HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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reavivar la economia 
mediante la masiva construcci6n de viviendas y urbanizaciones 
perifericas e integrar a los trabajadores mejor pagados en una 
politica conservadora mediante la propiedad de un domicilio 
cargado de deudas? Ademas, el fomento de la demanda median­
te iniciativas publicas propici6 continuos incrementos de los va­
lores en posesi6n de los propietarios, lo que podia ser muy satis­
factorio para ellos pero era un desastre desde el punta de vista 
del uso racional del suelo y el espacio. 
Durante las decadas de 1 950 y 1 960 esas iniciativas tuvieron exi­
to, tanto en el terreno polftico como en el macroecon6mico, ya que 
sustentaron dos decadas de gran crecimiento en Estados Unidos, 
cuyos efectos se difundieron globalmente. La construcci6n de vi­
viendas se desplaz6 a otro plano en relaci6n con el crecimiento 
econ6mico (vease la figura 4). Seglin Binyamin Appelbaum, «es 
una pauta recurrente que los estadounidenses se recuperan de las 
recesiones construyendo mas casas y llenandolas de cosas»32 \u2022 El 
3 1 Martin Boddy, The Building Societies, Londres, Macmillan, 1 980. 
32 Binyamin Appelbaum, <<A Recovery that Repeats Its Painful Prece­
dents», New York Times Business Section, 28 de julio de 20 1 1 . 
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problema al final de la decada de 1 960 era que por muy dinamico 
que fuera el proceso de urbanizaci6n, era medioambientalmente 
josostenible y geognificamente desigual. La desigualdad reflejaba 
en gran medida las diferentes corrientes de ingresos que afluian a 
distintos sectores de la clase obrera. Mientras que la periferia de 
las ciudades crecia, su centro se estancaba y declinaba. La clase 
obrera blanca prosperaba, pero no sucedia lo mismo con las mi­
norias afectadas en el centro de las ciudades, en particular los 
afroamericanos. El resultado fue toda una sucesi6n de levanta­
mientos en ciudades como Detroit y Watts que culminaron en 
disturbios espontaneos en unas cuarenta ciudades de Estados Uni­
dos a raiz del asesinato de Martin Luther King en 1 968. Lo que 
lleg6 a conocerse como «la crisis urbana» era algo que todos po­
dian ver y apreciar (aunque no era, estrictamente hablando, una 
crisis macroecon6mica en el proceso de urbanizaci6n). A partir de 
1 968 se dedicaron abundantes fondos federales para afrontar este 
problema, hasta que el presidente Nixon declar6 durante la rece­
si6n de 1 973 (por razones presupuestarias) que la crisis habia que­
dado atras3 3 \u2022 
Un efecto colateral de todo esto fue que Fannie Mae se con­
virti6 en una empresa privada con participaci6n estatal en 1 968, 
y despues de que se le adjuntara en 1 970 un «competidor», la 
Corporaci6n Hipotecaria Federal [Federal Home Mortgage Cor­
poration (Freddie Mac)] , ambas instituciones desempefiaron un 
papel enormemente importante y finalmente destructivo en la 
promoci6n de la propiedad del domicilio y el fomento de la cons­
trucci6n de casas durante casi cincuenta afios. Las deudas hipo­
tecarias suponen ahora alrededor del 40 por 1 00 de la deuda pri­
vada acumulada en Estados Unidos, gran parte de la cual, como 
hemos visto, es t6xica; y tanto Fannie Mae como Freddie Mac 
han quedado bajo el control del gobierno. Que hacer con elias 
es una cuesti6n politica intensamente debatida (como lo son las 
3 3 The Kerner Commission, Report of the National Advisory Commission 
on Civil Disorders, Washington DC, Government Printing Office, 1 968. 
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2.000.000 
1 .000.000 
500.000 
250.000 
Figura 4. Viviendas comenzadas a construir 
en Estados Unidos, 1 890-2008 
1 900 1 920 1 940 
Aiio 
1 960 1 980 2000 
subvenciones a Ia demanda de Ia propiedad de viviendas) en rela­
ci6n con el endeudamiento estadounidense en general. Cualquiera 
que sea el resultado, tendni importantes consecuencias para el 
futuro del sector inmobiliario en particular y de Ia urbanizaci6n 
mas en general , en relaci6n con Ia acumulaci6n de capital en Es­
tados U nidos. 
