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RANCIÈRE, J. Momentos politicos

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de la sociedad. Debía ser la plena realización de 
una forma de universalidad que ya estaba funcionando en la 
organización capitalista de la producción y la organización bur-
guesa dl' las formas de ,"id<l. Era la achléllización de W1a racio-
nalidad colectiva que ya existía, incluso en forma de su opuesto, 
la particularidad de los intereses privados. Las fuerzas colec-
tivas de la emancipación ya existían. Solamente faltaba la forma 
de su reapropiación subjetiva y colectiva. 
El único problema era ese "solamente". Pero se podía inver-
tir la dificultad por medio de dos axiomas. En primer lugar, 
existe una dinámica intrmseca al desarrollo de las fuerzas pro-
ductivas: ese desarrollo pone en funcionamiento por sí mismo 
una potencia de comunidad que debe hacer estallar las for-
mas del interés privado capitalista. En segundo lugar, debe 
hacerlo sobre todo porque destruye con su propia lógica todas 
las demás formas de comunidad, todas las formas de la comu-
nidad separadas encarnadas por la familia, el Estado, la reli-
gión o cualquier otra relación social tradicional. Así se inver-
tía el problema del "solamente": el comunismo parecía ser 
la única forma de comunidad posible en medio de la debacle 
de las demás. 
Así se pudo suprimir la tensión entre los comunistas y la 
comunidad. Esta solución tenía el único inconveniente de borrar 
la heterogeneidad de la lógica de la emancipación respecto de 
la lógica del desarrollo del orden social. Borraba lo esencial de 
la emancipación, es decir, el comunismo de la inteligencia, la 
afirmación de la capacidad de todos de estar donde no pueden 
estar y de hacer lo que no pueden hacer. En cambio, tendía a basar 
138 I JACaUES RANCIERE 
la posibilidad del comunismo en su incapacidad. Pero esta decla-
ración de incapacidad es en sí una causa doble. Por un lado, 
une la posibilidad de una subjetividad comunista a una expe-
riencia de desposesión resultante del proceso histórico: el 
proletariado, dice Marx, es la clase de III sociedlld que yll no 
es lInll dllse de b socied<1d sino el producto dl' b descomp\)-
sición de todas las clases. ASÍ, no hay nada que perder salvo las 
cadenas. Y la conciencia de su situación, necesaria para su cons-
titución como fuerza revolucionaria, es algo que esta misma 
situación lo fuerza a adquirir. La competencia del proletario se 
identifica así con un oro del conocimiento que sólo es el pro-
ducto de la experiencia del hombre de hierro, la experiencia de 
la fábrica y de la explotación. Pero, por otra parte, esta misma 
condición que debe instruirlo está planteada como una con-
dición de ignorancia producida por el propio mecanismo de la 
dominación ideológica: el hombre de hierro, el hombre atra-
pado en el sistema de la explotación, sólo puede ver ese sistema 
en el espejo invertido de la ideología. Ésa es la razón por la que 
la competencia del proletario no puede ser su competencia. Ésta 
es el conocimiento del proceso global-y de las razones de su 
ignorancia-, un conocimiento accesible solamente para quie-
nes no se encuentran atrapados en la máquina, para los comu-
nistas ya que no son más que comunistas. 
Entonces, cuando decimos que la hipótesis comunista es 
la de la emancipación, no debemos olvidar la tensión histó-
rica entre ambas hipótesis. La hipótesis comunista sólo es posi-
ble de acuerdo con la hipótesis de la emancipación. Sólo es 
posible como colectivización del poder de todos. Pero, desde 
sus inicios, el movimiento comunista -y con esto me refiero 
al movimiento que se ha fijado como meta la creación de una 
MOMENTOS POLlTICOS I 139 
sociedad comunista- estaba impregnado de la presuposición 
contraria, la presuposición desigual en sus diversas formas: 
hipótesis pedagógico-progresista de la diferencia de las inte-
ligencias; análisis de la Revolución Francesa como estallido 
del individualismo C]ue destruye las formas tradicionales de 
comunidad y de soJidmidad; denuncia burguesa de la apro-
piación salvaje por parte de los hijos del pueblo de las gran-
des palabras, imágenes, ideas y aspiraciones, etc. La hipóte-
sis de la emancipación es una hipótesis de confianza. Pero el 
desarrollo de la ciencia marxista y de los partidos comunistas 
la mezcló con su contrario, una cultura de desconfianza basada 
en la presuposición de la incapacidad de la mayoría para 
ver y comprender. 
