HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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coherente de oposicion a todo esto. Existen, por supues­
to, multitud de luchas y movimientos sociales urbanos (en el sen­
tido mas amplio del termino, incluyendo los movimientos en la 
periferia rural) , y abundan en todo el mundo las innovaciones ur­
banas con respecto a la sostenibilidad medioambiental, la incor­
poracion cultural de los inmigrantes y el disefio habitacional de 
los espacios publicos; pero todavfa tienen que converger en el pro­
posito concreto de obtener un mayor control sobre los usos del 
excedente (por no hablar de las condiciones de su produccion) . 
Un paso hacia la unificacion de esas luchas, aunque no fuera en 
absoluto el ultimo, serfa el de concentrarse en esos momentos 
de destruccion creativa en que en la economfa de acumulacion de 
riqueza se transfigura violentamente en economfa de desposesion, 
reivindicando abiertamente el derecho de los desposefdos a su 
ciudad, su derecho a cambiar el mundo, a cambiar la vida y a rein­
ventar la ciudad de acuerdo con sus propios deseos. Ese derecho 
colectivo, entendido a un tiempo como consigna de trabajo y como 
ideal politico, nos retrotrae a la antiqufsima cuestion de quien esta 
al mando de la conexion intema entre urbanizacion y produccion 
Y uso del excedente. Quiza, despues de todo, Lefebvre tenia ra­
zon, hace mas de medio siglo, al insistir en que la revolucion de 
nuestra epoca tiene que ser urbana, 0 no sera. 
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CAPITULO DOS 
Las ra fces u rba nas de las cr is i s ca p ita l i stas 
En un articulo publicado en el New York Times el 5 de febrero 
de 2 0 1 1 con el titulo «Housing Bubbles Are Few and Far Bet­
ween», Robert Shiller, economista al que muchos consideran el 
mayor experto estadounidense en cuestiones de vivienda dado su 
papel en la elaboraci6n del fndice Case-Shiller sobre el precio de 
Ia misma, intentaba tranquilizar a todos afirmando que la recien­
te burbuja inmobiliaria era un «acontecimiento infrecuente, que 
no se repetiria en muchas decadas». La «enorme burbuja inmo­
biliaria» de principios de siglo «no se puede comparar con nin­
giln ciclo nacional o internacional en ese sector. Las anteriores 
burbujas fueron menores y mas regionales». Los unicos antece­
dentes equiparables, aseguraba, fueron las burbujas del precio 
del suelo en Estados Unidos a finales de la decada de 1 83 0 y du­
rante la de 1 850 1 \u2022 
Como demostrare, se trata de una lectura asombrosamente 
equivocada y peligrosa de la historia del capitalismo. El hecho de 
que haya pasado tan inadvertida atestigua un punto ciego muy 
serio en el pensamiento econ6mico contemporaneo, que desgra­
ciadamente parece darse igualmente en la econornia politica mar­
xista. La crisis de la vivienda en Estados Unidos en 2007-2 0 1 0, 
aunque haya sido mas profunda y mas larga que la mayorfa -de 
hecho, bien puede marcar el fin de una era en la econornia estado­
unidense-, no careda de precedentes en su relaci6n con las per­
turbaciones macroecon6micas del mercado mundial, y hay sefia­
les de que esta a punto de repetirse. 
1 Robert Shiller, «Housing Bubbles are Few and Far Between», New 
York Times, 5 de febrero de 2 0 1 1 . 
5 1 
La economfa convencional trata rutinariamente Ia inversion 
en el entorno construido en general, y en Ia vivienda en particu­
lar, asf como Ia urbanizaci6n, como algo marginal con respecto a 
los asuntos supuestamente mas importantes que se desarrollan 
en una entidad ficticia llamada «Ia economfa nacional». El sub­
campo de Ia «economfa urbana» es pues un tema al que se dedi­
can economistas de segunda fila, mientras que los mas brillantes 
aplican sus habilidades macroecon6micas en otros terrenos, e in­
cluso cuando prestan atenci6n a los procesos urbanos, los pre­
sentan como si las reorganizaciones espaciales, el desarrollo re­
gional y Ia construcci6n de ciudades fueran meros resultados de 
procesos a mayor escala que no se ven afectados apenas por lo 
que producen2 \u2022 Asf, en el Informe sobre Desarrollo del Banco Mun­
dial de 2 009, que por primera vez se tom6 en serio Ia geografia 
econ6mica y el desarrollo urbana, los autores no paredan pensar 
que nada pudiera ir tan catastr6ficamente mal como para deto­
nar una crisis en el conjunto de Ia economfa. Escrito por econo­
mistas (sin consultar a ge6grafos, historiadores o soci6logos ur­
banos), su prop6sito era supuestamente explorar Ia «influencia 
de Ia geografia en las oportunidades econ6micas» y elevar «el 
espacio y el Iugar, de meras cuestiones secundarias, a un papel 
mas importante». 
