SAEZ,David Cordoba Javier.VIDARTE, Paco(Org.)Teoria Queer Politicas Bolleras, Maricas,Trans,Mestizas(2007)
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SAEZ,David Cordoba Javier.VIDARTE, Paco(Org.)Teoria Queer Politicas Bolleras, Maricas,Trans,Mestizas(2007)


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«una maldiciór1»-2, «una violación»-J, (<un 
parásito del cuerpo»&quot; y (Q1n desgarramientOl)-·;. Para Beauvoir, esta pequeña 
bestia peluda castrada que podríamos calificar como «mujer lobo» está lejos 
de sacar algún beneficio de su metamorfosis pilosa: la feminidad «00 sólo se 
vive en medio de la vergüenza, sino también del remordimiento»&quot;. 
Cuando \X!ittig revisita el devenir mujer en 1980, cuenta con la existencia 
de una «sociedad lesbiana»'&quot; para probar no solamente que la feminidad, como 
ha sugerido Beauvoir, es el efecto de una construcción política y social, y no 
simplemente un hecho natural, sino también que el proceso anatómico polí· 
tico del «devenir mujeD) puede sen'ir de objeto para una intervención políti-
ca, de manera que el cuerpo mismo pueda resistirse a la producción de la 
feminidad: «Por su mera existencia, una sociedad lesbiana destruye el hecho 
artificial (social) que constiruye a las mujeres como &quot;grupo natural&quot;; una 
sociedad lesbiana demuestra pragmáticamente que la división aparte de los 
hombres de que las mujeres han sido objeto es política, y que hemos sido 
reconstruidas ideológicamente como &quot;grupo natural&quot;. En el caso de las muje-
res, la ideología llega muy lejos, puesto que nuestro cuerpo, tanto como nues· 
tro pensamiento, es producto de esta manipulación. Hemos sido forzadas en 
nuestro cuerpo y en nuestro pensamiento para corresponder, trazo a trazo, 
con la idea natural que ha sido establecida para nosotras. Contrahechas hasta 
tal punto que es nuestro cuerpo deformado lo que llamamos &quot;natural&quot;, y lo 
que, suponemos, existe como tal antes de la opresión. Contrahechas hasta ta! 
punto que al final la opresión parece una consecuencia de esta &quot;naturaleza' 
-111, I-\I::\l'\'( llR, s.: /.;Ilrx.~&quot;.u so.'O. (),~ ni., p.S4. 
~ 1 Ibídem, p.46. 
-12 Ibidcm. r.(,3 . 
. .0 ... Lo que b.lo\&quot;cn rcch;l7.:1 es c¡ue se le Innl¡an La ht'nd2 ~'l&quot;l dolor. &quot;E~ horrible 1:t Ldea de ser p&quot;'jar.:uic por un hombre&quot; ( ... 1l.1IJt'&quot; 
de '·Hlbclfln ~l: con\&quot;ltrrc en mucho.; CASIJ~ c:n una Ob&quot;il'silin&quot;. Ibídem. p &quot;'O 
44 .\u2022 ó:tl>\: '&quot;fue I()~ nJll(l~ n<' :rop;arcccn CI~uAJml'nTc ~:r. 1:1 cuerpo dl· la madre \ '&quot;fuc l:lmpoc., s:llcn C~1n un 1f'W..!~C de \·arll.l nI&quot;.~&quot;'c; .. : 
h:LCC rrc.t .. &quot;Unla~ an¡ ... ustiada. \Iuchas ,&quot;Cces, no le&quot; parece nla~:1Ydl&quot;s(¡. sino hor:1hk t¡ue un CUl:T¡V' p:U:l<':IIO pro]¡tcn· l'n el I~H·n&quot;· <. 
cUl&quot;rp&quot;; l:ro ldca J~' C&quot;l:1 hlnch27.lln monsrrUIl&quot;i:l b alt&quot;Trron7;J.·' lhldcm. p 46 
45. I bidem, p. 46. 
4r) J)&quot;,lem. p.-t. 
4- \\TrnG. $.: 1.fl ,'>t&quot;&quot;'Jr(JlrtJ~r.b¡. n/,.nl .. rp. 51·52 
[ 124] 
en nosotra-s, una narural,eza que no es más que una idea. Lo que un análisis 
materialista alcanza por razonamiento, una sociedad lesbiana lo efectúa de 
hecho: no solamente no hay un grupo narural &quot;mujeres&quot; Oas lesbianas somos 
una prueba viviente, física) sino que en tanto que individuos recuestionamos 
'1a-mujer&quot;, que es para nosotras un mito, de! mismo modo que lo fue para 
Simone de Beauvoir»&quot;, Encontramos, en Wittig, el mismo rechazo por la 
deformación política del cuerpo femenino pero, a la vergüenza y los remordi-
mientos beauvoirianos, Wittig opone un proceso alternativo de (<producción» 
dd cuerpo (desbiano»·9. 
¿Existe entonces una posibilidad de ((devenir bollo» que desafíe e! proceso 
de producción del cuerpo hetero? De hecho, los cuerpos lesbianas y los cuer-
pos heterosexuales pueden ser considerados como dos maneras diferentes de 
reaccionar al proceso biopolitico de ((deformación» del cuerpo que tiene por 
objeto la producción de lo que \'qittig llama, citando a Beauvoir, (da-mujeD>. 