La situaci6n actual en Estados Unidos no es alentadora. El 
sector de Ia vivienda no se ha recuperado, y Ia nueva construe­
cion de viviendas esta deprimida y estancada. Hay sefi.ales de 
que se puede reproducir Ia recesi6n cayendo en Ia temida «W» 
al agotarse las ayudas federales sin que disminuya notablemente 
el desempleo. La construcci6n de nuevas viviendas ha caido por 
primera vez hasta niveles de antes de Ia decada de 1 940 (vease 
Ia figura 4) . En marzo de 2 0 1 1 Ia tasa de desempleo en la cons­
trucci6n estaba por encima del 20 por 1 00, frente a una tasa del 
9, 7 por 1 00 en Ia industria, muy cere ana a la media nacional. 
No hay necesidad de construir nuevas casas y llenarlas de cosas 
cuando hay tantas vacias. La Reserva Federal de San Francisco 
«estima que Ia construcci6n no puede volver al nivel medio de 
actividad anterior a Ia burbuja hasta 2 0 1 6, descartando que ese 
sector [tan] importante» influya positivamente en Ia recupera-
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cion34. Durante la Gran Depresi6n mas de una cuarta parte de 
Jos obreros de la construcci6n permanecieron desempleados 
hasta 1 939 . Devolverles un empleo fue un objetivo crucial de 
l as iniciativas publicas (como la Works Progress Administra­
tion). Los intentos del gobierno de Obama de crear un paquete 
de estimulos para las inversiones en infraestructuras se han vis­
to en gran medida frustrados par la oposici6n republicana. Para 
empeorar aun mas las casas, el estado de las finanzas estatales y 
locales en Estados Unidos es tan sombrio que da lugar a despi­
dos definitivos y temporales, asi como salvajes recortes en los 
servicios urbanos. El colapso del mercado de la vivienda y la 
caida del 2 0 par 1 00 en su precio han dejado muy mermadas las 
finanzas locales, que dependen muy notablemente de los im­
puestos inmobiliarios. Los recortes de los gobiernos estatales y 
municipales y el estancamiento de la construcci6n estan gene­
rando asi una crisis fiscal urbana. Cuando tenemos en cuenta 
todo esto parece cada vez mas como si la era de acumulaci6n y 
estabilizaci6n macroecon6mica en Estados Unidos posterior a 
Ia Segunda Guerra Mundial, impulsada par la construcci6n en la 
periferia urbana y el desarrollo de la vivienda en propiedad, hu­
biera llegado a su fin. 
A todo esto se aiiade una politica clasista de austeridad basada 
en razones politicas y no econ6micas. Los gobiernos republicanos 
de extrema derecha a nivel estatal y local estan utilizando la Ha­
mada crisis de la deuda para sabotear los planes del gobierno fe­
deral y reducir el empleo publico en sus jurisdicciones. Esta ha 
sido, par supuesto, una tactica de larga tradici6n del asalto inspi­
rado par el capital a los programas publicos en general. Reagan 
redujo los impuestos a los ricos del 72 par 1 00 hasta alrededor del 
3 0 par 1 00 y emprendi6 una carrera de armamentos con la Union 
Sovietica financiada mediante la deuda, que como consecuencia 
aument6 vertiginosamente durante su gobierno. Como seiial6 
34 Binyamin Appelbaum, «A Recovery that Repeats Its Painful Prece­
dents>> . 
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mas tarde su director presupuestario David Stockman, el aumen­
to de la deuda se convirti6 en una excusa muy conveniente para 
menoscabar la regulaci6n gubernamental (por ejemplo, sabre el 
media ambiente) y los programas sociales, externalizando de he­
cho los castes de la degradaci6n medioambiental y la reproduc­
ci6n social. El presidente Bush Jr. sigui6 fielmente su ejemplo, 
llegando a proclamar su vicepresidente Dick Cheney que «Rea­
gan nos ensefi6 que el deficit no importa»35 \u2022 Las reducciones de 
impuestos para los ricos, dos guerras infundadas en Iraq y Mga­
nistan, y un enorme regalo a las grandes empresas farmaceuticas 
mediante un programa de prescripciones medicas financiado por 
el estado, convirtieron lo que habfa sido un superavit presupues­
tario con el gobierno de Clinton en un oceano de numeros rojos 
que ha permitido al partido