MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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a dominarlo, es decir, por los psiquiatras. Estos
preferían recurrir a la no menos taumatúrgica «electroterapia» su-
gestora. 
Ahora, pasado medio siglo, vuelve a hablarse de él e incluso a
ser practicado frecuentemente por especialistas de fama. Pero en
este paréntesis la Psicología ha avanzado lo suficiente, lo mismo
que la neurofisiología, para terminar de quitarle el velo que rodea-
ba a su técnica y la hacía insegura y angustiante para muchos. 
Si en el capítulo anterior hemos visto que la esencia del acto de 
la sugestión radicaba en la transferencia directa de una conación, 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 9 3 
excluyendo el proceso elaborador del juicio crítico individual; aho-
ra veremos que la esencia del fenómeno hipnótico consiste en la 
obtención de un estado subjetivo de tal pasividad que lleva a quien 
lo tiene a sumirse en una especie de sueño o letargo -el sueño hip- 
nótico- cuya única diferencia del sueño común -perfectamente ex-
plicada por Pavlow- consiste en que la inhibición cortical no es 
tan completa como en éste. En efecto, según el fisiólogo ruso, la 
característica del sueño hipnótico es la conservación de una activi- 
dad cortical restringida y monopolar, que reacciona tan sólo ante 
una determinada fuente de estímulos: la procedente del hipnotiza- 
dor, a través de su voz. Tal actividad selectiva y automática del en- 
céfalo se observa, por lo Hemás, en múltiples ocasiones de la vida 
diaria: la madre que duerme sin reaccionar a toda clase de ruidos 
pero se muestra sensible al más leve vagido de su hijito; el ciuda- 
dano de la ciudad multibombardeada, que reposa en el refugio pe- 
ro se alza como un sonámbulo ante el lejano zumbido de un 
motor, etc., son ejemplos de que es factible un sueño parcial selec- 
tivo, es decir, una inhibición ante una generalidad de estímulos y 
simultáneamente, una vigilancia, o inclusive, una hipersensibili- 
dad reactiva, ante otro u otros determinados. 
En la actualidad se concibe y admite que todo cuanto ocasione
una fatiga o debilitamiento de la actividad cerebral favorece la eli-
minación o exclusión funcional de extensos campos neuronales y
reduce al máximo de simplicidad la actividad general de la corte-
za, creando así circunstancias favorables, a la vez, para la acepta-
ción de «sugerencias» y para la aparición del sueño. Este sueño
inhibidor y reparador puede sobrevenir en ausencia de todo estí-
mulo humano, ante la monotonía de una tarea continuada (y es el
responsable de no pocos accidentes nocturnos en las carreteras) o
puede conseguirse acelerarlo e imponerlo mediante una técnica
sugestiva: la técnica de la hipnotización. Los psicólogos modernos,
influenciados por la interpretación freudiana, admiten que el éxito
de la hipnosis impuesta se basa en la preexistencia de una tenden-
cia, latente en multitud de sujetos, al renunciamiento, a la sumi-
sión y a la entrega de su Ser a quien pueda representar ante ellos 
el papel protector que primitivamente tenía su progenitor amado. 
Se trataría, a la vez, de renunciar al «libre albedrío» -para descar- 
garse del sentimiento de responsabilidad- y, de otra parte, de go- 
zar y renovar el placer de sentirse parte poseída y adscripta a un 
Todo admirado y deseado. 
