HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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cierta combinaci6n de iniciativa individual y pri­
vada para organizar y captar efectos de exterioridad al tiempo que 
sima algunos aspectos del entomo fuera del alcance del mercado. 
La administraci6n local interviene mediante regulaciones, codi­
gos, estandares e inversiones publicas, junto con la organizaci6n 
formal e informal del entomo (por ejemplo, una asociacion co­
munal que puede ser o no politicamente activa y militante, depen­
diendo de las circunstancias) . Hay muchos casos en los que las 
estrategias y cercamientos territoriales en el medio urbano pue­
den convertirse en un vehiculo para que la izquierda politica pro­
mueva su causa. Los organizadores del trabajo precario y de bajos 
ingresos en Baltimore declararon toda el area Inner Harbor «zona 
de derechos humanos protegidos» -una especie de bien comun­
en la que todo trabajador debia recibir un salario minimo vital. La 
federacion de asociaciones de vecinos de El Alto, junto a La Paz, 
se convirti6 en una de las bases clave de las rebeliones de 2003 y 
2 005 , en las que toda la ciudad se moviliz6 colectivamente con­
tra las formas dominantes de poder politico2 1 \u2022 El «cercamiento» 
2 1 United Workers Organization and National Economic and Social 
Rights Initiative, Hidden in Plain Sight: Workers at Baltimore's Inner Harbor 
and the Stroggle for Fair Development, Baltimore y Nueva York, 2 0 1 1 ; Sian 
Lazar, El Alto, Rebel City: Self and Citizenship in Andean Bolivia, Durham, 
Duke University Press, 2 0 1 0. 
1 24 
puede servir asi como medio transitorio para obtener un prop6si­
to politico comun. 
Sigue cumpliendose pese a todo el resultado general que des­
cribia Marx: el capital, obligado por las leyes irrefragables de la 
competencia a maximizar beneficios (rentabilidad) -como los pro­
pietarios de ganado en el cuento de Hardin-, induce 
progreso en el arte, no solo de robar al obrero, sino tambien de es­
quilmar la tierra; cada paso que se da en el incremento de su fertili­
dad durante un periodo deterrninado tiende a arruinar las fuentes de 
esa rnisma fertilidad a mas largo plaza. Cuanto mas se basa la econo­
rnia de un pais en la industria a gran escala como fundamento de 3U 
desarrollo, como en el caso de Estados Unidos, mas rapido es ese 
proceso de destrucci6n. La producci6n capitalista, par tanto, desa­
rrolla las tecnicas y el grado de combinaci6n del proceso social de 
producci6n al tiempo que socava las fuentes originarias de toda ri­
queza, la tierra y el trabajador22 \u2022 
La urbanizaci6n capitalista tiende perpetuamente a destruir la 
ciudad como bien comtl.n social, politico y vital. 
Esta «tragedia» es similar a la que describe Hardin, pero la 
16gica de la que brota es totalmente diferente. La acumulaci6n 
individualizada de capital, si se deja sin regulaci6n, amenaza perpe­
tuamente destruir los dos recursos basicos de la propiedad comtl.n 
que subyacen bajo todas las formas de producci6n: el trabajador y 
la tierra. Pero la tierra que ahora habitamos es un producto del 
trabajo humano colectivo. La urbanizaci6n no es sino la produc­
ci6n continua de un bien comun urbano ( o su sombra de espacios 
y bienes publicos) y su perpetua apropiaci6n y destrucci6n por 
intereses privados. Y cuando la acumulaci6n de capital se produce 
con una tasa de crecimiento compuesto (el nivel satisfactorio rni­
nimo suele ron dar el 3 por 1 00), tam bien aumentan en escala e 
22 Karl Marx, El Capital, Volumen 1 , tomo 2 , XIII. l O, Madrid, Aka!, 
2000, pp. 2 5 1 -2 5 2 . 
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intensidad con el tiempo esas dos amenazas duales al entomo 
(tanto «natural» como construido) y al trabajo2 3 \u2022 Considerese por 
ejemplo Ia destrucci6n urbana que ha sufrido Detroit para apre­
ciar lo devastador que puede ser ese proceso. 
