MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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superficial e inconstante del funcionalismo psíquico. Ese incons- 
ciente tiende a compensar las actitudes de la zona consciente para 
conservar, en lo posible, la síntesis individual, la cual, por lo de- 
más, está determinada y mantenida por el adecuado ajuste de las 
«funciones fundamentales» de la Psique, que son cuatro: Pensar, 
Intuir, Sentir y Sensacionar (Denken, Intuieren, Fuhlen, Empfin- 
den). Con el nombre de «función psíquica» designa Jung a «una 
actividad psíquica completamente independiente de sus conteni- 
dos circunstanciales y persistente en su naturaleza a través del 
tiempo». Las dos más conocidas de estas funciones {pensar y sen- 
tir) son denominadas racionales; el pensar sirve para la distinción 
de lo verdadero y lo falso, mientras que el sentir permite la valora- 
ción de lo agradable (placer) y desagradable (desplacer). Ambas 
funciones se excluyen como actitud y se compensan en la indivi- 
dualidad (mediante la oposición: consciente-inconsciente; es decir, 
cuanto más aparece una en el plano consciente, más se reprime y 
«hipertensiona» la otra en el inconsciente). 
 
Las otras dos (Intuir y Sensacionar) son consideradas como
irracionales: la sensación «objetiviza» y sirve a la llamada «fonc-
tion du réel» por los franceses. La intuición nos aprehende o pren-
de también esa realidad inmediata -n o reaccional sino vital- pero
sin la ayuda del aparato sensorial corriente, es decir, en virtud de
una peculiar «percepción interna» (o criptestésica). Mientras el
poseedor de un tipo «sensorial» (o «sensacionista») nota todos los
detalles de un contenido real, el poseedor de un tipo «intuitivo»
los desatiende pero vivencia, de golpe (d'emblée) su intimo senti-
do o esencia y sus proyecciones en el devenir temporoespacial.
También, este par funcional se excluye y a la vez compensa recí-
procamente en la dinámica psicoindividual. Para representar esque-
máticamente la imbricación de esas cuatro funciones, sus posibles
interferencias y combinaciones, Jung las integra en el llamado sig-
no «Taigitu» de los chinos, en la siguiente forma: 
 
 
 
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cide parcialmente con Stern, de cuyas concepciones difiere, no 
obstante en aspectos más básicos, según veremos más adelante. 
Otra semejanza entre ambos psicólogos nos la da el hecho de
que admiten, en relativa oposición a Freud, una causalidad psíqui-
ca cerrada, de suerte que la energía psíquica individual aparece en
sus concepciones como una cantidad constante, susceptible, em-
pero, de transformarse y desplazarse en el espacio (intro y extra-
versión) y en el tiempo (progresión y regresión) creando así un
sistema de coordenadas personales enteramente superponible -pe-
ro distinto- a las coordenadas físicas. 
Jung vuelve a su originalidad cuando admite, además, que el
proceso de individuación es una síntesis de contrarios, y que en su
dinámica interviene (análogamente a lo que ocurre en la Física) la
ley de la entropía, pero a diferencia del mundo inanimado, en el
del alma (que es una Realidad independiente o «cosa en sí» para
Jung) existe la posibilidad de una transformación reversible (Cons-
ciente = Inconsciente) gracias al pivote de las denominadas «fun-
ciones auxiliares». En el curso de la vida individual -y en esto
coincide ahora la Psicología Compleja con las ideas de Krets-
chmer- se observa (generalmente entre los 40 y los 50 años, es de-
cir, en los alrededores de la crisis involutiva) la inversión de la
fórmula del equilibrio psicoindividual, en virtud de la que el intro-
vertido se extraviarte y viceversa, a la vez que la función reprimida
pasa a ser rectora. 
Los «complejos» -cuyo estudio designa o califica a esta Psico-
logía- son «partes desprendidas de la personalidad psíquica», gru-
pos de contenidos psíquicos que se han independizado de la
acción yoica y funcionan autónoma e intenciónalmente, con un
núcleo sumergido en el inconsciente y una parte secundaria,
emergente en la conciencia. Cuando desciende el nivel de ésta es
posible que se desvele también la parte oculta, mas entonces el su-
jeto experiencia su aparición como algo totalmente ajeno a él, co-
mo u n cuerpo extraño, perturbador de su libertad y de sus
propósitos voluntarios. Jung sostiene que no todos los complejos
son patológicos ni tampoco derivan de una represión inicial (como
opina Freud) sino que en ocasiones son formaciones primaria-
mente inconscientes (quizás, incluso, pre-individuales, es decir,
provenientes del inconsciente heredado o colectivo-ancestral) que
no han llegado a escalar totalmente el pináculo de la zona clara-
mente consciente. 
 
 
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La vía regia para la exploración del inconsciente es el Sueña,
pero también lo es el análisis de las Visiones, ensueños y fantasías.
Jung admite la existencia de especiales vivencias, llamadas de «re-
velación», en las que súbitamente y casi con fuerza alucinatoria
aparece ante el sujeto una imagen o una idea, totalmente desco-
nectada con la corriente habitual de su pensamiento y presentada
en él a modo de un aerolito (que hubiese seguido una ruta inver-
sa); tales contenidos psíquicos son casi siempre expresiones o sím-
bolos representativos de los arquetipos, los cuales, a su vez, nos
introducen en el dominio de la denominada Psique-objetiva (en
oposición a la Psique subjetiva o Yoica). Dichos símbolos son mul- 
í-ívoros (condensan múltiples significados) y tienen, con frecuen- 
cia, un carácter profético (! !) .
LOS ARQUETIPOS JUNGUIANOS
Mucho ha escrito Jung acerca de tales arquetipos (quizás de- 
masiado, pues con frecuencia incurre en contradicciones acerca
de ellos); lo cierto es que su delimitación conceptual constituye
uno de los puntos más obscuros de esta doctrina. En su reciente
obra (La Integración de la Personalidad: The integration oí the
Personality. Farrar-Rinehart. N. York. 1940) dedica un extenso ca-
pítulo, de 43 páginas, a su descripción sin que, en nuestro modes- 
to juicio, consiga aportar claridad en ella. Afirma en dicho trabajo
que sus arquetipos constituyen una paráfrasis del eidos (Idea) pla-
toniano y son «les eternels incrées», determinados formalmente y
no en contenido material. El arquetipo es tan inmanente como el
sistema axial que potencialmente determina la formación de un
cristal, sin tener una existencia concreta. Constituye una «presen-
cia eterna, que puede o no ser percibida por el conocimiento», y
presentarse ante él bajo diversas formas concretas. Le w Bruhl de-
signa algo parecido con sus «répresentations collectives», que ha-
cen referencia a sucesos y vivencias típicas, primitivas, que más
tarde serán base de fábulas y mitos tradicionales. Jung los llamó
primero «imágenes arcaicas» pero prefirió luego tomar el término
de arquetipo (de San Agustín) por no prejuzgar la naturaleza de su
representación concreta. La suma de los arquetipos constituye la
suma de todas las posibilidades latentes de la Psique humana.
 
 
15 4 EMILIO MIRA LÓPEZ
Imperativa obligación de cada cual es enfrentarse a sí mismo y 
mirar en sí, interrogando sus propios misterios y sorprendiendo la
inconmensurable riqueza de su mundo interior, tan grande que in-
cluso puede perderse