Sistemas_politicos_africanos
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de acuerdo con las 
órdenes de sus superiores, y también utilizaban el apoyo de su grupo 
en las pugnas por el poder administrativo, a veces contra los intereses 
 El reino Zulú de Sudáfrica 113
de su propia gente. Ellos y los funcionarios cercanos a una corte eran 
el lazo entre un gobernante y sus súbditos, pero frecuentemente ten-
dían a volverse una barrera entre ellos, porque eran muy celosos de 
sus derechos, resentían cualquier intervención en sus privilegios y 
algu nas veces actuaban independientemente del gobernante. La gente 
tenía que considerar a esos funcionarios al aproximarse a sus gober-
nantes, y éstos tenían que conducir sus relaciones con el pueblo por 
medio de estos funcionarios. Había, por tanto, un precario equilibrio 
de deberes e intereses entre líderes de grupos actuando como corte-
sanos, otros cortesanos y los gobernantes del pueblo.
sanciones a la autoridad 
y estaBilidad del estado
El rey estaba obligado a considerar la costumbre y su consejo. El rey 
zulú raramente convocaba a reuniones nacionales para debatir; él 
consultaba los deseos del pueblo por medio de los jefes. El pueblo 
no podía criticar al rey, pero él podía sufrir si pasaba por alto los sen-
timientos de éste. El rey debía ser, supuestamente, justo y generoso, y 
los príncipes y jefes eran educados en la tradición del buen gobierno. 
Los zulúes señalan a su historia y muestran sus lecciones. ¿No ha-
bía sido Shaka asesinado por haber oprimido a su pueblo?, por esta 
razón ¿dudó Dingane en matarlo? A su vez, mucha gente apoyó a 
Mpande en contra de Dingane. Mpande, justo y generoso rey, go-
bernó por largo tiempo. Me comentaron que si un jefe oprimía a su 
 pueblo, sus parientes e indunas lo envenenarían, pero mis informan-
tes no me pudieron citar un caso en que esto hubiera acontecido.
Se necesitó un largo periodo de sufrimiento antes de que el pue-
blo se volviera en contra de sus gobernantes. Decíase que los reyes 
y jefes siempre tenían muchos espías, por lo que era difícil organizar 
una resistencia armada contra éstos, aunque los zulúes señalan que 
114 Max Gluckman 
aun con todos los espías que tenía Shaka, éste no se salvó de ser ase-
sinado. El rey fue apoyado con gran fuerza y la rebelión requirió que 
todos los jefes y príncipes se unieran. Uno de los primeros europeos 
en llegar al territorio de Shaka constató que la política de Shaka era 
mantener a sus jefes en constantes conflictos entre ellos, y los zulúes 
reconocen esto como método de gobierno, señalando que el gobier-
no lo utiliza actualmente para dividir Natal y el territorio zulú en tres-
cientas jefaturas. Fuera de la familia real no había nadie que pudiera 
mantener unida a la nación, y esto lo reconocían los jefes.
El pueblo dependía del liderazgo de sus funcionarios políticos 
más cercanos para luchar contra un soberano opresor. Los zulúes no 
tenían idea de ninguna organización política más que la jerarquía he-
reditaria, y su etapa de desarrollo social no conducía al establecimien-
to de nuevos tipos de régimen. Su única reacción a un mal gobierno 
era deponer al tirano y poner a alguien más en su lugar con poderes 
similares, aunque algunos individuos tiranos podían huir y refugiarse 
en otras naciones; el pueblo podía aprovechar las intrigas por el poder 
de los príncipes y los jefes, y estos últimos al intrigar, intentaban bus-
car el apoyo del pueblo. La política del rey era, por lo tanto, procesar 
a cualquiera que representara una amenaza para su reinado: tenía que 
enfrentar a rivales, no a revolucionarios. Los reyes mataban a todos 
sus hermanos cuya rivalidad temían. Se consideraba menos proba-
ble que los tíos \u2013padres según el sistema de parentesco\u2013 depusieran 
al rey, y aun cuando el pueblo no podía quejarse del rey con los her-
manos de éste, sí podía recurrir a uno de los tíos. Los reyes y todos 
los funcionarios estaban siempre alerta ante cualquier amenaza con-
tra ellos. Así como se creía que las medici nas de un gobernante lo ha-
cían inmune a la influencia de sus inferiores, si éste se sentía enfermo 
en presencia de alguna persona, podía acusarla de hechicería.
