HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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y hemos vista mucho de eso. La segunda via consiste en 
asegurar atin mas finnemente los derechos de monopolio de la 
propiedad privada mediante leyes comerciales internacionales que 
regulen todo el comercio global. Las patentes y los llamados «de­
rechos de propiedad intelectual» se han convertido asi en impor­
tantes campos de batalla en los que se pretende afianzar los pode­
res de monopolio. La industria fannaceutica, par mencionar un 
ejemplo paradigmatico, ha adquirido extraordinarios poderes de 
monopolio, en parte mediante colosales centralizaciones de capi­
tal, y en parte mediante Ia proteccion de las patentes y acuerdos 
sabre licencias y concesiones, y aspira a aumentarlos tratando de 
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establecer derechos de propiedad sabre el material genetico de 
todo tipo (incluido el de plantas raras de los bosques tropicales, 
tradicionalmente aprovechadas por los habitantes indigenas) . A 
medida que disminuyen determinados privilegios de monopolio, 
vemos una amplia variedad de intentos de preservarlos o renovar­
los por otros medias. 
No puedo detallar a qui todas esas tendencias, pero quiero 
considerar mas de cerca los aspectos de ese proceso que atafien 
mas directamente a los problemas del desarrollo local y las acti­
vidades culturales. Pretendo mostrar, en primer Iugar, que se 
mantienen las luchas sabre Ia definicion de los poderes de mono­
polio que podrian corresponder a determinados parajes y locali­
dades, y que Ia idea de «cultura» esta cada vez mas vinculada con 
los intentos de reafirmar tales poderes de monopolio, precisa­
mente porque las pretensiones de unicidad y autenticidad se pue­
den articular mejor como alegaciones referidas a bienes cultura­
les distintivos y no reproducibles. Comenzare con el ejemplo 
mas obvio de renta de monopolio dado por «los vifiedos que pro­
ducen un vino de extraordinarias cualidades que se puede vender 
con un precio de monopolio». 
AVENTURAS EN EL COMERC IO V IN fCOLA 
El comercio del vino, como el de Ia cerveza, se ha intemacio­
nalizado cada vez mas durante los ultimos treinta afios, y Ia pre­
sion de Ia competencia intemacional ha producido algunos efec­
tos curiosos. Bajo Ia presion de Ia Union Europea, por ejemplo, 
los productores intemacionales de vino han acordado (tras largas 
batallas legales e intensas negociaciones) renunciar al uso de «ex­
presiones tradicionales» en las etiquetas que podian incluir termi­
nos como «chateau» y «domaine», asi como de terminos genericos 
como «champan», «borgofia», «chablis» o «sauternes». De esa 
forma el sector europeo del vino, encabezado por los productores 
franceses, trata de preservar sus rentas de monopolio insistiendo 
1 47 
en las virtudes unicas de la tierra, el clima y la tradicion (aglutina­
dos bajo el termino frances «terroir») y la peculiaridad de su pro­
ducto certificado por un nombre. El comercio vinatero frances, 
reforzado por controles institucionales como el de la «denomina­
cion de origen», insiste en la autenticidad y originalidad de su 
producto, fundamento de la unicidad sobre la que se puede basar 
la renta de monopolio. 
Australia es uno de los paises que aceptaron esa iniciativa. La 
firma Chateau Tahbilk de Victoria, obligada en 2000 a quitar e1 
«Chateau» de sus etiquetas, proclamo con displicencia que «somos 
orgullosamente australianos y no necesitamos utilizar terminos he­
redados de otros paises y culturas del pasado». Como compensa­
cion seiialaron dos factores que, combinados, «nos dan una posi­
cion linica en el mundo del vino». La suya es una de las seis regiones 
vitivinicolas del mundo en las que el mesoclima se ve muy influido 
por la masa acuatica interna (los abundantes lagos y lagunas mode­
ran y refrescan el clima). Su suelo es de un tipo unico (que solo se 
encuentra en otto lugar en Victoria), descrito como una marga 
rojo/arenosa coloreada por el alto contenido de oxido ferrico, que 
«tiene un efecto positivo sobre la calidad de la uva y aiiade un ca­
racter regional peculiar a nuestros vinos». Esos dos factores se unen 
para definir los «lagos N agambie» como una region viti cola Unica 
( certificada presumiblemente por el Comite de Identidades Geo­
graficas de la Corporacion Australiana de Vinos y Brandies creado 
para seiializar las regiones viticolas de toda Australia). Tahbilk esta­
blecia asi una contrarreclamacion de la renta de monopolio sobre la 
base de la combinacion unica de condiciones medioambientales 
en la region donde tiene su sede, y lo hacia de forma analoga y en 
competencia con las pretensiones de unicidad del «terroir» y el «do­
maine» patrocinados por los productores franceses de vino 10\u2022 
Pero ahi encontramos la prim era contradiccion: cualquier vino 
es comercializable, y por tanto comparable en cierto sentido, pro-
1 0 Tahbilk Wine Club, Wine Club Cirrnlar 1 5 (junio de 2000), Tahbilk 
Winery and Vineyard, Tahbilk, Victoria, Australia. 
