HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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republicano y a los dem6cratas con­
servadores obedecer al mandata del gran capital y llegar tan lejos 
como era posible en la externalizaci6n de los costes que el capital 
nunca quiere asumir, los de la degradaci6n del media ambiente y 
la reproducci6n social. El asalto contra el media ambiente y el 
bienestar social es palpable, y tanto en Estados Unidos como en 
gran parte de Europa se esta llevando a cabo por razones politicas 
y de clase, y no econ6micas. Esta induciendo, como ha sefialado 
muy recientemente David Stockman, un estado de guerra de cla­
ses. Como dijo tam bien Warren Buffett: «Evidentemente hay una 
guerra de clases, y es mi clase, la de los ricos, la que la ha empren­
dido y la estamos ganando»36\u2022 La unica cuesti6n es: \ufffdcuando co­
menzara el pueblo a responder a esa guerra de clases? Uno de los 
lugares donde podria empezar seria la rapida degradaci6n de la 
calidad de la vida urbana, como consecuencia de los desahucios, 
3 5 Jonathan Weisman, «Reagan Policies Gave Green Light to Red Ink>>, 
Washington Post, 9 de junio de 2004, Al l ; William Greider, «The Education 
of David Stockman>>, Atlantic Monthly, diciembre de 1 98 1 . 
3 6 Warren Buffett, entrevistado por Ben Stein, «In Class Warfare, Guess 
Which \ufffdlass Is Winning>>, New York Times, 6 de noviembre de 2006; David 
Stockman, «The Bipartisan March to Fiscal Madness>>, New York Times, 2 3 
d e abril d e 20 1 1 . 
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Ja persistencia de practicas depredadoras en el mercado de la vi­
vienda, reducciones de \ufffdervicios y sabre todo la falta de oportuni­
dades viables de empleo en los mercados laborales urbanos casi en 
wdas partes, habiendo quedado algunas ciudades (muy sefi.alada­
mente Detroit) sin perspectivas reales de recuperaci6n del em­
plea. La crisis es ahara mas que nunca una crisis urbana. 
PRACTICAS U RBANAS PREDADORAS 
Marx y Engels observaban de pasada en el Manifiesto comunista 
que, «tan pronto como el trabajador recibe su salario del fabri­
cante que lo explota, caen sabre el otras porciones de la burgue­
sia : el casero, el tendero, el prestamista, etcetera»3 7 \u2022 Los marxistas 
han relegado tradicionalmente tales formas de explotaci6n y la 
lucha de clases (porque eso es lo que es) que surge inevitablemen­
te en tomo a elias, a un segundo plano en su teorizaci6n, asi como 
a los margenes de su politica. Yo quiero por el contrario argumen­
tar aqui que constituyen, al menos en las economias capitalistas 
avanzadas, un vasto terreno de acumulaci6n por desposesi6n, me­
diante la cual el dinero es absorbido hacia la circulaci6n del capi­
tal ficticio para sostener las ingentes fortunas realizadas en el sis­
tema financiero. 
Las practicas predadoras, omnipresentes antes del crac del mer­
carlo de la vivienda en general y del de las hipotecas subprime en 
particular, alcanzaron entonces proporciones legendarias. Antes 
de que estallara la crisis principal, se estimaba que la poblaci6n 
afroamericana de bajos ingresos en Estados Unidos habia perdido 
ya entre 7 1 y 93 millardos de d6lares mediante las practicas pre­
dadoras subprime38 \u2022 Las desposesiones llegaron en dos oleadas: 
3 7 Karl Marx y Friedrich Engels, Manifiesto comunista, Madrid, Akal, 
200 I , p. 3 1 . 
3 8 Barbara Ehrenreich y Dedrich Muhammad, «The Recession's Racial 
Divide>>, New York Times, 1 2 de septiembre de 2009. 
