HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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pensada como una totalidad organica en funcionamiento. No 
podemos esperar, por tanto, explicar acontecimientos particulares 
(como la crisis de 2007-2009) simplemente en terminos de las 
leyes generales del movimiento del capital (y esa es una de mis 
1 0 Karl Marx, Grundrisse, Hannondsworth, Penguin, 1973 , 1 (2) «The 
General Relation of Production to Distribution, Exchange, Consumption>>, 
pp. 88- 1 00 [orig. en aleman: en MEW Band 42, pp. 24-34 I en cast. : Elemen­
tos Fundamentales para Ia critica de Ia economia politica (borrador) 1 857-1 858, 
Mexico, Siglo XXI , 1 97 1 , A 2): «Relacion general entre Ia produccion, Ia 
distribucion, el cambio y el consumo>>, pp. 8- 1 9] . 
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objeciones a quienes tratan de embutir los hechos de la actual 
crisis en determinada teorfa de la cafda tendencial de la tasa de 
ganancia). Pero, recfprocamente, tampoco podemos intentar tal 
explicacion sin referirnos a las leyes generales del movimiento 
del capital, aunque el propio Marx parece hacerlo en su presen­
tacion en El Capital de la crisis financiera y comercial «indepen­
diente y autonoma» de 1 847- 1 848, 0 incluso mas espectacular­
mente en sus estudios historicos El Dieciocho Brumario y La 
Lucha de Clases en Francia, donde no se mencionan nunca las le­
yes generales del movimiento del capital 1 1 \u2022 
En segundo lugar, las abstracciones al nivel de generalidad 
elegido por Marx comienzan a resquebrajarse conforme avanza 
la argumentacion en El Capital. Hay muchos ejemplos de esto, 
pero el mas notable y en cualquier caso el mas cercano a mi ar­
gumentacion aquf es el de su exposicion del sistema de credito. 
Varias veces en el primer volumen y repetidamente en el segun­
do, Marx lo menciona pero lo deja de lado como un aspecto de 
la distribucion que todavfa no esta preparado para afrontar. Las 
leyes generales del movimiento estudiadas en el segundo volu­
men, en particular las de la circulacion del capital fijo (incluida 
la inversion en el entorno construido) y los periodos de trabajo, 
de produccion y de circulacion, asf como la velocidad de rota­
cion, acaban no solo invocando sino necesitando el sistema de cre­
dito. Es muy explfcito a este respecto. Cuando comenta que el 
capital-dinero adelantado debe ser siempre mayor que el aplica­
do en la produccion de plusvalor a fin de afrontar con exito di­
ferentes periodos de rotacion, seiiala que los cambios en estos 
pueden «liberar» parte del dinero avanzado antes: «El capital 
monetario liberado asf por el mero mecanismo del movimiento 
de rotacion desempeiiara necesariamente (junto al capital mo­
netario liberado por el reflujo paulatino del capital fijo y al que 
I I Para mas detalles, vease David Harvey, «History versus Theory: A 
Commentary on Marx's Method in Capital>>, Historical Materialism, Vol. 
20/2 (20 1 2) , pp. 3 -38 . 
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se necesita en cada proceso de trabajo como capital variable) un 
jmportante papel en cuanto se desarrolle el sistema crediticio, 
del que debe constituir, al mismo tiempo, uno de los fundamentoS>> 1 2 \u2022 
En este y otros comentarios similares queda claro que e l sistema 
de credito se hace absolutamente necesario para la circulaci6n 
del capital y que habria que incorporar a las leyes generales del 
111ovimiento del capital un estudio del sistema de credito; pero 
cuando entramos en el analisis de este en el Tercer Volumen, 
encontramos que el tipo de interes (una particularidad) queda 
determinado conjuntamente por la oferta y la demanda y la in­
tensidad de la competencia, dos cuestiones concretas que antes 
habian quedado totalmente excluidas del nivel te6rico de gene­
ralidad al que preferia ceiiirse Marx. 
