HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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transmitir su riesgo a alglin otto (por ejemplo 
a Fannie Mae, que estaba dispuesta a afrontarlo como parte de su 
estrategia de crecimiento), y eso fue precisamente lo que hicie­
ron, despues de haber cobrado todos los gastos de escritura y de­
mas tasas legales que pudieron. Si el financiero tiene que elegir 
2 5 Michael Lewis, The Big Short: Inside the Doomsday Machine, Nueva 
York, Norton, 2 0 1 0, p. 34. 
2 6 Karl Marx, El Capital, Volumen 3, tomo 2, Cap. XXIX, Madrid, Akal, 
2000, p. 1 8 3 . 
2 7 John Logan y Harvey Molotch, Urban Fortunes: The Political Economy 
of Place, Berkeley, University of California Press, 1 987 . 
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entre la quiebra de un promotor debido a los fracasos de ventas o 
Ia bancarrota y desahucio del comprador de una vivienda (par­
ticularmente si este pertenece a las clases mas bajas 0 a una mino­
rfa racial o etnica y la hipoteca ya se ha endosado a algU.n otro), 
esta muy clara por que opci6n se inclinara; nunca se desvanecen 
del todo los prejuicios raciales y de clase. 
En lo que se refiere a la especulaci6n, los mercados de la vi­
vienda y del suelo siempre se asemejan a piramides de Ponzi, aun­
que no siempre tengan a Bernie Madoff en lo mas alto. Yo com­
pro un terreno, su precio sube y el alza del mercado incita a otros 
a comprar. Cuando la reserva de compradores verdaderamente 
solventes se agota, \ufffdpor que no descender un poco mas en la esca­
la de ingresos a consumidores de alto riesgo, acabando con com­
pradores sin ingresos y sin garantias que podrian ganar de chiri­
pa la propiedad al subir los precios? Y asi siguen las casas hasta 
que la burbuja estalla. Las instituciones financieras tienen enor­
mes alicientes para mantener la burbuja cuanto puedan a fin de 
extraer de ella el mayor jugo posible. El problema es que a menu­
do no pueden saltar del tren antes de que choque, debido a su 
gran aceleraci6n. La ilusi6n de que el capital puede <<Valorizarse a 
si mismo como un automata» sea autoperperua autocumpliendo­
se, al menos durante un tiempo. Como decia en The Big Short uno 
de los perspicaces analistas financieros de Michael Lewis, capaz de 
percibir la inminencia del crac: « jMierda, esto no es credito. Esto 
es una jodida pir:imide de Ponzi !»28 \u2022 
Hay otra ramificaci6n de esta historia. La subida del precio de 
la vivienda en Estados Unidos acrecent6 la demanda efectiva en el 
conjunto de economia. Tan solo en el afi.o 2003 se emitieron 1 3 ,6 
millones de hipotecas (frente a menos de la mitad diez afi.os an­
tes) , por valor de 3 ,7 billones de d6lares, de los que 2 ,8 billones 
tenian como prop6sito la refinanciaci6n (como referencia, cabe 
decir que el PIB total en Estados Unidos en aquel momenta era 
de menos de 1 5 billones de d6lares) . Las familias estaban sacando 
28 M. Lewis, The Big Short, cit. , 1 4 1 . 
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provecho del creciente valor de su propiedad. Dado el estanca­
miento de los salarios, esto proporcionaba una via para que mu­
chos obtuvieran al dinero extra, bien para sus necesidades (por 
ejemplo, las sanitarias) o para la compra de bienes de consumo 
(un nuevo automovil o unas vacaciones) . La vivienda se convirti6 
en una vaca a la que ordefiar dinero, un cajero automatico perso­
nal, impulsando la demanda en general y mayor demanda de vi­
viendas en particular. Michael Lewis explica asf en The Big Short 
lo que sucedi6: La nifiera de uno de sus principales personajes 
acab6 siendo propietaria, junto con su hermana, de seis casas en 
Queens, en Nueva York. «Despues de comprar la primera y de 
que su valor aumentara, los prestamistas les sugirieron una refi­
nanciacion ofreciendoles 2 50.000 dolares, que usaron para com­
prar otra.» El precio de esta tambien subi6 y repitieron el experi­
mento. «En el momento en que la rueda se detuvo posefan cinco 
viviendas pero el mercado cafa y no podfan hacer frente a ninguno 
de los pagos»29\u2022 Los precios no podfan seguir subiendo indefini­
damente. 
