Text Material Preview
Muy pocos cristianos dirían que están satisfechos con su vida de oración, a pesar de reconocer su importancia. Sin embargo, en lugar de aceptar esa apatía, Daniel insta al lector a buscar el rostro del Señor de una manera desafiante y transformadora. Él establece un plan práctico y factible para que la vida de oración de los cristianos pase de lo ordinario a lo extraordinario. Este libro, La oración transformadora, lleno de historias personales y ejemplos bíblicos, es un claro llamamiento a una vida de oración más apasionante. John Macarthur, Grace Community Church La oración transformadora es un mensaje transformador. Daniel Henderson le ha regalado al cuerpo de Cristo este tesoro, ha- ciéndonos un llamado a involucrarnos, a orar por nuestras pe- ticiones y a buscar apasionadamente al Cristo vivo. Un mensaje salido de su propio caminar con Cristo, desarrollado en su fiel ministerio y entregado con claridad y precisión. Jennifer Kennedy dean, The Praying Life Foundation Como trabajo con pastores y consejeros que sirven a miles y miles de creyentes en todo el mundo, estoy más convencido que nunca del desesperado anhelo del corazón humano de experi- mentar un cambio positivo y permanente. Nada es más esencial para este tipo de transformación que el poder de la oración. Na- die mejor que Daniel Henderson para equipar en la oración a los creyentes. He experimentado la importancia de su ministerio y he visto el impacto de su enseñanza. Espero que atesore el poder del cambio que se encierra en este oportuno libro. tiM clinton, presidente, Asociación Americana de Consejeros Cristianos Cuando cambiamos la manera en que oramos, Dios cambia la forma en que vivimos. Por desgracia, muchos cristianos quedan atascados en una rutina de oración seca y sin vida que los deja desalentados y confundidos. Daniel ha pasado todo su ministe- rio equipando a la iglesia para una vida de oración poderosa. Yo confío en que el mensaje de este libro despertará tu corazón y te mostrará el camino hacia un nuevo nivel de intimidad espiritual y de transformación. Jonathan falwell, pastor principal, Iglesia Bautista Thomas Road La oración transformadora es una guía práctica bien escrita y mo- tivante para que juntos busquemos a Dios mediante la oración basada en la adoración. Los grandes movimientos de Dios son impulsados por la oración, y este libro es combustible para ese fuego. Para aquellos que anhelan ver a Dios obrar, esta es una lectura obligada. r. de Scott weatherford, pastor principal, Primera Iglesia Alianza, Calgary La oración transformadora es una lectura obligada no solo para los pastores y líderes de la iglesia, sino para todos los que quieran experimentar el poder de la oración. He conocido a Daniel Hen- derson durante muchos años y sé que vive lo que escribe. Como pastores podemos quedar fácilmente atrapados en “los queha- ceres del ministerio” y dejar a un lado la pasión de orar por el ministerio. Este libro le inspirará a ascender al siguiente nivel en su caminar con Dios. Matt fry, pastor principal, Iglesia C3 «El secreto de la oración no está en “mover” a Dios para que haga algo por nosotros. Más bien, el secreto de la oración está en la forma en que nos mueve a ser como Dios. Daniel Henderson ha tocado un tema sensible en el cuerpo de Cristo, y todos no- sotros debemos responder. No deberíamos estar preocupados cuando nuestras oraciones no son contestadas, sino cuando no somos transformados a la imagen de Jesucristo. Es mi deseo que pueda leer este libro y, en consecuencia, ser cambiado». elMer l. townS, co-fundador y vicepresidente, Universidad Liberty «La singular contribución de La oración transformadora, de la auto- ría de mi buen amigo Daniel Henderson, es que devela las claves para la oración que transforma». luiS BuSh, facilitador internacional, Transform World Connections LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Todo cambia cuando usted busca el rostro de Dios por DANIEL HENDERSON La oración transformadora Título original en inglés: Transforming Prayer © Daniel Henderson, 2011 Published by Bethany House Publishers 11400 Hampshire Avenue South Bloomington, Minnesota 55438 www.bethanyhouse.com ISBN 978-0-7642-0851-5 © Edición en español, 2015 Traducción: Vivian Rosa García Artiles Edición y corrección: Dalila Rodríguez González Diagramación: Déborah García Las citas bíblicas han sido tomadas de la versión Reina Valera de 1960; en caso contrario se indica la fuente al final de la cita. El énfasis en las Escrituras es del autor. a D. JUSTIN HENDERSON mi hijo primogénito, amigo entrañable, y colega en el ministerio. Gracias por tu ayuda con este proyecto. al PASTOR PETER LORD cuya enseñanza fue la primera que inspiró mi corazón en la visión de buscar el rostro de Dios. Sobre el autor Como pastor por más de veinticinco años, Daniel Henderson trajo una revitalización basada en la oración a varias iglesias grandes, y ahora dedica la mayor parte de su energía a ayudar a que congregaciones en los Estados Unidos experimenten la renovación y el cambio. Henderson es el presidente de Renova- ción Estratégica, iniciativa que existe para encender el corazón de la iglesia a través de la renovación personal y del renacimiento de la congregación, así como para la restauración de liderazgo para la gloria de Cristo. Como presidente, Henderson realiza nu- merosos viajes liderando iglesias en experiencias de renovación, entrenando a los líderes de las iglesias e impartiendo conferen- cias. Él es un ejemplo de su enfoque de renovación al ser pastor de Oración y Renovación en la Iglesia Bautista Thomas Road. Además, es profesor en la Universidad Liberty en las áreas de oración, vida cristiana y liderazgo de la iglesia. Autor de varios libros, Daniel formó parte del equipo de re- visión editorial de la revista Pray! y es miembro de la junta direc- tiva de la Asociación Nacional de Evangélicos. Él y su esposa Rosemary tienen tres hijos adultos y viven cerca de Lynchburg, Virginia. Para obtener más información, visite www.strategicrenewaI.com. Contenido Prólogo . . . 9 Introducción: El camino al cambio real . . . 13 Parte Uno: La Visión para una Vida Transformada 1. Más allá de una «lista de necesidades» . . . 21 2. El potencial para la transformación . . . 29 3. ¿Qué está impidiendo el avance? . . . 37 4. ¡Tiempo cara a cara! . . . 45 5. El resplandor en Moisés y el cambio en usted . . . 55 Parte Dos: Orar utilizando las mejores prácticas 6. El caso de la lista de oración equivocada . . . 67 7. Todas las peticiones de oración no son iguales . . . 77 8. ¡Vaya tras la gloria! . . . 87 9. El permanecer guía nuestro pedir . . . 99 10. Su Espíritu aviva nuestro clamor . . . 109 11. Su nombre corrige nuestras necedades . . . 121 12. La revelación motiva nuestra respuesta . . . 131 Parte Tres: El cambio comienza aquí 13. Ore de la manera adecuada . . . 147 14. La oración transformadora para dummies (tontos) . . . 157 15. Así es como lo hacemos . . . 169 16. Salir del aposento de oración . . . 183 17. Su función en el avivamiento orgánico . . . 195 Apéndices 1. Los privilegios, posibilidades y provisiones relacionados con la oración . . . 205 2. Encuentros cara a cara con Dios expuestos en la Biblia . . . 208 3. ¿Cómo Jesús oró? . . . 211 4. Las peticiones de oración de Pablo . . . 213 5. La Biblia y la gloria de Dios . . . 215 Preguntas por cada capítulo para aplicar y debatir . . . 217 Notas . . . 227 Agradecimientos Prólogo En este momento crítico en la historia de la iglesia no hay tiempo para que los cristianos se distraigan en cuestiones secundarias. Los desafíos de una creciente secularización que desacredita el evangelio de Cristo son demasiado evidentes para todo hijo de Dios. La iglesia cristiana tiene que despertar para levantarse y vivir el llamado de Cristo a ser sal y luz. Pero, ¿cómo podemos ver un cambio radical en el paisaje espiritual sinen dependen- cia de a quién enfrentamos y la naturaleza del encuentro. Las personas alejadas de Dios evitan encontrarse cara a cara con el Todopoderoso —al menos en esta tierra—. Algún día, todos — los justos y los injustos— tendrán un encuentro personal cara a cara con el Cristo resucitado y soberano. 46 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA La idea del rostro de Dios es uno de los temas más poderosos y trans- formadores de nuestra vida que apa- recen en la Biblia. Aun así, muchos viven toda su vida haciendo poco énfasis en los encuentros cara a cara La idea del rostro de Dios es uno de los temas más poderosos y transforma- dores de nuestra vida que aparecen en la Biblia. con Dios. Tal vez no comprenden esta increíble oportunidad porque nunca la han experimentado o porque no sienten la ne- cesidad. Quizás el tiempo de oración es demasiado apresurado. Pero un encuentro cara a cara con Dios es el bálsamo que el alma humana necesita tan desesperadamente. Así como las pruebas de la temperatura, del pulso y de la presión arterial que nos hacen cuando visitamos al médico nos muestran nuestro estado físico, los tiempos cara a cara con Dios nos revelan nuestro estado es- piritual. Si no retenemos nada más de este libro, tenemos que retener esto. ¿Qué hay en un rostro? ¿Qué se entiende por rostro? «Es la representación de la verda- dera esencia y el carácter de una persona. Es la característica de identificación única de un individuo. También es la clave para realmente llegar a conocer a alguien». Proverbios 15:13 dice: «El corazón alegre se refleja en el rostro» (NVI). Del mismo modo en que los ojos son las ventanas del alma, el rostro es el lienzo del corazón y la personalidad. Oscar Wilde dijo: «El rostro de un hombre es su autobiografía». En las Escrituras somos animados a buscar el rostro de Dios. Ciertamente, la Biblia dice que Dios es Espíritu (Juan 4:24). Él es «eterno, inmortal, invisible» (1 Timoteo 1:17). Él habita en «luz inaccesible» (1 Timoteo 6:16). Sin embargo, la Biblia nos llama a un encuentro íntimo y habla de los que se han comunicado cara a cara con el Todopoderoso Dios. Cuando se habla del rostro de Dios se hace referencia a su santa e íntima presencia manifestada a los seres humanos en la tierra. En cierto sentido, no podemos experimentar su presencia plena y sin restricciones y vivir para contarlo; pero aun así, Él se nos revela hasta donde tenemos la capacidad, porque quiere que lo conozcamos y lo experimentemos, y nos creó con ese propósito. Si alguna vez ha estado lejos de un ser querido por un período prolongado, ya conoce la emoción de ver a esa persona de nue- 47 ¡Tiempo cara a cara! vo. Mientras que usted puede notar la ropa, el pelo o la colonia, su verdadera alegría es mirarla de nuevo a los ojos y contemplar su rostro. Esta imagen de una feliz reunión cara a cara nos re- cuerda una vez más los anhelos espirituales de nuestro corazón hacia Dios. En referencia a Adán y Eva en el jardín del Edén, la Biblia dice que a causa de su pecado «se escondieron de la presencia [literal- mente “del rostro”] de Jehová Dios» (Génesis 3:8). Ellos habían habitado antes con la santa presencia de Dios, y sus conciencias les alertaron de inmediato que su comportamiento había violado la intimidad que disfrutaban y para la cual Dios los había creado. Jacob se encontró con la presencia de Dios mientras luchaba con el Señor durante toda la noche. Por la mañana su nombre (principal identidad) fue cambiado por Israel y cojeó desde ese momento en lo adelante. Sobre esa experiencia dijo: «Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma» (Génesis 32:30). Como vere- mos, la Biblia habla mucho del rostro de Dios y la realidad de esta experiencia espiritual en nuestras vidas. El Nuevo Testamento explica que la presencia y la gloria de Dios ahora han sido reveladas plenamente en el rostro o la per- sona de Jesucristo (2 Corintios 4:6). «Él es la imagen del Dios invisible» (Colosenses 1:15), la revelación plena de la persona y el corazón de Dios. Cristo es la plenitud de Dios, revelado a la humanidad para traer reconciliación y paz, para que podamos conocer a Dios. Algún día, las dudas y el dolor que encontramos mientras vivimos en este mundo caído habrán terminado. La Biblia dice: «Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara» (1 Corintios 13:12). En este lado de la eternidad, Dios nos ha creado para conocerlo íntimamente, a pesar de que existan limitaciones. Algún día, todos los obstáculos y barreras terrenales se habrán ido y tendremos nuestro último encuentro cara a cara: la eternidad en su santa presencia. Un encuentro íntimo El rostro de Dios realmente habla de su presencia íntima y ma- nifiesta. Me gusta hablar de la presencia de Dios como su pre- sencia «total», su presencia «interior» y su presencia «íntima». El Salmo 139 habla de su presencia total e invisible en este mundo. Aunque no podemos verlo, Él está presente en todas partes. 48 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA En el Antiguo Testamento, algunos profetas, sacerdotes y reyes conocían su presencia interior, la cual les daba el poder para servir, guiar, hablar y escribir las Sagradas Escrituras. Esa presencia podía perderse debido al pecado. Después del Pente- costés (Hechos 2), todos los verdaderos creyentes disfrutan de la presencia interior de Dios por el poder de la obra consumada de Cristo al redimir y santificar los corazones humanos. Ahora estamos sellados por el Espíritu Santo con esa presencia hasta el día de nuestra redención final de este mundo (Efesios 4:30). Sin embargo, Dios nos llama a un encuentro íntimo cuando lo buscamos con todo nuestro corazón. En mi entendimiento, No se trata de ensayar una lista rápida de necesidades, sino de buscar a Dios por lo que es, con una pasión por tener una intimidad más pro- funda con Él y experimentar su presencia en nuestras vidas. buscar su rostro hoy significa dis- poner nuestro corazón para bus- carlo en la adoración con enten- dimiento bíblico, sometiéndonos por completo al control de su Espíritu con el anhelo de cono- cer y disfrutar más de Él. Una vez más, no se trata de ensayar una lista rápida de necesidades, sino de buscar a Dios por lo que es, con una pasión por tener una intimidad más profunda con Él y experimentar su presencia en nuestras vidas. Pablo habló de su deseo no solo de «ser cristiano», sino tam- bién de conocer a Cristo más íntimamente (Filipenses 3:10). Él oró por este tipo de intimidad para los creyentes de Éfeso, pi- diendo que tuvieran un «espíritu de sabiduría y de revelación» con el fin de conocer más a Cristo y experimentar la «extraordi- naria grandeza de su poder» (Efesios 1:17-20). Oró de manera similar por los seguidores en Colosas, su deseo era que siempre estuvieran «creciendo en el conocimiento de Dios y en la expe- riencia de su poder» (Colosenses 1:10-11). Este sería el fruto de un compromiso de buscar el rostro de Dios. Otros textos del Nuevo Testamento nos dicen que le adore- mos «en espíritu y en verdad» (Juan 4:24), que «permanezcamos» en una relación íntima con Cristo (Juan 15:4), y que «crezcamos en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Je- sucristo» (2 Pedro 3:18). Cuando buscamos su rostro, hacemos todas estas cosas. De hecho, ninguna de ellas finalmente se logra si no buscamos su rostro. 49 ¡Tiempo cara a cara! El Facebook original Facebook fue fundado por Mark Zuckerberg, un exestudiante de Harvard, en 2004. En un principio, el número de miembros se limitó a los estudiantes de las universidades de la Ivy League [un grupo de ocho universidades del este de Estados Unidos de gran prestigio y alto nivel académico], pero pronto se extendió a otras universidades e institutos de enseñanza media. En 2006, se hizo disponible para cualquier persona de trece años o más. Mientras escribo, la compañía dice que más de quinientos millones de per- sonas son usuarios activos de Facebook [una posible traduccióndel término sería Libro de rostros]. Para mí, es interesante que Facebook no se llame Handbook (Libro de manos), o Backbook (Libro de espaldas) o Footbook (Libro de pies). La popularidad de este sitio me recuerda nuestro gran deseo de conectarnos con un rostro que represente la vida de un buen amigo, un compañero de trabajo o un conocido de los días pasados. De hecho, realmente no me gusta ver que los miembros de Facebook se pongan alguna imagen genérica o una foto oscura en su perfil. Quiero ver una cara que lleve a una co- nexión informada y auténtica. El Facebook original es la Biblia. En muchos lugares vemos diversas imágenes de personas que desean una íntima conexión con el rostro de Dios. También vemos su angustia cuando algo les impide experimentar la intimidad y los beneficios de su rostro. Los seguidores del Antiguo Testamento hablaron de Dios «ocultando su rostro», o incluso volviendo su rostro contra las personas. Esto reflejaba esos momentos en que su presencia ínti- ma y su favor eran impedidos a causa del pecado (Deuteronomio 32:20; Job 34:29; Salmo 13:1; 30:7; 143:7; Isaías 54:8; Jeremías 33:5; Ezequiel 39:23-24; Miqueas 3:4). Los escritores de los Salmos oraron fervientemente durante esos momentos en los que el rostro de Dios estaba oculto. Eran épocas de gran angustia. Sentían miedo de ser superados por sus enemigos (Salmo 13:1-2). Temían a problemas emocionales y a estar, incluso, cerca de la muerte (Salmo 104:29; 143:7). Como resultado, los escritores clamaban por una restauración de la in- timidad y el favor de Dios. El Salmo 80 refleja un tiempo de reprensión de Dios hacia su pueblo. Tres veces nos encontramos con la oración: «Oh Dios de los ejércitos, restáuranos; ¡haz resplandecer tu rostro, 50 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA y seremos salvos!» (vv. 3, 7, 19). El rostro de Dios era la línea de vida de estos seguidores. Sin esa intimidad y bendición, estaban condenados. Primera de Pedro 3:12 dice: «Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el ros- tro del Señor está contra aquellos que hacen el mal». Claramente La intimidad con Dios significa vida y bendición. Pero, el rostro del Señor está contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria (Salmo 34:16). entendemos que la intimidad con Dios significa vida y bendición. Pero, el rostro del Señor está contra los que hacen el mal, para borrar de la tierra su memoria (Salmo 34:16). En 1978, los investigadores pediátricos acuñaron un térmi- no conocido como el «efecto de la cara inexpresiva». A través de extensos experimentos, los expertos han descubierto que la retroalimentación normal que los bebés reciben de sus madres en la interacción cara a cara se distorsiona cuando ellas están frente a sus hijos pero son facial- mente indiferentes. El impacto negativo de un rostro indiferente es significativo. Los bebés estudiados reaccionaron con intensa desconfianza y rechazo progresivo, lo que demuestra la necesi- dad innata de un niño de tener un encuentro interactivo con el rostro animado de un padre o una madre amorosos.1 Al igual que un niño necesita la atención sensibilizada y el amor de una madre, nosotros estamos desesperados por un encuentro vivificante con el rostro de nuestro Creador y Padre celestial. La invitación de Dios Las Escrituras son claras al decir que Dios desea que su pueblo lo conozca y disfrute. Él está animado y listo para restaurar a su pueblo, si ellos buscan su rostro nuevamente. Sabemos el co- nocido llamado de 2 Crónicas 7:14: «Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra». De manera similar, Dios hizo el ofrecimiento a través del pro- feta Oseas: «Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán» (Oseas 5:15). 51 ¡Tiempo cara a cara! Dios quiere que sus hijos conozcan la bendición de buscar su rostro junto con la intimidad y el favor que vienen con ella: «¡Buscad a Jehová y su poder; buscad su rostro continuamente » (1 Crónicas 16:11; Salmo 105:4). Las bendiciones de buscar su rostro son reflejadas en el Salmo 4:6-8: «Muchos son los que dicen: “¿Quién nos mostrará el bien?”. Alza sobre nosotros, Je- hová, la luz de tu rostro. Tú diste alegría a mi corazón, mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado» (NLT). El Salmo 89:15-16 también refleja estas Necesitamos que su rostro brille sobre nosotros, nos bendiga y nos envuelva, porque todo lo que somos y todo lo que hace- mos en obediencia a sus man- damientos y su comisión es el desbordamiento de la intimidad y el fruto de su bendición. bendiciones: «Bienaventurado el pueblo que sabe aclamarte; an- dará, oh Jehová, a la luz de tu rostro. En tu nombre se alegrará todo el día». El Salmo 67 es un gran sal- mo misionero que reflexiona sobre las muchas formas en que Dios bendijo a Israel para que pudieran ser de bendición a las naciones. En la raíz de todas esas bendiciones está la siguiente confesión fundamental: «Dios tenga misericordia de nosotros y nos bendiga; haga resplandecer su rostro sobre nosotros» (v. 1). Necesitamos que su rostro brille sobre nosotros, nos bendiga y nos envuelva, porque todo lo que somos y todo lo que hace- mos en obediencia a sus mandamientos y su comisión es el des- bordamiento de la intimidad con Dios y el fruto de su bendición. Cara a cara con el que transforma Lamentablemente, muchas veces nos involucramos en la ora- ción casi sin pensar en la realidad de que estamos en la presen- cia del Todopoderoso y que somos invitados e incluso ordena- dos a buscar su rostro. Podemos sentirnos alentados por los ejemplos en las Escrituras de los que claramente comprendie- ron el significado de estar en su presencia y llevaron las marcas de una vida cambiada desde ese momento en adelante. (Ver Apéndice 2). Incluso en el mundo de los negocios se sabe que nada puede sustituir el beneficio de la interacción cara a cara. Mientras es- cribo, estamos en medio de una recesión mundial devastadora. 52 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Según la revista Forbes, las empresas han reducido drásticamente los presupuestos de viaje y recurrido a un mayor empleo de la tecnología al usar las reuniones «virtuales» con el fin de ahorrar dinero. Mientras que el 59 por ciento de los ejecutivos dijo que el uso de las reuniones impulsadas por la tecnología había aumenta- do durante la recesión, ocho de cada diez expresaron una prefe- rencia abrumadora por las reuniones cara a cara con los socios de negocios. Los ejecutivos informan que los encuentros cara a cara son esenciales para «la construcción de lazos más profundos, más rentables con los clientes y socios de negocios y para mantener relaciones productivas con los compañeros de trabajo».2 Así como la escasez de fondos y la dependencia de las he- rramientas virtuales han hecho disminuir las relaciones en los negocios, nuestra falta de tiempo y la distracción con la tecno- logía han minado nuestra experiencia de ver el rostro de Dios. Extrañamos el gozo de la transformación prometida en la Biblia y un sinnúmero de bendiciones. La invitación divina Existen muchas anécdotas, en las Escrituras y en la historia, de personas que fueron bendecidas y cambiadas por un encuentro cara a cara con Dios. Pero, este libro no es acerca de ellos, es acerca de nosotros. Aquí está la buena noticia: la invitación a buscar su rostro es ofrecida a usted, en este momento. Me encanta la iniciati- va divina del Salmo 27:8: «Mi corazón ha dicho de ti: “Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová”». Él nos está diciendo: «Busquen mi rostro». Ahora tenemos que escuchar el llamado y responder. Una de las mayores expresiones delcorazón de Dios se en- cuentra en la conocida bendición de Aarón. Fue la bendición pronunciada por el sacerdote después de cada sacrificio en la mañana y la noche con las manos en alto. También fue la ben- dición pronunciada regularmente al cierre de todos los servicios en las sinagogas. La gente siempre respondía unánime con un «Amén». Y aquí está lo que Dios quería que todos entendieran, desde lo más profundo de su corazón, cada vez que su pueblo adoraba: «Jehová te bendiga y te guarde. Jehová haga resplandecer su “rostro” sobre ti 53 ¡Tiempo cara a cara! y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su “rostro” y ponga en ti paz». (nÚMeroS 6:24-26) El tiempo cara a cara con el Todopoderoso fue la clave para la bendición, la protección, la gracia y la paz. Y hoy día sigue sien- do así. Unamos nuestras voces y digamos: «¡Amén!». 55 CAPÍTULO 5 El resplandor en Moisés y el cambio en usted Todo en nuestra vida encuentra un valor adecuado una vez que lo hemos valorado adecuadamente. Dedicamos tiempo para lo que valoramos. Y contemplamos lo que amamos. Sin embargo, no es el deber de contemplar lo que nos cambia, sino más bien la belleza de lo que contemplamos. Ken cire Pido que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre glorioso, les dé el Espíritu de sabiduría y de revelación, para que lo conozcan mejor. PaBlo (efeSioS 1:17 [nVi]) Cuando era niño, mis padres y yo visitábamos a mi hermano ma- yor y su nueva esposa en Missouri, donde ellos iban a un institu- to bíblico. Mi mejor recuerdo de esos viajes se puede resumir en una palabra: luciérnagas. Al caer la tarde, nadie tenía que pregun- tar dónde yo estaba. Perseguir aquellos intermitentes insectos de color verde fosforescente cautivaba mi imaginación. Al haber crecido en Nuevo México, nunca había visto esos pequeños y curiosos neones de la noche. Teníamos un montón de lagartos, correcaminos y tarántulas, pero nada que realmente brillara. En los años siguientes, pasé la mayor parte de mi vida adulta en la costa oeste, donde nunca vi ninguna luciérnaga. Cuando nos mudamos a las Ciudades Gemelas (Minneapolis y Saint Paul, en el Estado de Minnesota), mi fascinación se desató una vez más. In- 56 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA cluso en mis cuarenta y tantos años me podía encontrar en la tar- de de un húmedo verano en junio, en Minnesota, arriesgando mi vida entre la gran cantidad de mosquitos solo para atrapar alguna luciérnaga ocasional. Ahora, viviendo en Virginia, sigo deseando la invasión de estos insectos centelleantes que me llevan constan- temente al patio trasero para revivir una aventura de la infancia. Los científicos dicen que la luminosidad de las pequeñas lu- ciérnagas se produce cuando la enzima luciferasa actúa sobre ellas en presencia del ion magnesio, de adenosina trifosfato (ATP), y oxígeno para producir luz.1 ¿Acaso eso no es inspira- dor? Tal vez no. Sin embargo, hay una historia de una criatura luminosa que está por encima de todas ellas. Yo la llamo La cróni- ca del Moisés resplandeciente. La explicación de su resplandor no es técnica, sino milagrosa y cautivadora. Reflejando una santa presencia Volvamos sobre tres mil quinientos años a una escena descrita en Éxodo 34:9-35. Moisés acababa de pasar sus segundos cuarenta días en la montaña santa, encontrándose con Dios, recibiendo la Ley del Todopoderoso. Dios no dejó duda alguna de que estaba hablándole a Moisés acerca de sus planes para su pueblo y de su adoración. Piense en la combinación de un gran terremoto, un volcán humeante, y el rugido de los truenos, todo ello envuelto en una experiencia sensorial. Fue un despliegue perturbador de la santidad, la verdad y el poder de Dios. Sin alimentos ni agua durante cuarenta días (¡no intente esto en casa!), Moisés se encontró con Dios en un intercambio ín- timo y descendió de la montaña una vez más. Con una segun- da copia del Decálogo (comúnmente conocido como Los Diez Mandamientos) en la mano, Moisés llegó al campamento ¡RES- PLANDECIENDO! La presencia de Dios era tan real que dejó su huella en el rostro de Moisés. El brillo era tan abrumador que asustó al pueblo. Moisés tuvo que ponerse un velo sobre su ros- tro. Cada vez que volvía a reunirse con Dios, experimentando su presencia íntima y recibiendo su verdad para el pueblo, Moisés se quitaba el velo en una comunión divina sin obstáculos. Moisés conocía la gloria de la presencia de Dios a cara descubierta, pero al volver a hablar con el pueblo se cubría el rostro con el velo. Matt Redman escribe: «Este pasaje nos da una idea de dos cosas: la profunda revelación de Dios, y el cambio que trae a 57 El resplandor en Moisés y el cambio en usted los que la experimentan. Cuanto mayor es la revelación, mayor es la transfor- mación. Sin el velo mientras adoraba y con acceso a la presencia de Dios, Moi- sés también se convirtió en un adorador transformado que brillaba con la gloria del Señor».2 «Cuanto mayor es la revelación, mayor es la transformación». Nuestro sabor de la gloria Usted dirá que mi familia está mal, pero una de nuestras películas favoritas es Nacho libre. Si usted anda con nosotros por mucho tiempo nos verá citando líneas de Nacho libre con un acento espa- ñol cursi. Es una comedia sana sobre un fraile católico que se en- carga de la comida en un orfanato mexicano. Desde la infancia, Nacho había soñado con ser un famoso luchador, pero perseguir la fama y la fortuna a través de la vanidad y la violencia está en contra de su religión. Él mezcla su sueño de fama en el ring con su deseo de ofrecer una mejor comida para los niños a través del dinero de sus ganancias. Para entrar en las peleas necesitaba un compañero de equi- po. En una de las primeras escenas de la película aborda a un chico muy flaco de la calle llamado Stephen, que había robado previamente las papas fritas que Nacho había recogido para los huérfanos. Al tratar de persuadir a Stephen para que fuese su compañero, Nacho le dice: «¿No estás cansado de que te ensu- cien la cara con una patada? ¿No quieres probar el sabor de la gloria y ver a qué sabe?». Stephen acepta, y el resto de la película es un viaje divertidísi- mo de dos luchadores diferentes que buscan la gloria y la riqueza en el ring de lucha libre. Todo el tiempo Nacho oculta cuidado- samente sus hazañas de las monjas, los sacerdotes y los niños en el orfanato, usando su barato pero colorido traje Nacho libre. La película termina, como era de esperar, con Nacho ganando el campeonato, recogiendo su dineral, proveyendo abundantemen- te a los huérfanos, y conquistando el corazón de una hermosa monja. A veces me canso de que el diablo me arroje basura en la cara cuando se trata de mi vida cristiana y mis esfuerzos por orar. Quiero un sabor de la gloria, pero no de mi gloria. Quiero probar algo de lo que «el Moisés resplandeciente» experimentó. Con esa inspiración en mente, quédese conmigo, porque esta historia del brillo y la gloria de Moisés culmina en la vida de 58 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA oración de usted. Vamos a avanzar rápidamente 1500 años, des- de Moisés hasta aproximadamente el año 55 d.C. Aquí encontra- mos a Pablo comparando el hecho del resplandor de la gloria en el rostro de Moisés en el Antiguo Testamento con nuestra propia experiencia de la presencia de Cristo en el Nuevo Testamento (2 Corintios 3:1-4:6). Pablo dice que el resplandor de Moisés era una exposición temporal del poder de la Ley, el cual era menor y pasajero; y en cuanto a la Ley, escrita en piedra, y en última ins- tancia, fuente de condenación a causa de nuestro pecado. En cambio, el Espíritu Santo nos ha llamado a un nuevo acuerdo con Dios, con la verdad escrita en nuestros corazones, no en tablas de piedra. Por causa de Cristo somos hechos justos y ahora experimentamos una gloria mucho mayor que el resplan- dor que lentamente se desvanecía del rostro de Moisés. Ahora la Ahora, la gloria está dentro de nosotros. No se encuentra en una ley o en un templo,sino en el rostro de Jesús, quien nos invita a un encuentro íntimo con Él. gloria está dentro de nosotros. No se encuentra en una ley o en un templo, sino en el rostro de Jesús, quien nos in- vita a un encuentro íntimo con Él. En el núcleo de esta presentación asombrosa, Pablo hace esta declara- ción potente: «El Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad. Por tanto, nosotros todos, mirando con el rostro descubierto y re- flejando como en un espejo la gloria del Señor, somos transfor- mados de gloria en gloria en su misma imagen, por la acción del Espíritu del Señor. Por lo cual, teniendo nosotros este ministerio según la misericordia que hemos recibido, no desmayamos» (2 Corintios 3:17-4:1). Le insto a leer ese pasaje de nuevo, porque creo que es el núcleo de un ministerio cristiano efectivo y dura- dero y la fuente de una transformación diaria.3 En cualquier momento y lugar En estos momentos estoy viajando a menudo, hablando en igle- sias e impartiendo conferencias, conduciendo eventos de reno- vación impulsados por la oración. En el camino siempre trato de conectarme en línea para terminar mi trabajo y mantenerme en contacto con la familia y los amigos. No me gusta pagar por el ac- ceso a Internet. Por supuesto, la mejor conexión es el acceso libre y seguro —asumiendo que alguien me haya dado la contraseña—. 59 El resplandor en Moisés y el cambio en usted Como cristianos, tenemos acceso libre y seguro a la transfor- madora presencia de Dios. Por supuesto, fue en extremo costosa para Cristo. Ahora, por medio de su sacrificio, gozamos de libre ac- ceso y la contraseña de seguridad habilitada es «Jesús es el Señor». Nuevamente, como Pablo escribe: «El Señor es el Espíritu; y don- de está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Corintios 3:17). Esta libertad es el libre e íntimo acceso que tenemos las 24 horas del día, los 7 días de la semana, hasta el Santo de los San- tos a través de nuestro Señor Jesucristo. Nosotros no necesita- mos una montaña humeante, un conjunto de leyes o el velo de Moisés. Tenemos todo lo que necesitamos en la verdad de la redención de Cristo, la presencia de su Espíritu, y la invitación a buscarlo en cualquier momento y lugar. ¡Todo incluido! Al principio de nuestro matrimonio, Rosemary y yo sacamos una semana de vacaciones. A pesar de que de inmediato sen- tíamos el remordimiento del comprador después de ceder a la gran presión de las ventas, en realidad lo hemos disfrutado con los años, cambiando nuestra semana por muchos lugares rela- jantes y únicos. También hemos aprendido que antes de hacer algún cambio, debemos leer la pequeña inscripción sobre algo conocido como «todo incluido». Esto significa que por una tarifa fija para la semana usted puede comer, beber y ser feliz todo lo Cuando se trata de nues- tro acceso al trono de la gracia de Cristo hay una oferta de «todo incluido» muy positiva y poderosa. que quiera. Para los que gastan mucho dinero en alcohol, supongo que es un buen negocio. Para nosotros, es una pérdida de dinero. Cuando se trata de nuestro acceso al trono de la gracia de Cristo hay una oferta de «todo incluido» muy positiva y poderosa. Pablo escribe: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Corintios 3:18). Todo creyente, al tenerlo todo incluido, ahora goza del privilegio de «contemplar» al Señor a través de un encuentro ín- timo con la gloria (presencia y persona) de Jesucristo. Podemos disfrutar de esta realidad individual y colectivamente cada vez que oramos. 60 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Por supuesto, es como mirar en un espejo, pero no en un es- pejo moderno. Mi esposa tiene uno de esos espejos de maquillaje con una ampliación de gran alcance. Le ayuda a maquillar su be- llo rostro casi de manera perfecta. Cuando uso el espejo, veo lo que parecen ser cráteres de la luna en mi nariz e incluso un poco de pelusa de durazno colgando encima de mi hermosa calva. Por el contrario, los espejos de los tiempos bíblicos eran piezas de metal pulido en bruto. El punto de Pablo es este: podemos disfrutar de la mirada que cambia la vida de oración mientras nos comunicamos con nuestro increíble Salvador. En la eternidad sabemos que será cara a cara y, como dice el escritor del himno, será la gloria definitiva para nosotros.4 El poder para convertir Entonces, ¿cuál es el resultado? En el núcleo de un ministerio creíble, de una auténtica fe y de una comunión espiritual que cambia la vida, ¿qué encontramos? Pablo dice que «somos trans- formados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor» (2 Corintios 3:18). Sí, Dios usa la oración para cambiar las cosas. En el núcleo de la teología de Pablo sobre la vida y el ministerio se encuentra esta increíble verdad: ¡La co- munión con Cristo nos cambia! Esto no es un reordenamiento superficial de las actividades, enfoques y actitudes de vida. Es un cambio de adentro hacia afuera. Es una transformación. La pronunciación en inglés de esta palabra griega es metamour- foumetha —muy similar a nuestra idea de una metamorfosis—. Es la misma palabra usada para describir la transfiguración de Cristo (Mateo 17:2), y en Romanos 12:2 somos igualmente retados a ser «transformados mediante la renovación de vuestra mente». Se trata de un cambio progresivo y continuo de corazón y carácter, de un nivel de gloria a otro. A menudo hemos utilizado la palabra «gloria» en estas páginas. Realmente habla de la manifestación de la presencia de Dios en la persona de Cristo. Me gusta describirlo como la magnificación de la persona de Cristo en los labios de su pueblo, y la manifestación de la presencia de Cristo en la vida de su pueblo. La expresión «cambiar de gloria en gloria» en realidad habla de una vida en cons- tante avance y llena de los frutos de Cristo. Todo esto se produce por el poder de su Espíritu que mora en nuestras vidas. Somos cautivados por Cristo, cambiados por Cristo, y semejantes a Cristo. 61 El resplandor en Moisés y el cambio en usted Calvin Miller es convincente en su descripción del deseo de Pablo de ser cambiado a la gloria de la imagen de Cristo: «Se trata de Narciso a la inversa. ¡Pobre muchacho griego! Miró en un estanque, se vio a sí mismo, ¡y se ahogó luchando por abrazar a su propio ego! Por otra parte, miramos en un espejo y vemos a Jesús y recibimos la vida por nuestro deseo de convertirnos en el Cristo que vemos en nuestro espejo».5 ¡Primer encuentro! Esta idea de la oración transformadora era más que una teoría para Pablo. Él había estado buscando la gloria en el Antiguo Pacto. Era un fariseo modelo, luchando con todas sus fuerzas religiosas para mantener la ley y demostrar su destreza espiritual, incluso hasta el punto de perseguir a los nuevos fanáticos cono- cidos como cristianos y tirarlos en la cárcel, o peor aún… (Ver Filipenses 3:4-6). Como usted sabe, todo cambió para Pablo (antes Saulo) un día en el sucio camino a Damasco cuando el Cristo viviente se le apareció en luminosidad y lo llevó a postrarse sobre su rostro. En esta primera respuesta de oración al Cristo viviente, Pablo preguntó: «¿Quién eres, Señor?» (Hechos 9:5). En su segunda oración dijo: «Señor, ¿qué quieres que haga?» (9:6). Luego, du- rante tres días, este judío ciego, radicalmente convertido, ayunó en soledad, probablemente experimentando la respuesta a sus dos primeras preguntas de oración. Al mismo tiempo, Cristo le dice a un hombre llamado Ananías que fuera y encontrara a un hombre llamado Pablo y lo bautizara. Renuente, debido a la reputación de Pablo como perseguidor im- placable, Ananías se opone. Jesús le asegura sobre el cambio en el corazón de Pablo con estas palabras sencillas y profundas: «He aquí, él ora» (Hechos 9:11). No sabemos con certeza los motivos de oración de Pablo durante esos tresdías. Sabemos que su co- razón se conmovió de inmediato en ese camino a Damasco con el deseo de conocer a Cristo y su voluntad para su vida. Sabemos que en ninguno de sus escritos Pablo pidió oración por artritis en la rodilla, la pérdida de cabello, o la rápida sanidad de sus muchas heridas en la espalda infligidas por sus perseguidores. A menudo oró por un mayor conocimiento de Jesús, por más gozo en el sufrimiento, por una experiencia más completa de su amor, por una osadía perdurable en la predicación de Cristo y una mayor 62 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA revelación de su gloria (Filipenses 1:19-26; 3:10; Efesios 3:14-19; 6:19-20). Pablo entendió el significado de la oración transformadora desde el momento de su primer encuentro con Cristo y nunca la desechó ni dejó de crecer en ella. La vio como el núcleo de su credibilidad y la fuente de vida en el caminar con Cristo. Es hora de ir por la gloria Las luciérnagas nos entretienen. El rostro resplandeciente de Moisés fue realmente asombroso. Pablo fue cambiado en un instante. Aun así, no hay nada tan atractivo y cautivante en este mundo oscurecido por el pecado como un cristiano que experi- menta y exhibe la gloria de Jesús a través del poder de la intimi- dad cara a cara. Ahora es el momento de empezar a entender las verdades y prácticas fundamentales que hacen que la oración sea tan trans- formadora. Es hora de ir por la gloria. ¡Libre para la vida! Un trofeo de la transformación Hace doce años, mi amigo Bob asumió el reto de irse por tres días a orar con un grupo de unos ochenta hombres de nuestra iglesia. Parecía una locura que hombres tan ocupados tomaran el tiempo de vacaciones, condujeran durante dos horas hasta un campo en malas condiciones, durmieran en camas gastadas, co- mieran comida malísima, y no hicieran nada más que orar duran- te tres días. Sin embargo, he visto que eso ha sucedido decenas de veces y ha traído resultados que cambian las vidas. En la segunda tarde, Bob se sentó con un grupo de unos veinticinco hombres. Todos los hermanos participaron porque se sintieron animados a través de la lectura espontánea de la Es- critura, las canciones y la respuesta de Dios que sintieron en sus corazones. La Palabra, el Espíritu y la oración estaban creando un ambiente de nueva hambre espiritual y transparencia como nunca antes. Abrumado ante la presencia de Dios y obligado debido a su desesperación por un gran avance, Bob dio un paso hacia el centro de este círculo de hombres orando, se sentó en una silla y comenzó a llorar. Quebrantado como nunca, Bob le confesó a Dios sus peca- dos y los hombres lo escucharon en ese momento santo. Él lloró por la pérdida de su primer matrimonio, recordando la partida de su esposa y su pequeña hija debido a su adicción a la porno- grafía. Dio las gracias al Señor por su posterior salvación y matri- monio con una mujer cristiana piadosa. El dolor en su corazón luego aumentó mientras confesaba su permanente lucha secreta con la pornografía. Él clamó suplicando el perdón, la sanidad y la restauración de Dios en su vida. Este momento no fue motivado por una larga lista de ora- ción. No surgió de ninguna presión humana o manipulación de algún amigo. Bob fue transformado porque tomó el tiempo para contemplar la gloria de Cristo con una Biblia abierta, un corazón rendido y una fe expectante. Hoy, Bob está en el cielo. Sin embargo, por el resto de su vida, caminó en constante victoria. Compartió su historia con otros hombres. Disfrutó de una testificación saludable con sus herma- nos cristianos y su esposa. Dios lo usó para ayudar a los demás y para atraer a más hombres al lugar de la oración transformadora. PARTE DOS ORAR utilizando LAS MEJORES PRÁCTICAS 67 CAPÍTULO 6 El caso de la lista de oración equivocada Es posible pedir cosas buenas por malas razones… Qué trágico entonces si nuestra oración por las buenas cosas nos deja todavía pensando en nosotros mismos primero, todavía pensando en la voluntad de Dios sobre todo en términos de su efecto inmediato en nosotros mismos, todavía anhelando la bendición simplemente para que seamos bendecidos. d. a. carSon Vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad antes que vosotros le pidáis. JeSÚS (Mateo 6:8) Vamos a hablar de las mejores prácticas; no de las buenas, de las aceptables, de las tradicionales, de las cómodas, de las comunes, sino de las mejores. Esa es la esencia de esta sección. Mi oración es que estas ideas le inspiren a algo muy bíblico, fresco, práctico y transformador en su vida de oración. Una buena práctica —un término común en el mundo de los negocios— es «una técnica o metodología que, a través de la ex- periencia y la investigación, ha demostrado llevar de forma fiable a un resultado deseado. Ello implica el compromiso de utilizar todo el conocimiento, la experiencia y la tecnología a disposición de uno para asegurar el éxito. El término se utiliza con frecuen- cia en los ámbitos de la salud, la administración gubernamental, 68 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA el sistema educativo, la gestión de proyectos, el desarrollo de hardware y software, entre otros».1 En cuanto a la oración, queremos utilizar todo lo que sabe- mos de las Escrituras para descubrir las buenas prácticas. Quere- mos aprender a dejarnos guiar por el Espíritu para experimentar y lograr el resultado deseado: la gloria de Dios. Esto sería orar utilizando «las mejores prácticas». (Conocerá más sobre este «re- sultado deseado» en la medida en que continúe leyendo). De acuerdo con el Centro Estadounidense de Productividad y Calidad, «las tres barreras principales para la adopción de una buena práctica son: la falta de conocimiento sobre las buenas prácticas actuales, la falta de motivación para hacer cambios que impliquen su adopción y la falta de las habilidades necesarias para realizar dichos cambios».2 En consecuencia, necesitamos saber y comprender lo que significa buscar el rostro de Dios en la oración basada en la adoración. Necesitamos que el Espíritu nos dé una insatisfacción santa y la motivación para cambiar. Necesitamos sa- ber cómo involucrarnos en la oración transformadora. No hay sobras de oración Para llevar a cabo buenas prácticas de oración tenemos que echar una mirada honesta al lugar en donde estamos. Cosas buenas es- tán ocurriendo en la vida de muchos cristianos. Las iglesias están haciendo intentos nobles por orar. Sin embargo, todos quere- mos lo mejor de Dios, lo cual creo está claro en las Escrituras y al alcance de todo verdadero creyente. Por desgracia, parece que le damos a Dios nuestras sobras espiri- tuales en la oración. Si usted estuviera celebrando su décimo aniver- sario de bodas y quisiera que fuese lo mejor posible, no le diría a su cónyuge: «Vamos a quedarnos en casa y comer las sobras del día an- terior». Si su hijo se graduara de la escuela secundaria, usted quisiera ser el anfitrión de la mejor fiesta posible; no sacaría un conjunto de sobras del menú de las comidas familiares de la semana anterior. Cuando nos involucramos en el gran privilegio y la alegría de la oración con una «mentalidad de sobras» la probabilidad de bendición espiritual es poca. El Señor dice: «Ámame con todo tu corazón», adórame «en espíritu y en verdad», presenta tu cuerpo como «sacrificio vivo». Él nos llama a lo mejor y más apasionado. En cambio, nosotros llevamos las sobras espirituales al trono de la gracia. Esto no es una buena práctica, y está lejos de serlo. 69 El caso de la lista de oración equivocada Calidad, no cantidad En Malaquías 1, Dios se dirigió a esta actitud de sobras espiritua- les, la cual se había vuelto aceptable en las rutinas de adoración del pueblo de Israel. Tres veces al año Dios invitaba a la nación para llegar al templo de Jerusalén y adorar con la ofrenda de sus granos y animales. Esta era una expresión de agradecimiento por la bondad de Dios tras una cosecha y por la expiación de sus pe- cados. El Señor no requeríade grandes cantidades, pero sí pedía las primicias y lo mejor como muestra de gratitud e indicador de reverencia a Él, único digno de adoración, fuente de todas sus bendiciones. Él nos llama a lo mejor y más apasionado. En cambio, noso- tros llevamos las sobras espiri- tuales al trono de la gracia. Esto no es una buena práctica, y está lejos de serlo. En lugar de hacer esto, ellos traían sobras. Ofrecían animales ciegos, cojos y enfermos en el templo. Debido a que la seriedad y calidad del regalo representaba el valor de la persona a quien se lo estaban dando, esto se convir- tió en un serio fracaso espiritual. Dios veía que ellos no iban a dar ese tipo de ofrendas desconsideradas, vacías e imperfectas a sus padres o a sus amos, sino que se las traían a Él. Los sacerdotes estaban realizando buenos servicios. El pueblo estaba cumplien- do con las formalidades. En apariencias, todo parecía bien. Sin embargo, en Malaquías 1:6 nos encontramos: «¿Dónde está mi honra?; y si soy Señor, ¿dónde está mi temor?, dice Je- hová de los ejércitos a vosotros, sacerdotes, que menospreciáis mi nombre». Luego Dios reitera su preocupación: «Yo no me complazco en vosotros, ni de vuestra mano aceptaré ofrenda. Porque desde donde el sol nace hasta donde se pone, es grande mi nombre entre las naciones, y en todo lugar se ofrece a mi nombre incienso y ofrenda limpia. Grande es mi nombre entre las naciones porque yo soy Gran Rey» (Malaquías 1:10-11, 14). Sacrificios aceptables Hoy día, estamos muy lejos de esa escena en Jerusalén. Cristo se ha convertido en nuestro sacrificio expiatorio, por lo que ya no necesitamos animales o granos. Sin embargo, nuestra gratitud y re- verencia hacia Dios en la oración y la adoración deben continuar. 