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LIBRO AGROECOLOGIA IV

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las 
necesidades de tracción animal, de reposición 
de la fertilidad, de combustible para las nece-
sidades domésticas o de la industria artesanal, 
de la mayoría de las actividades económicas, 
del transporte, etc. al ser satisfechas con la 
quema o ingesta de biomasa, requerían, junto 
con la alimentación humana, una cantidad 
determinada de territorio. La casi imposibi-
lidad de importar cantidades significativas de 
energía externa a los ecosistemas manejados, 
obligaba a satisfacer las necesidades propias 
y las demandas ajenas con el territorio dispo-
nible, fragmentándolo para usos alternativos. 
Por ello, el campesino estaba obligado a esta-
blecer una estrategia de complementariedad 
entre distintos usos del territorio. Las tierras 
de cultivos iban destinadas a la alimentación 
humana o la producción de fibras y otras 
materias primas de interés para el ser humano. 
Los terrenos de pasto iban destinados a la 
alimentación animal y, finalmente, los terrenos 
forestales a la producción de combustible y 
c
Fotos 3-4-5 Diversos usos alternativos del territorio: 
agricola, pecuario o forestal
INTRODUCCIÓN A LA AGROECOLOGÍA
Cuadernos Técnicos SEAE - Serie: Agroecología y Ecología Agraria
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materiales de construcción, madera y leña3. 
Cuando alguno de los usos era insuficiente 
para satisfacer las demandas, se procuraba que 
los otros lo compensaran. Por ejemplo, cuando 
el crecimiento del ganado de labor superaba 
la capacidad de alimentarlo en las zonas de 
pasto, las zonas agrícolas debían destinar una 
parte de la producción a cereales y legumi-
nosas para pienso o de la biomasa sobrante de 
los cultivos (los “residuos de cosecha”).
Ciertamente, los tres grandes usos alter-
nativos del territorio podían darse conjunta-
mente en una misma explotación, combinando 
diversos cultivos y aprovechamientos (sistemas 
agroforestales, por ejemplo), pero su factibi-
lidad dependía de las condiciones edafocli-
máticas de cada ecosistema y de su capacidad 
productiva. En climas en los que la producción 
primaria resultaba deprimida por la escasez 
de precipitaciones o la escasez de nutrientes, 
los costes territoriales de la producción de 
biomasa eran mayores que en las zonas de 
abundancia de estos factores. En algunas 
regiones secas, semiáridas y áridas, donde el 
agua escaseaba, los usos del territorio podían 
incluso competir entre si y ser prácticamente 
excluyentes, obligando a un alto consumo de 
territorio. La superficie agraria útil quedaba, 
pues, dividida según sus aprovechamientos, 
en terrenos agrícolas, pecuarios y forestales, 
cuyo grado de incompatibilidad dependía de 
las aptitudes de cada agroecosistema. Incluso 
en zonas semidesérticas o áridas, en las que 
la productividad natural era baja y el terri-
torio objeto de apropiación tenía que ser 
demasiado extenso, la mejor opción era el 
pastorialismo y el nomadismo (Giampietro, 
Bukkens, Pimentel, 1997, 155). En definitiva, 
la distribución en distintos usos del territorio, 
esto es la heterogeneidad espacial, consti-
tuía una forma de imitar la dinámica de los 
ecosistemas naturales y lograr así la máxima 
estabilidad.
3Como ha señalado Sieferle (2001b, 20), los distintos usos del suelo estaban vinculados con los diversos tipos de energía. 
Las tierras cultivadas estaban asociadas con la producción de energía metabólica para proveer la alimentación humana; las 
tierras de pasto que alimentaba a los animales de labor con la energía mecánica y los bosques con la energía térmica que 
proporcionaba el combustible necesario para la cocina, calefacción y la manufactura.
INTRODUCCIÓN A LA AGROECOLOGÍA
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LOS FLUJOS DE INFORMACIÓN: 
LA IMPORTANCIA 
DEL CONOCIMIENTO LOCAL
 