Menciono esto porque se ha ignorado en buena medida la 
importancia de las limitaciones que Marx impuso a sus investi­
gaciones en El Capital. Cuando esas limitaciones quedan no solo 
superadas sino quebrantadas, como sucede en el caso del credito 
y el interes, se abren nuevas perspectivas para la teorizaci6n que 
van mas alla de las que el propio Marx habia despejado. El mis­
mo reconoci6 al principia de su investigaci6n que esto podria 
suceder. En los Grundrisse decia por ejemplo al hablar del con­
sumo, la categoria mas recalcitrante frente al analisis dadas sus 
singularidades, que aunque, al igual que el estudio de los valores 
de uso, «de hecho queda fuera de la economia», existe la posibi­
lidad de que reaccione «a su vez sobre el punto de partida (la 
producci6n) e inicie de nuevo to do el proceso»1 3 \u2022 Asi sucede 
particularmente con el consumo productivo y el propio proceso 
de trabajo. Mario Tronti y quienes han seguido sus pasos, como 
Tony Negri, estan pues totalmente acertados al ver el propio 
proceso de trabajo constituido como una singularidad, interiori-
1 2 Karl Marx, El Capital, Volumen 2 , tomo 1 , Cap. XV, Madrid, Aka!, 
2000, p. 367 [Ia cursiva es mia , D. H.] . 
1 3 Marx, Grundrisse, cit. , p. 89 de Ia ed. en ingles [p. 2 5 en aleman, p. 1 0 
en castellano ] . 
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zada en las leyes generales del movimiento del capitaP4\u2022 Las le­
gendarias dificultades afrontadas por los capitalistas cuando tra­
tan de movilizar el «espfritu animal» de los trabajadores para 
producir plusvalor seiialan la existencia de esta singularidad en 
el micleo mismo del proceso productivo (como veremos ense­
guida, en ninglin lugar queda esto mas claro que en el sector de 
la construcci6n) . lnteriorizar el sistema de credito y la relaci6n 
entre el tipo de interes y la tasa de beneficia dentro de las leyes 
generales de la producci6n, circulaci6n y realizaci6n del capital 
es asimismo una necesidad perentoria si queremos utilizar con 
provecho el aparato te6rico de Marx para analizar los aconteci­
mientos actuales. 
Sin embargo, la integraci6n del credito en la teoria general 
tiene que hacerse cuidadosamente, preservando, aunque en un es­
tado trasformado, los avances te6ricos ya obtenidos. No pode­
mos, por ejemplo, tratar el sistema de credito simplemente como 
una entidad aut6noma, una especie del eflorescencia localizada en 
Wall Street o en la City de Londres que flotara libremente por 
encima de las actividades terrenales del comtl.n de los mortales. 
Gran parte de la actividad basada en el credito puede ser efectiva­
mente espuma especulativa, una asquerosa excrecencia de la avidez 
humana de riqueza y poder, pero otra gran parte es fundamental 
y absolutamente necesaria para el funcionamiento del capital. No 
es facil precisar la frontera entre lo que es necesario y lo que es (a) 
necesariamente ficticio (como en el caso de la deuda estatal e hi­
potecaria) y (b) puro exceso. 
Evidentemente, tratar de analizar la dinamica de la reciente 
crisis y sus consecuencias sin referirse al sistema de credito 
(cuando las hipotecas suponen el 40 por 1 00 del PIB estadouni­
dense), el consumismo (70 por 1 00 de la fuerza impulsora de la 
1 4 Mario Tronti, «The Strategy of Refusal>>, en Operai e Capitate, Turfn, 
Einaudi, 1 966, trad. al ingles en libcom.org; Antonio Negri, Marx Beyond 
Marx: Lessons on the Gnmdrisse, Londres, Autonomedia, 1 989 [ ed. cast. : 
Marx despuis de Marx, Madrid, Aka!, 200 1 ] . 
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economia estadounidense frente al 3 5 por 1 00 en China), y Ia 
jntensidad de Ia competencia (poder de los monopolios en el 
mercado financiero, inmobiliario, del pequeiio comercio y mu­
chos otros) seria un intento ridiculo . En Estados Unidos perma­
necen insertos en los mercados secundarios de Fannie Mae y 
Freddie Mac 1 ,4 billones de d6lares en hipotecas, muchas de 
elias t6xicas, que han obligado al gobierno a dedicar 400 millar­
dos de d6lares (de los que ya se han gastado alrededor de 1 42 
millardos) a intentar rescatarlos. Para entenderlo tenemos que 
desentraiiar lo que Marx podia querer decir con Ia categoria de 
«capital ficticio» y su conexi6n con los mercados del suelo y Ia 
propiedad inmobiliaria.