HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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LA U R BAN IZAC I O N DEL CAPITAL 
La reproducci6n del capital pasa por los procesos de urbaniza­
ci6n por mUltiples vias; pero la urbanizaci6n del capital presupone 
la capacidad del poder de clase capitalista de dominar el proceso 
urbana. Esto implica la dominaci6n de la clase capitalista, no solo 
sobre los aparatos de estado (en particular los aspectos del poder 
estatal que administran y gobiernan las condiciones sociales e infra­
estructurales dentro de las estructuras territoriales), sino tambien 
sobre toda la poblaci6n: su forma de vida asi como su capacidad de 
trabajo, sus valores culturales y politicos asi como sus concepciones 
del mundo. Ese nivel de control no se alcanza facilmente, si es que 
llega a alcanzarse. La ciudad y los procesos urbanos que produce 
son por tanto importantes focos de la lucha politica, social y de 
clase. Hasta ahora hemos examinado la dinamica de esa lucha desde 
el punto de vista del capital. Queda por tanto por examinar el pro­
ceso urbana -sus aparatos y restricciones disciplinarias asi como sus 
posibilidades emancipadoras y anticapitalistas- desde el punto de 
vista de todos los que intentan ganarse la vida y reproducir su coti­
dianeidad en el seno de ese proceso urbana. 
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CAPITULO TRES 
La c reac i 6n de bienes com u nes u rba nos 
La ciudad e s el lugar donde se entremezcla gente de todo tipo 
y condicion, incluso contra su voluntad o con intereses opuestos, 
compartiendo una vida en comun, por efimera y cambiante que 
sea, que viene siendo desde hace mucho tiempo objeto de comen­
tario por urbanistas de toda laya y tema sugestivo de innumera­
bles representaciones y escritos (novelas, peliculas, videos y otros 
medias) que intentan captar su canicter (o el canicter particular 
de Ia vida en una ciudad con creta en determinado Iugar y momen­
ta) y su significado mas profunda; en Ia larga historia del utopis­
mo urbana tenemos un registro de todos los intentos y aspiracio­
nes humanas de convertir Ia ciudad en una imagen diferente, mas 
adecuada «a nuestros deseos mas profundos» como diria Robert 
Park. El reciente resurgimiento de Ia insistencia en Ia supuesta 
perdida de Ia comunalidad urbana refleja el impacto aparente­
mente profunda de Ia reciente oleada de privatizaciones, cerca­
mientos, controles espaciales, actuaciones policiales y redes de 
vigilancia sabre las cualidades de Ia vida urbana en general, y en 
particular sabre Ia posibilidad de construir o inhibir nuevas rela­
ciones sociales (nuevas bienes comunales) en el seno de un proce­
so urbana influido, si no dominado, por los intereses de clase ca­
pitalistas. Cuando Hardt y Negri, por ejemplo, argumentan que 
deberiamos ver «Ia metropolis como una fabrica en Ia que se pro­
duce el bien comtin», sugieren su potencialidad para Ia critica y el 
activismo politico anticapitalista. AI igual que el derecho a Ia ciu­
dad, Ia idea suena sugestiva y fascinante, 'pero que podria signifi­
car? , 'y como se relaciona con Ia larga historia de discusiones y 
debates con respecto a Ia creacion y utilizacion en comtin de de­
terminados recursos? 
