MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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sí mismo y en
especial sobre su organismo. Los fakires acostumbran a sumergir- 
se en hipnosis convergiendo su mirada hacia la punta de la nariz,
en tanto Schultz aconseja una serie progresiva de ejercicios, a re-
alizar unas veces con el simple auxilio de su libro y, otras, con el
de un perito de su método (Intermedio entre los de Vogt y Jacob-
son). Dado el carácter elemental de nuestro trabajo prescindimos
de exponer las que él llama «bases científicas» de su procedimien-
to y nos limitamos a reseñar, concisamente sus fases técnicas: 
Fases de la autorrelajación concentrativa de Schultz 
 
Primera: Relajación del cuerpo. El paciente ha de estar ligera-
mente vestido, sin cuello, cinturón y cuantas prendas pudiesen co-
hibir sus movimientos o comprimirle. Puede tenderse en un diván,
recostarse en una cómoda butaca o dejarse caer, inclinándose ha- 
 
 
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cia adelante (postura del «cochero») sobre una silla o taburete. De 
preferencia, evidentemente, lo primero, pero si sólo se tiene a ma- 
no la silla o butaca habrá que procurar que la corvadura del tron- 
co, cabeza y extremidades sean obtenidas naturalmente, por 
relajación completa de los músculos, de suerte que el cuerpo 
adopte la actitud de un muñeco de trapo o de goma en semejante 
posición. (Esta fase es idéntica a la de la técnica autorrelajadora 
de Jacobson). 
Segunda fase: Oclusión palpebral. El sujeto procede ahora a
relajar el orbicular de sus párpados, de suerte que estos se cierren
cayendo suavemente por su propio peso. Operación difícil de reali-
zar que requiere especial entrenamiento y atención, pero que, una
vez conseguida su ejecución, facilita extraordinariamente el domi-
nio de las fases siguientes. 
Tercera fase: Tranquilizadon. Obtenidas la relajación muscu-
lar y la oclusión palpebral, se consigue la relajación anímica, o por
mejor decir, la tranquilización del ánimo, merced a la formulación
interna de la frase: estoy completamente tranquilo (Ich bin ganz ru-
hig) que el sujeto deberá procurar actualizar, es decir, realizar y
vivir, compenetrándose con su significado. Esto lo conseguirá -se-
gún cual sea su tipo psicológico- mediante una representación
verbal, acústica o quinética, o mediante una impresión vivencial
global (Es curioso que Schultz prescinda de la ayuda que podría
aportar al proceso de relajación psíquica la regulación de los mo-
vimientos respiratorios; ésta no es buscada hasta más tarde en su
técnica, sin que ni él ni nosotros, expliquemos el porqué de tal re-
traso). 
Cuarta fase: Gravitación braquial. Hasta aquí puede decirse
que la técnica de Schultz no ha diferido esencialmente de las co-
rrientes para obtener la hipnosis, pero a partir de la cuarta fase,
que vamos a exponer seguidamente se aparta progresivamente de
ellas. En efecto, el paciente debe ahora representarse, con toda la
fuerza imaginativa de que es capaz, la plena pesadez de su brazo
derecho o izquierdo, según se trate de un sujeto diestro o zurdo;
para ello piensa: mi brazo derecho (o izquierdo) está pesándome (es
decir, siento su peso total) mas -advierte Schultz- este pensamien- 
to no ha de acompañarse de movimiento activo alguno del brazo y 
ha de limitarse a una sencilla «mentación». 
Los cuatros ejercicios o fases precedentes se harán tres veces al 
día, en períodos breves de 2 a 5 minutos, durante 8 ó 10 días, an- 
 
 
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tes de pasar a los siguientes, que suponen una mayor profundidad 
y perfección del entrenamiento autógeno. 
Quinta fase: Termogénesis braquial y generalización de la viven-
cia de gravitación. A medida que los sujetos van sintiendo mejor lo
que imaginan es posible generalizar su autosugestión: los brazos
pesan, las piernas también; se siente por fin, todo el peso de todo 
el cuerpo. Entonces puede comprobarse objetivamente una flacci-
dez muscular perfecta e incluso una disminución del tono postu-
ral, lo que prueba que la acción yoica se extiende, a través de la
denominada «Miopsique» (Storch) hasta la zona de las tensiones y
actitudes profundas y permanentes de reacción. En tales condicio-
nes el paciente pasa a crearse una nueva vivencia: la de la tempera-
tura, empezando otra vez por el segmento corporal que más
emplea naturalmente, o sea su brazo dominante. La fórmula ver-
bal es: mi brazo está caliente. Este ejercicio se proseguirá de un
modo sistemático, de 8 a 14 días y en su decurso se irá extendien-
do la zona somática en la que se localiza la impresión térmica,
hasta llegar al momento en que el sujeto se sienta todo su cuerpo
plenamente pesado y caliente. 
Sexta fase: Normalización del corazón. Asegurada ya la influen-
cia sobre los sistemas locomotor y vasomotor, Schultz aconseja
proceder a regular la actividad funcional del más vital de los órga-
nos. La fórmula como se presume es: «el corazón late pesadamen-
te». Simultáneamente con la mentación de la misma, el sujeto se
presenta, si es posible, la imagen cardíaca batiendo al ritmo nor-
mal. A los 10-12 días de este ejercicio es ya posible acordar la re-
presentación imaginativa de los latidos y la sensación procedente
de la punta cardíaca sobre el área cardíaca. Pronto si el entrena-
miento se ha hecho bien, se hará incluso factible obtener por vía
imaginativa una leve aceleración o retardo reales del pulso. 
Séptima fase: Normalización de la respiración (Ya indicamos
antes que, contra toda espectativa lógica, Schultz pospone - a
nuestro juicio más de lo conveniente- el autodominio de la respi-
ración hasta esta fase. Trata de justificarlo diciendo que su expe-
riencia le ha demostrado que, sin un buen entrenamiento previo
en las fases anteriores, toda tentativa de influenciar la respiración,
conduce a una mayoría de psicópatas a intensas reacciones gene-
rales que perturban la relajación muscular conseguida). El pacien- 
te ha de representarse la frase: «la respiración es normal» 
(tranquila) asociada a las anteriores (mi cuerpo pesa y está calien- 
 
 
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te, el corazón late pausadamente). Un buen medio imaginativo pa- 
ra alcanzar tal propósito, es el de identificarse con el movimiento 
rítmico de ascenso y descenso de un navio en mar tranquila; pron- 
to el sujeto se sentirá como «masa respirante» y llegará a eviden- 
ciar todo el ritmo elástico y agradable de su fuelle pulmonar. 
Octava fase: Termogénesis abdominal. La atención se concen-
tra ahora en destacar el calor natural del área abdominal: «el vien-
tre está caliente» (Si por circunstancias especiales no se consigue
obtener esta vivencia, puede aplicarse unos minutos un termóforo
en esa región, con el fin de crear la sensación correspondiente y
después mantenerla por la vía imaginativa). 
Novena fase: Enfriarme nía jrunial. Con ella culmina la serie de
ejercicios de entrenamiento autógeno: el sujeto piensa: «la frente
está fría». Puede asociar a tal idea la imagen de un leve soplo de
aire frío que incide sobre ella, la de un trozo de hielo o de nieve
que se le acerca, etc. Lo importante es que se llegue a obtener una
diferenciación vivencial entre la «frialdad» capital (serenidad y
tranquilidad mental) y la «tibieza o calor» corporal (energía y salud
físicas).