El rey debía tratar a sus hermanos y jefes con cuidado para que 
no se volvieran núcleos de descontento contra él. La tensión en la 
relación entre el rey y sus hermanos era un freno en el poder del 
 El reino Zulú de Sudáfrica 115
rey, porque sus súbditos podían transferir su lealtad a sus hermanos. 
Además, como los zulúes eran muy apegados a sus jefes políticos in-
mediatos, y los apoyaban contra el rey, aquéllos tenían poder para 
controlar las acciones de este último. Por otra parte, los jefes seguían 
dependiendo del rey. Él podía aumentar los poderes de sus favoritos 
o ayudar a los rivales de un jefe recalcitrante.
Dentro de las tribus, los jefes detentaban el poder en condicio-
nes similares. Podían valerse de la fuerza armada contra súbditos re-
beldes, aunque tenían que informar al rey de lo que estaban haciendo. 
Había más control en sus gobiernos. Sus súbditos podían quejarse 
con el rey si los jefes gobernaban mal. Pese a que en teoría un hombre 
podía demandar al rey, no era probable que lo hiciera; era más proba-
ble que un jefe fuera presentado ante el tribunal del rey. El mal gobier-
no de un jefe podía fortalecer las manos de sus hermanos dentro de la 
tribu, y estos hermanos, a menos que el rey interviniera, podían adue-
ñarse del poder. Una disputa con un hermano o súbdito importante 
podía inducirlo a vivir en otro lugar, con sus partidarios personales. 
Mientras que el mal gobierno hacía que los súbditos buscaran otros je-
fes, un gobierno bueno y generoso podía atraer seguidores. Los zulúes 
sostenían que un jefe debía ser generoso y bueno con su pueblo y 
escuchar sus problemas, y si así era, lo apoyaban en la guerra y \u201cno 
lo apuñalarían en su choza\u201d. Las fuerzas de fisión e integración que 
marcaron la temprana organización política seguían en acción en la 
nación zulú, y para beneficiarse de ellas, correspondía al jefe gober-
nar justa y sabiamente, de acuerdo con los deseos de su pueblo.
Los zulúes eran leales a sus diversas cabezas políticas. Aunque esas 
lealtades generalmente no entraban en conflicto, si un rey, jefe o indu-
na abusaba de su poder, la gente podía dar su apoyo a alguna de sus 
otras cabezas políticas y ponerla contra él; esas cabezas políticas, en 
sus intrigas por el poder, estaban dispuestas a aprovechar la situación. 
Así, el conflicto potencial de estas lealtades era un poderoso freno al 
mal gobierno, y daba al pueblo cierto control sobre sus gobernantes.
116 Max Gluckman 
el PueBlo y sus líderes
El funcionamiento de estas fuerzas dependía del hecho de que el 
lide razgo político era personal. En teoría, cualquiera podía acercarse 
a sus superiores por medio de sus cortesanos, aunque requiriera al-
gunos días. Un jefe, o incluso el rey, supuestamente mantenía contac-
to directo con su pueblo y no debía delegar este deber. Los jefes y los 
indunas, sabían mucho de sus súbditos, de sus relaciones y antepa-
sados; si un extranjero llegaba a una capital, se le preguntaban todos 
los detalles sobre su vida y sus raíces. Esto también se aplicaba al rey, 
pero en menor grado. El jefe asistía a las bodas de su pueblo y man-
daba sus condolencias o los visitaba si algún pariente había muerto. 
Los zulúes resumían esto diciendo: \u201cEl pueblo respeta a su jefe, pero 
el jefe debe respetar a su pueblo\u201d.
Esta intimidad entre el rey y su pueblo, a pesar del ceremonial 
que lo rodeaba, era en gran parte posible porque no había esno-
bismo de clase entre los zulúes; al jefe se le seguía considerando y tra-
tando como \u201cel padre de su pueblo\u201d, \u201cellos son el pueblo de tu padre\u201d, 
se le decía, \u201ccuida bien de ellos\u201d. ¿Y no pertenecía el jefe a la tribu, 
especialmen te si había aceptado la dote para su madre? No había 
una barrera insuperable al matrimonio entre su familia y cualquier 
otra familia de sus súbditos. Aunque los cortesanos conocían mejor 
los asuntos de la