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Manual del residente traumatologa COT 2

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responde por sí mismo a la fuerza mecánica, de manera que ésta 
puede limitar la resorción ósea3.
La posición y distribución de los osteocitos interconectados entre sí en tres dimensiones a través del sistema 
canalicular es muy favorable para detectar la deformación de la matriz extracelular. El estímulo para el remodelado 
está definido por el fenómeno de tensión o deformación del hueso, que es utilizado para detectar la carga 
mecánica de su entorno y señalar la deposición, mantenimiento o resorción del tejido óseo18.
Se ha demostrado que el remodelado es sensible a los cambios de magnitud de distensión, periodicidad de los 
ciclos de carga, distribución de la carga y a la velocidad de distensión. El estímulo debe ser dinámico para 
determinar una respuesta de los osteocitos. Las cargas estáticas no producen estímulo significativo. La capacidad 
de estímulo de formación de un régimen de carga es mayor cuando entre estímulos mecánicos se insertan 
períodos de descanso, lo que hace aumentar la masa ósea y su calidad.
La deformación parece constituir un estímulo de remodelado, pues ésta produce un movimiento de fluido en el 
hueso que da lugar a una señal vehiculizada por los osteocitos. Así pues, parece que los osteocitos son las 
células principales de mecanotransducción del hueso y que son capaces de detectar la carga mecánica a través 
del flujo canalicular del fluido intersticial resultante de la misma. De esta manera, un osteocito es capaz de 
transmitir información acerca de las exigencias mecánicas en una región determinada hasta células efectoras 
alejadas del mecanosensor.
Parece ser que hay multitud de señales mecánicas osteocitarias, de manera que es probable que no haya un 
único mecanismo receptor responsable de todas las respuestas. Por lo tanto, es posible que estos diferentes 
receptores interactúen entre ellos integrando la información que recibe la célula gracias a las señales químicas y 
mecánicas.
 
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2. Fisis y órgano de crecimiento 
Autores: F. Hemosilla Sánchez y A. Pascual Ramírez 
Coordinador: P. Renovell Ferrer 
Hospital Clínico Universitario Valencia 
 
1. Introducción
Los seres vivos, desde el momento de la fecundación hasta que alcanzan la madurez, sufren un proceso de 
crecimiento, que viene determinado por múltiples factores. Durante este proceso el tamaño de las diferentes 
porciones corporales variará en su relación, ya que la velocidad de crecimiento y la proporción con la que 
contribuyen al crecimiento longitudinal total de cada miembro será diferente. Además, cada individuo lleva su 
propio ritmo de crecimiento, por lo que no siempre coincidirá la edad cronológica con la biológica1 (figura 1).
El crecimiento en longitud de los huesos largos tiene lugar en la placa de crecimiento a través de un proceso 
llamado osificación endocondral, en el que un andamio cartilaginoso es sustituido por tejido óseo de una forma 
coordinada2. La fisis o cartílago de crecimiento es una extensión periférica del centro de osificación primario. En 
ella tiene lugar un proceso secuencial donde el cartílago es reemplazado por hueso, aumentando así la longitud 
del mismo3. Al mismo tiempo hay un crecimiento radial por la aposición directa de hueso por los osteoblastos en la 
superficie perióstica y reabsorción en la endóstica. A medida que el individuo se acerca a la madurez disminuye el 
crecimiento longitudinal y la proliferación de condrocitos, produciéndose una epifisiodesis fisiológica. Cada epífisis 
tiene su propio patrón de cierre así como cada individuo su propio ritmo de crecimiento. El cierre se produce antes 
en la mujer que en el hombre por efecto de los estrógenos, que promueven el envejecimiento programado de los 
condrocitos del cartílago de crecimiento y en menor medida acelerando la invasión vascular y la osificación3. Pero 
si el cierre fisario se produce por efecto hormonal: ¿por qué se produce el cierre fisario a diferentes edades? y 
¿por qué no tiene el mismo efecto sobre el cartílago articular?4 Éstas son preguntas que aún están sin contestar.
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2. Crecimiento y osificación de los huesos largos en el embrión
Con excepción de la clavícula, cuyo origen es membranoso, los huesos largos son de origen endocondral. Los 
primeros centros de osificación de un hueso largo aparecen en la diáfisis. A medida que la formación de hueso 
perióstico y endocondral se extiende hacia los extremos del hueso largo, se forma una amplia cavidad medular 
central en el hueso trabecular de la diáfisis. Hacia el final de la vida fetal