HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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pruebas 
de que tal redistribucion pueda funcionar por las buenas de ma­
nera estable, y lo habitual es que aumenten las desigualdades so­
ciales entre distintas comunidades. Esto resulta muy acorde con 
el proyecto neoliberal de no solo proteger sino promover las es­
tructuras de privilegio del poder de clase (del tipo tan claramente 
evidenciado en Ia debacle de Ia financiacion de Ia escuela publica 
en el estado de Nueva York). 
Murray Bookchin es muy consciente de esos peligros cuando 
dice que «Ia agenda de un municipalismo libertario puede facil­
mente quedar vacia o incluso ser utilizada para fines estrechamen­
te conservadores». Su propuesta para superar esos riesgos es el 
«confederalismo». Mientras que las asambleas municipales fun­
cionarian mediante Ia democracia directa en Ia base para tomar 
decisiones, el estado seria sustituido «por una red confederal de 
asambleas municipales y Ia economia empresarial por una auten-
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tica economia politica en la que los gobiernos municipales, inte­
ractuando economica y politicamente, resolverian sus problemas 
materiales como cuerpos ciudadanos en asambleas abiertas». Esas 
asambleas confederales supervisarian la administracion y gobier­
no de politicas decididas en las asambleas municipales, y los dele­
gados serian revocables y responsables en todo momenta ante las 
asambleas municipales. Los consejos confederales 
se convierten en el medio para vincular aldeas, pueblos, barrios y 
ciudades en redes confederales. El poder fluye asi de abajo arriba y 
no de arriba abajo, y en las confederaciones el flujo del poder de 
abajo arriba disminuye con el ambito del correspondiente consejo 
federal que abarca en primer Iugar localidades, de estas pasa a las 
regiones y de estas a areas territoriales mas amplias29\u2022 
La de Bookchin es de lejos la propuesta radical mas sofisticada 
con respecto a la creacion y uso colectivo de los bienes comunes 
en toda una variedad de escalas, y vale la pena estudiarla como 
parte de la agenda anticapitalista radical. 
Esta cuestion es tanto mas acuciante debido al violento asalto 
neoliberal contra la administracion publica de bienes sociales du­
rante los ultimos treinta aiios 0 mas, en consonancia con el ataque 
generalizado contra los derechos y el poder de los trabajadores 
organizados iniciado en la decada de 1 970 (desde Chile hasta Gran 
Bretaiia), pero que se concentro mas directamente en los castes 
de la reproduccion social del trabajo. El capital habia preferido 
durante mucho tiempo tratar los castes de la reproduccion social 
como algo externo -un coste del que no se hace cargo el merca­
do- pero el movimiento socialdemocrata y la activa amenaza de 
una alternativa comunista hasta la decada de 1 970 obligo al capi­
tal a internalizar en los paises capitalistas avanzados parte de esos 
castes, asi como de los castes externos atribuibles a la degrada-
29 Murray Bookchin, Urbanization Without Cities: The Rise and Decline of 
Citizenship, Montreal, Black Rose Books, 1 992 , caps. 8 y 9. 
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cion del medio ambiente. El proposito de las politicas neolibera­
les desde 1 980, poco mas o menos, ha sido subsumir esos costes 
entre los comunes globales de la reproduccion social y el medio 
ambiente, creando, por decirlo asi, unos bienes comunes negati­
vos en los que se ven obligadas a vivir poblaciones enteras. Las 
cuestiones de la reproduccion social, el genero y los bienes comu­
nes estan inextricablemente ligadas30\u2022 
La respuesta por parte del capital a la crisis global iniciada en 
2007 ha sido tratar de poner en practica un plan draconiano de 
austeridad global que disminuye la oferta de bienes publicos al 
servicio de la reproduccion social y la mejora del medio ambiente, 
disminuyendo asi las cualidades de los bienes comunes en ambos 
casos. Tambien se ha valido de la crisis para facilitar una actividad 
aun mas depredadora en la apropiacion privada de los bienes co­
munes como condicion supuestamente necesaria para la recupe­
racion del crecimiento. El uso de las expropiaciones, por ejemplo, 
para apropiarse de espacios con propositos privados (al contrario 
de los fines de «utilidad publica» para los que se concibieron ori­
ginalmente tales leyes) es un caso clasico de redefinici6n de la 
causa publica como patrocinio estatal del desarrollo privado. 
