MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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de inhibición secundario a
una reactivación de centros jerárquicamente inferiores pero cronoló-
gicamente más antiguos del encéfalo. Tales centros obedecen a la
Ley del Todo o Nada, no poseen, por su simplicidad estructural,
posibilidad selectiva, no permiten un conflicto entre diversas posi-
bilidades reaccionales (que se acusa ante la conciencia en forma
de «juicio deliberante», de proceso ponderativo de los «pros» y los 
«contras», que termina escogiendo la respuesta implícita en la ten-
dencia reaccional prepotente). Por el contrario, o no responden
ante el estímulo o lo hacen en forma unívoca y absoluta. Pudiera
decirse que lo que caracteriza desde este punto de vista el proceso
de la sugestión es la exclusión (Auschaltung, de los alemanes) de
extensos campos funcionales de la corteza cerebral, engendrándo-
se así una especie de cortocircuito que abrevia -e n el tiempo y en 
el espacio- el trayecto interneuronal que separa ordinariamente el 
estímulo y la respuesta: propiamente puede, pues, afirmarse, que
el proceso de la sugestión sustituye la actividad total y global del
encéfalo por una parte, automática, que representa «un nivel de
inferior y más primitiva organización en la evolución psíquica».
De acuerdo con esto, todo cuanto tienda a fatigar, debilitar o inhi- 
 
 
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bir la actividad de los centros superiores de la corteza cerebral (ham- 
bre, cansancio, sueño) aumentará la «sugestibilidad» lo mismo 
que todo cuanto tienda a reactivar o aumentar la acción de los 
centros subcorticales y mesencefálicos, constituyentes de la deno- 
minada «persona profunda» u Hombre-Masa (es decir, conjunto de 
dispositivos reaccionales fijados por la herencia o por un antiguo 
proceso de habituación). Siendo las denominadas emociones pri- 
marias (Miedo-Rabia o Cólera-Afecto o Amor) con sus correspon- 
dientes dispositivos reaccionales la base de nuestra Persona, se 
comprende que todo cuanto tienda a ponerlas en marcha tenderá, 
por ello mismo, a transformar al sujeto en un ser «sugestible». Si 
entonces se consigue, mediante un artifirín técnico, aunar cual 
quier contenido intelectual (afirmación, negación o duda), o cual- 
quier actitud (o posición afectivopráxica) con la satisfacción de la 
tendencia implícita en dichas emociones, observaremos cómo el 
sujeto es sugestionado por aquel o ésta, los admite y asimila como 
si fuesen propiamente brotados de su intimidad y se comporta 
cual un sumiso siervo ante ellos o ante quien los vehicula. Es así 
cómo una vez conseguida la identificación de la persona «suges- 
tionante» con las imágenes representativas y efectivas de la satis- 
facción de los impulsos primarios de reacción, aquella se muestra 
omnipotente y omniscente ante la persona «sugestionada», pero - 
y esto es lo importante- sólo lo es en la medida en que sirve para sa- 
tisfacer tendencias pre-existentes en ella. Si no fuese por el refuerzo 
o resonancia que en la individualidad sugestionada hallan las su- 
gerencias provenientes del exterior éstas serían inefectivas. Todo, 
pues, cuanto realiza un sujeto sugestionado es mentado y propi- 
ciado por una parte (cuando no por la Totalidad) de su Ser. La 
aparente contradicción que puede existir entre las creencias y pro- 
pósitos conscientemente manifestados por el sugestionado y su 
conducta durante el estado de sugestión encuentra su causa en la 
oposición que a menudo existe entre las actitudes consciente e in- 
consciente de reacción; si ésta no tiene lugar, es decir, si nos halla- 
mos frente a una Persona que está totalmente de acuerdo con sí 
misma no podremos esperar de la sugestión más de lo que poda- 
mos obtener con la persuasión corriente. 
 
Esto explica el por qué las personas con una insuficiente sínte- 
sis de su individualidad, aquellas en las que coexisten tendencias 
contrapuestas y casi equipotentes, las que no llegan a establecer 
una conducta armónica v firme, de acuerdo con su modo de Ser 
 
 
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(es decir, las que tienen una exagerada distancia intrapsíquica en-
tre los 'polos o núcleos energéticos integrantes de su estructura 
afectivo-caracterológica) son las que con mayor facilidad pueden al- 
terar sus actitudes por la técnica sugestiva. En ellas hemos de in- 
cluir las denominadas personalidades histéricas, infantiles, 
inestables, débiles, hipertímicas o incontinentes emocionales que 
constituyen buena parte de las denominadas «personalidades psi- 
copáticas». 
Desgraciadamente la dicotomía y antinomia que en sus actitu-
des de reacción se observa hace que los «efectos» del proceso su-
gestivo, si bien rápidos o, incluso, intensos no acostumbran a ser
duraderos. Los psicólogos antiguos crearon el término de «contra-
sugestión» para designar la inversión de signo del proceso y tratar
de explicar su carácter efímero; lo justo es considerar que el agota-
miento de una sugerencia, es decir, la pérdida de su efecto, se basa
en los mismos hechos que la hicieron efectiva y por tanto hay que
admitir desde ahora que la Psicoterapia científica si bien puede te-
ner que recurrir en ocasiones a las técnicas sugestivas no debe
contentarse con ellas y ha de aspirar a un más sólido y perenne
fundamento. 
Respecto al tercero de los hechos que estamos analizando, o
sea la naturaleza y la modalidad de los efectos del proceso de la su-
gestión, hay algo importante que precisa añadir al ya citado carác-
ter de su temporalidad y es el dato de que tales efectos no pueden
desbordar el limitado marco productivo en que se desenvuelve la
mentalidad primitiva. Ésta es, sobre todo, de tipo fisiognómico, an-
tropomórfico, intuitivo-imaginativo, rica en vivencias difusas y
evanescentes, más sentidas que pensadas. Por ello será posible ob-
tener la «sugestión» de que desaparezca tal o cual «sentimiento o
síntoma de enfermedad», de que el sujeto «se sienta» alegre o de
que «confíe en su porvenir», pero no será factible realizar en él la 
«sugestión» que le permita ser un buen artista o un buen técnico 
si antes lo era malo, ni la que le capacite para dominar las dificul- 
tades de un aprendizaje superior a sus posibilidades intelectuales, 
ni la que le lleve a comportarse con serena eficiencia ante una 
nueva situación que por su complejidad requiera el uso de los más 
finos y sutiles dispositivos personales de reacción. En suma: las 
técnicas sugestivas son mucho más útiles para obrar sobre la de- 
nominada «Timopsique» que sobre la llamada «Noopsique», mas 
como la vivencia de enfermedad y la del bienestar o el malestar ge- 
 
 
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nerales dependen en mayor medida de aquella que de ésta, es de- 
cir, tienen un carácter preferentemente afectivo e irracional, apa- 
recen «a priori» y dadas «d'emblée» (como fondo sobre el que se 
destacan en el escenario consciente las notas aisladas de los conte- 
nidos noemáticos) se comprende que los efectos del proceso de su- 
gestión resulten de sumo interés para el médico, ya que éste no 
puede nunca olvidar que el paciente acude a él no tanto en deman- 
da de un diagnóstico exacto o de un pronóstico válido como de 
una actuación que le permita cuanto antes «sentirse bien». De aquí 
que la Psicoterapia científica, aun reconociendo