MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
307 pág.

MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


DisciplinaPsicologia58.265 materiais427.354 seguidores
Pré-visualização50 páginas
sobre
aquel al que viene a sustituir. En tales condiciones, la degradación de
una conducta -desde el punto de vista neuropsíquico- se caracteriza
por dos tipos de síntomas: a) de déficit (estos son «silenciosos» y con-
sisten en la desaparición de las reacciones que normalmente se obser-
van ante la situación); b) de sustitución (estos son «productivos» y
aparentes, consistiendo en multiformes reacciones que habían sido
inhibidas en el curso evolutivo y ahora se reactivan para llenar el
vacío creado por la ausencia de la respuesta habitual). 
De esta suerte, más que aplicar el esfuerzo psicoterápico a la 
dominación de los rasgos anormales de conducta hay que dirigirlo 
a conseguir el restablecimiento de las reacciones normales: obte-
ner que el enfermo siga cuidando de su aseo personal, interesán-
dose por cuanto pasa en el Mundo, cumpliendo aún cuando sea en
pequeña escala con un mínimo programa de trabajo y distraccio-
nes, cualesquiera que sean sus quejas, sufrimientos y anomalías, es 
la primera de las finalidades que debe perseguir el psicoterapeuta. 
Con ella se asegura, si la obtiene, la limitación de los trastornos y 
la defensa de la integración personal desde el plano paratípico. Ac- 
to seguido deberá procurar actuar sobre las condiciones del llama-
do «medio interior» o citotipo, asegurando al sujeto, en primer
término, el mejor aporte energético (alimenticio, térmico, oxitócico,
etc.) compatible con su estado, el mejor reposo (anabólico) y la
mejor eliminación de noxas (terapia desintoxicante, de limpieza de
focos sépticos y de «espinas irritativas») con el fin de que la base
cenestésica de su conciencia personal se normalice y se haga por
tanto sana su autoscopia (es decir, que el sujeto «se encuentre
bien» aun cuando persistan en parte sus anomalías). Finalmente,
queda el ataque de la base genotípica, el cual solamente podrá lle-
varse a efecto de un modo indirecto, esto es, sustrayendo del am-
biente vital que rodea al individuo aquellos factores capaces de
excitar o desencadenar sus taras. 
En tanto el origen del trastorno sea, pues, paratípico (hombre 
normal que vive una situación anormal) cabe pensar en conseguir 
la adaptación del individuo a sus nuevas condiciones de vida me- 
diante un reajuste de sus posibilidades reaccionales adquiridas. 
 
