HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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Necesitamos entender como la tituliza­
ci6n, como Ia Haman Goetzmann y Newman, conecta «el capi­
tal de un publico especulativo con las empresas constructoras»; 
2no desempeii6 acaso un papel fundamental en Ia generaci6n de 
esta crisis Ia especulaci6n en el precio del suelo y Ia vivienda y en 
los alquileres? 
El capital ficticio, para Marx, no es un producto de Ia imagina­
ci6n de alglin agente de Wall Street adicto a Ia cocaina. Es un fe­
tiche construido, lo que significa, seglin su caracterizaci6n del 
fetichismo en el primer volumen de El Capital, que aun siendo 
real es un fen6meno superficial que encubre algo mas importante 
en las relaciones sociales subyacentes. Cuando un banco presta al 
estado y recibe a cambia un inten!s, parece como si en el estado 
hubiera algo directamente productivo, que produce realmente va­
lor, cuando la mayor parte (aunque no todo, como mostrare ense­
guida) de lo que hace el estado (como las guerras) no tiene nada 
que ver con Ia producci6n de valor. Cuando el banco presta a un 
consumidor para que se compre una casa y recibe a cambia un 
flujo de interes, hace que parezca como si en la casa hubiera algo 
que esta produciendo directamente valor, cuando no es asi. Cuan­
do los bancos compran bonos para financiar la construcci6n de 
hospitales, universidades, escuelas y cosas parecidas a cambia de un 
interes, parece como si en esas instituciones se estuviera produ­
ciendo valor, cuando no es asi. Cuando los bancos prestan para 
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comprar suelo e inmuebles de los que se podra extraer una renta, 
entonces Ia categoria distributiva de Ia renta queda absorbida en 
el flujo de Ia circulacion de capital ficticio 1 5 . Cuando los bancos 
prestan a otros bancos o cuando el Banco Central presta a los 
bancos comerciales que prestan a los especuladores inmobiliarios 
que tratan de apropiarse de una renta, el capital ficticio se parece 
cada vez mas a una regresion infinita de ficciones construidas so­
bre ficciones. El apalancamiento en proporciones cada vez mas 
altas (prestar treinta en Iugar de tres veces Ia cantidad de los de­
positos en efectivo disponibles) magnifica Ia cantidad ficticia de 
capital-dinero en circulacion. Todos esos son ejemplos de forma­
cion y flujos de capital ficticio; y son esos flujos los que convierten 
Ia propiedad real en algo irreal . 
Lo que decia Marx es que el interes que se paga proviene de 
Ia produccion de valor en algU.n otro Iugar: impuestos o extrac­
cion directa de produccion de plusvalor, o gravamenes e ingre­
sos (salarios y beneficios) . Y para Marx, por supuesto, el unico 
Iugar donde se crean el valor y el plusvalor es en el proceso la­
boral de produccion. Lo que aparece como circulacion de capital 
ficticio puede ser socialmente necesario para mantener el capi­
talismo; puede formar parte de los costes necesarios de produc­
cion y reproduccion. Las empresas capitalistas pueden extraer 
formas secundarias de plusvalor mediante Ia explotacion de los 
trabajadores empleados por los pequelos comerciantes, bancos y 
fondos protegidos; pero lo que afirma Marx es que si no se pro­
dujera valor y plusvalor en Ia produccion en general, entonces 
esos sectores no podrfan existir por sf mismos. Si no se produje­
ran camisas y zapatos, \ufffdque venderfan los comerciantes de ropa 
y calzado? 
Hay sin embargo una precaucion enormemente importante a 
tener en cuenta . Parte del flujo de lo que parece ser capital ficti­
cio puede participar de hecho en Ia creacion de valor. Cuando 
15 Karl Marx, E/ Capital, Volumen 3, tomo 2, caps. XXIV y XXV, Ma­
drid, Aka!, 2000. 
