HARVEY, David. Ciudades rebeldes
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HARVEY, David. Ciudades rebeldes


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mundo en el 
que Ia etica neoliberal del intenso individualismo posesivo puede 
convertirse en pauta para Ia socializaci6n de Ia personalidad huma­
na. Su efecto es el creciente aislamiento individualista, Ia ansiedad 
y Ia neurosis en medio de uno de los mayores logros sociales (al 
menos a juzgar por su enorme envergadura y su generalizaci6n a 
todos los niveles) jamas construido en la historia humana para la 
realizaci6n de nuestros deseos mas profundos. 
Pero las fisuras en el sistema son tambien muy evidentes. Vivi­
mos en ciudades cada vez mas divididas, fragmentadas y proclives 
al conflicto. La forma en que vemos el mundo y definimos nues­
tras posibilidades depende del lado de la barrera en que nos halle­
mos y del nivel de consumo al que tengamos acceso. En las ulti­
mas decadas el giro neoliberal ha restaurado el poder de clase de 
las elites mas ricas 1 1 \u2022 En un solo afio los directivos de los principa­
les fondos de inversion en Nueva York obtuvieron 3 millardos de 
d6lares en remuneraciones personates y las primas de Wall Street 
han aumentado vertiginosamente durante los ultimos afios, desde 
alrededor de 5 millones de d6lares hasta llegar a 50 millones para 
los principales protagonistas (situando los precios del suelo en 
Manhattan a una altura inalcanzable). En Mexico han aparecido 
catorce milmillonarios desde el giro neoliberal de finales de la 
decada de 1 980, entre los que se cuenta el hombre mas rico de Ia 
tierra, Carlos Slim, al mismo tiempo que los ingresos de los po­
bres en ese pais se han estancado o han disminuido. A finales de 
2009 (despues de que hubiera pasado lo peor de Ia crisis), habia en 
1 1 D. Harvey, A Brief History of Neoliberalism, cit. ; Thomas Edsall, The 
New Politics of Inequality, Nueva York, Norton, 1985 . 
3 5 
China 1 1 5 milmillonarios, 1 0 1 en Rusia, 5 5 en la India, 52 en 
Alemania, 3 2 en Gran Bretafia y 30 en Brasil, ademas de los 41 3 
de Estados Unidos 1 2 \u2022 Los resultados de esta creciente polariza­
ci6n en la distribuci6n de la riqueza y el poder estan indeleble­
mente grabados en las formas espaciales de nuestras ciudades, en 
las que se van condensando progresivamente fragmentos fortifi­
cados, comunidades cercadas y espacios publicos privatizados 
bajo una vigilancia constante. La protecci6n neoliberal de los de­
rechos de propiedad privada y sus valores se convierte en una for­
ma hegem6nica de polftica, incluso para Ia clase media baja. En el 
mundo en desarrollo, en particular, Ia ciudad 
se esta dividiendo en partes separadas, en las que parecen forrnarse 
muchos «microestados». Los vecindarios ricos provistos de todo 
tipo de servicios, tales como escuelas exclusivas, campos de golf y de 
tenis y patrullas de policia privada que recorren el area continuamen­
te, se ven rodeadas por asentamientos ilegales donde solamente se 
puede obtener agua en las fuentes publicas, no existen sistemas de 
evacuaci6n de residuos ni de recogida de basuras, la electricidad solo 
esta al alcance de unos pocos privilegiados, las calles se convierten en 
barrizales siempre que llueve y lo normal es compartir la vivienda 
entre varias familias. Cada fragmento parece vivir y funcionar aut6-
nomamente, aferrandose firrnemente a lo que ha sido capaz de pro­
veerse en la lucha cotidiana por la supervivencia 1 3 \u2022 
En esas condiciones los ideales de identidad urbana, ciudada­
nia y pertenencia, y de una polftica urbana coherente, ya amena­
zados por Ia creciente difusi6n de Ia etica neoliberal individualis­
ta, se hacen mucho mas dificiles de sostener. Hasta la idea de que 
la ciudad podria funcionar como un cuerpo politico colectivo, un 
1 2 Jim Yardley y Vikas Bajaj , «Billionaires' Ascent Helps India, and Vice 
Versa», New York Times, 27 de julio de 20 1 1 . 
