MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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así: «ya que soy menos procuraré parecer más que los demás». De es- 
ta suerte toda la Psicología adleriana se apoya en el viejo proverbio 
de «Dime de qué blasonas y te diré de qué careces». 
Así como Freud acepta una concepción tripartita del aparato 
psíquico (Ello-Yo-Súper-Yo) y admite tres niveles en él (Conscien- 
te-Pre-Consciente-Inconsciente) la psicología adleriana mantiene 
 
 
140 EMILIO MIRA LÓPEZ
la unidad substancial de la Psique humana y cree que los principa- 
les conflictos que la perturban y enferman o desvían no nacen en 
el seno de sí misma sino en su choque con el ambiente: tres pro- 
blemas principales ha de resolver toda persona: el profesional, el 
social y el sexual, es decir: el de ganarse el sustento mediante un 
trabajo; establecer una relación conveniente entre Yo y Tú; asegu- 
rarse una satisfacción amorosa que lo trascienda y perpetúe. Fren-
te a cada una de estas necesidades ha de tomar una postura o 
actitud: si ésta no es sincera y efectiva llevará a un «falso estilo de 
vida» y el sujeto se hará un delincuente, un pecador o un neuróti- 
co (en todo caso: será un mal adaptado o desadaptado para la vida 
en Comunidad social). 
Descubrir los propósitos que cada cual persigue en la vida, me- 
diante el análisis de sus «expresiones» y «arreglos o compromisos» 
es la primera tarea del psicólogo individual. Y en esto ya se ve otra 
diferencia esencial entre Freud y Adler: para aquel lo interesante 
es el pasado, en tanto para éste lo que le interesa es el futuro (ima-
ginativo, o prospectivo) del individuo examinado. Aquel sigue un
criterio causal: éste, en cambio, adopta una posición finalista.
Freud quiere saber el por qué, mientras que Adler se interesa en el
para qué del síndrome. E n el fondo, para Freud la vida es una tra-
gedia: cada cual arrastra el lastre de sus primitivas desviaciones
sexuales como una fatalidad kármica; Adler, en cambio, más bien
opina que la vida es una comedia, en la que unos no saben desem-
peñar su papel y otros lo exageran hasta el punto de tener que ser
llamados al orden. 
Las personas que en sus primeros años han sufrido manifesta-
ciones braditróficas, artríticas (Comby), exudativas (PonfickCzerny),
asténicas (Stiller), angioneuróticas (Kreibsch), timolinfáticas (Pal-
tauf), espasmódicas (Escherich) o vagotónicas (Eppinger-Hess) así
como las que tienen algún, ligero o grave, defecto estético (morfo-
lógico) son, naturalmente, las más predispuestas a esa «aberración
social» que es la neurosis, consistente en asegurarse por la ficción 
lo que no puede lograrse por la superación real de las dificultades
vitales. En este aspecto coinciden, evidentemente, las concepcio-
nes de Adler y Freud, ya que éste admite también que la neurosis
en síntesis responde a un fin utilitario: la «huida en la enferme-
dad» (Flucht in der Krankheit) es sinónima de «refugio en la fic-
ción». Pero el sentido que Adler da a los diversos síntomas -sobre
todo a los somáticos, que constituyen para él el llamado «dialecto 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 141
de los órganos»- es harto diverso del que adquieren en la concep- 
ción psicoanalftica ortodoxa. En efecto, si revisamos, por ejemplo 
el esquema con que interpreta la fenomenología de las neurosis fe- 
meninas en su clásica obra (El Carácter Nervioso) nos daremos 
cuenta que determinadas «constelaciones sintomáticas» coinciden 
con precisos rasgos caracterológicos para asegurar la «protesta fe- 
menina» (homologa de la «protesta viril» del neurótico). Tal pro- 
testa coincide sólo parcialmente con la célebre «envíe du penis». 
Adler cree, en efecto, que lo que a la mujer la indigna no es el he- 
cho de creerse «un niño castrado» sino el de verse situada en un 
plano de inferioridad social y carente de ciertos derechos y privile- 
gios que le <nr\_ acordados a! varón por cí mero hecho de poseer un
aparato genital más visible y provocativo. Contra esta ficticia su- 
perioridad del varón (Mannesprivileg adleriano) la mujer neurótica 
presenta su red de síntomas que no constituyen -como Freud de- 
cía- una realización distorsionada de deseos (libidinosos) reprimi- 
dos sino «recursos compensatorios, preservadores o defensivos 
para aminorar un sentimiento o complejo, exagerado, de inferiori- 
dad o minusvalía». 
CUADRO ESQUEMÁTICO DE LOS SÍNTOMAS MÁS COMUNES 
DE LAS NEUROSIS FEMENINAS, DEL OBJETO QUE PERSIGUEN
Y DE LOS RASGOS CARACTEROLÓGICOS QUE LOS ASEGURAN 
SÍNTOMAS 
 