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convierto mi casa hipotecada en un taller clandestino empleando 
a inmigrantes ilegales, la casa se convierte en capital fijo en la 
producci6n. Cuando el estado construye carreteras y otras infra­
estructuras que funcionan como medios de producci6n colecti­
vos para el capital, estos tienen que ser clasificados como «gastos 
productivos del estado». Cuando un hospital o una universidad 
se convierten en un centro para Ia innovaci6n y el disefio de nue­
vas medicinas, nuevos equipos y demas, se convierten en centros 
de producci6n. Marx no se habria desconcertado por esas mati­
zaciones. Como dice del capital fijo, que algo funcione o no como 
tal depende de su uso y no de sus cualidades fisicas 1 6\u2022 El capital 
fijo disminuye cuando los altillos o s6tanos dedicados a la pro­
ducci6n textil se convierten en nuevos aposentos habitables o 
nuevos apartamentos, o cuando Ia microfinanciaci6n convierte 
las chozas campesinas en capital fijo (mucho mas barato) al dedi­
carlas a la producci6n. 
Gran parte del valor y el plusvalor creados en la producci6n es 
absorbido y desviado, pasando por todo tipo de vias complicadas, 
hacia canales ficticios; y cuando los bancos prestan a otros bancos 
o se apalancan mutuamente, se posibilitan todo tipo de pagos co­
laterales y movimientos especulativos socialmente innecesarios, 
construidos sobre el terreno perpetuamente movedizo de Ia fluc­
tuaci6n de los valores. Estos dependen de un proceso critico de 
«capitalizaci6n» que Marx consideraba como una via de forma­
cion de capital ficticio: 
Se capitaliza todo ingreso peri6dico calcuhindolo segiln el tipo 
medio de inten!s, como rendimiento que darla un capital prestado 
con ese tipo de inten!s [ . . . ] Para quien compra ese titulo de propie­
rlad, la anualidad [dinero recibido] representa en realidad los intere­
ses de su capital invertido. De este modo se pierde hasta el ultimo 
1 6 David Harvey, The Limits to Capital, Oxford, Blackwell, 1 982 , cap. 8 . 
[ed . cast. : Los limites del capital. Los limites del capital y Ia teoria marxista, Me­
xico, Fondo de Cultura Econ6mica, 1 990] . 
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rastro de cualquier conexi6n con el proceso real de valoraci6n del 
capital, reforzandose la noci6n del capital como un automata que se va­
loriza a sf mismo [die Vorstellung vom Kapital als einem sich durch sich 
selbst verwertenden AutomatenP 7 \u2022 
A una corriente de ingresos (rentas) procedentes de algU.n ac­
tivo como la tierra, edificios, unas acciones o cualquier otra cosa, 
se le asigna un valor como capital por el que puede ser intercam­
biado, dependiendo de los tipos de inten!s y de descuento deter­
minados por las condiciones de la oferta y la demanda en el mer­
cado monetario. La valoraci6n de esos activos cuando no hay un 
mercado para ellos se convirti6 en un enorme problema en 2 008 
y no ha desaparecido. La evaluaci6n de la toxicidad de los acti­
vos en posesi6n de Fannie Mae provocaria dolor de cabeza a 
cualquiera (\ufffdemil es el valor real de una casa desalojada para la 
que no hay compradores?) . Ahi se oy6, en la teoria econ6mica 
convencional de principios de la decada de 1 970, un importante 
eco de la controversia sobre el valor del capital, aunque qued6 
prontamente silenciado, junto con otras muchas verdades incon­
venientes. 
El problema que plantea el sistema crediticio es que por un 
lado es vital para la producci6n, circulaci6n y realizaci6n de los 
flujos del capital, al mismo tiempo que es, por otto, el pin:iculo de 
todo tipo de especulaci6n y otras «formas disparatadas». Eso es lo 
que llev6 a Marx a decir que Isaac Pereire -quien junto con su 
hermano Emile fue uno de artifices de la reconstrucci6n especu­
lativa del Paris urbano con Haussmann- «reunia en su persona 
los rasgos de un estafador con los de un profeta» 18 \u2022 
1 7 Karl Marx, El Capital, Volumen 3 , tomo 2 , Cap. XXIX, Madrid, 
Akal, 2 000, p. 1 8 3 ; Geoffrey Harcourt, Some Cambridge Controversies in the 
Theory of Capital, Cambridge, Cambridge University Press, 1 972 (la cursi­
va es mia, D. H.). 
1 8 Karl Marx, El Capital, Volumen 3, tomo 2, Madrid, Akal, 2000, p. 
1 49. Tanto Isaac como Emile, dicho sea de paso, formaban parte del movi­
miento utopista saintsimoniano antes de 1 848. 
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LA AC U M U LACI ON