Lógicamente, esta cultura de la desconfianza se apoderó de 
la antigua oposición platónica entre el comunista y el trabaja-
dor. Lo hizo en forma de un double bind, que descalificaba el 
entusiasmo de los comunistas en nombre de la experiencia 
de los trabajadores y la experiencia de los trabajadores en nom-
bre del saber de la vanguardia comunista. El trabajador des-
empeñó allí a su vez el papel del individuo egoísta, incapaz de 
ver más allá de sus intereses económicos inmediatos, y el del 
experto formado por la larga e irremplazable experiencia del 
trabajo y de la explotación. El comunista, por su parte, des-
empeñó o bien el papel del anarquista pequeñoburgués, impa-
ciente por ver realizadas sus aspiraciones, a riesgo de poner en 
peligro el andar lento y necesario del proceso, o bien el del mili-
tante educado completamente consagrado a la causa colectiva. 
La represión mutua del alma de oro comunista por parte 
del hombre de hierro trabajador y del hombre de hierro tra-
bajador por parte del alma de oro comunista fue practicada 
140 I JACQUES RANCltRE 
por todos los poderes comunistas, desde la NEP hasta la Revo-
lución Cultural y fue interiorizada tanto por la ciencia mar-
xista como por las organizaciones de izquierda. Pensemos 
solamente en la manera en que mi generación pasó de la fe 
althusseriana por la ciencia, encargada de develar las inevi-
tables ilusiones de los agentes de L:t reproducción, hLlsta el 
entusiasmo maoísta por la reeducación de los intelectuales a 
través del trabajo en las fábricas y la autoridad de los traba-
jadores (a riesgo de confundir la reeducación de los intelec-
tuales mediante el trabajo manual con la reeducación de los 
disidentes mediante el trabajo forzado). 
Creo que quitar la idea comunista de ese double bind es 
un objetivo esencial si se quiere pensar algo nuevo para esa 
palabra. En efecto, no vale la pena revivir la idea comunista 
con la excusa de que si bien es cierto que el comunismo dejó 
muchos muertos y cosas horribles, después de todo, el capi-
talismo y las supuestas democracias también tienen mucha 
sangre en sus manos. Es el mismo tipo de razonamiento que 
compara el número de víctimas palestinas de la ocupación 
israelí con el de las víctimas judías del genocidio nazi, el 
número de víctimas judías del nazismo con los millones de 
africanos sometidos a la deportación y la esclavitud, las víc-
timas de la colonización republicana francesa y los indios 
masacrados por la democracia estadounidense. Esta manera 
de comparar y jerarquizar los males siempre termina cayendo 
en su opuesto, la borradura de cualquier diferencia en nom-
bre de la equivalencia de la explotación con la explotación, 
que es la última palabra del determinado nihilismo marxista. 
No vale la pena dedicar mucho tiempo a este argumento. 
Tampoco vale la pena revivir los debates sobre la correcta 
MOMENTOS POLITICOS I 141 
organización y los recursos de la "toma del poder". La his-
toria de los partidos y Estados comunistas puede enseñar-
nos cómo construir sólidas organizaciones para tomar y con-
servar el poder estatal. Es mucho menos apta para decimos 
a qué puede parecerse el comunismo como poder de todos. 
Concuerdo con Alain BadillLl ell pensar que la historia del 
comunismo así como la historia de la emancipación es ante 
todo la de momentos comunistas, que por lo general fue-
ron momentos de desaparición de las instituciones estatales 
y de debilitamiento de la influencia de los partidos institu-
cionales. La