1 3 Marcello Balbo, «Urban Planning and the Fragmented City of Deve­
loping Countries>>, Third World Planning Review 1 5/ 1 ( 1 993), pp. 2 3-2 5 . 
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Iugar en y del que podrian emanar movimientos sociales progre­
sistas, parece, al menos superficialmente, cada vez menos creihle. 
Aun asi, de hecho hay todo tipo de movimientos sociales urbanos 
que tratan de superar el aislamiento y de reconfigurar la ciudad 
respondiendo a una imagen social diferente de la ofrecida por los 
poderes de los promotores respaldados por el capital financiero y 
ernpresarial y un aparato estatal con rnentalidad de negociante. 
Incluso administraciones urbanas relativamente conservadoras tra­
tan de emplear su poder para experimentar nuevas formas de pro­
ducir lo urbano y de democratizar su gobernanza. \ufffdExiste una al­
ternativa urbana, y en tal caso, de d6nde podria provenir? 
La absorci6n del excedente mediante la transformaci6n urba­
na tiene empero un aspecto aun mas tenebroso: ha supuesto repe­
tidas rachas de reestructuraci6n urbana mediante una «destruc­
ci6n creativa» que casi siempre tiene una dimension de clase, ya 
que suelen ser los mas pobres y menos privilegiados, los margina­
dos del poder politico, los que mas sufren en esos procesos. 
Para hacer surgir la nueva geografia urbana del derrumbe de la 
antigua se requiere siempre violencia. Haussmann hizo derribar 
los viejos barrios de Paris empleando poderes excepcionales de 
expropiaci6n, supuestamente en beneficio publico, en nombre 
de los derechos de ciudadania, la restauraci6n ambiental y la re­
novaci6n urbana. Consigui6 asi deliberadamente expulsar del 
centro de Paris, junto con las industrias insalubres, a gran parte de 
la clase obrera y otros elementos rebeldes que constituian una 
amenaza para el orden publico y por supuesto para el poder poli­
tico, creyendo (incorrectamente, como se comprob6 en la Comu­
na revolucionaria de Paris de 1 87 1 ) que aquella reforma urbana 
ofrecia un nivel suficiente de vigilancia y control militar como 
para asegurar el facil sometimiento por la fuerza de las clases re­
beldes. Pero como ya sefialaba Friedrich Engels en su folleto de 
1 872 Sobre el problema de Ia vivienda [Zur Wohnungsfrage]: 
En realidad Ia burguesfa solo dispone de un metodo para resolver a 
su modo el problema de Ia vivienda, esto es, de resolverlo de forma que 
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se perpettie, y ese metodo se llama «haussmannizaci6n» [como yo de­
nominaria a] la pnictica generalizada de la apertura de brechas en los 
barrios obreros, particularmente en los situados en el centro de nues­
tras grandes ciudades, dejando a un lado que se justifique por razones 
de salud publica, de embellecimiento de la ciudad, de demanda de 
grandes edificios de negocios en el centro o por exigencias del tr:ifico 
como el tendido de vias ferreas, Ia ampliaci6n de las avenidas, etcetera. 
Por diferentes que sean las razones aducidas, el resultado es siempre el 
mismo: los callejones mas escandalosos desaparecen con gran conten­
to de la burguesia por su colosal exito, pero aparecen de nuevo en al­
gUn otto Iugar, a menudo muy cerca [ . . . ] Los focos de las epidemias, 
los infames agujeros y calabozos en los que el modo capitalista de pro­
ducci6n confina a nuestros trabajadores una noche tras otra, no son 
erradicados, jsino que simplemente se desplazan a otro Iugar! La misma 
necesidad econ6mica que los gener6 antes los reproduce ahora14\u2022 
De hecho llev6 mas de cien afios completar Ia conquista bur­
guesa del centro de Paris, con las consecuencias que hemos visto 
en los ultimos afios: levantamientos y disturbios en los suburbios 
aislados en los que se ven cada vez mas atrapados los emigrantes 
marginados, los obreros desempleados y los j6venes. Lo mas tris­
te es que los procesos que describia Engels se siguen reproducien­
do una y otra vez a lo largo de Ia historia del urbanismo capitalis­
ta. Robert Moses le dio «un hachazo al Bronx» (con sus propias 
infames palabras) que provoc6 largas y sonoras lamentaciones de 
los grupos y movimientos vecinales, finalmente condensadas en Ia