MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
307 pág.

MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


DisciplinaPsicologia58.028 materiais426.161 seguidores
Pré-visualização50 páginas
principal era intrapsíquica y 
el sufrimiento existencia! había llevado al sujeto, por ejemplo, a 
 
 
146 EMILIO MIRA LÓPEZ
realizar tentativas de suicidio o a organizarse una vida interior tan 
rica que vivía de espaldas a la realidad ambiental, las invocaciones 
al cumplimiento del deber, las promesas de felicidad o las loas a 
su escondido coraje fallaban lamentablemente para obtener su re- 
ajuste. 
De aquí que hoy aparezcan bien precisados los límites de esta
escuela psicoterápica: hay que emplearla frente a los casos inicia-
les de perturbación infantil de la conducta (los denominados «niños
problemas o niños difíciles») siguiendo para ello las normas dadas
por Adler en su libro Heiien una Bilden (Sanar y Formar) imprescin-
dible para el maestro. Se puede usar también para corregir y estimu-
lar al pequeño ejército de los «pobres de espíritu», que vive un tanto
asustado e intimidado por la célebre «peur de l'action» y a veces se
supercompensa esporádicamente, lanzándose -en la famosa «huida
hacia delante»- a la realización de actos «Ersatz» (sustitutivos) para
descargar el excesivamente comprimido resorte de su psicomotri-
cidad. Finalmente, resulta útil para animar y modificar el autojui-
cio de muchos insatisfechos que han llegado a creerse víctimas de
un defecto constitucional, de un rasgo heredado en virtud de una
fatalidad de su Destino y consecuencia de ello, para «olvidarse de 
sí mismos» se enfrascan en un torbellino vital de lábiles e intras-
cendentes fines: son ese tipo de personas «que no tienen tiempo
para nada» y a las que, como a la ardilla de la fábula podríamos
preguntar: tantas idas y venidas, tantas vueltas y revueltas, quiero
amiga que me diga: ¿son de alguna utilidad? 
 
Mas, fuera de ese círculo, siempre que realmente se quiera pro-
ceder a una psicoterapia científica y causal, habrá que recurrir a
los enfoques de las Escuelas que superan el excesivo esquematis-
mo y la ingenua simplicidad de la concepción adleriana, aun cuan-
do -como sucede con los sistemas de Kronfeld, Kunkel y Adolf
Meyer- hayan tenido en él su origen. 
BIBLIOGRAFÍA
 
ALEXANDER: Psychoanalysis Revised. The Psychoanalytic Quarterly. NT í. 1940. 
ALFRED ADLER: IJber den Nervosen Charakter. 5a ed. Munchen u. Wiesba- 
den. 1927. 
ALFRED ADLER: Theorie und Praxis der Jndividualpsychologie, M. u. Wies- 
baden. 1920. 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 147 
APLER, FURTMULLER, WEXBERG: Heilen und Bilden. 4a ed. Munchen. (Mu- 
nich). 1923. 
ALLERS: Uber Psychoanalyse. Berlín. 1922. 
An.ERS: Ein Versuch uber psychoanalytische und individualpsychologische 
Chamkterologie. Jahrb. d. Charak. Tomo I. 
BIRNBAUM: Artículo In Memoriam de Adler en el n" 15 del International 
Ztschrft. f. Individualpsy. 1937. 
HEKDRICK, IVÉS: Facts and Theories of Psychoanalysís. Ed. Knopf. Nueva 
York. 1939. 
 