70 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Como dice 1 Pedro 2:4-5: «Acercándoos a Él, piedra viva, des- echada ciertamente por los hombres, pero para Dios escogida y preciosa, vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo». ¿Se die- ron cuenta? «Sacrificios aceptables a Dios por medio de Jesucris- to». Incluso, hoy día, no todos los sacrificios son iguales. Desde el punto de vista del Nuevo Testamento, los sacrificios aceptables incluyen: • Comprometerse a adorar en espíritu y en verdad (Juan 4:22-24). • Realizar un sacrificio genuino de alabanza, dando gracias en su nombre (Hebreos 13:15). • Presentar nuestros cuerpos en completa sumisión (Roma- nos 12:1-2). • Llevar una vida de amor que produzca andar correctamente (Filipenses 1:9-11). • Hacer todo «en el nombre del Señor Jesús», con acción de gracias (Colosenses 3:17). • Realizar el servicio con poder sobrenatural (1 Pedro 4:11). • Mostrar una generosidad que fluya de un corazón de amor (Filipenses 4:10-19). En relación con la oración, Dios no está buscando una con- tribución obediente de tiempo o energía en el espíritu de la ob- servancia religiosa. Él está anhelando un corazón hambriento que le busque en alabanza, gratitud y entrega amorosa. Un cora- zón dispuesto a orar, pensar y vivir como Jesús, de manera que exprese esa intimidad rebosante. A veces temo que nuestro enfoque rutinario y obediente ha- cia la oración pueda no estar dando en el blanco, en el verdadero propósito de la oración, que es el corazón y la preocupación de Dios por su propia gloria. Tenemos que seguir creciendo para que entendamos la oración como una experiencia transforma- dora en la presencia del Santo de los Santos; no como un viaje apresurado a la tienda de comestibles para coger lo que pensa- mos que necesitamos para el día. El caso de la lista de oración equivocada No hace mucho tiempo, dirigí un fin de semana de renovación en una gran iglesia evangélica en la región de las Montañas Rocosas. Por esos días, uno de los líderes se me acercó con cierta informa- 71 El caso de la lista de oración equivocada ción fascinante. Entre sus funciones estaba la supervisión directa de los esfuerzos de oración de la iglesia. Él había conducido un estudio de las peticiones de oración dadas a conocer durante las clases de la Escuela Dominical para adultos y luego publicó los resultados con algunos comentarios. Como muestra el siguiente gráfico, dividió las peticiones en siete categorías. La mayor parte de estas se explicaban por sí mismas, pero dos necesitaban aclaración. La categoría «Even- tos/Acontecimientos» incluía asuntos como la oración por una entrevista de trabajo, por los niños que iban a empezar la escuela, por un viaje seguro a Dallas, por un trabajo que no iba bien, etc. Las «Peticiones no expresadas» incluían peticiones generales de oración por algún asunto o situación sin dar muchos detalles. Peticiones de Oración de la Escuela Dominical de adultos (por categoría) Eventos/Acontecimientos 50 % Misiones/Ministerio 5 % País/Política 4 % Peticiones «no expresadas» 6 % Hombres que están en la guerra 6 % Enfermedades/Dolencias 23 % Personas perdidas 6 % En un mensaje enviado a los líderes de la Escuela Dominical, el pastor de la iglesia comentó: La encuesta realizada está lejos de ser una encuesta científica. Sin embargo, sí creo que nos da una idea de nuestros tiem- pos de oración. Aquí están algunas de mis observaciones: • Me sorprendió que la categoría «Enfermedades/Dolen- cias» no era la más elevada. No estoy seguro de si es porque somos una iglesia saludable o porque tenemos muchas cosas a nuestro alrededor que eclipsan esta categoría. 72 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA • Orar por las «Personas perdidas» dio como promedio una persona perdida por cada dos clases de Escuela Dominical. Deberíamos preguntarnos: ¿por qué hay bautismos cada cin- co años en nuestra iglesia? Pienso que el problema es que no damos suficiente prioridad a la oración por los perdidos. • Esperaba que la oración por las «Misiones/Ministerio» iba a ser mayor. Con la mentalidad misionera de nuestra iglesia esperaba ver más oración en esta área. Tal vez solo fue que no era la mejor semana para esto. • Me sorprendió el número desproporcionado de peticiones por «Eventos/Sucesos». En primer lugar, permítanme decir que no creo que haya ninguna necesidad demasiado pequeña o trivial para poner delante de Dios. Lo que me choca es el gran enfoque en peticiones por cosas que NOSOTROS estamos haciendo, eventos en los que NOSOTROS estamos involucrados, asuntos con los que NOSOTROS estamos li- diando, etc. • La proporción final es la siguiente: Una oración por una persona perdida, una oración por las misiones; luego, ocho oraciones por nuestro calendario y la lista de cosas por ha- cer. Una vez más, por favor, entiendan que Dios quiere que traigamos todas las peticiones a Él; pero creo que tenemos que evaluar la proporción de nuestro contenido de oración. • No había una sola oración por un avivamiento o un des- pertar en nuestra iglesia, comunidad o nación. Eso me en- tristece. Al ver los resultados de este gráfico de oración mi reacción ins- tintiva es que esto es típico de la lista de oración promedio; ya sea si se recoge en una clase de Escuela Dominical o un diario personal. Nadie quiere realmente atender las cosas que parecen pequeñas, pero son muy importantes para Dios. Gracias al Se- ñor, las personas «están orando»; pero creo que algo más pode- roso e intencionado puede ser descubierto sobre la realidad de la oración. Repensando nuestras listas Tengo que admitir que nunca he sido una persona que ora a partir de una lista de oración. Tal vez se debe a que tiendo a ser espontá- neo, incluso en el límite de tener trastorno por déficit de atención. Tal vez sea que no soy lo suficientemente organizado o disci- 73 El caso de la lista de oración equivocada plinado para estar al tanto de todos los detalles. Francamente, admiro a los que manejan largas listas de necesidades, respuestas, comentarios y detalles. Me di cuenta de que era más el tiempo invertido organizando,reescribiendo o tratando de encontrar mi lista que el empleado realmente en la oración. Para algunas personas, las listas y las guías pueden ser muy útiles. De hecho, nuestro ministerio promueve una herramienta de oración clásica llamada El Plan 29:59, la cual fue creada por uno de mis mentores: Peter Lord. La diseñó a mediados de los años setenta para ayudar a la gente de su iglesia a orar durante treinta minutos al día, pero de una manera no legalista (de ahí la idea de 29 minutos y 59 segundos). En lo que respecta a las he- rramientas, esta es mi favorita, porque me ayuda a mantener un enfoque balanceado hacia muchas áreas que merecen la atención de mi oración. También contiene algunas secciones fabulosas de oraciones de alabanza y adoración basadas en la Escritura, por lo que todas las peticiones son guiadas por la verdad bíblica y enfocadas hacia Dios.3 Las listas pueden ayudarnos a recordar cosas por las que de- bemos orar; ayudan a recordar las respuestas a la oración. Nos pueden ayudar a recordar detalles como los nombres, las cuestio- nes del ministerio, las fechas y los elementos del progreso espiri- tual en situaciones y vidas. Las listas pueden evitar que nuestras mentes vaguen en la oración. Cuando se trata de anotar y mane- jar listas podemos decir con seguridad: «Cada cual a su manera». Sin embargo, en entornos de grupos, el enfoque en las listas de necesidades y los prolongados debates sobre los detalles pue- den distraernos del propósito. Algunos grupos pasan un tiempo considerable hablando y tomando notas acerca de los asuntos, las personas y los problemas. Esto puede tener dos efectos. En primer lugar, una reunión que fue anunciada como una reunión de oración se convierte más en una sesión de debate. A veces, esos debates limitan con el chisme, lo que no constituye la mejor práctica. En segundo lugar, podemos tender a estar operando simplemente en el terreno de nuestros propios pensamientos humanos, nuestras observaciones e ideas sobre aquello por lo que debemos orar. A menudo hacemos esta pregunta: «¿Por qué asunto tenemos que orar?». A esto le sigue un largo debate sobre situaciones de- talladas de nuestras vidas, las vidas de los demás, la iglesia, la co- munidad y la sociedad. A veces el debate se produce como si el 74 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Señor ni siquiera estuviera en la habitación, consciente de los pro- blemas; o como si no tuviera ninguna opinión sobre los temas. ¿Cuál es el problema? Así que probablemente usted esté pensando: «Vamos, Hender- son, ¿cuál es el problema? ¡Por lo menos la gente está tratando de llevar el control de las cosas en su vida de oración! Siéntete agradecido porque se están reuniendo para orar. Sí, alaba a Dios por la gente fiel que ora». Sin embargo, esta sección trata sobre orar utilizando las mejores prácticas, y todos sabemos que estar atrapado en la práctica de «buenas cosas» puede convertirse en un obstáculo para la práctica de las mejores cosas. Alguien podría preguntar: «¿No se supone que llevemos unos las cargas de los otros?» (Gálatas 6:2). Sí, y orar por alguien pue- de ser parte de ese ministerio. Sin embargo, muchos de nosotros usamos la oración como una excusa para evitar el inconveniente de realmente llevar la carga. Elegir el nombre de alguien de una lista y hacer una oración superficial es a veces un reemplazo para el verdadero trabajo de sacrificar tiempo y energía para servir. La idea de llevar unos las cargas de los otros implica literalmente «tomar algo con las manos» o «llevar físicamente su carga». La oración es vital, pero a veces tenemos que subirnos la camisa y cuidar los niños de una joven mamá mientras está en el médico, limpiar su casa una vez a la semana o, de hecho, dar tiempo, fon- dos o la mano de obra necesaria en un momento de dificultad. Ahora, no quiero ofender o enojar a nadie por lo que estoy a punto de decir, pero tengo que ponerlo sobre la mesa: encuentro poca evidencia en la Biblia a favor de nuestro énfasis rutinario en extensas listas de oración centradas casi exclusivamente en Las listas son, simplemente, herramientas. Es importante tener en cuenta que, en cual- quier ámbito de la vida cristiana, las herramientas son destinadas para «un» propósito mayor; no valoradas como «el» propósito mayor. preocupaciones temporales.4 No quiero ser legalista, pero sí quiero que nos sacudamos de esa rutina de pensar que las listas son la clave para las ora- ciones eficaces. Las listas son, simplemen- te, herramientas. Es impor- tante tener en cuenta que, en cualquier ámbito de la vida cristiana, las herramientas son 75 El caso de la lista de oración equivocada destinadas para «un» propósito mayor; no valoradas como «el» propósito mayor. Si se utilizan las listas, estas tienen que permane- cer como siervos y no ser reverenciadas como maestros. No estoy sugiriendo que todo el mundo deje de usar listas de oración; pero tenemos que reconocer la posibilidad de que nues- tras listas de oración estén reemplazando a las Escrituras y al Es- píritu como los principales proveedores de los contenidos para nuestros tiempos de oración. Queremos seguir persiguiendo las mejores prácticas que nos lleven a alcanzar la gloria de Dios. Una vez más, tenemos que ver la oración como transformadora, no como meramente utilitaria. Despertado de un coma espiritual: Un trofeo de la transformación Sharon y su esposo Dale, son dueños de una empresa de ser- vicios especializada en tecnología de la información. Durante la mayor parte de su vida cristiana, Sharon luchó contra la in- seguridad y los sentimientos de indignidad. Ella pasaba trabajo para comprender y experimentar realmente el amor de Cristo. Como resultado, luchó con su carga, se esforzó por ser aceptada y nunca sintió el profundo bienestar que fluye de una auténtica intimidad. Hace varios años, supo sobre la oración basada en la ado- ración. Como aprendió más sobre el poder de buscar el rostro de Dios y no solo su mano, comenzó a probar el poder de la transformación. Sharon comenta: «La necesidad de actuar para ser aceptada se convirtió en algo del pasado. El Señor comen- zó a despertar mi corazón de su estado de coma espiritual. He encontrado la libertad y la sanidad que nunca pensé que fueran posibles. Mi vida es completamente diferente, ya que he llegado a saber, realmente, que Dios me ama. Me veo a mí misma como Él me ve: perdonada y libre para experimentarlo». Como siempre sucede, esta gracia transformadora conduce al deseo de compartir la vida de Cristo con los demás. Posterior- mente, Sharon fue a dos viajes misioneros a Perú y a Kenia. Ella recibió capacitación para ayudar en casos de desastres con el fin de satisfacer las necesidades de personas en crisis. Tras el devas- tador terremoto que azotó Haití, a principios de 2010, trabajó como capellán voluntaria. Como la oración basada en la adoración se ha convertido en un estilo de vida en su caminar personal con Cristo, Sharon con- tinúa creciendo con la confianza y el bienestar que le permiten centrarse en las necesidades de los demás. Ahora puede decir: «Toda mi vida he buscado amor y con frecuencia lo he hecho en los lugares equivocados, pero esos días han quedado atrás. He pasado de ser alguien que se preocupaba por lo que la gente pensaba de mí a ser una persona a la que Dios ha cambiado y está cambiando por dentro. Alguien a quien solamente le impor- ta que fui redimida y que soy agradable a Él». 77 CAPÍTULO 7 Todas las peticiones de oración no son iguales Gastamos más energía de oración tratando de mantener a los cristianos enfermos fuera del cielo que tratando de mantener a los perdidos fuera del infierno. JaMeS walKer Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. SantiaGo 4:3 La petición es un componente vital de nuestra relación con Dios. Esto es cierto, porque Él nos ha ordenado que le busquemos como nuestra fuente fundamental de todas las cosas. Él ha dis-puesto la oración como el medio por el cual dependemos de Él y confiamos en Él. El Señor contesta nuestras oraciones para darnos lo que sabe que necesitamos para darle gloria. Sin embargo, en la cultura occidental de hoy, continuamente infectada por el materialismo y un modo de pensar consumista, a veces es difícil para los cristianos pedirle a Dios cosas sin una aspiración esencialmente egoísta y una aversión crónica al sufri- miento en cualquiera de sus formas. A menudo oramos para es- capar de nuestras dificultades en lugar de aceptar el discipulado. Como a cualquiera, me encanta cuando Dios contesta mis oraciones en maneras que hacen que mi vida sea más agrada- ble o sin dolor. Aun así, estoy aprendiendo que mis necesi- dades más profundas son satisfechas cuando mi corazón está 78 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA más estrechamente alineado con la Palabra de Dios, el Hijo de Dios, el Espíritu de Dios y los propósitos de Dios. Siento que Dios me llama, a mí y a muchos otros que conozco, a ir más allá de las soluciones superficiales como el centro de nuestras oraciones. Pedir es la puerta de entrada; no solo para conseguir nuestro próximo ticket para el almuerzo o el artículo de lujo Es tan fácil reducir nuestro enfoque de oración a las clásicas preocupaciones tipo un «recital de órga- nos». que queremos obtener, sino para descubrir el profundo gozo de una vida transformada. Estoy muy agradecido de que el Padre se preocupe por cada de- talle de mi vida. Él, incluso, cuenta el número de pelos de mi cabeza —lo cual no implica tanto tiempo para mí como sí para una persona promedio—. Sin embargo, es tan fácil reducir nuestro enfoque de oración a las clásicas preo- cupaciones tipo un «recital de órganos». Entonces oramos por el páncreas de Paula, el hígado de Larry, el estómago de Sarah y el apéndice de Artie. Nuestro Padre conoce, se preocupa, y es totalmente capaz de encargarse de todas estas necesidades de acuerdo con su voluntad y gloria; pero el privilegio de la oración ofrece mucho más. Las aves, los lirios y el reino En el Sermón del Monte, encontramos algunos de los manda- mientos más conocidos para confiar en la provisión de Dios. En sus palabras, Jesús habla sobre lo que significa vivir de acuerdo con los principios de su reino en lugar de hacerlo de acuerdo con los valores del mundo o la justicia propia de los sistemas de los fariseos. A todos nos gusta la belleza de las bienaventuranzas. Sabemos que en Mateo, capítulo 6, Jesús predica sobre la impor- tancia de tener motivos puros cuando damos, oramos y ayuna- mos. Él nos advierte contra el materialismo. Ofrece un poderoso antídoto para la preocupación al mostrarnos su cuidado por las aves del cielo y las flores del campo. Con su autoridad y garantía únicas, Él da este mandamiento: «Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (v. 33). Al considerar estas verdades, tenemos que buscar en nuestras almas aquellas cosas que desencadenan nuestras oraciones. ¿Qué 79 Todas las peticiones de oración no son iguales valores dan forma a nuestras peticiones? ¿Nuestros motivos están honrando a Cristo? ¿Hasta qué punto están los «tesoros terrenales» y «el dios de las riquezas» infectando nuestra vida de oración? En medio de todas nuestras preocupaciones por nues- tra salud, finanzas, familia, trabajo, educación y ministerio, ¿esta- mos buscando primeramente su reino o el nuestro? Buen Dios En Mateo 7:7-8, Jesús exhorta: «Pedid, y se os dará; buscad, y ha- llaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá». Él nos recuerda que al igual que los padres terrenales saben dar cosas buenas a sus hijos, nuestro Padre celestial sabe dar buenas cosas a los que se las pidan. ¿Qué podría Jesús tener en mente con sus mandamientos de pedir, buscar y llamar? ¿Un aumento de sueldo? ¿Un carro nuevo? ¿Unas vacaciones con todos los gastos pagados? ¿Cuáles son las cosas buenas que Él promete? En el contexto, Jesús ha- bló específicamente de las provisiones básicas de panes y peces, sin mencionar barcos de pesca, cabañas cerca del lago o nuevos videojuegos. Tal vez la respuesta está en la observación que Él ya ha hecho: que las cosas verdaderamente «buenas», las que de- bemos buscar primero, son las pertenecientes al reino de Dios. En un pasaje paralelo que se encuentra en el evangelio de Lu- cas, Jesús esclarece su enfoque de las cosas buenas que debemos esperar: «¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?» (Lucas 11:13). La fuente de vida de todas las cosas buenas que el Padre quiere darnos es la presencia y el poder del Espíritu Santo. Claramente, estas enseñanzas, como otras instrucciones acer- ca de la oración, no son estímulos permisivos para elaborar una larga lista con cualquier cosa que nuestro corazón desee. Más bien, son una promesa de la provisión básica, el empoderamien- to espiritual y la guía para los propósitos de su reino. Hacia la espontaneidad y el contenido Aquí emergen dos preocupaciones vitales. La primera es la necesi- dad de permitir que el buen don del Espíritu Santo nos guíe a orar según su corazón, no según nuestras ideas predeterminadas. La se- gunda cuestión es la necesidad de alinear nuestra actitud y nuestro 80 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA enfoque con los patrones de la Escritura cuando estamos orando por problemas y necesidades. Dios sigue enseñándome lecciones sorprendentes sobre lo necesario que es la espontaneidad espiri- tual por encima de ensayos rutinarios de listas de oración. Él me sigue llamando a alinear mis oraciones más completamente con los preceptos, las prioridades y los patrones de la Escritura. A. W. Tozer, con su visión típicamente profética y profunda, en su ensayo Beware the File-Card Mentality (Cuidado con la men- talidad de archivo de datos) habló de la necesidad de darle a la vida cristiana un enfoque nuevo y guiado por el Espíritu. Así «La esencia de la verda- dera religión es la espon- taneidad, el fluir soberano del Espíritu Santo sobre y en el espíritu libre de los hombres redimidos». planteó: «La esencia de la verdadera religión es la espontaneidad, el fluir soberano del Espíritu Santo sobre y en el espíritu libre de los hombres redimidos. Este ha sido, a través de los años de la historia humana, el sello distintivo de la excelencia es- piritual, la evidencia de la realidad en un mundo de irrealidad». Tozer también resaltó que «cuando nuestra fe pierde su ca- rácter soberano y se convierte en una mera formalidad, también pierde su espontaneidad, y en su lugar aparecen la propiedad, la procedencia, el sistema, la creencia de que lo espiritual puede ser organizado, los números, las estadísticas, la ley de los promedios, y otras cuestiones humanas naturales. A esto siempre le sigue una muerte progresiva».1 Tozer señaló que nuestra necesidad de organización y estruc- tura «es algo bueno cuando está en su lugar, y es letal cuando está fuera de su lugar. Su peligro proviene de la conocida tendencia humana de depender de ayuda externa para tratar con las cosas internas». Luego él dejó esta fascinante advertencia: «Nada, ex- cepto una revolución espiritual interna, puede salvar a la víctima de su destino».2 En cuanto a la oración, Tozer habló con denuedo acerca de la persona que se restringe a las formas externas en lugar de res- ponder al Espíritu: Sus oraciones pierden su libertad y se vuelven menos es- pontáneas, menos eficaces. Se preocupa por asuntos que no deben preocuparle: la cantidad de tiempo que pasó en la oración ayer, si cubrió o no su lista de oración para el día, si 81 Todas las peticiones de oración no son iguales se levanta tan temprano como solía hacerlo antes o si se man- tuvo orando hasta altas horas de la noche. Inevitablemente, el calendario desplaza al Espíritu y el rostro del reloj eclipsa el rostro de Dios. Laoración deja de ser la respiración libre de un alma redimida y se convierte en un deber que hay que cumplir. E incluso, si bajo dichas cir- «Inevitablemente, el calen- dario desplaza al Espíritu y el rostro del reloj eclipsa el rostro de Dios. La oración deja de ser la respiración libre de un alma redimida y se convierte en un deber que hay que cumplir». cunstancias logra hacer algo, todavía está sufriendo trágicas pérdidas y atando su alma a un yugo por el que Cristo murió para hacerlo libre.3 Comparando el contenido Sabemos que se supone que llevemos nuestras peticiones a Dios. Sin embargo, una de las preguntas más importantes que tenemos que hacernos es cómo el contenido de nuestras oraciones difiere de las enseñanzas y los patrones bíblicos acerca de las cosas por las que debemos estar orando. Yo sugeriría que las peticiones de ora- ción que encontramos en la Biblia son más cortas, más profundas y esencialmente diferentes en su naturaleza a las listas que pudieran estar dominando el enfoque de oración de los cristianos modernos. ¿Orar como Jesús? La Escritura registra numerosos ejemplos de la vida de oración de Jesús. Encontramos seis referencias a las oraciones de Jesús que no dan ninguna indicación clara del contenido de lo que dijo (Marcos 1:35; 6:46; Lucas 3:21; 9:18, 28; 11:1). A menu- do vemos que se retiró de toda actividad con el fin de disfrutar de la comunión privada con el Padre. Aunque no conocemos el contenido de sus oraciones en esos tiempos, parece que esta- ban directamente relacionadas con la necesidad de tener nuevas fuerzas para su servicio de sacrificio desinteresado. También hay ocasiones en las que Jesús bendijo a la gente, pero no tenemos sus palabras exactas (Marcos 10:16; Lucas 24:50). En la parte final de este libro vamos a ver el modelo de ora- ción que Jesús dio a sus discípulos como un patrón primario de la 82 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA oración transformadora (Mateo 6:9-13; Lucas 11:2-4). También encontramos otros breves relatos de la vida de oración de Jesús y los temas presentes en sus oraciones habladas. El Apéndice 3 contiene una lista de oraciones específicas de Jesús. En resumen, su vida de oración se distinguió por las expresiones íntimas de adoración, la acción de gracias, la entrega, y la intercesión mise- ricordiosa por la fe de los demás. Muchos maestros de hoy nos animan a «obrar» como Jesús, a liderar como Jesús, y hablar como Jesús. Nuestra pasión también debe ser abrazar estas verdades para que podamos orar como Jesús. Discípulos reorientados Durante el ministerio terrenal de Jesús, los discípulos estaban en constante interacción física con Él, por lo que en muchos sentidos, sus conversaciones eran oraciones. Cuando se trataba de casos concretos de la oración, ellos admitieron su deseo y necesidad de aprender (Lucas 11:1). Por lo general, sus oraciones eran egoístas y monótonas. Utilizaban sus propios recursos para lograr protagonismo en sus súplicas a Jesús, querían que descen- diera fuego sobre los que rechazaban su mensaje, y a menudo dudaban. Sin embargo, después que el Espíritu vino a morar perma- nentemente en ellos en el Pentecostés, sus oraciones cambiaron. John Franklin lo describe así: Dejaron de estar en sus propias actividades para estar en las actividades de Dios. Dejaron de buscar un puesto a la dere- cha o a la izquierda de Jesús y comenzaron a orar por valentía para testificar ante la persecución. Dejaron de coquetear con la idea de volver a la pesca y se centraron en pastorear al pueblo de Dios. Dejaron de preocuparse por sus circunstan- cias y comenzaron a buscar un don de poder de lo alto para predicar el evangelio. Dejaron de centrarse en sí mismos para centrarse en Dios. Esto determinó el poder que tenían en el Señor, o más bien, el poder del Señor a través de ellos.4 Vemos que en la iglesia primitiva cuando oraban casi siempre buscaban el progreso del evangelio a través de cualquier circuns- tancia. Ellos oraban diariamente como parte de un régimen vi- tal de crecimiento espiritual por la causa del evangelio (Hechos 83 Todas las peticiones de oración no son iguales 2:42). Ante la persecución, se reunieron para orar según las Es- crituras, pidiendo un nuevo poder para tener valentía —por la causa del Evangelio— (Hechos 4:31). Cuando eran perseguidos, se regocijaron en Dios por el sufrimiento antes que pedir por ali- vio —por la causa del evangelio— (Hechos 5:41). Cuando Pedro estaba en la cárcel, oraron por su liberación —por la causa del evangelio— (Hechos 12:5). Cuando Pablo y Silas estaban en la cárcel, se regocijaron en la oración y el canto, confiando en Dios —por la causa del evangelio— (Hechos 16:25). Los aspectos por los que Pablo oraba El Nuevo Testamento también contiene las oraciones específi- cas del apóstol Pablo expuestas en sus cartas inspiradas. Esta es nuestra mejor foto de sus listas de oración. En resumen, vemos lo siguiente: • 1 Tesalonicenses 3:9-13: Pablo pide a Dios que dirija su camino para ver a los creyentes tesalonicenses con el fin de for- talecer su fe. Ora por el crecimiento y la abundancia de su amor y porque sus corazones fuesen fortalecidos en una mayor santidad a la luz del regreso de Cristo. • 2 Tesalonicenses 1:3-12: Pablo da acción de gracias por la fe, el amor y la perseverancia de los tesalonicenses en medio de las pruebas, confiando en la justicia de Dios para recompensar a los santos y castigar a los impíos. Él ora para que Dios cumpla sus propósitos en ellos, para que el nombre del Señor Jesús sea glorificado en ellos por la gracia, y que su glorificación final (la perfección) fuese realizada. • Efesios 1:3-23: Después de dar gran alabanza a Dios por nuestras bendiciones en Cristo, por la soberanía de Dios en nuestra salvación, por la abundancia de la gracia de Cristo, por el reinado de Cristo y nuestra herencia garantizada a través del Espíritu Santo, Pablo ora por los creyentes de Éfeso. En esta oración (vv. 15-23), él pide para que el Espíritu les permita co- nocer más a Cristo, para que sepan la esperanza de su herencia, y experimenten la plenitud de su poder obrando en ellos. • Efesios 3:14-21: Pablo de nuevo inclina su rodilla delante del Padre, agradecido de que, a través del misterio de Cristo, toda la familia de Dios (tanto judíos como gentiles) ha sido nom- brada. Luego ora para que sean fortalecidos por el poder del Espíritu Santo en su hombre interior. Más adelante, él desea que 84 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA los efesios puedan comprender la ilimitada inmensidad del amor inigualable de Cristo. Pablo concluye con el clamor apasionado de bendición a Dios, aquel que hace todas las cosas mucho más abundantemente de lo que podemos imaginar. Que a Él sea glo- ria en la iglesia por todas las edades. • Filipenses 1:3-11: Luego de dar gracias a Dios por los fili- penses a causa de su afecto por ellos y su importante coopera- ción con él en la obra del evangelio, Pablo pide que el amor de ellos abunde, basado en su conocimiento de la verdad. Luego les pide que tengan discernimiento para aprobar las mejores cosas y que sean irreprensibles para el día de Cristo. Él también ora para que vivan en la justicia de Cristo, para la gloria de Dios. • Colosenses 1:3-14: Una vez más, Pablo comienza esta ora- ción con acción de gracias por su genuina creencia en el evan- gelio como se evidencia en su fe, amor y esperanza. Luego hace referencia a sus incesantes oraciones por ellos, pidiéndole a Dios que los llene con el conocimiento de su voluntad para que cami- nen como es digno de Cristo, agradándole y dando fruto espi- ritual. Pablo ora por un conocimiento cada vez mayor de Dios, por fuerza para soportar, y un espíritu de alegre gratitud. La ora- ción regresa inmediatamente a la adoración de la singularidad de Cristo y el poder de su obra redentora. Cada una de las oraciones modelos de Pablo surgió de expre- siones de acción de gracias, verdades acerca de Dios, y notas dealabanza. Son el fruto de su adoración y su conocimiento pro- fundo y basado en la experiencia sobre la persona de Cristo. Las peticiones de Pablo estaban enfocadas en el crecimiento de la fe y el amor de los creyentes, su meta era la gloria de Dios. Nuestras peticiones versus las peticiones de Pablo En nuestros días, nos hemos acostumbrado a pedir oración prácti- camente por todos los temas posibles. A veces los detalles son muy misioneros, a veces seculares. Me acuerdo de la historia de un niño que se estaba portando mal durante el servicio de adoración de la mañana. Los padres hicieron todo lo posible para controlarlo, pero estaban perdiendo la batalla. Finalmente, el padre cogió al pequeño y salió fuera para corregirlo fuertemente. Justo antes de llegar al vestí- bulo, el niño gritó a la congregación: «¡Oren por mí! ¡Oren por mí!». En otra iglesia, en las montañas Ozarks, una amable anciana solicitó oración durante un servicio dominical por la cirugía a la 85 Todas las peticiones de oración no son iguales que sería sometido su esposo. Ella anunció: «Oren por Harold. Los médicos van a realizar la cirugía y quitar su “prostituta”». La congregación hizo un ruido ensordecedor, el pastor se quedó estupefacto, y el servicio nunca volvió a la normalidad. A la luz de nuestros patrones, a veces importantes, a veces tontos, debemos mirar la Biblia para revisar las ocasiones en las que Pablo pidió oración. Esto también nos puede dar orienta- ción importante sobre nuestras propias peticiones de oración. Un repaso de las peticiones personales específicas de Pablo (véa- se el Apéndice 4) revela un enfoque constante en el progreso del mensaje evangélico, el cumplimiento de la misión, y la gloria final de Dios en todas las cosas. ¿Qué hay en su lista de oración? Tal vez la diferencia fundamental entre nuestras listas de oración y las preocupaciones de oración que encontramos en la Biblia es que clamamos por problemas persona- les, mientras que la mayoría de las oraciones bíblicas se centran en los propósitos de Cristo. Las oraciones basadas en la adoración sientan las bases para algo que va más allá de «mí», porque empiezan con un en- foque «hacia ti (Cristo)». Esto cam- bia la naturaleza de cómo oramos. Tal vez la diferencia funda- mental entre nuestras listas de oración y las preocupacio- nes de oración que encon- tramos en la Biblia es que oramos por problemas perso- nales, mientras que la mayo- ría de las oraciones bíblicas se centran en los propósitos de Cristo. D. A. Carson, en su conocido libro Un llamado a la reforma espi- ritual: prioridades de Pablo y sus oraciones, presenta una investigación de gran alcance que debe motivarnos a evaluar la naturaleza de nuestras listas de oración: Tenemos que preguntarnos hasta qué punto las peticiones que comúnmente le hacemos a Dios están en línea con aque- llo por lo que Pablo ora. Supongamos, por ejemplo, que el 80 o el 90 por ciento de nuestras peticiones piden a Dios por buena salud, recuperación de una enfermedad, seguri- dad en la carretera, un buen trabajo, éxito en los exámenes, necesidades emocionales de nuestros hijos, éxito en nuestra solicitud de hipoteca, y mucho más de lo mismo. ¿Cuánto de las oraciones de Pablo se refieren a temas como estos? Si 86 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA el centro de nuestra oración está muy lejos del centro de la oración de Pablo, entonces incluso nuestra oración misma puede servir como miserable testimonio del notable éxito de los procesos de paganismo en nuestra vida y pensamiento.5 Ciertamente son palabras fuertes. Sin embargo, son un necesario llamado de atención si nos fijamos en los valores, las aspiracio- nes y los anhelos que impulsan nuestras oraciones. Señor, enséñanos a orar. 87 CAPÍTULO 8 ¡Vaya tras la gloria! La gloria del Padre debe ser el objetivo y el fin, el alma y la vida de nuestra oración. andrew Murray No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria. SalMo115:1 El Catecismo Menor de Westminster declara: «El fin principal del hombre es “glorificar” a Dios y gozar de Él para siempre». Si este ideal encierra el propósito de nuestra existencia, sin dudas, la oración —la más íntima conexión por la que disfrutamos de Dios— también debe existir para su gloria. La oración se vuelve transformacional cuando buscamos el contexto original y duradero para toda oración. Un enfoque ba- sado en la adoración fija nuestro corazón, primeramente, en la majestad de Dios, la persona de Cristo, la pureza de su Palabra, y despierta en nosotros un apetito por Él. Nuestros propios mo- tivos para la oración cambian y se elevan más allá de lo mera- mente terrenal. Nuestro corazón se renueva con un anhelo por su gloria. Deje que Dios sea engrandecido Nunca olvidaré a Bill Sheehan. Él fue miembro por mucho tiem- po de la iglesia a la que asistí cuando estaba en la universidad. 88 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Bill, un diácono respetado, sobresalía como un gran hombre de oración. Me uní a Bill en algunas ocasiones en la capilla de ora- ción de la iglesia. De hecho, él entendía la prioridad y el poder de la oración. Uno se daba cuenta al escucharlo orar. El pastor solía llamar a Bill a orar en los servicios de la iglesia, por lo general, antes de la ofrenda. Recuerdo que las oraciones de Bill eran fuertes y apasionadas, pero no muy largas o com- plicadas. La característica más memorable del enfoque avezado de este guerrero de oración era que antes de cualquier oración declaraba: «¡Que Dios sea engrandecido!». Como estudiante universitario, noté la rutina de oración de Bill un poco rara. Más tarde comprendí que su razón para esta animada declaración estaba arraigada en la amonestación del Sal- mo 70:4, en donde dice: «Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: “Engran- decido sea Dios”». Estoy convencido de que esas peculiares primeras palabras de Bill definían algo poderoso que él entendía acerca de la oración. Era una marca de la madurez de su relación con Dios y la efica- cia de su vida de oración. El Salmo 70:4 le había enseñado a Bill que la oración es acerca de buscar a Dios, regocijándose en Él, y enfocándose continuamente en su gloria. Por tanto, sí, ¡que Dios sea engrandecido! Bronceador durante una tormenta de nieve A diferencia de Bill Sheehan, muchos de nosotros no enfocamos nuestras oraciones en el motivo central: que Dios sea engran- decido en todo lo que buscamos o decimos. Si fuésemos ho- nestos, tendríamos que reconocer que nuestras oraciones son a menudo motivadas por un deseo de comodidad y conveniencia. Muchas veces son vistas como una forma divinamente ordenada para obtener lo que queremos de la vida, o para evitar lo que no queremos. Es fácil caer en la trampa de pensar que la oración existe para que Dios pueda ser usado para ayudarnos a preservar nuestra gloria en lugar de ser usados para expandir su gloria. El pastor y autor John Piper nos muestra la perspectiva correcta cuando escribe: La meta de Dios en todas las etapas de la creación y de la sal- vación es engrandecer su gloria. Se puede engrandecer con 89 ¡Vaya tras la gloria! un microscopio o un telescopio. Un microscopio agranda haciendo que las cosas pequeñas se vean más grande de lo que son. Un telescopio agranda haciendo que las cosas gi- gantescas (como las estrellas), se vean pequeñas, parezcan más como realmente son. Dios diseñó el universo para en- grandecer la gloria de su gracia de la forma en que un tele- scopio engrandece las estrellas. Del mismo modo, todo lo que Él hace en nuestra salvación está diseñado para engran- decer la gloria de su gracia.1 Me pregunto si a veces nuestra preocupación por nuestras peti- ciones y problemas no es más como el microscopio que toma las cosas pequeñas y las agranda desproporcionadamente. Necesita- mos el telescopio para tomar la gloria de Dios y convertirla en el deleite y los cimientos de nuestro orar y nuestro vivir.un retorno radical a la oración y a la Palabra en el cuerpo de Cristo? Los recursos humanos y el anhelo de que la iglesia crezca pueden alejarnos de dichos principios esenciales, y son ineficaces, en el mejor de los casos; y espiritualmente des- tructivos, en el peor. Solo algo enviado desde el cielo va a superar la oscuridad que nos rodea de modo que Cristo pueda ser visto como la única esperanza del mundo. Todo creyente sabe que la Biblia es clara acerca de la oración. La casa de Dios será llamada casa de oración. La predicación es esencial. La alabanza, la adoración y la comunión son com- ponentes importantes en la obra del Señor; pero su casa será llamada casa de oración. ¿Por qué? Porque cuando los creyentes llegan al trono de la gracia y comienzan a buscar a Dios con todo su corazón, Él ha dicho y prometido —y nunca fallará a esta promesa—: «Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá». Si lo hacemos, veremos a Dios venir y suminis- trarnos una renovación del espíritu de oración, darnos carga por la oración y proporcionarnos estrategias para que todas nuestras iglesias puedan ser casas de oración. Entonces, algo maravilloso sucede en nuestras vidas, nuestras familias y nuestras congregaciones. De repente, las personas se acercan a nuestras iglesias necesitando al Señor. Hay un nuevo sentido de Dios en los servicios, lo cual los hace más edificantes. Esto siempre va a pasar cuando la gente ora. Cada vez que inclino mi rostro en la búsqueda de Dios de una manera fresca, Dios comienza a cambiar mi corazón, mi mente, mi predicación y mis habilidades de liderazgo. Cuando cualquier creyente disponga su corazón para buscar al Señor, todo va a cambiar. Es preciso recordar que todos los avivamientos en la historia de la iglesia cristiana que han sacudido pueblos, ciudades y países han comenzado con personas diciendo: «No podemos dejar las cosas como están. Tenemos que buscar a Dios para obtener algo nuevo. ¡Oremos!». Y entonces, Él responde. Daniel Henderson ha sido comisionado por Dios para inspi- rar a los pastores e iglesias en todo el país a reconsiderar y com- prometerse con lo que dice la Escritura en Hechos 6:4: «Noso- tros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra» (RV95). Dios está usando maravillosamente a Daniel para unir a creyentes de todo el país, de diversas denominaciones, a orar unos por otros y animar a la oración en nuestras iglesias indi- viduales. Esta es una de esas cosas vitales que traerá más de la bendición de Dios en nuestras vidas y significará que el nombre de Cristo será glorificado más que nunca antes. En la medida en que usted lea La oración transformadora y abra su corazón a la voz de Dios, será tanto animado como inspirado a volver a creer que con Dios nada es imposible. Jim Cymbala Iglesia El Tabernáculo, Brooklyn UNA NOTA Para más información relacionada con este libro, por favor, vaya a www.transformingprayerbook.com, en donde encontrará pre- sentaciones en video de cada capítulo y muchos recursos adi- cionales. Para mayor conocimiento sobre el ministerio de reno- vación de Daniel Henderson, visite www.strategicrenewal.com. ¡JESUCRISTO, Y NADA MÁS! Antes yo buscaba «la bendición», ahora yo tengo a Jesús; antes suspiraba por la emoción, ahora yo quiero más luz; antes su don yo pedía, ahora tengo al Dador; antes buscaba la sanidad, ahora es mío el Doctor. Antes me esforzaba con pena, ahora me es grato confiar; antes creía a medias, ahora sé que Él puede salvar; antes a Él me aferraba, ahora de mí se ase Él; antes yo andaba a la deriva, ahora tengo áncora fiel. Antes yo creía en mis obras, ahora dejo a Cristo obrar; antes trataba de usarlo, ahora Él me puede usar; antes «el poder» yo buscaba, ahora tengo al «Fuerte Señor»; antes para mí mismo obraba, mas ahora es el trabajo de amor.1 —A. B. SIMPSON 13 Introducción: El camino al cambio real Mayor y más alto es el hombre cuando, de rodillas, se encuentra cara a cara con Dios. D. MARTYN LLOYD-JONES Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. ÉXODO 33:11 Los cristianos que oran nunca olvidan la primera vez que busca- ron el rostro de Dios y experimentaron el poder de una intimi- dad espiritual transformadora. En mi caso, ocurrió durante mis años de universidad. Fue un viernes en la noche. Estaba solo en mi dormitorio, lo que era muy inusual, ya que normalmente esta- ba ocupado en las actividades escolares y en las citas. Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que el Espíritu Santo había estado preparando mi corazón para este momento, como sucede con la mayoría de los creyentes. El relato de Moisés ha- blando con Dios en la intimidad profunda «cara a cara, como habla cualquiera con su compañero» (Éxodo 33:11), había cau- tivado mi corazón recientemente. Uno de mis profesores había estado hablando de una época de su vida en que la presencia de Dios se sentía tan real que si hubiera abierto los ojos le parecería que iba a estar mirando el rostro de Dios. Honestamente, nunca había experimentado ese tipo de momento. 14 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Comencé a hojear una revista que había conservado durante el año anterior. Leyendo varias entradas que hablaban de mis luchas y victorias reflexioné sobre los versículos bíblicos que ha- bían movido mi corazón y las respuestas evidentes a la oración durante mi caminar con el Señor. Estaba meditando específica- mente sobre Filipenses 3:7-10 y el mensaje de estimar todas las cosas como pérdida con el fin de conocer a Cristo. Esa noche, mientras estaba sentado en mi sencillo dormito- rio, estas realidades convergieron en la medida en que el Espíritu Santo movió mi corazón con una extraña y nueva hambre espi- ritual. Sin premeditación, me encontré de bruces, derramando mi gratitud apasionada y adoración al Salvador que me conocía, caminaba conmigo, me guiaba, me enseñaba y me amaba con un corazón tierno y atento. En ese momento, la presencia, la provisión y el poder de Dios en mi vida se hicieron reales. Ver- daderamente, sentí que si hubiera abierto los ojos habría estado mirando a aquel que es Santo… cara a cara. Cuando finalmente me levanté de la alfombra cubierta de lá- grimas había pasado más de una hora. Experimentar una mues- tra de su presencia y su gracia me cambió. Mi corazón atesoraba a Cristo como nunca antes. Un nuevo cambio había ocurrido y mi alma fue reavivada para ir más allá de las listas superficiales de oración y disponer mi corazón para buscar su rostro. Desde este sencillo encuentro he conocido la gracia de una intimidad similar no solo en mi vida de oración personal, sino también en entornos grupales. No puedo decirle que sea una experiencia diaria en mi vida, sin embargo, una cosa sé: una vez que usted haya probado este tipo de experiencia de oración nada le satisface tanto, y el resto de las cosas es visto con una nueva perspectiva. Pero, al igual que una oruga requiere de mucho es- fuerzo para tratar de salir de su capullo y descubrir el vuelo de una mariposa, la meta de lograr que esta experiencia sea la reali- dad habitual de nuestra vida de oración no es algo fácil. Mi confesión A pesar de que estoy escribiendo este libro sobre la oración, tengo que confesar abiertamente que no soy, por naturaleza, un «hombre de oración». He conocido a un montón de personas que sí lo son. Se muestran muy espirituales, pensativas, al pare- cer, bastante profundas. Parece que han salido de su monasterio 15 Introducción: El camino al cambio real denominacional y deberían estar vestidas con una túnica, balan- ceando un incensario y brillando en la oscuridad con la gloria del Todopoderoso. Mi respuesta a ellos es una mezcla de admira- ción, intimidación y misterio. Ese no soy yo. Mire, la oración es, en esencia, depender de Dios —y yo soy una persona extremadamente independiente—. Mis amigos me dicen que yo podría estar varado en una isla de- sierta durante una semana y nunca darme cuentaOramos, tal vez sinceramente, pero drásticamente fuera de contexto; como si nos aplicáramos bronceador durante una tor- menta de nieve, o lleváramos una chaqueta pesada en un crucero tropical, o cantáramos La bandera llena de estrellas [el Himno Nacional de los Estados Unidos] en la esquina de una concurrida calle en Teherán, Irán. Nuestras oraciones a menudo no se ajus- tan al verdadero propósito y contexto de la oración. Podemos ser genuinos, pero corremos el riesgo de estar genuinamente equivocados. Cuando entendemos la razón principal de la oración, nuestras peticiones ya no carecen de objetivo. Nuestro clamor tiene una convicción más profunda. Nuestras oraciones por milagros se elevan fervientemente porque sabemos que Dios puede sanar, o curarnos del deseo de ser sanados, todo para su gloria. Nuestra intercesión va más allá de las necesidades temporales y se dirige a las realidades trascendentales que tienen un significado eterno, para su gloria. ¿Qué motiva a Dios? Recuerdo haber leído en un libro devocional hace unos años que lo único que motiva a Dios es su propia gloria. Esto puede pa- recer egoísta para nuestras mentes diminutas, pero tenemos que recordar que Dios es el Creador y aquel a quien se debe gloria en la pureza y belleza de su santidad. Él se lo merece. Me siento motivado por tantas cosas menores, incluso en mi vida de oración, o quizás, especialmente en mi vida de oración. 