al misterio de la vida, implican p~r 10 regular la misma estructura. Esta 
estructura es siempre una complexión o conexión unitaria, en la cual, 
sobre la base de