MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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Sociedad debe hacer-
se en este caso con un criterio diferente del que rige para la mayo-
ría: no es que al psicópata se le extienda una patente de corso para
que haga lo que le venga en gana, pero igualmente absurdo es pre-
tender que se amolde a hacer lo que a nosotros nos venga en gana. 
«No se pueden pedir peras al olmo» es el leit motiv de la actitud de 
Prinzhorn en este aspecto y por ello dedica más tiempo a instruir 
a los familiares, amigos, colegas, etc., que rodean al psicópata que 
a intentar la imposible transformación esencial de éste. La antino-
mia Vida y Espíritu (Ser y Valer) es así resuelta de un modo más
original y comprensivo que el preconizado por la escuela psicoa-
nalítica. 
Partiendo de la base de que «en los casos de disposición psico-
pática constitucional la «restitución» tras la crisis neurótica con-
duce al «integrum» de la psicopaticidad, Prinzhorn puede parecer
escéptico o pesimista, mas en realidad resulta mucho más efectivo y
previsor que quienes imaginan que los impulsos e instintos pueden
doblegarse sumisamente a los «proyectos» de sublimación sugeridos 
a su portador. Considerando que el sentimiento de inseguridad y de
insuficiencia (no de inferioridad sino de extrañeza frente al modo
de ser de los demás) se debe, casi siempre, a una inadecuada pro-
porción entre el nivel de vitalización y de espiritualización alcan-
zado por el sujeto, Prinzhorn se esfuerza en obtener la óptima
fórmula equipotencial posible en cada individuo. 
Para ilustrar mejor su concepto usa el esquema que a continuación in-
sertamos y en el que puede verse la doble desviación posible de la salud
mental: por disminución o descenso del fondo vital, dando lugar a una ex-
cesiva espiritualización -que lleva al sujeto a la angustia- (es el caso re-
presentado en el triángulo A) o, inversamente, por un excesivo cultivo del
mismo, conducente a una falta de desarrollo espiritual -que lleva también 
al sufrimiento y a la inseguridad- (por embotamiento del placer sensual,
aumento del llamado «instinto de conservación y carencia de medios de
previsión, así como por falta de resonancia afectiva en el ambiente social
circundante: es el caso representado por el triángulo C). 
 
LA «PSICAGOGTA» DE KRONFELD
Formalmente influenciado por la Psicología Individual de Ad-
ler, de quien fue dilecto discípulo unos años, este psicoterapeuta, 
hoy radicado en la U.R.S.S., introdujo como norma rectora de su 
sistema el principio del fortalecimiento («Starkersein») individual 
como incentivo para llevar al sujeto a la lucha contra su desequili-
brio caracterológicoexistencial. Concibe al carácter, siguiendo en 
gran parte a Klages, como la resultante de: a) disposiciones recep- 
 
