MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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alílógica) Freud señala que en
los esquizofrénicos hay una fijación maternal (si se trata de varo-
nes) o paternal (si se trata de hembras) que se hace visible de un
modo claro, sin necesidad de recurrir a técnicas psicoanalíticas,
cuando se efectúa una buena anamnesis. Casi siempre se trata, en
los casos típicos, de hijos únicos o de benjamines que por exceso 
 
 
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de mimos y cuidados no han desarrollado una personalidad social 
y desde su más tierna infancia han vivido refugiados en el regazo 
parental, aislados en las cuatro paredes del hogar, insuficientes, 
inseguros y tímidos en su contacto con las personas desconocidas. 
Una abundante vida interior, una propensión a la satisfacción 
imaginaria de sus deseos y ensueños, les disminuye el denomina- 
do «juicio de realidad» y predispone para romper más fácilmente
el puente que separa los mundos de la percepción (real) y la repre- 
sentación (imaginaría) retrogradando así el camino evolutivo, tan 
penosamente recorrido por ellos. 
Señalemos que la concepción actual admite que el síndrome
esquizofrénico es un «modo de reacción cxistenrial» que puede
desencadenarse, al igual que todos los demás, por múltiples cau-
sas y factores y no es por lo tanto susceptible de interpretación
unívoca. No obstante, los éxitos obtenidos en este síndrome con la
terapia chocante (insulina, cardiazol, metrazol, etc.), parecen depen-
der en gran manera del vencimiento del autismo. Los enfermos cura-
dos afirman a menudo que les parece «como si despertasen de un
sueño» y la desaparición de los llamados síntomas primarios (pro-
cesales) que en algunos casos se observa vuelve a poner sobre el
tapete la posible naturaleza reversible del síndrome (hecho, de
otra parte, confirmado por la ausencia de una anatomía patológi-
ca en el mismo). 
Técnica y fases generales de la terapia psicoanalitica freudiana 
 
Sabido es que las «armas» con que cuenta este sistema psicote-
rápico son: para la exploración y comprensión del caso, el interro-
gatorio «a presión», la prueba de las «asociaciones libres», la 
«interpretación de los sueños», y el «análisis de los actos fallidos y
sintomáticos»; para la dominación y sublimación de los impulsos
causantes del síndrome, la «creación, manejo y liquidación de la
transferencia afectiva». 
No podemos, sin riesgo a superar la extensión proporcional
que corresponde a este capítulo, exponer con detalle tales medios
de ataque explorador y de actuación correctora, mas sí debemos
dar una idea de su integración y sucesión fásica en el curso de la
denominada «cura psicoanalitica». (Véanse en el apéndice, como
ejemplo, las normas para el empleo de las pruebas de asociaciones
determinadas y de asociaciones libres). 
 
 
13 2 EMILIO MTRA LÓPEZ
Será preciso advertir, empero, que la inmensa mayoría de los 
psicoterapeutas actuales emplean lo que se llama «análisis breve» 
(«short analysis») siguiendo la orientación propuesta por Stekel. 
Este fue, en efecto, quien primero se dio cuenta de que era innece- 
sario proseguir meses y meses la tarea de «limpiar» el fondo in- 
consciente de sus pacientes, ya que bastaban pocas semanas de 
investigación para conocer con suficiente precisión la arquitectura 
general de su personalidad, es decir, la disposición de sus primor- 
diales actitudes y tendencias, de sus anhelos, conflictos y disgus- 
tos. El vencimiento de las resistencias y la utilización del prestigio 
personal del psicoterapeuta podían obtenerse así en mucho menos 
tiempo del admitido como necesario por los freudianos ortodoxos. 
Es así como Schilder, Heyer, Forel, Lewis, Prinzhorn, Meyer, 
Birnbaum y muchos otros psicoterapeutas concilian los dos térmi- 
nos aparentemente antitéticos de «rapidez» y «eficiencia» en el 
empleo de esta modalidad terapéutica. 
La primera fase de este análisis comprimido consiste en escu-
char de labios del paciente el relato -lo más minucioso posible- de
sus quejas y molestias, dejándole extenderse (e incluso estimulán-
dole discretamente a hacerlo) cuanto desee en su interpretación
personal de lo que le ocurre. Se trata con ello de proporcionarle
una ocasión para que se «desahogue» y, a la vez, nos ofrezca un
material de observación de su fachada sintomática «subjetiva»
más aparente. 
A continuación se le indicará la conveniencia de que amplíe su
relato hasta convertirlo en una exposición completa de la «historia
de su vida interior», es decir, de sus emociones, afectos, temores,
penas, disgustos, éxitos y fracasos, «tal como él los ha vivido». Es- 
ta autopsicografía, principalmente centrada alrededor de la vida
emocional del paciente, ha de servir, en primer lugar, para compa-
rarla con el ulterior resultado del análisis y, en segundo término,
para iniciar éste mediante el doble artilugio del interrogatorio a
presión y el interrogatorio mudo, indirecto y libre -que no otra co-
sa representa el uso de las pruebas asociativas- . Durante esta fase 
el psicoanalista ha de hablar poco y escuchar, con interés, mucho;
ha de mostrarse atento y prudente, rehuyendo toda contestación
referente al juicio que «el caso» pueda merecerle. 
La segunda fase, la más difícil y costosa, constituye en realidad
un combate psicológico, en el que el psicoterapeuta y el paciente
utilizan todas las argucias imaginables para adquirir cada cual el 
 
 
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dominio intelectual y personal en su relación binaria. Se trata de 
vencerlas «resistencias» («conscientes e inconscientes») que el pa-
ciente opone a dejarse penetrar en la esfera de su más recóndita
intimidad individual; se trata, simultáneamente, de favorecer la
creación de la «transferencia» y la obtención de una «catexis» sufi-
ciente. Las resistencias conscientes pueden obedecer a timidez, al-
tanería, testarudez, etc. (resistencias de «carácter» de W. Reich);
las inconscientes pueden, a la vez, derivar del Ello o del Súper-Yo,
Contra todas ellas -manifestadas de mil maneras - el psicoanalista
freudiano ha de adoptar una actitud de «catalista desinteresado», 
es decir, de observador atento y circunspecto que se limita a seña- 
lar al naciente \os escollos que dificultan el camino a recorrer para 
la liberación del material reprimido y, en contadas ocasiones, le 
da la mano para salvarlos o le indica el rodeo más conveniente pa- 
ra eludirlos. Tendido el sujeto o recostado en un cómodo sillón, 
uno y otro día, una y otra hora, a solas con el psicoanalista, habla 
y habla («Talking cure») dejando unas veces vagar su pensamien-
to, concentrándolo otras en el recuerdo de algún punto concreto,
relatando sueños o comentando incidentes y situaciones persona-
les, cada vez de tipo más íntimo. Así, paulatinamente se origina en 
él la identificación subconsciente del psicoanalista con su progeni-
tor y por tanto se establece la transferencia afectiva -base de la cu-
ra- en virtud de la cual el psicoanalista se convierte temporalmente
en el objeto libidinoso del psicoanalízado y este adopta frente a él las
mismas actitudes inconscientes que en su infancia tuvo para con
su padre o madre. Según los casos estas actitudes serán predomi-
nantemente de odio o de amor, o existirá (esto es lo más común)
una ambivalencia de las mismas. Si predominan los sentimientos
de amor y