HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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Son mecanismos democraticos mediante los cuales se gobier, 
nan a escala local las comunidades de base territorial [ . . . ] Los que 
pretenden obligar a los municipios a fusionarse aseguran siempre 
que pretenden fortalecer los gobiernos municipales. Tal plantea, 
miento -por muy buenas intenciones que tenga- erosiona los funda, 
mentos de nuestras democracias liberales porque socava la idea de 
que puede haber formas de autogobierno no insertas en las institu, 
ciones del gobierno centraP6\u2022 
Mas alla de la eficiencia y eficacia del mercado, existe una ra, 
zon no mercantil para potenciar Ia pequefia escala : «Aunque las 
unidades a gran escala formen parte de la gobernanza efectiva de 
las regiones metropolitanas -conclufa Ostrom- tambien son ne, 
cesarias unidades a pequefia y mediana escala», cuyo papel cons­
tructivo, argumentaba, «debe repensarse seriamente». \ufffdPero como 
se deben estructurar las relaciones entre esas unidades mas pe­
quefias? La respuesta, dice Vincent Ostrom, es un «Orden poli­
centrico» en el que «muchos elementos pueden realizar ajustes 
redprocos ordenando sus relaciones mutuas dentro de un sistema 
general de reglas en el que cada elemento actUa independiente­
mente de los demas»27 \u2022 
\ufffdPor que no acaba de satisfacernos ese panorama ideal? Todo el 
argumento se basa en la Hamada «hipotesis [ o modelo] Tie bout>> 
de una metropolis fragmentada en la que muchas jurisdicciones 
ofrecerian autonomamente un regimen particular de impuestos 
locales y un conjunto particular de bienes publicos a los posibles 
residentes, quienes <<Votarian con los pies» optando por la combi-
26 Andrew Sancton, The Assault on Local Government, Montreal , MeGill­
Queen's University Press, 2 000, p. 1 67 (citado en E. Ostrom, «Polycentric 
Approach for Coping with Climate Change>>). 
27 Vmcent Ostrom, «Polycentricity-Part l >>, en Michael McGinnis (ed.), 
Polycentricity and Local Public Economies, Ann Arbor, University of Michigan 
Press, 1 999 (citado en E. Ostrom, «Polycentric Approach for Coping with 
Climate Change>>). 
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0aci6n particular de tasas y servicios mas adecuada a sus propias 
necesidades y preferencias28 \u2022 A primera vista la propuesta parece 
muy atractiva, pero presenta un problema, y es que cuanto mas 
rico es uno mas facilmente puede votar con los pies y pagar la cuo­
ta de entrada que suponen los costes del suelo y los edificios. La 
educaci6n superior publica puede financiarse a partir de elevados 
precios e impuestos a la propiedad inmobiliaria, pero los pobres se 
veran privados de acceso a la educaci6n superior y condenados a 
vivir en una jurisdicci6n pobre con escasa educaci6n publica. La 
consiguiente reproducci6n de los privilegios y el poder de clase 
mediante la gobemanza policentrica entra claramente en las estra­
tegias de clase neoliberales de la reproducci6n social. 
Junto con muchas propuestas mas radicales para una autono­
mia descentralizada, la de Ostrom corre el peligro de caer exacta­
mente en esa trampa. La politica neoliberal favorece de hecho 
tanto la descentralizaci6n administrativa como la maximizaci6n 
de la autonomia local. Aunque por un lado esto abre un espacio 
en el que las fuerzas radicales pueden plantar con mayor facilidad 
las semillas de una agenda mas revolucionaria, la toma contrarre­
volucionaria de Cochabamba en 2007 por las fuerzas de la reac­
ci6n en nombre de la autonomia (hasta que fueron desalojadas 
por la rebeli6n popular) sugiere que la opci6n por el localismo y 
la autonomia como pura estrategia por buena parte de la izquier­
da es problematica. En Estados Unidos los lideres de la Iniciativa 
de Cleveland, celebrada como ejemplo de comunitarismo aut6-
nomo, apoyaron la elecci6n como gobemador de un republicano 
antisindical de extrema derecha. 
La descentralizaci6n y la autonomia pueden servir facilmente 
para generar mayor desigualdad mediante la neoliberalizaci6n. 
