MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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sin haber
agotado antes los recursos de exploración» y que «es preferible sufrir
unos días más con tal de que después la eficacia de un tratamiento
racional del caso permita su yugulación total y definitiva», en vez de
refugiarse en un simple y pasajero alivio (obtenido a base de recursos
que enmascaran la fisonomía del proceso o la reacción a tratar). 
Groseramente puede decirse que toda actuación psicoterápica
comprende tres fases: en la Ia el enfermo, de un modo más o me-
nos subconsciente, opone su resistencia personal a dejarse pene-
trar por la influencia del médico; en la 2a se consigue que colabore
con éste en la lucha contra los síntomas; en la 3a se obtiene que lu-
che, ya, contra las causas o motivos de los mismos y proceda a 
«corregir el perfil de su Destino», centrándose mejor íntima y ex-
ternamente. Para superar la Ia fase convendrá «hablar poco y es-
cuchar mucho», «preguntar más que responder», «explorar más
que interpretar», no lanzarse a la coacción sino a la sugestión lar-
vada o indirecta, en tanto se prosigue el análisis del caso. En la 2a
pueden ya ponerse en juego sin mayor dificultad las técnicas su-
gestivas o las persuasivas estimulantes, según los casos. En la 3a se
requiere recurrir a las técnicas psicagógicas.
BIBLIOGRAFÍA
 
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SCHILDER.: Psychotherapy. Norton. New York. 1938, 
G. MEYF.R.: Psicoterapia del médico práctico. Gil. ed. Buenos Aires. 1940. 
 
 
CAPITULO V
Psicoterapia sugestiva. Qué ha de entenderse por sugestión. Diversos ti- 
pos de curación sugestiva. Estudio especial de los métodos de suges- 
tión vigil. 
A pesar de lo muchísimo que se ha escrito acerca de la suges- 
tión», y quizás por ello mismo, resulta todavía confuso su concep- 
to, no sólo para el profano, que ve en ese proceso un algo 
misterioso y ultrahumano, sino para el médico no avezado al estu- 
dio de la Psicología moderna. 
Como no es posible realizar con eficacia la Psicoterapia suges- 
tiva sin tener una idea clara acerca de en qué consiste la sugestión 
y, de otra parte, la mayor parte de las obras dedicadas a esta mate-
ria pasan con excesiva ligereza sobre este punto, arguyendo que
no merece mayor atención por haber sido superada y desplazada 
la técnica sugestiva por otras más seguras, habremos de tratar de 
llenar esta falla dedicándole un a atención especial: 
QUÉ HA DE ENTENDERSE POR «SUGESTIÓN»
En primer término, con esta palabra en lenguaje corriente se 
confunden 3 contenidos tácticos bien distintos: a) el acto de suges- 
tionar (o «hacer» una sugestión); b) el proceso en virtud del cual 
dicho acto se realiza o tiene lugar en el sujeto recipiente; c) el efec-
to del mismo. Con el fin de evitar tal barullo, al primero, es decir, 
al acto de sugestionar o «acción sugestionante» lo denominaremos
influjo sugestivo o sugerencia; al proceso en virtud del cual ésta actúa 
y se realiza lo llamaremos «proceso de sugestión» y a su resultado, 
cuando es positivo, «efecto sugestivo» o sugestión propiamente di-
cha. A la propiedad que algunas personas tienen de sugestionar Eá- 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 7 9 
cilmente a las demás la designaremos como «sugestividad» y a 
ellas las llamaremos «sugestivas»; a la recíproca propiedad que 
otras personas tienen para dejarse influir por los estímulos o influ- 
jos sugestivos (sugerencias) la calificaremos de «sugestibilidad» y a 
tales sujetos les consideraremos «sugestionables», antes de operar 
en ellos el proceso de sugestión y de «sugestionados», después de
haberlo hecho. 
Previas estas aclaraciones podemos ya emprender la tarea de
analizar en qué consisten esos tres hechos, comúnmente engloba-
dos bajo el calificativo de Sugestión. El primero de ellos queda de-
finido por un «propósito»: el de hacer aceptar un cierto contenido
intencional del sugestionador al sugestionable y conseguir que és- 
te Jo realice (en sí mismo o en el ambiente exterior) convirtiéndose
así en sugestionado, incapaz de modificarlo o resistirse a él. Ex-
presado en otros términos, el acto o acción sugestionante intenta
obtener que una idea cualquiera se instale en el sujeto sugestiona-
ble y pase directamente a la categoría de creencia y de conación deci-
dida sin tener que sufrir el control de su conciencia personal o
desbordándolo con tal fuerza que lo haga inefectivo. La mente del
sujeto sugestionado se comporta entonces como una blanda cera
en la que se inscribe y fija cuanto desea el sugestionador que pasa
así a obtener de aquél una «absoluta sumisión» y una «obediencia
ciega» a sus propósitos (sugerencias) en la medida en que excluye 
la acción de su crítica y autodeterminación. 
Ahora bien, la práctica observación diaria nos ofrece múltiples
ejemplos demostrativos de que una situación completamente aná-
loga a la descrita, pero divergente de ella por la ausencia del «su-
gestionador», ocurre siempre que una idea cualquiera es de algún
modo asociada a la satisfacción de una tendencia primaria de re-
acción, por ella reactivada y mediante ella descargada. Tal ocurre,
por ejemplo, cuando cualquier contenido verbal o fáctico (nombre 
o movimiento) adquiere un carácter simbólico y se hace equivalen- 
te del estímulo absoluto de una emoción determinada. Entonces 
vemos que aquel material -neutro e inanimado- actúa en aparien- 
cia como si poseyese una fuerza mágica especial, ya que por su 
mera presencia determina en el sujeto reacciones de extraordina- 
ria intensidad y persistencia, acordes con su significación inten- 
cional simbólica. Así, determinados «amuletos», que en sí son 
simple tela, cartón, madera o piedra, ejercen por su mera presen- 
cia, una modificación profunda en el estado anímico y en la con- 
 
 
8 0 EMILIO MIRA LÓPEZ
ducta de grandes masas de sujetos, capaces de sentirse morir o re- 
vivir ante ellos. Esto nos introduce una duda acerca del valor de 
acción (virkungseffekt, de los alemanes) del «influjo sugestivo» y 
nos hace sospechar, ya, que en el proceso de la sugestión el suges-
tionador o «lo sugestivo de lo sugestionante» tiene mucha menos 
importancia que el sugestionado o «lo sugestible», de éste, ya que 
«lo sugestionante» puede ser cualquier objeto neutro, insignifican- 
te o incluso irreal, a condición de que por asociación evoque un es- 
tímulo capaz de sumergir al sujeto en un estado emocional que le 
prive de su control crítico y lo coloque en condiciones de pasividad 
automática, es decir, de obediencia absoluta ante las directrices de 
acción que en potencia representa. 
E n cuanto al proceso en virtud del cual esto se realiza, es decir,
en cuanto al cambio funcional que provoca el paso de un estado
psíquico normal a otro de credulidad absoluta, de sumisión incon-
dicional y de pérdida de la libre y consciente espontaneidad en la
conducta, nada tiene en realidad de misterioso. Si antes se atri-
buía a una hipotética «sustitución del Yo sugestionado por el Yo
del sugestionador» o a una «captación de su voluntad» (Grasset) o,
incluso, a la acción de una supuesta «fuerza magnética» (Mesmer)
ahora se considera debido a un proceso