Miedo a la gente. 
Ereulofobia. 
Palpitaciones. 
Miedo a las alturas. 
 
Hipersensibüidad abdomi- 
nal (perineai, cecal). 
Frigidez. 
Hiperestesia ante los ruidos 
y ronquidos (maritales). 
 
 
 
Vaginismo. 
Opresión torácica. 
OBJETO
(de la protesta) 
Preservación de as-
piraciones amoro-
sas (noviazgo). 
 
 
Preservación contra 
el marido.
RASGOS DE CARÁCTER 
QUE LO ASEGURAN 
Desconfianza. 
Desvalorización de la hom- 
bría. 
Timidc?. 
Moral virtuosa. 
Quisquillosidad. 
Testarudez. 
Caprichosidad. 
Obstinación. 
Irritabilidad específica con- 
tra el «modo de ser» de 
los hombres. 
Tendencia a la polémica. 
Hipersensibüidad somática 
de tinte hipocondríaco. 
 
 
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lnsoportabüidad de corsés y
presiones corporales. 
Algias abdominales. 
Ahogo, palpitaciones. 
Malestares, vómitos. 
Astasia eventual. 
Obsesión de embarazo. 
Caprichosidad en las co- 
midas. 
 
Calambres abdominales:. 
Estreñimiento. 
 
lnsoportabüidad del decúbi-
to supino. 
Algias en las piernas. 
Tendencia a permanecer en 
cama. (En conjunto: fic- 
ción de tromboflebitis). 
Debilidad de piernas e inse- 
guridad en la marcha con 
rápida fatiga. 
 
Pedofobia (antipatía a las 
criaturas, falta de pacien- 
cia para soportarlas; a ve- 
ces deseo de molestarlas). 
Insomnio. 
Exceso de escrupulosidad y 
llimpieza. 
Hiperacusia nocturna. 
Preservación contra
el embarazo. 
 
 
 
 
 
 
Preservación contra 
el parto. 
 
Preservación contra 
el puerperio. 
 
 
 
 
Preservación contra
el fin del puer- 
perio. 
 
 
Preservación contra 
las obligaciones 
maternales. 
Reacciones caracterologías 
complejas, dirigidas a 
compensar la inferioridad 
y el apocamiento. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Avaricia; tacañería. 
Envidia. Miedo de no ter- 
minar ni conseguir nada 
estable. Esfuerzos para 
conseguir una aparente 
igualdad con el hombre. 
NORMAS Y TÉCNICA DE LA PSICOTERAPIA INDIVIDUAL 
Por lo que hemos indicado acerca de las diferencias de princi- 
pio y orientación conceptual, podemos intuir que la técnica adle- 
riana ha de ser harto distinta de la freudiana, tanto en la fase de 
exploración como en la de corrección de los casos. Utilizan los ad- 
lerianos, desde luego, bastantes de los recursos y artificios técni- 
cos propios del psicoanálisis ortodoxo, pero con un distinto
propósito: el estudio de las «expresiones anímicas» tales como: la 
mímica fací»', gestos y actitudes corporales (voluntarios e involun- 
tarios), tipo de marcha, inflexiones de la voz, rasgos caligráficos, 
etc., se hace con la intención de evidenciar a su través las diferen- 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 14 3 
cias que separan las imágenes del Ser y el Parecer, es decir, del 
temperamento y del carácter psicoindividual. En este aspecto re- 
sulta original e interesante el estudio de las «posiciones que el su- 
jeto toma de preferencia al dormirse». Adler puso de manifiesto, 
ya en