Asi, en el estado de Nueva York, la oferta dispar de servicios de 
educaci6n publica en distintos distritos con recursos financieros 
muy desiguales ha sido considerada anticonstitucional por los tri-
28 Charles Tiebout, «A Pure Theory of Local Expenditures», Journal of 
Political Economy 64/5 ( 1 956), pp. 4 1 6-424. 
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bunales, que han ordenado al estado en una sentencia Ia promo, 
cion de mayor igualdad en Ia oferta de servicios educativos. Pero 
el gobierno del estado no lo ha hecho hasta ahara, escudandose en 
Ia situacion de emergencia presupuestaria y fiscal para demorar Ia 
ejecucion de Ia sentencia. Observemos en cualquier caso que han 
sido los tribunales del estado, de mayor rango y jerarquicamen, 
te organizados, los que han exigido una mayor igualdad de trato 
como derecho constitucional. Ostrom no descarta, evidentemen, 
te, tales intervenciones desde arriba; las relaciones entre comuni, 
clades que funcionan independiente y autonomamente tienen que 
ser reguladas de algU.n modo (de ahi Ia referencia de Vi cent Os, 
trom a las «reg las establecidas» ); pero no nos aclara como se pue­
den establecer tales reglas de mayor rango ni por quien, ni como 
podrian estar sujetas a un control democratico. Para Ia totalidad de 
una region metropolitana son a Ia vez necesarias y cruciales algu­
nas de esas reglas (o practicas habituales). Ademas, tales reglas no 
solo deben ser establecidas y aseguradas, sino que tambien deben 
ser puestas en vigor y activamente controladas (como en el caso de 
cualquier bien comlin). No hace falta mirar mas alla de la «poli­
centrica» eurozona para ver un ejemplo catastrofico de lo que pue­
de ir mal : se supone que todos sus miembros deben someterse a 
reglas que restringen su deficit presupuestario, pero cuando la ma­
yoria de ellos violan esas reglas no hay forma de obligarles ni de 
resolver los desequilibrios fiscales que surgen entre los estados. 
Obligar a estos a cumplir los limites establecidos a las emisiones de 
C02 parece una tarea igualmente desesperada. Aunque la respues­
ta historica a la pregunta «2quien pone lo &quot;comlin&quot; en el Mercado 
Comun?» puede parecer que incluye todo lo que anda descamina­
do en las formas jerarquicas de gobierno, la alternativa imaginaria 
de miles y miles de municipios autonomos que defenderian feroz­
mente la autonomia de su terrufio al tiempo que negociaban inter­
minable y sin duda muy acremente su posicion dentro de la divi­
sion del trabajo a escala europea no es precisamente alentadora. 
\ufffdComo puede funcionar una descentralizacion radical -un ob­
jetivo ciertamente valioso- fuera del marco de una autoridad je-
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nirquica de mayor rango? Parece bastante ingenuo creer que el 
policentrismo o cualquier otra forma de descentralizacion pueda 
funcionar sin fuertes restricciones jenirquicas y una fuerza coacti­
va . Buena parte de Ia izquierda radical -en particular su ala anar­
quista y autonomista- carece de respuesta para este problema. 
Las intervenciones estatales (por no hablar de su control o coac­
cion para hacer cumplir lo acordado) le parecen inaceptables, y en 
general niega legitimidad a Ia constitucionalidad burguesa. En su 
Iugar existe una vaga y candida esperanza de que los grupos socia­
les que han organizado satisfactoriamente sus relaciones con los 
bienes comunes a escala local converjan hacia algtin tipo de prac­
tica y relacion mutua satisfactoria mediante Ia negociacion y Ia 
interaccion. Para que esto ocurriera, los grupos locales no debe­
dan verse perturbados por ningtin efecto externo que sus acciones 
pudieran tener sobre el resto del mundo y tendrian que renunciar 
a eventuales ventajas, democraticamente distribuidas en el seno 
del grupo social, a fin de salvar o complementar el bienestar de 
sus projimos cercanos (por no hablar de los distantes), que como 
resultado de malas decisiones o de Ia mala fortuna sean victimas 
del hambre o Ia miseria. La historia nos ofrece muy pocas