MIRA Y LOPEZ E.   Manual de Psicoterapia.
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MIRA Y LOPEZ E. Manual de Psicoterapia.


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duda, la Psico-
logía Médica. Ésta, no obstante, ha de ser definida como el con-
junto de conocimientos y reglas psicológicas aplicables para
conseguir el mejor rendimiento de la Medicina. Ello supone inter-
venir no solamente sobre los enfermos sino sobre quienes los
asisten, sobre los sanos y, no en escasa medida, sobre los pro-
pios médicos, ya que todos estos elementos se encuentran invo-
lucrados en la dinámica médica. Así, la formulación de las
normas para un aprovechamiento psicológico de los recursos
técnicos de la clínica y el laboratorio, el estudio de las normas
para obtener una buena selección y preparación del personal
subalterno, el planeamiento de una buena campaña de divulga-
ción o profilaxis que haga cambiar la actitud del público frente 
a un determinado problema médico, son otras tantas modalida-
des de aplicación de la Psicología a la Medicina que caen dentro
del campo de esta rama científica la cual, en la práctica, se sub-
divide en dos: a) nociones de psicobiologíapara médicos; b) psi-
cotecnia médica. Por un abuso inaceptable, no obstante, son
bastantes los autores de libros de Psicología Médica que añaden 
a sus textos una sección propiamente psiquiátrica, en la que es-
tudian la psicopatología e incluso la clínica de diversos desequi-
librios mentales, más o menos comprensibles. Como fácilmente
se adivina al psicoterapeuta interesa sobre todo la primera par-
te de la Psicología Médica, o sea la que le proporciona una vi-
sión sistemática del hombre concebido como ser dotado de una
actividad intencional y significativa, capaz de manifestarse en
distintos planos y aspectos funcionales, unos acompañados de
autoconocimiento y otros no. Para este efecto juzgamos exce-
lente la obra de Schüder (Medizinische Psychologie) cuyos capí-
tulos referentes al estudio de la percepción, de la acción y el
lenguaje, del impulso la voluntad y la conducta, del Yo y la per-
sonalidad y de las emociones y vivencias son fundamentales.
Puede decirse que la Psicología Médica es a la Psicoterapia lo
que la Fisiología humana es a la Somatoterapia: el antecedente
obligado. 
 
 
3 0 EMILIO MIRA LÓPEZ
PSICOTERAPIA Y PSIQUIATRÍA
Si cabe distinguir claramente los términos del par anterior, 
mucho más hay que diferenciar los de éste. En efecto, la Psiquia-
tría hay que concebirla como la rama de la Medicina que estudia
las perturbaciones morbosas de la actividad psíquica (en sus aspec-
tos: implícito y explícito) con el fin de corregirlas. Así como la Psico-
logía Médica era el antecedente indispensable de la Psicoterapia,
en su aspecto conceptual, ésta, a su vez, pasa a formar una parte
de la Psiquiatría (no mayor, sin embargo que la que tiene en el
resto de la Patología) englobada en el capítulo de la terapéutica
psiquiátrica. Puede parecer exagerado que no la concedamos más
importancia, pero ello se aclarará cuando afirmemos que las gran-
des psicosis son siempre consecutivas a somatosis y por tanto acep-
temos la gran paradoja de que la Psiquiatría propiamente dicha es
quizás más tributaria de la Psicopatología y de la Somatoterapia
que de la propia Psicoterapia (!). Con esto queremos significar
que, dada la actual orientación de la Medicina, la Psicoterapia ha
de aplicarse en tanta menor escala cuanto más groseramente
aparece el fondo orgánico lesional de un curso morboso y desde
este punto de vista tiene más campo para recorrer en el vastísi-
mo dominio de las alteraciones funcionales del soma, en gene-
ral, que en el de las perturbaciones histopatológicas del cerebro 
(en la que solamente podrá tener un papel auxiliar o coadyuvan-
te del plan terápico general). Sin embargo, el conocimiento de 
la Psiquiatría es indispensable al psicoterapeuta, ya que, cuando
menos, le servirá para conocer los límites de su actuación en ca-
da caso; por haberse lanzado a ejercer de psicoterapeutas perso-
nas profanas en Psiquiatría (tal es el caso de no pocos
psicoanalistas, hipnólogos, etc.) se han perdido oportunidades
de curar a muchos epilépticos, neuroluéticos, encefalíticos, etc.,
cuya fenomenología mental grave era la expresión de una alte-
ración no menos grave de su textura nerviosa. En cambio, por
una inversa audacia, muchos neurólogos se hallaban haciendo
perder lastimosamente el tiempo a un ejército de psiconeuróti-
cos y psicópatas que acuden a ellos para que no se diga que su-
fren de la mente sino de los nervios y a los que la medicación
fisicoquímica, electroterápica, etc., no puede, en modo alguno, lle-
var a la normalidad. 
 
 
MANUAL DE PSICOTERAPIA 3 1 
PSICOTERAPIA E HIGIENE MENTAL
Al proponerse la Psicoterapia moderna no sólo la desaparición 
de la «lachada sintomática» que presenta el paciente, sino la rees- 
tructuración de su personalidad y de su modo de vivir en evitación 
de ulteriores desadaplaciones, ha establecido un nexo indisoluble
con la Higiene Mental, del propio modo como la Somatoterapia lo 
tiene con la Higiene Corporal. La línea de transición entre la obra 
curativa y la profiláctica es tanto más difícil de establecer en Psi- 
coterapia cuanto que muchas veces con la misma actuación (un 
afortunado razonamiento o un bien logrado y sugestivo cambio de 
actitud, una modificación de! tipo de vida, de las relaciones socia- 
les, etc.) se consigue suprimir c! trastorno y evitar su reaparición. 
Cada vez más unen a estas dos actividades los principios de la pe- 
dagogía. En efecto, tanto la obra psicoterápica como la psicohigié- 
nica son, ante todo, de fowiación, propulsión v compensado}: de 
las mejores reacciones obtenibles en el hombre, considerado como 
un ser social. La única diferencia que las separa es que la primera 
actúa sobre hombres supuestamente enfermos y la segunda sobre 
hombres supuestamente sanos, más si se tiene en cuenta la artifi- 
ciosidad de la separación entre los conceptos de salud y enferme-
dad, especialmente en el terreno psíquico, se comprenderá cuan 
íntima es en realidad la vinculación de ambas. Solamente las sepa- 
ra, de otra parte, el hecho que la higiene mental comporta la su- 
presión de influencias fisicoquímicas capaces de alterar el 
equilibrio mental y en este aspecto se funde con la higiene corporal 
al luchar contra las denominadas «enfermedades evitables» (into- 
xicaciones, infecciones, abusos orgánicos, etc.) en tanto que la psi- 
coterapia, como sabemos, se funde con la somatoterapia para curar 
o aliviar a multitud de enfermos crónicos valetudinarios, en los que 
se observa el denominado «círculo vicioso somatopsíquico». 
 
En la práctica las relaciones entre estas disciplinas se han he-
cho aún más íntimas por no haberse limitado la higiene mental al
terreno meramente profiláctico y haber invadido la zona de la
asistencia a los enfermos mentales. H. Kogerer, al tratar este tema
en la obra de Erwin Stransky (Leitladen der psychischen Hygiene)
señala cómo es incluso posible utilizar algunas de las técnicas pu-
ramente psicoterápicas (persuasión, sugestión, etc.), con fines psi-
cohigiénicos y viceversa, mas el mejor ejemplo del parentesco
entre ambas actuaciones nos lo da la obra de A. Adler: