MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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críticas o los chistes que a 
su costa haga o trate de hacer el paciente. 
d) Conviene que las fórmulas verbales empleadas para conse- 
guir Ja hipnotización sean poco variadas y repetidas monó- 
tonamente, sin que tengan carácter conminativo -excepto 
cuando se opera sobre sujetos que ya han sido hipnotiza- 
dos previamente. Con ellas no se sugerirá directamente el 
sueño sino un «reposo» y un «bienestar» equivalente (Esto 
tiene por finalidad evitar ulteriores discusiones respecto a 
si el paciente se ha dormido o no). 
 
Nuestra técnica habitual consiste en hacer que el paciente, ten- 
dido en un diván, se coloque «como si fuese a dormirse» y se dedi- 
 
 
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que a respirar amplia y profundamente, relajando su cuerpo y de- 
jándolo como «si fuese un polichinela». 
Entonces le invitamos a que fije su mirada en una bolita dora-
da, suspendida por un hilo y mantenida un poco por detrás y enci-
ma de sus ojos; esa bolita recibe los rayos de un foco luminoso
colocado más atrás de la cabeza del sujeto (hallándose el hipnoti-
zador sentado a su nivel). Se le advierte que al cabo de mirar un
rato a dicho objeto, fijamente, sentirá una leve fatiga, humedad
ocular y parpadep, debiendo entonces no resistir al deseo de «de-
jar caer los párpados» (¡no cerrarlos violentamente!). Si nueva-
mente vuelve a experimentar deseo de abrirlos puede hacerlo, a
condición de que fije enseguida su vista sobre la bolita. Al propio
tiempo procurará concentrarse en la percepción de la misma, de-
jando de pensar en toda otra idea. 
Cuando el médico se da cuenta de que los períodos en que el
enfermo ocluye sus ojos van siendo más largos que los que los
mantiene abiertos es cuando, suavemente, inicia su perorata para
evitar que sobrevenga el sueño natural y obtener el sueño hipnóti-
co propiamente dicho, que es, en realidad, un estado de somnam-
bulismo. Las frases empleadas han de ser musitadas, es decir,
dichas con voz suave y persuasivas: «Vd. se encuentra ahora com-
pletamente tranquilo... abandónese aún más a este reposo... reláje-
se por completo y sentirá el bienestar del sueño, aun cuando
seguirá oyendo mi voz, pero la oirá de un modo especial, como si 
se hallase Vd. en medio del espacio obscuro, y ella lo llenase sin
salir de ningún punto determinado». «En estas condiciones su ce-
rebro descansa, Vd. no siente tensión alguna y cualquier idea que
exprese esta voz va a poder prenderse en Vd. y realizarse, para su
bien, sin hallar resistencia alguna». «La misma tranquilidad y bie-
nestar que ahora tiene van a ser conseguidas de un modo más fácil 
y permanente en sesiones sucesivas». 
Las ventajas de este procedimiento son, ante todo, la de no
comprometer el prestigio de quien lo usa, si fracasa y, además, la
de no hacer recaer el éxito obtenido en un influjo personal del psi-
coterapeuta sino, más bien, en la docilidad y habilidad con que el
paciente sigue, punto por punto, sus instrucciones. Así realizada, 
la hipnosis deja de ser una fuente de dudas y temores para el binomio
personal que la usa; conserva todas sus posibilidades terapéuticas y,
puede afirmarse, que no tiene, prácticamente, contraindicaciones.
Nótese que en nuestra técnica evitamos tocar al paciente ni hacer- 
 
 
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le «pases» de ningún género, precisamente para no dar pábulo a la 
creencia de que precisa que «le transmitamos algo» o «le hagamos 
algo» para conseguir su hipnosis. 
Una vez seguros de que el paciente se halla en tal estado for-
mularemos las sugerencias oportunas, haciéndolo del modo más
conciso posible y procurando que no deje su textura verbal ningún
resquicio por el que pueda filtrarse la duda o el escepticismo del
sujeto (regla que igualmente ha de observarse en las sugestiones
hechas en período de vigilia). Acto seguido se procederá a reinte-
grarlo progresivamente a la vigilia, haciéndole fijarse en el resto
de los estímulos sensoriales que le rodean e invitándole a abrir los
ojos al contar un número determinado. Si no se consiguiese -des-
pertarlo» así, se procederá a realizar una compresión enérgica de
una zona álgica, repitiéndole la orden de abrir los ojos y moverse
normalmente. 
Autohipnosis. Osear Vogt fue quien con mayor fervor insistió
en el hecho de que los propios pacientes podían sumergirse en
sueño hipnótico, sin ayuda exterior, aprovechándose de sus bene-
ficios de igual modo que cuando eran sometidos al influjo del hip-
notizador. Las limitaciones de esta técnica radican en el grado de
autodominio y de capacidad autoconcentrativa que requiere po-
seer la persona que desea seguirla y, además, en el hecho de que
siendo el propio sujeto quien va a hacerse las sugerencias no es fá-
cil que se aplique las que no le satisfagan. Pero, de todas suertes,
esto es válido también para la heterohipnosis, ya que -según indi-
camos- es difícil que en cualquier circunstancia prenda una suges-
tión si ésta es totalmente contraria a las apetencias del Ser. 
En cuanto a la técnica de la autohipnosis, también tiene múlti-
ples variantes, según se trate de conseguir tal estado por «concen-
traciones» o por «relajaciones» sucesivas, lo cual -d e otra parte -
proporcionará al mismo una modalidad diferente (en el primer ca-
so se trata de una especie de «ensimismamiento»; en el segundo
de «anulamiento»). 
La autohipnosis por concentración se recomienda para fijar,
grabar y exaltar una creencia o propósito de acción: el sujeto cie-
rra los ojos y dedica su esfuerzo imaginativo a contemplarse reali-
zando tal o cual acto que en condiciones ordinarias, le resulta
difícil o imposible de ejecutar. Moviéndose en el virtual escenario
creado por su fantasía, vive activamente un sueño corto y feliz, que 
 
 
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es constantemente repetido hasta sobrevenir el absoluto reposo psí- 
quico y quedar dormido con sueño natural. 
La autohipnosis por relajación sirve, en cambio, para borrar,
suprimir o desvanecer vivencias molestas, dolores y angustias que
hacen sufrir al sujeto. Este debe proceder entonces a desatender,
por grados, los diversos campos de que se nutre su vida conscien-
te; el mundo exterior ambiental es eliminado en primer término;
en segundo, se escotomiza el pensamiento propiamente dicho; en
tercer lugar se procede a inhibir la «presencia somática», es decir, 
el conjunto de sensaciones procedentes del área corporal: la única
imagen que entonces ha de tener presente el sujeto en su espacio
psíquico virtual es la del negro vacío, la Nada: silencio, obscuridad,
inmovilidad y nadedad en donde el Yo se disuelve y desaparece
quedamente. Esta técnica, bien dominada sirve para superar crisis
emocionales y dar al paciente intervalos de beatitud en situaciones
tensas y difíciles para él, pero no crea nada para resolverlas eficaz-
mente; simplemente pospone sus problemas. 
Una técnica mixta de autohipnosis es la yoguica, cercana de la
cual se encuentra el célebre método de la «Autorrelajación concen-
trativa» de J. H. Schutz (Konzentrative Selbstentspannung o Auto-
gene Training) aun cuando este autor sostiene que debe ser
especialmente diferenciada de ella. En síntesis tanto en la práctica
de la primera (fakirismo) como en la segunda modalidad se trata
de obtener el más perfecto dominio del Ser sobre