HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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podian aii.adirse al principal de la hipo­
teca. Tras aii.os de pago continuo, muchas familias se encontraban 
con que debian mas sabre el principal que al principia. Si dejaban 
de pagar una sola vez las cuotas incrementadas tras la subida de 
los tipos de interes, el contrato quedaba anulado y las familias 
eran desahuciadas. Tales practicas provocaron un escandalo. Se 
inici6 un proceso de Derechos Civiles contra los peores propieta­
rios, pero fracas6 porque quienes habian firmado el contrato de 
inquilinato no habian leido la letra pequeii.a ni habian hecho que 
sus abogados (que los pobres raramente tienen) la leyeran (la letra 
pequeii.a era en cualquier caso incomprensible para los mortales 
corrientes. \ufffdHa leido alguien alguna vez la letra pequeii.a de su 
tarjeta de credito?). 
Las practicas predadoras de ese tipo nunca han desaparecido 
del todo. El contrato de venta a plazas fue sustituido en la decada 
de 1 980 por practicas de compraventa rapida {flipping] (el tratante 
compraba barato una casa deteriorada, realizaba unas cuantas re­
paraciones cosmeticas -muy sobrevaloradas- y obtenfa financia­
ci6n hipotecaria «favorable» para el comprador inocente, que 
vivia en la casa mientras se no se le caia el techo encima o le esta­
llaba el homo). Y cuando en la decada de 1 990 comenz6 a for­
marse el mercado suhprime como respuesta a la iniciativa de Clin­
ton, ciudades como Baltimore, Cleveland, Detroit, Buffalo y otras 
se convirtieron en importantes centros para un creciente oleada 
de acumulaci6n por desposesi6n (70 millardos de d6lares 0 mas 
en el conjunto del pais) . Baltimore acab6 por presentar en 2008 
una querella de Derechos Civiles contra Wells Fargo por sus 
practicas discriminatorias de prestamos suhprime (al inducir a la 
gente a contratar esas hipotecas en lugar de las convencionales, 
con lo que los afroamericanos y familias uniparentales -encabeza­
das por mujeres- eran sistematicamente explotadas) . Es casi segu-
pp. 98- 1 08; Manuel Aalbers (ed.), Subprime Cities: The Political Economy of 
Mortgage Markets, Nueva York, John Wiley, 20 1 1 . 
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ro que ese proceso no clara ninglin resultado (aunque al tercer 
jntento se ha permitido que siga adelante en el tribunal), ya que 
sed. casi imposible demostrar que la discriminaci6n se basaba en 
Ia raza y no en el riesgo del credito. Como suele suceder, la in­
comprensible letra pequefia da mucho margen ( jTenganlo en 
cuenta los consumidores !) . Cleveland sigui6 una via mas matiza­
da: demand6 a las empresas financieras por perjuicio publico, j al 
haber quedado la zona llena de casas desalojadas que requerian 
ahora la acci6n cobertora de la ciudad ! 
Las pnicticas predatorias que golpean especialmente a los mas 
pobres, los mas vulnerables y los menos privilegiados son incon­
tables. Cualquier pequefia factura sin pagar (una licencia o la fac­
tura del agua, por ejemplo) puede convertirse en un pretexto para 
un embargo preventivo sobre el que el propietario de la vivienda 
permanece misteriosa (e ilegalmente) desinformado hasta despues 
de que un abogado se ha hecho cargo de el de forma que la factu­
ra original por, digamos, 1 00 d6lares, requiere un pago de 1 . 500 
d6lares para saldarla. Para la mayoria de los pobres, eso suele sig­
nificar la perdida de la propiedad de su domicilio. En la ultima 
ronda de ventas de embargos en Baltimore, un pequefio grupo de 
abogados compr6 a la ciudad facturas por valor de unos 6 millo­
nes de d6lares. Si el margen de beneficia medio es del 2 50 por 
100, pueden amasar una considerable fortuna si las co bran, y si no 
se quedan con propiedades potencialmente valiosas para el futuro 
desarrollo adquiriendo las propiedades. 
