HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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en Estados Unidos, 1 966-1 975 
400 
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o+-----.-----.------.-----.------.-----.------.-----. 
.\ufffd "C 
1 967 1 969 1 971 1 973 
400 
Indica de las cotizaciones de acciones inmobiliarias en el Reino Unido, 1 961 - 1 975 
300 
.£ 200 
1 00 
1 962 1 964 1 966 1 968 
Aiio 
1 970 
Fuente: US Department of Commerce 
1 972 1 974 
6 1 
Figura 2 . Rascacielos construidos en New York City, 1 890-2 0 1 0 
50 Numero de edificios de mas de 70 m de altura 
40 
30 
20 
1 0 
o+-\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffdW¥\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd\ufffd 
1 890 1 9 1 0 1 930 1 950 1 970 1 990 201 0 
Ario 
Fuente: William Goetzmann y Frank Newman, «Securitization in the 1920s», 
NBER Working Paper 1 5650 
-donde las hipotecas sobre viviendas equivalen tan solo, si el infor­
me del Banco Mundial dice Ia verdad, al 1 0 por 1 00 del PIB-, si 
bien un crac inmobiliario podria contribuir a un colapso macroeco­
n6mico (del tipo del que ocurri6 en 1 997 - 1 998), probablemente no 
podria provocarlo por si solo, mientras que en Estados Unidos, 
donde Ia deuda hipotecaria equivale al 40 por 100 del PIB, cierta­
mente podria hacerlo y asi sucedi6 al generar Ia crisis de 2007-2009. 
LA PERSPECTIVA MARXISTA 
Dado que la teoria burguesa, si no totalmente ciega, al menos 
carece de capacidad para relacionar el desarrollo urbano con las 
perturbaciones macroecon6micas, se podria pensar que los criticos 
marxistas, con sus muy pregonados metodos materialistas-hist6ri­
cos, habrian salido a Ia palestra con energicas denuncias del aumen­
to de los alquileres y las salvajes desposesiones caracteristicas de lo 
que Marx y Engels caracterizaban como segunda forma de explota-
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cion de la clase obrera, extorsionada por los propietarios de suelo y 
viviendas, y habrian confrontado la apropiacion del espacio urbano 
mediante la gentrificacion, la construccion de apartamentos de lujo 
y la «disneyficacion» con la barbara falta de viviendas accesibles 
para la gran mayoria de la poblacion y la degradacion del medio 
ambiente urbano (tanto fisica, de la que puede servir como ejemplo 
[a contaminacion del aire que se respira, como social, con la Hamada 
«desatencion benigna», no solo de la educacion sino de muchos 
otros servicios sociales, en la variante neoliberal del clasico laissez­
faire). Cierto es que se han podido oir voces de protesta de un res­
tringido circulo de teoricos y urbanistas marxistas (entre los que me 
cuento)9; pero en general el discurso de los pensadores marxistas es 
lamentablemente parecido al de los economistas burgueses. Los ur­
banistas son considerados especialistas, mientras que el micleo au­
tenticamente significativo de la teorizaci6n macroeconomica mar­
xista se sittia en otto sitio. De nuevo, la ficcion de una economia 
nacional cobra prioridad debido a que es en ella donde se pueden 
encontrar mas datos, aunque tambien, para ser honesto, donde se 
toman las principales decisiones politicas. Si no se acaba de enten­
der el papel del mercado inmobiliario en la generaci6n de las con­
diciones para la crisis de 2007-2009 y sus secuelas de desempleo y 
austeridad (administrados en buena medida al nivel local y munici­
pal), es porque no hay ninglin serio intento serio de integrar una 
comprension del proceso de urbanizacion y de formacion del en­
tomo construido en la teoria general de las leyes dinamicas del ca­
pital. Como consecuencia, muchos teoricos marxistas, enamorados 
apasionadamente de las crisis, tienden a tratar la mas reciente como 
una manifestacion de su version preferida de la teoria al respecto (ya 
sea la caida de la tasa de beneficia, el subconsumo o cualquier otra). 