Pero lo mas interesante del concepto de los bienes comunes 
urbanos es que plantea muy concentradamente todas las contra­
dicciones politicas de los bienes comunes. Consideremos, por 
ejemplo, Ia cuesti6n de Ia escala a Ia que nos movemos, desde Ia 
cuesti6n de los vecindarios locales y su organizaci6n politica hasta 
la de la region metropolitana en su conjunto. Tradicionalmente, 
las cuestiones de los bienes comunes a escala metropolitana se 
han gestionado mediante mecanismos estatales y regionales de 
planificaci6n urbana, reconociendo que los recursos comunes re­
queridos para atender debidamente a las poblaciones urbanas, ta­
les como el abastecimiento de agua, el transporte, el tratamiento 
de residuos y los espacios abiertos para el recreo y entretenimien­
to tienen que ser suministrados a escala metropolitana y regional. 
Pero cuando se trata de enlazar conjuntamente cuestiones de ese 
tipo, el analisis de la izquierda se difumina, invocando esperanza­
damente algtin tipo de concordancia magica de las acciones loca­
les que pudiera ser efectiva a escala regional o global, o limitan­
dose a anotarlo como un problema realmente importante, para 
regresar inmediatamente a la escala micro y local en la que se 
siente mas c6moda. 
Podemos aprender algo de la reciente historia del pensamien­
to mas convencional sobre los bienes comunes. La recien fallecida 
Elinor Ostrom, por ejemplo, en su discurso de agradecimiento al 
recibir el premio Nobel en 2009, parecia sugerir en su subtitulo 
«Gobemanza policentrica de sistemas econ6micos complejos», 
que tenia alguna soluci6n para las cuestiones de los bienes comu­
nes a varias escalas, aunque de hecho se limitaba a esgrimir espe­
ranzadamente la idea de que «cuando un recurso comun esta es­
trechamente relacionado con un sistema socioecol6gico mas 
23 David Harvey, The Enigma of Capital, And the Crises of Capitalism, cit. 
1 2 6 
amplio, las actividades de gobernanza se organizan en capas mul­
tiplemente anidadas», pero sin recurrir, insistia, a ninguna estruc­
rura jenirquica monocentrica24\u2022 
El problema crucial a este respecto es imaginarse como podria 
funcionar realmente un sistema de gobernanza policentrico (o 
algo analogo, como la confederaci6n de municipios libertarios de 
Murray Bookchin), y asegurarse de que no encubre algo muy di­
ferente. Esta cuesti6n reconcome no solo los argumentos de Os­
trom, sino una variedad muy amplia de propuestas radicales de 
izquierda con respecto al problema de los bienes comunes. Por 
esa raz6n es muy importante percibir adecuadamente cual es la 
critica que cabe hacerle. 
En un articulo preparado para una conferencia sobre el cam­
bio climatico global, Ostrom detall6 mas su argumento, basando­
se en los resultados de un estudio del suministro de servicios pu­
blicos en determinados municipios durante un largo periodo25 \u2022 
Durante mucho tiempo se habia supuesto que la gesti6n conjunta 
del suministro de servicios publicos desde estructuras de gobiemo 
metropolitanas a gran escala, a diferencia de su desperdigamien­
to en numerosas administraciones locales aparentemente ca6ti­
cas, mejoraria su eficiencia y eficacia; pero esos estudios mostra­
ban convincentemente que no era asi. Las razones se redudan en 
definitiva a que era mucho mas facil organizar y poner en funcio­
namiento la acci6n colectiva y cooperativa con una gran partici­
paci6n de los habitantes en jurisdicciones mas pequeiias, y en el 
hecho de que la capacidad de participaci6n disminuia nipida­
mente a medida que aumentaba el tamaiio de la unidad adminis­
trativa. Ostrom finalizaba citando a Andrew Sancton para asegu­
rar que 
24 Elinor Ostrom, «Beyond Markets and States: Polycentric Governan­
ce of Complex Economic Systems>>, American Economic Review 1 00 (3), pp. 
200, 641 -672 . 
25 Elinor Ostrom, «Polycentric Approach for Coping with Climate 
Change>>, Background Paper to the 20 10 World Development Report, Was­
hington, DC, World Bank, Policy Research Working Paper 5095, 2009. 
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los gobiernos municipales son algo mas que suministradores de ser, 
vicios.