 
5 2 EMILIO MIRA LÓPEZ
Cuando el trastorno sea netamente genotípico (constitución psicopá- 
tica por intensa tara hereditaria) habrá que pensar en que el hombre
anormal necesita un medio también anormal para vivir normalmente
dentro de su anormalidad y no deberemos obstinarnos en querer
conseguir de él una adaptación al medio normal, pues ésta, por defi-
nición sería paradójicamente patológica. En tal caso el sujeto «sólo
uede vivir a su manera» y el esfuerzo psicoterápico habrá de consistir en
prepararle un medio que se adecúe a ella. Exactamente como el de una
cocinera, ante un manjar fuerte, consiste en prepararle una salsa
adecuada para su mejor ingestión y digestión. 
Entre ambos extremos se hallan los casos de trastorno de base 
citoplasmática, en los que la acción psicoterápica o -mejor- antro- 
poterápica pivotará alrededor de una acción somatoterápica com- 
pletada con intervención sobre el sujeto (psicagogía) y sobre su 
medio vital, con el fin de evitar ulterior recaída (tal ocurre, por 
ejemplo, en no pocas psicosis tóxicas o sintomáticas). 
LA APRECIACIÓN DEL PRONÓSTICO ANTE EL SUJETO ENFERMO 
La formulación de un acertado pronóstico es sin duda el acto 
de mayor dificultad que tiene la práctica de la Medicina. Solamen- 
te la actual orientación integral, psicosomática, de esta Ciencia
permite enfrontarlo con probabilidades de éxito, pues se ha llega-
do al conocimiento de los complejos factores que individualizan el
curso de cada antroposis, es decir, de cada «modo de existir mor-
boso de un hombre dado». Es un error, en efecto, que precisa co-
rregir el de creer que los trastornos más intensos del equilibrio
psíquico (las llamadas psicosis) son de peor pronóstico que las al-
teraciones aparentemente superficiales y extensas (psicopatías o
psiconeurosis). ¡Cuántas veces la práctica nos demuestra que un
sujeto afecto de un síndrome confusional, amencial o esquizofré-
nico se restablece totalmente al cabo de unos meses en tanto otro
con una discreta alteración compulsiva (obsesivoanancástica) de
su personalidad malvive desadaptado durante años a pesar de to-
do nuestro esfuerzo! Evidentemente, el síndrome observado, es de-
cir, «la fachada sintomática» tiene menos importancia que otros
factores en la determinación del pronóstico psicoterápico. ¿Cuáles
son éstos? 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 5 3 
En primer lugar «el grado de equilibrio interno», es decir, de 
coherencia o integración, de su individualidad, anterior al trastor- 
no observado y persistente o perviviente a él. 
En segundo, la «constelación de causas patógenas» que pueda
seguir actuando sobre su proceso y lo complique o transforme en
algo peor. 
En tercer término, la extensión y el grado de los recursos que 
el sujeto posee en el ámbito de su individualidad aun no afectado
por el trastorno y con los cuales, debidamente manejados, hay que
intentar en primer término la localización o enquistamiento de és- 
te y en segundo lugar su reducción. No es indiferente, en este sen-
tido, ia inteligencia, la cullma, la posición ccGnórnicosocial, !a
familia, etc., que tenga el enfermo sino todo lo contrario: de tales fac-
tores depende en gran parte el éxito de la lucha contra el trastorno
psíquico, cualesquiera que éste sea, a excepción de los casos en que
nos hallamos ante un insulto orgánico de tal violencia que excluye
toda posibilidad de intervención psicoterápica (trauma encefálico
irreparable, neoplasia inoperable, demencia terminal, etc.). 
Y, last but not least, hay que mencionar «la personalidad y el
interés del psicoterapeuta por el caso». Una gran parte de enfer-
mos deja de curarse en el campo psicoterápico porque le falta al
psicoterapeuta la dedicación de tiempo y esfuerzo necesario para
lograr el éxito. La complejidad de su actuación es tal y las dificul-
tades a vencer son tantas que para realizar una obra psicoterápica
efectiva se requiere el contacto casi constante con el enfermo y la
posesión de un personal subalterno bien adiestrado, que comple-
mente la acción facultativa, ya sea en la clínica, sanatorio o despa-
cho, ya sea en la casa o lugar en donde viva el enfermo. Sin duda el
mayor éxito de los psicoanalistas deriva precisamente del escaso nú-
mero de enfermos que tratan, en comparación con los que atiende
un psicoterapeuta no ortodoxo. Gracias al artificio de la técnica ex-
ploradora del psicoanálisis consiguen aquellos mantener durante
años una hora diaria de contacto interpersonal con sus enfermos, 
y este es el mayor beneficio que les hacen. 
Para obviar el inconveniente de la falta de tiempo (en parte de- 
rivada de la falta de aporte económico que impide la posibilidad 
de centuplicar los especialistas) la psicoterapia actual se orienta 
hacia una actuación colectiva o en grupos homónimos, cuya técni- 
ca y posibilidades serán tratadas más adelante en esta obra.
 
 
54 EMILIO MIRA LÓPEZ
BIBLIOGRAFÍA
LEWIN. K.: A Dynamic theory o\u2022/"Personality. New York. 1938.
STERN, W.: Allgemeine Psychologie