90 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA por el cual la unidad de estos dos objetivos es preservada, es la oración».2 En Juan 14:13, Jesús nos dio un modelo para todas nuestras oraciones: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea “glorificado” en el Hijo». Lo que nos motiva a pedir puede estar, a menudo, en cualquier lugar. Pero, lo que motiva a nuestro Padre a responder es que Él sea glorificado en nuestras oraciones a través de la persona y la obra de su Hijo, Jesucristo. Jonathan Edwards, autor y gran predicador puritano, escribió: «Parece que todo lo que se menciona en las Escrituras como objetivo final de las obras del Señor se resume en esta única frase: “la gloria de Dios”».3 La obra de Cristo en nosotros para su gloria Nadie jamás ha vivido con más pasión y propósito que Jesús: nuestro Maestro y ejemplo. Todo en su vida fue para la gloria del Padre (Juan 11: 4; 13:31-32; 17:1, 4, 5). Él es nuestro mejor ejem- plo para todo lo que hacemos, incluyendo nuestras oraciones. El resultado final del plan de salvación de Dios es que toda rodilla se doble y toda lengua confiese «que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Filipenses 2:10-11). Jesús vino, vivió, amó, sirvió, se sacrificó, murió y resucitó para la gloria de Dios. La oración es el centro de nuestra relación con Cristo. Esta relación a la que hemos sido llamados, por la gracia de Jesús, existe para la gloria de Dios. Cristo nos ha salvado para la gloria de Dios y nos está apartando para Él, para su gloria. En el viaje de la vida aprendemos, maduramos, servimos, cre- cemos a través de los buenos y malos tiempos, todo para su glo- ria. Mientras tanto, oramos en apasionada adoración, entrega y confianza. Nuestras oraciones son una parte intrínseca y esencial de la gloria de Dios. Con una nueva convicción y pasión pode- mos atesorar la verdad de 1 Corintios 10:31, en donde se nos dice: «Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa (incluyendo la Lo único que motiva a Dios es su propia gloria. La gloria de Dios debe ser la única moti- vación de nuestra alma, que moldea y pu- rifica todo por lo que oramos. John Piper reiteró: «El fin principal del hombre es “glorificar” a Dios y disfrutar de Él para siempre. Y el principal acto del hombre, 91 ¡Vaya tras la gloria! oración), hacedlo todo para la gloria de Dios». (Véase Apéndice 5 para referencias bíblicas adicionales sobre la gloria de Dios). Una alineación agonizante Por inspiradores que sean estos recordatorios, nuestra carne lu- cha por orar en línea con la verdad de la gloria de Dios. Y es que nuestras listas de oración pueden fácilmente saturarse con nues- tros deseos de facilidades, comodidades, conveniencias y logros, de modo que el objetivo de la gloria de Dios puede oscurecerse. Nuestra tendencia humana a evitar el dolor, la pérdida y la difi- cultad puede diluir nuestra pasión por la gloria de Dios. Cuando nuestros objetivos y la gloria de Dios entran en conflicto, puede ser difícil para nuestros corazones elegir. Pablo anhelaba engrandecer a Cristo, ya fuese en vida o en muerte (Filipenses 1:21); pero cuando estamos sentados junto a la cama de nuestra hija enferma de cáncer, mirándola luchar por un respiro más y tal vez un día más, las emociones parecen poner fuera de combate a nuestra fe. Job decidió alabar al Señor, inclu- so en medio de grandes pérdidas. Sin embargo, cuando hemos dicho adiós a nuestro trabajo, nuestra casa, nuestros ahorros, y toda esperanza terrenal de la seguridad en el retiro, no se siente «tanta gloria». Pablo sí fue capaz de glorificar a Dios en sus debi- lidades, cuando su aguijón en la carne se hizo parte permanente del escenario de su vida. Pero cuando la esclerosis múltiple de- bilita nuestra capacidad para funcionar y nos restringe a una silla de ruedas por décadas, nuestros sentimientos de impotencia y desesperanza pueden nublar la visión de la gloria de Dios. Siguiendo a Jesús hasta la gloria Pienso en la ilustración que se encuentra en Juan 21:12-17. Jesús resucitado había aparecido a sus discípulos a orillas del Mar de Galilea. Entonces le preguntó a Pedro sobre su amor por el Salvador y seguidamente le repitió tres veces consecu- tivas el mandamiento: «Apacienta mis ovejas». Posteriormente hace esta fascinante declaración: «De cierto, de cierto te digo: “Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras”» (v. 18). Juan, el escritor, co- menta: «Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios» (v. 19). 92 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Piense en este intercambio. Jesús describe una muerte muy indeseable como parte del destino de Pedro como discípulo obediente. Si pudiéramos clasificar el entorno de nuestra vejez o nuestra muerte, lo que Jesús describió aquí es «terrible». Sin embargo, Juan dice que sería una muerte que glorificaría a Dios. Como muchos de nosotros hubiéramos hecho, Pedro apa- rentemente luchaba con esta revelación. Él quería saber por qué Juan, quien estaba parado cerca, no iba a tener la misma suerte. Jesús le dio el sincero mandamiento a Pedro la segunda vez en esta conversación: «Sígueme». Por supuesto, Jesús acababa de so- portar la peor muerte posible, por lo que su ejemplo y autoridad al dar esta orden eran incuestionables. Jesús también conocía el poder de la resurrección, lo cual había sido prometido a Pedro, más allá de su muerte. De hecho, Pedro escribiría más tarde estas palabras de alien- to, sin dejar de anticipar sus últimos años difíciles y su muerte (que según la tradición fue una crucifixión con la cabeza hacia abajo): «Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó para su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A Él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén» (1 Pedro 5:10-11). Es notable la profunda seguridad de Pedro en la promesa del Señor de llevarnos a través de nuestros «malos» tiempos. Más notable es su fuerte recordatorio de que somos llamados a su gloria y que todo terminará en su gloria. Ganar la batalla Por tanto, vamos a resolverlo. Orar por la gloria de Dios es una batalla. Pero es la lucha que puede y tiene que ser ganada cada día. Nuestra transformación y nuestro triunfo dependen de ello. Lo más difícil de la vida cristiana es que es muy DIARIA. La lucha es real y diaria En mi primer libro, que surgió de mi deseo de encontrarun proceso bíblico e integra- do para la renovación diaria, traté cuestiones clave de mi teología, identidad, misión, va- lores, prioridades, metas y tiempo. Aunque este proceso era bueno para mí, todavía ten- go esta conclusión: lo más difícil de la vida cristiana es que es muy DIARIA.4 93 ¡Vaya tras la gloria! Pablo nos recuerda que el hombre exterior se va desgastan- do, pero el hombre interior se renueva de día en día (2 Corin- tios 4:16). Hay una sensación de que cada día vivimos con una mano en las cosas perecederas de esta vida: familia, salud, tra- bajo, hogar, entretenimientos, planes, etc. En la otra mano, nos aferramos a la realidad invisible y eterna de pensar, sentir, hablar, actuar y orar, todo para la gloria de Dios. Nuestro corazón tiene que elegir todos los días para dejar ir una parte y tomar plena- mente la otra, con las dos manos; y hacerlo con toda nuestra voluntad y personalidad. No estamos solos en esta lucha Hay personas a nuestro alrededor y en todo el mundo que en- frentan luchas similares. Tal vez esto ofrece cierto grado de tran- quilidad. Pero una mirada honesta a los campeones de la gloria de Dios en la Biblia nos dice que ellos están con nosotros en la lucha. Pablo luchaba desesperadamente por sus debilidades, pero llegó a un estado de no confiar en sí mismo, sino en Dios (2 Corintios 1:8). Él suplicó tres veces por separado para que fuese quitado su aguijón en la carne, pero con el tiempo llegó a descansar en la gracia, la cual podía sacar fuerza de su debilidad (2 Corintios 12:8-10). Al principio de su viaje de pérdida, dolor y ataques por parte de otros, Job dijo las palabras adecuadas y se esforzó por hacer lo correcto. Al final, se dio cuenta de que necesitaba una revelación más profunda de Dios con el fin de comprender totalmente su gloria (Job 42:1-6). Tal vez no hay mayor consuelo que saber que Jesús entiende nuestra lucha. Él nos fortalecerá, incluso en las profundidades de la angus- tia, para orar fervientemente y crecer en nuestra pasión de que «Dios sea engrandecido». el Señor Jesús es nuestro Sumo Sacerdote que puede «simpatizar con nuestras debilidades» porque Él «fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin peca- do» (Hebreos 4:15). Se incluye en estas tentacio- nes el relato de Lucas 22:42-44, donde dice que Él agonizó en el jardín conforme al anhelo de su humanidad, pero siguiendo el destino de su deidad: «Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y 94 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra». Jesús entiende nuestra lucha. Él nos fortalecerá, incluso en las profundidades de la angustia, para orar fervientemente y crecer en nuestra pasión de que «Dios sea engrandecido». Gracia para «ir por la gloria» Yo defino la gracia como «Dios haciendo por nosotros, en noso- tros y a través de nosotros lo que solo Él puede hacer a través de la persona, el poder y la presencia de Jesucristo». He apren- dido que Dios tiene gracia hecha a la medida para todo lo que nosotros enfrentamos. Requiero la gracia para anhelar y orar por su gloria. El escritor bíblico nos impulsa: «Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro» (Hebreos 4:16). De las cenizas a la belleza Nos alienta saber que nuestro Señor se especializa en tomar nuestras vidas deshechas y nuestros corazones renuentes y trans- formarlos con una pasión por su gloria. Bob Rawleigh es un trofeo de esta verdad. Hoy Dios lo está usando como líder de adoración y poderoso solista, pero no siempre fue así. En el sitio web del ministerio de Bob, él expone su testimonio: Cuando yo tenía doce años, mi familia atravesó una serie de tragedias que me hicieron tambalear hasta que llegué a mis veintitantos años. A los quince años, mi hermana, de once, se enfermó en estado crítico; mi madre entró en la última etapa de una esquizofrenia irreversible; mi papá se volvió homosexual, y mi hermano pequeño andaba corriendo por las calles con las pandillas.5 La realidad de Bob cambió cuando a sus veinte años vino a Cris- to. Pero todo el peso de su niñez continuó plagando su caminar con el Señor, su matrimonio y su ministerio. Bob dice: «El estilo de vida destructivo de mi padre trajo mucha maldad a mi vida y las espinas todavía pinchan, incluso hasta hoy». Cuando conocí a Bob en mi oficina una tarde, él estaba destrozado y buscando la abundancia que solo Cristo puede ofrecer. 95 ¡Vaya tras la gloria! A través del poder de la verdad de Dios, de un ambiente de piadosa aceptación y de experiencias regulares de oración basada en la adoración, Dios restauró la vitalidad espiritual de Bob y transformó su corazón en un canal de gran impacto para Cristo. Él lo describe como un viaje «de las cenizas a la belleza». En una nota reciente Bob escribió: Mi vida es a menudo como una computadora llena de infor- mación buena y mala. Esa mala información puede crear un virus y hacer que el equipo funcione mal. Entonces, hay que apagarlo y reiniciarlo hasta el procesador central. La oración basada en la adoración es ese proceso de reinicio, y nues- tro Padre celestial es el procesador. La oración basada en la adoración me da una oportunidad invaluable de llegar a su presencia, estar quieto y saber que Él es Dios. Él me libera de la mala información, me reorganiza, y me restablece con su voluntad y con los propósitos y el poder de su reino. A causa de mi fragilidad humana, a menudo necesito ser reiniciado. La oración basada en la adoración mantiene la eternidad en mi visión espiritual, ¡recordándome que no me abrume por las preocupaciones de esta vida temporal! Mi amor por el Señor fue reavivado, y con profunda gratitud ¡quiero vivir para darle gran gloria a Él! ¡Que Dios sea engrandecido! Una bombilla ha sido encendida: Un trofeo de la transformación Ann Wong trabaja como pediatra en un área cercana a la bahía de San Francisco. Al haber crecido en un hogar cristiano, creía que la oración era importante y necesaria como un medio por el cual hablaba con Dios acerca de sus necesidades. Ella señala: «los largos tiempos de oración eran raros y difíciles. En mi expe- riencia cristiana, la adoración y la oración se encontraban en dos categorías muy diferentes». En el año 2000, esas categorías se fusionaron cuando partici- pó durante tres días en un evento de mujeres cuyo propósito era la oración basada en la adoración. Ann dijo: «Mirar a su rostro y adorarle por tres días seguidos me hizo tener una perspectiva de todos mis problemas hasta que estos parecieron muy pequeños en comparación con su grandeza. Sentí que había experimen- tado un pedacito del cielo y volví a casa completamente trans- formada, con un fuerte deseo de ver este nivel de oración en mi propia iglesia». Al igual que muchos profesionales, Ann lleva una vida muy ocupada. Por años participó felizmente en su iglesia, pero no se veía como una líder e, incluso, carecía de tiempo para dedicar más esfuerzos al ministerio. Ella nos comparte: Centrarme en el rostro de Dios, en lugar de en mis necesi- dades, abrió todo un nuevo nivel de intimidad con el Señor y me hizo confiar y creer en Él en cuanto a las cosas aun por venir. Esto desató una nueva área de ministerio para mí. Volví a mi iglesia en Sacramento y comencé un ministerio de oración de mujeres y un escudo de oración de intercesores por mi pastor. También comencé a orar mientras andaba en mi oficina, intercediendo por los colegas, los líderes y los pacientes. Además, experimenté el gozo y el privilegio de liderar en sesiones de grupos pequeños en retiros de oración. La pasión por influenciar a los demás siguió creciendo. Dios inquietó mi corazón para volver a mi antigua iglesia en San José. Aunque no entendía por qué Dios estaba llevándomelejos, me fui. Una vez allí, les mostré la oración basada en la adoración a mi pastor y a otros hermanos. Dios dio a nuestro pastor y a su esposa una visión de saturar la iglesia de ora- ción. La visión se extendió en la medida en que Dios levantó líderes de oración entre nuestra congregación y la iglesia co- menzó a organizar eventos de oración mayores. Mi hermana Jane también adoptó la oración basada en la adoración y la llevó de regreso a su iglesia en Foster City. Mi hermano Ben, pastor en Texas, ahora quiere transmitir un enfoque de ora- ción a su congregación. Es un verdadero placer escuchar las experiencias de otros en la oración basada en la adoración. Ellos dicen que «una bombilla ha sido encendida» y expresan cómo les encanta orar ahora que ven a Dios de una forma totalmente diferente. 99 CAPÍTULO 9 El permanecer guía nuestro pedir Del mismo modo en que la Palabra de Dios tiene que reformar nuestra teología, nuestra ética y nuestras prácticas, así también tiene que reformar nuestra oración. d. a. oarSon Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. JeSÚS (Juan 8:31-32) Mark Vroegop pastorea la creciente Iglesia College Park en In- dianápolis, Indiana. Vroegop cree en la bondadosa mano de Dios, por eso opina que las profundas bendiciones que su iglesia está experimentando son el resultado directo de la oración basa- da en la adoración. El propio viaje de renovación espiritual de Mark fue reaviva- do en un retiro con pastores de su área. Al principio, él y su espo- sa Sarah eran reacios a asistir. Durante la mayor parte de su vida en el ministerio, sus actividades de la iglesia se habían restringi- do a los círculos bautistas, en donde encontraban un acuerdo teológico común. Sin embargo, este retiro incluiría una amplia representación de las denominaciones, dando lugar a posibles momentos de incomodidad o conflictos. Pero más importante aún era que Mark y Sarah se sentían frágiles. Después de tener tres hijos sanos, su primera hija, Sylvia, 100 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA había nacido muerta. Sarah estaba embarazada de nuevo y ella y su esposo estaban ansiosos y preocupados por el bebé. A pesar de estas reservas, se pasaron tres días adorando al Señor guia- dos por su Palabra en compañía de otros pastores de la región y sus esposas. En experiencias separadas, ambos sintieron que la Escritura y el Espíritu les atraían a abrir sus corazones a sus compañeros de ministerio. En una habitación durante una sesión de la tarde, Sarah estaba rodeada de mujeres que lloraban y oraban clamando a Dios por la sanidad de su corazón destrozado y la mano de gracia del Se- ñor sobre la nueva vida en su vientre. En la habitación contigua, Mark lloraba delante de sus compañeros de ministerio sobre sus propios miedos internos, la preocupación por su esposa, y sus ansiedades sobre el embarazo. Con profunda compasión, pasto- res de muchas denominaciones colocaron sus manos sobre Mark, suplicándole al Señor que restaurara su confianza y seguridad. Mark describe lo acontecido como una experiencia profunda y transformadora de su vida. El poder de orar conforme a las Escrituras en compañía de otros creyentes trajo sanidad y espe- ranza a sus corazones, como esposos y padres. Mark descubrió una unidad increíble con líderes de otras iglesias en la presencia del Señor. Luego de esta experiencia, Mark comenzó a orar y lidera de una manera completamente nueva; y él y Sarah pronto se convirtieron en los padres de una hermosa niña sana llamada Savannah. Antes de ese fin de semana, Mark afirma que su vida de ora- ción estaba «mayormente centrada en la oración basada en las peticiones». Sus intentos de orar con otros eran a menudo «secos y aburridos». Él señala: «Yo sabía que orar con los demás era importante, ¡pero era una tarea engorrosa!». Este pastor joven y dinámico explica: «Más que cualquier otra cosa, la oración basa- da en la adoración me ha hecho un amante más apasionado de Jesús. Veo su Palabra y la oración como medios, no como fines. La oración basada en la adoración me ha ayudado a ver que el objetivo supremo de mi tiempo con el Señor o con los demás de- lante del Señor es la adoración. Es el punto de partida y la meta». La voz de Dios y nuestro oído En nuestro enfoque superficial hacia la oración, es muy fácil meterse en la presencia de Dios y presentar a diario nuestro 101 El permanecer guía nuestro pedir bulto de asuntos de modo que seamos aliviados de nuestras preocupaciones, pero no somos reavivados en nuestra adora- ción. Calvin Miller explica: «Muy a menudo, nos adentramos en la presencia de Dios con una lista de súplicas, tratando de convencer a Dios de que conceda nuestro deseo. Este tipo de oración nos hace ser “una gran boca” y a Dios “una gran oreja”. Pero cuando oramos citando las Escrituras, Dios se convierte en la voz y nosotros en el oído. En resumen, Dios toma su turno al poder expresar su opinión en medio de la bulla».1 Un enfoque central de la ora- ción basada en la adoración es el compromiso de siempre comenzar nuestra oración a partir de la Pala- bra de Dios. Esta es la clave para permanecer. Jesús enfatizó en lo siguiente: «Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en voso- tros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fru- to, y seáis así mis discípulos» (Juan 15:7-8). Un enfoque central de la oración basada en la ado- ración es el compromiso de siempre comenzar nuestra oración a partir de la Pa- labra de Dios. Esta es la clave para permanecer. En Juan 15, Jesús dio a sus discípulos la metáfora podero- sa de dar frutos en su vida espiritual. Así como los pámpanos permanecen en la vid, y su vida y su fruto dependen de esta, nosotros encontramos nuestra vida y fuente en Él. Un resultado de esta permanencia es encontrar una poderosa guía y confianza en la oración. Permanencia y abundancia ¿Qué significa permanecer? La palabra permanecer significa «con- tinuar, mantenerse, habitar o quedarse». Es la idea de una rela- ción vivificante con Cristo que produce su carácter y logra su voluntad en nosotros. Como señaló Charles Spurgeon, permanecer significa «rendirnos a Él para recibir su vida y dejar que esa vida produzca frutos en nosotros. Esto ocurre cuando permanece- mos “en” Él, vivimos “en” Él, “gracias a” Él, “por” Él y “para” Él».2 Mi amigo Bud McCord habla sobre la permanencia de esta manera: «Jesús en nosotros es la perfección que necesitamos 102 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA para vivir la vida cristiana momento tras momento».3 Jesús en nosotros es la perfección que debemos tener para orar. Si la oración debe ser más que listas y que el idioma de la razón humana, debemos retener este mandamiento, haciendo que una relación con Cristo enfocada en la alabanza sea nuestro primer deseo. Entonces su Palabra en nosotros puede moldear todo lo que somos, y todo lo que pensamos, especialmente en la oración. Cuando esto sucede, nuestras oraciones son transfor- madas, y nosotros también. Claramente, esta es la idea de una intimidad basada en la ver- dad; intimidad que moldea nuestras oraciones y forma la expre- sión adecuada de nuestras necesidades. Una vez más, la oración no es una recitación ocasional de los dolores y problemas que vienen a nuestras mentes en cualquier ocasión. Es el derrama- miento de un corazón centrado en la presencia consciente de Cristo, que se aferra a Él y a su Palabra como fuente y meta de nuestras vidas. El pastor John Piper nos muestra la perspectiva correcta cuando dice: Hay decenas de ejemplos en la Biblia de personas orando por deseos tan naturales como ser protegidos de los enemi- gos y escapar del peligro; o tener éxito en la vocación, o ser fértiles en el matrimonio, o recuperarse de la enfermedad, etc. Mi punto no es que esos deseos están equivocados. Mi punto es que siempre deben estar subordinadosa los deseos espirituales, a los deseos del reino; al deseo de llevar fruto, de que el evangelio se extienda; a los deseos centrados en Dios, a aquellos enfocados en exaltar a Cristo y glorificar a Dios. Y cuando nuestros deseos naturales son vistos como medio para estos anhelos mayores, entonces estos últimos se convierten en el tema correcto de oración.4 ¿Cuál es el resultado de esta permanencia alimentada por la Escritura que nos lleva a clamar con marcada seguridad? Es la gloria del Padre, a través de una vida que da mucho fruto. Ya en este pasaje, Jesús ha hablado de llevar fruto, y más fruto. Ahora Él describe lo que significa mucho fruto. «Si permanece- mos en Él, llevamos fruto. Si Él nos poda, llevamos más fruto». A. W. Pink describe este fruto como «aflicciones semejantes a las de Cristo, disposiciones, gracia, así como las obras en las 103 El permanecer guía nuestro pedir que todo esto se muestra»,5 y añade: «el fruto es el reflejo de nuestra unión con Cristo; solo así puede ser rastreado hasta su verdadero origen». Orar con una Biblia abierta Aunque no siempre fue así, toda mi oración en las últimas dos décadas, tanto privada como en grupo, ha comenzado con una Biblia abierta. En lo personal, leo la versión digital de las Escritu- ras que tengo en mi laptop. En la medida en que pasajes específi- cos hablan a mi vida, los pego en un diario digital. Entonces, me tomo tiempo para permitir que esos segmentos de la Biblia ha- blen profundamente a mi corazón y escribo mis oraciones como respuesta a esos fragmentos. Esta percepción de la presencia de Cristo y el contenido de su Palabra me guían en la oración ese día. Cuando pierdo una jornada de este tipo de oración, lo cual sucede más a menudo de lo que yo deseo, noto la diferencia y la distancia. George Muller, el reconocido evangelista y hombre de fe que cuidó a miles de huérfanos y estableció decenas de escuelas cris- tianas en los años 1800, habló sobre el importante papel de la Escritura en su vida de oración. Él expresó que durante años intentó orar en la mañana sin comenzar por la Biblia. Inevita- blemente su mente vagaba a veces durante diez, quince, incluso treinta minutos.6 Luego, cuando decidió empezar cada mañana con la Biblia para alimentar su alma, vio que su corazón estaba siendo transformado por la verdad, lo que resultó en oraciones espontáneas de confesión, acción de gracias, intercesión y súpli- ca. Esta se convirtió en su experiencia diaria durante décadas, lo que dio lugar a un gran crecimiento personal y poder para la vida y el ministerio. En su autobiografía, Muller señaló que este tipo de oración es: […] no la simple lectura de la Palabra de Dios, para que solo pase por nuestras mentes, así como el agua corre a través de una tubería; sino tener en cuenta lo que leemos, meditar en ello, y aplicarlo a nuestros corazones. Cuando oramos, hablamos con Dios. Ahora bien, una oración que continúe durante algún período de tiempo, en cualquier forma menos formal, requiere, en términos generales, una medida de fuer- za o voluntad divina, y el momento en que este ejercicio del 104 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA alma puede ser realizado más eficazmente es luego de que el hombre interior haya sido alimentado por la meditación en la Palabra de Dios, donde encontramos que nuestro Padre nos habla para animarnos, consolarnos, instruirnos, humillarnos, corregirnos.7 «Cuando la mente no está llena de la Biblia, el cora- zón no está, por lo general, rebosante de oración». Oraciones que dan en el blanco Hablando acerca de esta idea, John Piper dice: «He visto que aquellos cuyas oraciones están más saturadas con las Escrituras son, generalmen- te, más fervientes y eficaces en la oración. Y donde la mente no está llena de la Biblia, el corazón no está, generalmente, rebosante de oración».8 Cuando no comenzamos nuestras oraciones desde esta posición de permanencia, permi- tiendo que la Palabra sature nuestras mentes y guíe nuestras pala- bras, nuestras oraciones pueden acortarse, volverse superficiales, poco profundas e, incluso, egoístas. Cada año me inscribo como voluntario en el Departamento de Recursos Naturales del Estado para ayudar en el control de la población de ciertos animales que, frecuentemente, ponen en peligro a los conductores al pasar rápidamente por delante de los carros que se aproximan. Esto también se conoce como la caza de ciervos. La cosecha de cada cazador es solo tan buena como su objetivo. Una forma de garantizar una cacería infructuosa es sacar involuntariamente la mirilla telescópica del rifle y fuera de la alineación adecuada. Normalmente, los cazadores tienen mu- cho cuidado en asegurarse de que la mirilla esté bien yendo a un campo de tiro antes de ir a buscar alimentos para el invierno. Si su arma de fuego tiene problemas con la mirilla, también fallará en el objetivo. Cuando nuestras oraciones se agotan, no alcanzamos nuestra satisfacción ni el éxito del reino. Las oraciones, como la bala de una pistola, se salen más del objetivo mientras más lejos vayan. Cuando nosotros entramos en una rutina de simplemente orar por nuestras propias ideas y pensamientos, nuestras oraciones están cada vez más erradas. Cuanto más tiempo lo hacemos, más nos alejamos del diseño de Dios para la oración. Me he dado cuenta de que las personas que han orado si- guiendo la formalidad religiosa o, incluso, recitaciones tradicio- 105 El permanecer guía nuestro pedir nales basadas en listas están, a menudo, arraigadas en su enfoque y se resisten a una nueva comprensión del poder de una ora- ción alimentada por la Escritura y guiada por el Espíritu. Con frecuencia, los pastores hablan conmigo acerca de la resistencia irracional que enfrentan cuando tratan de sacar a la gente en su iglesia de un paradigma basado en las peticiones a un enfoque basado en la adoración. Orar en la misma página También, un enfoque basado en la adoración y en el rostro de Cristo y su Palabra, es un enfoque poderoso hacia la oración en grupo. Desde 1994, he experimentado la profunda alegría de liderar varios retiros de oración cada año. Estas reuniones de varios días no tienen agenda, altavoces ni música especial. Aque- llos que nunca han participado en una experiencia como esta se preguntarán qué hacemos para llenar el tiempo. En realidad, estos retiros podrían ser etiquetados como «Cum- bres de la Palabra», porque la mayor parte de nuestras oraciones proviene de grandes dosis de lectura espontánea de la Escritura por cualquier participante que se siente llevado a leer en voz alta. Inevitablemente, el Espíritu Santo teje estos pasajes de una ma- nera coherente para dirigirnos hacia temas específicos de oración. Muy a menudo, un pasaje cautiva el corazón de una persona y se convierte en la base de la meditación personal y de una respuesta que cambia la vida. Debido a que la Palabra de Dios es un ilimi- tado tesoro de la verdad, con un sinnúmero de aplicaciones en el corazón humano, nunca nos quedamos sin material. He experimentado el poder de la oración basada en la Palabra también en muchos otros contextos. Durante muchos años, los domingos por la mañana me he reunido temprano con miem- bros de la iglesia para orar, como anticipo y preparación para los servicios dominicales. Nosotros simplemente vamos a través de los salmos. Lo primero que hacemos es leer juntos un salmo, y luego permitimos que la Escritura, bajo la dirección del Espíri- tu, nos guíe en nuestras oraciones. (Este enfoque será explicado más detalladamente en la tercera parte de este libro). Actualmente, estoy en mi quinto viaje a través de los Salmos en el contexto de este tiempo de oración del domingo en la ma- ñana. Uno de los participantes, un pastor de unos sesenta años, a menudo dice: «Nunca antes había orado así. A menudo tengo la 106 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA intención de quedarme dormido en casa, pero, por lo general, no puedo, porque estoy muy entusiasmado pordescubrir cómo los Salmos deleitarán nuestros corazones y nos mostrarán cómo orar». Durante quince años, los lunes a las seis de la mañana me reunía a orar con los hombres de mi iglesia. Aunque era temprano (y duro para mí estar despierto y en la calle un lunes, después de un domin- go muy ocupado), Dios siempre deleitó nuestros corazones porque empezábamos no con listas de necesidades, sino con su Palabra. ¿Quién inicia la conversación en la oración? En cierto sentido, la oración es una conversación continua entre nuestro corazón y el de Dios. Sin embargo, cuando hacemos un alto para dedicar tiempo a la oración enfocada, es importante saber quién debe iniciar la conversación. Si la oración es sim- plemente el cumplimiento de mi voluntad y pensamientos, con la esperanza de que pueda ayudar a Dios a dirigir el universo, entonces yo debería comenzar la conversación. Pero, por otra parte, si la oración es sobre mi corazón intimando y alineándose con el corazón del Salvador, entonces yo debería dejar que Él inicie la conversación. Esta es la realidad de permanecer en Él y dejar que sus palabras permanezcan en nosotros. He experimentado este gozo tantas veces. Algunas mañanas, cuando ni siquiera conozco mi propio corazón ni por lo que debo orar, la Palabra de Dios trae luz y claridad. La verdad de la Palabra expone temas en mi corazón que, abandonados a mi propia razón, nunca habría reconocido. Refiriéndose a la ver- dad de las palabras de Cristo permaneciendo en nosotros (Juan 15:7), A.W. Pink escribe: «Tenga en cuenta que aquí no dice “mi palabra” sino “mis palabras”. No es la Palabra en su conjunto, sino la Palabra en porciones, por así decirlo. Son los preceptos y promesas de la Escritura personalmente apropiados, alimenta- La mejor manera de hablar con Dios es con un corazón apasionado por Cristo y con el idioma que surge de su Palabra. dos por la fe y escondidos en el corazón hasta que sus contenidos se convierten en la sustancia de nuestro ser más íntimo».9 Entonces, este es un com- ponente crucial para la oración transformadora y la clave de nues- tro enfoque basado en la adora- ción. De hecho, luego tenemos la 107 El permanecer guía nuestro pedir confianza de orar conforme a su corazón y su voluntad. Andrew Murray nos recuerda: «La entrada que sus palabras encuentran en mí será la medida del poder de mis palabras con Él. Lo que las palabras de Dios son para mí, es la prueba de lo que Él es para mí y, por tanto, de la veracidad de mi deseo por Él en la oración».10 Murray también expresa: «En sus palabras su voluntad se revela. Como sus palabras permanecen en mí, su voluntad me gobierna; mi voluntad se convierte en el recipiente vacío que su voluntad llena, el instrumento dispuesto que su voluntad utiliza; Él llena mi ser interior».11 Imagínese cuán diferente sería si fuésemos directamente a la Palabra de Dios para oír de Él y luego basáramos nuestro tiem- po de oración en su sabiduría, no en la nuestra. Considere qué visión y dirección recibiríamos si preguntamos, en el contexto de la oración: «Señor, ¿qué hay en tu corazón? ¿Por qué verdad quiere el Espíritu Santo que oremos?». Sí, muchas de las mismas necesidades aparecerían, pero desde una perspectiva diferente: la de Dios, no la nuestra. La forma en que oramos por nuestras necesidades cambiaría. Con la fe que viene de la Palabra de Dios, y la pasión que viene del Cristo que mora en nosotros, oraríamos diferente. Un soplo de vida y oración El pastor Mark Vroegop, reflexionando nuevamente en el cam- bio en su vida de oración, nos comparte: «Antes, no entendía realmente el pleno potencial de lo que la adoración y la alaban- za realmente podrían ser. No tenía ninguna comprensión sobre cómo las Escrituras tenían el papel de decirme las cosas por las que debía orar y de qué manera hacerlo. Mi lectura de la Biblia y mis tiempos de oración estaban completamente separados en vez de conectados». Hoy día, la oración está transformando el liderazgo de Mark y su congregación con un impacto dinámico en la comunidad. Él escribe: Fue increíble para mí ver cuánta vida y energía sopló en nues- tra reunión de oración, simplemente dirigiendo el enfoque hacia buscar el rostro de Dios, no solo su mano. Resonó en mi corazón y parecía no tener fin todo cuanto podíamos de- cirle a Dios sobre Él a partir de su Palabra. Además, cuando 108 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA empezamos con el enfoque correcto, esto nos llevó a mara- villosas temporadas de confesión y poderosos momentos de intercesión. Había un sentido real de que no llevábamos el control, y que Dios estaba hablando a nosotros a través de su Palabra. A menudo he dicho que una experiencia de oración basada en la adoración donde la Palabra, el canto y la oración son espontáneamente ofrecidos se siente como que debemos estar cerca de lo que sucedía en la iglesia primitiva. ¡Simple- mente parece tan bien! Hablando en términos específicos sobre el impacto de enfoque alimentado por las Escrituras, Vroegop testifica: La oración basada en la adoración ha aumentado mi pasión por Jesús. Adorarle a través de la oración a menudo me ha ayudado en momentos muy difíciles, me ha quebrantado en medio de mi pecado, me ha dado fuerza cuando estaba a punto de rendirme y ha alentado mi fe. He visto a Dios hacer cosas sorprendentes durante una reunión de oración. Co- nozco a personas que fueron cambiadas por las oraciones de otros. Conozco a personas que estaban cumpliendo una condena y recibieron a Cristo en una reunión de oración. Conozco a personas cuyas necesidades fueron satisfechas durante el tiempo en que oraban con otros. Antes de la ora- ción basada en la adoración, «creía» que la oración funciona- ba; ahora «sé» que lo hace. Tal vez esta es la misma realidad que Andrew Murray experimentó cuando escribió: «Es la Palabra de Cristo, amado, experimenta- do, permaneciendo en nosotros, convirtiéndose, a través de la obediencia y la acción en parte de nuestro ser, lo que nos hace uno con Cristo, lo que nos capacita espiritualmente para palpar a Dios, para aferrarnos a Él».12 John Stott lo resume así: «Solo cuando las palabras de Cristo permanezcan en nosotros, nues- tras oraciones serán respondidas. Entonces, podremos pedir lo que queramos y será hecho, porque querremos solo lo que Él quiere».13 109 CAPÍTULO 10 Su Espíritu aviva nuestro clamor Cada manifestación del poder de la carne en nosotros y de debilidad de nuestra vida espiritual nos debe llevar a la convicción de que Dios quiere, a través de la poderosa operación de su Espíritu Santo, elaborar una vida nueva y fuerte en nosotros. Sí, vamos a creer que el Espíritu que está en nosotros es el Espíritu del Señor Jesús, y que Él está en nosotros para hacernos verdaderamente partícipes de su vida. Si estamos convencidos de esto y ponemos nuestro corazón en ello, entonces ocurrirá un cambio tal en nuestra relación con la Palabra y la oración como jamás hubiéramos pensado que fuese posible. Créalo firmemente; espérelo seguramente. andrew Murray Cuando venga el Espíritu de verdad, Él os guiará a toda la verdad; porque Él no hablará por su propia cuenta, pero lo que sea que oyere hablará; y os hará saber las cosas por venir. El me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo hará saber. JeSÚS (Juan 16:13-14) Si tuviera recursos ilimitados y quisiera que sus hijos llegaran a ser extremadamente competentes en su aprendizaje, contrataría un tutor. Tendría la libertad de no escatimar en gastos y buscar un profesor con muchos conocimientos y altamente calificado 110 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA que viniera a su casa, y personalmente les aseguraría a sus hijos la mejor educación posible. Nuestro Padre, con sus recursos ilimitados, y su compromiso de enseñarnos a orar, nos ha dado un tutor sobrenatural: el Espí- ritu Santo, el cual está disponible para nosotros y vive en nosotros las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Nuestro Padre anhela La oraciónbasada en la adoración nos lleva a una mayor sensibilidad y entrega al Espíritu San- to. Como resultado, Él alimenta nuestras ora- ciones y nosotros somos transformados. la intimidad con nosotros y sabe que la verdadera oración es imposible sin la presencia del Espíritu que mora en nosotros. Estamos capacitados para ser de «los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne» (Fi- lipenses 3:3). A través de la oración basada en la adoración el Espíritu Santo nos da el poder para conocer a Cristo. La oración basada en la adoración nos lleva a una mayor sensibilidad y entrega al Espíritu Santo. Como resultado, Él alimenta nuestras oraciones y nosotros somos transformados. Casi muerta, pero completamente viva Recientemente, mi esposa y yo hablamos en un encuentro de mujeres un sábado por la mañana. Después del desayuno, una madre de nuestra iglesia y su hija hicieron la primera presenta- ción. Según el programa, nosotros vendríamos después de ellas. La historia que contaron fue fascinante. Linda Barrick y su hija Jen, dieron cuenta de los aconteci- mientos que tuvieron lugar en la tarde del domingo 5 de no- viembre de 2006. Mientras la familia se dirigía a casa desde la iglesia, un conductor ebrio que viajaba a 130 kilómetros por hora aproximadamente, golpeó su carro de frente. El padre y Linda iban en el asiento delantero; Jen, de quince años, y Josh, de once, estaban en la parte de atrás. Con el impacto, todos sufrieron heridas que pusieron en riesgo sus vidas. Entonces, fueron trasladados rápidamente a las salas de emergencia en diferentes hospitales. Mientras que los cuatro miembros de la familia estaban en estado grave, los médicos no esperaban que Jen sobrepasara la noche. Pero Dios sustentó su vida. Ella permaneció en coma du- 111 Su Espíritu aviva nuestro clamor rante cinco semanas con lesiones cerebrales traumáticas y múl- tiples fracturas de cráneo. Pasaron muchas semanas más para que despertara lentamente del coma. Los médicos temían que las lesiones cerebrales pudieran provocar un conjunto de com- portamientos extraños, como gritar o maldecir. En lugar de ello, el espíritu de Jen derramaba canciones de alabanza y constantes oraciones. Aunque no estaba consciente de sus heridas, su ubica- ción o, incluso, los nombres de los miembros de su familia, con- tinuó alabando a Dios. Su madre comentó: «¡El Espíritu Santo era tan vivo y evidente en ella!». Incapaz de abrir sus ojos o comprender lo que la rodeaba, Linda dice que su hija, literalmente, oraba por horas. Pero no pedía nada en específico, incluso con su cuerpo provocándole dolor incontrolablemente, exclamaba durante horas: «Señor, tú eres tan bueno. Señor, tú eres tan fiel». Linda también comenta: «Yo solo me sentaba allí y lloraba mientras el Espíritu la capa- citaba para alabar a su Padre, cantar canciones de alabanza e, incluso, citar las Escrituras. Era como si ella hubiera estado en su presencia todo el tiempo».1 Hoy día, Jen continúa en el proceso de recuperación, sufre pérdida de memoria y ceguera cortical. Aun así, ella se siente capaz y deseosa de unirse a su mamá regularmente para contar el increíble relato de la gracia de Dios y el poder de la oración. Mientras mi esposa Rosemary y yo escuchábamos la historia de la familia Barrick, fui impactado por este ejemplo de la inten- ción del Espíritu Santo de lograr el agradecimiento en los cora- zones de sus hijos y la adoración basada en la verdad. Más allá de nuestras capacidades mentales y físicas, existe una dimensión espiritual que debemos entender si vamos a aprender a orar por el poder del Espíritu Santo. La oración basada en la adoración lleva a nuestros corazo- nes a una armonía íntima con la persona del Espíritu Santo y aumenta nuestra rendición ante su control, sabiduría y poder ha- cia nuestras oraciones. Entonces, el Espíritu nos capacita para adorar más plenamente. A su vez, esta adoración nos lleva a una realidad más profunda de la vida del Espíritu. Jen Barrick, con una capacidad mental y física limitada, exhibió una profunda experiencia de oración en el reino del Espíritu Santo. Muchos de nosotros dependemos de nuestro propio intelecto y nos olvidamos del papel esencial del Espíritu Santo. Si desestima- mos el tiempo de la oración, la transformación nunca va a ocurrir. 112 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA El cementerio o el manicomio Mi amigo Jim Cymbala anima a los cristianos a una dependen- cia viva y práctica del Espíritu Santo. Él observa claramente que cuando se trata de la persona del Espíritu Santo, las igle- sias tienden a ser cementerios o manicomios. Algunas apenas lo reconocen o lo buscan; otras, se involucran en todo tipo de hechos extraños y extrabíblicos, por los que el Espíritu Santo obtiene «crédito». En nuestras oraciones queremos evitar estos extremos, pero debemos situar nuestro corazón en la realidad práctica, poderosa y verdadera del Espíritu Santo. En su libro El Dios olvidado, Francis Chan escribe: «Lo que observo desde mi perspectiva es que el Espíritu Santo es dramá- ticamente descuidado y, a todos los efectos prácticos, olvidado. Mientras que ningún evangéli- co podría negar su existencia, estoy dispuesto a apostar que hay millones de personas en los Estados Unidos que van a la iglesia, pero no pueden decir confiadamente que han experi- mentado su presencia o acción en sus vidas durante el último año. Y muchos de ellos no creen que puedan».2 Y continúa: «Si yo fuera Satanás y mi objetivo final fuese frustrar el reino y los propósitos de Dios, una de mis principales estrategias sería hacer que los cristianos ignoraran al Espíritu Santo; pues cuando los creyentes viven en el poder del Espíritu, la evidencia en sus vidas es sobrenatural. La iglesia no puede evitar ser diferente, y el mundo no puede evitar notarlo».3 Jesús no solo quiere que su casa (su pueblo) se caracterice por la oración (Marcos 11:17), sino que quiere que seamos controla- dos y facultados por la realidad sobrenatural de su Espíritu Santo antes que por estrategias humanas y capacidades intelectuales. Palabra, Espíritu y adoración Hasta aquí hemos visto que la oración se experimenta mejor con una Biblia abierta. Leemos el texto bíblico en busca de gran- des verdades acerca de Dios. Estas verdades alimentan nuestra adoración mientras nos involucramos en la oración y el canto, en reverencia a su nombre, su carácter y sus obras. Nuestra me- «Si yo fuera Satanás y mi obje- tivo final fuese frustrar el Reino y los propósitos de Dios, una de mis principales estrategias sería hacer que los cristianos ignoraran al Espíritu Santo». 113 Su Espíritu aviva nuestro clamor ditación y aplicación de estas verdades se vuelven poderosas en la medida en que abrimos nuestros corazones al Espíritu. Estos son los elementos esenciales de la transformación. Pablo describe este proceso en Colosenses 3:16. Aunque el contexto de esta experiencia es en comunidad, la misma verdad se aplica individualmente. Él escribe: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros co- razones al Señor, con salmos e himnos y cánticos espirituales». La Palabra de Dios es un estímulo y una herramienta para la adoración. Compare ese pasaje con Efesios 5:18-20, en donde dice: «No os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo». El paralelismo entre Palabra y Espíritu es obvio. Cuando esta- mos bajo el control del Espíritu Santo, la adoración se derrama. Cuando estamos asidos a las Escrituras, la adoración abunda. El «factor de cambio» de la oración Ahora lea cuidadosamente estas palabras: Antes bien,como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudri- ña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, si no el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido. (1 Corintios 2:9-12) Léalo de nuevo. En mi corazón, este pasaje tiene un factor so- bresaliente y muy llamativo cuando se trata de la oración. Yo me pregunto: «¿Deseo tan solo una experiencia superficial de la ra- zón humana y del ritual religioso en mis tiempos de oración? ¿O quiero que algo sobrenatural ocurra en la medida en que vengo a entender las cosas profundas de Dios? ¿Quiero pasar por la 114 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA rutina de peticiones de oración y extensas listas llenas de asuntos por los que otros consideran que debería orar? ¿O quiero recibir las cosas que el Espíritu quiere darme libremente mientras oro según la Palabra de Dios en señal de rendición y sensibilidad a su liderazgo?». Nuestras respuestas a estas preguntas son factores de cambio en nuestras oraciones y en nuestro viaje espiritual. En cuanto a esta idea, Juan Calvino escribió: «El testimonio del Espíritu es superior a la razón. Ya que solo Dios puede con propiedad dar testimonio de sus propias palabras, estas palabras no tendrán ningún valor en los corazones de los hombres, hasta que sean sellados por el testimonio interior del Espíritu».4 El predicador inglés William Law añadió algo que es de gran aplicación para nosotros: «Lea el capítulo de la Escritura que desee, y deléitese en él; aun así, usted seguirá tan pobre, tan vacío y tan igual como al principio. A menos que lo haya llevado com- pleta y únicamente al Espíritu de Dios, y le haya llevado a una plena unión y a depender de Él».5 Los que han adoptado un enfoque basado en la adoración y que busca el rostro de Dios ante todo, realmente han experimentado esta increíble realidad. El Espíritu de Dios toma la Palabra de Dios y enciende nuestro corazón con verdad, sabiduría, dirección, enfoque y pasión en nuestras experiencias de oración. Una vez que usted ha experimentado este tipo de oración, nunca quiere volver atrás. Es por ello que Dios desea que nosotros oremos en el Espíritu. Orando en el Espíritu ¿Qué significa exactamente orar en el Espíritu? ¿Qué resultados trae? Comencemos con una definición. Algunos han reducido orar en el Espíritu a alguna expresión de emociones o a la elabo- ración de un lenguaje especial para poder pedir las bendiciones de Dios. En verdad, orar en el Espíritu es mucho más claro y profundo que cualquiera de estas nociones modernas. El eru- dito griego Kenneth Wuest señaló: «Orar en el Espíritu es orar dependiendo del Espíritu Santo. Es practicar la oración en el ámbito del Espíritu Santo, motivados y facultados por Él».6 El pastor John Piper lo define de manera simple: «Orar en el Es- píritu Santo es ser movido y guiado por el Espíritu Santo en la oración. Oramos por su poder y de acuerdo con su dirección».7 Thomas Goodwin, otro gran hombre de Dios, dijo: «El Es- píritu Santo, que es el intercesor dentro de nosotros, y que escu- 115 Su Espíritu aviva nuestro clamor driña las cosas profundas de Dios, nos ofrece, estimula y sugiere en nuestras oraciones esas mismas cosas que están en el corazón de Dios, que nos dan lo que deseamos de Él, a fin de que una pobre criatura llegue a hablar al mismo corazón de Dios, y en- tonces Dios no puede negarse. Orar en el Espíritu es vital para la adoración, para conocer el corazón de Dios. Entonces podemos orar conforme a sus planes con confianza, sabiendo que son pe- ticiones realmente impulsadas por el Espíritu, y no por la carne. Comunicación clara En mis siete años de estudios de pregrado y posgrado, obtuve notas bastante decorosas, excepto en una asignatura. Definiti- vamente, no sobresalía en Probabilidad y Estadística. Esto se debió, en parte, a la dificultad del tema para alguien con pocas habilidades matemáticas. Sin embargo, una gran parte del pro- blema era la falta de una comunicación clara por parte del profe- sor. Él había inmigrado recientemente a los Estados Unidos. Era muy inteligente, y creo que entendía y hablaba inglés con bastan- te soltura. Sin embargo, su acento era tan marcado que no podía entender lo que él estaba diciendo. Incluso me reuní con él en su oficina varias veces, buscando una explicación más detallada so- bre el trabajo en clase. Con el tiempo, los dos nos frustramos por mi incapacidad para comprender lo que él estaba diciendo. Yo, básicamente, me rendí y me conformé con la primera y última D de mis estudios de universidad y del seminario. En la escuela de la oración y la vida cristiana, el tema no es simplemente difícil; es sobrenatural. Afortunadamente, tenemos un profesor sobrenatural en el Espíritu Santo. La buena noticia es que él habla con claridad, en concreto, y amablemente, por lo que podemos entender exactamente lo que necesitamos saber. Escrituras del Espíritu Las religiones orientales, e incluso algunos maestros de la fe cris- tiana, proponen que la mejor manera de escuchar el Espíritu de Dios (o tal vez algún otro espíritu) es vaciar tu mente, a lo que se agregan varios ejercicios de respiración. Esa podría ser una gran manera de obtener D en la asignatura Oración. Por el contrario, las Escrituras afirman que la mejor manera de escuchar al Espíri- tu es llenar la mente con la Palabra de Dios, acompañada de una cuidadosa lectura y meditación en las Sagradas Escrituras. Esa 116 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA es la mejor manera de recibir lo que el Espíritu está hablando claramente. Veamos algunos versículos más que nos ayudan a captar y anticipar su obra en la comunicación de las verdades de la ora- ción a nuestros corazones. Efesios 6:10-20 es la culminación de la enseñanza de Pablo sobre la guerra espiritual y la armadura de Dios, tan vital para nuestra victoria. En el versículo 17, él habla de la «espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios». Con la Palabra de Dios en lo profundo de nuestros corazones y lista en nuestros labios, se nos dice que debemos estar «orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos» (v. 18). Aquí aprendemos que la oración en el Espíritu alimenta la pasión, la perseverancia, una mente alerta, la resistencia, y el entendimiento de cómo orar por las muchas personas que Dios pone en nuestros corazones. Considere Judas 20-21, cuando dice: «Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna». Judas había estado describiendo a aquellos que no tienen el Espíritu, que abrazan la falsa enseñanza y desencadenan un impacto destructivo en la iglesia (Judas 19). En contraste, dice que podemos crecer en fuerza y estabilidad si oramos en el reino del Espíritu. Debemos orar en conexión directa con nuestra santísima fe, que es la verdad revelada en las Escrituras (véase Judas 3-4). El resultado es que «nos mantenemos» plenamente involucrados con la seguridad y la experiencia del amor de Dios. Dios es quien nos guarda (como vemos en Judas 1 y 24), pero la oración en el Espíritu es el medio de mantener viva nuestra relación de amor con Él. La oración en el Espíritu también aviva esa expectativa esperanzadora del regreso de Cristo. Lea Romanos 8:26-30: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemi- dos indecibles. Mas elque escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a 117 Su Espíritu aviva nuestro clamor los que conforme a su propósito son llamados. Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predesti- nó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó. Incluso el apóstol Pablo confiesa que en nuestro mero intelecto humano, no somos capaces de orar eficazmente. Nuestras men- tes y corazones son débiles. El Espíritu Santo se mueve dentro de nosotros, en perfecta armonía con la voluntad del Padre y el Hijo. El Espíritu obra en nosotros para guiarnos de acuerdo con la voluntad de Dios, ya que tenemos la garantía de la bondad y la soberanía de Dios, como vemos en los acontecimientos de nues- tras vidas (Romanos 8:28). El Espíritu obra en nosotros para ha- cernos como Jesús (v. 29) y para seguir transformándonos hasta Nuestras mentes y corazones son débiles. El Espíritu Santo se mueve dentro de nosotros, en perfecta armonía con la voluntad del Padre y el Hijo. que estemos en la gloria con Él (v. 30). J. Oswald Sanders escri- bió: «La oración en el Espíritu es la oración cuya meta suprema es la gloria de Dios, y, solo en un sentido secundario, es una ben- dición para nosotros mismos o para los demás».9 Nosotros experimentamos la oración transformadora. Creo que esto es lo que experimentó Jen Barrick durante su lenta recu- peración en la cama de un hospital. Y es lo que Dios desea para nosotros en nuestra vida de oración. La meta de Dios y nuestra elección En la actualidad viajo mucho, pues asisto a conferencias e igle- sias. Como usted sabe, al inicio de cada vuelo una azafata (o en algunos casos, un video) da claras instrucciones de salvamento a los pasajeros sobre cómo mantenerse seguros y qué hacer en el caso de una emergencia. Muchas veces escucho música en mi iPod y dejo de prestar atención a la ya conocida repetición. A veces, una aeromoza viene y me dice que apague mi música y escuche. Entiendo que no está tratando de ser descortés; simple- mente, está tratando de ayudarme a recibir la información vital que necesito para volar seguro. 118 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Por supuesto, la razón por la que muchos de nosotros desa- tendemos las orientaciones antes del vuelo es que las hemos es- cuchado muchas veces antes. Esta familiaridad puede llevarnos a la ignorancia y tal vez a la tragedia. Las aeromozas están ahí para prevenirlo. La oración es una idea muy familiar para muchos de noso- tros. Estamos también acostumbrados a la verdad del Espíritu Santo en nuestras vidas. Como cualquier pasajero acostumbrado a viajar frecuentemente, podemos obviar las instrucciones que necesitamos porque estamos muy familiarizados con la expe- riencia. Sin embargo, a diferencia de un vuelo, en donde las ins- trucciones y las rutinas son normalmente predecibles, no debería haber nada superficial ni común acerca de nuestros tiempos de oración. Cada conversación con Dios, cada encuentro con su presencia, debe ser tan fresco y esencial como nuestra respira- ción. No podemos evadir la instrucción de la Palabra y el Espíri- tu. Esta guía es un salvavidas en nuestro caminar con Cristo y la clave para obtener una A en la oración. Jesús nos preparó para esta profunda experiencia. En Juan 16:13-14 nos dice: «Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. Él me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber». Cada uno de nosotros se enfrenta a una elección. ¿Permiti- remos que el conocimiento previo de algo dé lugar a la apatía y a la falta de efectividad porque pasamos por alto las instruccio- nes vitales? ¿Estaremos contentos con simplemente orar desde nuestro propio marco intelectual de comprensión, listas poten- cialmente descuidadas, infinitas y llenas de ideas que no han sido sometidas al poder de la Palabra y el Espíritu? ¿Simplemente buscaremos la mano de Dios para conseguir lo que pensamos que necesitamos para salir adelante durante otra semana mien- tras nos damos prisa en entrar y salir de su presencia? ¿O vamos a buscar su rostro, su Palabra y su Espíritu en la medida en que aprendemos a orar de una manera que transforma la vida? Jesús nos prometió una guía clara, una visión, y una vida que le da gloria a Él. Debemos quitarnos nuestros audífonos de tradición y apatía y escuchar. Esto cambiará nuestras vidas. Una experiencia de purificación del alma: Un trofeo de la transformación Cada cristiano en algún momento de su vida ha enfrentado una misión de parte de Dios que ha sentido que está muy por encima de su experiencia o sus habilidades. Podemos sentirnos abruma- dos, intimidados, e incluso sin esperanza. Harry Li, un chino-es- tadounidense, profesor de ingeniería eléctrica, luchó con estas emociones cuando Dios lo llamó a salir de su cómoda profesión para servir como pastor en una iglesia pequeña y variada en el corazón de Little Rock, Arkansas, en donde la mayoría de las iglesias están muy divididas. «Me sentí como un hombre aho- gándose que era responsable de ¡enseñar a otros cómo nadar!», dice Harry. Durante su segundo año como pastor, asistió a un retiro de oración para pastores por varios días. Al recordar ese momento decisivo, él expresa: No tenía expectativas, pero sí muchas dudas acerca de com- prometerme a orar durante tres días de mi apretada agenda. No creía que fuese posible orar por ese período de tiempo. ¡Me transformó! ¡Fue alucinante! ¡Maravilloso! ¡Estremece- dor! La oración basada en la adoración no fue aburrida. ¡Fue vivificante, atractiva y emocionante! Nunca antes había ex- perimentado una oración que me dejara tan increíblemente fortalecido, alentado, y lleno de poder sobrenatural. Esa experiencia purificadora del alma me cambió y punto. Cambió mi entendimiento de Dios, de la oración, de mí mis- mo y de mi llamado al ministerio. Mi caminar con Dios es más profundo que antes y ha llevado a una mayor compren- sión del papel del Espíritu Santo en mi vida, que, a su vez, me condujo a un ministerio más eficaz. Esta experiencia de cambio producida por el Espíritu fue tan real para Harry que se convirtió en un agente de cambio en su ciudad. Estaba convencido de que el mejor regalo que podía dar al cuerpo de Cristo, en donde muchos otros luchan por abrazar el llamado y el poder de Dios, era reunir a los pastores para orar juntos. No solo aumentaron la confianza y el impacto de Harry en su iglesia local, sino que, en la actualidad, organiza reuniones de oración de varios días para pastores regionales en Little Rock. «En este papel, he visto al Señor hacer grandes cosas entre su pueblo», afirma; y agrega: «Como respuesta a la oración ¡el cuer- po de Cristo se está movilizando y unificando como nunca antes! Mi iglesia, gustosamente, sería la primera en decir que ha visto la mano de Dios en mi vida y que he crecido delante de todos ellos. El enorme crecimiento espiritual que he experimentado en los últimos ocho años está totalmente atribuido al entendimiento de la oración. Si yo no hubiera descubierto la oración basada en la adoración, dudo que estuviera en el ministerio hoy». 121 CAPÍTULO 11 Su nombre corrige nuestras necedades La oración es un medio que Dios utiliza para darnos lo que Él quiere. W. BINGHAM HUNTER Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre. PaBlo (filiPenSeS 2:9) Para la graduación del preuniversitario, mis padres me dieron el curso de Dale Carnegie. Este entrenamiento, que Carnegie co- menzó en 1912, inspira confianzapara hablar en público y pro- porciona herramientas para ganar amigos y ejercer influencia en las personas. A los diecisiete años de edad, el curso me enseñó mucho sobre la naturaleza humana y me ayudó a salir de mi en- cierro de introvertido. Un principio clave que enseñaban era la necesidad de recor- dar nombres. Carnegie cree que el nombre de una persona es el sonido más importante en cualquier idioma. Es su identificador peculiar. Sin embargo, detrás de esta técnica de recordar nom- bres aún permanece el deseo de ganar amigos e influir en las per- sonas, de lo que se trata, en última instancia, es del progreso per- sonal. Recordar un nombre es una herramienta para caerle bien a la gente, para que reaccionen ante usted y le ayuden a triunfar en la vida. No siempre es la expresión de una preocupación genuina por las necesidades o intereses reales de la otra persona. 122 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA No hay nombre como el nombre de Jesucristo. Al conocer el poder de su nombre, la mayoría de nosotros recuerda mencionarlo prácticamente cada vez que oramos. Sin embargo, como estudian- tes de Carnegie, la razón por la que recordamos su nombre podía ser por nuestros propios fines, y no por los de Él. ¿Verdad o tradición? En el transcurso de mi vida he orado por un montón de co- sas bastante locas «en el nombre de Jesús». En la universidad, La mayoría de nosotros sabe que la idea de orar en el nombre de Jesús va mucho más allá de la rutina de añadir estas tres palabras al final de una oración. Aun así, cuando no lo hacemos, nos sentimos casi herejes. Es lo que tradi- cionalmente sucede. pedí por una cita con una chica en particular, por una mejor nota en un examen final, y por ganar las elecciones para ser presidente del Consejo Estudiantil. Muchos creyentes invocan el nombre de Jesús con el fin de conseguir un lugar privilegiado de estaciona- miento, un aumento de sueldo, o incluso un billete ganador de lotería. Al igual que yo, tal vez ha utilizado la sagrada frase «en el nombre de Jesús» como una es- pecie de encantamiento mágico para obligar a Dios a darle algo que realmente usted quería, o pensaba que necesitaba. La mayoría de nosotros sabe que la idea de orar en el nom- bre de Jesús va mucho más allá de la rutina de añadir estas tres palabras al final de una oración. Aun así, cuando no lo hacemos, nos sentimos casi herejes. Es lo que tradicionalmente sucede. En oraciones grupales o en público, es un hecho que quien ora me- jor lo hace «en el nombre de Jesús». Cuando no lo hacen, puede que provoquen que algunos arqueen sus cejas y profieran pala- bras de duda acerca de la legitimidad espiritual de sus oraciones. ¿Dios realmente escuchará sus oraciones si ellos no incluyen este complemento de tres palabras? Fija tus ojos en Jesús Uno de los sorprendentes beneficios de un enfoque de la ora- ción basado en la adoración es que, esencialmente, quita nues- tros ojos de nosotros mismos y los fija en Cristo. Establecemos 123 Su nombre corrige nuestras necedades nuestra experiencia de oración en Él, no en nosotros. Buscamos orar según sus pensamientos, no los nuestros. En la medida en que el Espíritu toma la varita de conductor conforme a las Escrituras y dirige nuestra oración, no podemos dejar de volver nuestros ojos a Jesús y «mirar completamente su rostro maravilloso». Entonces, como dice un himno, «las cosas de la tierra lucirán extrañamente pequeñas a la luz de su gloria y de la gracia».1 En ese momento maravilloso de intimidad real- mente estamos en el lugar adecuado para orar de verdad en «el nombre de Jesús», independientemente de las tres últimas pala- bras de la oración. Una canción popular de adoración, dice: «Se trata de ti, Jesús» y nos lleva a reconocer que nuestras vidas no son realmente acer- ca de nuestros propios planes. Reconocemos que Jesús es Dios y nuestra respuesta es rendirnos a sus caminos. En mis años de aprendizaje sobre la oración y de guiar a otros al respecto, he vis- to que esta es la realidad esencial de lo que Dios realiza mientras oramos. Este es el camino para orar en el nombre de Jesús. ¿Qué hay en un nombre? La primera mención formal de la oración en la Biblia se presenta en Génesis 4:26: «Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová». El «nombre del Señor» representa más que un título para Dios. Es la esencia de su identidad y carácter revelados a los corazones de los hombres. Este pasaje muestra la primera respuesta de la humanidad a la revelación que hizo Dios de sí mismo: clamar en voz alta a Él en oración. La pieza central de esta oración era el nombre o el carácter de Dios. No sería una exageración decir que esta primera expresión de oración era, en el fon- do, un grito de adoración. Dios se revela a sí mismo a tra- vés de sus nombres en toda la Es- critura.2 Si usted ha sido cristiano por mucho tiempo, probablemente podría detenerse ahora y pensar en Hay un verdadero sentido en que toda oración es, en última instancia, una res- puesta al nombre de Dios. algunos de esos nombres que aparecen en el Antiguo Testamen- to. Hay un verdadero sentido en que toda oración es, en última instancia, una respuesta al nombre de Dios. 124 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Un escritor expresa: «En la medida en que el pueblo de Dios responde en adoración, “engrandece” el nombre del Señor (Sal- mo 34:3; 69:30). Es decir, que se regocija en lo que el nombre de Dios revela acerca de su naturaleza, y al mismo tiempo ora porque Dios sea fiel a sí mismo».3 Jesús continuó este enfoque en el nombre de Dios cuando les enseñó a sus discípulos que la primera expresión de toda ora- ción es «Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre» (Mateo 6:9). Cristo les presentó a sus seguidores una nueva realidad de Dios como su Padre personal e íntimo, el cual se haría íntimo y poderoso a través de su obra redentora. Jesús enseñó que la oración es una respuesta al nombre de Dios, que es santo, reverenciado, y digno de nuestra adoración. En el Nuevo Testamento, aprendemos que Jesús vino a la tierra «en “nombre” de su Padre» (Juan 5:43). A menudo hablaba de su misión de hacer la voluntad de su Padre, para la gloria de su Padre (Juan 4:34; 5:30; 17:4). Él explicó su perfecta unión con el corazón y el carácter del Padre (Juan 5:19; 8:28; 8:42). Y dijo: «El Padre y yo somos uno» (Juan 10:30 [NVI]). Mi nombre es Jesús, y… Durante su ministerio, Jesús nos aclaró acerca de su carácter e identidad al declarar sus nombres inigualables. La plenitud de Dios en Cristo se hace evidente. La verdad del Antiguo Testa- mento viene a alumbrar los corazones de sus discípulos, como un sol que poco a poco va saliendo. Él es «Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite» (Isaías 9:6-7). Esta es la obra de gracia de Dios en nosotros para llevarnos a un conocimiento más profundo de Él y a una mayor respuesta a la oración. Él despertó la adoración en sus discípulos con las declaraciones de «Yo soy» que hizo en el evangelio de Juan: • «Yo soy el pan de vida» (Juan 6:35). • «Yo soy la luz del mundo» (Juan 8:12; 9:5). • «Yo soy la puerta de las ovejas» (Juan 10:7, 9 [NVI]). • «Yo soy el buen pastor» (Juan 10:14). • «Yo soy la resurrección y la vida» (Juan 11:25). • «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Juan 14:6). • «Yo soy la vid verdadera» (15:1,5). 125 Su nombre corrige nuestras necedades Más adelante, los libros del Nuevo Testamento revelan ver- dades adicionales acerca de nuestro Cristo, al decirnos que Él es el Alfa y la Omega (Apocalipsis 1:8), el autor y consumador de nuestra fe (Hebreos 12:2), la principal piedra del ángulo (Efesios 2:20), cabeza de la iglesia (Efesios 1:22), la misma Palabra de Dios (Apocalipsis 19:13), y el Rey de Reyes y Señor de Seño- res (Apocalipsis 19:16). Reitero, todos estos nombres son más que etiquetas de identificación en la solapa de su vestidura. Sonpoderosas revelaciones de su carácter que dan poder a nuestras oraciones y adoración. Una nueva normalidad En el último encuentro de Jesús con sus discípulos en el apo- sento alto, les enseñó: «Nadie viene al Padre, sino por mí» (Juan 14:6) y «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Juan 14:9). Acto seguido, abre una ventana de nuevo entendimiento acerca de la oración delante de sus discípulos. Debido a la divinidad de Jesús, la unión con el Padre, sus obras milagrosas, y la comisión sobrenatural que dará a sus discípulos, Él ahora establece una profunda y nueva normalidad en la oración. Lea cuidadosamen- te: «De cierto, de cierto os digo: “El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”» (Juan 14:12-14). Jesús proyecta una visión de un impacto grande y de largo alcance en el cumplimiento de su misión. Este no es un desafío a hacer resonar sus obras a través de algún espectáculo religio- so itinerante o una fabricación televisada de «milagros». Esta es una predicción del avance global del evangelio en el poder del Espíritu Santo, a quien Él enviaría después de su obra redentora y ascenso al cielo. Y en la plenitud de todo lo que su nombre implica, Él da a sus discípulos la clave para una oración confiada y para que sus vidas den gloria a Dios. Pedir en el nombre de Jesús Jesús da una garantía autorizada. A todos nos gustan las garan- tías. Los publicistas promocionan una «satisfacción garantizada» y la garantía de devolución del dinero sobre los productos que 126 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA quieren que compremos. Hoy día, Jesús, en la autoridad que solo el Hijo de Dios puede ofrecer, brinda una audaz garantía sobre la oración. En Juan 14:13, dice: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo». En esta interacción con los discípulos en el aposento alto, Él sigue hablando del poder de su nombre en la oración. En Juan 15:16-17, Cristo amplía nuestra comprensión de la necesidad y el uso apropiado de su nombre: «No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, Él os lo dé». En Juan 16:23-24, Él dice: «En aquel día no me preguntareis nada. De cierto, de cierto os digo, que todo cuanto pidiereis al Padre en mi nombre, os lo dará. Hasta ahora nada habéis pedido en mi nombre; pedid, y recibiréis, para que vuestro gozo sea cumplido». Mal uso y abuso Actualmente, podemos encontrar un montón de ejemplos tristes del mal uso y abuso del nombre de Jesús, tanto dentro como fuera de la iglesia. Recientemente, hice una simple búsqueda en YouTube sobre las cosas «divertidas» que hemos hecho con el nombre del Señor en nuestras oraciones. Un popular video ofre- ce una escena de la comedia de NASCAR Noches de Talladega, en la que el personaje principal, un conductor llamado Ricky Bobby, está liderando la oración durante la comida familiar. (Por cierto, esto no es una aprobación para la película, ya que la escena es cruda e irreverente; es una instantánea cultural que muestra la denigración de la idea de orar en el nombre de Jesús). Después de comenzar su oración dirigiéndose a Dios como «Querido Señor, niño Jesús», Ricky Bobby ofrece una gratitud superficial y burlona por toda la comida rápida en la mesa y por cada persona presente en la comida. Pronto, la esposa de Ricky Bobby se opone a las repetidas referencias de «niño Jesús», lo cual da lugar a un debate alrededor de la mesa acerca de cómo a cada persona le gusta «ilustrar a Jesús» cuando oran. La sub- siguiente discusión revela una lluvia de ideas con estilo propio sobre Jesús, representándolo como un adolescente, con barba, con un esmoquin, una camiseta, con alas, como un ninja, y como el cantante principal de una banda de rock. Ricky Bobby conti- núa orando, insistiendo en diversas descripciones de Jesús como 127 Su nombre corrige nuestras necedades un bebé. Toda la escena presenta la oración como una broma y a Jesús como alguien que podemos definir de la manera que queramos, en la medida en que lo usamos para nuestro propio entretenimiento y éxito. No es de extrañar que este tipo de tonterías y faltas de respe- to vengan de Hollywood y nuestra cultura pluralista. Sin embar- go, los cristianos a veces podemos ser igualmente superficiales en la forma en que pensamos de Jesús y utilizamos su nombre en nuestras oraciones. Esto debería obligarnos a abrazamos apasio- nadamente a la idea bíblica de orar en el nombre de Jesús. Condición y resultado Entonces, ¿qué era lo que Jesús estaba tratando de ayudarnos a entender? En realidad, Él nos da una condición y un resultado para todas nuestras peticiones. La condición es que pidamos en el nombre de Jesús. Samuel Chadwick escribió: «Orar en el nom- bre de Cristo es orar como alguien que es uno con Cristo, cuya mente es la mente de Cristo, cuyos deseos son los deseos de Cristo, y cuyo propósito es el de Cristo». Chadwick luego aclaró: «Las oraciones hechas en el nombre de Cristo son escudriñadas y santificadas por su naturaleza, su propósito y su voluntad. La oración es respaldada por el nombre cuando está en armonía con el carácter, la mente, el deseo y el propósito del nombre».4 Claramente, Ricky Bobby no entendía esto. En su excelente libro El Dios que escucha, W. Bingham Hunter resume la enseñanza del Nuevo Testamento acerca de la oración en el nombre de Jesús con estas cuatro verdades: • Busca la gloria de Dios. • Su fundamento es la muerte, resurrección e intercesión de Jesús. • Es ofrecida por los discípulos obedientes de Jesús. (Hunter señala que la oración en el nombre de Jesús es prácticamente un sinónimo de la obediencia a Jesús). • Pide lo que Jesús mismo pediría.5 Hunter continúa y resume: «La respuesta más corta y quizás la mejor es sencillamente: Jesús oró conforme a la voluntad de Dios. Y eso, en definitiva, es lo que significa para usted y para mí orar en el nombre de Jesús: orar conforme a la voluntad de Dios».6 Esto explica por qué Jesús fue tan enfático en decir que «todo» lo que pidiéramos «en su nombre», lo «recibiríamos». 128 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA El Dr. Randal Roberts del Seminario Occidental en Portland, Oregón, dice que orar en el nombre de Jesús es: «Orar de una manera consistente con sus valores y propósitos. Es orar con la glorificación de Dios como el motivo supremo; es orar como Jesús oraría si estuviera en nuestras circunstancias; es orar como sus seguidores que han sido designados como instrumentos que lleven fruto en el cumplimiento de su misión […]. Es aprender a pedir las cosas buenas que Él se deleita en dar, y hacerlo desde un corazón devoto que Él se deleita en bendecir».7 Presumir, de manera santa, que conoce a gente importante En nuestra sociedad, las personas se han acostumbrado a presu- mir diciendo que conocen a gente importante con el fin de con- seguir lo que quieren. Decir que tienen una relación con algún poderoso dignatario o una figura popular puede provocar admi- ración. Las personas que carecen de las credenciales adecuadas dirán un nombre para tener acceso a un club exclusivo o a una reunión social. Presumir de conocer a gente importante puede traer resultados en nuestro mundo superficial que ensalza a las ricos y famosos. Pero, los cristianos no son de este mundo. Nuestras inten- ciones y ambiciones se centran en otro reino. Sin embargo, en el más santo sentido, el nombre de Jesús trae resultados. ¿Qué su- cede cuando oramos en el nombre de Jesús? ¿Cuál es el propósi- to final y el resultado? Según las múltiples instrucciones de Jesús en sus palabras en el aposento alto (Juan 13-17), los resultados de orar en su nombre son: • El Padrede que soy el único allí. Estaría completamente absorto en recolectar cocos, construir cabañas, pescar durante el día y jugar con fuego en la noche hasta que de repente me diera cuenta, días más tarde, de que no había nadie más alrededor. A menudo digo que la falta de oración es nuestra declaración de independencia de Dios. Y lo entiendo. Es muy fácil para mí seguir adelante con el piloto automático cristiano, confiando en las reservas de aprendizaje previo y la adoración de la semana pasada; en vez de permanecer en Cristo en una constante depen- dencia momento a momento. Aún más, es fácil pasar por alto las oportunidades de oración en grupo pensando que no las necesi- to, o viéndolas como una reunión de personas que no tienen otra cosa más productiva que hacer con su tiempo. Anhelando más Debe de haber un montón de personas ahí afuera que compar- ten mi lucha. Una de las mayores sorpresas de mis casi treinta años de ministerio pastoral es ver cuán secretamente desanima- dos con la oración están la mayoría de los cristianos. Miramos a nuestro alrededor en la iglesia y asumimos que todo el mundo debe de estar orando más y mejor que nosotros. Sin embargo, salvo raras excepciones, no lo están. Oímos sermones inspirado- res desde el púlpito sobre la magnificencia de la oración y asumi- mos que nuestros pastores y líderes de la iglesia deben disfrutar juntos de experiencias extraordinarias de oración. Salvo raras ex- cepciones, no lo están. Vemos extensas listas de necesidades de oración provenientes de personas quebrantadas y desesperadas y asumimos que alguien buscará el poder de Dios para interceder por esas necesidades. Muy a menudo, nadie lo hace. Según George Barna, la mayoría de los cristianos nacidos de nuevo admiten que las dos veces por semana que asisten a los servicios de adoración son, generalmente, los únicos momentos 16 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA en que adoran a Dios. Ocho de cada diez creyentes no sienten que han entrado en la presencia de Dios o experimentado una conexión con Él durante el servicio de adoración. La mitad de todos los creyentes dicen que no sienten que han entrado en la presencia de Dios o experimentado una conexión genuina con Él durante el pasado año.1 Ya sea que estemos en el servicio en la iglesia o en nuestras rutinas semanales, todo parece indicar que nuestros anhelos de transformación en la presencia de Cristo permanecen insatisfechos. Muy dentro de nosotros sabemos que hay otra di- mensión de la vida cristiana más allá de una fe cultural que simplemente cumple con Dios en la iglesia o en tiempos de crisis. A pesar de nuestro entorno co- mún de superficialidad espiritual, rutinas religiosas y distracción ma- siva, estoy convencido de que los verdaderos creyentes tienen un apetito insaciable por un legítimo cambio de vida. Tenemos hambre de encuentros de adoración con su Santa presencia que nos marquen y nos hagan más como Jesús. Muy dentro de nosotros sabemos que hay otra dimensión de la vida cristiana más allá de una fe cultural que simplemente cumple con Dios en la iglesia o en tiempos de crisis. Estamos cansados de sentirnos aburridos, ineptos, confundi- dos, frustrados o agotados, en cualquier sentido, con la idea de la oración. Visualizamos el poder del Cristo viviente y su evan- gelio avivando nuestros corazones para servir como agentes de una transformación real en esta sociedad. Anhelamos un cambio real, pero sabemos que, de alguna manera, debe comenzar den- tro de nosotros. Testimonio, enseñanza y vitrina de trofeos Admito que se ha escrito mucho sobre la oración —tal vez de- masiado—. Por tanto, me siento un poco culpable por estar añadiendo más información a la cantidad de materiales sobre la oración de que se dispone; ya sea mediante grandes clásicos de- vocionales, o a través de autores contemporáneos o recursos en línea. Sin embargo, estoy entusiasmado por ayudarle a descubrir lo que he visto a miles de personas experimentar cuando han sentido el poder de un enfoque hacia la oración verdaderamente transformador. 17 Introducción: El camino al cambio real Como resultado, este libro es en parte testimonio, en parte en- señanza y en parte una vitrina de trofeos. Usted va a experimentar el poder del testimonio porque este tema, además de la verdad del evangelio, ha transformado mi vida más que cualquier otro en mis cuatro décadas de seguir a Cristo. Disfrutará de una ense- ñanza útil en la medida en que la verdad bíblica es revelada con el fin de transformar su propia vida de oración. Y se verá a sí mis- mo explorando en una vitrina de trofeos de vidas que han sido cambiadas mientras les comparto las historias de aquellos que también han experimentado un nuevo enfoque hacia la oración. Mientras escribo, puedo imaginar que el Espíritu provoca una ola gigantesca de oración comprometida y constante que cam- bia nuestras vidas cuando los «tiempos de refrigerio» fluyen de la presencia del Señor. Y espero que usted imagine conmigo, mientras caminamos juntos hacia una renovada comprensión del poder de Cristo, quien todavía puede transformar nuestras vidas y nuestro mundo a través de la realidad de la oración. PARTE UNO LA VISIÓN para una VIDA TRANSFORMADA 21 CAPÍTULO 1 Más allá de una «lista de necesidades» La oración [es] esa intimidad con Dios que conduce al cumplimiento de sus propósitos. alVin reid Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. JeSÚS (Mateo 6:7) Mi padre me enseñó a jugar golf. Él era el clásico perdedor. No estoy seguro de que alguna vez tomara clases, pero cuando fui- mos mayores el golf nos permitió pasar buenos momentos jun- tos; así que jugábamos muy a menudo, aunque no éramos bue- nos. Hoy día, estoy progresando en el legado de golf mediocre de mi padre. Es lo que aprendí de su ejemplo. Mi hijo Jordan es un pastor de adoración, y es muy bueno en lo que hace. Sus habilidades en la adoración no empezaron porque estaba debajo de un árbol un día y una «manzana de adoración» le cayó en la cabeza, e hizo que empezara a cantar canciones de Chris Tomlin. Él aprendió a adorar observando a los demás. Estuvo cerca de algunos grandes pastores de adora- ción y de experiencias de adoración profundas en sus primeros años. Luego pasó a ganar su título en ministerios de adoración. Gran parte de lo que hace actualmente es el resultado de esos modelos personales y en grupo que experimentó durante su crecimiento. 22 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Todos aprendemos muchas de las habilidades esenciales de la vida a través del ejemplo de aquellos que amamos y respetamos. Algunas habilidades nos permiten sobresalir y hacer contribu- ciones a otros. Sin embargo, también podemos volvernos inep- tos al repetir una tradición sin sentido. Esto conduce a preguntas esenciales: ¿Quién le enseñó a orar? ¿Alguien le ha proporcionado un modelo de oración que sea positivo y pueda transformar su vida? ¿Siente que sabe cómo orar de manera efectiva? ¿Cuál es el propósito detrás de su ora- ción? ¿Le funciona? ¿Está seguro de que es un enfoque bíblico? Por otro lado, ¿está simplemente haciendo lo que ha visto a otros hacer, preguntándose si podría haber más de la realidad de la oración que lo que ha experimentado hasta ahora en su vida? Desaprender a orar El teólogo D.A. Carson hace la siguiente observación: «Los cris- tianos aprenden a orar escuchando a quienes los rodean».1 Debo admitir que tuve que desaprender a orar. Si bien estaba agrade- cido por algunos de los fieles cristianos que conocí durante mis primeros años, no estoy seguro de que su modelo de oración realmente diera en el blanco o hiciera una gran diferencia en ayu- darme a aprender una manera de orar bíblica y transformadora. Los primeros recuerdos de mi lucha con la oración se remon- tan a mis días de escuela primaria. Tenía un serio «problema con las drogas». Mis padres me drogaban con la anticuada reunión de oraciónes glorificado en el Hijo. • Llevamos fruto que permanece. • Nuestro gozo es completo. La frustración viene de bombar- dear el cielo con nuestras propias ideas de lo que Dios debe hacer para cumplir nuestra voluntad en el cielo. La satisfacción viene de saber que su voluntad está siendo cumplida en nuestras vidas. ¿Cuántas veces la oración lo ha frustrado en lugar de lle- narlo? La frustración viene de bombardear el cielo con nuestras propias ideas de lo que Dios debe hacer para cumplir nuestra voluntad en el cielo. La satisfacción viene de saber que su volun- tad está siendo cumplida en 129 Su nombre corrige nuestras necedades nuestras vidas. La recompensa profunda se encuentra en saber que el Padre es glorificado por medio de nuestras oraciones y que nuestra relación con Él está produciendo el fruto duradero de un profundo carácter e impacto espiritual. El gozo proviene de esta profunda satisfacción. John MacArthur señala que «el gozo bíblico consiste en la profunda y permanente confianza en que todo está bien inde- pendientemente de las circunstancias y la dificultad. Es la here- dad permanente de cada creyente, no una caprichosa alegría que viene y va cuando la casualidad lo permite». Él pasa a señalar que el gozo es «la bandera que ondea en el castillo del corazón cuando el Rey está presente».8 Hacerlo bien Dale Carnegie estaba en lo cierto. Pocas cosas causan más pena que olvidar o pronunciar mal el nombre de alguien. Cuando al- guien nos lo hace, nos importa. Personalmente, a mí me gusta ser llamado «Daniel», no «Dan». Cuando alguien me llama Dan, le digo que la tribu de Dan no era un grupo honorable, pero que Daniel es uno de mis héroes bíblicos. Incluso en los pequeños matices, nuestro nombre importa. Recordar bien un nombre y usarlo correctamente es de vital importancia en las relaciones. El nombre de Jesús importa cuando conversamos con Él a través de la oración. Cuando lo hacemos bien, Él es honrado y nosotros somos bendecidos. El verdadero gozo y la seguridad en la oración provienen del enfoque elemental de buscar la persona y presencia de Cristo antes que su provisión. Al buscar su rostro, descubrimos nuevamente la maravilla de su carácter, su corazón, su propósito y su voluntad. 131 CAPÍTULO 12 La revelación motiva nuestra respuesta La gente habla como si la oración fuese la manera en que logramos que Dios nos dé lo que queremos. Los que piensan de esta manera buscan promesas de oración, técnicas, lugares, mediadores y otros métodos que creen influirán en Dios o lo obligarán. Pero la Escritura señala, prácticamente en la dirección opuesta, hacia la oración, la comunicación con el Dios vivo, como un medio que Él utiliza para darnos lo que Él sabe que necesitamos. w. BinGhaM hunter Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. PaBlo (roManoS 12:1-2) La emoción aumentaba en la medida en que nos dirigíamos al aero- puerto de Richmond, en Virginia, en una noche fría de primavera. Salimos justo a tiempo y mi compañero Greg aseguró que él sabía exactamente cómo llegar allí. Esta era la primera vez que yo volaba fuera de Richmond. Greg había estado allí muchas veces y estaba convencido de que llegaríamos seguros y en tiempo. Yo estaba en mi primer año de seminario y tenía una cita al día siguiente para en- trevistar al Pastor John MacArthur, uno de mis héroes del ministe- rio, para un proyecto escolar. En realidad, iba a entrevistar a varios 132 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA líderes cristianos conocidos mientras estuviera en California, pero MacArthur era el primero, y el que más me entusiasmaba. Mientras conducíamos, hablamos de nuestros sueños para el futuro, bromeamos un poco, y realmente no estábamos siguiendo el reloj bien de cerca. De repente Greg gritó: «¿Qué? ¿Cómo lle- gamos aquí?». En nuestra distracción, habíamos pasado una curva importante y habíamos manejado treinta minutos en la dirección equivocada. Para el momento en que Greg dio la vuelta y aceleró de regreso al aeropuerto, ya era demasiado tarde. Perdí mi vuelo y mi entrevista con John MacArthur. Estaba frustrado y decep- cionado, y no exagero. (Gracias al Señor, con el tiempo trabajaría para John MacArthur como su asistente personal y pastor asocia- do, así que, en su momento, disfruté de muchas entrevistas). ¡No pierda esta curva! A menudo digo que la adoración es la respuesta de todo lo que soy a la revelación de todo lo que es Él. La revelación siempre re- quiere de una respuesta. Una de las sorprendentes realidades de la oración basada en la adoración es la profundidad de respuesta que evoca en nuestras almas, basada en la revelación que perse- guimos en la Palabra de Dios como el lugar donde comienza la oración. Usted no querrá perderse «la curva» que va de la adora- ción que todo lo abarca hasta la respuesta que todo lo consume. La adoración es la respuesta de todo lo que soy a la revela- ción de todo lo que es Él. Este es el júbilo del cambio de vida en la presencia de Dios. Indiscutiblemente, el libro de Ro- manos contiene parte de la más pro- funda teología del Nuevo Testamento. Las verdades de Romanos provocaron la conversión de Agustín, llevaron a Martin Lutero a la Reforma, y causa- ron que el corazón de John Wesley fuese «extrañamente avivado» en un momento de cambio en su vida.1 Crisóstomo, padre de la temprana iglesia, hizo que le leyeran el libro de Romanos dos ve- ces en una semana.2 Este libro ha sido llamado «la Constitución de la Fe Cristiana», «el Fort Knox [lugar donde se guardan las reservas de oro de los Estados Unidos] de la doctrina bíblica e, incluso, el «Quinto Evangelio». Los primeros once capítulos de Romanos están llenos de profundas verdades acerca de la obra redentora y purificadora 133 La revelación motiva nuestra respuesta de Dios en Cristo. Esta primera sección del libro culmina en profunda adoración: «¡Oh profundidad de las riquezas de la sabi- duría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque, ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a Él primero, para que le fuese recompensado? Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén» (Romanos 11:33-36). Ahora, no pierda la curva que viene en el capítulo 12. Si usted lo hace, no llegará a su destino de honrar a Cristo. «Así que, her- manos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendi- miento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta» (vv. 1-2). La idea es clara. La respuesta a toda esta verdad —el reconocimiento necesario de estas grandes expresiones del carácter de Dios y el plan de salvación— es la entrega sacrificada a Dios y un compromiso renovado de obede- cer su voluntad. Esta es la naturaleza de todo crecimiento espi- ritual real y, sin duda, es el núcleo de la oración transformadora. Imágenes de una respuesta profunda En el sentido más verdadero, una persona no puede orar y seguir siendo la misma. El compromiso de buscar el rostro de Dios en oración, cuando se entiende bien y uno se compromete fielmente, genera un cambio personal en el más profundo nivel. Lo he visto suceder en los corazones de hombres que oran juntos una mañana cada semana, siguiendo las Escrituras. He visto a personas recibir un llamado a servir a tiempo completo en un momento de ora- ción. He visto al Espíritu traer reconciliación de una manera que los años de diálogoe incluso de consejería no pudieron lograr. Cambiado en la presencia de lo inusual Mi cuñado Vernon Brewer dirige una organización sin fines de lucro que se especializa en la prestación de ayuda práctica y so- corro a otras naciones. Como fundador y presidente de esta or- ganización desde hace casi veinte años, ha viajado por el mundo, colaborando con líderes nacionales para proporcionar Biblias, edificios y suministros vitales. 134 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA En enero de 2010, viajó a Haití, apenas dos días después del terremoto de 7.0 grados que devastó esta isla-nación, causando alrededor de 220 000 muertos y más de un millón de perso- nas desplazadas. Durante esa semana, él y su pequeño grupo de compañeros de trabajo dormían en una casa de campaña en el patio trasero de la casa de un pastor local. En aquellos días, ca- minaban entre los restos humanos, evaluando y trabajando para obtener ayuda inmediata y a largo plazo para aquel lugar. Dos días después de su regreso de este viaje inicial, nos en- contramos con Vernon y su esposa Patti en la iglesia. Él estaba llorando y no podía hablar. Patti nos dijo: «No ha dejado de llo- rar desde que regresó». Mientras estaba sentado junto a él en los servicios de la iglesia esa mañana, él se quebrantó varias veces, llorando desconsoladamente. Cuando se trata de experiencias de tragedia, Vernon no es no- vato. Ha estado en más de setenta países. Luego, me dijo: «En mis viajes durante todos estos años, he visto la muerte. He visto la destrucción. He visto la pobreza. He visto la desesperanza. He visto el crimen. He olido la suciedad y la decadencia. Pero nunca había experimentado todas estas cosas con tanta intensidad, todas en un solo lugar. Haití fue algo diferente de todo lo que he visto y sentido». Vernon presenció un sufrimiento sin precedentes, des- trucción y muerte, y volvió a casa como un hombre cambiado. Cuando alguien está en la presen- cia de algo muy poderoso e inusual para su experiencia normal, es difícil que siga siendo el mismo. La oración que comienza con una búsqueda del rostro de Dios, un encuentro con su carácter, una experiencia de su pre- sencia, nos cambia en lo más profun- Cuando alguien está en la presencia de algo muy pode- roso e inusual para su expe- riencia normal, es difícil que siga siendo el mismo. do. Debemos estar conscientes del Espíritu y la Palabra obrando para ayudarnos a doblar en la curva que nos lleva a una respuesta transformadora. Cuatro respuestas comunes y esenciales son: una fe que cree, confesión auténtica, conformidad con su voluntad y fortalecimiento para la guerra espiritual. Su rostro despierta nuestra fe Imaginemos a una pareja casada durante sesenta años. La esposa se ha enfermado y está en su lecho de muerte. En un momento 135 La revelación motiva nuestra respuesta de sinceridad, ella comparte algunas cosas que asombraron a su fiel compañero. Durante sesenta años, el esposo hizo el desayu- no para ella cada día. Él servía una comida de huevos, tostadas y jugo. En el momento de morir, la esposa confiesa que nunca estuvo satisfecha con este desayuno. Lo que realmente quería era harina de avena, frutas y té caliente. El esposo no lo podía creer. La decepción abrumó su corazón. «¿Por qué no me lo dijiste?», preguntó él. A lo que la esposa enferma respondió: «Nunca me preguntaste lo que quería». Al igual que este extraño diálogo de sorprendente descon- tento, los cristianos pueden pasar muchos años orando diligen- temente, pero nunca agradando al Señor a quien están orando. ¿Cómo? No están orando con fe. Hebreos 11:6 dice: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan». Las oraciones que no se ofrecen en genuina fe pierden por completo la meta de agradar el corazón de Dios. La oración basada en la adoración es una poderosa chispa que produce una respuesta de fe. Cuando comenzamos nuestras oraciones con una apasionada búsqueda del carácter de Dios, somos atrapados por la realidad de que «Él está» y pronto recor- damos que «Él es galardonador de los que le buscan». Una vez más, observe el enfoque en «buscarlo»; no solo en tratar de pedir su ayuda o provisión. Este es un énfasis en su rostro y es algo esencial para la fe. Estamos familiarizados con Romanos 10:17, donde se nos dice: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios». La oración alimentada por la Escritura, guiada por el Espíritu y basada en la adoración es el fundamento que llena nuestras mentes con la verdad de la Palabra de Dios y con grandes pen- samientos acerca de Dios. Estamos entonces obligados a orar con una fe que se convierte en «la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11:1). Y Él se complace. Su carácter motiva nuestra confesión Otra respuesta muy natural en presencia de un Dios santo es una verdadera confesión de las actitudes, acciones, palabras e inten- ciones que sean incompatibles con su carácter. La confesión significa «estar de acuerdo con Dios sobre nuestro pecado y fracaso, para estar en línea con su persona, propósito y 136 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA plan». Primera de Juan 1:9 es tan conocido y a la vez tan retador: «Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Cuando un cre- yente genuino camina en la luz y la verdad de Jesús, la confesión es el comportamiento normal del corazón. Sin embargo, están esos momentos especiales cuando la profunda conciencia del ca- rácter de Dios, su verdad y presencia perforan nuestro corazón profundamente y dan lugar a una ferviente confesión. Personajes que confesaban Un día el rey David miró el largo dedo huesudo del profeta Na- tán cuando Dios lo usó para revelar el adulterio encubierto, el asesinato cometido, la deshonestidad y el orgullo de David. La respuesta de David aparece en el Salmo 51, donde él claramente deja a un lado a Natán, mira el rostro de un Dios santo y ex- clama: «Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos» (v. 4). El profeta Isaías tuvo una visión de Dios «sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo» (Isaías 6:1). Seres celestiales le rodeaban, declarando la santidad de Dios mientras el templo se estremecía y la casa se llenaba de humo. El profeta exclamó: «¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos». (v. 5). El Señor limpió a Isaías en respuesta a su confe- sión, y luego lo llamó a un ministerio profético de largo alcance. El carácter santo de Dios llevó a Isaías a la humildad, confesión, pureza y sumisión. Daniel llevaba casi setenta años en cautiverio cuando fue atrapado por la verdad que se encuentra en el libro profético de Jeremías donde dice que se acercaba el tiempo para que el pueblo de Dios recibiera su liberación y regresara a Israel. En respuesta, Daniel inclinó su rostro para buscar al Señor y adoró al «Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos» (Daniel 9:4). Luego, en una de las más profundas oraciones de confesión registradas en la Biblia, admite los grandes pecados del pueblo de Dios, anhelando más que un retorno a la patria, un retorno de la gloria de Dios sobre su pueblo. Su confesión no surgió de compararse a sí mismo con la cultura o con otras 137 La revelación motiva nuestra respuesta personas (sabemos que Daniel era un hombre sin falta); sino de buscar la verdad y el rostro de Dios y abrumarse con la pecami- nosidad del hombre. El apóstol Pedro fue testigo del poder de Cristo para domi- nar la naturaleza y vencer el escepticismo de Pedro. Lo que el experimentado pescador no pudo hacer con su pericia y expe- riencia durante toda una noche depesca, Jesús lo hizo con una sola orden. Por su palabra, Cristo llenó varios barcos con una gran captura. La respuesta de Pedro fue caer de rodillas ante Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pe- cador» (Lucas 5:8). La restauración duradera Una de las muchas maneras en que he visto esta verdad mos- trarse asombrosamente es en las cumbres de oración. Estas «ce- Cuanto más se lee, se escucha, se atesora y aplica la verdad de las Escrituras, más profundamen- te el Espíritu