30 Los flujos de información: la importancia del conocimiento local
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INTRODUCCIÓN A LA AGROECOLOGÍA
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a Agroecología no sólo se nutre de los 
conocimientos de diversas disciplinas científicas, 
también se nutre de los saberes de los propios 
agricultores. “Se alimenta de ambos para 
convertirse en un enfoque de investigación 
que se puede aplicar para convertir agroeco-
sistemas convencionales o no sostenibles, en 
sostenibles” (Gliessman et al., 2007, 21). Ello es 
debido a que, a lo largo del tiempo, los campe-
sinos han ido generando un importante arsenal 
de conocimientos útiles. Se trata de saberes, 
transmitidos por vía oral de generación en 
generación, por medio de los cuales han ido 
perfeccionando sus relaciones con su medio 
ambiente. Su lógica es distinta de la ciencia 
actual y por ello se le ha dado el nombre de 
“saberes” (Toledo y Barrera-Bassols, 2008). Son 
de conocimientos ecológicos que generalmente 
tienen una dimensión local, colectiva, diacró-
nica y holística. El conocimiento campesino está 
basado en observaciones en una escala geográ-
fica más bien restringida, provee información 
detallada de todo el espacio apropiado, esto 
es, conocimientos acerca de la estructura o los 
elementos de la naturaleza, las relaciones que 
se establecen entre ellos, los procesos o diná-
micas y su potencial utilitario. De esa forma, 
en el conocimiento local se han acumulado 
conocimientos de carácter taxonómico sobre 
constelaciones, plantas, animales, hongos, 
rocas, nieves, aguas, suelos, paisajes y vegeta-
ción, o sobre procesos geo-físicos, biológicos y 
ecológicos tales como movimientos de tierras, 
ciclos climáticos o hidrológicos, ciclos de vida, 
periodos de floración, fructificación, germina-
ción, celo o nidación, y fenómenos de recupe-
ración de ecosistemas (sucesión ecológica) o de 
manejo de paisajes. Estos conocimientos han 
constituido la base del flujo de información que 
ha hecho funcionar los agroecosistemas.
El conocimiento campesino utiliza normal-
mente sistemas complejos para clasificar 
plantas y animales de tal suerte que “el 
nombre tradicional de una planta o animal 
revela el status taxonómico de ese organismo” 
(Altieri, 1991: 16-24). Algunas culturas desa-
rrollaron sistemas de clasificación de suelos en 
función de su origen, color, textura, olor, consis-
tencia y contenido orgánico, por su potencial 
agrícola y el tipo de cultivo que resultaba más 
adecuado. Está demostrado por múltiples 
trabajos que, en general, hay una alta corre-
lación entre la taxa campesina y la científica 
(Berlín, Breediove y Raven, 1973:  214-242; 
Bulmer, 1965: 1564-1566). Ejemplos muy inte-
resantes se puede encontrar entre los aztecas 
(Willians, 1980), en las culturas andinas del 
Perú (McCamant, 1986) y otros lugares de 
Latinoamérica (Chambers, 1983). Algo pare-
cido ocurre con las taxonomías campesinas 
de animales y plantas que no tienen nada 
que envidiar a las científicas. Se sabe que los 
Mayas de Tzeltal y de Yucatán y los Purépechas 
podían conocer más de 1.200, 900 y 500 espe-
cies de plantas respectivamente (Toledo, 1985); 
o los agricultores de Hanunoo en Filipinas que 
distinguían más de 1.600 (Conklin, 1979). Estos 
sistemas de clasificación, de una gran comple-
jidad, explican que el nivel de diversidad 
biológica en forma de policultivos y sistemas 
agroforestales de muchas comunidades campe-
sinas no fuera resultado de la casualidad sino 
de un conocimiento muy aproximado del 
funcionamiento de los sistemas agrarios. La 
l
32 Los flujos de información: la importancia del conocimiento local
diversidad genética de tales sistemas les hacía 
menos vulnerables a las enfermedades especí-
ficas de tipos concretos de cultivos y provocaba 
usos múltiples de las plantas en el terreno de la 
medicina, los pesticidas naturales o la alimenta-
ción, mejorando la seguridad de las cosechas. 
Los campesinos desarrollaron,

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