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He perdido la cuenta del numero de veces que he visto citado 
el clasico articulo de Garrett Hardin sobre «La tragedia de los 
comunes» como un argumento irrefutable en favor de la mayor 
eficiencia de los derechos de propiedad privada con respecto al 
uso del suelo y otros recursos, y por tanto como una justificacion 
irrebatible de su privatizacion 1 \u2022 Esa lectura erronea procede en 
parte de su apelacion a la metafora del ganado perteneciente a 
varios individuos deseosos de m:1ximizar sus beneficios individua­
les, que pasta en una parcela de propiedad comun. Cada uno de 
los propietarios gana al afiadir mas ganado, mientras que las con­
siguientes perdidas en fertilidad afectan a todos los usuarios, de 
forma que todos ellos siguen afi.adiendo ganado hasta que la tierra 
comunal pierde toda su productividad. Evidentemente, si el gana­
do fuera tambien comun esa metafora no funcionaria. Esto mues­
tra que el nucleo del problema es la propiedad privada del ganado 
y el comportamiento individual de maximizacion de la ganancia, 
no el caracter de propiedad comun del recurso en cuestion; pero 
la preocupacion fundamental de Hardin no era esa, sino el aumen­
to de poblacion. Temia que de la decision individual de tener hijos 
condujera finalmente a la destruccion de los bienes comunes glo­
bales y al agotamiento de todos los recursos (como argumentaba 
igualmente Malthus) . La unica solucion, en su opinion, era una 
regulacion autoritaria de la poblacion2 \u2022 
Menciono este ejemplo para resaltar hasta que punto el pensa­
miento sobre los bienes comunes ha quedado muy a menudo en­
cerrado en un conjunto muy estrecho de suposiciones, en buena 
1 Garrett Hardin, «The Tragedy of the Commons>>, Science 1 62 ( 1 968), 
pp. 1 , 243 -248; B. McCay y ]. Acheson (eds.), The Question of the Commons: 
The Culture and Ecology of Communal Resources, Tucson, University of Arizo­
na Press, 1 987 . 
2 Sorprende cuantos analistas de izquierda entienden equivocadamente 
lo que argumenta Hardin a este respecto. Asi, Massimo de Angelis, en The 
Beginning of History: Value Struggles and Global Capital, Londres, Pluto Press, 
2007, p. 1 34, dice que «Hardin elabor6 una justificacion de Ia privatizacion 
de los espacios comunes basada en una supuesta necesidad natural>>. 
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medida derivado del ejemplo de los cercamientos de tierras que 
tuvieron Iugar en Gran Bretafia desde finales del periodo medie­
val . En consecuencia, ese pensamiento se ha polarizado con fre­
cuencia entre las soluciones contrapuestas de la propiedad priva­
da y la intervenci6n autoritaria del estado. Desde una perspectiva 
politica, toda la cuesti6n se ha visto ensombrecida por una reac­
ci6n instintiva (entrelazada con grandes dosis de nostalgia de la 
supuesta economfa moral de la acci6n comun que acaso habrfa 
existido en el origen de los tiempos), bien a favor o -mas frecuen­
temente desde la izquierda- contra los cercamientos. 
Elinor Ostrom trata de desmontar algunas de esas presuncio­
nes en su libro Governing the Commons3 \u2022 Sistematiza las pruebas 
antropol6gicas, sociol6gicas e hist6ricas que demostraron hace 
tiempo que si los ganaderos hablaban entre sf (o tenfan reglas 
culturales sobre la compartici6n) podfan resolver facilmente cual­
quier problema surgido en el uso de los bienes comunes. Muestra 
a partir de innumerables ejemplos que los individuos pueden ima­
ginar -y a menudo lo hacen- formas colectivas muy ingeniosas y 
sensatas para gestionar los recursos de propiedad comun en bene­
ficio de todos y cada uno de ellos. Su prop6sito era dilucidar por 
que en algunos casos consegufan hacerlo y cuales eran las circuns­
tancias que se lo impedfan en otras. Sus estudios «sacuden las con­
vicciones de muchos analistas politicos de que la unica forma de 
resolver problemas de recursos compartidos es que autoridades 
externas impongan los derechos plenos de propiedad privada o 
una regulaci6n centralizada» y muestran, por el contrario, «com­
plejas mezclas de dispositivos publicos y privados». Armada con 
esa conclusion, Ostrom pudo cuestionar la ortodoxia econ6mica 
incapaz de ver mas alia de una opci6n dicot6mica entre estado y 
mercado. 
Pero la mayorfa de sus ejemplos solo afectaban a un centenar 
como mucho de propietarios. Si se superaba esa cifra (el mayor 
3 Elinor Ostrom, Governing tbe Commom: The Evolution of Institutions for 
Collective Action, Cambridge, Cambridge University Press, 1 990. 
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caso citado era de unas 1 5 .000 personas) la toma de decisiones 
requerfa una estructura «anidada», ya que la negociaci6n directa 
entre todos los individuos era imposible. Esto implica que para 
resolver problemas a gran escala como el calentamiento global se 
necesitan formas de organizaci6n anidadas