comienza a exponer necesidades, pecados habituales y relaciones deshechas. lebraciones de adoración» de varios días se caracterizan por la lectura espontánea de la Escri- tura, el canto, y la respuesta de corazón, llevando a las personas a un encuentro increíblemen- te íntimo y conmovedor con el Cristo vivo. Cuanto más se lee, se escucha, se atesora y aplica la verdad de las Escrituras, más profundamente el Espíritu comienza a exponer necesidades, pe- cados habituales y relaciones deshechas. Durante una cumbre, nos reunimos en pequeños grupos de hombres o mujeres. Los corazones se abren en la medida en que los participantes se sienten llevados a abrazar el mandamiento de Santiago 5:16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho». He visto a cientos de personas volver a su primer amor por Cristo y ser liberadas por su poder a través de la confesión que viene como resultado de una prolongada y poderosa oración basada en la adoración. La confesión que resulta de «quedar atrapados» será tan pro- funda como las consecuencias negativas que perduran. La confe- sión que viene debido a algún tipo de presión de grupo o cultura de grupo será tan duradera como la influencia de las personas 138 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA involucradas. La confesión que brota de la adoración, de un en- cuentro con la presencia del Dios vivo, permanecerá siempre y cuando el carácter de Dios sea el centro. A.W. Tozer describió esta realidad: «El hombre que ha lucha- do por purificarse a sí mismo y no ha logrado más que repetidos fracasos experimentará un verdadero alivio cuando deje de ju- guetear con su alma y mire hacia aquel que es perfecto. Mientras mira a Cristo, las mismas cosas que él siempre ha estado tratando de hacer serán hechas dentro de él. Será Dios obrando en él tan- to el querer como el hacer».3 Nuestra admiración lleva a su voluntad Mi esposa y yo tenemos un fideicomiso, que es una versión a ma- yor escala de un testamento. La creación de este documento fue agobiante y emocional, ya que tuvimos que pensar mucho para descubrir cuáles eran nuestros verdaderos deseos para con las cosas que poseemos y las personas que amamos. Los abogados no permitirán que usted y yo hagamos el testamento de nadie, solo el nuestro, porque un testamento es una expresión específi- ca e íntima de los deseos del corazón. Nuestro Señor y Maestro tiene un testamento. Es la expre- sión específica e íntima de su corazón. Su Palabra es su volun- tad. Su ejecución es revelada por su Espíritu. Aquellas peticiones que no hayamos sometido a su Palabra y Espíritu en una íntima búsqueda pueden, simplemente, reflejar nuestra voluntad, no la suya. De ese modo, nuestra lucidez y confianza en el efecto de nuestras oraciones quedarán nubladas. Sin embargo, cuando nuestra intención es clara y consagrada («Venga tu reino, hágase tu voluntad») tenemos confianza. Conocer su voluntad viene de conocerlo a Él, no solo de poner una lista de peticiones bajo su atenta mirada. Primera de Juan 5:14-15 es otra pauta para nuestras peticio- nes: «Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho». El Señor quiere que oremos con entera confianza. Cuando nuestras peticiones están claramente en correspondencia con Él y enfocadas en su voluntad, tenemos la seguridad de que esa es la meta para todo creyente. En pocas palabras, su voluntad es su Palabra, y cuando 139 La revelación motiva nuestra respuesta aprendemos a orar por las Escrituras en una entrega personal de adoración fortalecida por el Espíritu, estamos en posición para pensar con claridad sobre su verdad, de modo que ella pueda dar forma a todo lo que pensamos, deseamos y pedimos. Nuestra adoración nos fortalece para la batalla La oración basada en la adoración nos infunde poder para el campo de batalla en el que vivimos todos los días de nuestras vidas. La oración inspirada por la Palabra nos alista para enfren- tar a los enemigos espirituales con la expresión «escrito está» en nuestros labios. La oración guiada por el Espíritu nos permite aplicar la verdad a los desafíos diarios y a la debilidad de nuestra carne. Estamos en el equipo ganador. Todas las provisiones para la conquista en la vida abundan y están disponibles en Cristo. La oración es vital para nuestro triunfo diario y nos despierta a la necesidad de entrar en la batalla con un plan claro de la misión. John Piper lo describe así: «La razón número uno por la que la oración no funciona bien en las manos de los creyentes es que ellos tratan de convertir un walkie-talkie para tiempos de guerra en un sistema de intercomunicación doméstico. Hasta que usted se dé cuenta de que la vida es una batalla, no podrá saber para qué es la oración. La oración es para el cumplimiento de una misión de guerra».4 Hacer la guerra sencilla Muchos de los que escriben sobre la guerra espiritual parecen pensar que tenemos que ser astutos en una variedad de tácticas extrabíblicas y conocimientos especiales acerca de los nombres y localizaciones de los demonios. Algunas personas promueven bocetos grandiosos de la jerarquía del mal y fascinantes revela- ciones geográficas de su plan organizacional para la batalla. Pare- ce que tan solo unos pocos escritores e investigadores especiales han desarrollado las fórmulas místicas que el resto de nosotros tiene que aprender con el fin de sobrevivir a las luchas con el mundo invisible. Para lograrlo, ¡tenemos que comprar sus libros, ver sus DVD´s, y asistir a sus cursos! Yo pudiera ser ingenuo en comparación con los expertos en guerra, pero he descubierto que una vida de apasionada adora- ción, que se deleita en la verdad bíblica sobre el carácter de Dios, que busca el poder del Espíritu para llevar a cabo los planes y 140 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA que se entrega en todos los sentidos, animada por este encuen- tro íntimo, está equipada para «pelear la buena batalla» todos los días. Jesús, durante cuarenta días de oración y ayuno, usó la ver- dad de la Palabra de Dios para enfrentar al diablo en el desierto (Mateo 4:4-11). Nosotros también estamos equipados por su suficiencia para blandir la «espada del Espíritu», que es la Palabra de Dios (Efe- Como nosotros permanecemos en Él, con corazones totalmente sensibles a su íntima revela- ción de verdad y conocimiento, vencemos la tentación y somos librados del mal. sios 6:17). Tenemos su per- fección y poder viviendo en nosotros. Él nos ha dado la victoria en su completa obra de redención. Como nosotros permanecemos en Él, con co- razones totalmente sensibles a su íntima revelación de verdad y conocimiento, vencemos la tentación y somos librados del mal. Una pequeña minoría con un impulso sobrenatural La provincia de Quebec es la región menos evangelizada de las Américas. Según los estudios, menos del 1 por ciento de la po- blación es evangélica en medio de esta cultura católica muy secu- lar y nominal.5 Desde 1974, SEMBEQ,6 un seminario evangélico teológicamente conservador en Montreal, ha trabajado fuerte- mente para discipular a líderes de las iglesias y levantar nuevas congregaciones. Hace diez años, fueron expuestos a los princi- pios de la oración basada en la adoración. François Turcotte, un joven pastor dinámico y emergentecomo líder para el seminario, habla de su propia reforma en la oración: A pesar de que yo era un pastor, mi vida de oración era abu- rrida. Tenía más preguntas que respuestas, y me preguntaba si estaba orando correctamente o sobre las cosas correctas. La oración basada en la adoración develó una comprensión completamente nueva. La oración se convirtió en un des- cubrimiento fresco y de por vida de buscar su rostro y no solo su mano. Como nosotros continuamos aprendiendo e involucrándonos en la búsqueda de Dios, las cosas empeza- ron a cambiar en la medida en que el Señor nos obligó a una respuesta de obediencia. 141 La revelación motiva nuestra respuesta En mi propia iglesia separamos una semana de oración en- focada y un retiro de oración en el otoño. Esto alimentó un amor más profundo por Cristo, una fuerte unidad y una mayor pasión por los perdidos. En la región, en nuestra aso- ciación de pastores, vimos un cambio dramático. Nuestros pastores ahora comienzan su retiro anual con una mañana dedicada completamente a la oración alimentada por la Es- critura, siguiendo la dirección del Espíritu Santo. La junta del seminario ahora pasa todo el primer día de nues- tras reuniones anuales en oración, con resultados muy fruc- tíferos en nuestra unidad y claridad acerca de la dirección de Dios para el ministerio. Varios de nosotros vamos dos veces al año para un retiro de varios días de ayuno, quietud, Palabra y oración. Esto ha marcado la diferencia en nuestro cami- nar con Cristo, nuestros matrimonios y nuestros ministerios. Además, todos los pastores de nuestra asociación separamos un tiempo de oración anual de treinta horas, en el que sim- plemente buscamos al Señor, respondemos a su liderazgo en una entrega fresca y nos ministramos los unos a los otros. François Picard dirige el seminario y ha sido testigo del impre- sionante cambio en la vida y el impacto de sus pastores. «En una de nuestras primeras reuniones de oración, el Señor nos habló con profunda convicción acerca de nuestra falta de humildad», dice Picard. «Con lágrimas en los ojos, los pastores se arrepin- tieron de su arrogancia con los demás por logros obtenidos en el pasado y de actitudes negativas hacia otros ministerios. Con el tiempo, el llanto y el quebrantamiento se han vuelto comunes». Picard da gloria a Dios por esta obra: «Antes de que probáramos este despertar de oración, sentíamos que nos estábamos ahogan- do, ya que estábamos muy abrumados con la oposición a nues- tro trabajo y el desgaste por estar trabajando con nuestra propia energía. Estábamos cansados de depender de nuevas estrategias y sabiduría humanas. En la presencia de Dios, confesamos que no había nada en nosotros mismos. El esfuerzo propio había fracasado». Hoy día, Picard señala: «Ahora es más que un “comenzar” y “terminar” en oración. Hemos sido transformados por el im- pacto del Espíritu Santo tocando nuestros corazones y estamos viendo una salud renovada y nuevos frutos en nuestros esfuer- zos en este campo misionero». 142 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Curvas por delante En la siguiente sección vamos a hablar de manera muy práctica sobre la metodología de la oración basada en la adoración. La promesa de la transformación se aplica cuando nos involucra- mos en la realidad de buscar el rostro de Dios. No pierda la curva. La revelación produce una respuesta. La respuesta lleva a la confesión, al entendimiento de la voluntad de Dios, al com- promiso en la batalla, y a un nuevo poder para la misión. Todo está en juego. Vamos a proceder juntos. Corazones liberados: Un trofeo de la transformación Muchos de nosotros conocemos las promesas sobre la libertad espiritual. Jesús dijo: «y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). Aun así, muchos cristianos que oran arrastran cadenas de esclavitud que contradicen su libertad y limitan su gozo. Ann Neubauer, una esposa respetada, ama de casa, y líder de las mujeres en su iglesia, recuerda muy bien lo que pasó cuando las oraciones de ella y otros creyentes comenzaron a centrarse en el mérito de Dios: «Juntos, los ojos de nuestros corazones se fijaron en el Señor y no en nuestra lista de necesidades». Una libertad específica comenzó a entrar en la vida de Ann. Ella expresa: «Él me sobrecogió con su amor, presencia y gozo hasta el punto que me ha cambiado para siempre. El Señor sanó completamente mi corazón de las heridas que soporté durante tanto tiempo y me libró de las mentiras que creí por muchos años. Dios me ha llevado a una mayor madurez a través de la de- pendencia profunda en la verdad, el valor y la belleza de Jesús en lugar de en mi desempeño como creyente. Él reveló mi llamado a, simplemente, llevar a las mujeres al trono de la gracia». Desde esta posición de libertad, Dios ha cumplido su deseo de llevar a otros a esta realidad. «Mi esposo y yo hemos abierto nuestra casa para las reunio- nes de oración», expresa Ann. «También hemos experimentado un gran gozo al servir juntos en varios retiros de oración, donde he visto a Dios restaurar matrimonios y relaciones deshechas, traer esperanza, levantar cargas, sanar los corazones rotos, dar la sabiduría y comprensión necesarias, revelar llamamientos, proporcionar un órgano para trasplante, refrescar los corazones cansados, cumplir los deseos de una mayor intimidad con Él, y mucho más». La historia de Ann nos recuerda que la oración es más que un ensayo de las necesidades temporales; es un camino donde so- mos cambiados y llamados a convertirnos en agentes de cambio. Ella dice: «A través de los años, he sido bendecida al ver a Dios recompensando fielmente a aquellos que lo buscan. No me pue- do imaginar cómo será en el cielo cuando juntos lo adoremos, pero, ¡ahora he probado algo de ello!». PARTE TRES EL CAMBIO COMIENZA AQUÍ 147 CAPÍTULO 13 Ore de la manera adecuada Esta oración es un modelo para todos los cristianos que oran; Jesús enseña que la oración será aceptable cuando, y solo cuando, las actitudes, pensamientos y deseos expresos se ajusten a este patrón. Es decir: cada oración nuestra debe ser una oración de la Oración del Señor en una forma u otra. Nunca logramos ir más allá de esta oración. No solo es la primera lección del Señor en cuanto a la oración, sino que es todas las otras lecciones también. J. i. PacKer Y tomad la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos. PaBlo (efeSioS 6:17-18) David Zinczenko cuando era niño estaba obeso. Hoy, es un ex- perto en salud y forma física, trabaja como jefe de redacción de la revista Men´s Health y director editorial de la revista Women´s Health. También es el autor de numerosos best-sellers (éxitos edito- riales) del New York Times, entre ellos una serie de libros basados en su éxito de taquilla Eat This, Not That! (¡Cómete esto, no aquello!), el cual expone el contenido calórico y los valores nutricionales 148 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA de los alimentos que se sirven típicamente en los restaurantes y tiendas de comestibles. Según Zinczenko, los estadounidenses gastan un estimado de 400 mil millones de dólares al año en salidas a comer fuera; así que usted puede ver por qué sus libros se han vuelto tan populares. Las personas disfrutan de su comida y del entretenimiento, pero muchos quieren estar saludables durante el proceso. Y se dice que estos libros han ayudado a millones de personas a alcanzar ese objetivo. Jesús ayuda a millones a orar Cada día millones de personas oran de un modo u otro. Cada día, Jesús nos ofrece la verdad y las herramientas que nos ayudan a hacerlo eficazmente. En un sentido real, Él nos dice: «Oren de la manera adecuada». Su enseñanza se encuentra en el best seller de todos los tiempos: la Biblia, que es el manual del verdadero autor para la vida. El que inventó la oración nos dice cómo hacerlo. EnMateo 6:9-13 (la Oración del Señor) Jesús nos deja las ini- gualables palabras finales sobre «cómo no orar» y «cómo orar». Como multitudes acudieron a escucharlo en la ladera, sus pala- bras resonaron con una autoridad y aplicación práctica inigua- lables. Durante más de dos siglos, esta oración ha preparado a innumerables vidas para la transformación real. En este sermón Jesús expuso gran parte del sistema religioso superficial de la época. En términos de sus actividades espiritua- les, Él les dice lo que debían hacer en su dar, orar y ayunar. Sus palabras sobre dar y ayunar fueron limitadas y se centró princi- palmente en lo que debían dejar de hacer. Sus instrucciones so- bre la oración equilibraron lo negativo y lo positivo, con la mayor parte del contenido dedicado a un modelo positivo que se aplica a todas las generaciones. En el patrón de la Oración de Jesús, John MacArthur escribe: «Debido a que la comunión con Dios es tan vital, constantemen- te el enemigo parece introducir errores en la comprensión de la oración por parte de la iglesia. Cada generación, en cada mo- mento, se enfrenta a la necesidad de purificar una comprensión corrupta o confusa de la oración».1 De alguna manera, gran parte de este libro está destinado a ayudarnos a evaluar las formas en que hemos estado orando y alinearlas de modo más directo con la clara enseñanza bíblica. No queremos, en ningún sentido, 149 Ore de la manera adecuada estar satisfechos con una comprensión «confusa o errónea de la oración». Jesús fue preciso con el fin de deshacer la visión equivocada de la oración que existía en su época. En el fondo, estos erro- res aún nos acechan en nuestros intentos de orar. Podemos fá- cilmente salirnos de nuestro curso en nuestras motivaciones y nuestros métodos de oración. No ore por motivos impuros Jesús dijo: «Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa» (Mateo 6: 5). Cuando la oración se convierte en un ejercicio religioso y no en una experiencia relacional, es algo meramente formal y enre- vesado. Así era la práctica de los fariseos del tiempo de Jesús, por lo que la oración se convirtió en un desfile de la estatura religiosa y, como tal, fue orgullosamente exhibida ante los ojos atentos de los seguidores que adoraban. Jesús no quiso decir que no fuese correcto orar en grupo o en un lugar público. Lo que sí dijo fue que si su motivación es impresionar a la gente, es mejor que disfrute del momento, porque esa motivación no recibe recompensa eterna. Jesús les dijo a sus seguidores que reconocieran que su Padre los veía «en secreto». Esto no solo era un recordatorio de que Dios mira el corazón más que la apariencia externa, sino una recomendación a los discípulos a que se reunieran en la intimidad de un aposento alto antes que en un lugar público. No ore empleando métodos ineficaces Jesús volvió su atención a otro grupo que estaba equivocado: los gentiles. Estas eran personas no judías, también conocidas como paganos, que no conocían u oraban al Dios de Israel. Jesús les dice: «Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos» (Mateo 6:7). En la raíz de este enfoque equivocado hacia la oración estaba una «visión errónea de Dios». Los gentiles aparentemente creían que su dios estaba distante, que se dejaba impresionar por un desempeño religioso y que era un poco temperamental a la hora 150 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA de decidir dar respuesta a sus oraciones. Sus dioses tenían la ne- cesidad de ser persuadidos por las oraciones humanas y parecían requerir mucha coerción para actuar. En cambio, Jesús nos enseña que la oración no es una «ma- nipulación de las palabras». Los paganos creían que sus dioses para concederles favor y bendición necesitaban muchas palabras, frases repetidas, y mucha persuasión procedente del fervor reli- gioso. Esto nos recuerda a los profetas de Baal que entraron en una lucha religiosa con el profeta Elías (1 Reyes 18:25-29) y la es- trategia que usaron fue repetir sus mandatos durante todo el día, dar saltos en el altar e, incluso, cortarse para obtener la atención de su dios —pero sin resultados—. En un espíritu similar, algunos hoy repiten el Padre Nuestro palabra por palabra como una especie de encantamiento mágico. La intención de Jesús no era que simplemente recitáramos esta oración para lograr alguna bendición. No es una contraseña ce- lestial secreta para abrir los tesoros de la eternidad. Cuando yo estaba en la escuela secundaria pública, nuestro equipo de fútbol citaba el Padre Nuestro en el vestuario antes de cada juego (solo antes del juego se nos permitía hacer esto). Tal vez el entrenador lo vio como un esfuerzo de evangelismo. Para la mayoría de los jugadores era un ritual supersticioso con la esperanza de que Dios, como fuese que ellos lo concibieran, cuidara al equipo de lesiones serias y nos permitiera ganar el juego. Después del par- tido, la mitad del equipo se iba a una fiesta de borrachos. Por supuesto, Jesús no está de acuerdo: «No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis» (Mateo 6:8). Según las palabras del Señor en este verso, nuestro Padre es completamen- Nuestro Padre es completa- mente asequible y capaz. Él es omnisciente y soberano, no ne- cesita la persuasión de nuestras palabras o representaciones reli- giosas enérgicas para conocer y satisfacer nuestras necesidades. te asequible y capaz. Él es omnis- ciente y soberano, no necesita la persuasión de nuestras palabras o representaciones religiosas enér- gicas para conocer y satisfacer nuestras necesidades. Además, el patrón de la oración que nos da comienza con el reconocimiento de nuestro «Padre en los cielos» y las palabras que emplea son muy breves. 151 Ore de la manera adecuada La motivación equivocada En el próximo capítulo vamos a tratar acerca de la aplicación directa y práctica del patrón que Jesús nos dio, el cual consiste en usar las Escrituras cuando oramos. Pero primero vamos a examinar nuestras motivaciones y métodos. Por mucho que no nos guste admitirlo, podemos ser muy parecidos a los fariseos del tiempo de Jesús. Es fácil quedar atra- pados en nuestras propias actividades religiosas y la conocida burbuja de una «cultura cristiana» y seguir todo el procedimiento teniendo motivos incorrectos. Nos guste o no, somos una so- ciedad orientada al desempeño, y la iglesia en algunos aspectos es tan mala como el mundo, e incluso peor. Los «artistas» que realmente saben cómo producir y mostrar un buen espectáculo de talento y entretenimiento son los protagonistas en la mayoría de las reuniones cristianas. Pueden ser pastores, autores, músi- cos, comediantes, empresarios o gente común con una historia fabulosa. De cualquier manera que lo mire, la novedad vende más que el verdadero contenido. Así que ahora hablamos de la oración. Sí, santa e íntima como es, la infección del orgullo y el desempeño se extiende incluso a nuestro tiempo con Dios. Con los años, he tenido mis propias luchas al abrazar motivos puros y perseverantes en mis oracio- nes. Hablo de esto extensamente en uno de mis libros anteriores: Encuentros frescos, pero quiero tratar sobre las posibles trampas en este aspecto. En mi propio caminar con Cristo he llegado a la conclusión de que algunos de nuestros motivos equivocados para orar son: La culpa: La creencia de que si no oro, no seré un cristia- no aceptable. Por supuesto, nadie quiere que otra persona pase tiempo con él o ella simplemente para evitar o aliviar la culpa. El Señor es así también. La aprobación: La creencia de que si oro realmente voy a ser un cristiano aceptable a los ojos de los demás. Este era el error de los fariseos. Nosotros creemos que si oramos, y nosasegura- mos de que los demás sepan que lo hemos hecho, vamos a ser buenos cristianos o buenos padres, diáconos, ancianos o pasto- res en la iglesia. Este es el enfoque equivocado hacia la audiencia equivocada. El crecimiento de la iglesia: La creencia de que la oración puede ser una herramienta útil para cumplir mis metas ministe- 152 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA riales tangibles. A menudo cuento la historia de haber escuchado al pastor Peter Lord hablar sobre esto. Él le preguntó a un grupo de estudiantes aspirantes al ministerio: «Si Dios les prometiera dos cosas: la primera: usted podrá ir al cielo cuando muera; la segunda: Él nunca le va a utilizar en el ministerio de nuevo, ¿se- guiría orando?». Esto atravesó mi corazón porque conocía mi propia tendencia a orar para que Dios me usara —para mí—. Dios no va a reducir algo tan puro como la oración a mi táctica de crecimiento de la iglesia impulsada por el ego. La renovación: La creencia de que Dios va a traer avivamien- to si yo lo «manipulo» lo suficiente a través de la oración. Por supuesto, todos anhelamos y necesitamos desesperadamente un avivamiento. Hace unos años, escuché a un amigo decir: «Hay una diferencia entre la búsqueda de un avivamiento de parte de Dios y la búsqueda de Dios por un avivamiento». La mayoría de noso- tros anhela un avivamiento, solo que esperamos que se inicie en nuestra denominación (no en ese grupo extraño en el camino). Aquí hay una pregunta clave: si un gran avivamiento vino y luego se terminó, ¿«después» de la renovación seguiríamos orando con la misma pasión que antes? Esto me hizo preguntarme si había un motivo que era más profundo y duradero, con o sin avivamiento. El motivo duradero El Señor me ha enseñado amablemente que el único motivo perdu- rable para la oración es que Dios es digno de ser buscado. De nuevo, esta es una motivación basada en la adoración. Puede que sienta o no deseos de orar. El tiempo de oración puede ser dinámico o pue- de ser aburrido. Las respuestas a la oración pueden ser evidentes o puede que no lo sean. Aun así, Dios es digno de ser buscado. Cuando enseño sobre este tema, señalo que la oración basada en la adoración es eterna. En el cielo, no vamos a confesar, interceder, o par- ticipar en una guerra espiritual. Por siempre declararemos: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la El único motivo perdu- rable para la oración es que Dios es digno de ser buscado. fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza (Apocalipsis 5:12). Es bueno practicar esta expresión que diremos por siempre mien- tras todavía estemos aquí en la tierra. 153 Ore de la manera adecuada Así que oramos porque Dios es digno. Pero la moneda de la motivación tiene otra cara: estoy necesitado. Como dije antes, la falta de oración es nuestra declaración de indepen- dencia de Dios. El corazón de la verdadera oración es: «Se- ñor, te necesito. No puedo hacerlo por mi cuenta. Tengo que buscarte hoy». Estos dos elementos motivacionales son vistos en el Salmo 40:16-17: «Gócense y alégrense en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que aman tu salvación: “Je- hová sea enaltecido. Aunque afligido yo y necesitado, Jehová pensará en mí. Mi ayuda y mi libertador eres tú; Dios mío, no te tardes”». Con demasiada frecuencia podemos hacer todas las cosas co- rrectas por las razones equivocadas. Usted no quiere terminar este libro y lanzarse tras otra metodología de oración. Usted ne- cesita un «porqué» eterno para ayudarle a aprender eficazmente «cómo». Escuché a un orador decir una vez: «Usted puede de- cirle a alguien cómo hacer algo y esa persona puede mantenerse pasiva por un tiempo. Pero si usted le enseña por qué lo está haciendo, se necesitará una pared de ladrillos para detenerla». Ajustar el enfoque Al repasar las palabras de Jesús acerca de los fariseos, creo que nos damos cuenta de que nuestras propias tradiciones y mala teología también nos pueden llevar a una rutina de oración que, simplemente, no funciona. Muchos cristianos están tan frustra- dos como los «gentiles en la colina», y luchan por encontrar un enfoque que haga que su caminar con Dios sea real, natural y sostenible para toda la vida. Así que, mientras nos preparamos para entender con claridad y aplicar un patrón que puede dar vida a nuestra vida de oración y ofrecernos un enfoque bíblico y equilibrado hacia la oración, vamos a revisar una lista rápida de principios para «orar de la manera adecuada»: • Ore para buscar el rostro de Dios, NO solo su mano. • Ore con su corazón puesto en la gloria de Dios, NO solo por su satisfacción personal. • Ore a partir del tesoro de la Palabra de Dios, NO partiendo de una lista de sus propias ideas. • Ore de acuerdo con las instrucciones del Espíritu, NO solo a partir de la razón humana. 154 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA • Ore con un corazón totalmente rendido a su voluntad, NO con una agenda personal apresurada. • Ore sabiendo de antemano que vivirá triunfalmente en la zona de guerra, NO en la satisfacción de su zona de comodidad. • Ore para que Dios lo cambie a «usted», NO simplemente para que cambie las «cosas». Una relación, no una receta Le aseguro que un enfoque de la oración basada en la adoración abrirá nuevas ventanas de entendimiento acerca de la verdadera intimidad con Dios. Creo que fortalecerá su vida para la gloria de Dios y para su propio bien. En el próximo capítulo vamos a ver un patrón bíblico y equi- librado para la práctica de la oración. Pero quiero moderar mi entusiasmo y que todo lo leído y lo que está por leerse se haga teniendo en cuenta la perspectiva ofrecida por el Dr. J.I. Packer: La vida de oración de cada cristiano, como todo buen ma- trimonio, tiene en sí factores comunes sobre los cuales se puede generalizar, y singularidades que la vida de oración de ningún otro cristiano puede igualar. Tú eres tú, y yo soy yo, y cada uno debemos encontrar nuestro propio camino con Dios; no hay una receta para la oración que pueda funcionar para nosotros como un manual de Hágalo usted mismo o un libro de cocina, en los que si usted sigue las instruccio- nes no hay modo de que le salga mal. Orar no es como la carpintería o la cocina; es el ejercicio activo de una relación personal, una especie de amistad con el Dios vivo y su Hijo Jesucristo, y la manera en que fluye es más bajo el control divino que bajo el nuestro. Los libros sobre la oración, como los manuales de matrimonio, no deben ser tratados con una servil superstición, como si la perfección de la técnica fuese la respuesta a todas las dificultades. Más bien, su propósito es sugerir cosas para probar. Pero, como en otras relaciones cercanas, así ocurre en la oración: usted tiene que descubrir por ensayo y error lo que es correcto para usted, y aprende a orar orando.2 Espero que la verdad, los testimonios, y los trofeos reales de vidas cambiadas expuestos en este libro le estén dando la moti- vación y las herramientas necesarias para la oración transforma- dora. Al final, usted tendrá que encontrar su propio camino en la medida en que aprende a orar orando. Un cambio colosal: Un trofeo de la transformación Nuestras iglesias están llenas de personas de todos los estatus. Algunas de estas personas tienen empleos de alto nivel que de- mandan largas horas, provocan mucho estrés y las aíslan de las demás. No es su intención, pero sucede. Gary, es un ejecutivo de una empresa en crecimiento que pro- duce envases para una variedad de grandes tiendas minoristas de todo el mundo. Se podrían reconocer sus envases en productos de lugares como L.L Bean, 3M, Costco y muchas tiendas de co- mestibles. Ellos incluso producen muchos de los paquetes de correo para el Servicio Postal de los Estados Unidos. Un fin de semana, Gary hizo un sacrificio y, algunos dirían, una elección radical de irse con un grupo de hombres para un retiro durante un fin de semana. Él dejó su oficina de ejecutivoen la sede de la compañía de aproximadamente medio km2 para asistir a una reunión de oración de hombres. Aunque Gary amaba al Señor y a menudo oraba por muchas cosas en su vida, esta experiencia cambió completamente su entendimiento acerca de la oración y lo conectó con otros hombres en un nivel muy profundo. Él testifica: «Sorprendentemente, el concepto de buscar el rostro de Dios en lugar de su mano fue una revelación. Orar en alabanza a quien es Él y no simplemente a lo que Él suministra fue, asombrosamente, un cambio colosal. La gratitud innata que había sentido por tanto tiempo, pero que nunca había encontra- do su expresión, de repente tuvo significado». Gary dice que su vida, familia, y ministerio han sido pode- rosamente enriquecidos por esta transformación en su oración. «La oración basada en la adoración enciende una transparencia entre las personas para que sean capaces de compartir alegrías y cargas de una manera maravillosamente profunda. El gozo, la paz y la satisfacción de estar con el Salvador y su pueblo siempre vienen como resultado de la oración basada en la adoración». Es fácil estar demasiado ocupado para orar. Pero Gary aho- ra entiende que él está demasiado ocupado como para no orar, porque necesita el refrigerio de la presencia de Dios y la profun- da comunión transparente con los otros creyentes. Al igual que Gary, tenemos que asumir el riesgo y hacer el tiempo para darle al Señor toda nuestra atención. Con esa disposición podremos experimentar un cambio colosal. 157 CAPÍTULO 14 La oración transformadora para dummies (tontos) Orar no es pedir a Dios que haga mi voluntad. Es presentarme a mí mismo en conformidad con su voluntad. Es pedirle que haga su voluntad y que me dé la gracia para disfrutarlo. John Macarthur Porque de Él, y por Él, y para Él, son todas las cosas. A Él sea la gloria por los siglos. Amén. Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. PaBlo (roManoS 11:36-12:2) Pocos temas y textos bíblicos han inspirado más sermones y li- bros profundos que la oración del Padre Nuestro, como estamos acostumbrados a llamarla. Personalmente, he enseñado verso por verso, línea por línea de este pasaje en numerosas ocasiones, tratando de ofrecer una amplia visión del trasfondo, el signifi- cado de las palabras, las referencias cruzadas y las diversas apli- caciones que tiene este pasaje. Espero que mis congregaciones hayan sido inspiradas y ayudadas. Sé que yo lo he sido. 158 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA En cuanto al Padre Nuestro, John MacArthur escribe: Una de las maravillas de la mente infinita de Dios es su ca- pacidad de hablar de una inmensidad de temas en pocas pa- labras. Ningún conjunto de volúmenes, ningún tema exhaus- tivo de gran longitud, ninguna serie de enseñanza o predica- ción ofrecida por los hombres jamás podría haber captado la plenitud de lo que la oración es, y ha de ser, como lo hace ese modelo profundamente simple. Establece el estándar para toda oración. Abarca todos los elementos en la oración. Es para ti, para cambiar tu oración, y más, para cambiar su vida.1 La oración del Señor (o el Padre Nuestro) es el modelo supremo de oración que Jesús dio a sus discípulos. Lo repitió dos veces en los evangelios. La primera (Mateo 6) ocurrió cerca de Galilea ante una gran multitud en el contexto de un largo sermón. Su se- gunda repetición (Lucas 11) ocurrió cerca de Jerusalén, después de que los discípulos lo observa- ran orando. Él repitió este patrón específico después de que ellos le pidieron que les enseñara a orar. En uno de los análisis más sim- ples, nos encontramos con que la oración del Señor tiene dos com- ponentes principales.2 La primera sección trata sobre la gloria de Dios: «Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu volun- tad». La segunda parte trata sobre la necesidad del hombre: «El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados; y no nos metas en tentación» (Lucas 11). Reitero que este es el corazón de toda oración. Muchos buenos libros están disponibles para un estudio pro- fundo de la oración del Señor. Les insto a que los lean frecuen- temente y con ánimo.3 Pero en este capítulo voy a compartir una herramienta adaptable y fácil de recordar que usted puede utilizar en cualquier momento para comprender la esencia de la oración. Simple y aplicable En nuestra era de la información, la complejidad abunda. El rui- do contamina nuestro anhelo de equilibrio espiritual y sencillez. Él es digno. Yo estoy nece- sitado. Él es mi Padre, todo suficiente, santo y soberano. Yo soy su hijo humilde, débil y dependiente. Cuando estas dos realidades se encuen- tran, la oración tiene lugar. 159 La oración transformadora para dummies (tontos) Correos electrónicos, mensajes de texto, mensajes de Twitter y Facebook desordenan nuestras vidas con más de lo que pode- mos asimilar en un día. Las respuestas claras a menudo quedan atrapadas bajo un mar de información innecesaria y una publi- cidad que es visible en libros, revistas, Internet o los medios de comunicación. Tal vez por eso la serie de libros para dummies [serie de libros para «tontos», cuyo nombre se debe a que tienen como objetivo presentar guías sencillas para lectores nuevos en diversos temas] es una de las marcas más fuertes e inmediatamente identificables en la publicidad. Con más de 200 millones de libros impresos y más de 1 600 títulos, los libros Dummies hacen todo lo posible por presentar temas a menudo complejos usando un inglés simple. El Padre Nuestro no es una oración compleja, pero a media- dos de los años noventa descubrí una manera simple de entender y poner en práctica esta increíble oración durante mi vida de ora- ción. Yo la llamo la versión para dummies porque es muy sencilla e inmediatamente aplicable e inolvidable. Se ha convertido en un enfoque estándar para mis oraciones personales. También he enseñado este modelo de oración a miles de pas- tores, líderes de oración y miembros de la iglesia. En mi libro Encuentros frescos, demuestro cómo puede ser utilizada para dirigir los tiempos de oración en grupo. En otro libro: PRAYzing! [jue- go de palabras que une «orar» y «alabar»], mostré cómo este pa- trón irradia una renovada creatividad en la oración. Aquí, quiero ayudarle a entender su aplicación en su vida de oración personal. Espero que despierte en usted un enfoque basado en la adora- ción a la hora de buscar el rostro de Dios, y que confíe en Él para las cuestiones vitales de su viaje por la vida. El patrón de los 4 por 4 Crecí con un gran amor por la música. Toqué algunos instru- mentos, cantaba en los coros estatales de la escuela secundaria, y recibí una beca de música vocal durante dos de mis cuatro años de universidad. Así que era natural que sintiera una correlación entre mi amor por la oración del Señor y mi amor por la música. El resultado es lo que yo llamo «el patrón 4 por 4» de la oración. En la música, el patrón 4 por 4 es el ritmo más básico. Al adap- tar los elementos de ese patrón a la oración del Señor, se ve así: 160 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Cada vez que miro a un texto bíblico como un trampolín hacia la oración, pienso que en términos de este patrón es casi como si este diagrama estuviera grabado en mis espejuelos bifocales. Al pensar en este patrón, tenga en cuenta que nuestras oraciones comienzan en las Escrituras. Así que siempre empiezo con una Biblia abierta. Muy a menudo utilizo un Salmo, pero realmente cualquier texto de la Palabra de Dios puede iniciar nuestra ora- ción si utilizamos este patrón. También sabemos que nuestro maestro es el Espíritu Santo. Venimos al texto no solo con una mentedispuesta, sino también con todo nuestro ser totalmente rendido a la instrucción del Espíritu Santo cuando oramos. El lugar de inicio: Reverencia Imagine a un director de orquesta. Levanta la mano y la deja en alto para captar la atención de los músicos. Cada miembro está en plena atención. En el modelo de oración que Jesús dio a sus discípulos, Él nos enseña que comencemos con «reverencia»: un enfoque de adoración hacia arriba («Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre»). De acuer- do con las instrucciones de Jesús, la oración comienza declarando el carác- ter de Dios mientras tomamos tiempo para enfocar todo nuestro ser en lo maravilloso que es Él. Jesús nos enseña a acercarnos con confian- za y reverencia, en la intimidad del corazón, con imaginación santa y adoración al Padre. Como nuestro Padre, Él es cariñoso e íntimo. Como aquel que está en el cielo, Él es trascendente, santo y distinto. Al en- contrarnos con este equilibrio perfecto, Jesús nos enseña a acer- carnos con confianza y reverencia, en la intimidad del corazón, con imaginación santa y adoración al Padre. 1. Hacia arriba (Reverencia) 2. Hacia abajo (Respuesta) 3. Hacia adentro (Peticiones) 4. Hacia afuera (Disposición) 161 La oración transformadora para dummies (tontos) Hablando de la prioridad de este primer elemento de la ora- ción, un escritor dice que este enfoque «nos llama a pensar en Dios, y en particular, en su nombre. Nuestras oraciones deben estar inundadas de grandes pensamientos acerca de Dios. He- mos de tener los atributos de Dios, que son sugeridos por sus disímiles nombres. Si nuestras oraciones no están enfocadas en Dios, somos culpables de idolatría, ya que estamos poniendo a alguien (o algo) más en el lugar de Dios».4 A.W. Tozer dijo esta famosa frase: «Lo que viene a la mente cuando pensamos en Dios es lo más importante acerca de no- sotros, y el hecho más asombroso sobre cualquier hombre no es lo que, en un momento dado, puede decir o hacer, sino la ma- nera en que concibe a Dios en lo profundo del corazón».5 Pasar tiempo con una Biblia abierta, deleitándose en los nombres y el carácter de Dios, es el compromiso más importante en nuestras vidas y el punto de partida vital de la oración. Como hemos des- cubierto, esto afirma todo nuestro ser en su nombre y establece nuestros corazones en su gloria como la meta de toda oración. Esto nos permite permanecer en Él, ya que su Palabra permane- ce en nosotros. Esto nos lleva a la unión con el Señor Jesús para que realmente oremos en su nombre. La reverencia no solo nos impulsa hacia la adoración íntima, bíblica y prolongada, sino que es de vital importancia para el ejer- cicio de la verdadera fe en la oración. Hebreos 11:6 dice: «Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan». Considere la posibilidad de que nuestra oración puede no agradar a Dios si no oramos con la fe que viene de la Palabra del Señor (Romanos 10:17). Este comienzo «hacia arriba» pone nuestro corazón en plena atención y admiración acerca de quién es Dios, y nos da la seguridad de su carácter y compromiso de recompensarnos mientras disponemos nuestros corazones para buscarlo a Él y no solamente a las cosas que Él nos da. La flecha descendente: Respuesta A continuación, el director musical da el tiempo fuerte y co- mienza la composición. En este modelo de oración, nuestra «música» de adoración y alabanza ya ha comenzado. Ahora res- pondemos al carácter de Dios. Jesús enseñó la esencia de esto cuando dijo: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el 162 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA cielo, así también en la tierra». Esta «respuesta» al carácter de Dios en la oración implica rendirse al control del Espíritu Santo y comprometernos nuevamente a los propósitos del reino de Dios. La meditación y la sumisión caracterizan este momento de rendirse a los susurros del Espíritu. Es un tiempo de obediencia comprometida a la voluntad y la Palabra de Dios, con el deseo de la realización de sus propósitos en nuestras vidas. El escritor escocés Robert Ley dijo: «La oración es un instru- mento poderoso, no para lograr que la voluntad del hombre se haga en el cielo, sino para que la voluntad de Dios sea hecha en la tierra».6 Warren explica que este momento de oración implica «la devoción y dedicación de todo nuestro ser a Jesús porque desea- mos verlo con ansias».7 Se trata de orar en obediencia y rendición a Jesús, quien dijo: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lucas 22:42) para la gloria del Padre y los propósitos del reino. La flecha hacia dentro: Peticiones Desde el primer acento del compás el director mueve la batuta hacia arriba y hacia la izquierda, marcando el tempo de la música. En la oración, ahora estamos listos para expresar confianza en Dios para encomendarle las necesidades de nuestras vidas por medio de nuestras peticiones. A menudo digo que nosotros no sabemos realmente qué pedir hasta que hayamos adorado bien y nos hayamos entregado por completo. El Salmo 9:10 dice: «En ti confiarán los que conocen tu nombre». Desde esta posición de alineación espiritual llegamos al Padre con nuestras peticiones. La Palabra en Mateo 6 («El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros per- donamos a nuestros deudores») nos invita a orar por las «necesida- des y relaciones» de la vida. Si nos fijáramos en la lista de oración Si nos fijáramos en la lista de oración promedio, prácticamen- te todas las peticiones serían una preocupación por las ne- cesidades o por las relaciones. Jesús, en su divina sabiduría, conocía nuestro camino y nues- tras batallas. promedio, prácticamente todas las peticiones serían una preocu- pación por las necesidades o por las relaciones. Jesús, en su divina sabiduría, conocía nuestro cami- no y nuestras batallas. Confiar en Él para todos nuestros asuntos personales nos permite ponerlo todo a sus pies. 163 La oración transformadora para dummies (tontos) Orar por el «pan de cada día» es más que la esperanza de que juntos podamos reunir algunos fondos para comprar un pan fresco en la panadería. Esta idea representa «todo lo que necesi- tamos para mantener la vida mientras servimos al Señor».8 Este no es el momento de informar a Dios de nuestras necesidades, porque Él sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (Mateo 6:8). Más bien, se trata de una expresión de confiar cons- cientemente en Dios como aquel que conoce nuestras necesida- des y nos provee. Se trata de orar por las preocupaciones perso- nales, por la familia y los amigos, por las circunstancias cotidia- nas e, incluso, por asuntos del ministerio. Las relaciones también son importantes para Dios. En la me- dida en que la Palabra y el Espíritu están obrando en nosotros, llevándonos a la oración, «conforme a la voluntad de Dios» (Ro- manos 8:27), nos veremos obligados a evaluar nuestras relacio- nes para estar seguros de que nuestra conciencia está tranquila y las relaciones están bien (Hechos 24:16). En este momento de oración, ordenamos nuestras relaciones. Esto requiere la confesión de cualquier pecado que sea revelado, lo que nos lleva a la confesión y restauración, tanto verticalmente (con el Señor) como horizontalmente (con los demás). Los cris- tianos son un pueblo perdonado y perdonador. Este elemento de la oración se dirige a las realidades internas de nuestro cora- zón para ponernos en línea con el corazón de aquel que es Dios amoroso, sacrificado, compasivo, misericordioso y perdonador. La flecha hacia fuera: Disposición En la medida en que la música continúa, el director mueve la batuta hacia la derecha, manteniendo el tempo. En la medida en que continúa nuestra oración, la flecha hacia afuera nos recuerda la lucha espiritual que se cierne sobre nosotros y, lo más impor- tante, nos aquieta al saber los recursos espiritualesque moran en nosotros. Sabemos que llega el momento en que tenemos que doblar nuestras rodillas y volver a la zona de guerra. Tenemos que estar listos para la batalla. Cuando oramos: «No nos dejes caer en tentación, mas líbra- nos del mal», reconocemos nuestra propia incapacidad para su- perar las tentaciones y trampas de la vida cotidiana. Encomen- damos nuestra seguridad en medio de la guerra en aquel que es nuestro vencedor. Citando Efesios 6:10-20, ese gran texto de 164 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA batalla espiritual, preparamos nuestros corazones y mentes para «fortalecernos en el Señor, y en el poder de su fuerza», mientras nos «vestimos de toda la armadura de Dios, para que podamos estar firmes contra las asechanzas del diablo» (vv. 10-11). En este momento de «disposición» para la batalla, afirmamos que «no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (v. 12). La oración no es una vía para escapar de las batallas de la vida, sino un gran equipamiento para pelearlas con po- der sobrenatural. Oramos para estar listos para la batalla a través de nuestra confianza en Cristo. Él es capaz de darnos «la salida» (1 Corintios 10:13) y su Pala- bra es suficiente para equiparnos ante cualquier tentación (véase el ejemplo de Jesús en Mateo 4:2-11). A menudo digo que la zona de co- modidad es la de peligro. Al llegar al momento de cierre de un tiempo de oración no solo anhelamos, sino también aceptamos la respon- sabilidad de «luchar la buena batalla». Estamos llamados a ser amenazas para el diablo a través de la oración, la cual no es una vía para escapar de las batallas de la vida, sino un gran equipa- miento para pelearlas con poder sobrenatural. El mismo hecho de que estamos buscando el rostro de Dios e involucrándonos en una vida de oración alerta al enemigo sobre nuestra creciente amenaza contra su dominio. Cuando oramos, estamos escogien- do una lucha con el diablo a un nivel completamente nuevo. Sin embargo, esta es la razón por la que estamos en la tierra; no para vivir como en un crucero de lujo hasta que Jesús venga, sino para permanecer activamente involucrados en nuestra «misión de búsqueda y rescate» en medio de la batalla espiritual mundial por los corazones y las mentes de las personas. La flecha ascendente: Reverencia Con un movimiento hacia arriba, el director regresa al punto de partida. La versión tradicional que recitamos (de la versión Reina Valera de Mateo 6:13) concluye en una alta nota de alabanza: «[…] porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén». Concluimos nuestra oración con una doxología, 165 La oración transformadora para dummies (tontos) una expresión que da gloria a Dios. Cerramos la puerta a la ora- ción de la misma manera en que la abrimos: con alabanza. Más que una oración de cinco minutos Muchos cristianos oran sin una comprensión clara del papel fun- damental de la alabanza en la oración, y carecen de un mode- lo bíblico balanceado. Como resultado, reducen su tiempo con Dios a una rutina abreviada y obediente que ensaya algunos te- mas superficiales y luego pasa a las actividades del día. Joe era una de esas personas. Hoy es un líder en su congregación local en Fond du Lac, Wisconsin. Recientemente, hablé en un seminario regional patrocinado por su iglesia. Durante todo el día, me di cuenta de que Joe es- taba muy comprometido. Su lenguaje corporal indicaba que «la luz estaba llegando» en una nueva manera a su vida de oración. Al final del día, Joe aclaró lo que yo había percibido. Con lá- grimas, este líder de la iglesia, fuerte, agraciado, esposo y padre, se acercó a mí. «Gracias», me dijo. «Hoy he sido cambiado. Toda mi vida, solo he ido tras la mano de Dios en busca de lo que me podía dar o viendo cómo me podría ayudar. Mi corazón ha sido reanimado por el llamado a buscar su rostro en primer lugar. Me siento tan obligado a entender más esto y a buscarlo únicamente a Él porque es digno de ser buscado. Estoy cansado de mi vida de oración de cinco minutos al día. Por tanto, quiero experimen- tar este tipo de intimidad con Cristo». Al día siguiente, mientras yo estaba hablando en los servicios dominicales, Joe me localizó durante las dos horas de adoración y me pidió que fuera con él a un aula vacía. Con lágrimas, me contó una historia de una experiencia rutinaria pero profunda que había tenido la noche anterior, luego del seminario. Él la había anotado. Sacando una nota garabateada, leyó: En la noche de hoy, cuando fui a alimentar a nuestro perro Jackson, al igual que cualquier otra noche, me acerqué a la perrera, la abrí, dejé que Jackson corriera e hiciera sus necesi- dades, y luego fui al garaje a buscar comida para alimentarlo. Cuando volví a la perrera, él estaba esperando con impacien- cia la comida que le iba a dar. Como de costumbre, le serví la comida en su plato y le acaricié la cabeza y las orejas. Luego, cuando fui a cerrar la perrera, lo llamé y él puso la cabeza y la 166 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA barbilla en donde yo pudiera acariciarlo. Entonces, el Señor me reveló: «Mira la satisfacción que te da cuando él se acerca y te busca a ti y no busca la comida». ¡Me detuve y me di cuenta de una profunda verdad! La historia de Joe es simple, pero refleja un descubrimiento que cambió la trayectoria de su relación con Cristo. Por supuesto, Joe se deleita en el cuidado y la alimentación de su mascota. Sin embargo, incluso en este sencillo intercambio con el mejor amigo del hombre, vemos la nueva percepción de Joe acerca del deleite que tanto él como el Señor sienten cuando la relación tiene prioridad en medio de la rutina diaria. La vida de oración de Joe cambió de una llamada de cinco minutos al Señor, a la alegría de buscar el rostro de Dios. Creo que esto es un cambio que todos deseamos y podemos experimentar. Después que esto ocurre, queremos ver la realidad práctica de cómo puede suceder todos los días. La raza no importó al pie de la cruz: Un trofeo de la transformación Muchas veces en nuestras vidas el Señor está logrando varias cosas a la vez en nuestros corazones mientras nosotros lo busca- mos. Por un lado, nos está enseñando más acerca de sí mismo y lo que significa buscarlo. Por el otro, Él puede estarnos enseñan- do más acerca de nuestro propio corazón o nuestra situación, lo cual produce un cambio poderoso en nuestras vidas y en su dirección. Alicia Moss ha caminado con el Señor por muchos años. Como líder de mujeres en el estudio de la Biblia, comenzó a integrar el estudio de la Palabra, la oración y la adoración en el liderazgo de las mujeres. Ella dice: «La experiencia me dejó edificada y alegre. No tenía ni nombre para lo que estábamos haciendo, pero sin duda sabía que había encontrado algo pre- cioso. La adoración y la oración fueron las que hicieron toda la diferencia para mí». Un día, Alicia fue invitada a asistir a un evento de varios días en el que se puso en práctica la oración basada en la adoración. Al reflexionar sobre este momento escribe: «Dios puso un de- seo tan fuerte de asistir dentro de mi corazón que solo podía obedecer. Yo no sabía qué esperar y me pareció extraño que no habría oradores o músicos —solo el hecho de pasar tiempo con Dios—. Recuerdo que pensé que lo único que habría sería mu- cho tiempo de oración en cualquier momento». Pero Dios tenía otra historia que Él estaba escribiendo para Alicia. «Ser una de los dos afroamericanos presentes en la reu- nión no era un problema. La raza no importó a los pies de la cruz. En verdad, fue allí que realmente vi el cuerpo de Cristo como lo que es: la gente de cada etnia dando alabanza y ado- ración al único que es digno». Alicia tuvo una nueva visión de su rostro y una nueva apreciación de su cuerpo. «El Señor me abrazó y me envolvió en su amor ese fin de semana y,desde en- tonces, nunca he sido la misma. Su calidez, vitalidad, intimidad y poder me fueron demostrados una y otra vez hasta que Dios cautivó mi corazón, mi mente, espíritu y voluntad. Me hizo ver que Él quería una relación de amor conmigo y que podía tener esa relación íntima con solo acercármele en oración». Hoy, el Señor está usando a Alicia para compartir esta pasión en muchos lugares alrededor del mundo. Ella conduce eventos de oración, entrena a cientos de personas cada año en los princi- pios de la oración basada en la adoración, y es una de las orado- ras en las famosas conferencias «Mujer verdadera», patrocinadas por la maestra de radio Nancy DeMoss. Al describir el fruto de su ministerio, Alicia nos cuenta: «A menudo escucho de los asistentes cómo sus vidas han sido trans- formadas en la medida en que fueron conducidos a la presencia de Dios a través de la oración. Se van emocionados, ansiosos de que yo vaya y enseñe a sus iglesias y líderes». «La oración basada en la adoración desvía nuestra atención de nuestras necesidades y la dirige a su dignidad», dice Alicia. «Todo en la vida palidece en comparación con el valor de Dios. Al comenzar a ampliar nuestra visión del carácter de Dios en lugar de centrarnos solo en lo que queremos que Él haga por nosotros, el Señor nos llena de tal manera que lo deseamos más. Adorar a Dios, por ser quien es, crea una intimidad con Él y abre su mano para satisfacer todas las necesidades». Cuando le damos a Dios toda nuestra atención, Él está obrando para cambiar nuestros corazones, nuestra perspectiva, y la trayectoria de nuestra vida. Como señala Alicia: «Se encendió un fuego de alegría y celo en mi corazón por el Señor que hasta los días de hoy se mantiene ardiendo». 