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venga de donde provenga. Consultense por ejemplo las referen­
cias de Robert Parker en el bimensual The Wine Advocate. Parker 
evalua los vinos por su sabor y no dedica particular atenci6n al 
«terroir» o cualquier otra referencia hist6rico-cultural. Es noto­
riamente independiente (la mayoria de las demas guias de vinos 
son patrocinadas por influyentes sectores de la industria vinicola). 
Valora los vinos en una escala seglin su propio gusto. Tiene mu­
chos seguidores en Estados Unidos, que es un mercado importan­
te. Si valora un vino de Burdeos con 65 puntos y un vino austra­
liano con 95 puntos, los precios se ven afectados. Los productores 
bordeleses estan aterrorizados. Han presentado una demanda con­
tra el, lo han denigrado, insultado e incluso asaltado fisicamente. 
Pone en peligro las bases de sus rentas de monopolio1 1 \u2022 
Las reivindicaciones de monopolio, podemos concluir, son tan­
to «efecto del discurso» y resultado de la competencia como re­
flejo de las cualidades del producto. Pero si hay que abandonar el 
lenguaje del «terroir» y la tradici6n, \ufffdque tipo de discurso se pue­
de emplear en su lugar? Parker y muchos otros han introducido 
recientemente en el sector un lenguaje en el que los vinos son 
descritos con terminos tales como «sabor a melocot6n y ciruela, 
con notas de tornillo y grosella». Ese lenguaje puede sonar extra­
no, pero el desplazamiento discursivo, relacionado con la crecien­
te competencia internacional y la globalizaci6n del comercio del 
vino, asume un papel distintivo que refleja la mercantilizaci6n 
del consumo siguiendo lineas estandarizadas. 
Pero el consumo de vino tiene muchas dimensiones que abren 
vias a su explotaci6n rentable. Para muchos es una experiencia es­
tetica. Mas alla del puro placer (para algunos) de un buen vino con 
Ia comida adecuada, en el se insertan toda una serie de referencias 
ligadas a la tradici6n occidental que se remontan a la mitologia 
(Dionisos y Baco), la religion (la sangre de Jesus y el ritual de la 
comuni6n), y tradiciones celebradas en festivales, poesia, cancio-
1 1 \Villi am Langewiesche, «The Million Dollar Nose>>, Atlantic Monthly 
2 86/6 (diciembre de 2000), pp. 1 1-22 . 
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nes y literatura. El conocimiento de los vinos y su valoracion «co\ufffd 
rrecta» son a menudo marcas de clase analizables como una forma 
de capital «cultural» (como diria Bourdieu). Ofrecer el vino ade\ufffd 
cuado ha ayudado a sellar mas de un trato en negocios importantes 
(\ufffdconfiaria usted en alguien que no supiera elegir un vino?). El 
estilo del vino esta relacionado con la cocina regional y queda asi 
inserto en las practicas que convierten la regionalidad en una for\ufffd 
rna de vida marcada par estructuras distintivas del sentimiento (re\ufffd 
sulta dificil imaginar a Zorba el griego bebiendo un Mandavi cali\ufffd 
fomiano, aunque este se venda en el aeropuerto de Atenas) . 
El negocio del vino tiene que ver con el dinero y el beneficia, 
pero tambien con