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ManualdeNeuropsicologiaPediatricaRuizSanchezdeLeon2016

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principales, se pueden establecer, a su vez, tres subtipos: TDAH con 
presentación combinada, TDAH con presentación predominante con falta de 
atención y TDAH con presentación predominante hiperactiva/impulsiva. Se 
cual sea el subtipo que presente el individuo, es un trastorno clínicamente 
significativo, ya que afecta a todas las esferas de la vida del niño: en su 
aprendizaje, en las relaciones familiares y en las relaciones con sus iguales33. 
Por lo general, debuta aproximadamente a los 7 años, aunque hay casos 
diagnosticados en la vida adulta. El principal tratamiento es el farmacológico 
(metilfenidato). No obstante, lo óptimo sería acompañarlo de tratamiento 
psicológico mediante terapia cognitivo-conductual. 
Además de los trastornos del desarrollo que pueden darse años después de haberse 
producido el nacimiento del niño, existen determinadas circunstancias que le pueden 
ocasionar un daño cerebral adquirido. En este sentido, cabe mencionar a los traumatismos 
craneoencefálicos (TCE) y a los tumores infantiles25: 
- Traumatismos craneoencefálicos (TCE). Lesión cerebral originada por caídas, 
golpes, accidentes de tráfico, etc., en la que se produce una diversidad de 
déficits neuropsicológicos que dependen de la localización de la lesión, aunque 
lo más frecuente es que se de un daño axonal difuso. En este punto entra el 
juego la plasticidad del cerebro, muy desarrollada en los niños. Por el 
contrario, la vulnerabilidad hace que en muchos casos la recuperación sea más 
lenta y/o menor. Para determinar la gravedad de la lesión en fases iniciales, se 
utiliza la Escala de coma de Glasgow, útil para establecer un seguimiento 
objetivo y determinar la magnitud del daño en función a tres parámetros: la 
respuesta ocular, verbal y motriz. Atendiendo los resultados de la escala y a 
otros indicadores adicionales, podemos establecer 4 tipos de TCE: 
1. TCE leve (13-15 puntos en la Escala de coma de Glasgow): nivel de 
conciencia normal y sin alteraciones objetivadas en TAC o RM. 
2. TCE leve-complejo (13-15 puntos en la Escala de coma de Glasgow): sin 
alteración de la conciencia pero con evidencias de lesión cerebral en TAC o 
RM. 
3. TCE moderado (9-12 puntos en la Escala de coma de Glasgow): alteración 
de la conciencia y evidencia de lesión cerebral en TAC o RM. 
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4. TCE grave (3-8 puntos en la Escala de coma de Glasgow): pérdida de total 
de la conciencia y evidencia de lesión cerebral en TAC o RM. 
- Tumores infantiles. Masa o bulto de células que tienen un crecimiento anormal, 
conformando alteración en los tejidos. En referencia a los tumores cerebrales, 
la Organización Mundial de la Salud (OMS)34 ha propuesto cuatro grados en 
función de su gravedad: grado I, correspondiente a los tumores benignos, de 
crecimiento lento y circunscritos a una localización; grado II, también 
benignos y de crecimiento lento, pero con límites imprecisos; grado III, 
tumores de crecimiento rápido, con mayor densidad celular y menor 
diferenciación, y grado IV, correspondiente con tumores de mayor malignidad 
y crecimiento más acelerado. 
En el caso de los niños, los tumores cerebrales son más difíciles de 
extirpar que en un adulto, ya que normalmente aparecen en áreas profundas del 
encéfalo, próximas a los ventrículos y a zonas vitales. Los más frecuentes en la 
infancia son los tumores en el cerebelo, tanto los astrocitomas como los 
meduloblastomas. 
Las repercusiones neurológicas y neuropsicológicas dependerán del tipo 
de tumor y de su localización, existiendo una diversidad de déficits25. 
CONCLUSIONES 
A lo largo de este capítulo se han expuesto los aspectos generales de lo que sucede en 
un embarazo normal para así poder tener una mejor visión de cómo se produce la 
morfogénesis del sistema nervioso. Después, se ha puesto de manifiesto el desarrollo 
neuropsicológico del cerebro, finalizando con la exposición de los principales trastornos del 
neurodesarrollo. Con ello, se ha intentado responder a las preguntas planteadas al principio 
del capítulo. A colación de lo último, la cuestión que nos faltaría responder ahora sería si es 
posible cambiar o reducir al mínimo esos fallos en el diseño y configuración cerebral. 
Tal y como hemos visto, la morfogénesis del sistema nervioso es una de las obras 
maestras de la naturaleza. Requiere la conjunción de múltiples procesos, cada uno de ellos 
con una labor distinta, que tienen como resultado un órgano que hace posible una vida. Es 
curioso cómo la unión de dos células (óvulo y espermatozoide) puede desencadenar todo: 
parece bastante sencillo pero cada paso está afinadamente programado. No obstante, la 
Capítulo 2. Desarrollo cognitivo y del sistema nervioso central 
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naturaleza no es perfecta y comete fallos que a veces llevan a la muerte y otras veces, generan 
una vida con bastantes dificultades. 
En ambos casos, ¿qué podemos hacer?. Si sabemos que la etiología de cualquier 
trastorno del neurodesarrollo proviene de factores genéticos y ambientales, podríamos 
comenzar cambiando los hábitos de vida. Un estilo de vida saludable, haciendo una dieta 
equilibrada, deporte, manteniendo activo nuestro cerebro, etc., puede conducir 
progresivamente al cambio en nuestra configuración genética. Por otro lado, si se produce un 
trastorno del neurodesarrollo que no compromete la vida del individuo pero sí la dificulta, la 
atención temprana es fundamental. En este punto entra en juego el papel del 
neuropsicólogo/a, que debe realizar un trabajo multidisciplinar con otros profesionales 
(médicos, logopedas, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, etc.) para rehabilitar las 
funciones del individuo y así validar la plasticidad del cerebro, además de intentar mejorar la 
calidad de vida de la persona y sus familiares. Asimismo, hay que aprovechar el auge actual 
de las neurociencias para seguir investigando. 
 
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