HARVEY, David. Ciudades rebeldes
238 pág.

HARVEY, David. Ciudades rebeldes


DisciplinaPolítica Social496 materiais1.908 seguidores
Pré-visualização50 páginas
David Harvey 
Ciudades rebeldes 
Del derecho de la ciudad 
a la revoluci6n urbana 
Traducci6n de 
Juanmari Madariaga 
® 
aka I 
Diseiio interior y cubierta: RAG 
Reservados todos los derechos. 
De acuerdo a lo dispuesto en el art. 270 
del C6digo Penal, podr:in ser castigados con penas de multa 
y privaci6n de libertad quienes sin Ia preceptiva autorizaci6n 
reproduzcan, plagien, distribuyan o comuniquen publicamente, 
en todo o en parte, una obra literaria, artistica o cientifica, 
fijada en cualquier tipo de soporte. 
Tfrulo original: Rebel Cities. From the Right to the City to the Urban Revolution 
©David Harvey, 2012 
© Ediciones Aka!, S. A., 2013 
para lengua espanola 
Sector Foresta, 1 
28760 Tres Cantos 
Madrid - Espana 
Tel.: 918 061 996 
Fax: 918 044 028 
www.akal.com 
ISB\ufffd:978-84-460-3799-6 
Deposito legal: M-8.833-2013 
Impreso en Gnificas Varona, S. A. 
Salamanca 
Para Delfina y todos los demds estudiantes 
de doctorado en todas partes. 
PREFAC I O 
La lca r ia de Hen ri Lefebvre 
Hacia mediados de Ia decada de los setenta me encontre en 
Parfs con un cartel editado por los Ecologistes, un movimiento ra­
dical de accion vecinal dedicado a promover un modo de vida 
urbana ecologicamente mas sensible, que presentaba una vision 
alternativa para Ia ciudad. Era un precioso retrato hidico del viejo 
Parfs reanimado por Ia vida vecinal, con flares en los balcones, 
plazas llenas de gente y niiios, pequeiias tiendas abiertas a todo el 
mundo, multitud de cafes, fuentes, gente solazandose a orillas del 
Sena, parques y jardines aquf y alia (quiza eso lo he inventado en 
mis recuerdos), con tiempo suficiente para disfrutar de Ia conver­
sacion o fumarse una pipa (un habito que todavfa no se habfa de­
monizado en aquella epoca, como constate a mis expensas cuando 
acudf a una reunion vecinal de los ecologistas que se celebraba en 
una sala densamente cargada de humo). Me gustaba muchfsimo 
aquel cartel, pero con los aiios se fue deteriorando tanto que tuve 
que deshacerme con pena de el. jMe gustarfa tanto volver a tener­
lo! Alguien deberfa reimprimirlo. 
El contraste con el nuevo Parfs que estaba surgiendo y amena­
zando tragarse al antiguo era dramatico. Los gigantescos edificios 
en torno a la Place d'Italie amenazaban ocupar toda Ia zona hasta 
darse Ia mano con Ia espantosa Tour Montparnasse. La vfa rapida 
propuesta en Ia Rive Gauche, los insulsos bloques de apartamen­
tos (HLM) en el 13e arrondissement y en los suburbios, Ia mer­
cantilizacion monopolizada de las calles, Ia pura desintegracion 
de lo que en otro tiempo habfa sido una vibrante vida vecinal 
construida en torno al trabajo artesanal en pequeiios talleres en el 
Marais, Ia reestructuracion de Belleville arrasando sus callejuelas 
Y patios, asf como Ia fantastica arquitectura de Ia Place des Vosges. 
5 
Encontre otro cartel (de Batellier) que mostraba una cosechadora 
aplastando y engullendo todos los viejos barrios de Parfs y dejan­
do en su Iugar largas filas de altfsimos HLM, y que utilice como 
ilustraci6n clave en The Condition ofPostmodernity. 
Desde principios de Ia decada de 1960 Parfs se hallaba clara­
mente sumida en una crisis existencial. Lo antiguo no podfa du­
rar, pero lo nuevo parecfa demasiado horrible, exanime y gelido. 
La pelfcula realizada por Jean-Luc Godard en 1967, Deux ou trois 
chases que je sais d'elle, captaba delicadamente aquellas sensaciones. 
Presentaba madres casadas que se prostitufan a diario, tanto por 
aburrimiento como por necesidad de dinero, con el trasfondo de 
Ia invasion de Parfs por el capital empresarial estadounidense, Ia 
guerra de Vietnam (que antes habfa sido asunto de los franceses 
pero que ahora habfan asumido los estadounidenses) , un boom de 
la construcci6n de autopistas y rascacielos y Ia llegada de un con­
sumismo desatentado a las calles y las tiendas de Ia ciudad. Sin 
embargo, la actitud filos6fica de Godard -una especie de precur­
sor wittgensteiniano del posmodernismo, melanc6lico e ir6nico-, 
que no permitfa mantener ninglin paradigma como centro o 
meollo de la sociedad, no era de mi gusto. 