 
CAPITULO IX
Principios, técnica, indicaciones y limitaciones de la Psicoterapia comple- 
ja de Jung. Estructura de la Psique. Los arquetipos. Fases de la indi- 
viduación, etc. 
Si a la Psicología Individual adleriana puede reprochársele que
no es propiamente individual (puesto que en primer lugar es de to- 
das las escuelas modernas la que más toma en cuenta la presión 
de la comunidad social sobre el sujeto y, en segundo término, 
construye la caracterología de éste con arreglo a unas normas ex- 
cesivamente simplistas y rígidas) lo que no obsta para que resulte 
manejable y atractiva cuando nos enfrentamos con casos de esca- 
sa complicación psicológica, a la Psicología compleja de Jung -y al
sistema psicoterápico que de ella se deriva- no podremos hacerle
al reproche de no corresponder en su contenido a lo que en su tí- 
tulo promete: es no sólo compleja sino confusa. Más también pue- 
de resultar útil, como veremos, si sabemos escoger y seleccionar 
debidamente los casos a los que debemos aplicarla. 
En líneas generales vimos que las concepciones de Adler ser-
vían de un modo especial -au n cuando ésta no es la opinión de sus
fieles seguidores- para el trato de las personalidades infantiles, in-
maduras, que, carentes de autosuficiencia y auto seguridad, inten-
tan producir impresión a cualquier precio. En cambio, la zona de
acción de la Psicoterapia junguiana es la de las personas maduras,
próximas a la crisis involutiva o sumergidas en ella, que, al revisar
su vida y sus fines se dan cuenta de que han equivocado su camino 
y no aciertan a encontrar su ruta o creen que es demasiado tarde
para seguirla. Tales personas requieren, mucho más que las jóve-
nes, una apertura de perspectivas que las consuele de su íntimo
disgusto por «los tiempos perdidos que ya no volverán» y, de otra
parte, las prepare a afrontar la idea, cada vez más clara, de su cer- 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 14 9 
cana muerte. Cuando de un modo espontáneo no prende en ellas 
un sentimiento religioso lo suficientemente intenso como para lo-
grar su trascendencia en él, fallan los sistemas psicoterápicos co-
rrientes; el escepticismo y el pesimismo no propician en tales 
enfermos un fácil «rapport», ni tampoco es posible ofrecerles 
grandes arreglos ni satisfacciones a sus libidos, en plena regresión 
hormonal. Es entonces, precisamente, cuando esta especie de cre- 
do religiosocientífico, sin mayores pretensiones, puede alcanzar su 
máxima eficacia curativa: si el psicoanálisis freudiano gira alrede- 
dor del descubrimiento del complejo edipiano y de la liquidación 
de los sentimientos de culpa, la psicoterapia junguiana lleva al 
descubrimiento de la maternal Anima y a la realización, siquiera 
sea tardía, de la propia vocación (voz interior) que en ella halla 
sus raíces. Todo ello presupone la posesión de un complicado sis- 
tema de conceptos, algunos de los cuales tiene una raigambre em- 
píricoexperiencial y otros, por desgracia los más, son meras 
abstracciones mítico especulativas. 
Vamos a intentar una síntesis de tal sistema, ayudándonos con
algunos esquemas elaborados por una de las discípulas predilectas
del Maestro zuriqués la Dra. Jacobi: 
ESENCIA Y ESTRUCTURA DE LA PSIQUE
Para Jung, la Psique tiene tanta realidad como el Soma (cuer- 
po) y presenta una «estructura» no menos compleja que la de éste, 
aun cuando sus dimensiones son virtuales. La Psique (término con 
que Jung designa al «aparato psíquico» freudiano) se halla dividi- 
da en zonas o estratos de los cuales una mayor parte correspon- 
den a procesos que carecen de la propiedad de reflejarse sobre sí y 
por tanto son inconscientes, en tanto otra parte poseen tal caracte-
rística. 
Cuatro son las zonas que han de distinguirse en la Psique: a) la 
zona del Yo (también llamada «yoica», en la que se genera y actúa 
la «conciencia del propio existir»); b) la zona del conocimiento ge-
neral; c) la zona del inconsciente personal; d) la zona del incons-
ciente colectivo. Esta última se subdivide en dos: la de los
procesos que pueden hacerse emerger en la conciencia ( y son por
tanto «cognoscibles») y la de los que siempre permanecerán igno-
rados, por carecer de tal posibilidad. 
 
 
150 EMILIO MIRA LÓPEZ
El inconsciente con tales tres estratos (personal, colectivo, cog- 
noscible y colectivo incognoscible) es más antiguo que la concien- 
cia, la cual procede de él y representa tan sólo una