Desde California hasta Grecia, la crisis ha producido perdidas 
en los bienes y derechos urbanos de la gran mayoria de la pobla­
cion, a las que se ha sumado la extension del poder capitalista 
depredador sobre la poblaci6n de bajos ingresos hasta ahora mar­
ginada. Ha sido, en resumen, un ataque generalizado contra los 
bienes comunes reproductivos y medioambientales. Mas de dos 
mil millones de personas que viven con menos de 2 dolares dia­
rios estan siendo inducidas a las microfinanzas como «subprime de 
todas las formas subprime de credito», para extraer de ellas riqueza 
(como sucedi6 en el mercado de la vivienda estadounidense me­
diante los creditos predadores subprime seguidos por los desahu-
30 Silvia Federici , «Women, Land Struggles and the Reconstruction of 
the Commons>>, Working USA: The Journal of Labor and Society 14 (20 1 1 ), 
pp. 41 -56. 
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cios) con la que engalanar las grandes mansiones de los ricos. Los 
bienes comunes medioambientales estan igualmente amenazados ' 
mientras que las soluciones propuestas (como el comercio de los 
derechos de emisi6n de di6xido de carbono y las nuevas tecnolo­
gias medioambientales) pretenden que busquemos la salida del 
impasse utilizando los mismos instrumentos de acumulaci6n de 
capital e intercambio especulativo en el mercado que nos llevaron 
a el. No es sorprendente pues que los pobres no solo sigan ahi, 
sino que su numero crezca en Iugar de disminuir con el tiempo. 
Aunque India viene acumulando un respetable registro de creci­
miento durante la crisis, por ejemplo, el mimero de milmillona­
rios en ese pais ha aumentado de 26 a 69 durante los tres ultimos 
afios, mientras que el mimero de chabolistas casi se ha duplicado 
durante la ultima decada. Los impactos urbanos provocan estupe­
facci6n al ver como surgen lujosas casas de apartamentos con aire 
acondicionado en medio de la miseria y la degradaci6n, de la que 
nadie se ocupa, en que vive la gente empobrecida que se debate 
por hallar alglin tipo de existencia aceptable. 
El desmantelamiento de los marcos y controles reguladores 
que trataban, por insuficientemente que fuera, de frenar la incli­
naci6n a las practicas predadoras de acumulaci6n, ha desencade­
nado la l6gica de apres moi le deluge de la especulaci6n financiera 
desmedida que ha acabado convirtiendose en una autentica or­
gia de destrucci6n creativa, en particular el desbordamiento deli­
rante de Ia urbanizaci6n capitalista. El dafio solo se puede contener 
y revertir mediante Ia socializaci6n de Ia producci6n y distribu­
ci6n del excedente y la creaci6n de una nueva riqueza comlin ac­
cesible a todos. 
En este contexto cobra aun mayor importancia el resurgimien­
to de una ret6rica y una teoria de los bienes comunes. Si los bie­
nes publicos administrados por el estado declinan o se convierten 
en un mero instrumento para la acumulaci6n privada (como esci 
sucediendo en la ensefianza) o si el estado se retira de su adminis­
traci6n, existe una unica respuesta posible, y es que la poblaci6n 
se autoorganice para gestionar sus propios bienes comunes (como 
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0curri6 en Bolivia, tal como veremos en el capitulo 5). El recono­
cimiento politico de que los bienes comunes pueden ser produci­
dos, protegidos y utilizados para el beneficia social se convierte 
en un marco para resistirse al poder capitalista y repensar Ia poli­
tica de una transici6n anticapitalista . 
Pero lo que importa ahi no es la combinaci6n particular de 
dispositivos institucionales -los cercamientos en un sitio,