Uevando al limite e! razonamiento de Wittig, podría pensarse que allí donde 
las mujeres heterosexuales incorporan la feminidad como narural y como 
expresión de su auténtico ser, las lesbianas parecen resistir a este proceso de 
.ancorporación femenina/de la feminidad»: ((Tener una conciencia lesbiana 
es no olvidar jamás hasta qué punto ser &quot;la-mujer&quot; sería para nosotras &quot;con-
tra-narura&quot;, constrictivo, totalmente opresivo y destructivo. En los buenos 
viejos tiempos anteriores al movimiento de liberación de las mujeres era una 
exigencia política, y las que la resistíamos fuimos acusadas de no ser «yerda-
ueras» mujeres. Pero en ese tiempo éramos valientes porque en la acusación 
había ya como una sombra de \'ictoria: la confesión del opresor de que: ser 
&quot;mujer&quot; no es algo que va de suyo, porque, para serlo, hace falta ser una ver-
dadera. [Y las otras por tanto] Nos acusaban en el mismo moyimiento de 
querer ser hombres ... Sin embargo, rechazar ser mujer no implica que sea para 
convertirse en hombre. Por otro lado, si tomamos por ejemplo la &quot;camionera&quot;, 
la más rechazada, e! ejemplo clásico de lo que despierta e! máximo de horror, 
¿en qué se distingue su alienación de la que quiere convertirse en mujer? Tanto 
monta, monta tanto ... Al menos para una mujer, querer convertirse en hombre 
prueba que ha escapado a su programación inicial ... Una lesbiana debe ser, por 
~to, cualquier otra cosa, no-mujer, no-hombre, un producto de la sociedad y 
!lO un producto de la &quot;naruraleza&quot;, pues no hay &quot;naruraleza&quot; en sociedad»51I \u2022 
&quot;&quot;o. En e! siglo XX y en este principio del XXI ha tenido lugar una prolifera-
~on de culruras de resistencia a la identidad sexual normativa: las ga1&quot;(onnes en 
lOS años veinte, la culrura bUlch/femme en los cincuenta, la escena drag king de 
los años ochenta y noventa, e! movimiento transgénero de los noventa, que 
co~s~ruyen formas de incorporación alternativas y resultan de una resistencia 
pc,!ítlca al proceso de «de\'enir mujeo). En el caso de la bulelJ, de! drag killg y del 
-
: Ibód&quot;&quot;. PI' Sl·S2 . ~U\&quot;f.I&quot; ~ \\ nu/-!, nlc¡'::ln el procc<.;o de Iflrm.lC1lJn del cuerpe' ma~cuhno comtl un rroct:!oo de: construCCJún 2Cll\·.1. ~~ por t.:lm&quot; de 
!.t'l .Cu'n p:;.r.lldól. Ln IU!!:lr de es('. \'l&quot;n el cuerpo' nlJ.'cuhno como ncutro. l.:! cnrio Ol' 1;1 hetcrnsCXu2bdad como rc~mcn pnlilJ&quot; l~rrnl1;¡o;¡ por ~\'im~ no I:.t condUJO a an:¡h~';lr 1.1 ma~culJnlc.hd y eI.cuerro m2!-culino como social y roliILC:¡menre: .. construloos&quot; 
\u2022 IUlalls.n. s.c h2ran mucho m2S tarde, notablemente, pm Judlth 11.:¡,lbcl'513m en F,malr ,\Jas~lJnJ!J (Durham, Dukc, 19IJR). ~ nrnr., \t.: 1 ¿; Prl/Jú Jlr,¡~::.:~·{. 0. .\u2022.. at., rr ~~)&quot;~- Tu.:mpo dcsruc~,.cn ~u rclcclu~ de Witug,Judnh Rudrr ft:lnrerprcrólr1 h Ser;! 
~:&quot;ft' la .vcrd2d~n) ~ 1;3 .. Ialsa&quot; Icicnud.:.íId lemcnln~. cnrTe «la-muJer»~' .. la-c.ml&quot;nen.&quot;. como un:¡, rruch:l de que los l:1zn ... eS12-
COrTc ~e:o.~) ,. genero sor. rxJIJt1(&quot;<I~ m~~ U.Ul· n;l.!ur;tlt&quot;&quot;-
[ 125] 
transgénero, el pelo es el signo por excelencia de una mutación elegida, de la 
transformación en «bollera lobo»: el bigote dibujado de los drag kingJ fotogra. 
fiados por Cathi Opie, la barba de )ennifer Miller, las patillas de )ewels, la peri: 
lla de Del La Grace, y tantos otros pelos, deben comprenderse no como la 
naturalización de un destino político, sino como la distorsión performativa de: 
b feminidad v de la masculinidad normativas. 
En el caso' de Wittig, el rechazo a incorporar la feminidad heterosexual ter. 
mina por volver contra sí misma el proceso de metamorfosis del «devenir 
mujcoI: en lugar de naturalizar los efectos de una opresión política, como hace 
Beauvoir, el «cuerpo lesbianOl) hace resaltar el carácter construido, la artificia. 
lidad, la monstruosidad del «cuerpo femenino». A partir del momento en que 
la monstruosidad es reconocida como artificio, como ficción, se convertirá c:o 
la «cantera literaria» por excelencia para la autora de El CIIerpo lerbiano. Volveré 
más tarde sobre los recursos políticos de la pilosidad de la bollera lobo, pero 
antes me gustaria dar otro ejemplo de resistencia lesbiana a la incorporación 
de la feminidad heterosexual. 
POLÍLOGOS DE LA V ÁGINA 
Quizás hayan leído o escuchado decir, como yo, que al final de una conferen-
cia que daba en Vassar College en los