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ManualdeNeuropsicologiaPediatricaRuizSanchezdeLeon2016

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permanentes en la actividad neuronal, lo que indica que podrían producirse modificaciones 
eléctricas (cambios postsinápticos excitatorios), químicas (cambios en la cantidad de 
neurotransmisor liberado) y estructurales en las neuronas (cambios en el número de receptores 
postsinápticos y/o aumento de conexiones)15. Dicho supuesto conecta con el modelo de Hebb 
(1949)11, que pone de manifiesto que el aprendizaje tanto en niños como en adultos es posible 
a la activación repetitiva de circuitos neuronales, llamados circuitos reverberantes. En este 
sentido, el aumento en la capacidad de memoria a medida que avanzamos en edad, está 
probablemente más relacionado con el cambio de estrategias y la metamemoria, que con el 
incremento del volumen de la memoria (Spreen y cols., 1995)16. De forma más clara, 
podríamos decir pues, que el desarrollo cerebral no implica un incremento en la capacidad de 
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almacenamiento de cada neurona, si no que posiblemente se da un aumento de la cantidad de 
neuronas que participan en el proceso de memorización. 
Dada la complejidad de la memoria, se han establecido diferentes clasificaciones 
(memoria a corto plazo vs memoria a largo plazo, memoria implícita vs memoria explícita, 
memoria episódica vs memoria semántica, etc.), y aunque en general ocurra lo descrito 
anteriormente, existe una etapa de maduración diferente para cada tipo.Así por ejemplo, la 
fase de reconocimiento se adquiere muy temprano: a los 3 meses de vida ya aparece una 
preferencia de determinados estímulos. Entre los 6 y 12 meses, aparece la permanencia al 
objeto y a los 4 años el nivel de reconocimiento es similar al nivel que presenta un adulto. 
Con respecto a la memoria inmediata, ésta aumenta progresivamente a lo largo del ciclo vital, 
siendo el span a los 5 años de 3-4 unidades, a los 9 años de 5-6 y en la adolescencia de 7.15 
Por otro lado, el desarrollo diferencial se ve influido por la participación de otras 
estructuras cerebrales implicadas en la memoria, por lo que ésta se desarrollará en función de 
dichas estructuras. Por ejemplo, la fase de evocación, al igual que la repetición, se apoyan de 
estructuras frontales, mientras que el reconocimiento se apoya de estructuras 
temporomediales, produciéndose un desarrollo gradual. Más estructuras implicadas: 
- Ganglios basales: implicados en la regulación de la memoria procedimental. 
Tienen una maduración muy temprana, ya que desde el inicio de la infancia el 
niño aprende a gatear, caminar, hablar, etc. 
- Tronco cerebral y cerebelo: relacionados con respuestas condicionadas. La 
maduración también se realiza en etapas tempranas del desarrollo. 
- Lóbulo temporal: como mencionamos anteriormente, las estructuras frontales 
están relacionadas con la fase de evocación y repetición. Esto es posible a la 
labor del hipocampo, encargado de la memoria declarativa. Se desarrolla muy 
pronto, pero a los 7-10 meses de vida se produce una potenciación que alcanza 
el nivel casi de un adulto. 
- Lóbulo frontal: como sabemos, las estructuras frontales están implicadas en la 
recuperación de la información. En este punto, la memoria, con ayuda de las 
funciones ejecutivas, está relacionada con la organización de la información y 
la aplicación de estrategias para recuperar dicha información. Estos procesos 
están unidos, por lo que la recuperación de la memoria seguirá en continua 
madurez hasta la etapa adulta, momento en que se alcanza la total maduración 
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del lóbulo frontal (es la última parte del cerebro que termina en madurar). No 
obstante, aproximadamente a los 8 años se observa un salto evolutivo, 
produciéndose una considerable mejoría. 17 
Funciones ejecutivas 
 Según Lezak (1995)18, las funciones ejecutivas son las capacidades mentales 
necesarias para la formación de objetivos y la planificación de estrategias para alcanzar 
dichos objetivos, optimizando en la medida de lo posible, el rendimiento. Pueden ser 
articuladas en tres componentes: (1): establecimiento de metas; componente que incluye la 
iniciativa, planificación, solución de problemas y estrategias conductuales, (2) flexibilidad 
cognitiva, entendida como la capacidad de cambiar el comportamiento cuando éste es 
ineficaz, componente que incluye memoria de trabajo, atención dirigida, monitorización y 
transferencia conceptual, y (3) control atencional, componente que incluye a la atención 
sostenida y selectiva. 