\ufffd Veanse las mesuradas evaluaciones y contribuciones de Brett Christo­
phers : «On Voodoo Economics: Theorising Relations of Property, Value 
and Contemporary Capitalism>>, Transactions, Institute of British Geog;raphers, 
New Series 3 5 (20 1 0), pp. 94- 1 08; «Revisiting the Urbanization of Capi­
tal>> , Annals of the Association of American Geog;raphers 1 0 1 (20 1 1 ) , pp. 1 - 1 8 . 
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El propio Marx es en cierta medida culpable, aunque involun­
tario, de ese estado de cosas. En la introducci6n a los Gnmdrisse 
deda que su objetivo al escribir El Capital era explicar las leyes 
generales del movimiento de este, para lo que debia concentrarse 
exclusivamente en la producci6n y realizaci6n del plusvalor abs­
trayendolas y excluyendo lo que llamaba «particularidades» de la 
distribuci6n (interes, rentas, impuestos e incluso los salarios rea­
les y la tasa de beneficia), ya que estas son accidentales, coyuntu­
rales y dependientes del momenta y el Iugar. Tambien dej6 de 
lado las circunstancias especificas de las relaciones de intercam­
bio, como Ia oferta y Ia demanda y el grado de competencia. 
Cuando Ia oferta y Ia demanda estan en equilibria, argumentaba, 
no sirven para explicar nada, mientras que las leyes inapelables de 
la competencia funcionan como responsables de su cumplimiento 
mas que como determinantes de las leyes generales del movimien­
to del capital. Esto induce inmediatamente a preguntarse que es 
lo que ocurre cuando falta ese mecanismo de puesta en vigor, 
como ocurre en condiciones de monopolio, y que ocurre cuando 
incluimos como variable Ia competencia espacial, que es, como se 
sabe desde hace tiempo, una forma de competencia monopolista 
(como en el caso de Ia competencia interurbana). Finalmente, 
Marx presenta el consumo como una «singularidad» -las circuns­
tancias unicas que constituyen conjuntamente un modo de vida 
en comun-, que al ser ca6tica, impredecible e incontrolable, que­
da por tanto fuera, en su opinion, del campo de la economia poll­
rica ( el estudio del valor de uso, declara en la prim era pagina de El 
Capital, corresponde a Ia historia y no a la economia politica). 
Hardt y Negri se han esforzado recientemente por resucitar este 
concepto, ya que ven las singularidades, que surgen de Ia prolife­
raci6n y bienes comunes y siempre apuntan a ellos, como un as­
pecto clave de Ia resistencia. 
Marx tambien distinguia otto nivel, el de Ia relaci6n metab6li­
ca con la naturaleza, que al ser una condici6n universal de todas 
las formas de sociedad humana es por tanto bastante irrelevante 
para Ia comprensi6n de las leyes generales del movimiento del 
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capital , entendido como construcci6n social e hist6rica especifica. 
Las cuestiones medioambientales tienen por esa raz6n una pre­
sencia muy borrosa en El Capital (lo que no significa que Marx las 
considerara poco importantes o insignificantes, del mismo modo 
que tampoco minusvaloraba el consumo ni lo consideraba irrele­
vante como cuesti6n social generica) 10\u2022 
En casi todo El Capital, Marx se atuvo en general al marco di­
seii.ado en los Grundrisse. Se concentr6 principalmente en la ge­
neralidad de la producci6n de plusvalor excluyendo todo lo de­
mas, aunque de vez en cuando reconocia que habia problemas en 
ese planteamiento. Sefialaba por ejemplo su «distinto nivel»: tie­
rra, trabajo, dinero y mercancias son hechos cruciales de la pro­
ducci6n, mientras que el in teres, las rentas, los salarios y los bene­
ficios quedan excluidos del analisis como particularidades de la 
distribuci6n 
La ventaja del planteamiento de Marx es que permite una 
presentaci6n muy clara de las leyes generales del movimiento 
del capital de una forma que prescinde de las condiciones espe­
cfficas y particulares de su epoca (tales como las crisis de 1 84 7-
1 848 y 1 85 7 - 1 8 58) . Por eso se le puede leer todavia hoy y sigue 
siendo relevante para nuestra epoca; pero ese planteamiento su­
pone tambien ciertas desventajas. Para empezar, Marx deja claro 
que el analisis de una sociedadlsituaci6n capitalista realmente 
existente requiere una integraci6n dialectica de lo universal, lo 
general, lo particular y los aspectos singulares de una sociedad