 
 
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De acuerdo con esta concepción, precisaría adoptar una acti- 
tud de renuncia voluntaria, de donación del Ser, de pasividad ma- 
soquista, para dejarse invadir por ese nuevo goce de «sentirse 
vivido» o, por mejor decir, de «vivir sólo a través de alguien». No 
hay duda que tal pueda ser, en última instancia, el significado in- 
tencional de los estados hipnóticos conseguidos por el psicotera- 
peuta en multitud de personas histéricas o con signos de escasa 
solidez yoica, mas el hecho de la hipnosis desborda tal explicación 
en otros casos: hay, en primer lugar, una hipnosis espontánea -tan-
to en el hombre como en los animales- y hay, también, observaciones 
de hipnosis impuestas contra la voluntad del hipnotizado. Éstas, no 
obstante, no acostumbran a ser conseguidas exclusivamente por la 
vía psíquica, sino que se obtienen mediante la asociación de recursos 
mecánicos: un golpe seco en la región lateral del cuello, dado con el 
borde de la mano, de suerte que ocasione un reflejo vasoconstric-
tor (de punto de partida carotídeo) acostumbra a bastar a los yo- 
guis para hipnotizar a personas sorprendidas de improviso. 
Sin embargo, en la práctica psicoterápica hay que contar con
esta ley: cuanta mayor sea la agresividad y cuanto mayor sea el
sentimiento de seguridad y eficiencia personal de un paciente, tan- 
to más difícil será obtener de él un estado hipnótico, en el que sea
totalmente asequible a nuestras órdenes. Por ello habrá que tener
en cuenta la personalidad del enfermo antes de decidirse a em-
plear en él la hipnoterapia. Y si ésta se muestra indicada, conven-
drá obtenerla mediante la narcohipnosis, en vez de valerse del
influjo sugestivo directo, tal como pronto vamos a exponer. 
DIVERSAS MODALIDADES DE HIPNOSIS
Los primitivos hipnotizadores, influenciados por el mesmeris-
mo, conseguían sin excepción el estado hipnótico en sus pacientes 
mediante una ininterrumpida serie de pases a lo largo del cuerpo y 
extremidades, destinados a concentrar en ellos su «fluido magnéti- 
co». Braid fue el primero en darse cuenta de que podía obtenerse 
el mismo resultado sin necesidad de sobar, por simple acción ver- 
bal, si ésta iba asociada a la «fijación de la mirada». Más tarde se 
vio que ni esto era necesario y que podía sustituirse el par de ojos 
del hipnotizador por cualquier objeto puntiforme, especialmente 
si brillaba sobre un fondo obscuro y si aparecía y desaparecía con 
 
 
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ritmo monótono. A fines del pasado siglo las técnicas para obtener 
la hipnosis eran casi tan variadas como el número de quienes las 
practicaban. Cada hipnotizador tenía su «truco personal infalible» 
para asegurarse el éxito. 
En la actualidad precisa diferenciar cuando menos tres tipos 
de técnica hipnótica: la heterohípnótica (directa), la autohipnótica 
y la narcohipnótica. 
Heterohipnosis. El lector que de conocer con detalles los re- 
cursos más corrientes para obtener el sueño hipnótico mediante la 
acción personal, directa, del hipnotizador, puede consultar, de 
preferencia entre la abundante bibliografía aparecida en nuestro 
idioma, el libro de Thenon: «Psicoterapia Comparada y Psicogéne 
sis» (v. nota al final del capítulo). Aquí sólo señalaremos, siguien- 
do a Schilder, las normas generales que han de ser tenidas en 
cuenta en esta modalidad terápica: 
a) Conviene, antes de empezarla, asegurarse que la actitud del 
paciente no es de franca oposición a ella. 
b) Se dispondrá de tiempo suficiente para cada sesión; se pro-
curará que ésta se efectúe hacia el anochecer (para aprove-
char la fatiga vespertina, coadyuvante al sueño) en habitación
sin ruidos, con luz mortecina, hallándose el enfermo cómo-
damente tendido o semisentado, pero en estado de relaja-
ción muscular general. 
c) El médico se mostrará totalmente seguro de sí, no prome- 
terá de antemano nada al enfermo; le explicará que la hip- 
nosis no se acompaña de ninguna vivencia o sensación 
(subjetiva) especial. Procederá con pausa y paciencia, sin 
alterarse por las observaciones