LA PRODUCC ION D E VALOR Y LAS CR IS IS U R BANAS 
Pero por el lado de la produccion hay cuestiones a plazo mas 
largo y mas profundas que deben tenerse en cuenta. Aunque mu­
cho de lo que sucedi6 en el mercado inmobiliario era pura es­
peculacion, la actividad productiva era por sf misma parte impor­
tante del conjunto de la economfa; la construccion suponfa el 7 
por 1 00 del PIB, y todos los complementos de los nuevos produc­
tos (desde los muebles a los automoviles) equivalfan a mas del 
doble de esa cantidad. Si los analisis de la NBER son correctos, el 
colapso del boom de la construccion desde 1 92 8, que se manifesto 
en una cafda de 2 millardos de do lares ( enorme para aquella epo­
ca) en la construccion de viviendas y una contraccion del inicio de 
29 M. Lewis, The Big Short, cit. , p. 93 . 
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Ia construccion de nuevas viviendas a menos del 1 0 por 1 00 de su 
\'olumen anterior en las grandes ciudades, desempefio en el crac 
de 1 929 un papel sobresaliente que todavia no se ha entendido 
bien. Una entrada de Ia Wikipedia dice: «Fue devastadora Ia de­
saparicion de 2 millones de empleos bien pagados en Ia construe­
cion, mas Ia perdida de beneficios y alquileres que perjudico a 
muchos propietarios e inversores»30\u2022 Esto tuvo con seguridad 
apreciables consecuencias en Ia confianza en el mercado de valo­
res en general. 
No cabe extrafiarse pues de los intentos desesperados del go­
bierno de Roosevelt, durante Ia decada de 19 30, de resucitar el 
sector de la vivienda. Con ese fin se pusieron en vigor una serie 
de reformas en la financiacion de las hipotecas que culminaron 
en Ia creacion de un mercado hipotecario secundario mediante 
Ia fundacion en 1 9 3 8 de Ia Asociacion Hipotecaria Federal Na­
cional [Federal National Mortgage Association (Fannie Mae)] . 
Su tarea consistia en asegurar las hipotecas y permitir a los ban­
cos y otros prestamistas endosarlas, proporcionando asi al mer­
cado de Ia vivienda Ia muy necesaria liquidez. Aquellas reformas 
institucionales iban a desempefiar mas adelante, tras Ia Segunda 
Guerra Mundial, un papel vital en Ia financiacion de Ia construe­
cion de urbanizaciones perifericas en torno a las ciudades esta­
dounidenses. Aunque necesarias, no eran sin embargo suficien­
tes para situar Ia construccion de viviendas en un plano diferente 
en el desarrollo economico estadounidense. Para promover Ia 
adquisicion de viviendas, tanto por razones politicas como eco­
nomicas, se disefiaron en 1 947 todo tipo de incentivos tributa­
rios (tales como la reduccion de impuestos por intereses de la 
hipoteca), asi como Ia Ley de Reajuste de los Soldados [GI Bill] 
y una ley de vivienda muy positiva en la que se declaraba el de­
recho de todos los estadounidenses a vivir en un «domicilio de­
cente». Se fomento ampliamente como algo central en el «Sue­
no Americana» Ia vivienda en propiedad, que aumento desde un 
3 0 Vease Ia entrada «Cities in the Great Depression» en wikipedia.org, 
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poco mas del 40 por 1 00 de la poblaci6n en la decada de 1 940 
hasta mas del 60 por 1 00 en la de 1 960 y cerca del 70 por 1 00 en 
su momenta culminante en 2 004 (en 2 0 1 0 habfa cafdo al 66 por 
1 00). La propiedad de la vivienda puede ser un valor cultural 
profundamente sentido en Estados Unidos, pero los valores cul­
turales florecen particularmente cuando son promovidos y sub­
vencionados por las politicas estatales. Las razones presentadas 
para tales polfticas son todas las que menciona el Informe del 
Banco Mundial; pero la raz6n politica raramente se reconoce 
ahara . Como se observ6 abiertamente en la decada de 1 93 0, los 
propietarios de casas agobiados por las deudas no van a la huel­
ga3 1 . El personal militar que volvfa de la Segunda Guerra Mun­
dial habria constituido una amenaza social y politica si se hubie­
ra encontrado con el desempleo y la depresi6n. 2Que media 
mejor para matar dos pajaros de un tiro,