169 CAPÍTULO 15 Así es como lo hacemos Al principio de nuestra vida cristiana estamos llenos de peticiones para Dios. Pero entonces nos encontramos con que Dios quiere llevarnos a una relación con Él mismo para ponernos en contacto con sus propósitos. oSwald chaMBerS Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. lucaS 11:1 Como ya se ha señalado, con los últimos años he disfrutado del privilegio de dirigir una gran variedad de experiencias de ora- ción. Algunas han sido durante seis horas; otras, durante tres días y medio. Hemos salido con pequeños equipos de liderazgo, pero también hemos disfrutado de estos tiempos con grupos de doscientas personas y hasta más. En el transcurso de este viaje de oración, he sido cautivado con la suficiencia de Dios «en» la oración y «para» la oración. A menudo, mientras las personas llegan para estas experiencias extraordinarias (por lo general celebradas en un campamento o centro de conferencias), se preguntan cómo es posible que en el mundo haya un grupo de personas que van a orar por horas o por días y días. El Señor es siempre fiel. Como digo: «Dios siem- pre está feliz de complacer cuando usted le da toda su atención». 170 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Por supuesto, un enfoque basado en las peticiones típicamente se desvanecería después de veinte minutos, tal vez una hora a lo sumo. Pero en la libre dinámica de abrir nuestras biblias, confiando en la dirección del Espíritu y permitiendo que venga todo lo que sea motivado por Él, emerge un cúmulo de opciones de oración. Me gusta llamarlo cristianismo en su forma más pura, ya que no hay oradores célebres, grupos de música, revistas o agendas. De hecho, para mí esta es una de las más bellas manifestaciones de la suficiencia de la Palabra de Dios, el Espíritu de Dios y el pueblo de Dios en el ministerio activo y práctico. Mi fe en el deseo y el poder de Dios para llevarnos a la oración que cambia la vida y que exalta a Cristo ha crecido enormemente en los últimos años. Surfear en la ola del Espíritu Santo Como viajo y doy conferencias, es esta confianza la que me guía mientras me involucro en una experiencia que cariñosamente describo como «agarrar mi tabla de surf que es la Biblia y atra- par la ola del Espíritu Santo». Dirijo el grupo a través del proce- so de escoger de forma espontánea un salmo. Luego de leer el salmo juntos, «sobre la marcha», guío a las personas a través de los pasos del patrón 4 por 4, y demuestro cómo se enciende la adoración que surge de las verdades acerca de Dios. Después de un tiempo de adoración espontánea, oramos y ex- traemos las enseñanzas del texto enfocados en los otros elementos del modelo de oración antes mencionado. El proceso es siempre una descarga de adrenalina espiritual, un aliento fresco y vivificante. Así que vamos a ver cómo podemos hacer que este enfoque sea muy práctico. Una vez más, siempre comenzamos con las Escrituras, y luego usamos cuatro preguntas clave para concen- trar la atención y estimular oraciones específicas. Yo llamo a esto el «quién», «cómo», «qué» y «dónde» de la práctica de este patrón. • ¿Quién es Dios? (reverencia) • ¿Cómo debo responder? (respuesta) • ¿Por qué debo orar? (peticiones) • ¿Hacia dónde puedo ir desde aquí? (disposición) Reverencia (el lugar de inicio): ¿Quién es Dios? Comience con un Salmo o alguna otra porción de la Escritura. Debido a que este es un enfoque basado en la adoración, la pri- mera pregunta al leer un pasaje de la Escritura es: «¿Quién es 171 Así es como lo hacemos Dios?». Dicho de otra manera: «¿Qué revela este pasaje acerca de Dios y de su carácter?». Invite al Espíritu Santo a que le dé entendimiento acerca de lo que el texto habla sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. El objetivo es descubrir verdades acerca de la naturaleza de Dios, de los nombres y de la persona en el texto bíblico que us- ted está leyendo. Márquelos en su Biblia al comenzar su tiempo de oración. Alternativamente, apunte la lista de estas verdades con los consecuentes versículos donde se encuentran. El objetivo es descubrir ver- dades acerca de la naturaleza de Dios, de los nombres y de la persona en el texto bíblico que usted está leyendo. Luego, comience su tiempo de oración buscando el rostro de Dios en la adoración, usando sus propias palabras. Usted pue- de utilizar oraciones simples del tipo «termina la frase»; por ejem- plo: «Te alabo porque eres…». O puede centrarse en un atributo particular de Dios, como su poder: «Dios, he visto tu poder...» y entonces describa las maneras en que Él le ha revelado su poder. O usted puede centrarse en su gracia con una oración que dice: «Gracias por mostrarme tu gracia cuando...». Hónrele por las muchas muestras de su gracia en su vida. El Espíritu Santo puede traer una variedad de ideas mien- tras usted adora tomando de la Palabra. Incluya también algunas canciones que estén relacionadas con las verdades que descubrió acerca de Dios. Este tiempo puede tomar una cantidad signi- ficativa de sus oraciones (quince minutos o más). A veces, se convierte en todo el enfoque de su tiempo de oración. De todas formas, Dios es honrado y todo está bien. Respuesta (la flecha descendente): ¿Cómo debo responder? Recuerde, la revelación exige respuesta. Entonces, ¿cómo quiere que el reino de Dios venga y que su voluntad sea hecha en su vida en respuesta a su carácter? Use señales de la Escritura, usted puede orar: «Padre, sé Señor de mi...» o «Señor, reina sobre...». También, puede someter dimensiones específicas de su vida a su autoridad: su mente, emociones, dudas, temores, planes, carrera, familia, ministerio, etc. Confiese las áreas de su vida que nece- sitan ser rendidas nuevamente a su voluntad; por ejemplo: las amistades, el matrimonio, las finanzas o los hijos. 172 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Añada a este tiempo canciones de entrega y humildad. Si usted suele tomar notas, reflexione sobre lo que el Señor está poniendo en su corazón durante ese momento. Escriba especí- ficamente acerca de sus expresiones de sometimiento y entrega. Peticiones (la flechadel miércoles por la noche casi todas las semanas, sobre todo cuando me había portado mal. Tal vez lo vieron como una herramienta para reformarme. Para mí era un castigo. Cada miércoles a las siete de la noche se reunían los santos (en su mayoría mayores), todos muy sinceros y dedicados. El líder de alabanza trataba de animar al grupo con algunos him- nos conocidos de cuatro o cinco versos importantes cada uno. Luego, otro hombre compartía un devocional, si a aquello se le podía llamar devocional. Raras veces se relacionaba con la ora- ción y yo tenía la sospecha de que lo improvisaba por el camino mientras venía en su camioneta hacia la reunión de oración. Entonces, el líder haría la temida pregunta: «¿Alguien tiene al- guna petición de oración?». En el momento preciso, casi todo el mundo sacaba sus blocs amarillos y sus bolígrafos azules marca Bic para captar los más mínimos detalles de cada solicitud. Ellos esta- 23 Más allá de una «lista de necesidades» ban completamente dedicados a este ritual y lo hacían de corazón y con una voluntad genuina de interceder los unos por los otros. Desafortunadamente para mí, parecía como si todos en el país tuvieran una uña encarnada, una hernia discal, un primo con cáncer o un amigo en crisis financiera. Las peticiones se- Parecía como si todos en el país tuvieran una uña encar- nada, una hernia discal, un primo con cáncer o un amigo en crisis financiera. Las peticio- nes seguían y seguían. guían y seguían. Yo me deprimía y me adormecía cada vez más en la medida en que esta parte de la reu- nión se alargaba, a menudo duran- te cuarenta y cinco minutos o más. De vez en cuando algún chis- me bien sustancioso se colaba en la conversación. Alguien sugería una «petición de oración silencio- sa» por el diácono Charlie. Tras haber indagado descubrimos que Charlie se había separado de su esposa Matilda. Pronto, el debate reveló la impactante noticia de que Matilda estaba teniendo una aventura con el esposo de la pianista. La pianista estaba al borde del suicidio (otra petición de oración). Y no era de sorprender que Charlie y Matilda estuvie- ran peleando, pues nos enteramos luego de que su hijo mayor era un drogadicto, su hija estaba embarazada fuera del matrimonio y un primo tercero de Charlie era un convicto ladrón de coches. Alguien incluso sugirió que su perro tenía rabia. Las exhaustivas solicitudes continuaban hasta que alguien por casualidad le echaba un vistazo a su reloj y exclamaba: «¡Oh, es- tamos casi sin tiempo! Será mejor que oremos». A toda prisa, poníamos nuestras sillas plegables en círculos más pequeños, los blocs amarillos en la mano, y comenzábamos a orar por las miles de necesidades anotadas. Más allá de «Bendice» y «Sé con» Odio decirlo, pero me parecía que si uno sacaba las palabras «ben- decir» y «estar con» fuera de su vocabulario de oración, nadie ha- bría tenido nada que decir. Las oraciones comenzaban de la misma manera mientras avanzábamos en la lista: «Bendice esto, bendice aquello, sé con él, sé con ella...». Y parecían coger el ritmo mientras pasaban los últimos minutos del tiempo asignado. Cuando terminábamos esta serie de «bendice» y «sé con», el grupo estallaba en una entusiasta ronda de Sweet Hour of 24 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Prayer (Dulce hora de oración). Hoy me encanta ese himno clásico, pero en aquel entonces sonaba como una versión santificada de Noventa y nueve botellas de cerveza en la pared [popular canción infan- til estadounidense] —y parecía interminable—. Entonces, el líder anunciaba: «Gracias por venir. ¡Nos vemos la próxima semana!». En mi mente inmadura, confundida y bastante aburrida pensaba: «No, gracias, espero quedarme en casa y ver Los héroes de Hogan [popular serie televisiva estadounidense]». Sincero pero estancado A pesar de mi visión distorsionada de estos tiempos de oración a la antigua, sé que estos queridos santos eran sinceros y estaban comprometidos. Al menos estaban en una reunión de oración. La mayor parte del rebaño estaba en la liga de softbol, o en la Asociación de Padres y Maestros (PTA, por sus siglas en inglés), o habían salido a comer al restaurante mexicano de la localidad o se quedaban en casa viendo Los héroes de Hogan. Esta minoría que iba a orar rara vez faltaba una semana. Aun- que no me gustaba su modelo de oración, me encantaba ver su corazón y su voluntad de perseverar. Estos guerreros de oración realmente hicieron de la oración una prioridad. Ellos vieron algu- nas respuestas maravillosas a la oración y tuvieron el cuidado de agradecer al Señor por todo. Sin embargo, sí parecía que, involun- tariamente, se habían quedado estancados en un bache de oración. Por supuesto, nuestras peticiones de oración son una parte vital de la oración. La Biblia es clara acerca de la necesidad de pedir a Dios por cosas y compartir nuestras cargas con otros. El bache se produce cuando permitimos que las peticiones sean el fundamento de nuestra oración, pues nos centramos en nuestros problemas en vez de realmente comprometernos con Dios en una experiencia de oración multifacética y bíblica. Es evidente que el enfoque basado en la solicitud no funcio- nó no solo para mí. He aprendido que tampoco ha funcionado para muchos cristianos que buscan a Dios. Esta insatisfacción me llevó a un entendimiento creciente y transformador de lo que llamo «la oración basada en la adoración». No fue un nuevo descubrimiento, sino una sencilla revelación de lo que está claro en las Escrituras como una alternativa positiva a la «oración tipo lista de compras». Este enfoque ha transformado mi vida y la de miles de personas que han hecho este descubrimiento vital. 25 Más allá de una «lista de necesidades» ¿Qué es la oración basada en la adoración? La adoración es la respuesta de todo lo que somos ante la re- velación de todo lo que es Dios. J. Oswald Sanders describe la adoración como «la adscripción amorosa de alabanza a Dios por lo que Él es, tanto en sí mismo como en sus caminos. Es la in- clinación del espíritu más íntimo hacia una profunda humildad y reverencia ante Él».2 La oración basada en la adoración busca el rostro de Dios an- tes que su mano. El rostro de Dios es la esencia de quién es Él. La mano de Dios es su bendición, lo que Él hace. El rostro de Dios representa su persona y su presencia. La mano de Dios expresa Si todo lo que hacemos es bus- car la mano de Dios, podemos perdernos; pero si buscamos su rostro, Él estará contento de abrir su mano y satisfacer los deseos más profundos de nuestros corazones. la provisión de las necesidades de nuestra vida. He aprendido que si todo lo que hacemos es buscar la mano de Dios, podemos perder- nos; pero si buscamos su rostro, Él estará contento de abrir su mano y satisfacer los deseos más profundos de nuestros corazones. Este enfoque hacia la oración comienza siempre con un enfoque hacia la adoración bíblica y con el poder del Espíritu. Es particularmente diferente del enfoque tradi- cional que enfatiza en las peticiones de oración y las largas listas de necesidades como el fundamento de la oración. Cristo nos enseñó un enfoque de la oración basado en la adoración. Este enfoque es ejemplificado por muchos personajes bíblicos. Se alimenta, en cada caso, de la verdad bíblica. La oración basada en la adoración enciende un deseo de intimidad espiritual y transformación perso- nal. En el descubrimiento de estas realidades es que un cristiano puede ser facultado e iluminado para orar por los problemas y las necesidades en una forma totalmente nueva. Lo que no es la oración basada en la adoración Mientras se prepara para este viaje de descubrimiento de los principios y prácticas de la oración basada en la adoración, déje- me decirle lo que NO es la oración basada en la adoración: • No es un nuevo método de oración. Mientras que el des- cubrimiento ha sido nuevo para muchos en esta generación, es una enfoque hacia la oración tan antiguo como las Escriturashacia dentro): ¿Por qué debo orar? Una vez más, es increíble cómo nuestro estado de ánimo cam- bia durante los segmentos de reverencia y respuesta, por lo que nuestro tiempo de traer peticiones al Señor es alimentado por la fe y llevado a cabo con una pasión por la voluntad y la gloria de Dios. Si usted tiene una lista de oración, puede usarla aquí. Sin embargo, deje que los pasajes de la Escritura le guíen en la arti- culación de sus peticiones. Muchas veces un pasaje le dará pistas prácticas sobre cómo usted puede confiar en el Señor en cuanto a las necesidades y relaciones de su vida. Tal vez el pasaje que está utilizando trata la cuestión del miedo. Usted comienza a orar: «Señor, voy a confiar en ti debido a mis temores acerca de…» O bien, puede orar por los demás: «Oro por __________ (nombre), ya que está lidiando con el miedo en medio de __________ (situación)». Tal vez el texto habla de diversas luchas, necesidades, deci- siones, desafíos o anhelos. Convierta todo esto en oraciones es- pecíficas de confianza mientras le expresa al Señor las diversas preocupaciones por las necesidades y relaciones. Es increíble ver cómo el Espíritu expondrá necesidades y guiará sus oraciones de acuerdo con la voluntad de Dios. Disposición (la flecha hacia afuera): ¿Hacia dónde puedo ir desde aquí? Para el final del tiempo de oración, los pensamientos tienden a moverse hacia las horas, los días o semanas que están delante de usted. La pregunta sobre «¿dónde?» le lleva a pensar en la misión de su vida y la batalla que se puede anticipar. Muchos textos hablarán de algún reto o enemigo espiritual que tiene que superar. Estas señales le guiarán en la identifica- ción y predicción de batallas espirituales prácticas. Del mismo modo en que Jesús usó la Palabra memorizada para derrotar a Satanás, busque una promesa o verdad que esté relacionada con las tentaciones, fatigas y trampas que le esperan más allá de la puerta de su lugar de oración. 173 Así es como lo hacemos Tal vez el texto habla del poder de Dios sobre sus enemigos. Usted puede orar: «Señor, voy a confiar en tu poder mientras me enfrento al enemigo, o al desafío de __________». O tal vez haya una promesa en el texto. Usted puede orar: «Sé mi victoria mientras me encuentro __________ ». Luego, cite esa prome- sa, en repetidas ocasiones, mientras va haciendo una lista de las batallas que podría enfrentar. Es una gran manera de memorizar las Escrituras en su tiempo de oración en la medida en que se dispone para la batalla. Reverencia (la flecha hacia arriba): ¿Quién es Dios? Termine donde comenzó, con sus ojos fijos en Él. Usted ha ex- presado su reverencia en la adoración alimentada por la Escri- tura y guiada por el Espíritu. Ha respondido en sumisión a los propósitos de su reino y a su voluntad. Le ha confiado sus preo- cupaciones por las necesidades y relaciones de la vida. Alimentó la disposición en su corazón y mente para las futuras batallas. Ahora, con sus ojos fijos en Él, declare: «Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén» (Mateo 6). Este es un gran momento para concluir con una canción centra- da en el señorío, el poder y la gloria de Dios. Modelos prácticos de la Palabra Viviente Anteriormente, mencioné una herramienta de oración que uso y disfruto. Desde mediados de los años setenta el Plan 29:59 ha vendido más de 600 mil copias, lo que demuestra su utilidad.1 Una de las nuevas características de este plan es una serie de hojas de trabajo que le guían a través del proceso de selección de un texto de la Palabra de Dios y la utilización del patrón 4 por 4 para orar por ese fragmento de la Escritura. Lo recomien- do encarecidamente. Por ahora, tomaremos primero un Salmo y a continuación un pasaje del Nuevo Testamento para mostrar cómo se pone en práctica este patrón. Salmo 46 1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y aunque se traspasen los montes al corazón del mar; 174 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA 3 aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los mon- tes a causa de su braveza. Selah 4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario de las moradas del Altísimo. 5 Dios está en medio de ella; no será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana. 6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio Él su voz, se derritió la tierra. 7 Jehová de los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah 8 Venid, ved las obras de Jehová, que ha puesto asolamientos en la tierra. 9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros en el fuego. 10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. 11 El Señor de los ejércitos está con nosotros; el Dios de Jacob es nuestro refugio. Reverencia: ¿Quién es Dios? Al leer y extraer, en oración, verdades acerca de Dios, usted des- cubrirá ideas como: Refugio y fuerza (v.1); Omnipresente (v.1); ayuda en medio de los problemas (v.1); Santo (v.4); Altísimo (v.4); Potente (v.6); Señor de los ejércitos (vv. 7, 11); está con nosotros (vv. 7, 11); refugio (vv. 7, 11); juzga la tierra (v. 8); trae paz (v. 9); derrota a sus enemigos (v. 9); exaltado (v.10). Posibles frases para iniciar una oración: • Te alabo, Señor, porque tú has sido mi refugio cuando… • Te alabo porque me diste fuerza cuando… • Te alabo porque eres tan fuerte, tú puedes… • Te alabo porque has estado (o estás) presente cuando… • Te alabo porque me has ayudado cuando me he encontrado con el problema de… Usted tome la idea. Transforme las verdades acerca de Dios en un trampolín de expresiones prácticas y específicas de adora- ción o reverencia. Note las verdades repetidas en los versículos 7 y 11. Debido al doble énfasis, es posible que desee centrarse en expresiones como: • Te alabo porque tú eres el Señor de los Ejércitos, quien hoy reina sobre… 175 Así es como lo hacemos • Te alabo porque tú estás conmigo cuando… • Te alabo porque tú eres mi refugio cuando… Por supuesto, usted puede incorporar una variedad de him- nos u otras canciones de adoración que se relacionen con mu- chas de estas verdades acerca de Dios. ¡Cántele a Él! Respuesta: ¿Cómo debo responder? La revelación exige una respuesta. Basándose en el tiempo de adoración en torno a los temas bíblicos y la aplicación prácti- ca del carácter de Dios, ¿cómo podría usted responder? ¿Cómo puede presentarse ante los propósitos de su reino? ¿Cómo puede someter su voluntad a la de Dios? ¿Qué pasajes podrían orientar esa respuesta? Aquí están algunas ideas del Salmo 46: • Señor, confieso y rindo mis miedos (v. 2) sobre… • Señor, agradezco tu ayuda muy presente (v. 5) en… • Señor, someto mis pensamientos y planes sobre… al poder y la autoridad de tu voz (v. 6). • Señor de los ejércitos (vv. 7, 11), reina por encima de mi… • Someto mi __________ (situación, pensamientos, planes) a ti. Ayúdame a estar quieto (dejar de luchar, dejar ir, relajarme) y buscar solo tu gloria (v. 10). Peticiones: ¿Por qué debo orar? A partir de esta experiencia de adoración y posición de entrega, ahora usted puede orar con un corazón constante y en el nombre de Jesús (como Jesús oraba). A continuación mostramos algunos ejemplos de peticiones en las subcategorías de necesidades (pan de cada día) y relaciones (perdón y restauración). Necesidades: • Pido por una sensación de seguridad (v. 1) sobre… • Te pido fuerza (v. 1) con el fin de… • Oro por tu alegría y gozo (v. 4), en medio de… • Por __________ para ver las «obras del Señor» (v. 8). Relaciones: • Oro por tu presencia y ayuda (v. 1) en _________ (relación). • Debido a que tú «haces cesar las guerras» (v. 9), te pido que obres en __________ para traer paz y reconciliación. • Ayuda a __________ para que esté tranquilo(a) y sepa que tú eres Dios en su relación con… (v.10). 176 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Disposición: ¿Hacia dónde puedo ir desde aquí? Mientras se prepara para entrar en la zona de guerra y el cam- po de misión, ore acerca de las batallas y luchas. Prepárese para experimentar el poder y la victoria del Señor en estas pruebas y tentaciones: • Voy a confiar en tu presencia y protección (vv. 7, 11) hoy mientras yo… • Debido a que tú eres poderoso para enfrentar a tus enemi- gos (v. 9), yo confío en ti para superar mi lucha con… Reverencia: ¿Quién es Dios? Cierre con un momento de «doxología»: • Tú eres exaltado (v. 10) entre… Considere la posibilidad de terminar con un canto de alaban- za mientras le dice a Dios de corazón: «Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria por los siglos. Amén». 1 Pedro 5 Ahora veamos un pasaje del Nuevo Testamento. Aclaro que us- ted no tiene que orar a partir de un capítulo entero. Seleccione una parte que sea sustancial, pero lo suficientemente corta para que le sirva a usted. Elegí este pasaje al azar, ya que es uno de los capítulos más cortos del Nuevo Testamento: 1 Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: 2 Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidan- do de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; 3 no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. 4 Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria. 5 Igualmente, jóvenes, estad sujetos a los ancianos; y todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad; porque: Dios resis- te a los soberbios, Y da gracia a los humildes. 6 Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que Él os exalte cuando fuere tiempo; 7 echando toda vuestra ansiedad sobre Él, porque Él tiene cuidado de vosotros. 177 Así es como lo hacemos 8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; 9 al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos pa- decimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. 10 Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eter- na en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiem- po, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. 11 A Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén. 12 Por conducto de Silvano, a quien tengo por hermano fiel, os he escrito brevemente, amonestándoos, y testificando que esta es la verdadera gracia de Dios, en la cual estáis. 13 La iglesia que está en Babilonia, elegida juntamente con vosotros, y Marcos mi hijo, os saludan. 14 Saludaos unos a otros con ósculo de amor. Paz sea con todos vosotros los que estáis en Jesucristo. Amén. Reverencia: ¿Quién es Dios? Al leer este texto usted ve que Dios es: El Salvador que sufre (v. 1); Dios de la gloria, Él vive en gloria, Él revelará su gloria, Él nos llevará a la gloria (v. 1); Él obra en nosotros para darnos un corazón dispuesto (vv. 2-3); Príncipe de los pastores (v. 4); Galardonador (v. 4); resiste a los soberbios (v. 5); da gracia a los humildes (v. 5); Poderoso (v. 6); exalta al humilde (v. 6); cuida de nosotros (v. 7); nos da la fe y el poder para resistir al diablo (v. 9); Dios de toda gracia (v. 10); Eterno (v. 10); Glorioso (v. 10); nos llama (v. 10), vence nuestros sufrimientos (v. 10); perfecciona, establece, fortalece (v. 10); Glorioso (v. 11); dominio y reinado (v. 11); nos da la gracia para sostenernos (v. 12); Dios de paz (v. 14). Como puede ver, hay muchas formas de este pasaje para de- cir: «Padre en los cielos, santificado sea tu nombre». Pongamos algunos ejemplos: • Te glorifico (vv. 1, 10, 11) porque tú eres… • Te alabo porque has mostrado tu gracia (v. 5)… • Te adoro, porque tu mano es poderosa (v. 6) sobre… Respuesta: ¿Cómo debo responder? Estas son algunas de las posibles oraciones de entrega a sus pro- pósitos y voluntad: 178 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA • Rindo mis actitudes de servir por obligación (v. 2), y te pido que pongas en mí la disposición para… • Rindo mi actitud de codicia («ganancias deshonestas») (v. 2) en __________ (situación). • Príncipe de los pastores (v. 4), rindo mi __________ a tu liderazgo y confío en tu recompensa. • Gobierna sobre mi falta de sumisión y humildad (vv. 5-6) en __________ (situación). • Humilla mi orgullo de __________ bajo tu poderosa mano (v. 6). • A pesar de que es difícil, me abrazo a mi sufrimiento (v. 10) en __________ (situación). Peticiones: ¿Por qué debo orar? Una vez más, el Espíritu le dará una visión específica en el mo- mento en cuanto a aquello por lo que usted debe orar, pero aquí están algunas ideas. Necesidades: • Echo mi preocupación (v. 7) por __________ ante ti, agra- deciéndote porque te preocupas por mí. • Oro por __________ ya que él/ella está pasando por prue- bas, sufrimientos (v. 10), pidiéndote que le perfecciones, afirmes, fortalezcas y establezcas. Relaciones: • Ayúdame a ser un ejemplo (v. 3) para __________ (perso- nas) ya que les sirvo voluntariamente. • Ayuda a __________ (nombre) a someterse a ti y a __________ (nombre) en su relación. • Dale a __________ (nombre) humildad y gracia (v. 5), ya que él/ella lidia con __________ (relación). Disposición: ¿Hacia dónde puedo ir desde aquí? Temas sobre la batalla espiritual son evidentes en este texto. Al- gunas ideas de oración incluyen: • Dame tu gracia para ser sobrio/autocontrolado y es- tar vigilante/alerta mientras me enfrento al enemigo hoy en __________ (pruebas o tentaciones específicas). • Hoy, voy a resistir los ataques del diablo y mantenerme fir- me en mi fe, a través de tu promesa de __________ (cite las 179 Así es como lo hacemos promesas de las Escrituras de este texto o de cualquier parte de la Biblia, medite en ellas a la luz de las batallas del día). Reverencia: ¿Quién es Dios? • ¡Repita la doxología (v. 11) varias veces con convicción! • Alábele por su paz (v. 14). • Cante: «Estoy bien con mi Dios». Ejemplos de ideas nuestras versus las ideas del Espíritu Los ejemplos anteriores son solo algunas ideas. Pero, el Es- píritu es el maestro, en el momento, en todos los momentos de oración. El Espíritu toma la Palabra, haciendo que nuestra ado- ración se dispare y causando que la Palabra de Dios florezca en nuestras oraciones. Una vez más, el objetivo es no entrenarlo en una nueva téc- nica, sino motivarlo a una vida de oración, de acuerdo con las enseñanzas de Cristo. Mi espe- ranza es que en la sencillez de este patrón también sienta la suficiencia de la Palabra y el Es- píritu en sus oraciones y en su vida. El objetivo es que este tipo de oración sea tejido en la tela de su vida y que esta sea tejida en la tela de su oración. Nota: Este mismo enfoque funciona bien en pequeños grupos, invitando a los participantes a unirse usando oraciones que par- tan de las Escrituras; también, respuestas, y canto espontáneo mientras usted dirige siguiendo las Escrituras. Para realizar un tiempo de oración en un grupo grande, uti- lizando instrumentación, PowerPoint y otras herramientas de apoyo, busque ejemplos de los formatos expuestos en Encuentros frescos de la oración basada en la adoración en nuestro sitio web: www.transformingprayerbook.com. Mi esperanza es que en la sencillez de este patrón tam- bién sienta la suficiencia de la Palabra y el Espíritu en sus oraciones y en su vida. 180 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Solo entrando en calor: Un trofeo de la transformación Probablemente todo cristiano ha luchado contra la distracción mientras trata de orar. A menudo, si logramos tener unos mi- nutos de oración enfocada antes de que nuestra mente vague, sentimos que lo estamos haciendo bastante bien. La idea de orar por treinta minutos o incluso una hora parece casi imposible, ya quefácilmente nos quedamos sin cosas que decir y luchamos por mantener el rumbo. Gary, esposo ocupado, padre y dentista supo de esta lucha durante muchos años. Él expresa: «A mí me enseñaron que la oración era parte de una vida cristiana equilibrada. No sabía exactamente lo que quería decir “preguntar, buscar y llamar”, excepto que si quería algo de Dios podía pedirle por ello. Yo creía que eran solo los verdaderos buenos cristianos los que se quedarían despiertos toda la noche orando juntos». Mientras reflexiona sobre su primera experiencia de pasar tiempo adicional en la oración con otros creyentes, señala: «Yo quería ser parte de lo que Dios estaba haciendo en nuestra iglesia. Como grupo, pasábamos el tiempo de culto cantando, leyendo las Escrituras, meditando y pidiendo. En medio de toda esta acti- vidad, Dios me habló muy específicamente mientras participaba. No se pareció a nada de lo que había experimentado antes». Hoy día, Gary separa tiempo en medio de su ajetreada vida para disfrutar de tiempos de oración prolongados. Incluso, es líder de un tiempo de oración semanal y a menudo ayuda a faci- litar retiros de oración. «Oro más frecuentemente y durante más tiempo», dice. «Durante el día, soy consciente de una conexión con Dios, ya que he aprendido a adorar y orar en cualquier mo- mento y en cualquier lugar. Incluso, he empezado a leer más la Biblia porque muchos pasajes son útiles para la alabanza y la adoración. Mi esposa y yo a menudo oramos juntos, y he visto que orar juntos construye una relación más profunda con los demás». Los cristianos que están frustrados con oraciones enmarca- das y desenfocadas pueden encontrar esperanza en el viaje de Gary. Como él lo describe: «Siempre me ha fascinado la pasión que Jesús mostró en el huerto con sus discípulos antes de su crucifixión. Él les pidió que oraran por tan solo una hora. Yo solía decir: “¡Eso es mucho tiempo! ¿Cómo oraría por una hora entera?”. Hoy día, con la oración basada en la adoración, una hora pasa rápido y me doy cuenta de que ¡solo estoy entrando en calor! ¡Gloria a Dios!». 183 CAPÍTULO 16 Salir del aposento de oración Nos hemos convertido en una sociedad de sapiens en solitario. lyle Schaller Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos. hechoS 1:14 Más de doscientas personas se pusieron de pie hombro con hombro, brazo con brazo, mano con mano, en torno a una mesa de comunión bellamente decorada. Las lágrimas corrían de los rostros radiantes. Algunos miraban hacia el cielo, mientras que otros adoraban con los ojos cerrados. En armonía angelical, nuestras voces resonaron en el verso final de «Todos exalten el poder del nombre de Jesús». En este momento me sentía tan cerca del cielo como nunca antes, pero sabía que no estaba allí todavía, solo estaba probando algo. Resonamos con gran alegría: «Dios quiera que con los que están del trono en derredor, cantemos por la eternidad a Cristo el Salvador, cantemos por la eternidad a Cristo el Salvador». Esto fue seguido por el «Amén» más poderoso, apasionado, armonioso y musical que jamás había oído; y luego siguieron cinco minutos de aplausos interminables al Rey de Reyes y Señor de Señores. Este momento de oración unida fue más íntimo, espontáneo y estimu- lante que todo lo que he conocido en mi camino como cristiano. 184 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA La velada comenzó dos horas antes, con una variedad de lectu- ras de la Palabra y cantos de alabanza fluyendo espontáneamente de los corazones de las personas que estaban en la habitación. Después de unos treinta minutos, el enfoque se volvió hacia los versículos y canciones que exaltan a Cristo y su obra en la cruz. En cierto momento, invitamos a los participantes a sentarse a la mesa, en manera respetuosa, con corazones puros y enfocados. Algunos llegaron solos, otros con su cónyuge, mientras que otros se agru- paron para recordar el cuerpo y la sangre de Cristo. Al mismo tiempo, alrededor de esta gran habitación había- mos colocado lugares de oración donde los individuos podían orar en forma interactiva, usando una variedad de herramientas visuales y versículos bíblicos para disfrutar del momento en co- munión espiritual íntima. En esos lugares había espacio para la- varse los pies para aquellos que se sintieran obligados a expresar su corazón de servicio de esta manera. Todo fue una experiencia altamente participativa de la Palabra, la adoración y la comunión alentadora. En la medida en que íbamos terminando el prolongado tiem- po de comunión nos levantamos de nuestros asientos y nos acer- camos hasta quedar muy unidos, de pie en círculos concéntricos alrededor de la mesa y cantando una serie final de temas a ca- pella. Esa fue la culminación de este extraordinario servicio de comunión, el fin de tres días de disfrutar de la Palabra y la ado- ración espontáneamente. Cada vez que disfruto de estas experiencias de una oración grupal extraordinaria, me acuerdo de que la transformación no es algo que ocurre solo en la intimidad. También es alimentada al orar en comunión con los demás. No podría terminar este libro sin dejarle el fuerte desafío de buscar la oración transformadora en grupo como complemento de su viaje personal en la oración. Individual + Grupal = Transformación Sabemos que Dios quiere que nuestras oraciones sean transfor- madoras. Si usted me preguntara: «¿Qué es más importante, la oración privada o la oración grupal?». Mi respuesta siempre se- ría: «¡Las dos!». Eso es como preguntar: ¿qué pierna es más cru- cial para caminar, la pierna derecha o la izquierda? En la iglesia primitiva comprendieron lo que es comunidad: unirnos a diario en la oración y demás actos vitales para el cre- 185 Salir del aposento de oración cimiento espiritual. En Hechos 2:42 vemos los patrones de dis- cipulado que surgieron de inmediato en la iglesia de Jerusalén, compuesta, casi en su totalidad, de nuevos creyentes. Dice la Biblia: «Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las ora- ciones». ¡Usted no podría aprender la doctrina de los apóstoles mediante la descarga de un mensaje a su iPod! Tendría necesidad de reunirse en comunión. Lo mismo ocurre con la comunión y el partimiento del pan. Y, ¿cómo aprendieron a orar? Juntos. Estas oraciones no solo eran una bendición añadida al ini- cio y final de un estudio de la Biblia. Estos primeros cristianos se reunieron exclusivamente para orar. Con toda probabilidad, siguieron el patrón que Jesús había establecido antes y que los llevó a través de temas de adoración, sumisión, intercesión, sú- plica, batalla y alabanza. En temporadas prolongadas de oración grupal, aprendieron a orar con efectividad. La iglesia nació durante una reunión de oración de varios días (Hechos 1:14; 2:1). Los discípulos enfrentaban la crisis y la per- secución juntos, de rodillas (Hechos 4:24-31). En la medida en que la iglesia crecía los apóstoles se negaron a involucrarse en problemas administrativos debido a su firme deseo de persistir en la oración durante su liderazgo (Hechos 6:4). A través de la oración unida, ellos confiaron en Dios para que interviniera de manera milagrosa en mo- mentos de dificultad extrema (Hechos 12:5-12). Además, recibieron dirección para su ministerio a través de intensos tiempos de oración llenos de adoración (Hechos 13:1-2). ¡Qué contraste con nuestra cultura individualista! A la ma- yoría de nosotros se nos ense- ñó que la oración es algo que hacemos casi exclusivamente por nuestra cuenta encerrados en un armario en algún lugar. Pero, en realidad, los primeros cristia- nos aprendieron a orar, en gran medida, orando juntos. Personalmente, no puedo imaginar una vida cristiana vibrante y equilibrada sin una dosis regular de oración tanto individual como en grupo. Aquellos que descuidan el hábito constante de oración A la mayoría denosotros se nos enseñó que la oración es algo que hacemos casi exclusivamente por nuestra cuenta encerrados en un armario en algún lugar. Pero, en realidad, los primeros cristianos aprendieron a orar, en gran medi- da, orando juntos. 186 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA en su forma ampliada, es decir, con un grupo de creyentes, se están privando de gran bendición y equilibrio. En cierto sentido, están tratando de andar en una sola pierna, y como resultado, encuentran que el viaje de oración se torna difícil, en el mejor de los casos. Aislado por el individualismo «¿Por qué hemos descuidado el énfasis en la oración en grupo que se encuentra en Hechos y en las epístolas?». Gen Getz, re- conocido profesor del Seminario Teológico de Dallas, hace esa pregunta en su libro Praying for One Another (Orando los unos por los otros), y expone cómo vemos la oración bíblica desde nuestra perspectiva en lugar de verla desde la intención original y el con- texto de las Escrituras. Él señala que nuestra cultura occidental se caracteriza por un fuerte individualismo, y hace esta observa- ción: Usamos los pronombres personales «yo», «mi» y «mí». No hemos sido enseñados a pensar en términos de «nosotros» y «nuestro». En consecuencia, individualizamos muchas refe- rencias a la experiencia grupal en el Nuevo Testamento, por lo que a menudo dimensionamos la oración personal. En Hechos y en las epístolas se dice más sobre la oración corporativa, el aprendizaje grupal de la verdad bíblica, el evangelismo en gru- po, la madurez cristiana y el crecimiento grupal que sobre un enfoque personal de todas estas cuestiones de la vida cristiana. No me malinterpreten. Ambos enfoques están íntimamente relacionados. Pero las dimensiones personales del cristianis- mo son difíciles de mantener y practicar constantemente si no emanan de una experiencia grupal adecuada y diaria.1 En nuestra cultura occidental, hemos llegado a creer que es más importante orar solo que con otros. Este es un síntoma de nues- tra visión básica de la sociedad. En su libro The Connecting Church, Randy Frazee describe nuestra cultura del individualismo. Él ex- plica que ya no nacemos en una cultura de comunidad, sino en una «forma de vida que hace que el individuo sea supremo o soberano sobre todo».2 Frazee agrega que esto es un problema, especialmente para los que nacieron después de la Segunda Gue- rra Mundial. Y se lamenta del impacto que ha traído a la iglesia al observar que, a menudo, «hemos manifestado dicha cultura al hacer del cristianismo un deporte individual».3 187 Salir del aposento de oración Enseñanza sobre el grupo Hemos visto el Padre Nuestro como un modelo para el «con- tenido» de nuestra oración. También debemos aceptarlo como un modelo para el «contexto» de nuestras oraciones. Jesús dijo a sus seguidores en Mateo 6:5: «Y cuando ores…». Él supuso que, para ellos, reunirse en oración era una parte cotidiana de su desa- rrollo espiritual. Jesús habla con ellos acerca de su participación en la oración como «grupo». En nuestro idioma, quedaría así: «cuando ustedes oren» o «cuando uj´tede oren» (en el dialecto del sur, traducido del inglés, el idioma del autor). En otras palabras, Jesús dice: «Cuando ustedes oren juntos como mis seguidores, háganlo así en sus reuniones, no como aquellos fariseos deseo- sos de ser alabados o como aquellos gentiles equivocados». Para apoyar esta idea, todos los pronombres aparecen en plu- ral en el modelo de oración que Jesús nos dio. Él no nos dejó esta instrucción para orar: «“Mi” Padre que está en los cielos...