Las funciones ejecutivas residen eminentemente en el lóbulo frontal, aunque de forma 
específica, parece que la corteza prefrontal desempeña un papel fundamental. En ella, 
podemos distinguir varias regiones: la corteza dorsolateral, encargada de mediar entre la 
información que recibimos de nuestros sentidos, emociones y cogniciones, permitiendo que 
nos organicemos, generemos planes y los ejecutemos, y la corteza orbitofrontal, que nos 
permite la regulación de la conducta, guiando nuestra toma de decisiones e inhibiendo 
comportamientos para lograr nuestros objetivos y así adaptarnos a nuestro entorno17. 
En las primeras etapas de la niñez, nuestro comportamiento está sujeto a las respuestas 
que se dan por la interacción con estímulos ambientales accidentales, reaccionando 
simplemente a ellos. Más tarde, el niño ya produce respuestas que sugieren que algunas 
capacidades cognitivas que comprometen a las funciones ejecutivas comienzan su desarrollo. 
Pues bien, dicho cambio comportamental parece estar íntimamente relacionado con los 
procesos madurativos que tienen lugar en la corteza prefrontal, siendo los cinco primeros años 
de vida cruciales para el desarrollo de las funciones ejecutivas.19 
Específicamente, a los 4 meses de vida, el niño tiene conocimiento de la permanencia 
del objeto (Bai-Ilargeon et al, 1985)20. No obstante, a los 8-9 meses ya es capaz de usar este 
conocimiento para dirigir su conducta a una meta (Spreen et al, 1995)16. Aproximadamente a 
los 2 años, la memoria operativa alcanza su máximo desarrollo, momento en que el niño 
adquiere la mayor capacidad inhibitoria de los estímulos del ambiente. Asimismo, esta 
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capacidad va progresando hasta alcanzar su pico máximo de desarrollo a los 12 años, tiempo 
en el que se produce una aparición gradual de conexiones neuronales en los lóbulos frontales 
(Nagy et al, 200421). 
Al mismo tiempo, el niño poco a poco va adquiriendo otras funciones ejecutivas. De 
esta manera, aproximadamente a los 4 años va desarrollando la capacidad para la resolución 
de problemas más complejos y el niño utiliza las estrategias metacognitivas que va 
aprendiendo, como tratar de mejorar la ejecución de una tarea en particular o darse cuenta de 
su capacidad para realizar dicha tarea. La metacognición alcanza su máximo desarrollo entre 
los 6 y 8 años de edad. 20 
Resumiendo, al contrario que la corteza sensorial, que termina de madurar en las 
etapas finales de la infancia, la maduración de la corteza prefrontal no finaliza hasta la etapa 
adulta. A continuación se presenta un cuadro resumen del desarrollo ontogénetico de algunos 
componentes ejecutivos (ver Tabla 2-1):15 
 
Capítulo 2. Desarrollo cognitivo y del sistema nervioso central 
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COMPONENTE CONCEPTO EDAD 
Control atencional Capacidad de dirigir la atención de 
forma propositiva a los estímulos 
relevantes, inhibiendo los irrelevantes. 
- 9 meses: respuestas automáticas 
ante estímulos ambientales. 
- 1 año: comienza la inhibición de 
estímulos irrelevantes. 
- 3 años: comienzo de la capacidad 
para inhibir estímulos,