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VIGOTSKI - la imagiancion e criatividad

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Lev Semiónovich Vygotsky La imaginación y el arte en la infancia 
vigotsky.org@gmail.com http://www.taringa.net/perfil/vygotsky 
 
 
 
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La imaginación y el arte 
en la infancia 
 
Ensayo psicológico 
Lev S. Vigotsky 
 
Índice 
Capítulo 1. Arte e imaginación. 
Capítulo 2. Imaginación y realidad. 
Capítulo 3. El mecanismo de la imaginación creadora. 
Capítulo 4. La imaginación del niño y del adolescente. 
Capítulo 5. Los tormentos de la creación. 
Capítulo 6. La creación literaria en la edad escolar. 
Capítulo 7. El arte teatral en la edad escolar. 
Capítulo 8. El dibujo en la edad infantil. 
Bibliografía. 
Apéndice. 
 
 
 
 
 
Lev Semiónovich Vygotsky La imaginación y el arte en la infancia 
vigotsky.org@gmail.com http://www.taringa.net/perfil/vygotsky 
 
 
 
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Capítulo 1 Arte e imaginación 
 
Llamamos tarea creadora a toda actividad humana generadora de algo nuevo, ya se trate 
de reflejos de algún objeto del mundo exterior, ya de determinadas construcciones del cerebro 
o del sentimiento que viven y se manifiestan únicamente en el ser humano. Si observamos la 
conducta del hombre, toda su actividad, percibiremos fácilmente que en ella cabe distinguir dos 
tipos fundamentales de impulsos. Uno de ellos podría llamarse reproductor o reproductivo; que 
suele estar estrechamente vinculado con nuestra memoria, y su esencia radica en que el 
hombre reproduce o repite normas de conducta creadas y elaboradas previamente o revive 
rastros de antiguas impresiones. Cuando rememoro la casa donde pasé mi infancia o países 
lejanos que visité hace tiempo estoy recreando huellas de impresiones vividas en la infancia o 
durante esos viajes. Con la misma exactitud, cuando dibujamos del natural, escribimos o 
realizamos algo con arreglo a una imagen dada, no hacemos más que reproducir algo que 
tenemos delante, que ha sido asimilado o creado con anterioridad. Todos estos casos tienen 
de común que nuestra actividad no crea nada nuevo, limitándose fundamentalmente a repetir 
con mayor o menor exactitud algo ya existente. 
Es sencillo comprender la gran importancia que tiene, para toda la vida del hombre, la 
conservación de su experiencia anterior, hasta que punto eso le ayuda a conocer el mundo que 
le rodea, creando y promoviendo hábitos permanentes que se repiten en circunstancias 
idénticas. 
Principio orgánico de esta actividad reproductora o memorizadora es la plasticidad de 
nuestra sustancia nerviosa, entendiendo por plasticidad la propiedad de una sustancia para 
adaptarse y conservar las huellas de sus cambios. Desde esta perspectiva, diremos que, la 
cera es más plástica que el agua o que el hierro, porque se adapta a los cambios mejor que el 
hierro y conserva mejor que el agua la huella de estos cambios. Sólo ambas propiedades, en 
su conjunto, crean la plasticidad de nuestra sustancia nerviosa. Nuestro cerebro y nuestros 
nervios, poseedores de enorme plasticidad, transforman fácilmente su finísima estructura bajo 
la influencia de diversas presiones, manteniendo la huella de estas modificaciones si las 
presiones son suficientemente fuertes o se repiten con suficiente frecuencia. Sucede en el 
cerebro algo parecido a lo que pasa en una hoja de papel si la doblamos por la mitad: en el 
lugar del doblez queda una raya como fruto del cambio realizado; raya que propicia la 
reiteración posterior de ese mismo cambio. Bastará con soplar el papel para que vuelva a 
doblarse por el mismo lugar en que quedó la huella. 
Lo mismo ocurre con la huella dejada por una rueda sobre la tierra blanda; se forma una 
vía que fija los cambios producidos por la rueda al pasar y que sirve para facilitar su paso en el 
futuro. De igual modo, las excitaciones fuertes o frecuentemente repetidas abren en nuestro 
cerebro senderos semejantes. 
Resulta ser que nuestro cerebro constituye el órgano que conserva experiencias vividas y 
facilita su reiteración. Pero si su actividad sólo se limitara a conservar experiencias anteriores, 
el hombre sería un ser capaz de ajustarse a las condiciones establecidas del medio que le 
rodea. Cualquier cambio nuevo, inesperado, en ese medio ambiente que no se hubiese 
producido con anterioridad en la experiencia vivida no podría despertar en el hombre la debida 
reacción adaptadora. Junto a esta función mantenedora de experiencias pasadas, el cerebro 
posee otra función no menos importante. 
Además de la actividad reproductora, es fácil advertir en la conducta del hombre otra 
actividad que combina y crea. Cuando imaginamos cuadros del futuro, por ejemplo, la vida 
humana en el socialismo, o cuando pensamos en episodios antiquísimos de la vida y la lucha 
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del hombre prehistórico, no nos limitamos a reproducir impresiones vividas por nosotros 
mismos. No nos limitamos a vivificar huellas de pretéritas excitaciones llegadas a nuestro 
cerebro; en realidad nunca hemos visto nada de ese pasado ni de ese futuro, y sin embargo, 
podemos imaginarlo, podemos formarnos una idea, una imagen. 
Toda actividad humana que no se limite a reproducir hechos o impresiones vividas, sino 
que cree nuevas imágenes, nuevas acciones, pertenece a esta segunda función creadora o 
combinadora. El cerebro no sólo es un órgano capaz de conservar o reproducir nuestras 
pasadas experiencias, sino que también es un órgano combinador, creador; capaz de 
reelaborar y crear con elementos de experiencias pasadas nuevas normas y planteamientos. Si 
la actividad del hombre se limitara a reproducir el pasado, él sería un ser vuelto exclusivamente 
hacia el ayer e incapaz de adaptarse al mañana diferente. Es precisamente la actividad 
creadora del hombre la que hace de él un ser proyectado hacia el futuro, un ser que contribuye 
a crear y que modifica su presente. 
A esta actividad creadora del cerebro humano, basada en la combinación, la psicología la 
llama imaginación o fantasía, dando a estas palabras, imaginación y fantasía, un sentido 
distinto al que científicamente les corresponde. En su acepción vulgar, suele entenderse por 
imaginación o fantasía a lo irreal, a lo que no se ajusta a la realidad y que, por lo tanto, carece 
de un valor práctico serio. Pero, a fin de cuentas, la imaginación, como base de toda actividad 
creadora, se manifiesta por igual en todos los aspectos de la vida cultural haciendo posible la 
creación artística, científica y técnica. En este sentido, absolutamente todo lo que nos rodea y 
ha sido creado por la mano del hombre, todo el mundo de la cultura, a diferencia del mundo de 
la naturaleza, es producto de la imaginación y de la creación humana, basado en la 
imaginación. 
Toda invención -dice Ribot- grande o pequeña, antes de realizarse en la práctica y 
consolidarse, estuvo unida en la imaginación como una estructura erigida en la mente mediante 
nuevas combinaciones o correlaciones, (...) Se ignora quién hizo la gran mayoría de las 
invenciones; sólo se conocen unos pocos nombres de grandes inventores. La imaginación 
siempre queda, por supuesto, cualquiera que sea el modo como se presente: en 
personalidades aisladas o en la colectividad. Para que el arado, que no era al principio más 
que un simple trozo de madera con la punta endurecida al fuego, se convirtiese de tan simple 
instrumento manual en lo que es ahora después de una larga serie de cambios
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