“dame mi” pan de cada día, y “perdóname mis deudas”. No “me” metas en tentación, mas “líbrame” del mal...». En su lugar, nos da una enseñanza sobre la mentalidad, los motivos, el lugar y el patrón de la oración grupal en las vidas de los seguidores de Jesús. Nuestras suposiciones sobre la oración Hoy leemos los mandamientos sobre la oración en las epístolas del Nuevo Testamento y suponemos que están diseñadas prin- cipalmente para motivar al creyente en su tiempo de oración privada. Hemos llegado a creer que la oración se experimenta primeramente y mejor a nivel privado. Por otra parte, podría ser que algunos fanáticos disfrutaran de la oración estando junto a otros. Sin embargo, los primeros cristianos tenían una perspec- tiva muy diferente. Hasta el surgimiento de la imprenta, casi todo el apren- dizaje era verbal y en esce- narios de comunidad. Esto afectó claramente la manera en que los creyentes recibie- ron y aplicaron la verdad. Debemos tener en cuenta que hasta el surgimiento de la impren- ta, casi todo el aprendizaje era verbal y en escenarios de comu- nidad. Esto afectó claramente la manera en que los creyentes reci- bieron y aplicaron la verdad. En la actualidad, teniendo cada cual una copia de la Biblia, la aplica- 188 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA mos primeramente de manera individual, y luego en contextos grupales. En los tiempos del Nuevo Testamento, llegaba una carta de Pa- blo, y los creyentes solo tenían una opción para recibir esta verdad: tenían que estar allí y punto. Y cuando un mandamiento era leído en el idioma original, los pronombres plurales abundaban. La apli- cación para los creyentes como una comunidad estaba clara. Como resultado, a menudo oraban juntos, con pasión y obediencia. Michael Griffiths reitera esta idea cuando escribe: En el inglés estándar, la segunda persona del singular, «you» (tú), y la segunda del plural, «you» (ustedes), son idénticas. Por lo tanto, las cartas del Nuevo Testamento dirigidas a congregaciones son leídas (por nosotros) como si estuvieran dirigidas a una persona en particular. Es bueno y correcto que apliquemos las Escrituras a nosotros de manera perso- nal, pero es lamentable que también apliquemos las Escritu- ras de modo individualista e ignoremos el hecho de que la intención original era instruirnos no tanto como individuos, sino como comunidades enteras de cristianos.4 Ampliando el aposento Una revisión cultural muy lamentable del texto bíblico consiste en asociar la palabra aposento con la idea del clóset. Cuando Jesús dijo: «Cuando ores, entra en tu aposento» (Mateo 6:6), ¿qué qui- so decir realmente? Por lo general, asumimos que un aposento es una pequeña habitación diseñada para nuestros zapatos, ropa y, posiblemente, una linterna. Esta palabra, tamion, aparece en el Nuevo Testamento grie- go en cuatro ocasiones. Entre esos casos, puede significar «las habitaciones interiores» (Lucas 12:3 [LBLA]), un «almacén» o una «despensa» (Lucas 12:24 [LBLA], [NVI]). La Nueva Ver- sión Internacional, La Biblia de las Américas, y la Nueva Versión Reina Valera, todas usan una idea más clara cuando describen este lugar de oración en grupo como una «sala o habitación in- terior». La reducida interpretación de un cuarto privado para la oración en solitario no es un significado necesario o razonable. Esto sería especialmente difícil cuando Jesús le habló a un grupo de discípulos utilizando pronombres plurales. Tendría entonces que haber sido un aposento privado repleto de discípulos amon- 189 Salir del aposento de oración tonados y sudando o debe significar un lugar lo suficientemente grande como para una reunión grupal. He descubierto que en 1611, cuando la Biblia Reina Valera fue traducida, uno de los primeros usos de la palabra «aposento» era la idea de una sala de reuniones privada, lo cual tiene total sentido para esa traducción en particular.5 La aplicación histórica de este principio se ve en Hechos 1:12-2:1, en donde los discípulos están reunidos en un aposento alto, disfrutando de un tiempo de oración en grupo alejados del ojo público. Este patrón continuó en Hechos, cuando respon- dieron a la persecución (Hechos 4:23-31), se dedicaron a interce- der por un líder encarcelado (12:12-17), y buscaron la dirección del Señor para el ministerio (13:1-3). Avanzaron colectivamente orando de rodillas. Muchos creyentes se esfuerzan en aprendercómo orar. Por siglos, cientos de volúmenes se han escrito sobre la teología y la práctica de la oración. Sin embargo, a menudo, el principio más fundamental ha sido descuidado. Los cristianos menos crecidos deben aprender a orar en grupo con los creyentes maduros. La oración es vital para la transformación y, como parte del proce- so, la oración colectiva se hace indispensable. Si yo fuera el diablo Cada semana escribo un devocional, que se distribuye por co- rreo electrónico a los que se han inscrito para recibirlo.6 Re- cientemente, mi hijo, que trabaja para nuestro ministerio en la coordinación de mi horario, ha puesto estos devocionales en formato de libro.7 Un devocional reciente se titulaba «Si yo fue- ra el diablo». (Mi esposa comentó que algunos días ella piensa que ¡yo lo soy!). Me di cuenta de que, mientras que el diablo NO es omnis- ciente, sí es brillante, sobrenatural y astuto debido a miles de años de experiencia. Él sí que sabe algunas cosas. Él conoce la Biblia (Santiago 2:19), por lo que conoce la estrategia de Dios para derrotarlo —y el papel vital de la oración—. Él conoce la historia de la iglesia. Está plenamente consciente de que sus mayores derrotas han llegado durante las etapas de avivamiento y restauración espiritual, y que cada uno de estos períodos de gran transformación espiritual ha tendido sus raíces en los movimientos de oración bíblica unida. 190 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Él también conoce la naturaleza humana. Observa nuestra tendencia a vivir separados de la provisión sobrenatural de Dios para nuestras vidas. Estuvo activo en Laodicea, por ejemplo, cuando ayudó a esa iglesia a vivir por su propia riqueza, esfuer- zos y suficiencia en lugar de buscar la intimidad con su Salvador. A él le gustan las cosas de esta manera. Por lo tanto, si yo fuera el diablo, haría uso de mis mejores herramientas engañosas para alejar a los cristianos de orar de manera transformadora, y sobre todo para evitar que oren jun- tos. Los mantendría ocupados y aislados unos de otros. Haría todo lo posible por tenerlos distraídos y desinteresados en las reuniones de oración bíblicas, equilibradas y vivificantes. Y para lograr todo esto, haría lo siguiente: • Alimentar el espíritu con un fuerte individualismo. Al mantener a los cristianos independientes unos de otros, los man- tendría independientes de Dios. Los tendría frustrados en sus vi- das de oración personal al impedirles el aprender a orar a través de la comunión colectiva. • Fomentar tiempos de oración aburrida. Cuando trataran de orar juntos, me aseguraría de que las reuniones de oración se basaran más en las necesidades humanas que en el poder de Dios. Haría todo lo posible para fomentar el aburrimiento y el chisme en estas reuniones, por lo que la mayoría de las personas permanecerían alejadas de estos apáticos tiempos de «oración». • Deleitarme en la ortodoxia teológica sin pasión espiri- tual. Yo sabría lo efectivo que es hacer que los cristianos aman- tes de la Biblia se deleiten en la corrección teológica sin tener intimidad espiritual. Funcionó muy bien en Éfeso (vea Apoca- lipsis 2:1-7), una iglesia que una vez fue grande y dejó de amar a Jesús, a pesar de que tenía gran teología y enseñanza. Dejaría que se contentaran con buenos sermones y grandes ideas teológicas que se hicieran realidad en sus corazones, y les robaran tiempo de oración. • Animar la poca predicación sobre la oración. Sabría que los sermones sobre la oración con frecuencia caen en oídos sor- dos, sobre todo cuando los líderes no son modelos de oración. Me gustaría mantener a los pastores contentos al hablar sobre inspira- doras ideas de oración, siempre y cuando, realmente, no lleven a sus congregaciones a extraordinarias reuniones de oración. Sabría que la información sobre la oración sin un verdadero accionar de oración distancia a los cristianos de la realidad espiritual. 191 Salir del aposento de oración • Promover el «éxito» en el ministerio. Aunque suena loco, podría incluso promover el crecimiento de la iglesia como un re- emplazo para el avivamiento real. Despertaría un interés por los números, las actividades, estrategias y eventos. Esto los mantendría alejados del quebrantamiento, el arrepentimiento y la pasión por la presencia transformadora de Dios; los distraería de una búsqueda real de esos avivamientos que han minado mis nefastos esfuerzos. Al saber que no puedo impedir que las personas reciban la vida eterna debido al poder del evangelio, por lo menos trataría de alejarlos de la recompensa eterna haciéndolos confiar en su propia carne y no en el Espíritu de Dios para sus esfuerzos ministeriales. Sí, si yo fuera el diablo, esta sería una de mis más importantes estrategias. Reuniría a mis más sutiles y engañosas tropas y herra- mientas para evitar la oración transformadora y el avivamiento espiritual a toda costa. Siempre y cuando los cristianos se mues- tren sinceros, pero aislados; activos, pero sin poder; entreteni- dos, pero poco profundos, yo ganaría. El plan de Jesús: unidos en la transformación A pesar de las intenciones malévolas del diablo, el Señor Jesús tiene un plan triunfante y sobrenatural y debemos aceptarlo con decisión. En Marcos 11:17 Jesús dejó claras sus intenciones: «Y les enseñaba, diciendo: “¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones”». Jesús sabía la clase de poder que era capaz de desatar en personas humildes y dependientes que le permitieran hacer brotar el fruto del Espíritu y el poder a través de la oración. Una vez más, es por eso que Él comenzó la iglesia con su pueblo orando de rodillas. Él afirmó y bendijo la iglesia de la misma manera. Aún hoy, Él quiere que su iglesia se caracterice por un ambiente de oración vivificante. Pablo, al instruir a Timoteo en cómo establecer la función y el orden de la iglesia, en su primera carta a su joven discípu- A pesar de las intenciones malévolas del diablo, el Se- ñor Jesús tiene un plan triun- fante y sobrenatural y debe- mos aceptarlo con decisión. lo, dejó nuevamente bien clara la prioridad de la oración. Él escri- bió: «Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peti- ciones y acciones de gracias, por todos los hombres» (1 Timoteo 2:1). No se suponía que la oración 192 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA fuese lo único que la iglesia hacía, pero sí lo primero. Esa es la manera en que Jesús quería que fuera. El «porqué» detrás del «dónde» Hemos visto que una parte vital de la oración transformadora es la prioridad de orar en colectivo. De este modo, aprendemos a orar con mayor eficacia (suponiendo que estos encuentros de oración son, por naturaleza, transformacionales). Disfrutamos de una mayor solidez y responsabilidad. Hemos visto que nuestra cultura de fuerte individualismo ac- túa contra el entendimiento bíblico, y que nuestra interpretación del «aposento» puede haber alimentado nuestras excusas para no reunirnos con mayor pasión. Hemos visto que es probable que el enemigo de nuestras almas esté trabajando para mantenernos alejados de poderosas experiencias de oración. Y aun así, Jesús ha dejado claro que Él desea que seamos «casa de oración». Sin embargo, al final, regresamos al punto de partida —para la gloria de Dios—. Quiero referirme de nuevo a los comentarios de Pablo sobre el objetivo de que la iglesia se reúna en oración. Él es- cribió: «Cooperando también vosotros a favor nuestro [ayudando y trabajando junto a nosotros]. Por lo tanto [los labios de] muchas per- sonas [vueltos hacia Dios con el tiempo] dan gracias a favor nuestro por la gracia [la bendición de la liberación] que nos concedió, a peti- ción de los muchos que han orado» (2 Corintios 1:11 [AMP]). Pablo nos recuerda que cuando oramos juntos y damos testi- monio de las respuestas de Dios a la oración, Él recibe una mayor acción de gracias porque hemos orado juntos. Cuando oramos juntos y basamosnuestras oraciones en la adoración no solo Dios se glorifica en nuestro propio acto de adoración colectiva, sino también en nuestro reconocimiento permanente de su poder transformador, tanto dentro como a tra- Pablo nos recuerda que cuan- do oramos juntos y damos testimonio conjunto de las res- puestas de Dios a la oración, Él recibe una mayor acción de gracias. vés de nosotros, en la medida en que se extiende su evange- lio y su gloria en este mundo. (Para obtener información de- tallada sobre cómo organizar una reunión de oración en la iglesia local, visite www.trans- formingprayerbook.com). Ahora soy completamente libre: Un trofeo de la transformación por Sandi S. (ama de casa, California) Durante dieciséis años he practicado esto que se llama oración basada en la adoración, tanto en grupo como en privado. En ese tiempo, he aprendido a reconocer la voz de Dios y saber cuándo Él está hablándome. Muchas veces he experimentado la presencia sentida de Dios cuando Él «aparece» entre su pueblo mientras oran juntos. He visto al Señor sanar a los enfermos, dar sentido a la vida de los cristianos que están deprimidos o tienen deseos suicidas, y avivar el fuego de la pasión por Él, el cual se había enfriado para muchos creyentes, pero que ahora ha devuel- to la vida a sus ojos y la alegría a sus corazones. Incluso he visto a personas salvarse: personas que pensaban que eran cristianas porque iban a la iglesia, oraban y sirvieron a Dios toda su vida, pero nunca habían rendido su voluntad a la de Dios y pidieron perdón. El efecto que este tipo de oración ha tenido en mí es una fe en Dios tan rica y profunda que las pruebas que he enfrentado —desempleo por mucho tiempo, dificultades financieras, exclu- sión, ataques demoníacos, aborto involuntario, embarazo de alto riesgo, y años con dolor crónico— no la han sacudido. Esa fe ha fortalecido mi matrimonio y lo ha llenado de amor, ha man- tenido nuestra unidad familiar y traído una alegría inexplicable a mi alma. Muchas personas me han dicho: «En mi mente, yo oro todo el día. ¿No es eso suficiente?» Yo les respondo: «No. Presentar una lista de “quiero esto” y “dame aquello” sin primero pasar tiempo agradeciendo a Jesús, quien ha sacrificado tanto por no- sotros, sin alabarlo, honrarlo y confesar nuestros pecados a Él, es como escupir arrogancia a la cara de Dios. Ese tipo de oración es egoísta y produce pocos resultados, si diera alguno. Yo le diría a aquellas personas: “si usted escucha la enseñanza de Jesús so- bre el tema de la oración y luego la aplica, experimentará a Dios como nunca antes, y ¡nunca querrá volver a su antigua manera de oración!”». 195 CAPÍTULO 17 Su función en el avivamiento orgánico Si Jesús respondiera a todas sus oraciones a partir de los últimos treinta días, ¿cambiaría algo en EL mundo o simplemente cambiaría SU mundo? John w. BrySon Vida nos darás, e invocaremos tu nombre. ¡Oh Jehová, Dios de los ejércitos, restáuranos Haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos! SalMo 80:18-19 Imagínese que despierta una mañana y descubre estos titulares en primera plana en los periódicos de todo el país: • Detroit News: Tres mulás islámicos y decenas de otros líderes musulmanes islámicos se unen a las iglesias cristianas. • Washington Post: Cinco sacerdotes judíos dejan la sinagoga para seguir a Jesús después de experimentar una impresionante conversión. • Seattle Times: Las encuestas muestran ventas de la Biblia en un 200 % en las semanas recientes. • San Francisco Chronicle: Bill Maher se disculpa con los cristia- nos luego de experimentar el nuevo nacimiento. • Miami Herald: Librerías para adultos cierran en toda la re- gión luego de un dramático descenso en las ventas. • Denver Post: Iglesias en la zona registran récord de asistencia. Los líderes religiosos no pueden explicar por qué. ¿Podrían estas cosas realmente suceder? ¿El poder transfor- mador de Jesucristo todavía es capaz de lograr tales hazañas? 196 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA ¿Mueve todo esto tu corazón a soñar con ser parte de este tipo de movimiento del Espíritu de Dios? Algo muy parecido a estos titulares aparece en el Nuevo Tes- tamento, en uno de mis pasajes de «restauración» favoritos. En los primeros cinco capítulos de Hechos, las personas eran «aña- didas» a la iglesia todos los días. En Hechos 6:1, el número de los discípulos se «multiplicaba». Algunos estiman que, en este punto, la iglesia podría haber llegado a alrededor de veinte mil hombres y mujeres.1 Sin dudas, la iglesia estaba viva por el poder de Cristo. Sin embargo, solo seis versículos más adelante leemos este relato de una iglesia reanimada: «Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos “se multiplicaba” grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe» (Hechos 6:7). Imagine esto. Los discípulos ya están creciendo innumerable- mente. Ahora se están «multiplicando en gran manera». ¡Trate de contar eso! Además, la «Palabra de Dios se extendió» de una manera profunda, incluso más allá del impacto anterior. Ahora, una «gran parte de los sacerdotes» se están volviendo obedientes a la fe. ¡Increíble! Estos duros opositores del Evangelio habían conspirado para crucificar a Cristo. Habían estado persiguiendo a la iglesia. Ahora un gran número de ellos se están convirtiendo al cristianismo. ¡Qué increíble resurgimiento del poder de Dios por medio de su pueblo! ¿Qué desencadena el avivamiento? Si examina Hechos 6 para ver lo que provocó este increíble mo- vimiento del Espíritu, no se encontrará con tres pasos rápidos para el crecimiento de la iglesia. De hecho, aprenderá que esta situación vino a la luz a partir de un problema importante debi- do a la negligencia involuntaria en el programa de distribución diaria de alimentos a algunas viudas. En este problema se alzaba el potencial de división y distracción. La solución se basaba en dos decisiones importantes. En pri- mer lugar, los líderes decidieron no saltar y diseñar un nuevo programa. En lugar de ello, dijeron: «Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la Palabra» (Hechos 6:4). En segundo lugar, tenían una confianza auténtica en la suficiencia de Espíritu en medio de su pueblo para resolver el problema a través de la selección de un equipo piadoso de coordinadores. 197 Su función en el avivamiento orgánico Dios bendijo su fe y desató una nueva ola de poder espiritual que expandió el evangelio en gran manera. Creo que estos apóstoles sabían, primero y ante todo, que necesitaban mantener el ambiente de poder espiritual que había demostrado ser el secreto de la bendición de Dios. Este fue un ambiente de oración extraordinaria y osada adhesión a la Palabra. Ellos sabían que para que este ambiente creciera, tendrían que guiarlo con su propio ejemplo. Dedicaban mucho de su tiempo a orar juntos y guiar la iglesia hacia la búsqueda del Señor. Lamentablemente, hoy tenemos un escenario diferente en la mayoría de las iglesias. Los líderes se han convertido en diseña- dores de programas, administradores experimentados y aquellos que solucionan los problemas. Las personas por lo general se sientan y se amargan al ver cómo los profesionales dirigen el espectáculo. El poder que vemos en Hechos 6:1-7 adopta una imagen diferente. La renovación no significa una semana de reuniones evangelís- ticas o una cruzada de sanidad televisada. Es un período de inusual bendición cuando Dios trae un reavivamiento sobrenatu- ral a su pueblo. Necesitamos una renova- ción como la de Hechos 6. Y la renovación no significa una semana de reuniones evange- lísticas o una cruzada de sani- dad televisada. Es un período de inusual bendición cuando Dios trae un reavivamien- to sobrenatural a su pueblo. El Dr. A.T. Pierson, pastor y líder durante la década del 1800, expresó: «Nunca ha ha- bido un despertar espiritual en cualquier país o localidad que no comenzara en la oración unida».2 Se cree ampliamenteque siempre que Dios quería traer una gran obra de avivamiento, Él comenzaba llevando a su pueblo a orar de rodillas. Vemos este principio en 2 Crónicas 7:14 («Si se humillare mi pueblo…, y oraren, y buscaren mi rostro…»), y lo vemos demostrado en una nueva ola de poder en Hechos 6:1-7. La historia ha demostrado el poder de los grandes avivamien- tos para despertar al pueblo de Dios de su sueño espiritual y llamarlo a la humildad, al arrepentimiento y a una nueva deses- peración por la presencia y el poder de Cristo. Como resultado, la iglesia se ha convertido en un canal del poder sobrenatural de 198 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Cristo para despertar una sociedad usando el poder del evange- lio. Por lo general, cuando ha habido un avance evangelístico sin precedentes y muchas bendiciones se han visto en nuestra cultu- ra, ha sido a causa del impacto positivo del evangelio. Si nunca lo ha hecho, le animo a leer algunos de los increíbles relatos de avivamientos que sacudieron a los Estados Unidos y al mundo en siglos pasados.3 Saltar desde el acantilado En 2007, fui tan cautivado por la necesidad de un avivamiento y por mi deseo de tener algún papel pequeño en activar la clase de oración que nos puede llevar en esa dirección, que hice algo loco. Salí de la seguridad y la importancia de guiar una gran iglesia y me convertí en un misionero dedicado a recaudar fon- dos y ayuda. En esencia, salté por el precipicio sin un paracaí- das con el fin de tener la libertad de hablar, escribir, conducir eventos de oración, y de alguna manera ayudar a fomentar un avivamiento muy necesario. Pasé de ser un pastor principal a tiempo completo a ser un «pirómano espiritual». Por supuesto, lo hice en secuencia perfecta con la peor situación económica en 70 años. Sin embargo, Dios ha sido fiel, y el ministerio ha sido fructífero. ¿Por qué iba alguien a hacer algo tan loco? La respuesta es que mi corazón está impulsado por una «visión». La visión ha sido descrita como una imagen de lo que «podría ser» de con- junto con la convicción de lo que «tiene que ser». Por tanto, si Cristo comenzara a moverse de tal manera que los creyentes de todo el país, el continente, y el mundo empezaran a humillarse, oraran y buscaran su rostro, y se volvieran de sus malos caminos, ¿cómo sería ver a Dios escuchando desde el cielo, perdonando nuestros pecados y sanando nuestra tierra? Este sería nuestro mayor BHAG (Big Hairy Audacious Goal) [término utilizado en inglés para referirse al resultado que una compañía alcanzará en un tiempo de 10 a 30 años]. ¿Podemos soñar juntos que Cristo podría despertar nuestra sociedad mientras vivimos? En última instancia, el objetivo no es solo que usted expe- rimente la transformación o que su círculo de amigos sienta el cambio o, incluso, que su iglesia se reanime espiritualmente. Si estas realidades son auténticas, se extenderán a la comunidad y aún más allá, de una manera poderosa y enaltecedora de Cristo. 199 Su función en el avivamiento orgánico ¿Podemos organizar un despertar? En la actualidad, parece que todo el mundo está tratando de generar emoción por otro evento o programa de avivamiento. Abundan las ideas sobre cómo todos tenemos que reunirnos en alguna gran reunión para conseguir un toque de transfor- mación entre las multitudes que han viajado desde muy lejos para encontrar un nuevo punto de vista sobre la oración y la renovación. Algunas de estas reuniones están diseñadas para hacer descender fuego de Dios; otras se centran en la nece- sidad de esperar tranquilamente por alguna nueva revelación. Estoy seguro de que los organizadores son sinceros y cierta- mente dedicados. Cada uno tiene algunas pautas bíblicas que motivan toda la actividad. Ciertamente, Dios puede usar estos eventos para su gloria. Sin embargo, todos son caros y complicados de organizar. La maquinaria promocional necesaria para lograr que estos eventos ocurran es realmente gigantesca. Los dólares fluyen como el agua en el momento en que «luces, cámaras y acción» están preparadas para el gran día en que Dios se mostrará. En algunos casos, los cristianos famosos son clave para atraer a una multitud. Supongo que los participantes podrían alejarse pre- guntándose quién realmente se llevó el crédito del gran evento, y quién se quedó con el dinero sobrante. Se siente como si hu- biéramos financiado la grandiosidad visionaria de otra persona. Honestamente, me pregunto si esto es realmente el mejor plan del Señor para revivir su iglesia. En el apuro de lograr En el apuro de lograr que Dios aparezca en otra reunión de avi- vamiento, me pregunto si tal vez necesitamos reducir la velocidad, bajar el tono y aquietarnos en una transformación espiritual humilde, tranquila y radical que nos haga ver que los avivamientos nacen en la intimidad y la oscuridad. que Dios aparezca en otra reunión de avivamiento, me pregunto si tal vez necesita- mos reducir la velocidad, ba- jar el tono y aquietarnos en una transformación espiritual humilde, tranquila y radical que nos haga ver que los avi- vamientos nacen en la intimi- dad y la oscuridad. 200 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Soñando de manera orgánica Estoy soñando con algo más orgánico; y espero que usted tam- bién. Orgánico se refiere a algo «que surge como una consecuen- cia natural». La visión por el avivamiento orgánico que hoy mue- ve mi corazón es la siguiente: «Movimientos locales de exalta- ción a Cristo guiados por un pastor y orientados hacia la iglesia; además de la oración basada en la adoración. Todo esto lleva a una renovación a gran escala, al evangelismo sobrenatural y a la transformación cultural». Mis amigos la llaman mi larga visión. Dicho más simplemente, es ver el siguiente Gran Despertar en nuestra generación. En esencia, esto es lo que impulsa mi deseo de equipar a los pastores y a quienes no lo son para experimentar la oración transformadora en el contexto de su vida. Es el anhelo de ver a las iglesias convertirse en casas de oración, llenas de pasión es- piritual y firmeza. Claramente, el objetivo no es la exaltación de cualquier iglesia, ministerio o personalidad, sino que Cristo reci- ba gloria en la medida en que las congregaciones de todo el país despiertan ante su poder y propósitos. Es la oración basada en la adoración lo que trae un profundo arrepentimiento al estar en la presencia de Dios, una creciente desesperación por su poder y una pasión inextinguible por su renombre. Es la oración basada en la ado- ración lo que trae un profundo arrepentimiento al estar en la presencia de Dios, una creciente desesperación por su poder y una pasión inextinguible por su renombre. Creo que en la medida en que los pastores abracen un extraordi- nario compromiso con la oración y la Palabra del Señor (Hechos 6:4), y los creyentes participen en las experiencias de la oración transformadora, un avivamiento a gran escala podría ocurrir en el entorno de las iglesias que oran. Ascendería el nivel del río del avivamiento. Congregaciones en el Norte, Sur, Este y Oeste, ya sean grandes o pequeñas, y de diversas denominaciones, experi- mentarían su gloria. A raíz de este movimiento, se produciría un profundo evangelismo, como históricamente ocurrió en los avi- vamientos anteriores. En última instancia, nuestra cultura sería transformada por el evangelio, lo cual se manifestaría a través de una iglesia gloriosa. Entonces, la marea cambiaría de dirección.4 201 Su función en el avivamiento orgánico El cambio empieza ahora Usted puede ser una parte vital de esta visión apasionante y esen- cial. Recuerde que este tipo de avivamiento comienza en mi co- razón, mi hogar, mi iglesia y mi comunidad. Si usted ora así por mí, y yo oro así por usted, y obramos en fe para buscar su rostro, algo orgánico y glorioso podría ocurrir. Vale la pena soñarlo, vale la pena buscarlo, y vale la pena vivir por ello. Mi amigo Byron Paulus dice: «La mayor valla publicitaria de un avivamientoes una vida transformada». Ese es el hermoso resultado de la oración transformadora. Gracias por acompañar- me en este viaje. ¡Que Dios sea glorificado! APÉNDICES 205 APÉNDICE 1 Los privilegios, posibilidades y provisiones relaciona- dos con la oración He oído decir que nada es dinámico hasta que no se especifica. Expresar que el poder y el potencial de la oración son dinámicos es una redundancia equivalente a decir que el sol es brillante y caliente. Pero aun así, la especificidad alimenta una apreciación más profunda. Contar las muchas bendiciones y beneficios de la oración puede encender una visión fresca y una pasión por lo que Cristo puede hacer «en nosotros», «por nosotros», y «a través de nosotros» cuando nos abrazamos seriamente a la ora- ción. Tomemos un momento para considerar los privilegios, ex- plorar las posibilidades e imaginar la provisión disponible para nosotros debido al regalo de la oración de parte Dios a nuestros corazones. La oración tiene sus privilegios Considere los privilegios disponibles para nosotros mediante la oración: • Experimentamos el ejercicio espiritual más íntimo y po- deroso conocido por la humanidad (Salmo 131; Romanos 8:14; Gálatas 4:6). • Hablamos con el Señor libremente con palabras crudas y poco elegantes —pero entendidas por un Dios omnisciente y omnipo- tente— acerca de nuestras luchas secretas, nuestros sentimientos frustrados y nuestros motivos sombríos (Salmo 62:8; Hebreos 4:16). 206 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA • Encontramos protección cuando somos vulnerables y ex- perimentamos seguridad (Salmo 34:4; 56:3; 2 Corintios 1:8-11). • Aceptamos nuestras debilidades, sometemos nuestros de- rechos y pedimos ayuda al único que puede crear un cambio permanente en nuestras vidas (2 Crónicas 20:12; Salmo 40:17; Lucas 22:42; 2 Corintios 12:8-10). • Permanecemos a través de la conexión íntima con el poder vivificante del Cristo resucitado (Juan 15:4-5; Efesios 3:16-19; Colosenses 1:9-10). • Cambiamos nuestras ansiedades por la paz que sobrepasa todo entendimiento (Salmo 29:11; Isaías 26:3; Filipenses 4:6-7). • Recibimos sabiduría ante las perplejidades y dudas que en- frentamos (2 Crónicas 1:10; Proverbios 2:3-6; Santiago 1:5). • Echamos nuestras cargas sobre aquel que tiene el poder de que todas las cosas obren para nuestro bien y para su gloria (Salmo 55:22; Romanos 8:26-28; 1 Pedro 5:7). • Personas desesperadas y perdidas reciben la misericordia y la gracia que salva y transforma (Lucas 18:13; Romanos 10:13). • La fe crece y el pueblo de Dios se levanta para clamar a Él con denuedo por hazañas milagrosas provenientes de su mano (Jeremías 33:3; Marcos 9:23-24; 11:23-24; Hechos 12:5-8). • Recibimos gracia para llegar a ser como Cristo, aun cuando los problemas persisten y las cargas permanecen (2 Corintios 3:18; 12:9-10). • Encontramos el poder y la perseverancia para derrotar a Sa- tanás y vencer sus planes (Lucas 22:32; Efesios 6:18; Santiago 4:7). • Descubrimos la belleza y el poder de la intimidad y la satisfac- ción que emanan de la relación con Dios (Salmo 27:4, 8; 73:25-26). Explore las posibilidades Considere las posibilidades disponibles a través de la oración: • Los creyentes descubren un nivel de confianza y unidad de co- razón que es verdaderamente sobrenatural, dadas nuestras muchas diferencias de perspectiva y personalidad (Hechos 01:14; 13:1-2). • Las familias reciben gracia, salud y amor constante para sacrificarse y permanecer juntos (Salmo 127; Hechos 16:31-34). • Dios anima, prepara e impulsa a los cristianos a participar activamente en su misión de evangelización en este mundo (Ma- teo 9:38; Hechos 4:31; 13:1-3). 207 Los privilegios, posibilidades y provisiones relacionados con la oración • Los líderes reciben visión sobrenatural en la verdad de la Palabra de Dios y sabiduría para pastorear al pueblo de Dios (Hechos 6:2-4; Hechos 13:1-2). • Los grandes avivamientos han visto la luz, lo que ha llevado a la transformación impresionante y duradera de vidas, iglesias, y hasta comunidades y naciones (Hechos 6:7). • Recibimos audacia, sabiduría y oportunidades para compar- tir la verdad del evangelio (Efesios 6:18-20; Colosenses 4:3-4). • Dios obra poderosamente para traer gloria a sí mismo; no a través de esfuerzos humanos, sino de nuestra humilde depen- dencia de Él (2 Crónicas 20:18-23; Juan 17; 2 Corintios 1:10-11). Abundante provisión Considere cómo Dios ha provisto todo para que nosotros po- damos orar: • Cristo fue a la cruz y ofreció su vida y su sangre demostran- do el precio pagado por el privilegio de la oración (Efesios 2:18; Hebreos 10:12-14). • El velo del templo se rasgó milagrosamente en dos partes para demostrar la disponibilidad de la presencia y el poder de Dios a través de la obra consumada de Cristo (Mateo 27:50-51; Hebreos 6:19-20; 10:19-22). • Corazones pecaminosos son limpiados y se convierten en templos permanentes de su Espíritu, el cual nos enseña y nos guía a una intimidad más profunda y a un mayor poder (Roma- nos 8:15-17; 26-27; 1 Corintios 2:9-12). • Jesús ahora vive intercediendo perpetuamente por noso- tros ante el Padre, como nuestro Sumo Sacerdote compasivo, de modo que nuestras oraciones puedan ser escuchadas y respondi- das (Romanos 8:34; Hebreos 7:25; 1 Juan 2:1-2). • El Santo de los Santos está atento las 24 horas durante los 7 días de la semana con una señal de bienvenida que le dice a todo ver- dadero creyente: «¡Entra sin temor!» (Hebreos 4:14-16; 10:19-22). 208 APÉNDICE 2 Encuentros cara a cara con Dios expuestos en la Bi- blia Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento encontra- mos relatos de personas bendecidas y cambiadas por un encuen- tro con el rostro de Dios. Antiguo Testamento • Abraham se encontró con la presencia del Dios Todopode- roso y cayó sobre su rostro en humilde adoración (Génesis 17:3). La bendición concerniente al pacto de Dios y la promesa de un hijo surgieron de este encuentro. • Moisés habló con el Señor «cara a cara, como habla un hombre con su amigo». Él enseñó a Josué a hacer lo mismo (Éxodo 33:11-12). Lo que distingue sus vidas y liderazgos es que el Señor estaba con ellos (Josué 1:17; 3:7). Buscaron su rostro y vieron su presencia. Sin embargo, Moisés experimentó una inti- midad única. En el momento de su muerte se señaló: «Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya co- nocido Jehová cara a cara» (Deuteronomio 34:10). • Las hazañas militares de Gedeón incluyen un momento en el que se encontró con el ángel del Señor y recibió la seguridad de la paz y la promesa de la poderosa presencia de Dios. En respuesta declara: «Ah, Señor Jehová, que he visto al ángel de Je- hová cara a cara» (Jueces 6:22). La confianza y el coraje surgieron cuando este líder se encontró con Dios. 209 Encuentros cara a cara con Dios expuestos en la Biblia • David escribió convincentemente acerca de su experiencia de buscar el rostro de Dios. En el Salmo 17:15 dijo: «En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza». Él describió a los verdaderos adoradores, a aque- llos que caminan en la bendición de Dios, como «la generación de los que le buscan, de los que buscan su rostro» (Salmo 24:6). En el Salmo 27:4 expresó que su único deseo era experimentar la presencia de Dios y contemplar la hermosura del Señor. En me- dio de la persecución y la perplejidad David escribió: «Haz res- plandecer tu rostro sobre tu siervo; sálvame por tu misericordia» (Salmo 31:16). Él sabía que la intimidad cara a cara con Dios era el secreto de su integridad y su sabiduría (Salmo 41:12; 119:135). Cuando esa intimidad fue interrumpida, David lo supo. En el Salmo 30:7 escribió: «Porque tú, Jehová, con tu favor me afir- maste como monte fuerte. Escondiste tu rostro, fui turbado». Una vez más, en el Salmo 27:9 oró: «No escondas tu rostro de mí. No apartes con ira a tu siervo; mi ayuda has sido. No me de- jesni me desampares, Dios de mi salvación». También podemos ver en la Palabra su gran oración de confesión en la que reco- noce su transgresión de la santa presencia de Dios: «Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades» (Salmo 51:9). David era un hombre conforme al corazón de Dios —y comprendió lo que significaba buscar su rostro—. • Job, un hombre de gran integridad, paciencia y resistencia, fue probado severamente por Dios en casi todos los aspectos de su vida. Durante su audiencia personal con el Dios Todo- poderoso Job aprendió la lección fundamental de su encuentro. En respuesta Job oró: «De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza» (Job 42:5-6). Al estar cara a cara con Dios, Job se dio cuenta de los profundos problemas de su corazón, se arrepintió, y fue al siguiente nivel en su intimidad con el Todopoderoso. Las bendiciones siguieron. • Isaías vio al Señor alto y sublime, rodeado de serafines y radiante en su santidad (Isaías 6:1-8). Este encuentro cara a cara lo llevó a clamar a modo de confesión: «¡Ay de mí, que soy muerto!». A partir de ese momento increíble de adoración, con- fesión y limpieza, Isaías recibió su llamado y respondió: «¡Heme aquí! Envíame a mí». Cuando buscamos el rostro de Dios somos limpiados, cambiados y llamados para el trascendental servicio de su reino. 210 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Nuevo Testamento • Tomás vio la fe y la esperanza de sus amigos después del encuentro que habían tenido con el Cristo resucitado. Tomás no estaba entre ellos en su encuentro inicial. Días más tarde, cuando Jesús apareció de nuevo, él lo «vio por sí mismo». Dirigiéndose directamente a Tomás el Señor le dijo que tocara sus heridas, pero todo lo que Tomás tuvo que hacer fue ver a Jesús para que su duda fuera transformada en una valiente declaración en la que proclama que Jesús es su Señor y su Dios (Juan 20:28). • Pablo estaba en un viaje a la caza de la «gente del camino», las cuales se multiplicaban como conejos y representaban una amenaza para el sistema religioso judío. En el instante en que conoció cara a cara al Señor resucitado cayó al suelo. En los días siguientes quedó físicamente ciego, pero fue cautivado por el rostro de Cristo mientras oraba en la calle Derecha (Hechos 9:11). Su hambre creció tanto que pasó tres años en un desierto en busca de Cristo y aprendiendo de Él. El tiempo cara a cara hizo de Pablo el mayor misionero que el mundo haya conocido. • Juan, el más viejo de los apóstoles, fue desterrado a la isla de Patmos. Mientras adoraba en el día del Señor se encontró en un poderoso momento cara a cara con el Jesús resucitado. Lue- go, describió el rostro de Cristo con estas palabras: «Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego […]; y su voz como estruendo de muchas aguas […]; y su rostro era como el sol cuando resplan- dece en su fuerza» (Apocalipsis 1:14-16). ¿Y qué hizo Juan? Él escribió: «Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y Él puso su diestra sobre mí, diciéndome: “No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”» (Apocalipsis 1:17-18). Este es el Cristo cuyo rostro nosotros buscamos. ¿Cómo aun conociendo el privilegio de la oración podemos conformarnos con cosas inferiores? ¿Cómo podemos seguir siendo los mismos cuan- do nos encontramos con el Dios vivo en la auténtica intimidad? 211 APÉNDICE 3 ¿Cómo oró Jesús? • Mateo 11:25: Dio las gracias al Padre por su placer al ocul- tarles a algunos la verdad y revelársela a otros. • Juan 11:41-42: Jesús le da gracias públicamente al Padre por escuchar sus oraciones, pues así otros creen que Él le ha enviado. • Juan 12:27-28: Jesús reconoce abiertamente que su alma está atormentada debido a su sacrificio inminente en la cruz, pero afirma su compromiso con el propósito de su venida a la tierra al declarar: «Padre, glorifica tu nombre». • Juan 17: En su oración sacerdotal Jesús reflexiona sobre la tarea consumada de dar gloria al Padre por medio de su minis- terio terrenal, mientras pide por la preservación espiritual y la unidad de sus seguidores para que el mundo incrédulo crea que el Padre ha enviado al Hijo. • Lucas 22:31-32: Jesús ora por Pedro para que su fe no falle mientras «Satanás lo zarandea como a trigo» y al regresar a Cristo pueda fortalecer la fe de otros. • Mateo 26:39, 42; Marcos 14:36; Lucas 22:42: Jesús ora al Padre deseando que «la copa de sufrimiento» pasara de Él, pero declarando: «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». • Mientras sufría en la cruz Jesús ora al Padre tres veces. Pri- mero dice: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen» (Lucas 23:34). Una increíble oración de misericordia y gracia. Luego expresa: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desampa- rado?» (Mateo 27:46; Marcos 15:34), lo que revela el peso de la 212 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA condenación del pecado que Jesús llevó en nuestro nombre. Y por último dice: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas 23:46), momento en el que Jesús se ofrece voluntaria- mente para morir y así completar la obra expiatoria. 213 APÉNDICE 4 Las peticiones de oración de Pablo En 2 Corintios 1:9-11 vemos que los corintios habían estado orando por Pablo debido a que se había enfrentado a la muerte en Asia Menor. No sabemos exactamente lo que expresaron en sus oraciones, pero sí sabemos que Pablo fue liberado de su con- fianza en sí mismo y de esta prueba que puso en peligro su vida. El resultado fue una mayor fe en Cristo y que todos se unieron para agradecer a Dios. En Romanos 15:30-33 Pablo les ruega a los creyentes de Roma que por su gratitud a Cristo y el amor del Espíritu en sus corazones le ayuden orando por él. Él les solicita específica- mente que oraran para que fuera guardado de los enemigos del evangelio, para que su ofrenda de amor a la iglesia que sufría en Jerusalén fuera bien recibida, y para que por la voluntad de Dios pudiera llegar con alegría a Roma, donde esperaba encontrar re- frescante descanso en compañía de los hermanos. Al considerar la petición de oración de Pablo por la liberación es acertado pensar en su conversación con los ancianos de Éfe- so, la cual ocurrió mientras se encontraba en este mismo viaje a Jerusalén y luego a Roma. Él les dijo en Hechos 20:22-24: « […] voy Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer; salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio, diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones. Pero de nin- guna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de 214 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Dios». Parece que su deseo de ser liberado y sobrevivir era por el evangelio, no por su propia comodidad o por ser librado del sufrimiento. En Efesios 6:19 Pablo añade una posdata personal a su gran enseñanza sobre la guerra espiritual al pedir oración por el si- guiente motivo: «a fin de que al abrir mi boca me sea dada pala- bra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio». Él escribió esto desde la cárcel, pero no mencionó que oraran para que fuera liberado de la prueba dolorosa que estaba pasan- do o por su necesidad de unas vacaciones. En Filipenses 1:19 Pablo escribe de nuevo desde la cárcel. Les pide que oren para que el Espíritu de Jesucristo permita su libe- ración. Sin embargo, en el contexto de dicho pasaje, él se con- tenta tanto con ser liberado «mediante» la muerte para obtener su recompensa eterna como con ser liberado «de» la muerte para poder continuar con sus responsabilidades de servir a los demás por medio del evangelio. Él escribió con claridad acerca de sus motivos para hacer estas oraciones cuando hablóde su gran de- seo de que Cristo también fuera magnificado en su cuerpo, o por vida o por muerte (Filipenses 1:20). Aun cuando escribía desde la cárcel, Pablo les pide a los her- manos de Colosas que oren por él: «Perseverad en la oración […] para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar» (Colosenses 4:2-4). El apasionado apóstol no parecía preocupado por su comodidad o supervivencia. Él solo quería cumplir con el propósito evange- lístico de su vida. En su primera carta a los tesalonicenses Pablo escribe de ma- nera sencilla: «Hermanos, orad por nosotros», sin incluir ninguna petición. En su segunda carta les pide nuevamente oración por ser liberado de hombres perversos y malos «para que la Palabra del Señor corra y sea glorificada» (2 Tesalonicenses 3:1). 215 APÉNDICE 5 La Biblia y la gloria de Dios Está claro en la Escritura que Cristo nos salva para la gloria de Dios y que nos aparta para sí mismo, para su gloria. Al escribir sobre nuestro Señor Jesucristo «el cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre» Pablo exclama: « […] a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (Gálatas 1:3-5). Pablo les habla a los efesios de la gra- cia asombrosa de nuestro Dios en Cristo por medio de nuestra elección, adopción y perdón «para alabanza de la “gloria” de su gracia» (Efesios 1:6), «para alabanza de su “gloria”» (v. 12), y de nuevo, «para alabanza de su “gloria”» (v. 14). En 2 Corintios 5:15 exclama que «Él por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos». Porque fuimos «compramos a un precio» somos llamados a «glorificar a Dios en [nuestro] cuerpo y en [nuestro] espíritu, los cuales son de Dios» (1 Corintios 6:20). El ya anciano apóstol Juan declaró: «Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacer- dotes para Dios, su Padre; a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén» (Apocalipsis 1:5-6). El mismo sacrificio expiatorio que Dios proveyó a través de su Hijo para salvarnos también nos abrió un camino para que entráramos en el Lugar Santísimo. El poder del Calvario rasgó el velo que separaba al hombre pecador de un Dios santo e hizo 216 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA posible una experiencia íntima con Él. Ahora, a la luz del precio que Él pagó, debemos orar por alcanzar la meta de su gloria y así abrazar el pleno propósito de nuestra salvación Apartado para su gloria Como creyentes, ahora tenemos la seguridad de que Dios está obrando en nosotros «tanto el querer como el hacer, por su bue- na voluntad» (Filipenses 2:13). Estamos siendo apartados para Dios y hechos más como Jesús. ¿Por qué? Para su gloria. Crecemos mientras abrazamos «todas las promesas de Dios» que son «Sí» y «Amén» en Cristo «por medio de nosotros para la gloria de Dios» (2 Corintios 1:20). Estamos «llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para “gloria” y alabanza de Dios» (Filipenses 1:11). Cuando entendemos su amor y poder en nosotros, esto dará lugar a su «“gloria” en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén» (Efesios 3:21). El apóstol Pedro nos recuerda que nuestra fe a veces es pro- bada con fuego para que nuestra vida «sea hallada en alabanza, “gloria” y honra cuando sea manifestado Jesucristo» (1 Pedro 1:7). Él nos recuerda servir en el poder que Dios ofrece «para que en todo sea Dios “glorificado” por Jesucristo, a quien perte- necen la “gloria” y el imperio por los siglos de los siglos» (1 Pe- dro 4:11). Él concluye su carta con la seguridad de que «el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, Él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca» para el objetivo fi- nal: que «a Él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén» (1 Pedro 5:10-11). Pedro también concluye su segunda carta recordándonos nuestro llamado a «crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» con el re- sultado de que: «A Él sea “gloria” ahora y hasta el día de la eter- nidad» (2 Pedro 3:18). Judas, el medio hermano de Jesús, nos tranquiliza con estas palabras: «Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su “gloria” con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea “gloria” y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén» (Judas 24-25). Él nos aparta para sí y nos mantiene en su gracia —para su gloria—. 217 Preguntas por cada capítulo para aplicar y debatir Estas preguntas están diseñadas para el debate en grupo, pero también puede utilizarlas como ayuda en su reflexión personal y en la aplicación de la Palabra de Dios a su vida. Introducción: El camino al cambio real 1. Hemos considerado la idea de que la oración nos cambia. ¿Puede pensar en alguna experiencia de oración en la que ha sen- tido que su vida ha cambiado de una manera poderosa? Describa la experiencia y el cambio. ¿En qué manera usted anhela más de este tipo de transformación? Ore para que Dios use las verdades de este libro para lograr esa obra en su vida. 2. ¿Conoce a otros cristianos cuyas vidas han sido transfor- madas por la realidad de la oración? ¿Alguna vez les ha pregunta- do acerca de su caminar con Cristo? Si lo ha hecho, ¿qué ha des- cubierto? Si no lo ha hecho, búsquelos y vea qué puede aprender. 3. Hoy día, muchos cristianos están satisfechos con su vida de oración. Ellos no la ven como una experiencia transformado- ra. ¿Por qué cree que esto sucede con algunos creyentes? ¿Qué cree que debe ocurrir en sus vidas para que despierten y vean el poder de la oración? Pídale al Señor que haga esta obra en su círculo de amigos y en su iglesia. Capítulo 1: Más allá de una «lista de necesidades» 1. D. Carson señala: «Los cristianos aprenden a orar escu- chando a quienes los rodean» ¿Ha aprendido a orar en su viaje 218 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA espiritual? ¿Quién ha influido de manera positiva en usted? ¿Qué enseñanza le dejó? Saque tiempo para darle las gracias por su influencia. 