 
16 6 EMILIO MIRA LÓPEZ
tivas («materia», en la terminología klagesiana); b) disposiciones 
dinámicoafectivas («estructura», de Klages o «Kolia», de Kehrer); 
c) disposiciones reactivas («cualidades» según Klages). Reconoce 
que en la formación de la personalidad actúan, además de los in- 
flujos genotípicos y ambientales corrientemente aceptados, facto- 
res culturales, históricos y geopolíticos un tanto descuidados hasta 
ahora. Admite la existencia de un número reducido de «aconteci- 
mientos críticos» en la vida de cada sujeto, alrededor de los cuales 
se observa una modificación, a veces esencial e irreversible, de los 
principales núcleos de acción personal, de suerte que el cambio 
producido puede llegar a la casi creación de «otro» tipo de vida en 
el sujeto. 
Admite asimismo, claro es, la necesidad de una exploración,
un tanto comprimida, de las incidencias de la vida sexual y de las
zonas subconscientes o precons cien tes del aparato psíquico; no
desdeña el empleo de la sugestión ni el de la hipnosis para ganar
rápidamente las primeras posiciones estratégicas (cuando se trata
de casos apropiados) pero -y he ahí su originalidad- insiste en que 
la principal labor de todo psicoterapeuta ha de ser la eductora y la
correctora, es decir, la de realizar una pedagogía terapéutica o «psi-
cagogía», basada en la forniabilidad (Bildsamkeit) humana. 
El hombre -dice - es deformable pero también es reformable y 
a ello ha de tender nuestro esfuerzo, complementando la tarea psi- 
coanalítica. He aquí su plan de ataque: Tranquilización -ruptura 
(por sugestión) de la «fachada sintomática» -vivencia de distancia- 
ción (el enfermo pasa de actor a espectador de su caso) -asegura- 
miento de la confianza en sí -creación de más precisos ideales de 
vida -adquisición del convencimiento de la creciente fortaleza pa- 
ra lograrlos. De estas fases nos interesan, por su originalidad, las 
últimas. Kronfeld realiza un profundo estudio de las causas de 
perturbación del que denomina «Selbstgefuhl» (sentimiento del 
propio valor o sentimiento de mismidad) y de las actitudes deriva- 
das, cada una de las que puede crear un tipo caracterológico 
(mentiroso, desconfiado, intrigante, dubitativo, entristecido, ambi- 
cioso, vanidoso, resentido, cruel, etc.). Ante tales desviaciones de 
la línea vital K. postula la correspondiente acción psicagógica, que 
en ningún caso habrá de limitarse al terreno dialéctico-verbal sino 
que habrá de trascender, usando el influjo personal del médico, al 
terreno de la conducta: no basta engendrar la creencia ni la dispo- 
sición, ni siquiera la actitud; hay que llevar al enfermo a la realiza- 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 16 7 
ción inmediata de sus decisiones y no abandonarlo hasta tanto que 
se halle lo suficientemente avanzado en su nueva ruta existencia! co- 
mo para asegurarnos que la inercia adquirida en ella le impedirá el 
retorno a su antiguo modo de vivir. 
Siguiendo la inspiración de su Maestro Adler, también Kron-
feld dedica una especial atención a discutir con cada enfermo el
problema del «sentido»? que ha de tener su vida y de los «objetivos
concretos y remotos» de la misma («Sinn und Zweck des Daseins
werden zura Problem», pág. 286 de su Psychotherapie). Mas tal
discusión dista mucho de tener lugar en un plano estrictamente fi-
losófico o religioso y se afinca, en cambio, en el terreno biológico,
social y cultural-histórico. Ante todo trata HP evitar que el enfermo 
«eche Ja culpa de su infelicidad a sí mismo o a los demás» y de
conseguir que en vez del concepto de culpabilidad se desarrollen
en él las nociones de «ignorancia» y «error», ya que ambas son
mucho menos angustiantes y mucho más fácilmente superables.
Por fin, K. lleva a sus enfermos a establecer nuevos vínculos afec-
tivosociales con círculos y grupos humanos especialmente selec-
cionados para favorecer el éxito de sus primeros pasos en el
cumplimiento del plan psicagógico. 
LA PSICOTERAPIA DE J. H. SCHULTZ
 
Conocemos ya a este autor por la descripción que hicimos de 
su interesante método del «entrenamiento autógeno», en el capítu-
lo VI. Vimos entonces que ese procedimiento (también denomina-
do «autorrelajación concentrativa») reunía las ventajas de las
técnicas sugestivas e hipnóticas y era más fácilmente controlable
por el médico que éstas. Mas no se crea que su autor se haya limi-
tado a usarlo como panacea; por el contrario, su Psicoterapia es
ampliamente ecléctica, como ahora vamos a ver. 
La primera afirmación de Schultz es que, desde el punto de
vista psicoterápico, el cuerpo es una parte de la Psique. La segunda
es que, cualesquiera que sea la