Sus autores se esforzaban de hecho por demostrar que Ia apli­
caci6n de los paradigmas habituales de la economfa neoliberal a 
los temas urbanos (como dejar al estado fuera de la tarea de regu­
lar seriamente los mercados del suelo y la propiedad inmobiliaria 
y minimizar las intervenciones de la planificaci6n urbana, regio­
nal y espacial en pro de la justicia social y de la igualdad regional), 
era Ia mejor de forma para aumentar el crecimiento econ6mico 
(con otras palabras, Ia acumulaci6n de capital) . Aunque tenfan Ia 
2 Es bastante sorprendente -dice Charles Leung en «Macroeconomics 
and Housing: A Review of the Literature>>, Journal of Housing Economics 1 3 
(2004), pp. 249-267-, que sean tan escasos el solapamiento y Ia interacci6n 
entre los textos sobre macroeconomfa y sobre Ia vivienda. 
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decencia de «lamentar» no disponer del tiempo y el espacio sufi­
ciente para explorar en detalle las consecuencias sociales y medio­
ambientales de sus propuestas, creian simplemente que las ciuda­
des que proporcionan 
mercados fluidos para el suelo, Ia propiedad inmobiliaria y otras ins­
tituciones de apoyo -tales como Ia protecci6n de los derechos de 
propiedad, Ia ejecuci6n obligada de los contratos y Ia financiaci6n de 
Ia vivienda-, prosperarian probablemente con el tiempo a medida 
que se modificaran las necesidades del mercado. Ciudades con exito 
han relajado las !eyes sobre las zonas para permitir a los usuarios con 
mayores recursos apostar por el suelo valioso y han adoptado nuevas 
regulaciones de uso para adaptarse a su papel, que va cambiando con 
el tiempo3\u2022 
Pero el suelo no es una mercancia en el sentido mas corriente 
de Ia palabra. Es una forma ficticia de capital que deriva de las 
expectativas de futuras rentas. El intento de maximizar su rendi­
miento ha expulsado durante los ultimos afi.os de Manhattan y del 
centro de Londres a las familias de bajos o moderados ingresos, 
con efectos catastr6ficos sobre las disparidades de clase y el bie­
nestar de las poblaciones menos privilegiadas. Eso mismo es lo 
que ejerce una presion tan intensa sobre el suelo de alto valor en 
Dharavi (Bombay), un barrio de chabolas poblado por alrededor 
de un mill6n de habitantes que el informe caracteriza correcta­
mente como un ecosistema productivo humano. En resumen, el 
informe defiende el fundamentalismo de mercado que ha dado 
Iugar al terremoto macroecon6mico por el que acabamos de pasar 
(aunque siga manifestando replicas) al tiempo que ha generado 
movimientos sociales urbanos de oposici6n a Ia gentrificaci6n, a 
. 3 World Development Report 2009: Reshaping Economic Geography, Was-
hmgton DC, World Bank, 2009; David Harvey, «Assessment: Reshaping 
Economic Geography: The World Development Report>>, Development and 
Change Fwum 2009 40/6 (2009), pp. l , 269-2 78 . 
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la destruccion del media ambiente y al uso de las expropiaciones 
(o de metodos mas brutales) para desalojar a los residentes y per­
mitir un uso mas rentable del suelo. 
Desde mediados de la decada de 1 980 la politica urbana neoli­
beral (aplicada, por ejemplo, en toda la Union Europea) concluyo 
que la redistribucion de la riqueza a las barriadas, ciudades y regio­
nes menos aventajadas era imitil, y que los recursos debian canali­
zarse por el contrario hacia los palos de crecimiento «empresaria­
les» mas dinamicos.