MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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a la propaganda que les acompaña y que 
se extiende desde el anuncio callejero al artículo científico, sin 
descuidar -punto importantísimo- el prospecto que los envuelve.
Podríamos casi decir que la siguiente ecuación es válida: Específi- 
co = fórmula magistral ordinaria + prospecto psicoterápico + ma- 
yor precio. 
La escasa acción que una mayoría de fórmulas médicas tienen 
«per se» en realidad pudo demostrarse hace unos años en España, 
con motivo de una graciosa interpelación que en el Parlamento se 
llevó a efecto acerca del ejercicio de las profesiones médica y far- 
macéutica: el interpelante llenó multitud de falsas recetas con ga- 
rabatos ininteligibles y con nombres de substancias inexistentes; 
las envió, previa testificación notarial, a diversas farmacias madri- 
leñas y de todas obtuvo sendas soluciones que, según los respecti-
vos técnicos que las compusieron, correspondían exactamente a lo 
prescrito y se hallaban en condiciones de ser administradas a los 
hipotéticos enfermos que las requerían. Ello no significa, claro es, 
que neguemos la existencia de una. terapia farmacológica efectiva ni 
olvidemos los efectos farmacodinámicos magníficos de unos cuan- 
tos principios o substancias medicamentosas; queremos señalar, 
solamente, que sobre este núcleo, preciso y por desgracia limitado, 
de acciones quimioterápicas reales se ha desarrollado una farma- 
copea que cuenta con decenas de miles de productos patentados y 
que no habría sido posible de mantener en el mercado si a la ac- 
ción de aquellos no hubiese venido a agregarseuna mayor y más efi- 
caz propaganda sugestiva indirecta (ya que es impersonal y se 
apoya, además, en datos ajenos a su verdadera esencia). De anti-
guo era conocida la acción sugestiva de las famosas pildoras de 
miga de pan y de las fórmulas de Aqua Destillata en las histéricas. 
Pero a la luz de las investigaciones modernas los terapeutas sonríen 
escépticos ante la acción cardiotónica del sulfato de esparteína o la 
supuesta acción «rejuvenecedora» de la primitiva opoterapia testicu- 
lar de Brown Sequard, o -po r no ir tan lejos- el efecto recalcifican- 
te de las soluciones de calcio sin vitamina D. Y sin embargo, todos 
esos recursos medicamentosos han sido efectivos en su tiempo, es 
decir, ¡mientras gozaban de crédito entre los médicos que los pres- 
cribían! 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 8 7 
Otra experiencia, constantemente repetida, nos señala que ca- 
da vez que se descubre una nueva cura de tal o cual enfermedad 
(tuberculosis, reumatismo, cáncer, etc.), su autor tiene con ella 
mejores efectos que quienes con ánimo crítico y sereno tratan de 
comprobar su real valor. Falta a estos la fe que el primero tiene en 
la eficacia de su invento; y es esa fe la que trasciende de su perso-
na y prende en el enfermo, obteniendo en él una sugestión vigil in- 
directa, capaz de mejorar y aun de hacer desaparecer sus síntomas 
morbosos. Ejemplos de este fugaz suceder de esperanzas y decep- 
ciones, de entusiasmos y escepticismos en el campo terapéutico (que
llevan al criterio de la existencia de «Modas Médicas») son tan vul- 
gares y evidentes que no hace falta mencionarlo*; en concreto. 
El tipo de los síntomas observados y su localización son datos
de importancia para la elección del medio que va a servir para ve-
hicular la sugestión indirecta. Así, por ejemplo, cuando se trate de
alteraciones del aparato locomotor, los recursos de tipo físico (me-
cánico, térmico, eléctrico o actínico) son, dejando aparte sus posibi-
lidades inmediatas de acción, los mejores para servir de sustentáculo 
a la acción sugerente o sugestiva. En cambio, ante los trastornos
correspondientes a regiones somáticas inertes e invisibles serán
preferibles los medios químicos, de los que ya nos hemos ocupado. 
Y ante molestias localizadas en el ámbito psíquico propiamente
dicho (pena, ansiedad, vivencia de incapacidad mental, abulia,
etc.), habrá que recurrir a los medios psicológicos, dándoles una
tonalidad pseudológica (sofística) suprahumana (místicofilosófica 
o religiosa) o metapsíquica, según los casos. 
Por ser estos medios los menos conocidos del médico general
vamos a detenernos ahora en la descripción un tanto detallada de
su empleo técnico con la finalidad que nos ocupa. Ello nos servirá,
también, para precisar las indicaciones y los límites de esta moda-
lidad psicoterápica. 
a) El llamado «método de autosugestión» de Coué-Baudoín. 
Esta técnica de sugestión vigil indirecta ofrece la ventaja de elimi-
nar, aparentemente, la personalidad del sugestor y confiar su tarea 
al propio sujeto que espera recibir los beneficios de la sugestión, 
con lo que se obtiene, en primer lugar, la posibilidad de usarla en 
cualquier momento y sitio y, en segundo término, la tranquilidad 
-para el sujeto- de que no se le va a sugerir nada que él no desee. 
El psicoterapeuta, a su vez, deriva el beneficio de que cualquier 
fracaso puede ser entonces directamente atribuido al enfermo o al 
 
 
EMILIO MIRA LÓPEZ
método pero no a él, ya que su papel consiste solamente en indicar 
la lectura atenta del libro o folleto en que se contiene el ritual de 
las fórmulas autosugestivas. 
Tratándose de personalidades esquizoides o paranoides, difícil-
mente susceptibles de desarrollar un transferí positivo hacia el
médico y poseedoras, en cambio, de una intensa tendencia nar-
cisista, esta técnica resulta sumamente útil; también puede ser- 
lo en algunos anancásticos, para dominar crisis de angustia o 
compulsión; en cambio fracasa en las personalidades histéricas 
y, en general, en todas las dotadas de un anhelo de «aprobación 
externa». 
Veamos concretamente en qué consiste. Coué afirma que la in-
mensa mayoría de los síntomas que hacen sufrir a los pacientes
que acuden al psicoterapeuta se deben al funcionamiento incon-
trolado de su «imaginación» (puesta al servicio de tendencias afec-
tivas insuficientemente satisfechas). En tales condiciones -afirma- 
el conflicto entre la razón y la imaginación se resuelve siempre en fa-
vor de la última. De aquí la ineficacia de la persuasión para com-
batir tales manifestaciones que son esencialmente irracionales.
Hay, pues, que hallar un medio de penetrar directamente en la zo-
na de influencia de la función imaginativa y Coué-Baudoin lo en-
cuentran en la combinación de estas tres condiciones: a) evitar el
uso de la razón; b) evitar el uso de la llamada «fuerza de volun-
tad»; c) utilizar el influjo beneficioso de una fórmula verbal (auto-
sugestión) repetida por el enfermo en condiciones de aislamiento 
y relajación prehípnica, con el fin de que -hallando la conciencia y 
la autocrítica disminuidas- llegue fácilmente a transformarse en 
«creencia» y actúe sobre los sectores subyacentes, en los que se 
engendra el malestar vivencial del Yo. Tal fórmula, considerada 
desde el punto de vista lógico, resultaría hilarante, pues se reduce 
a dar por hecha la realidad que se desea obtener, pero vista desde el 
punto de vista psicológico no hay duda que es efectiva en mayor 
medidas que otras. El sujeto, tendido en cama, dispuesto a conci- 
liar el sueño, empieza su musitación -cual si fuese un rezo- en 
forma monótona: «Cada día, desde todos los puntos de vista y en 
todos sentidos me siento mejor, me encuentro más fuerte y ca-