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una menor entre el anuncio por Clinton de la iniciativa de 1 995 y 
el colapso del fondo de inversion Long Term Capital Manage­
ment en 1 998, y la segunda, mayor, a partir de 200 1 , al mismo 
tiempo que las primas en Wall Street y las ganancias en el sector 
de las hipotecas aumentaban vertiginosamente, con tasas de bene­
ficia inauditas en puras manipulaciones financieras, en particular 
las asociadas a la titulizaci6n de hipotecas de alto coste pero muy 
arriesgadas; lo que equivale a decir que se estaban produciendo 
transferencias masivas de riqueza de los pobres a los ricos por 
varios canales ocultos -mas alla de las documentadas en las prac­
ticas tenebrosas y a menudo ilegales de compaiiias hipotecarias 
como Countrywide-, mediante manipulaciones financieras en el 
mercado de la vivienda39\u2022 
Lo que ha venido ocurriendo desde el crac es min mas asom­
broso. Muchos de los desahucios (mas de un mill6n a lo largo de 
2 0 1 0) han sido ilegales, si no directamente fraudulentos, lo que ha 
llevado a un congresista de Florida a transmitir al Tribunal Supre­
mo del estado que «si los informes que estoy recibiendo son cier­
tos, los desahucios ilegales realizados representan la mayor expro­
piaci6n de propiedad privada intentada nunca por los bancos y 
entidades gubemamentales»40\u2022 Los fiscales generales de los cin­
cuenta estados estan investigando ahora el problema, pero (como 
cabia esperar) la mayoria parecen deseosos de cerrar las investiga­
ciones de una forma tan sumaria como sea posible, al precio de 
algunos acuerdos financieros (pero no Ia restituci6n de las propie­
dades ilegalmente expropiadas). En cualquier caso, nadie ira a la 
carcel por ello, aunque existan pruebas claras de una falsificaci6n 
sistematica de documentos legales. 
Las practicas predadoras de este tipo tienen una larga historia. 
Les ofrecere algunos ejemplos de Baltimore que conoci directa­
mente. Poco despues de llegar a la ciudad en 1 969, participe en un 
39 Gretchen Morgenson y Joshua Rosner, Reckless Endangerment, cit. 
40 Kevin Chiu, «Illegal Foreclosures Charged in Investigation», Housing 
Predictor, 24 de abril de 20 1 1 . 
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estudio de la distribuci6n de alojamientos en el centro de la ciu­
dad que se centraba en el papel de distintos agentes -propietarios, 
jnquilinos, caseros, prestamistas, intermediarios, la Federal Hous­
ing Administration y las autoridades de la ciudad (en particular el 
Housing Code Enforcement)- en la gesti6n de las aterradoras 
condiciones de vida en las areas del centro de la ciudad daiiadas 
por los disturbios a raiz del asesinato de Martin Luther King. Las 
huellas de practicas discriminatorias en las zonas de poblaci6n 
afroamericana con bajos ingresos a las que se negaban creditos 
estaban grabadas en el mapa de la ciudad, pero se justificaban en­
ranees como una respuesta legitima al alto riesgo del credito y no 
por razones etnicas. En varias areas de la ciudad se podia detectar 
el fomento de la venta de propiedades pertenecientes a blancos 
agitando el espantajo de la invasion de su territorio por las mi­
norfas, actividad que generaba altos beneficios para compaiiias 
inmobiliarias despiadadas; pero para que esto funcionara, los afro­
americanos debian con tar con alglin acceso a la financiaci6n hipo­
tecaria en lugar de ser tachados todos ellos de poblaci6n de alto 
riesgo crediticio. Esto se pudo hacer mediante el llamado «Land 
Installment Contract>>. De hecho, los afroamericanos recibian la 
«ayuda» de propietarios que actuaban como intermediarios en los 
mercados de credito y contrataban una hipoteca en su propio 
nombre; se suponia que al cabo de unos pocos aiios, cuando se 
hubiera pagado parte del principal de la deuda mas los intereses, 
demostrando asi la solvencia de la familia, el titulo de propiedad 
pasaria al residente con la colaboraci6n del amistoso propietario y 
Ia instituci6n hipotecaria local. Algunos lo consiguieron (aunque 
habitualmente en barrios cuyo valor disminuia), pero en manos 
pocos escrupulosas (y habia muchas en Baltimore, aunque al pare­
cer no tantas en Chicago, donde este sistema tambien era corrien­
te) podia ser una forma particularmente predadora de acumu­
laci6n por desposesi6n41 \u2022 El propietario podia cobrar tasas para 
41 Lynne Sagalyn, «Mortgage Lending in Older Neighborhoods», An­
nals of the American Academy of Political and Social Science 465 (enero de 1 983) , 
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cubrir los castes administrativos y legales y casas parecidas. Esas 
tasas (a veces exorbitantes)