Ademas de todo esto, se ha demostrado repetidamente que en 
las ciudades estadounidenses, desde la decada de 1 960, los pobres 
pagan habitualmente mas por mercancias basicas inferiores como 
los alimentos, y que el deficiente servicio a las comunidades de 
bajos ingresos afiade cargas financieras y practicas indebidas a ta­
les poblaciones. La economia de la desposesi6n de poblaciones 
vulnerables es tan activa como incesante. Aun mas llamativa es la 
reducci6n ilegal de salarios sufrida por muchos trabajadores tem­
porales y precarios de los sectores de bajos salarios en las princi­
pales ciudades como Nueva York, Chicago y Los Angeles, tales 
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como pagas por debajo del salario minima, negativa a pagar las 
horas extras, o simplemente retrasos en el pago que en algunos 
casas podrian demorarse hasta varios meses42 \u2022 
Lo que trato de sugerir al mencionar esas diversas formas de 
explotacion y desposesion es que en muchas regiones metropoli­
tanas tales pnicticas generalizadas son sistematicamente ejercidas 
sabre poblaciones vulnerables. Es importante reconocer cuan fa­
cilmente puede recuperar el conjunto de la clase capitalista las 
concesiones a los trabajadores en los salarios reales mediante ac­
tividades depredadoras y explotadoras en el terreno del consumo. 
Para gran parte de la poblacion urbanizada con bajos ingresos, la 
explotacion implacable de su trabajo unida a la desposesion de sus 
escasos activos constituye un drenaje perpetuo de su capacidad de 
mantener condiciones minimas adecuadas para la reproduccion 
social. Esta situacion exige la organizacion y respuestas politicas a 
escala de toda la ciudad (vease mas adelante) . 
EL CU ENTO C H I N O 
En la medida en que esta vez ha habido alguna via de escape de 
la crisis global del capital, es notable que la expansion del merca­
do de la vivienda y la propiedad inmobiliaria en China, junto con 
una enorme oleada de inversiones infraestructurales financiadas 
mediante la deuda, haya asumido un papel principal, no solo como 
estimulo para su mercado interno (y la reabsorcion del desempleo 
en los sectores exportadores), sino tambien de otras economfas 
estrechamente ligadas a la china mediante el comercio, como las 
de Australia y Chile con sus materias primas y la alemana con sus 
42 Annette Bernhardt, Ruth Milkman, Nik Theodore, Douglas Hecka­
thorn, Michael Auer, James DeFillippis, Ana Gonzalez, Victor Narro, Jason 
Perelshteyn, Diana Polson y Michael Spiller, Broken Laws, Unprotected Wor­
kers: Violations of Employment and Labor Laws in America 's Cities, Nueva York, 
National Employment Law Project, 2009. 
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exportaciones de maquina herramienta y autom6viles. En Esta­
dos Unidos, en cambio, Ia construcci6n ha tardado mucho en re­
cuperarse y Ia tasa de desempleo en Ia construcci6n, como seiiala­
ba antes, duplica cuanto menos Ia media nacional. 
Las inversiones urbanas suelen tardar mucho en producir y 
necesitan aun mas tiempo para madurar. Por eso es siempre dificil 
determinar cuando una sobreacumulaci6n de capital se ha trans­
formado o esta a punto de transformarse en una sobreacumula­
ci6n de inversiones en el entorno construido. La probabilidad de 
excederse, tal como sucedi6 con los ferrocarriles en el siglo XIX y 
como muestra la larga historia de ciclos y depresiones en Ia cons­
trucci6n (incluida Ia debacle de 2007 -2009), es muy alta. 
La impetuosidad de Ia febril urbanizaci6n y el boom de la inver­
sion en infraestructuras que estan reconfigurando de arriba abajo 
Ia geografia del espacio nacional chino descansa en parte en la 
capacidad del gobierno central para intervenir arbitrariamente en 
el sistema bancario si algo va mal. Una recesi6n relativamente 
suave en el mercado inmobiliario de las principales ciudades como 
Shanghai a finales de Ia decada de 1 990 llev6 a los bancos a hacer­
se con una gran variedad de «activos sin ganancias» (a los que 
ahora llamamos «t6xicos» ), muchos de los cuales estaban basados 
en el desarrollo urbano e inmobiliario. Estimaciones no oficiales 
situaron en esa categoria hasta un 40 por 1 00 de los prestamos ban­
carios43 . La respuesta del gobierno central fue utilizar