Fue aquel mismo afio, en 1967, cuando Henri Lefebvre escri­
bi6 su influyente ensayo Le Droit a la ville, que se entendfa al mis­
mo tiempo como una queja y una reivindicaci6n. La queja respon­
dfa al dolor existencial de una crisis ag6nica de la vida cotidiana en 
la ciudad. La reivindicaci6n era en realidad una exigencia de mirar 
de frente aquella crisis y crear una vida urbana alternativa menos 
alienada, mas significativa y gozosa aunque, como siempre en el 
pensamiento de Lefebvre, conflictiva y dialectica, abierta al futuro 
y a los encuentros (tanto temibles como placenteros) y a la busque­
da perpetua de la novedad incognoscible 1 \u2022 
1 Henri Lefebvre, La Proclamation de Ia Commune, Paris, Gallimard, 
1 965 [ed . cast. : «La proclamaci6n de la Comuna>>, en Obras de Henri Lefeb­
vre, Buenos Aires, A. Peii.a Lillo Editor, 1 967); Le Droit a Ia Ville, Paris, 
Anthropos, 1 968 [ed. cast. : El derecho a Ia ciudad, Barcelona, Peninsula, 
6 
Quienes nos movemos en la vida academica somos bastante 
expertos en reconstruir la genealogfa de las ideas. Asf, examinan­
do los escritos de Lefebvre de esa epoca, podemos encontrar un 
poco de Heidegger por aquf, de Nietzsche por alla, de Fourier 
aculla, crfticas tacitas de Althusser y Foucault, y por supuesto el 
insustituible marco aportado por Marx. Merece la pena mencio­
nar el hecho de que aquel ensayo hubiera sido escrito para la con­
memoracion del centenario de la publicacion del primer volumen 
de El Capital, porque como veremos tiene cierta importancia po­
litica. Pero los universitarios olvidamos a menudo el papel desem­
peiiado por la sensibilidad que surge de las calles a nuestro alrede­
dor, por el inevitable sentimiento de perdida provocado por las 
demoliciones que nos embarga cuando barrios enteros (como Les 
Hailes) resultan remodelados o surgen aparentemente de la nada 
grands ensembles, junto con la excitacion o la irritacion de manifes­
taciones callejeras por esto o aquello, la esperanza que se despier­
ta cuando grupos de inmigrantes traen de nuevo la vida a un ba­
rrio ( esos grandes restaurantes vietnamitas en el 1 3e arrondissement 
en medio de los HLM), o la desesperanza que brota de la abatida 
angustia de la marginacion, la represion policial y la juventud per­
dida sin remedio en el puro aburrimiento del creciente desempleo 
y el abandono en suburbios mortecinos que acaban convirtiendo­
se en focos de disturbios y _rebeldfa. 
Estoy convencido de que Lefebvre era muy sensible a todo 
eso, y no solo por su evidente fascinacion anterior por los situa­
cionistas y su adhesion teorica a la idea de una psicogeografia de 
la ciudad, la experiencia de la derive urbana a traves de Paris y la 
exposicion al espectaculo. Seguramente le bastaba salir de su 
apartamento en la rue Rambuteau para sentir un cosquilleo en 
1 97 3]; L'Irruption de Nan terre au Sommet, Paris, Anthropos, 1 968; La Revo­
lution Urbaine, Paris, Gallimard, 1 970 [ed. cast. : La revoluci6n urbana, Ma­
drid, Alianza, 1 972]; Espace et Politique (Le Droit a Ia Ville, II), Paris, Anthro­
pos, 1 973 [ed. cast. : Espacio y politica, Barcelona, Peninsula, 1 972); La 
Production de l'Espace, Paris, Anthropos, 1 974. 
7 
todos sus sentidos. Por eso creo muy significativo que escribiera 
Le Droit a Ia ville antes de L'Irruption de Nanterre (como la llam6 
poco despm!s) en mayo de 1968. Su ensayo presenta una situaci6n 
en la que tal irrupci6n era no solo posible sino casi inevitable (y 
Lefebvre desempeii6 cierto papel en Nanterre para que asf fuera) . 
Pero las rafces urbanas de aquel movimiento del 68 siguen siendo 
un tema muy minusvalorado en los subsiguientes estudios de 
aquel acontecimiento. Sospecho que los movimientos