2. ¿Qué patrones negativos ha aprendido en sus esfuerzos por orar? ¿Cómo estos patrones han limitado su crecimiento? ¿Qué puede hacer para adoptar ideas más bíblicas en su vida de oración? 3. Revise la explicación de la oración basada en la adoración. ¿Qué aspectos de este enfoque parecen ser los más interesantes para usted? ¿Cómo podría este enfoque fomentar un mayor nivel de transformación personal en su vida? Capítulo 2: El potencial para la transformación 1. Revise la lista de privilegios que disfrutamos a través de la oración en el correspondiente Apéndice 2. Seleccione cuatro o cinco de estas ideas específicas y dedique tiempo para agradecer- le al Señor por cómo usted ha visto que se han hecho realidad en su vida. 2. Reflexione en la siguiente verdad ofrecida por Jim Cym- bala: «No vamos a estar un día ante Cristo para anunciar el “tamaño” de nuestro ministerio, sino para dar cuenta de la “sustancia” de nuestro ministerio». Compare esta idea con 1 Corintios 3:9-15. ¿Qué aspecto de su vida hoy refleja la «ma- dera, el heno y la hojarasca» de una comunión con Dios defi- ciente? ¿Cómo le gustaría ver que su vida pasó a ser «el oro, la plata y las piedras preciosas» que brotan de una vida centrada en Cristo? 3. Repase los cinco frutos de la oración transformadora que aparecen en este capítulo. ¿Cuáles son los dos que más le gustaría ver reflejados en su vida en los próximos meses? ¿Por qué? Capítulo 3: ¿Qué está impidiendo el avance? 1. En este capítulo encontrará seis realidades que pueden obstaculizar la oración efectiva. ¿Cuál de ellas usted ha experi- mentado que constituye una barreramismas. 26 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA • No es SOLAMENTE una oración de adoración. La oración bíblica equilibrada tiene muchas expresiones. No se trata de restringir su vida solamente a la adoración, sino de reavivar su vida de oración a partir de un fundamento de adoración para dis- frutar y experimentar más plenamente la confesión, las peticio- nes, las súplicas, la intercesión y la oración en tiempos de lucha. • No elimina las peticiones. Nuestro Padre nos manda y nos obliga a recurrir a Él, y promete contestarnos. Las peticiones son una parte vital de la oración; pero, sin un fundamento y una estructura adecuados pueden no ser acertadas. La oración basada en la adoración nos ayuda a entender el contexto, las condiciones y la conclusión final de todas nuestras peticiones de oración. • No es complicada. Mientras que el término puede sonar un poco diferente, el enfoque no es difícil. En última instancia, es tan pura como abrir las Escrituras y su alma en una comunión con Cristo guiada por el Espíritu, a quien usted le permite esta- blecer el orden del día para cada tiempo de oración que disfruta. Cuando termine este libro, espero haberlo inspirado y preparado para experimentar el poder de buscar el rostro de Dios en ma- neras que verdaderamente transformen sus oraciones y su vida. Historias de transformación Como pastor, he visto de primera mano el poder de la oración basada en la adoración para traer sanidad y restauración a congre- gaciones que sufren. Lo he visto transformar una iglesia formal y tradicional en una iglesia misionera, fuerte, orientada a plantar nuevas iglesias. Lo más emocionante es el hecho de que miles de creyentes han experimentado un amor resucitado por Cristo y una pasión renovada por un ministerio lleno del poder del Espíritu. En octubre de 1995, Lori entregó su vida a Jesucristo. Unos meses más tarde se inscribió para asistir a un evento de oración patrocinado por las mujeres de nuestra iglesia. Ellas se iban a orar durante tres días, sin una agenda planificada. Esto era un gran reto para una cristiana recién convertida. En ese momento, su repertorio de canciones consistía en el estribillo de Sublime gracia y Jesús me ama. Ella escribe: «No hubie- ra sido capaz de encontrar otro libro de la Biblia que no fuera Génesis aunque usted me hubiera pagado. Y como se podrá ima- ginar, nunca se me hubiera ocurrido levantar mis manos como había visto en una de esas iglesias extrañas». 27 Más allá de una «lista de necesidades» Sin embargo, Dios usó aquel fin de semana para transformar su vida. Ella aprendió a abrir la Biblia y adorar a Dios como el único majestuoso, soberano y poderoso que es digno de alaban- za. Ella lo vio dar paz, esperanza y gozo a las personas que su- frían. Después de experimentar el profundo amor de Cristo ese fin de semana su vida nunca ha sido la misma. En los años siguientes, Lori se convirtió en la directora del ministerio de Renovación Estratégica (la organización sin fines de lucro que fundé) y enseñaba los principios de la oración basa- da en la adoración a cientos de iglesias de todo el país. Hoy lidera el ministerio de oración en una creciente congregación en el nor- te de California. Dios la está usando de maneras profundas. Las bendiciones siguen llegando a su vida, a su familia y ministerio, todo porque un día, como nueva creyente, entró a una iglesia de oración y en la presencia de Dios encontró un momento que transformó su vida.3 Randy, un médico de California, estaba intrigado por la idea de aprender a orar de una manera nueva. Como Lori, él también decidió asistir a un retiro de oración en el que habría más tiempo para leer la Biblia, para los cantos espontáneos y para el libre fluir de la adoración. Antes del retiro se preguntaba: «¿Sobre qué voy a hablar con Dios durante tres días?». Y luego señaló: «Yo estaba haciendo la pregunta equivocada. Lo que debería haber dicho era: “¿Sobre qué Dios me va a hablar durante tres días?”». A pe- sar de que era un cristiano establecido, aprendió que la oración es una conversación en dos direcciones, y Dios quería empezar la conversación partiendo de su Palabra, iniciando una profunda y rica experiencia de adoración como el fundamento de la ora- ción. La vida de oración de Randy nunca más fue la misma. Dixie era miembro de su iglesia bautista desde hacía mucho tiempo. A través de la enseñanza, el entrenamiento y su voluntad de aprender cambió su enfoque de oración basado en las peti- ciones por uno cimentado en la adoración. Dixie ofrece detalles sobre la primera vez que hizo este descubrimiento: «Lo que ex- perimenté fue fresco y nuevo para mí. Me volví muy consciente de la presencia del Señor en medio de la adoración. ¡Dios me llenó tanto de Él y de su amor por mí! Provocó que tuviera más hambre de Él. Yo sabía que quería estar limpia en su presencia porque Él arrojó luz sobre aspectos en los que yo tenía que re- conocer mi falta. Con mucho gusto me di por vencida, y Él solo 28 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA continuó derramando en mí el gozo, la paz, el deleite y las ansias de adorarle más». Dixie testifica: «No he sido la misma desde entonces. Mis tiempos de adoración personales y en grupo son mucho más enriquecedores y apacibles. Ahora sé el significado real de un ro- mance con Jesús. No solo lo quiero, sino que estoy “enamorada” de Él. ¡Qué maravilloso es saber que mi adoración y mi oración son agradables a Él! Como lo alabo por ser quien es, todas las preocupaciones y preguntas de mi vida son echadas al olvido». ¡Que comience la aventura! Peter Lord, uno de mis mentores personales y un pastor por más de cinco décadas, afirma: «La mayoría de los cristianos oran durante períodos de crisis o períodos en los que tienen listas de peticiones». La idea de Lord es que Dios tiene mucho más para nosotros en nuestro caminar con Él cuando aprendemos a bus- car su rostro, no solo su mano. Y este es el descubrimiento que muchos están haciendo hoy en su relación con Cristo. Como Lori, Randy y Dixie, quizás usted esté interesado en tener un enfoque hacia la oración que vaya más allá de una «lista de peticiones». Tal vez ha sentido la agitación de una insatisfac- ción profunda en sus intentos de aprender a orar. Al leer estas «La mayoría de los cristia- nos oran durante períodos de crisis o períodos en los que tienen listas de peticio- nes.» páginas con un corazón abierto, tal vez su alma resuene con la esperanza de nuevas posibilidades en su caminar con Dios. Únase a mí para juntos escuchar el llamado de Dios en nuestros corazo- nes: «Buscad mi rostro» (Salmo 27:8), y rápidamente responder: «Tu rostro buscaré, oh Jehová». Cuan- do esto se convierte en la pasión y el patrón de nuestra vida, se produce la transformación. 29 CAPÍTULO 2 El potencial para la transformación Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo. leÓn tolStoi Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. hechoS 4:13 Hace años recuerdo haber oído la historia de un padre que es- taba descansando mientras leía el periódico en su cuarto de es- tudio después de la cena. Al mismo tiempo, su joven hijo lo in- terrumpía una y otra vez, queriendo que jugara con él. Después de numerosos intentos de ocupar al chico con otra cosa, el padre experimentó lo que consideró un golpe de ira. Al descubrir una página del periódico con un mapa del mundo de tamaño com- pleto, la rompió en pedazos pequeños. Luego, le dio los pedaci- tos a su hijo y le puso este reto: «Cuando armes de nuevo este mapa del mundo, vamos a salir a jugar». Suponiendo que había ocupado a su hijo durante un largo rato, volvió a su lectura. Sin embargo, unos minutos más tarde, el mucha- cho regresó con el mapa completo (había unido los pedazos con cin- ta adhesiva). Impresionado al ver que su hijo sabía mucho de geogra- fía, le preguntósignificativa en su comu- nión con Dios? Confiésele esto al Señor en oración y pídale que le dé la gracia para ir más allá de esta barrera y lograr una mayor experiencia de transformación. 2. Necesitamos encontrar modelos de oración de los que podamos aprender a orar con mayor eficacia. Pídale al Señor que 219 Preguntas por cada capítulo para aplicar y debatir traiga a su mente una persona o un grupo que podría desafiarle en su vida de oración. Tenga como meta unirse a esa experiencia de oración y haga un diario sobre las enseñanzas que aprende. 3. En todo este libro encontrará testimonios de personas cuyas vidas cambiaron radicalmente por el hecho de haber pasa- do un largo tiempo con el Señor en oración, a veces varios días. ¿Ha hecho esto antes? ¿Cuándo apartará tiempo para buscar esta experiencia? Si lo hace, ¿qué cree que puede aprender? Capítulo 4: ¡Tiempo cara a cara! 1. Después de leer acerca de buscar el rostro de Dios piense en un momento en su vida en que esto fue una realidad para usted. ¿Qué hizo que su tiempo de oración fuera tan extraor- dinario? ¿Cómo impactó su vida? Agradezca al Señor por esta experiencia y comprometa su corazón a buscar el rostro de Dios con regularidad. 2. En este capítulo y en el Apéndice 2 encontrará una va- riedad de ejemplos bíblicos de personas que buscaron el rostro de Dios. Para usted, ¿cuál constituye un desafío? ¿Por qué le conmueve este ejemplo? ¿Qué puede hacer hoy para seguir ese modelo? 3. Repase las verdades que se encuentran en la bendición de Aarón (Números 6: 24-26). ¿Qué le dice esto sobre el deseo de Dios de revelarse a su pueblo? ¿Qué bendiciones se producirán en nuestras vidas como resultado? Capítulo 5: El resplandor en Moisés y el cambio en usted 1. ¿Qué aprendió en este capítulo sobre el concepto de gloria? ¿Cómo las definiciones y descripciones hablaron a su corazón? ¿Cómo le gustaría ver una mayor gloria en su vida y en su iglesia? 2. Revise 2 Corintios 3:17-4:1. ¿De qué manera este pasaje parece esencial para nuestro modo de entender la oración? ¿Son estas ideas cruciales para el ministerio cristiano? ¿Qué puede ha- cer para participar más plenamente en estas realidades espiritua- les con el fin de ser más eficaz para Cristo? 3. Revise 2 Corintios 4:2-7. Haga una lista de los resultados en el ministerio que usted encuentra aquí, los cuales fluyen de la transformación descrita en 2 Corintios 3:18. ¿Cómo le gustaría que su propio impacto sobre los demás reflejara estas verdades? Pídale a Dios que transforme su vida a través de la oración, y que 220 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA transforme la forma en que ora de modo que pueda experimen- tar este tipo de influencia. Capítulo 6: El caso de la lista de oración equivocada 1. ¿Alguna vez le ha ofrecido al Señor «sobras de oración» como se describe en este capítulo? Piense cuáles eran esas so- bras. ¿Por qué cree que esto puede ocurrir fácilmente en nuestra vida de oración? ¿Qué podemos hacer para evitarlo? 2. Revise las características de los «sacrificios aceptables» que aparecen en este capítulo. ¿Cuál de estos ideales lo desafía hoy acerca de presentar su corazón y su vida a Cristo? Pídale al Señor la gracia para vivir una vida de sacrificio aceptable para su honor. 3. Al considerar el uso tradicional de las listas de oración, ¿cuáles cree que sean algunos de los beneficios de una lista? ¿Cuáles son los peligros potenciales? Si los necesita, ¿qué cam- bios va a hacer en la forma en que utiliza las listas de oración? Capítulo 7: Todas las peticiones de oración no son iguales 1. Al pensar en las necesidades por las que El Señor quiere que usted ore, ¿siente necesidad de una mayor espontaneidad espiritual, tal como la describe A.W. Tozer? ¿De qué manera hoy usted podría ser más sensible a la dirección del Espíritu Santo en la oración? 2. Revise la sección sobre el patrón de la vida de oración de Jesús en el Apéndice 3. ¿Hay alguna aplicación aquí para sus propias oraciones? ¿Cómo usted podría orar más como Jesús en esta semana? 3. Reconsidere los ejemplos de la vida de oración del apóstol Pablo. Con sus palabras, ¿cómo resumiría el corazón y el enfo- que de las oraciones de Pablo y de sus peticiones de oración? ¿Hay algo que pudiera ajustar en sus oraciones para alinearlas mejor con el ejemplo bíblico de Pablo? Capítulo 8: ¡Vaya tras la gloria! 1. Este capítulo nos desafía a estar motivados en nuestra ora- ción por un deseo de la gloria de Dios. Sin embargo, a menudo nuestros motivos contradicen ese objetivo. Haga una lista de de- seos que han motivado sus oraciones en el pasado (los buenos y los no tan buenos). Entregue cada uno de estos deseos al Señor, pidiéndole la gracia para enfocarse con más pasión en su gloria. 221 Preguntas por cada capítulo para aplicar y debatir 2. Describa una de las peticiones de su corazón hoy. Con- sidere los posibles resultados de esta situación. Ore acerca de cómo Dios puede ser glorificado en estos resultados. Tómese tiempo para orar con la intención de buscar la gloria de Dios por encima de todo. 3. Repase los anhelos de Pablo expresados en Filipenses 1:19-26. ¿Qué aspiración suprema abrazó en su vida y en su muerte? Piense en alguien a quien se le presentan muchas oportunidades. Ore para que esa persona se centre en la glo- ria de Dios en todo lo que hace. Piense en alguien que usted conozca que esté luchando con problemas de salud o incluso enfrentando la muerte. Ore porque la gloria de Dios sea reve- lada en la vida de esa persona y también en la vida de quienes están a su alrededor. Capítulo 9: El permanecer guía nuestro pedir 1. Piense en los momentos en que sus oraciones comenzaron sin la guía de las Escrituras. ¿Parecieron eficaces? ¿Cuáles fueron los resultados? ¿Le fue difícil evitar que su mente divagara? Si fue así, ¿por qué? 2. Lea uno de sus salmos favoritos y analice las verdades que encuentra sobre el carácter de Dios. Tome tiempo para simple- mente alabar a Dios por sus hechos y atributos, sin pedir nada. ¿Se da cuenta de que esta manera de orar le ayuda a enfocar en Dios su mente y su corazón? 3. Haga una lista de algunos de los beneficios de basar sus oraciones en las Escrituras. Luego, pídale al Señor que estos be- neficios se hagan reales en su vida en la medida en que continúa permitiendo que su Palabra influya en usted mientras ora. Capítulo 10: Su Espíritu aviva nuestro clamor 1. Piense de nuevo en la figura del Espíritu Santo como ese maestro de oración que vive en nosotros y nos enseña las 24 ho- ras los 7 días de la semana. Considere la credibilidad y la habili- dad de su maestro como se describe en Juan 16:13-14. Enumere algunas maneras en las que su vida de oración podría crecer con la ayuda del Espíritu Santo. Al orar hoy alabe a Dios por estas verdades. 2. Lea nuevamente la historia de Jen Barrick. ¿De qué ma- nera le inspira a confiar en la obra del Espíritu Santo en su vida, 222 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA aun cuando se sienta limitado en su entendimiento de la oración y los caminos de Dios? ¿Cómo puede rendirse más consciente- mente al Espíritu Santo al orar hoy? 3. Si usted oró conforme a la Escritura pero no confió en la sabiduría y la guía del Espíritu Santo, ¿por qué podría no estar alcanzado la meta de la oración? Lea 1 Corintios 2:9-12 y analice. cómo el Espíritu Santo nos ayuda a ir más allá de un enfoque meramente intelectual hacia la Biblia y la oración. Capítulo 11: Cómo su nombre corrige nuestras necedades 1. Hemos visto que orar en el nombre de Jesús es más que repetir esas tres palabras al final de una oración. ¿Puede pensar en momentos en que los que haya orado en el nombre de Jesús por algunas cosas alocadas? Haga una lista o describa algunas de ellas. Después de leer este capítulo, ¿cómo podría orar por esas peticiones de manera diferente? 2. Mire la lista de las declaraciones de «Yo soy» de Jesús. Luego, involúcrese en un ejercicio de oración que responda a dichacómo había vuelto a crear el mapa tan rápidamente. 30 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA El niño respondió: «Fue fácil. Hay una imagen de un hombre por la parte de atrás. Cuando armé bien el hombre, logré armar el mundo». Demasiadas veces nos preocupamos por las herramientas, las técnicas e incluso los mejores puntos de la teología a la hora de la oración. Todo ello es útil, pero orar no significa sincronizar estos componentes, sino disfrutar de la relación. No se trata tanto de arreglar todas las cuestiones periféricas de nuestras vidas a través de la oración, sino de permitir que Dios nos cambie a través de ella. Cuando el hombre es cambiado por la gracia transfor- madora de Dios, es increíble cómo muchas otras cosas parecen alinearse y tener sentido. ¡Imagina lo que Dios podría hacer! Durante varios años, la iglesia que pastoreaba en el norte de Ca- lifornia organizó una conferencia llamada «¡Imagina lo que Dios podría hacer!». Cientos de pastores y feligreses provenientes de decenas de estados venían cada año para aprender más sobre el poder transformador de la oración en las vidas individuales, en los hogares e iglesias. La adoración en estas conferencias era po- derosa. La enseñanza de nuestros oradores invitados y líderes de los talleres locales resultaba ser muy útil. Los tiempos de oración, que eran un elemento central de la conferencia, resultaban ser el rasgo más notable y distintivo. Sin embargo, la retroalimentación más frecuente que recibía- mos de los asistentes no tenía nada que ver con los detalles o las actividades de la conferencia. Los comentarios más positivos siempre se relacionaban con la vida de los miembros de la iglesia que la organizaban. En el transcurso de la interacción con la gente de nuestra iglesia otros vieron los cambios, escucharon las historias y se fueron hambrientos del mismo tipo de trans- formación. Yo era el que promocionaba la oración basada en la adoración. Ellos eran los «clientes satisfechos». La vivencia del mensaje provocó un impacto más duradero que las palabras desde el púlpito. Es que es difícil ignorar la realidad de una vida transformada. Este cambio se manifestó en una pasión espiritual contagio- sa por Cristo, en matrimonios sanados, familias restauradas, en liberación de pecados habituales y en un llamado divino a un mayor ministerio. Además, en una compasión más profunda para 31 El potencial para la transformación con los no creyentes y en un nuevo fervor por las misiones para al- canzar al mundo. ¿Cuál fue la causa de este movimiento espiritual? No fue un programa. No fue un pastor. No una nueva estrategia de crecimiento de la iglesia. Todas estas bendiciones vinieron por- que la gente aprendió a buscar el rostro de Dios en oración. Durante mis once años como pastor, disfrutamos de treinta y tres cumbres de oración de tres días cada una. Nos íbamos a un campamento o a un retiro sin ninguna planificación, solo a orar. En última instancia, las cosas cambiaron porque las personas cambiaron. Estas reuniones implicaban un enfoque guiado a la lectura espontánea de las Escrituras, al canto y a la oración sensi- ble, ya fuese en grandes grupos, grupos pequeños o de manera individual. Estas cumbres generaron decenas de reunio- nes de oración semanales en grupos pe- queños, un Centro de Oración Mundial y una experiencia de oración semanal para toda la iglesia llamada Nuevo Encuentro, la cual atrajo a cientos de personas. La vida de oración de las personas se encendió y también cambió. En última instancia, las cosas cambiaron porque las personas cambiaron. El fruto de la oración transformadora En los últimos años, he disfrutado el privilegio de la amistad y el ministerio compartido con Jim Cymbala, pastor de la Iglesia El Tabernáculo, en Brooklyn, Nueva York. Estamos trabajando juntos para animar a los pastores y ayudarlos a abrazar con un mayor sentido su llamado a la oración y al ministerio de la Pala- bra (Hechos 6:4).1 He oído al Pastor Cymbala decir muchas veces que no vamos a estar un día ante Cristo para anunciar el «tamaño» de nuestro ministerio, sino para dar cuenta de la «sustancia» de nuestro mi- nisterio. La evaluación de Cristo, ahora y en la eternidad, se basa en la evidencia del fruto en las vidas de las personas a las que les ministramos. Como he contemplado el poder de la oración basada en la adoración transformar a cientos de vidas, he visto algunos frutos muy específicos. Anhelo más de este fruto en mi vida y en las vidas de todos sobre los que influyo. Me duele cuando no llego a lograr este fruto, y oro por una mayor visión y pasión por frutos en mi vida y las vidas de otros. 32 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA ¿Cómo es este fruto? He aquí un resumen de lo que he visto ocurrir cuando las personas aprenden a buscar el rostro de Dios: ¡Dios es glorificado! —Uno de los grandes resultados de la oración transformadora es que las personas reconocen a Dios obrando porque se han unido a Él en esa obra a través de sus oraciones. Sus corazones son sensibles a su presencia, su poder y sus propósitos, y están dispuestos a clamar: «¡No a nosotros, Je- hová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria!» (Salmo 115:1). Sus labios son libres de reconocerlo como la fuente de todo bien. Para las personas que no oran, todo es una casualidad que poco reconoce la obra de Dios; para las que oran, nada es producto de la casualidad, ya que se han unido al Señor en su obra a través del privilegio de la oración. El principio es simple: cuando oramos, Dios recibe el agradecimiento y el mérito por lo que sucede. ¡Somos santificados! —«Santificados». ¿Notó la palabra en el periódico de la mañana de hoy? Por supuesto que no. No es una palabra de uso común, pero encierra un significado podero- so. Significa «ser apartado» para Dios». Significa «que Dios está obrando en mí, a mi alrededor y a través de mí para santificarme y hacerme más como Jesús». Los cristianos que oran, aunque no son perfec- tos, están creciendo todos los días al punto de que obran, piensan, hablan y sirven como Jesús. El gran fruto de la oración transfor- madora es que los cristianos que oran, aunque no son perfectos, están crecien- do todos los días al punto de que obran, piensan, hablan y sirven como Jesús. ¡La iglesia es edificada! —Cuando llegué por primera vez a la iglesia en el norte de California, fui el sucesor de un hombre piadoso que sirvió por cuarenta años como su pastor principal. Así que dejó una gran herencia, de la cual yo estaba muy agradecido. También dejó una iglesia muy antigua y tradicional. Estos maravillosos santos añoraban los días del pasado y sentían temor de enfrentar los inevitables cambios en el futuro. Cinco años más tarde, en una de nuestras conferencias, un pastor que vino de visita desde Nueva York, comentó: «Estos son los ancianos más jóvenes que he visto en mi vida». Esta era la evidencia de que cuando se produce la transformación en nuestros corazones, encendida por la verdad y la presencia de Cristo, todo lo demás comienza a cambiar por el bien de la salud de la iglesia y el cumplimiento de su misión. 33 El potencial para la transformación Judas 20 dice: «Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, […]». La Ver- sión Ampliada dice detalladamente: «Pero vosotros, amados, edificándoos (fundados) sobre vuestra santísima fe (avancen, elévense como un imponente edificio más y más alto), orando en el Espíritu Santo». Decir que la iglesia es «edificada» significa que las vidas, los matrimonios, las familias y los ministerios de la iglesia son construidos fuertes y saludables a través de la oración bíblica, en el poder del Espíritu Santo. ¡El mundo es impactado! —Por años, hemos escuchado importantes debates sobre la mejor forma de llegar a los no cre- yentes y sobre lo que influye en los corazones de los no creyen- tes que asisten a nuestros servicios de la iglesia. Primera de Co- rintios 14:25es el único versículo en el Nuevo Testamento que habla específicamente sobre la experiencia de un no creyente que va a un servicio en la iglesia. En esencia, cuando el Espíritu está obrando en el pueblo de Dios y la verdad está presente, la Palabra dice que el no creyente ve esto en la vida de los creyentes y «lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros». Creo que esto es una clara descrip- ción de la gloria (presencia manifiesta) de Cristo mostrada en su pueblo. Los primeros discípulos que «llenaron Jerusalén» con su doc- trina y «trastornaron el mundo entero» (Hechos 5:28; 17:6), ver- daderamente impactaron a las personas religiosas de la época. Cuando los líderes judíos interrogaron a Pedro y a Juan, fue di- cho: «Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabien- do que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús» (Hechos 4:13). El mundo no es transformado por cristianos importantes, es- tratégicos o visionarios; tampoco por cristianos que sean sabios en el liderazgo, ricos, atractivos o educados; ni por aquellos cris- tianos activos o elocuentes. Todas estas son cualidades interesan- tes, y podrían ser útiles en ocasiones, sobre todo en la creación de grandes organizaciones religiosas y la venta de libros. En última instancia, el mundo es transformado por los cris- tianos santificados, a través de los cuales la vida de Jesús se con- vierte en una manifestación asombrosa. Como dijo Pablo: «Por- que Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del 34 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo. Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros» (2 Corintios 4:6-7). Las personas cambiadas por Jesús no pueden evitar cambiar al mundo. ¡El enemigo es avisado! —Este no es un libro sobre la gue- rra espiritual, pero en este momento quiero recordarles que Sata- nás no es omnisciente. Él es sobrenatural y poderoso, y apoyado por miles de fuerzas demoníacas, pero no puede leer nuestros pensamientos. Lo mejor que puede hacer es observar nuestro comportamiento, espiar nuestras conversaciones y poner en práctica una estrategia para enviar sus dardos de fuego contra nuestras mentes basándose en su comprensión de nuestras vul- nerabilidades y hábitos. Cuando estamos habituados a experimentar la transforma- ción mientras buscamos el rostro de Dios, los esfuerzos del ene- migo para derrotarnos, desalentarnos, distraernos o destruirnos chocan con la realidad de nuestro enfoque en Cristo y la victoria que viene de la intimidad con Jesús. Para consternación de Sata- nás, nos ve orando, confiando en Dios y haciéndonos más como nuestro Señor. Cuando esto ocurre, él es avisado de que estamos inmersos en buscar las promesas de transformación e impactar el Reino de Dios. ¡Nos hace como debemos ser! Muchas veces somos como el niño pequeño con los pedacitos de papel periódico esparcidos a su alrededor. La naturaleza de la vida, las manipulaciones de otras personas y los ataques espi- rituales sobre nuestras almas nos hacen sentir que estamos sos- teniendo un rompecabezas que no tiene ni pies ni cabeza. Pero, cuando nuestro Salvador «arregla al hombre» para lograr, prime- ramente, que esté como debe ser, luego, y de muchas maneras, todo lo demás encaja. Dios es glorificado. Somos santificados. La iglesia es edifica- da. El mundo es impactado. El enemigo es avisado. Dejé de orar por cuatro años: Un trofeo de la transformación por Bill L. (Misionero, España) Una parte de mí murió el 10 de diciembre de 2001, cuando mi amigo de toda la vida falleció. En mi dolor, veía a Dios como bueno, pero lejano. No tenía intimidad con Él y no percibía su amor. Por lo tanto, no sentía mucho amor por nadie más. Lle- gué a la conclusión de que Dios iba a hacer todo lo que quería hacer sin tener en cuenta mis oraciones. Y puesto que no había una sola razón absoluta para orar, dejé de hacerlo durante cuatro años. En el centro de mi falta de oración había una mezcla de or- gullo y mentiras. El orgullo hizo que me negara a pedirle a Dios por su ayuda hasta que había agotado todas mis capacidades. Estudié, ministré y perseguí un cambio en mi vida con el sudor de mi frente. Las mentiras que creía acerca de Dios se basaban en mi experiencia personal, en lugar de creer la verdad acerca de Dios revelada en las Escrituras. Lo veía como vengativo, no como un Padre amoroso. Pero Dios usó la oración basada en la adoración como un catalizador para traerme de nuevo hacia Él. La oración basada en la adoración hizo más que enseñarme a orar: me reveló quién es Dios. Como pasé tiempo viendo a Dios y aprendiendo lo que significaba buscar su rostro, experimenté su poderosa presencia y fui transformado. En la presencia de Dios, el Espíritu Santo revela a un corazón en cinco segundos lo que no puede ser revelado durante años de esfuerzo huma- no. Extrañamente, empecé a «disfrutar» la oración. Como Dios cambió mi visión sobre la oración, también cambió mi visión acerca de Él. Cuanto más aprendía sobre el verdadero carácter de Dios, más quería orar. Tenía ganas de confiar en Dios, tener más fe y conocerlo mejor. La oración se convirtió en un ciclo de crecimiento en la búsqueda de Dios. Ahora cuando oro, intercedo sobre la base del carácter de Dios; y cuando dudo, me aferro a uno de sus atributos. Cuando comienzo a hablar con Dios acerca de mi situación, Él ya me ha dado una paz que sobrepasa todo entendimiento. La oración no funciona bien cuando los aspectos de adoración son eliminados; pero la oración basada en la adoración es eficaz porque quita nuestros ojos de nosotros mismos o de nuestras situaciones y los enfoca donde deben estar: en el Dios Altísimo. 37 CAPÍTULO 3 ¿Qué está impidiendo el avance? Toda verdadera oración existe para la gloria de Dios; y está basada en la adoración a Dios, centrada en el rostro de Dios, moldeada por la Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu de Dios, presentada a través del Hijo de Dios, dirigida por la voluntad de Dios, experimentada por los verdaderos hijos de Dios. daniel henderSon ¿A quién tengo yo en los cielos si no a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. SalMo 73:25-26 Connie sabía muchas de las grandes verdades acerca de la ora- ción desde su infancia. Al haber crecido en el hogar de un pastor, asistía a prácticamente todos los servicios de la iglesia y a un sinnúmero de reuniones de oración. Ella vio evidencia de las bendiciones de la oración en la vida de algunas de las personas en la iglesia, pero personalmente nunca sintió ningún cambio proveniente de sus experiencias de oración. Dice Connie: «La oración era simplemente pedir, rogar, bus- car la acción de Dios en nombre propio o en nombre de los 38 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA demás. Participaba diligentemente, pero no reconocía el vacío en mi corazón como la falta de una relación verdaderamente íntima y personal con Dios. Él estaba allí, pero distante, y yo no sabía que la vida podría ser diferente. No sabía el propósito de Dios con respecto a la oración». Ella explica: «Me había convertido en una cristiana robot: hacía lo que se esperaba de mí, asistía regularmente a la iglesia, tomaba notas del sermón, servía donde era necesario, decía las cosas correctas, citaba las experiencias de otros, asistía a estudios bíblicos, y testificaba a partir del material preparado por otra persona. En resumen, me veía bien, pero por dentro sentía un inmenso vacío, un malestar que me consumía. Sin importar lo que hiciera, nada era suficiente, ni quitaba el miedo de no ser amada o de ser rechazada». Más adelante en este capítulo,Connie describirá cómo su vida fue transformada. Pero, ¿por qué su experiencia es común para mu- chos de los que asisten a la iglesia y tratan de desarrollar un auténtico caminar con Dios? ¿Qué barreras existen que nos impiden el poder de transformación de la oración que el Señor diseñó para nosotros? Seamos honestos. La mayoría de nosotros luchamos para sentirnos satisfechos con nuestra vida de oración. Las grandes promesas de la oración son verdaderas, pero muchos no las ex- perimentan. Incluso los pastores están tratando de encontrar su manera a la hora de orar. Un estudio mostró que solo el 16 por ciento de los ministros protestantes de todo el país están muy sa- tisfechos con su vida de oración personal; otro 47 por ciento está satisfecho de algún modo; un 30 por ciento está algo insatisfecho, y el 7 por ciento está muy insatisfecho con su vida de oración.1 Barreras a la bendición Si la oración es una herramienta vital para la transformación, ¿por qué es tan difícil para tanta gente? ¿Por qué esta bendición divina sigue siendo una carga para muchos creyentes? Como expresó J. Oswald Sanders: «A veces reconocemos el deleite y el poder de la oración. Decimos que es indispensable, sabemos que las Es- crituras nos llaman a orar. Sin embargo, a menudo no oramos».2 Algunas de las barreras a la oración son: • Guerra espiritual. Claramente, la oración es un área don- de los creyentes experimentan guerra espiritual. Nuestro enemi- go espiritual está plenamente consciente del poder y las prome- 39 ¿Qué está impidiendo el avance? sas de que disponemos en la oración. Sabe que cada avivamiento espiritual importante se inició con la oración. Él sabe que al orar somos una «amenaza» para su causa. Por lo tanto, lucha desde todos los ángulos para alejarnos de la oración eficaz. El diablo lanza sus armas de distracción masiva para mantenernos dema- siado preocupados con otras cosas que nos roban tiempo de estar conectados con Dios. Él nos bombardea con sus dardos de fuego de duda para alejarnos de orar con fe a aquel que es «galardonador de los que le buscan» (Hebreos 11:6). Nuestro enemigo busca desalentarnos en todo momento porque se ve amenazado por los creyentes y congregaciones que toman en serio la oración y buscan a Cristo apasionadamente. • Miedo a la intimidad. Algunos decaen en la oración a cau- sa del miedo a la intimidad. A menudo digo que vivimos en una Vivimos en una cultura de SIDA espiritual (Sín- drome Agudo de Intimi- dad Deficiente). cultura de SIDA espiritual (Síndrome Agudo de Intimidad Deficiente). Al- gunos de nosotros todavía llevamos el equipaje de los padres u otras figuras de autoridad en nuestra infancia que eran distantes, negligentes o, incluso, abu- sivos. Estas experiencias nos pueden provocar aversión por la sensibilidad emocional y la transparencia. Nos protegemos de acercarnos a cualquiera, incluso a Dios. Otros, simplemente, tienen una visión errada del carácter de Dios, lo que los mantiene alejados de su autoproclamada deidad que es misteriosamente remota, impredeciblemente enojada e imposible de complacer. Leemos los textos bíblicos que nos dicen: «Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien» (Sal- mo 73:28) y «Acerquémonos con corazón sincero, en plena cer- tidumbre de fe» (Hebreos 10:22). Leemos la promesa de que si nos acercamos a Dios Él se acercará a nosotros (Santiago 4:8); sin embargo, esta realidad parece desafiante e inalcanzable. • Un enfoque equivocado. Muchos de nosotros mante- nemos un enfoque equivocado en nuestras oraciones y nos perdemos la realidad vivificante que Dios planeó. En lugar de ser En lugar de ser nuestra primera solución, vemos la oración como nuestro último recurso. nuestra primera solución, vemos la oración como nuestro último recurso. Vemos la oración como nuestro co- rreo electrónico enviado a Dios, con instrucciones sobre cómo Él debe ma- nejar los asuntos de nuestra vida diaria. 40 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Intentamos utilizar la oración para que se haga nuestra voluntad en el cielo, en lugar de su voluntad aquí en la tierra. Cuando uno trata de usar un martillo para echarle aceite a un pavo o una bombilla para cepillarse el pelo, el resultado es frus- tración y fracaso. Es sumamente importante que tengamos una clara comprensión del fundamento y el enfoque de la oración que se encuentran en el «manual del propietario»: la Escritura. Cuando este enfoque se vuelve claro y correcto, Dios obra po- derosamente en los nuevos creyentes, los cristianos establecidos e, incluso, en líderes espirituales respetados. R.A. Torrey, quien fue el instrumento de Dios para traer avivamiento a muchas partes del mundo a principios del año 1900, declaró que experimentó una transformación completa cuando aprendió no solo a orar y dar gracias, sino a adorar; no pidiendo nada de Dios, sino ocupado en el Señor mismo y satisfecho con Él.3 En cualquier momento de nuestras vidas el Señor puede reenfocar nuestras oraciones, lo que traerá como consecuencia resultados poderosos. • Tradición contraproducente. Innumerables creyentes han aprendido a orar a partir de una tradición contraproducente: formas de oración que pasaron de generación a generación sin una evaluación crítica ni una indagación bíblica. Algunas tradicio- nes de oración se basan principalmente en «listas de oración» y, otras, en expresiones aprendidas de memoria, en lugar de basarse en la dirección del Espíritu Santo. El contenido principal de mu- chas reuniones de oración es información sustanciosa acerca de otras personas, en lugar de basarse en el fundamento de la Palabra de Dios. Tenemos una tendencia más hacia las discusiones sobre los problemas de la gente que hacia las experiencias reales de la presencia del que puede resolver esos problemas. La mayoría de los creyentes saben que algo anda mal en estas reuniones, aunque no puedan identificarlo con precisión. Como resultado, individuos y congregaciones vacilan en su com- promiso y disfrute de la oración. Mi amigo David Butts, presidente del Comité Nacional de Oración de los Estados Unidos, dice: «La razón por la cual la mayoría de las personas no asisten a las reuniones de oración en sus iglesias es porque son, precisamente, reuniones». • Aburrimiento. Todos estos factores pueden alimentar una sensación profunda de aburrimiento. Como seguidor de Cristo por más de cuarenta años, estoy decidido a desterrar el aburri- miento de mi vida de oración. Como pastor durante casi treinta años, después de haber liderado múltiples tiempos de oración se- manales, he declarado la guerra a las reuniones de oración monó- 41 ¿Qué está impidiendo el avance? tonas. Escribí un libro entero sobre la necesidad de creatividad en la oración y la realidad de que Dios no es el autor del aburrimiento, sobre todo cuando estamos conversando con Él.4 Sin embargo, muchos de nosotros hemos renunciado a nuestras expectativas acerca de la oración. Para muchos, esta se ha convertido en algo muy aburrido, y eso es algo que tiene que cambiar antes de que ocurra la transformación. • Carencia de modelos positivos. Una de las razones colosa- les por las que no hemos experimentado la oración transformado- ra es la falta de modelos positivos. He aprendido que las personas no llegan a un nuevo, poderoso e impactante nivel en su vida de oración a través de la información. Sucede más por «contagio». No se alcanza a través de la explicación, sino por la experiencia. D. A. Carson confirma esta verdad cuando escribe: «Muchas facetas del discipulado cristiano, incluyendo la oración, son trans- mitidas con mayor eficacia por el ejemplo que por la enseñanza formal. La buena oración es más fácilmente percibida que ense- ñada. Debemos elegir los modelos de quien podamos aprender».5 Pero elegir los modelos es una cosa, encontrar uno bíblico es otra. Al parecer, los lugares y las oportunidades para la clase de oración que nos cambia para siempre son pocos y distantesentre sí. Sin embargo, si tenemos hambre de aprender, pidámosle a Dios que abra las puertas, y busquemos una oportunidad de ser guiados a través de la oración. Yo creo que Dios nos mostrará cómo en- contrar un contexto para una motivación y un crecimiento más profundos. En mi propio viaje, he tenido que ser muy dinámico e incluso creativo para encontrar modelos y mentores. Contextos para el avance Durante la última década, he llevado a cientos de otros líderes, miembros de la iglesia y estudiantes a las reuniones de oración de los martes en la noche en el Tabernáculo de Brooklyn. No es el único modelo, pero probablemente el ejemplo más convincente de una iglesia en los Estados Unidos donde los creyentes realmen- te saben cómo orar (también hay un sinnúmero de modelos en otros países como Corea del Sur y en las zonas del mundo donde los cristianos enfrentan persecución, como en China). Bajo el li- derazgo del pastor Jim Cymbala, cuatro mil personas se reúnen todos los martes por la noche simplemente para buscar al Señor y disfrutar la abundancia de su presencia. La oración es el motor que impulsa todos los ministerios de esta iglesia de gran impacto. 42 LA ORACIÓN TRANSFORMADORA Hace unos años escuché un proverbio brasileño que dice: «El corazón no puede degustar lo que los ojos no han visto». Esta «El corazón no puede degustar lo que los ojos no han visto». experiencia de orar con un pastor, una iglesia y una congregación que valoran auténticamen- te la prioridad y el poder de la oración me ha ayudado a mí y a otros muchos creyentes a en- tender un paradigma verdaderamente bíblico. Hoy día, mi pasión es servir como un «pi- rómano espiritual», yendo a iglesias e impar- tiendo conferencias, demostrando el poder de buscar el rostro de Dios, y guiando experiencias de oración que establezcan un enfoque nuevo y transformador en las vidas. Esta es mi pequeña manera de servir a los demás con un poco de tutoría y de ex- periencias modelos. No hay palabras al ver cómo, semana tras semana, la luz se enciende para las personas que descubren que las promesas y el poder de la oración pueden ser reales, y pueden cambiar las cosas, comenzando por nuestros propios corazones. Cambió para siempre A pesar de las frustraciones y temores que compartió anteriormen- te en este capítulo, Connie dio un paso radical en la década de los noventa y asistió a un evento de tres días organizado por su iglesia local en un campamento cristiano cercano. No habría ningún orden del día, ninguna lista, ni altavoces, ni música especial. Esta experien- cia de oración basada en la adoración, alimentada por la Escritura y guiada por el Espíritu fue intimidante al principio, pero ha sido el secreto de su transformación personal desde entonces. Ella da testimonio de este primer encuentro: «Aprendí que la verdadera oración y adoración involucran todo nuestro ser: espíri- tu, alma y cuerpo. Mi espíritu estaba volando y experimentando la presencia de Dios. Mi alma estaba recibiendo el amor de Dios en nuevas formas. La paz y el bienestar fueron brotando en mí como una inundación. Mis ojos estaban llorando. Mis manos se levan- taron. Canté con abandono mientras me arrodillaba delante de Dios en público. Mi corazón sentía que iba a estallar con el amor de Dios, tanto recibido como dado. Esta fue la oración basada en la adoración. ¡Todo esto era nuevo para mí, y fue maravilloso!». Al describir su vida cristiana de hoy, dice: «Mi “caminar” cam- bió para siempre. De hecho, todo mi ser y mi actitud cambiaron. No quería volver a una relación casual con Dios. Había descu- bierto que la oración solo tiene verdaderamente dos propósitos. 43 ¿Qué está impidiendo el avance? En primer lugar, es el medio para el desarrollo de una verdadera relación de amor con Dios a través de la comunicación con Él; no para obtener sus “beneficios”, sino para llegar a conocerlo más profundamente. La oración está hecha con la intención de desa- rrollar una relación de amor bilateral. En segundo lugar, es la vía de escuchar al Señor y recibir sus deberes para mí, tanto diarios como futuros. Esto me lleva a cambiar no solo la forma en que vivo, sino también la manera en que oro por mí y por los demás». Connie concluye: «Dios me ama y se hará cargo de todas mis necesidades, pero solo “yo” puedo desarrollar mi amor por Él. Eso ocurrirá solamente porque decidí saber quién es Él, cómo son su carácter, sus deseos; y me concentré en Él, no en lo que quiero o creo que necesito. Como hablo con Él basada y funda- mentada en la adoración, Él se revela a mí en maneras nuevas y maravillosas». Dios ha usado a Connie para organizar una variedad de even- tos y reuniones de oración desde los primeros días de su trans- formación personal. Sus conferencias sobre la oración han atraí- do a cientos de personas. Y todo comenzó cuando ella aprendió a buscar el rostro de Dios, no solo su mano. Quizás, como Connie, usted esté anhelando cambios durade- ros en su viaje espiritual y dirección en su vida en la medida en que aprende a buscar el rostro de Dios. Las promesas son reales. El potencial es insondable. Los principios están probados. Cristo está extendiendo la invitación a su corazón. Aquí. Ahora. Un cambio de vida y vocación: Un trofeo de la transformación Jeff fue criado en la iglesia, y confiesa que estaba allí cada vez que se abrían las puertas, incluyendo los tiempos de oración en- tre semana. Cuando entró en los treinta años, Jeff se convirtió en una estrella en ascenso como planificador financiero. Al igual que muchos creyentes, Jeff amaba el estudio de la Biblia y los valores conservadores, pero sentía un vacío en su intimidad con Cristo. En 2002, Jeff y su esposa Holly visitaron un servicio semanal de oración basada en la adoración en una iglesia en su área de residencia. Al describir este encuentro, él escribe: «Nos queda- mos impactados de que los tiempos de oración pudieran ser tan emocionantes y notables. Fue vivificante y estábamos deseosos de volver la semana siguiente. Cambió mi perspectiva acerca de Dios y de cómo orar a Él». Empezó a sentir un despertar en su corazón, no solo por saber acerca del Señor en un nivel intelec- tual, sino por conocer al Señor en una intimidad transformadora. Pero más cambios estaban por venir. Jeff testifica: «Cambió mi familia de adentro hacia afuera cuando comenzamos a orar de una manera nueva. De hecho, la oración basada en la adora- ción cambió rápidamente la dirección de mi vida, con un deseo de cambiar la vocación. Había experimentado el éxito terrenal, pero quería experimentar la trascendencia. Con el tiempo, eso me llevó a moverme por todo el país y servir como pastor ejecu- tivo. En todas estas decisiones, la fuerza impulsora es que quie- ro que otros encuentren a Jesús de una manera diferente que les permitirá verlo por quien realmente es —ver su rostro y no solo su mano—. He visto a pastores, misioneros, matrimonios y muchas vidas individuales dar un giro por buscar a Cristo en oración». 45 CAPÍTULO 4 ¡Tiempo cara a cara! Dios tiene sed de ser sed. St. auclJStine Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz. nÚMeroS 6:24-26 Me encanta el «tiempo cara a cara» —con ciertas personas—. Ver a mi esposa, hijos, familiares y buenos amigos cara a cara, siempre es algo significativo y enriquecedor. Por supuesto, también me da miedo enfrentarme cara a cara con ciertas personas. Esta categoría incluiría personas arrogan- tes e inseguras, personas que siempre hablan de sí mismas. Evito lidiar con personas crónicamente negativas. Prefiero no tener que enfrentarme cara a cara con los agentes de policía que me han detenido por exceso de velocidad. No anhelo el día en que me veo con el médico porque tiene que darme malas noticias sobre mi cuerpo o la salud de un ser querido. El tiempo cara a cara puede ser bueno o malo,